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¡Que florezcan mil blogs mutualistas!

Tras un largo periodo de escasa actividad, damos un lavado de cara a la página y abrimos una nueva sección: la Blogosfera Mutualista Hispana.

Esta blogosfera pretende unir en un agregador a todos aquellos blogs en lengua castellana relacionados con el mutualismo. No pretendemos limitarla a blogs de ideas estrictamente mutualistas, sino a aquellos en los que las ideas mutualistas sean centrales. Aquí entendemos el mutualismo en un sentido amplio como una crítica al Estado y al capitalismo, que proponga como alternativas el libre mercado y un asociacionismo que se desarrolle al margen del Estado. Éstos deben ser los temas vertebrales de la blogosfera.

Así, estarían incluidos agoristas, cooperativistas, descentralistas, distributistas, federalistas radicales, georgistas, libertarianos de izquierda, liberales radicales, neovenecianistas…

Ya había unos cuantos blogs en el mundo hispano de ideas cercanas al mutualismo. Ahora pretendemos que no se dispersen y que sus autores tomen conciencia de sus temáticas comunes. Queremos que estos blogs se unan en torno a una conversación común que esperemos que sea fructífera.

Por supuesto, son bienvenidos blogs en otros idioma que por el motivo que sea estén relacionados con el mundo hispano.

Si tienes un blog o estás pensando abrir uno, y quieres que forme parte de la blogosfera, ¡no dudes en hacérnoslo saber! :)

¡Que florezcan mil blogs mutualistas!

Mutualismo en Forocoches

Hace poco Pedro, que comenta a menudo en el blog, introdujo el tema del mutualismo en la plataforma de foreros liberales de Forocoches. La reacción ha sido buena, pero entre algunos foreros liberales he visto algunos errores comunes sobre el mutualismo. La intención de este post es aclarar esos errores, sin que vaya dirigido a ningún forero en particular.

El comienzo del mutualismo se sitúa típicamente en Pierre-Joseph Proudhon, y en Estados Unidos en Josiah Warren. Sus ideas fueron continuadas principalmente en Estados unidos por Benjamin Tucker y sus colaboradores. El mutualismo contemporáneo se debe principalmente a Kevin Carson.

En mi opinión también pueden clasificarse como mutualistas algunos pensadores que no se autodenominaron como tales en su momento, como Henry George y los georgistas, Silvio Gesell y Herbert Spencer.

Podéis leer más sobre la historia del mutualismo aquí y sobre su clasificación aquí.

El mutualismo preconiza una sociedad en la que cada ser humano sea propietario del producto completo de su trabajo, es decir, una sociedad socialista. Por ello, el mutualismo se opone al beneficio, al interés y a las rentas, referidas conjuntamente como lucro. El empresario que recibe un beneficio, el banquero que recibe un interés o el propietario que recibe una renta desde luego no están trabajando para obtener esa ganancia, por tanto están privando a otra persona del producto de su trabajo. Esto es parasitismo, es decir, lo opuesto al mutualismo.

Más aún, el individuo debe poder disponer de ese fruto de su trabajo según su voluntad, sin más limitación que la necesaria para mantener la igual libertad de los demás individuos. Por ello el mutualismo se opone con igual fervor a todas las imposiciones coercitivas que limitan la libertad del individuo más allá de este mínimo, y al Estado que, como institución monopólica y coercitiva, es la principal fuente de esas imposiciones.

En esto el mutualismo se diferencia claramente del liberalismo, según el cual cada ser humano debe tener, no el producto de su trabajo, sino lo que es de su propiedad privada, tal y como las teorías liberales la definen, normalmente con unos axiomas. Para el liberalismo, el beneficio, el interés y las rentas son legítimos frutos de la propiedad, y no tiene importancia que no hayan sido obtenidos con el propio esfuerzo del beneficiario.

Esto es lo que puede causar más confusión. Lo que acabo de exponer no significa que los mutualistas propongamos suprimir forzosamente el lucro. A partir de aquí los mutualistas usamos un argumento de libre mercado.

