Hoy os mostramos un didáctico texto escrito por el compañero que firma como Laborradura del Carimbo en tres entregas en el blog Semillas Libertarias que se une a la ya amplia biblioteca libertaria que es Mutualismo.org. Disfrutádlo y difundídlo, pues es copyleft.

Libre mercado anti-capitalista
Por Laborradura del Carimbo (publicado originalmente en Semillas Libertarias en tres entregas, I, II y III, bajo licencia Creative Commons Attribution Share Alike 3.0).
El socialismo de libre mercado: aceptación, rechazo y aceptación
Para comenzar como es debido, el capitalismo NUNCA ha sido un sistema de libre mercado. El liberalismo (económico y político) aunque se articula(ba) como la defensa de la libertad, en cuestiones políticas y económicas ha mantenido cierto número de vicios autoritaristas como si fuesen el menor de los males ó parte de una justicia natural. El Estado ha sido uno de ellos y el que (para fines de este texto) resume la coerción inherente en el sistema liberal. La tendencia a favorecer a los capitalistas (dueños del capital, entiéndase, fábricas, bancos, inversiones etc.) fue lo que solidificó este nombre para el régimen liberal (o burgués). El capitalismo ha sido más o menos regulado/planificado por el Estado en beneficio… En beneficio de mantener una economía que favorezca a cierta élite. Esa élite está compuesta de un grupo heterodoxo de parásitos que viven a costa del trabajo de todos los demás. En ocasiones han nacionalizados servicios (policía, moneda, retiros, seguros, etc.) solo por evitar el desencanto de los no-privilegiados, generalmente, asalariados. No se trata de un plan socialista, solo parchos para mantener el poder. Porque, barriguita llena, ciudadano que no protesta…
No niego la existencia de liberales radicales que favorecían lo que se ha denominado “laissez-faire” como forma alejar al Estado de la mayoría de los asuntos sociales, sin embargo, no ha sido hasta recientemente que se ha articulado como parte del movimiento libertario y más cercano a un libre mercado creíble. Y aún algunos, generalmente los más cercanos al neo-feudalismo, osan reclamar dicho título solo para si, aún a pesar de una tradición socialista que le antecede por casi un siglo.
Sí, el libertarismo ha sido defendido por socialistas, aunque no necesariamente por la mayoría. Los socialistas fueron individuos organizados a la izquierda del liberalismo buscando una verdadera libertad de desarrollo para (TODOS) los individuos, sin necesidad de subordinación/alianza con los privilegiados y su Estado. Muchos buenos argumentos (y disparates también) fueron defendidos o rechazados para acabar con la obstaculización capitalista hasta que algunos de ellos, los MÁS, confundidos por los sofismas de Marx y Engels, quienes prometían una revolución que acabaría de una vez y por todas con los privilegios (de clases), enarbolaron la bandera del Estado obrero. Estos socialistas, abandona(ro)n el ideal de la libertad inmediata en favor de ser parte de la dictadura que salvaría al mundo, imponiendo una sola (re)organización economica: el comunismo. Este enfásis por el uso de la coerción estatista para “mejorar” la condición de vida de los no-privilegiados ha sido uno de los más detrimentales argumentos aceptados por los socialistas y lo que bien le ha valido el rechazo de la mayor parte de los habitantes del globo. Este socialismo es una traición a la sociedad, a la libertad individual, por tanto, al socialismo mismo.
No puedo negar tampoco la existencia de marxistas radicales que han reinterpretado, modificado o se han apartado del autoritarismo en favor de una (re)organización voluntaria. Sin embargo, su marcadada animadversión al intercambio económico de libre mercado y al individualismo me obliga a mantenerlos al margen del libertarismo de izquierda, aunque con una perspectiva abierta a una posible transformación libertaria de algunas marxistas.
Ahora bien los otros socialistas, quienes también se oponían al régimen liberal y su criatura, el capitalismo, mantienen algo en común, la valoración de la libertad individual. Por esto se conocían y conocen como libertarios, socialistas libertarios, ácratas o anarquistas. Sin embargo, podríamos hacer dos divisiones sencillas de las diferentes perspectivas. Las que favorecen el libre intercambio (individualistas, mutualistas) y las que se oponen al libre intercambio (colectivistas y comunistas). Este rechazo del libre intercambio parece contradecir la importancia vital de la libertad individual, aunque puede estar más vinculado con la exagerada importancia que le dieron ciertos escritores anarquistas a los textos socio-políticos de Marx y Engels.
