Monthly Archives: April 2009

Especial 1 de Mayo: los mutualistas y el movimiento obrero

haymarket

Aunque la fiesta del 1 de Mayo suele identificarse con el movimiento de los socialistas autoritarios; y los mutualistas e individualistas suelen ser ridiculizados como “pequeñoburgueses” o “reformistas”, cabe recordar en estas fechas que estos últimos jugaron un digno papel en el movimiento obrero.
Desde el Manifiesto de los sesenta en Francia, firmado por un grupo de admiradores de Proudhon que enfatizaban la reforma de la banca; hasta los implicados anarcoindividualistas norteamericanos, que repartían panfletos entre los trabajadores bajo la consigna de “libre contrato, libre moneda y libre tierra”, los mutualistas han estado presentes en los fragores de la lucha obrera desde su nacimiento.

Desgraciadamente, el excesivo énfasis en la pedagogía, la llegada masiva de inmigrantes –en EEUU- o el surgimiento del anarquismo colectivista –en Europa- terminó por desplazar al mutualismo. Pero la progresión en el tiempo no implica una progresión teórica, y en las primeras décadas del siglo XXI esa tendencia podría revertirse –y de hecho, ya lo está haciendo en Estados Unidos.

Sería sano que, ahora que incluso los “anarquistas” claman al Estado para salir de la crisis, los párrafos que siguen circulasen entre los trabajadores con aspiraciones libertarias.

Reproduzco algunos párrafos del genial artículo de Kevin Carson May Day Thoughts: Individualist Anarchism and the Labor Movement:

“Tenga en cuenta, también, que el 1 de Mayo y el movimiento de los trabajadores que hubo detrás no implica un monopolio de los comunistas y sindicialistas, o colectivistas de cualquier otro tipo. La International Working People’s Association, formada por anarquistas expulsados de la Primera Internacional, debido a que esta cayó progresivamente bajo el dominio de Marx, jugó el papel principal en la organización de la huelga general por la jornada de ocho horas. Aunque los anarcosindicialistas ciertamente predominaban en esta organización, los anarquistas individualistas de la época también dejaron en él una interesante impronta.

Los “anarquistas de Boston” (individualistas en el grupo de Tucker) eran, debe admitirse, más tibios con respecto a los sindicatos. Pero algunos miembros del círculo de Liberty estuvieron activos en la New England Labor Reform League, que promovió la banca mutualista de William Greene y la teoría de la tierra de J. K. Ingalls como una forma de eliminar la explotación por medio del libre mercado: “libre contrato, libre moneda, libres mercados, libre tránsito y libre tierra”. “los fines de la reforma del trabajo y del laissez faire radical”. Frank Brooks escribió, “vienen juntos bajo la tutela de Tucker para formar el campo individualista del anarquismo a mitad de 1880”. Algunos de los individualistas de la League se involucraron más tarde en la política del IWPA.

Ezra Heywood, por ejemplo, estuvo involucrada con el Worcester Labor Reform League (un precursor del NELRL) y  la National Labor Union de William Sylvis. A causa de que el capital controla las finanzas y los medios de producción, sin mencionar la prensa y el estrado, argumentaba Heywood, este podía cruzarse de brazos y esperar a que los obstinados trabajadores murieran de hambre, sin mencionar el reproche de la sociedad establecida…
Y, lo que es mucho más importante, la aplicación gubernamental del privilegio estaba en la raíz del problema: “a través de la legislación ingeniosa…se permite a las clases privilegiadas robar a gran escala de acuerdo con la ley”.

La American Labor Reform League, una organización formada posteriormente, incluyó (como la NELRL) a varios miembros del círculo de Tucker: Heywood, William Greene, J. K Ingalls y Stephen Peral Andrews…

Como haría Tucker después, Heywood consideró a los patrones en esencia como culpables cuando las huelgas desembocaban en violencia, y enfatizaba el papel de la violencia estatal en ayuda de las compañías. Heywood, en un principio, fue reacio a los sindicatos de trabajadores, y prefirió dejar que el poder del capital cesara por la abolición de los privilegios como la tierra y la moneda. A pesar de ello, consideró a los Mollie Maguires como “beligerantes moralmente válidos” enfrascados en una “guerra defensiva”.

El mismo Tucker, a pesar de su ambivalencia en relación a los sindicatos, respondió de forma entusiasta al renacimiento en 1881 de la IWPA en Londres. Expresó algunas reservas sobre la idea de la coordinación del trabajo de propaganda con el trabajo de organización, ya que veía la educación como central para lograr una revolución permanente. Pero todavía, apoyó el Congreso socialista revolucionario de Chicago, que apuntaba a organizar una federación americana dentro de la Internacional. Él envió a J. H. Swain como delegado de Liberty al congreso, y fue informado de que la organización recibió el “socialismo americano de Josiah Warren” con una “recepción cordial”. El congreso eligió Liberty como su órgano en lengua inglesa.

La actitud de Tucker hacia la lucha obrera se reflejó en esta cita sobre Homestead:

“…Aunque cierto, no es suficiente con decir que “si un hombre posee trabajo para vender, él puede encontrar alguien con dinero para comprárselo”; es necesario añadir la verdad mucho más importante que, si un hombre posee trabajo para vender, él tiene el derecho de comerciar libremente los términos en que lo vende, -un mercado en el que nadie puede ser impedido por leyes restringidas de obtener honestamente el dinero para comprarlo. Si el hombre con trabajo para vender no tiene esta libre comercialización, entonces su libertad es violada y su propiedad le es virtualmente sustraída. Ahora, tal mercado ha sido constantemente negado, no solo para los trabajadores de Homestead, sino para los trabajadores de todo el mundo civilizado. Y los hombres que han negado esto son los Andrew Carnegies. Los capitalistas de quien este señor de la forja de Pittsburg es un representante típico han colocado y mantenido en los códigos de leyes todo tipo de prohibiciones e impuestos (de los cuales los aranceles están entre los menos nocivos) diseñados para limitar efectivamente el número de postores que pujan por el trabajo de aquellos que tienen trabajo que vender….