Los mutualistas no proponemos prohibir el interés, pero proponemos eliminar todas las regulaciones, barreras de entradas, requisitos de capitalización y demás que dificultan la creación de nuevos bancos, y las leyes que prohíben la emisión privada de divisas. Entonces, la competencia entre los bancos y divisas disminuirá el interés sobre los préstamos a lo mínimo necesario para mantener los gastos de administración del banco.

Los mutualistas no proponemos prohibir las rentas sobre la tierra, pero argumentamos que, una vez aniquilado el interés, nadie se molestará en arrendar un terreno a largo plazo cuando es posible comprarlo con un interés mínimo. Y, por el mismo motivo, el propietario tampoco podrá arrendarlo por una mensualidad mayor que el precio del dinero.

Sin embargo, como la oferta de tierra es inelástica, cuando ésta es escasa, un propietario podrá cobrar una renta que no se verá anulada por la competencia, por tanto privando al arrendatario del fruto de su trabajo. Es por ello que en el caso particular de los bienes naturales – de la tierra – , los mutualistas consideramos que la propiedad absoluta es ilegítima, pues niega al individuo el fruto de su trabajo.

Los mutualistas no proponemos prohibir el beneficio, sino que argumentamos que, en ausencia de privilegios concedidos por el estado, y junto con el pleno acceso que los trabajadores tendrán al capital sin interés y a la tierra sin rentas, los trabajadores podrán emanciparse como autónomos o colectivamente en cooperativas. Los empresarios, ante la competencia universal, tendrán que subir los salarios, mejorar las condiciones de trabajo y conceder a los trabajadores participación en la gestión, a costa a largo plazo de su propio beneficio, que no podrá superar la inversión inicial más los costes de mantener la empresa.

Entre los privilegios concedidos por el estado a los propietarios del capital, los mutualistas consideramos la larga lista de regulaciones, barreras de entrada, subsidios y demás usos del poder del estado en beneficio del poder económico.

Todo esto se argumenta normalmente desde una teoría económica basada en la teoría laboral del valor, pero algunos en www.mutualismo.org han abandonado esta teoría en favor de la subjetiva. Las conclusiones no cambian en todo caso, ya que una teoría del valor no implica un juicio ético.

Por tanto, el mutualismo prescribe la propiedad privada de los bienes producidos por el trabajo humano, y la propiedad usufructuaria de los bienes naturales. Esto implica que los propietarios ausentes de un terreno no pueden reclamar legítimamente el pago de una renta, y que la tierra abandonada pasa a ser terra nullius, todo bajo unos plazos y otros supuestos legales que, en mi opinión, sólo pueden ser determinados consuetudinariamente.

En el caso del georgismo, la propiedad de la tierra no es usufructuaria, pero está subordinada al pago de un impuesto único para financiar los servicios públicos locales. El cobro de este impuesto es la única actividad del estado que los georgistas consideran legítima.

Además, desde el mutualismo se considera a las cooperativas, no sólo como un horizonte en la sociedad libre, sino también como una estrategia política. Un cambio radical en el sistema, sea por vías revolucionarias, violentas o no, o por vías legales, es improbable sin el apoyo mayoritario de la población. Aunque hay que trabajar en esa dirección, a los mutualistas nos parece mucho más interesante la creación cooperativas que liberen a los individuos, aquí y ahora, de las injusticias del capitalismo, y que sirvan de esqueleto y de avanzadilla de la sociedad que promovemos.

Lo que he presentado hasta aquí es un mutualismo clásico bastante ortodoxo. [1] El mutualismo contemporáneo tiene un lenguaje renovado, un análisis económico más profundo y unas propuestas adaptadas al mundo actual, pero el mutualismo clásico no deja de ser su base.

El mutualismo por tanto no se limita a decir que estaría bien que los tabajadores se juntaran en cooperativas (que, por cierto, no son ni comunas ni ONGs), sino que afirma que éstas, o empresas organizadas de forma análoga, serían predominantes en un libre mercado, por lo dicho arriba, e independientemente de la opinión y de los valores estéticos de los liberales.

Por supuesto, el anarcocapitalismo permite formalmente las cooperativas, igual que el mutualismo permite formalmente el lucro, pero la cuestión es, ¿qué efecto tendrá el libre mercado sobre estas instituciones, las fomentaría, las desalentaría? Los mutualistas lo tenemos muy claro.