Aún así, los anarquistas que abrazaron el movimiento denominado “sin adjetivos”, afianzaron el argumento de que cualquier (re)organización no-coercitiva es válida en la libertad, incluyendo el comunismo y/o libre intercambio anti-capitalista. Esto no presenta(ba) gran problema para las perspectivas individualistas, mutualistas y colectivistas (estos últimos están más vinculados al anarco-sindicalismo) pero ha ido calando muy lentamente entre los partidarios del comunismo. Y no es caso de sorprenderse. Sin embargo, es creíble que estos últimos confundan el mercado capitalista (actual) con el libre mercado propuesto por los libertarios.
Esta confusión del mercado capitalista con el libre mercado, es a lo que Kevin Carson denomina “libertarismo vulgar”. En su caso, lo usa para referirse principalmente a aquellos libertarios individualistas que defienden el mercado existente cual si fuese ejemplo de un libre mercado, aún a sabiendas de que no es así. Lo mismo valdría para los libertarios que rechazan el Estado capitalista liberal pero que están prestos a defender el populismo y el capitalismo de Estado de los marxistas.
La confusión del libre mercado con el mercado capitalista entre los comunistas ha llevado a algunos a rechazar como injusta, errada o explotadora cualquier otra forma de (re)organización que no fuese la comunista. Tanto el marxismo (clásico) como el neo-liberalismo han fomentado a esta confusión. El primero porque condena los mercados como fuente innata de monopolios y privilegios y el segundo porque fomenta la percepción de que el capitalismo sin ciertas regulaciones equivale a libre intercambio. Ambas partes equivocan los conceptos para el beneficio de su teoría. Sin embargo, esto confusión no debe continuar siendo fuente de discordia entre los que verdaderamente abrazan el libertarismo y, por tanto, la defensa constante de la libertad individual.
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El libre mercado requiere que no haya trabas en el intercambio de bienes y servicios. No implica que obligatoriamente todos debemos intercambiar, pero sí que no se impida intercambiar libremente a quienes deseen vivir de esa forma. ¿Y quién que aceptase la libertad individual, podría prohibirle a otros que intercambien libremente y ser consistente con sus principios?
Algunos conceptos básicos (explicados de forma muy simple)
La oferta y demanda representa a dos actitudes inversas; cuanto ofrecen unos y cuanto piden otros de X cosa. Pero en el intercambio alguién que demanda algo debe ofrecer otra cosa a cambio por ello. Por ejemplo, si Alef necesita limones pero solo tiene chinas, ofrecerá chinas a cambio de limones. Si Gímel tiene limones y necesita chinas, ofrecerá sus limones a cambio de chinas. Este sería un mercado de chinas y limones. Consideremos que ambos trabajaron individualmente para obtener sus respectivos productos. ¿Como decidirán cuanto producto intercambiar por otro? Pues eso dependerá de cuál sea la oferta y la demanda de chinas y limones en el mercado.
Ahora bien, si hay muchas más chinas que limones, es probable que la gente esté dispuesta a dar más chinas por cada limón o que aquellos que venden limones pidan más chinas a cambio de sus limones. ¿Por qué? Porque a los que ofrecieron chinas (por limones) se le fermentarían las chinas sobrantes y le ven poco valor a dejarlas podrir y porque los limones serían un producto relativamente escaso lo que les añadiría valor (en chinas) en ese momento. No se podría imponer arbitrariamente un precio para algunos (o todos) los productos y servicios, pues dicha imposición distorsionaría la oferta y demanda en favor de ciertos productores o consumidores y el único mecanismo para lograrlo sería la coerción. Sin embargo, el mecanismo es sencillo si la oferta de chinas es mayor que su demanda su precio baja y si la oferta de chinas es menor que la demanda (o sea, que haya menos chinas que limones) su precio (en limones) sube.