Tome Carnegie, Dana & Co. Y primero destruya todas las leyes que violen la igualdad de la libertad. Si, después de esto, algún trabajador interfiere con los derechos de sus patrones, o usa la fuerza sobre “esquiroles” inofensivos, o ataca a los vigilantes de sus patrones, tanto si estos son detectives, ayudantes del sheriff o la milicia estatal, prometo que, como anarquista y a causa de mi creencia anarquista, estaré entre los primeros voluntarios para reprimir estos disturbios del orden y, si es necesario, expulsar a los causantes de la tierra. Pero mientras estas leyes coercitivas permanezcan, yo tengo que ver todo conflicto de fuerza que surge como consecuencia de una violación previa de la libertad a favor de la clase patronal, y, si se da cualquier barrido, ¡los trabajadores podrían sostener la escoba! Es más, aunque mis simpatías están con el oprimido, nunca dejaré de proclamar la convicción de que la aniquilación de cualquier parte no puede asegurar la justicia, y que el único barrido eficaz consistirá en que la limpieza del código de leyes de toda restricción a la libertad de mercado…”

Sin embargo, Dyler Lum fue el más significativo dentro del grupo de Boston, que intentó una fusión genuina de la economía anarquista individualista con la organización obrera radical. De acuerdo con Brooks,

“Lum desarrolló una teoría ‘mutualista’ de los sindicatos que le llevó a actuar dentro de los Knights of Labor y entonces a promover estrategias anti-políticas en la American Federation of Labor…”

…Perfilando las reformas económicas de los “anarquistas de Boston” y la estrategia revolucionaria de los “anarquistas de Chicago”, Lum ofreció un anarquismo más integral que muchos de sus camaradas. Comprendió que el anarquismo, como cualquier movimiento dirigido al cambio social radical, tenía que combinar una organización que pudiera liderar y coordinar la acción, una efectiva estrategia y una ideología que fuese convincente, inspiradora y relevante para la cultura americana….

Lum empezó a desarrollar una ideología que se centró en la demanda de los reformadores del trabajo: “¡el sistema salarial debe abolirse!” La reforma del trabajo de la posguerra debió mucho al fervor moral de los abolicionistas tanto como a su conexión con la teoría republicana. Para los republicanos radicales y los reformadores del trabajo, este legado se sintetizó en el concepto de “esclavitud del salario”…

Lum interpretó la “esclavitud del salario” ampliamente, abogando por reformas como la demanda de los partidarios de la banca de Greene por la legalización de la tenencia de papel moneda, una ley de préstamos respaldados en tierra, la legislación de las ocho horas…Él vio todas estas reformas como interrelacionadas. La reforma agraria, monetaria y laboral eran todas necesarias porque la “renta, el interés y el beneficio son las tres cabezas del monstruo contra los que la moderna civilización está haciendo la guerra.”

De los colectivistas, tomó el enfoque estratégico de organizar a los proletarios como una clase revolucionaria. De los individualistas, el enfoque ideológico de la economía anarquista que era teóricamente más sofisticada y se basaba en la reforma del trabajo y el laissez-faire. Al mismo tiempo, la mezcla de Lum tuvo una función externa, creando una ideología obrera radical que podía atraer suficientes adherentes para convertirse en una fuerza significativa para el cambio social revolucionario. Sus apelaciones a la historia americana y europea y a los pensadores, su responsabilidad para resolver el “problema del trabajo”, y su defensa de los esfuerzos contundentes y el cambio social fueron diseñados para hacer del anarquismo un magneto para los trabajadores radicales…

…Al combinar pensadores como Proudhon, Spencer y Paine, Dyer Lum produjo una economía antiestatista que sostuvo la reforma social para promover los intereses del proletariado. Siguiendo a los individualistas como Tucker, Lum argumentó que el “problema del trabajo” podía explicarse por la creación gubernamental de los “monopolios”, particularmente los monopolios de la tierra y la moneda. Tomando a Josuah K. Ingalls, un activo anarquista de la New England Labor Reform League, Lum argumentó que el monopolio de la tierra fue creado cuando el Estado garantizó títulos legales sobre la tierra. El camino para destruir esto era abolir tales títulos e instituir el principio del libre acceso a la tierra. Esto haría imposible a los terratenientes extraer rentas del producto del trabajo. El monopolio del dinero era el resultado del establecimiento de una moneda estatal como la única forma de dinero. Siguiendo al discípulo americano de Proudhon, William B. Greene, Lum argumentó que este monopolio acabaría cuando los bancos mutualistas empezaran a emitir su propio dinero. Esto proveería suficiente moneda estable para satisfacer las necesidades de una economía en crecimiento y socavaría la habilidad de los prestamistas y los banqueros de cargar intereses.

Pero la reforma de la tierra y el dinero no eran suficientes para Lum; simplemente establecían la base para la última solución del problema del trabajo, la cooperativa de productores.

…Militando en los AFL, publicó un panfleto, ‘La economía de la anarquía’, para ser leído en “grupos de estudios de trabajadores”; que se centraba en el tema de los “bancos mutualistas, el libe acceso a la tierra, y la cooperativa de productores.”

[Otro anarquista individualista implicado en el movimiento obrero fue Labadie].

…Labadie promovió las ideas mutualistas e individualistas en el IWW del mismo modo que Lum en los Knights of Labor and AFL.