Para el mutualista la propiedad es un postulado del imperativo ético de que el individuo reciba el producto de su propio esfuerzo. Para el liberal es al revés, que el individuo reciba el producto del propio esfuerzo es una consecuencia secundaria, imprevista incluso, del imperativo ético de la propiedad privada. Es por ello que en ocasiones el liberalismo se convierte en una defensa de aquellos que viven sin aportar nada a la sociedad, a costa del trabajo de otros, que en el actual sistema capitalista son la mayor parte de los empresarios, rentistas, accionistas y demás. A menudo esto se junta con un fetiche estético por la gran cosporación, centralizada, jerárquica y sólo en apariencia eficiente.

Criticar el capitalismo mientras desde el liberalismo se oyen esas defensas exacerbadas del capitalismo de Estado es ciertamente incómodo.

De todas formas, en mi opinión el acercamiento entre distintas variantes del anarquismo, así como a entre otras ideas radicales, es positivo, y el anarcocapitalismo y el liberalismo y libertarianismo radicales no son una excepción.

Hay muchos puntos comunes entre el mutualismo y el anarcocapitalismo. Esto no es de extrañar por la influencia que el primero tuvo en el segundo. Tienen autores y referencias distintas; aparte de esto, las mayores diferencias están en el análisis económico, en la teoría de la propiedad y en sus valores culturales y estéticos, y se pueden pasar por alto, aunque sea pragmáticamente. La actitud creo que debe ser de colaboración, sin que ninguno pierda su propia identidad.

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[1] Conviene señalar que el mutualismo de Proudhon no habla de libre mercado en el sentido moderno. Su sistema se basa casi exclusivamente en la libre asociación de trabajadores en cooperativas, en particular en bancos mutuales que emitan dinero sin interés, y en acuerdos en los que las partes se comprometen a comerciar sus productos entre ellos al precio del coste.

¡El smartphone libre existe!

El mercado de los smartphones está dominado por un oligopolio. A pesar de ello, recientemente hemos visto un modelo de producción distribuida colarse en el mercado. Es el raro caso de Javier Agüero, un madrileño de 19 años que en 2008 tuvo la audacia de diseñar su propio smartphone, adaptado a sus propias necesidades, no a las necesidades dictadas por Apple o por Telefónica. Por fuerza el proyecto tenía que estar basado en el software libre.

Javier Agüero fundó con Rodrigo Silva Ramos en 2009 la empresa Geeksphone, que sacó el modelo ONE un año después por un precio de 169€. Ahora hay dos modelos más, el ZERO y el GP1. Hace poco se ha presentado el GP2. Todos se basan en el sistema operativo de código abierto Android y están liberados, por tanto el usuario es libre de instalar y desinstalar lo que quiera, y de contratar con la operadora que quiera. La empresa parece tener relación con su comunidad de usuarios y ser fiel a su filosofía.

Según leo, parte de su negocio se basa en el servicio técnico y la garantía, que no se anula. Reconozco este patrón. Como no puede obtener rentas por el uso de un software que es de código abierto, obtiene beneficios por el servicio directo al consumidor, para beneficio tanto de la empresa como del consumidor.

La empresa tiene 6 socios y  15 empleados. Empezó con un capital de 100.000€. Son unas cifras aparentemente modestas para competir con Apple o con Samsung, lo que dice algo sobre la superioridad de la producción a pequeña escala y del conocimiento compartido. Quizá competir con estas empresas no sea tan costoso como parece. Su posición privilegiada se basa sobre todo en la propiedad intelectual, pero en este mercado en particular, la connivencia de los consumidores es importante. Escapar a la inercia, por ejemplo, usar Linux y no contratar con Vodafone, no es tan difícil.

Sin embargo, los productos se fabrican en China, lo que no proporciona mucha información sobre su rentabilidad. La producción  en China y otros países pobres (o no tanto) es artificialmente más barata por muchos motivos. El transporte estatal y los subsidios a la aviación y a la navegación abaratan artificialmente los costes de transporte. Los tipos de cambio no representan equivalencias reales de riqueza entre un país y otro. Y la explotación política en estos países que hace posible el trabajo en condiciones de ¿semi?esclavitud. Hay muchos costes ocultos en el camino.