Por otro lado, la competencia se basa en lo siguiente: que pueda haber más de un (individuo o empresa) ofreciendo sus productos (y/o servicios) y la no obstaculización coercitiva para que entren más personas a ofrecer algún producto o servicio. Por ejemplo, si hay pocas chinas y mucha gente desea intercambiar sus productos (o servicios) por limones, bien podrían más personas cultivar chinas para suplir la demanda del producto. O por el contrario, si hay demasiadas chinas bien algunos podrían modificar su producto y convertirlo en jugo, mermelada, licor, etc. Así entrarían en otros mercados y no perderían el esfuerzo que han invertido originalmente. También podrían decidirse a producir otra producto o servicio.
Esta práctica de ajuste libre de precios por oferta y demanda, más la posibilidad de competencia, ayuda estabilizar el precio de los productos y servicios.
Lo explicado como trueque puede hacerse utilizando dinero, cosa que es harto conocida porque lo hacemos comúnmente. Sin embargo, el dinero actual opera como un monopolio del Estado. Pero en un libre mercado diversos bienes pueden funcionar como dinero (incluyendo la moneda fiduciaria o billete de banco) con la sola premisa de que sea aceptado entre las partes como forma válida de pago. No pretendo entrar en controversias en torno a la base ni estándar del dinero en una sociedad sin Estado, sino recordar que cuando un medio de cambio es ampliamente reconocido como forma de pago se convierte en una herramienta que facilita el intercambio. La mayoría (si no todos) los precios se calcularían en dinero para facilitar la transacción. Por tanto, donde los individuos son libres para intercambiar aquellos que es producto de su trabajo (bienes y/o servicios) en forma de trueque también son libres de hacerlo utilizando un medio de cambio (el dinero).
¿No es así como funciona el capitalismo?
Sencillamente no. El (neo)liberalismo y el laissez-faire estatista conceden al menos un monopolio coercitivo del Estado en torno a la seguridad y la justicia. El Estado aún así puede redirigir la oferta y demanda de ciertos productos haciéndolos necesarios para mantener la milicia y la policía o la supuesta seguridad nacional. De esta forma se desvían millones de dolares de los contribuyentes para acumular armamento militar y la tecnología necesaria para producirlo, además de elaborar mecanismo de vigilancia sobre la población acerca de lo que consumen, leen, publican, etc.
El Estado del bienestar (y la supuesta Social-democracia) solo busca beneficiar a ciertas compañías “nacionales” haciendo más costosa la entrada de los productos “extranjeros”. Mantiene la población más pobre controlada brindándole subsidios para comida, de vivienda, de estudio, de salud (entre otras cosas) con el dinero de los impuestos del presente y del futuro. Sí, del presente y del futuro porque los bonos que emite el Estado para solventar su obra “social” los debe pagar con los impuestos del futuro, endeudando a todos los contribuyentes sin su consentimento.
Lo mismo sucede cuando los Estados limitan la competencia y la innovación a través de las patentes y derechos de autor. Esto encarece el producto en beneficio de ciertos accionistas y ciertas corporaciones. También el Estado limita la cantidad de oportunidades de empleo con la emisión de licencias y colegiaciones obligatorias. Esto, a su vez, provoca una disminución en la oferta de ciertos servicios y productos (los servicios de salud, por ejemplo) haciéndolos más escasos y, por tanto, más costosos. La regulación y desregulación de los mercados suele ser puro relajo Estatal. Se regula para limitar la competencia y se desregula cuando es muy difícil que empresas nuevas ocupen algún lugar en el mercado.
Estas son algunas entre muchas intromisiones con las que el Estado beneficia a una élite compuesta de ciertos empresarios, accionistas, líderes sindicales y religiosos, abogados y banqueros, entre otros mafiosos y parásitos. Así, dicha élite, a través del Estado, retiene su poder coercitivo y adquisitivo, sus jerarquías y su cultura, imponiendo sus criterios a todos los demás habitantes de una región. Por tanto, hablar de libre mercado dentro del régimen capitalista (actual) es sencillamente una vil mentira y una provocación.
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Libre mercado, competencia, dinero y… ¿Qué hay de la cooperación? ¿Donde queda la solidaridad?
