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Regulación económica y desigualdad social

Que las desigualdades sociales están a la orden del día en el sistema económico en el que vivimos no creo que lo ponga en duda nadie. Ahora la cuestión es saber que es lo que provoca realmente que haya esas desigualdades sociales. ¿Es el mercado? ¿Es el intervencionismo de los estados? ¿Que llevaría a una mayor igualdad económica? ¿Regulación? ¿Desregulación?

Para intentar poner algo de luz sobre el asunto propongo hoy comparar dos gráficas publicadas en dos medios de opiniones económicas totalmente distintas como Público (socialdemócrata) y Libre Mercado del grupo de Libertad Digital (liberal austríaco).

Primero veamos una gráfica publicada hace un tiempo en Público que sugiere que el neoliberalismo, que se aplica desde más o menos la década de 1970, ha ido generando cada vez mayor desigualdad en Estados Unidos acompañada de algunas palabras:

En 1928, el 1% más rico de EEUU atesoraba el 23,94% de la riqueza (ver gráfico adjunto). Tras el crash del 29, el porcentaje fue reduciéndose como consecuencia de los programas sociales introducidos, que dejaron el porcentaje por debajo del 10% en la década de 1970. Pero tras la ruptura con el pacto keynesiano que en EEUU lideró Ronald Reagan, el 1% más rico volvió a ganar cuota en la riqueza nacional hasta superar de nuevo el 23% en 2007. Al año siguiente, Lehman Brothers se hundió.

Fuente: La desigualdad llevó al ‘crash’, según expertos, en Público.

Y ahora otra gráfica que sugiere que desde la década de 1970 hasta la de 2000 las regulaciones han ido aumentando en Estados Unidos:

[...] muy contrariamente a lo que normalmente se afirma, los datos del propio Gobierno estadounidense demuestran que el número de regulaciones no ha hecho más que aumentar durante las últimas décadas.

Fuente: El FMI impulsa su plan para imponer una nueva moneda mundial, en Libre Mercado (es un artículo escrito por el mismo Hugo que comenta en este blog a veces, por cierto).

¿Qué conclusiones podemos sacar? Pues creo que el dogma imperante de que el neoliberalismo implicó una mayor desregulación y “la dictadura de los mercados” no se sostiene a la luz de estos datos pero las tesis de Kevin Carson reciben un espaldarazo. Veamos lo que dice en El mito del Estado mínimo neoliberal:

El neoliberalismo de Reagan y Thatcher, a pesar de toda su retórica “anti-gobierno grande”, en la práctica hubo de mantener los niveles masivos de gastos de gobierno para comprar en grandes cantidades el producto excedente de la economía corporativa y utilizar la capacidad de exceso.

[...]

En general los niveles de gasto del gobierno, de hecho, han seguido elevándose bajo el neoliberalismo. Con más exactitud puede llamarse “nueva regulación” a la “desregulación”: un cambio de las actividades del Estado regulador en una dirección más amistosa con las corporaciones. La “privatización” de las actividades del gobierno, como ha puesto sobre la mesa Hildyard, deja una parte mayor de funciones bajo la dirección nominalmente privada, pero operando dentro de una red de protecciones, ventajas y subvenciones en gran parte definidas por el Estado. Los recortes en servicios sociales han sido más que compensado por otras formas de gasto que subvencionan los costes de las operaciones de las empresas corporativas. Las subvenciones para desarrollos multilaterales de bancos son especialmente necesarias para atraer muchas inversiones de provechoso capital extranjero, y están en aumento. Los acuerdos comerciales neoliberales incluyen un marco legal (p. ejemplo los supuestos derechos [sic] de “propiedad intelectual”) diseñados principalmente para proteger a los grandes capitales contra el mercado. Muchos de estos acuerdos requieren la creación de cuerpos internacionales, gobiernos supranacionales de facto, para invalidar la política de los estados signatarios.