¿Puede la manufacturación distribuida batir a la producción a gran escala? Algunos ya avanzan que sí, gracias a tecnologías emergentes como el fabbing.

Fuentes y más información:

http://www.geeksphone.com

http://www.androidguys.com/2010/07/21/geeksphones-ccr-program-real-open-source-phone/

http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2011/03/22/actualidad/1300788063_850215.html

http://bitacora.lasindias.com/cuando-la-industria-se-convierte-en-commodity/

La piratería del FBI contra las transacciones voluntarias

Ayer el FBI sorprendió a todo el mundo después de clausurar Megaupload y organizar el arresto de su propietario, un ciudadano alemán residente en Nueva Zelanda. A continuación se ha desatado toda una campaña mediática contra el tipo, Kim Schmitz, acusado de crimen organizado y blanqueo de dinero. Incluso se le ha acusado de ser adicto a las mujeres y a los coches deportivos (¡como si eso fuera un delito por el que hubiera de disculparse!).

Francamente, me traen sin cuidado los vicios de Kim Schmitz. Lo que hay en juego es mucho más importante. Cuando un individuo graba los contenidos de su televisor para compartirlos con otras personas a través de Internet, está empleando sus propios bienes. Lo mismo sucede cuando comparte discos de música, DVDs de películas, etc. Lo que realmente hay detrás de la llamada propiedad intelectual (copyrights, en este caso) es un monopolio contra la competencia benéfica de quienes comparten su propiedad gratuitamente con otras personas. O de quienes, como Schmitz, obtienen beneficios permitiendo que otros compartan sus archivos.

Pensad por un momento en el mercado de series de Televisión. En teoría, portales como seriesyonkis.com destruyen el negocio, dado que restan audiencia a las cadenas y reducen los incentivos de los patrocinadores en sufragar su producción a cambio de anuncios. Sin embargo, la competencia de seriesyonkis ha forzado a las cadenas de televisión (Antena 3, TVE) a innovar: para no perder ingresos -o para perder menos-, ahora ofrecen a través de sus páginas web los capítulos emitidos de sus series. Del mismo modo, el boom de las películas en 3D es en gran parte resultado de la competencia de Internet: los productores de cine se han visto obligados a ofrecer un valor extra para atraer a los espectadores a las salas. Y los músicos ahora ingresan más por sus conciertos que antes, puesto que su música tiene más difusión.

Endurecer el monopolio sólo conduciría a la producción de bienes menos creativos y más caros, con la única contrapartida de que los productores obtendrían beneficios más altos y más inmerecidos. La piratería del FBI contra las transacciones voluntarias.

Obituario reivindicativo de Steve Jobs

Firma de Steve Jobs

 “Transformó nuestras vidas, redefinió industrias enteras, y consiguió uno de las más infrecuentes logros en la historia humana: cambió la manera en que cada uno de nosotros ve el mundo.” –Barack Obama, actual presidente de Estados Unidos. [1]

“Steve Jobs, el pionero del ordenador como cárcel cool, diseñada para separar a los tontos de su libertad, ha muerto.” –Richard Stallman, pionero del software libre. [2]

El pasado 5 de octubre murió Steve Jobs. Su trayectoria merece reconocimiento. Parece que nunca le faltó una idea con potencial comercial ni capacidad para llevarla a cabo. Si no fue él quien inventó la interfaz gráfica, el ratón, la animación por ordenador o la pantalla táctil, sí las puso en práctica e hizo posible su comercialización.

Lo que Apple consiguió con Jobs es, por extraño que parezca, similar a lo que consiguió el estado de bienestar cuando se instaló paulatinamente desde finales del siglo XIX. Cuando el estado proporcionó pensiones de vejez y enfermedad o seguros médicos a los trabajadores, permitió acceder a estos servicios a mucha gente que no había podido hacerlo de otra manera. Pero, al mismo tiempo, arrebató a los trabajadores la posibilidad de autoorganizarse y se proveerse de esos servicios en sus propios términos a través de las instituciones que ellos mismos crearan. Puso a toda la población a merced de una red de burócratas y empresarios ajenos a sus intereses – salvo a aquellos que pudieran pagarse una pensión o una sanidad privadas.