El libre mercado anti-capitalista no implica la desaparición de la cooperación entre los humanos. Al contrario, es una forma de promover la (re)organización de la cooperación voluntaria y el intercambio, sin perjudicar la libertad individual que promovemos.
Cada individuo debe tener la oportunidad de decidir por si mismo que tareas desea desempeñar para subsistir. Esto puede incluir desde la más solitaria vida en algún lugar apartado, elaborando todas las tareas domésticas, como la vida en grupos que comparten voluntariamente sus productos a través del libre acceso a sus almacenes, como en empresas-obreras autogestionadas por los trabajadores mismos, o servidores individuales dispuestos a intercambiar sus servicios de forma independiente, entre muchos formas autónomas de producir, intercambiar, regalar y consumir. Solo sería necesario que quien quisiera desafiliarse de alguna asociación en la que participa pudiera hacerlo. De lo contrario, estarían atrapados en una sola forma de vivir y se habría perdido la libertad.
El libre mercado tampoco requiere que se adopten las ideas propietarias derivadas del los textos de John Locke. Mucho menos se pretende legitimar la propiedad capitalista (actual) que en muchos casos no es legítima ni por los planteamientos (neo)lockeanas siquiera. Pero sí es una oposición a la imposición de la planificación centralizada, sea a través de un municipio autónomo o del Estado. Porque todos los humanos deben poder elegir como desean subsistir y qué desean producir, regalar, intercambiar y consumir.
Disgresión acerca de la tierra
El socialismo de libre mercado rechaza la forma de apropiación actual de la tierra y la reemplaza con el criterio de ocupación-y-uso. Esto implica que cierto espacio de tierra pertenece a un idividuo (o colectivo) solo mientras lo ocupa-y-usa directamente. (Veáse el siguiente recopilatorio acerca de la propiedad (o posesión) mutualista sobre la tierra para más información.) Esto es cónsono con la igual libertad de los individuos, puesto que nadie debe quedar sin una tierra para ocupar-y-usar, sin necesidad de pagar rentas o impuestos.
La acumulación del capital se torna en un obstáculo para las empresas e individuos
Que exista un libre mercado no implica, necesariamente, un eventual retorno al capitalismo. Todo lo contrario. Habiendo considerado como funciona el capitalismo (actual), podemos apreciar que las grandes fortunas no han sido fruto del trabajo y el ahorro, sino que depeden necesariamente de las conexiones con el poder estatal para acrecentar sus ganancias. Mantener la presente acumulación de capital entre pocas empresas o individuos sería tan difícil y costoso sin la protección del Estado, que podríamos imaginarlo como imposible. Sin el Estado (ni el uso de la coerción), el poder de las corporaciones sobre sus empleados y los consumidores se hace harina. Porque su poder radica en el uso de las patentes, licencias y derechos de autor, además de las tarifas proteccionistas para evitar las importaciones, la responsabilidad limitada y otros subsidios (como el reciente “rescate económico” de ciertas instituciones financieras, etc). Por tanto, lo que es extraño en la actualidad, sería muy común dentro de un libre mercado anti-capitalista: que los trabajadores puedan ser los dueños del capital que necesitan para trabajar y que sean estos mismos quienes manejen según sus criterios la administración de su empresa.
Conclusión
El capitalismo no es un sistema socio-económico de libre mercado. El libre mercado es necesariamente anti-capitalista, implica la abolición del capitalismo y el desmoronamiento de sus opresivas jerarquías. Presenta además una (re)organización de la sociedad utilizando prácticas que no nos son del todo desconocidas y que permiten la cooperación voluntaria entre los humanos. Como concepto, solo designa una posibilidad en la anarquía, una (re)organización económica donde no se obliga a nadie a comerciar pero tampoco nadie puede prohibir el comercio.
Si alguna vez confundió el sistema en que vivimos con el libre mercado, no se preocupe, es un mito que lleva ya algunos años y a muchos nos puede haber confundido. Pero luego de abandonado el mito, solo nos queda promover la anarquía, la libertad de todos los humanos, la igual libertad de todos los humanos en la anarquía.