“Me parece que aquellos que desean una reforma deberían tener en mente estas cosas, a saber, que el movimiento es internacional, y que cualquier intento de confinar este dentro de fronteras nacionales simplemente lo retarda; que la inmigración o la prevención de la inmigración no es un medio de reforma, y no redunda en beneficio del movimiento en general; que solo la ocupación y el uso solo pueden ser reconocidos como títulos válidos de tierra; que el monopolio de las máquinas solo puede destruirse por la abolición del sistema de derechos de patente; que la emisión de moneda, como medio de intercambio, tiene que dejarse a los individuos y asociaciones, aboliendo el monopolio de los gobiernos de hacer herramientas de intercambio –que, de hecho, los gobiernos no tienen más derecho a monopolizar las herramientas del comercio del que tienen para monopolizar las herramientas de la producción; que los verdaderos intereses de las clases obrera y emprendedora [debe entenderse, de los pequeños emprendedores] están en la abolición de las leyes en lugar de la creación de otras nuevas, y que los poderes y funciones de los gobiernos tienen que reducirse tanto como para dejar al individuo un alto grado de libertad y responsabilidad sobre sus propios actos.”

Minería a pequeña escala en Burkina Faso

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A través de Afrol news, un excelente portal de noticias sobre África, me entero de la existencia de minería a pequeña escala en Burkina Faso, con cierto paralelo con las prácticas de los californianos durante el siglo XIX.

Tras el cierre de una mina de oro propiedad del gobierno en 1999, los miles de mineros y trabajadores auxiliares despedidos se dedicaron a explotar artesanalmente los filones de oro que todavía quedaban sin extraer, para luego venderlos por 10 centavos de dólar el gramo al gobierno.

Actualmente, y a pesar de los riesgos que conllevan este tipo de explotaciones precarias (ha habido varios accidentes desde que cesó el control gubernamental), cerca de 200.000 personas trabajan en la minería artesanal, y Burkina Faso se ha convertido, sorprendentemente, en el tercer exportador aurífero mundial.

Quizá en buena parte de las minas sea imposible iniciar una explotación rentable sin inversiones de cierta cuantía, pero en muchas otras una sociedad libre podría proporcionar máquinas baratas y adecuadas a la capacidad de trabajo de un pequeño minero propietario. Tengamos en cuenta que ni los californianos ni los burkineses han sido propietarios reconocidos de sus explotaciones y, como consecuencia, no les era rentable adquirir las máquinas adecuadas; ningún banco les prestaría el dinero necesario; y tampoco ninguna empresa de maquinaria estaría dispuesta a producir máquinas para unos propietarios que…no existen (este último problema es común en la agricultura en las regiones donde predominan los latifundios).

Además, el simple hecho de garantizar su propiedad crearía incentivos para coordinaciones de trabajo más elaboradas entre los pequeños artesanos allá donde fuese más eficiente, del mismo modo que en Rock Valley y Bolonia. Al fin y al cabo, las minas suelen ser concesiones estatales a grandes empresas; las cosas serían muy distintas si la adquisición de propiedad se rigiera por principios libertarios (transformación u ocupación).

Desgraciadamente, el gobierno de Burkina Faso ya ha pensado en cerrar las minas y volver a arrojar al paro a esas miles de personas, quizá con miras en crear un proletariado masivo a toda costa, en lo que Marx llamaría “acumulación original”; el puntapié violento que necesita el sistema capitalista allá donde se implanta por primera vez.

Seguridad y seguros mutualistas

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He traducido otros dos apartados del What is Mutualism? De Clarence Lee Swartz. En el primer apartado trata el asunto de las compañías de seguros mutualistas que, incluso bajo el capitalismo, han cosechado grandes éxitos proporcionando a sus asociados servicios al precio de costo. En el segundo capítulo enlaza este asunto con la provisión de seguridad, que podría ofrecerse del mismo modo que los seguros mutualistas contra incendio y otros.

Si echamos un vistazo a la sociedad actual, quizá el funcionamiento de los seguros de automóviles es el ejemplo más claro de seguridad y justicia libertaria, donde, en caso de accidente de tráfico, los seguros de “víctima” y “agresor” pactan entre sí pacíficamente las indemnizaciones, en ocasiones por medio de un perito privado. Si bien es cierto que este procedimiento está regulado por el Estado, no es menos cierto que surgió antes que las regulaciones estatales.

El seguro mutuo

Uno de los ejemplos más evidentes de mutualismo en la práctica en la actualidad –bajo el capitalismo- es la compañía de seguro mutuo, de las que muchas están en funcionamiento exitosamente. Su éxito se debe indudablemente al hecho de que no están innecesariamente restringidas por la ley; y la maravilla es que no están interferidas con, desde que ellas están proveyendo a sus miembros seguros al costo, ahorrando así una prolija cantidad de dinero de los fondos de la forma de regulación de la compañía de seguros.

Lo que han hecho estas compañías de seguro mutuo es una prueba concluyente de la eficacia del mutualismo en otras ramas de la industria y el comercio. Si los seguros de vida y contra incendios, a través de asociaciones mutualistas, pueden ser ofrecidos al costo, no hay razón por la que cualquier otra protección no pudiera ser ofrecida en los mismos o parecidos términos. Las compañías de seguro mutuo no solo distribuyen las pérdidas por incendio entre los asegurados, sino que también previenen contra incendios actualmente, desde que todas las propiedades aseguradas están bajo supervisión de un inspector de la compañía, cuyo negocio consiste en mirar que en primer lugar los propietarios disponen de los mejores métodos de prevención contra incendios, y los medios más eficientes para extinguir el fuego, si este ha comenzado.

Esta idea de seguro es capaz de extenderse en multitud de direcciones. Como ha demostrado ampliamente Lloyds (la mayor compañía inglesa de seguros), que asegura cualquier tipo imaginable de riesgo, no hay prácticamente empresa o aventura que no pudiera ser cubierta por este abrigo de protección, el mérito particular en que radica esto está en el hecho de que es totalmente privado y voluntario y en que no está operado o respaldado por el gobierno. Es puramente el resultado del esfuerzo voluntario asociativo de los individuos.