En general, la versión neoliberal del “libre mercado” se parece a una de esas anticuadas máquinas que juegan al ajedrez que solían estar en comarcas distinguidas. Es una operación aparentemente automática, pero observándolo de forma más detallada, vemos que fue realizada por un enano que tiraba en el interior afanosamente sobre unas palancas. En el caso del “libre mercado” neoliberal, en el que el Estado tira de las palancas.

El caso es que se suelen confundir, no sé si por ignorancia o hipocresía, los conceptos de desregulación económica y disminución del Estado del bienestar. Se piensa que como por un lado hay privatizaciones y tratados internacionales de “libre comercio y movimiento de capitales” y por otro como los servicios sociales empiezan a mermar, que todo ello es consecuencias de la desregulación económica y el mercado libre. Pero mucho me temo que los datos que salen a la palestra, no acompañan esa afirmación, al menos para los Estados Unidos.

Es cierto que hay menos Estado del bienestar que hace unos años y menos empresas estatales. Es cierto que en algunos casos se han quitado trabas al movimiento internacional de capitales. Todo eso implica menos peso del Estado en la economía. Es cierto. Pero también lo es que hay muchas más regulaciones y requerimientos que antes y eso también es intervención del Estado. Y esa intervención tiene un impacto económico que no debería olvidarse. Por ejemplo el carné de manipulador de alimentos es algo que hace unas décadas no existía y hoy sí. También ahora existen regulaciones medioambientales que antes no había porque no estaba tan de moda el tema del medio ambiente y hoy se paga en España un canon compensatorio por cada disco compacto en blanco que se compra cuando hace treinta años eso de los discos compactos era algo que no se había creado. Según se ha ido avanzando y han apareciendo cosas nuevas más regulaciones han aparecido también para gestionar el impacto de esas novedades, en algunos casos sobre el medio ambiente o la seguridad del consumidor y otras para mitigar el impacto sobre algunos negocios e intereses empresariales ya existentes, como es el caso del canon para la industria audiovisual y musical.

Esas regulaciones que se añaden se levantan como nuevas barreras de entrada que dificultan el acceso de nuevas empresas al mercado y por tanto garantizan más cuota de mercado para las empresas ya posicionadas. Ahora si juntamos ambas gráficas se ve claramente que cuantas más regulaciones han existido, más desigualdad económica ha habido. Es perfectamente lógico esto. Cuanto más cosas se pongan en un sistema económico que sirvan como barreras de entrada, más facilidad tienen las empresas existentes de aumentar su cuota de mercado y por lo tanto el capital tiende a concentrarse cada vez más en menos manos, ergo así aumentan las desigualdades sociales. A la inversa debería tenderse hacia el camino contrario.

Neoliberalismo contrastado

No sólo gente como Kevin Carson y Roderick T. Long afirman que el neoliberalismo no tiene nada que ver con el libre mercado, otras personas también:

¿Es realmente neoliberal el neoliberalismo, o es todo lo contrario?

El rankiano Daniel Bravo, conocido por sus acertados análisis, decía: “Adam Smith decía que el egoísmo llevaría a la economía al equilibrio y al progreso, pero añadía dos condiciones que todo el mundo olvida siempre .
1-Mercado libre, sin que los ricos tuvieran poder. Es decir, evitar situaciones de oligopolio o rescisiones al mercado.
2-Solo funciona en el largo plazo, en el corto plazo, el egoísmo genera una destrucción que afecta a la vida de las personas.”

El tiempo pasa y los conceptos se distorsionan, o podríamos pensar que son distorsionados, no por accidente, sino intencionalmente para acomodar posiciones de conveniencia para determinados grupos. Hoy “liberalismo” (o su variación más famosa, “neoliberalismo”) parecen asociarse con la idea opuesta a lo que Adam Smith defendía. Así surge el intervencionismo del mercado en nombre del no intervencionismo.

Seguir leyendo Neoliberalismo: Intervencionismo de mercados a favor de oligopolios en el blog de Comstar.