Steve Jobs permitió tener un ordenador en casa cuando éste antes era un objeto usado sólo por profesionales en oficinas. Es difícil imaginar cómo sería hoy la informática si Apple no hubiera popularizado el ratón y la interfaz gráfica. Después hizo comercialmente viables la animación por ordenador, los reproductores de MP3, la venta online de música, los smartphones y las tablets.

Apple ha seguido poniendo a disposición del público tecnología con una interfaz tan sencilla e intuitiva que ha llegado a desterrar los manuales de instrucciones. Pero, al mismo tiempo, ha puesto a sus clientes a merced de su propia red de burócratas y empresarios. Por ejemplo, todos sus dispositivos portátiles sólo reproducen música con iTunes, y, por que Jobs así lo quiso, no es posible reproducir Adobe Flash ni otras aplicaciones programadas en lenguajes que no hayan sido aprobados. Inicialmente, tampoco era posible usar Google Voice en los iPhone. [3] Cuando salió en Estados Unidos, AT&T era el único operador autorizado para el iPhone, y en España el monopolio fue de Telefónica.

En ninguno de sus dispositivos portátiles es posible cambiar la batería sin abrir la carcasa y por tanto invalidar la garantía. El servicio técnico de la empresa puede cambiarla por un precio en general caro. Como las baterías suelen durar menos que el hardware, esto es una forma de obsolescencia planificada en el diseño. [4]

Lo más grave de todo es la reciente preocupación por el uso indebido de los muchísimos datos sobre los usuarios a los que Apple tiene acceso. [5] El futuro parece que va en la misma dirección. Hace pocos meses se presentó iCloud, un sistema de almacenamiento y computación en la nube, es decir en servidores de la empresa. Esto tiene la ventaja de que es accesible desde cualquier dispositivo con conexión a internet (como una cuenta de correo electrónico), pero pondrá en sus manos todavía más información sobre los usuarios. [6]

Lo peor de todo es que Apple está protegida por la propiedad intelectual, y el estado prohíbe a la posible competencia comercializar versiones alteradas y mejoradas de sus productos, lo que además permite a Apple vender a un precio desproporcionado.

Aunque Apple a veces se venda como una alternativa a Windows, la verdad es que es el mismo perro con distinto collar. Tanto una como la otra son empresas de software y hardware propietario, sin embargo, el único paradigma que pone la tecnología bajo el control de los usuarios y los desarrolladores independientes – y no a los usuarios bajo el control de los desarrolladores – es el software libre y el código abierto.

En la tecnología, ni manzanas ni ventanas. ¡Software libre y tecnología autogestionada!

 

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[1] http://attackthesystem.com/2011/10/06/elites-pay-tribute-to-steve-jobs/

[2] http://barrapunto.com/articles/11/10/08/1624256.shtml

[3] http://en.wikipedia.org/wiki/Criticism_of_Apple_Inc.#Accusations_of_anti-competitive_behavior

[4] http://en.wikipedia.org/wiki/IPod#Criticism

[5] http://www.versvs.net/anotacion/apple-watching-you

[6] http://www.juanpina.com/la-red/mucho-cuidado-con-la-nube

Dando guerra en el twitter

Ya hemos empezado a movernos por el twitter para contrainformar acerca de las ideas del libre mercado anticapitalista: sin barreras de entrada, privilegios, subvenciones e impuestos. Todos los que tengáis cuenta podéis seguirnos en @mutualismoorg, retwittear y difundir el mensaje. ¡Cualquier apoyo es bien recibido!

Por cierto, nos han propuesto hacer un manifiesto alternativo al de la plataforma Democracia real Ya. ¿Sugerencias? ¿Voluntarios?

Tampoco estaría mal que pusierais en el apartado de comentarios los artículos mutualistas (de este blog o de otros, pero en castellano) más apropiados para difundir nuestro mensaje. Los que tengan más éxito irán colgándose en el twitter.