Como seguro en funcionamiento, podría citarse la existencia en Inglaterra de una asociación que, por una consideración, inspecciona y dicta sentencias en la construcción de edificios, de forma que cualquier persona, que podría estar construyendo una casa o comprándola recién construida y que no conoce nada sobre los factores técnicos involucrados, podría obtener información y asesoramiento sobre un edificio propuesto o acabo de construir.

Podría concebirse que este servicio se extendiera al seguro de tales personas contra pérdidas producto de construcciones defectuosas o inadecuadas de cualquier edificio inspeccionado y pasado sobre tal asociación. Esto podría reemplazar las ordenanzas de construcción pesadas, lentas y burocráticas, y podría ser más eficiente y realizable, desde que la existencia de la asociación dependería de que el servicio fuese prestado de forma barata y formal.

La compañía de seguros de título, tal y como existe en muchas partes de los Estados Unidos, es un ejemplo manifiesto de la prestación exitosa de un servicio similar. Después de que un título de bienes inmuebles ha sido perfeccionado a su satisfacción, la compañía asegurará el mismo por el valor aproximado de la propiedad, y cargará por su servicio en proporción al riesgo implicado. En algunos Estados el gobierno ha adoptado un sistema que intenta obviar la necesidad de tal forma de seguro; pero la gente, instintivamente cautelosa de cualquier interferencia estatal, ha sido reacia de aprovecharse de esta oportunidad. ¡Saben demasiado bien cómo el gobierno echa normalmente a perder y mal administra las cosas en que interviene!


Libertad en lugar de autoridad

Aunque muchas de estas actividades han sido obstaculizadas y cercadas con restricciones y regulaciones por el Estado, su crecimiento muestra que podrían materializarse en condiciones de libertad. Si no hubiera instituciones estatales que pretendieran ofrecer el servicio, se formarían asociaciones voluntarias para desempeñar estas funciones a medida que surgiera la necesidad. De hecho, ha sido la usurpación del gobierno de las funciones que deberían ser puramente negocios de asociaciones voluntarias lo que ha retardado el desarrollo del comercio y la industria en muchas líneas.

El tardío Stephen Peral Andrews, en su esclarecedor libro La ciencia de la sociedad, proporciona un caso de  una corporación privada desempeñando el trabajo del gobierno cuando el departamento de correos fue demolido por la destrucción de un puente. Una rápida compañía (una corporación privada) restauró inmediatamente su propio servicio y toda la semana tuvo que ofrecer el servicio de correo que el gobierno no podía proveer, el propio director de la oficina de correos fue obligado a depender de la rápida compañía para la entrega de su propio correo. Tales casos se han multiplicado hasta tal punto que se ha convertido en un axioma que lo que hace el gobierno lo hace con casi la misma regular ineficiencia.

Operar sin Estado no es tan terrible para aquellos que están familiarizados con las condiciones pioneras de los países nuevos. En estos lugares y bajo tales condiciones, el gobierno, localmente, es probablemente extremadamente débil, debido a la dispersión y pobreza de la población. La estructura de la institución, por supuesto, existe, y sus funciones, en la medida en que puede, cobran impuestos y realizan otras de sus actividades agresivas tan bien como puede; pero como protector es impotente; y, además, en el campo puramente económico, donde cobra impuestos por carreteras y otros servicios públicos, la miseria de los pocos e indigentes contribuyentes deja poco de lo que se dedicaría a proveer los servicios que son absolutamente necesarios para la existencia de la población.

Y justo aquí está una de las mayores evidencias de la posibilidad del principio de la asociación voluntaria, que es uno de los fundamentales del mutualismo. Después de ser desangrados hasta el extremo por el Estado, y sin recibir prácticamente nada a cambio en concepto de servicios (construcción de carreteras y otros servicios), los colonos son obligados a donar en trabajo muchas veces el valor de incluso lo que el Estado obtiene de ellos, de forma que ellos podrían tener los servicios públicos necesarios. Si, por lo tanto, después de tener que ser robados por el Estado, ellos todavía son obligados a asociarse voluntariamente con objeto de satisfacer sus necesidades colectivas, ¡piense lo simple que sería para ellos asociarse sin la mediación –innecesaria y sin valor- del mismo Estado!

A pesar del hecho de que hay un elaborado departamento de policía en toda comunidad urbana, para cuyo mantenimiento se cobra impuestos a todos los propietarios, el servicio prestado por el Estado es tan inadecuado que (como fue brevemente apuntado en uno de los primeros capítulos) muchos negocios son forzados a proveerse su propia protección policial. Si ellos se asociaran en organizaciones mutualistas podrían proveerse a sí mismos de seguro –al coste- contra robos y acosos, sin pagar las exorbitantes tasas que las compañías de seguro contra robo cargan de forma ordinaria.

De hecho, el principio podría extenderse a toda la población, o a la parte que deseara tomar parte, a través de la organización de asociaciones de protección mutua, haciendo así la ineficiente e incontrolable forma presente de fuerza policial innecesaria. Cuando los contribuyentes encuentren que pueden obtener protección real por exactamente lo que cuesta, se resistirán a apoyar la cosa absurda y extravagante que ahora mantiene tal nombre.

Formas de organización económica (bajo el mutualismo)

voluntarismo

Entre los teóricos del mutualismo, una de las figuras más injustamente olvidadas es Clarence Lee Swartz, escritor de What is Mutualism? y asiduo del círculo de Benjamin Tucker alrededor del periodico Liberty. Aunque sus aportaciones no son muy originales –algunos capítulos del libro son calcados de Greene, Tucker y otros-, su labor de recopilación y presentación, con pequeñas adiciones propias, es inestimable para conocer la posición del mutualismo respecto a una multitud de temas (a pesar de que haya sido ampliamente superada por los recientes trabajos de Kevin Carson).