Leédlo entero, es una reflexión interesante por citas de otras personas que menciona y que incluyen por ejemplo una curiosa y posiblemente provocadora para muchos tanto a la izquierda como a derecha, comparación de Cuba con Walmart como economías centralizadas.

Mención también al primer comentario al artículo realizado por Daniel Bravo por el interés que puede tener aquí al defender unas tesis tan similares a las mutualistas:

Muy buen artículo, has esquematizado muy bien las ideas y expones un tema que parece tabú en economía.

En realidad, los que hayan leído a Adam smith saben que estaría completamente en contra del Capitalismo.

Hay que aclarar que el Capitalismo y el Libre mercado son dos sistemas económicos antagónicos.
El Capitalismo, se llama así porque es un sistema en el que se premia la acumulación de capital, es decir, que los más ricos y grandes tienen ventajas frente a los pequeños. Y esta era la mayor pesadilla de Adam Smith que proponía un sistema de libre mercado.

Marx, en su tesis, decía que era imposible alcanzar el libre mercado, (argumento discutible) y por tanto, proponía el “capitalismo de Estado”, lo que posteriormente se le llamó “comunismo”. Lo llamó así porque la similitud entre el comunismo y el capitalismo es muy grande en su base, ya que se sigue premiando a la acumulación de capital, es decir, en ambos casos el Estado o WalMart son todopoderosos.

Tendríamos que recordar que en su inicio, anarquistas y liberales luchaban juntos en contra de capitalistas y comunistas, ya que su visión del mundo era mucho más cercana.

El mito del Estado mínimo neoliberal

Sobre el texto

Puede ser una respuesta contundente a los dos bloques “libertarios” a izquierda y derecha del mutualismo: los anarcocapitalistas parlamentarios, que recuerdan con admiración a Margaret Thatcher y Reagan; y los anarcocomunistas, que achacan falazmente las nefastas consecuencias de las experiencias neoliberales, como la de Pinochet, al libre mercado genuino.

El artículo plantea que es totalmente inútil reducir el papel directo del Estado en la economía (a través de, por ejemplo, industrias estatales) si después va a intervenir masivamente para proteger a las industrias privatizadas de la competencia. El libre mercado no se “impone”; de hecho, consiste en “desimponer”. Sin más, que lo disfruten (la versión original puede encontrase aquí).

Por Kevin A. Carson

El mito del Estado mínimo neoliberal

Recientemente tropecé con un artículo fascinante.

Ya he discutido, en una subsección del Capítulo 8 de Estudios en Economía Política Mutualista, que simplemente no hay ningún camino por el que el recorte de gastos neoliberal pueda reducir los gastos totales del gobierno y la intervención a los niveles anteriores al New Deal. La razón es que, aún en períodos caracterizados por una crisis de subacumulación, la tendencia fundamental subyacente del capitalismo estatal es todavía hacia la sobreacumulación y el subconsumo.

El neoliberalismo de Reagan y Thatcher, a pesar de toda su retórica “anti-gobierno grande”, en la práctica hubo de mantener los niveles masivos de gastos de gobierno para comprar en grandes cantidades el producto excedente de la economía corporativa y utilizar la capacidad de exceso.

Y aunque hubo movimientos importantes en la dirección de la intervención del gobierno bajo el neoliberalismo, es cuestionable si el nivel neto de actividad del gobierno bajo el reaganismo-thatcherismo es inferior en términos absolutos. Los tipos de intervención de gobierno y sus gastos han cambiado algo; pero en general, el capitalismo corporativo confía en gran medida en la intervención estatal para su propia supervivencia. Tiendo a sospechar que el nivel total de intervención estatal en la economía es en realidad más alto bajo el neoliberalismo, con mucha diferencia, de lo que lo fue bajo el liberalismo corporativo de mediados del siglo XX.