En este apartado, extraído de What is Mutualism?, mantiene una postura que hoy llamaríamos “voluntarista” o “panarquista”. Sin dejar de profesar su fe en una sociedad cooperativa de mercado, promueve la competencia entre sistemas individualistas, colectivistas y de todo tipo en el marco de un sistema de no agresión, despejando de una vez por todas las preocupaciones de ambos lados del anarquismo.

Formas de organización ecnoómica  – Clarence Lee Swartz


Después de esta discusión sobre cómo afectaría el mutualismo a los trabajadores, hombres de negocios y corporaciones, aparece la cuestión de ¿hacia qué forma particular de organización económica tenderá el mutualismo?

Aunque la forma predominante será, probablemente, la libre asociación o la cooperativa, la producción mostrará todas las variadas formas de organizaciones que han sido desarrolladas y encontradas útiles por el género humano. Habrá de todo, desde el individualismo extremo del ranchero hasta el colectivismo extremo de los Dukhobors; desde el único productor independiente a la planta con cientos de empleados; desde el individuo que distribuye sus propios productos hasta la cooperativa con millones de miembros. Todas las formas de vida económica estarán representadas en la medida en que puedan mantenerse bajo la libre competencia de otras formas.

El opuesto exacto de la competencia es el monopolio. El monopolio, o el privilegio, elimina la competencia, o al menos la pone en seria desventaja. ¿Cómo puede haber libre competencia cuando el Estado permite a ciertos agentes monopolizar el dinero, la tierra en desuso, las patentes y las franquicias, en perjuicio del resto?
La competencia, para ser lo que implica el término, requiere la ausencia de restricciones para operar. Donde quiera que se introduzca el factor de la restricción, cuando el privilegio existe en un lado, la competencia está limitada en el otro.

El hombre es tanto egoísta como un animal social.
Sabe que en asociación puede hacer más que en solitario. Tal asociación permite la división del trabajo, esta permite a cada hombre seleccionar el trabajo para el que es el más indicado. Conforme progresa la humanidad, más independientes son los individuos de los demás, y más recíprocas y mutuas son sus relaciones.

Poniendo un monopolio en las manos de individuos privilegiados, en desventaja de los demás, en parte se destruye su reciprocidad y se crea enemistad, odio de clases y revoluciones. Esto explica por qué, en el tiempo presente, no hay una real coordinación y cooperación en la sociedad.
La cooperación real es completamente posible solo bajo condiciones iguales.
La relación entre el privilegio y sus víctimas no puede ser equitativa por la misma razón que las relaciones entre amos y esclavos no son equitativas.

Pero, a pesar del hecho de que mucha gente son animales muy sociales, habrá entre ellos individualistas extremos, los únicos que son diferentes. Ellos son curiosos, aventureros, experimentadores e inconformistas. Bajo el mutualismo sus experimentos en nuevos caminos serán enteramente libres y sin restricciones, de modo que la sociedad tomará el completo beneficio de los resultados y de sus métodos de ensayo y error.

La variedad es la sal de la vida, y existirán variedad de organizaciones en ausencia de coacción invasora.

A pesar de sus obvios defectos, el presente sistema, como se apuntó antes, es un asunto pasado. Como una cuestión de hecho, sobre el noventa por ciento de toda actividad económica es recíproca incluso ahora, a pesar de que no mutualista. Las relaciones comerciales son principalmente un asunto de confianza, crédito y libre contrato (viciado, es cierto, por la posición de monopolio, como se apuntó en el capítulo I).  Si esto no fuera así, las relaciones comerciales serían imposibles.
Hay una cantidad inmensa de actividades que valen la pena dentro de la presente estructura económica. Eliminando sus restricciones, ventajas legales y privilegios monopólicos, las actividades de la vida moderna se desarrollarán de forma magnífica.

Bajo el mutualismo, el intercambio de mercancías y servicios se realizará al verdadero nivel de costo, que ha sido expresado por Josiah Warren como el “costo, límite del precio”.
La realización de este principio significa la abolición de la explotación. El salario de los trabajadores volverá a comprar su producto o su equivalente, el precio de las mercancías se aproximará al nivel de costo en un libre mercado y sin ninguna restricción a la competencia. Cualquier ventaja monetaria producida por métodos de fabricación mejorados será reducida en un corto periodo de tiempo por la presión de nueva competencia. Así, las ventajas de una mayor productividad repercutirán en el beneficio de los productores como un todo.
Por ejemplo, si una mercancía dada puede producirse en la mitad de tiempo mediante mejoras, se venderá a la mitad de su antiguo precio, después de que la competencia libre haya jugado su papel como el principal nivelador de precios.

Autoritarios camuflados de libertarios

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Artículo publicado por Kevin Carson para el c4ss. http://c4ss.org/content/146
Nótese que el término libertario es empleado como traducción de “libertarian”, por lo que en la muchas ocasiones se refiere a ancaps de derechas o “vulgar libertarians”.

Autoritarios camuflados de libertarios

Hace algún tiempo Charles Johnson, en “Libertad, Igualdad, Solidaridad: Hacia un Anarquismo Dialéctico” expuso algunos argumentos sobre aquello a lo que llamo “libertarismo grueso”. Esto es, los libertarios deberían -como libertarios- promover valores de igualdad y justicia más allá del esqueleto del principio de no agresión en el que el “libertarismo grueso” está cimentado. Igualdad y justicia, argumentó, debería importar a los libertarios por la misma razón por la que (asumiendo que fueran cuerdos) fueron originalmente atraídos al libertarismo. La inmensa mayoría de la gente no llega a esta ideología como resultado de razonamientos deductivos a partir del principio de no agresión. Son primeramente atraídos al libertarismo porque alude a los valores culturales más globales de igualdad y juego limpio, o de aversión a la visión de gente siendo maltratada o mandoneada, y gradualmente llegan a aceptar los argumentos más filosóficos posteriromente.

Así que ante el hecho de que sea posible para una persona ser libertaria en el sentido de aceptar el principio de no agresión, y sin contradicción formal estar a favor de esas voluntarias formas de autoritarismo como la familia patriarcal, la relación laboral jerárquica, y varias otras formas de dominación cultural, Johnson argumentó que es ciertamente extraño. Por qué la clase de persona que sintiera afinidad por este pensamiento pondría la línea en el autoritarismo estatal, en particular?

Desgraciadamente, parece haber mucho de esta extrañeza autoritaria entre los libertarios declarados.

Un buen ejemplo el post del 28 de enero de Lew Rockwell en el blog LewRockwell.com, en el que apela al sentido común de la mayoría de trabajadores americanos -en contra del dogma “sindical-comunista”- para hacer entender que:

“su jefe es su benefactor, y le deben gratitud así como trabajo duro”.

Si el contrato de empleo es -ehem- un CONTRATO entre dos partes iguales para el beneficio mutuo, por que deberían los trabajadores estar más agradecidos al jefe que al contrario? Pueden imaginar la reacción de Rockwell si algún “comunista” comentando una situación de despido argumentara que los trabajadores son los benefactores del jefe, y que les debe gratitud así como una buena paga?

La actitud de Rockwell me recuerda a la ocurrencia de Paul Graham de que la relación de empleo contractual, en la práctica, tiene mucho en común con la relación siervo-maestro . Es realmente extraño que un liberario, que profesa la asignación del status por el contrato, muestre esta nostalgia por el bagage de la era del status. Es casi Burkeano: escuderos con pelucas empolvadas y agradecidos labriegos en el campo cantando viejas espiritualidades inglesas.

El no menos libertario de mercado Herbert Spencer remarcó la dominación cultural, en la moderna relación de trabajo asalariado, del viejo “regimen de status”.

Mientras el trabajador se mantiene como asalariado, las marcas del status no desaparecen totalmente. Por muchas horas diarias cede sus facutades a un jefe…, y es durante ese tiempo poseído por él… . Está temporalmente en la posición de un esclavo, y su patrón está en la posición de un esclavista.

Lo único es que, a diferencia de muchos libertarios de la derecha contemporánea, Spencer creía que ésto era una cosa mala.

Un ejemplo más claro es la colección de citas extraídas de los foros de Mises.Org, compiladas por el blog anarquista de mercado Polycentric Order (“Por qué me disgustan los Hoppeanos y los libertarios conservadores”):

“Sin embargo, somos partidarios de individuos con autoridad, en la forma de una élite natural.”

“Si los padres desan usar la fuerza, que lo hagan. El niño lo consiente al permanecer viviendo con sus padres.”

“El libertarianismo no pide la igualdad en los derechos negativos, un niño no tiene los mismos derechos que un adulto.”
“Ésto no implica iguales derechos negativos para los adultos. Algunos adultos, como los primitivos, nno son capaces de argumentar racionalmente y no pueden ser llevados pacíficamente a un sistema de división del trabajo. Además, no tienen concepción alguna de los derechos de propiedad ni de ningún otro derecho.”
“Esta gente (tribal o de culturas menos avanzadas) simplemente no es capaz de argumentar racionalmente, y por tanto no tienen derechos; que ésto sea biológico o cultural no marca ninguna diferencia.”
“La cuestión es que muchas veces no pueden involucrarse en la división del trabajo y sin concepción de los derechos de propiedad es imposible que posean nada. Por lo tanto, no tienen ninguna reivinidicación legítima sobre ese territorio y, así, éste es libre de ser ocupado.”
“La gente incapaz de tomar decisiones morales deben guiarse por las decisionesde aquellos que son capaces o deben ser apartados de la sociedad libre”
“Contra la gente que no tiene ley, el inicio de la fuerza está totalmente justificado”
“No fue incorrecto por parte de los españoles el derribar un imperio que literlamente se alimentaba de sus esclavos en rituales y reemplazarlo por su mucho más suave sistema.”
“El infantil rechazo del orden natural y la autoridad no es lo opuesto a la servidumbre. Es un mal rasgo que debe ser controlado hasta que el joven haya madurado lo suficiente.”
“Viendo como cada ciudad sería propiedad de un único emprendedor…”
“¿Por qué no vendería la gente su tierra a un emprendedor? No tienen interés en poseer la tierra, sólo en tener la posibilidad de arrendarla de algún propietario.”
“Oposición a la familia y a la iglesia suenan como Marxista para mí, cualquier sociedad libertaria estaría cimentada sobre estas instituciones, así que en cierta manera sí, uno tiene que ser conservador culturalmente para ser un libertario.”
“El feudalismo es un modelo muy apropiado para una sociedad anarquista, y mi predicción es que llegará les guste a los anarquistas o no.”
“Un sistema de participaciones feudales compitiendo unas con otras por capital humano y fiscal aguanta bien la comparación con un sistema en el que la parasitaria mayoría vive de la productiva minoría.”

¿No da la impresión de que las capas, los puros, y quizá imágenes de Franz-Ferdinand, son populares en estos círculos?
La ironía es que el énfasis en la división del trabajo viene, con toda probablidad, de gente que se enorgullece de su “individualismo metodológico.” Tal y como yo la entiendo, la “división del trabajo” es sólo una bonita manera de decir que la gente elige comerciar con otra gente voluntariamente cuando creen que les resulta beneficioso, porque creen que les ahorra esfuerzo especializarse en aquello en lo que son mejores. Entonces, como se las arregla esta gente para transformar la “división del trabajo” en un ente por encima de los individuos, quienes le deben servir en contra de su voluntad?
La idea de que los colonizadores occidentales merecen gratitud por llevar a los nativos la división del trabajo, y que el robo de tierras es perfectamente legítimo porque éstos no tienen una concepción “legítima” de los derechos de propiedad, es bastante común entre los más vulgares Randianos.
Esta visión es también muy común en los derechistas círculos paleolibertarios. Un buen ejemplo es el argumento, de Hans Herman Hoppe y sus seguidores, de que la inmigración sería restringida en el mercado libre por la universal apropiación de la tierra. Cuando cada metro cuadrado de tierra, incluídas carreteras y aceras, sean apropiadas, nadie tendrá un lugar en el que estar sin permiso de un dueño. Será imposible vivir o siquiera existir en ningún lugar sin ser propietario o sin haber sido invitado por un propietario.
No importa que sea imposible que la tierra sea apropiada totalmente, dada la densidad actual de la populación, siguiendo principios coherentes con el ideal libertario de mercado. Como apuntaba Franz Opphenheimer, es imposible que la tierra sea universalmente apropiada, y que los sin tierra sean exluídos de la tierra restante, a menos que la tierra sea apropiada por medios políticos. A menos que se impongan títulos de ausencia a la tierra desocupada, habrá inmensos trozos libres para ocupar y trabajar en una sociedad de libre mercado.
No importa, tampoco, las concepciones tradicionales de los derechos de propiedad común sobre cosas como los derechos públicos de paso. En América, vienen generalmente de los tiempos de los primeros colonos Europeos, cuando los municipios fueron diseñados, y estaban frecuentemente basados en las preexistentes huellas de los indios. En Europa, estos derechos de paso eran propiedad común desde tiempos inmemoriables, probablmente desde el neolítico en algunos casos. Estos derechos comunes de propiedad, como han argumentado pensadores como Roderick Long o Carlton Hobbs, son totalmente legítimos. No hay manera de que los derechos públicos de paso sean apropiados individualmente, y el público privado de derechos de acceso contra su voluntad, sin que ello pueda ser inequívocamente tachado de robo.

Pero olvidémonos de todo esto. ¿Que clase de libertario, en su sano juicio, puede encontrar una sociedad de aislamiento como ésta atractiva? ¿Que clase de libertario querría vivir en una utopía de “libre mercado” en la cual es imposible poner un pie en un camino, acera, plaza pública o en cualquier lado en la tierra, sin ser escaneado en busca de información biométrica o sin tener a alguien preguntando “Ihre Papiere, bitte!”? Casi todos, me temo.
Por momentos, sospecho que estos libertarios se vuelven libertarios precisamente porque son autoritarios.
Aquí en el noroeste de Arkansas, Benton Country es famosa por la clásica ama de casa Republicana para quien “Dios” se deletrea J-E-F-E y “hombre de negocios cristiano” es una sola palabra. Los alumnos de la Universidad Bob Jones, que tienen la pinta de la Hitlerjugend equivalente a los Eagle Scouts, están ampliamente representados en la oganización GOP local-lo que debería deciros todo lo que necesitáis saber acerca de la atmósfera cultural. Puedo identificar un Republibautista (término acuñado por el columnista local John Brummett) en la televisión incluso sin sonido, porque estará llevando un traje azúl marino y parece que le pica el culo.
Los Hoppeanos parecen venir del mismo caldo de cultivo. Parecen alabar el libre mercado porque creen que eliminará al Estado como enemigo del autoritarismo local que disfrutan, y les dará mano libre para jugar con sus indefensas víctimas en sus pequeños cubículos de la muerte sin interferencia externa. Una “sociedad libre”, para ellos, es una sociedad en la que la figura autoritaria local es libre para aplastar a aquellos bajo su poder sin interferencia. Es la libertad para el señor para encerrar a sus súbditos en su tierra. Ya sabéis, la manera en la que las cosas estaban en los viejos tiempos, cuando los hombres eran hombres y las ovejas estaban nerviosas, y la gente que no era o actuaba como nosotros se quedaba en su sitio y no aburría clamando por sus “derechos”. Recuedo vagamente que el Libro de los Subgenios incluía a alguien que se declaraba anarco-monárquico, o algo del estilo; su slogan era “cada patio trasero un reino, cada niño y cada perro un siervo”. Me lo imagino encajando bien en ciertos círculos paleolibertarios.

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En mi opinión, la anarquía de mercado daría la posibilidad de crear diferentes y muy variadas comunidades con distintas creencias morales, siempre que fueran pacíficas. La libre disposición de la tierra y la libertad para asociarse permitiría a cada uno crear un entorno afín a sus creencias. Como libertarios de izquierda, nos tocaría crear círculos libres de autoritarismo, sexismo o racismo en nuestra legítima propiedad. Además, el derecho de secesión aseguraría a aquellas personas que vivieran en entornos culturales más autoritarios a disgusto a emigrar a zonas más tolerantes y abiertas.

Aranceles e imperialismo (I)

1. Repaso crítico de las principales perspectivas sobre los aranceles.

tariff

Los aranceles han sido una herramienta tradicional muy eficaz para fomentar la concentración de las industrias. Incluso los marxistas, cuya teoría sostiene que la competencia engendra naturalmente el monopolio, no tardaron en reconocer que estos tenían un efecto “acelerador” en el “proceso de acumulación capitalista”. Marx dice así en El capital:

En parte, estos métodos [la deuda pública, el moderno sistema tributario y el sistema proteccionista], como ocurre con el sistema colonial, se basan en la más avasalladora de las fuerzas. Pero todos ellos se valen del poder del Estado, de la fuerza concentrada y organizada de la sociedad, para acelerar a pasos agigantados el proceso de transformación del régimen feudal de producción en el régimen capitalista y acortar los intervalos.

Y sentencia unas páginas adelante:

El sistema proteccionista fue un medio artificial para fabricar fabricantes, expropiar a obreros independientes, capitalizar los medios de producción y de vida de la nación y abreviar el tránsito del antiguo al moderno régimen de producción. [1]

Tiempo después, Lenin se vio obligado a constatar que, en los países librecambistas como Inglaterra, el proceso de concentración tendía a ser menor y más lento que en los países proteccionistas:

Es extraordinariamente importante hacer notar que, en el país del librecambio, en Inglaterra, la concentración conduce también al monopolio, aunque un poco más tarde y acaso en otra forma. [2]

Sin embargo, Lenin pasó por alto el sistema de preferencias del imperio británico, que privilegiaba a sus compañías en las colonias del imperio, proporcionándoles amplios mercados para sus productos y acceso privilegiado a las materias primas y la mano de obra barata. Tomando en cuenta esto, parece claro que por la simple supresión de los aranceles –sin tomar en cuenta otras importantes fuentes de privilegio- la centralización hubiera sido menor incluso en el país más “librecambista” del siglo XIX, que andaba retrasado en este proceso respecto a países más proteccionistas como Alemania o Estados Unidos.

A finales del siglo XIX, cuando los economistas liberales todavía empleaban sus anticuados modelos de competencia libre, Benjamin Tucker achacó el crecimiento de los trusts al efecto combinado de aranceles, patentes y derechos de autor, que permitían a las empresas protegidas obtener beneficios excesivos. [3]

Ludwig von Mises, varias décadas después, pondría sobre la mesa la cuestión de la formación de los cárteles en relación a la intervención estatal:

Quien deseaba crear un monopolio sin poseer ante todo las bases naturales para ello no podía tener éxito –a menos de que se le ayudase con privilegios legales especiales, como protección aduanera, patentes de invención, etc.- sino recurriendo a artificios de toda clase para no asegurarse, finalmente, más que un monopolio efímero.
[…]
La mayor parte de los cárteles y los trust no habrían podido constituirse si los gobiernos no hubiesen intervenido con medidas de protección para crear estas condiciones. Los monopolios de las industrias de transformación y del comercio deben su nacimiento, no a una tendencia inherente a la economía capitalista, sino a la política intervencionista practicada por los gobiernos y dirigida contra el capitaliasmo. [4]

Joseph Schumpeter, como veremos en profundidad más adelante, rechazó la idea de que el libre mercado engendrase los grandes trusts, enfatizando el papel de los aranceles:

En particular, el crecimiento de los trusts y cárteles –un fenómeno muy diferente a la producción a gran escala, con la que a menudo se confunde- no puede nunca explicarse por el automatismo del sistema competitivo. Esto se sigue del hecho evidente de que los trusts y los cárteles pueden alcanzar su objetivo fundamental –la política de monopolio- sólo a través de aranceles protectores, sin los cuales perdería su significación esencial. Pero los aranceles protectores no surgen automáticamente del sistema competitivo: son fruto de la acción política […]. [5]

Los economistas austriacos Friedrich von Hayek y Joseph Stromberg se pronunciaron en términos parecidos en Camino de servidumbre y The Role of State Monopoly Capitalism in American Empire, respectivamente, como veremos más adelante. Ambos insistieron en la influencia de los factores políticos sobre el crecimiento de los monopolios y, como los autores anteriores, apuntaron principalmente a los aranceles.

Pero no podríamos terminar nuestro repaso de las teorías acerca de la influencia de los aranceles en la organización empresarial sin citar a Alfred Chandler, probablemente el mayor apologista del triunfo de las grandes corporaciones en el siglo XX. Chandler quedó fascinado por la perfección y eficiencia de las grandes empresas de su tiempo y, por lo tanto, tendió a minimizar los factores políticos que habían contribuido en su formación. A propósito de los aranceles, dijo:

Los aranceles eran tan altos para los productos de las industrias que seguían siendo competitivas como para los de las que se habían concentrado. Y por supuesto, los aranceles de los Estados Unidos no tenían una incidencia directa en el crecimiento de estas empresas en el extranjero. [6]

El hecho de que, a pesar de los aranceles y otras medidas, todavía permaneciesen industrias competitivas no prueba la inocuidad de los mismos; podría suceder –como de hecho así sostenemos- que en tales sectores competitivos las deseconomías de escala de la concentración pesaran más que las economías y, por lo tanto, los privilegios y monopolios gubernamentales fuesen insuficientes (por ejemplo, en la agricultura).

En segundo lugar, los aranceles de los Estados Unidos –y de cualquier país que practicase esa política- sí tenían una incidencia directa en el crecimiento de sus empresas en el extranjero: como veremos más adelante, permitían cargar precios artificialmente altos en el interior para vender el excedente a precios artificialmente bajos en el extranjero.

Los aranceles pueden restringir hasta cierto punto el crecimiento de las empresas multinacionales, pero como el propio Chandler apunta, esto no hace sino incentivar la construcción de fábricas o delegaciones en el interior de las fronteras arancelarias extranjeras, sin dañar apreciablemente los grandes negocios. [7]

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[1]: Véase Marx, El capital: crítica de la economía política, Tomo I pp. 638 y 643, Ed. Fondo de cultura económica, 1867

[2] Véase Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916, capítulo I:

http://www.monografias.com/trabajos15/el-imperialismo/el-imperialismo.shtml#CONCENTR

[3]: Véase Benjamin Tucker, The Attitude of Anarchism Toward Industrial Combinations, 1899:

http://praxeology.net/BT-AIC.htm

[4] Véase Mises, El socialismo, pp. 388-389, Unión editorial, 1922.

[5]: Véase Schumpeter, Imperialismo y clases sociales, p. 94, Editorial Tecnos, 1951.

[6]: Véase Chandler, La mano visible, p. 527, Editorial Belloch, 1977.

[7]: Ibídem.