Entonces, puede imaginarse como de complacido debía estar yo al encontrar corroboradas mis sospechas por el asombroso artículo antedicho: Nicholas Hildyard. “El Mito del Estado Mínimo: Ambigüedades de Libre mercado” Corner House Friefing 05 (marzo de 1998).

La retórica política alrededor del neoliberalismo, advierte Hildyard emplea términos fuertes como la “política de no intervención” ” y el “libre mercado”. La revolución neoliberal, en apariencia, apunta a un “estado mínimo”.

Aún el resultado práctico de esta política, en la mayoría de los casos, no ha disminuido el poder institucional del estado o sus gastos. Más bien los ha redirigido. Esto también ha reforzado el poder de muchas naciones del Norte para intervenir en los asuntos económicos de otros países, principalmente los países endeudados del Sur, las economías emergentes de la ex-Unión Soviética, y los compañeros más débilmente industrializados de bloques comerciales como la Unión europea.

Por ejemplo:

Lejos de abolir la burocracia estatal, las políticas de libre mercado [sic], en cambio, la han reorganizado. Mientras la privatización de industrias y activos estatales seguramente ha reducido la participación directa del estado en la producción y la distribución de muchos bienes y servicios, el proceso ha sido acompañado de nuevas regulaciones estatales, subvenciones e instituciones que apuntan a la introducción y el afianzamiento de un “ambiente favorable” para las industrias recién privatizadas.

El estado en realidad ha jugado un papel central en la realización de las políticas de libre mercado [sic] y, además, tiene una continuada participación “íntima y ubicua” en la regulación de los minuciosos detalles de la economía de mercado – una consecuencia directa de la relaciones de “mango en guante” que han promovido los gobiernos de libre mercado [sic] entre las “ajustadas” instituciones estatales y los intereses de mercado….

En general los niveles de gasto del gobierno, de hecho, han seguido elevándose bajo el neoliberalismo. Con más exactitud puede llamarse “nueva regulación” a la “desregulación”: un cambio de las actividades del Estado regulador en una dirección más amistosa con las corporaciones. La “privatización” de las actividades del gobierno, como ha puesto sobre la mesa Hildyard, deja una parte mayor de funciones bajo la dirección nominalmente privada, pero operando dentro de una red de protecciones, ventajas y subvenciones en gran parte definidas por el Estado. Los recortes en servicios sociales han sido más que compensado por otras formas de gasto que subvencionan los costes de las operaciones de las empresas corporativas. Las subvenciones para desarrollos multilaterales de bancos son especialmente necesarias para atraer muchas inversiones de provechoso capital extranjero, y están en aumento. Los acuerdos comerciales neoliberales incluyen un marco legal (p. ejemplo los supuestos derechos [sic] de “propiedad intelectual”) diseñados principalmente para proteger a los grandes capitales contra el mercado. Muchos de estos acuerdos requieren la creación de cuerpos internacionales, gobiernos supranacionales de facto, para invalidar la política de los estados signatarios.

En general, la versión neoliberal del “libre mercado” se parece a una de esas anticuadas máquinas que juegan al ajedrez que solían estar en comarcas distinguidas. Es una operación aparentemente automática, pero observándolo de forma más detallada, vemos que fue realizada por un enano que tiraba en el interior afanosamente sobre unas palancas. En el caso del “libre mercado” neoliberal, en el que el Estado tira de las palancas.

EL ANARQUISMO EN LA GLOBALIZACION

(Ponencia presentada por Miguel Tauro en las Primeras Jornadas Libertarias de Lima, el sábado 22 de julio del 2006.

Compañeros y compañeras, amigos y amigas,

Agradezco a los presentes por su asistencia y a los organizadores de este evento por haberme invitado a presentar una ponencia sobre la globalización y el anarquismo. Espero contribuir un poco al debate de este tema tan interesante y tan de actualidad, pero sobre todo aspiro a que lleguemos a conclusiones prácticas que nos permitan a todos, tanto anarquistas como personas de otras tendencias, participar en las luchas sociales que posibiliten un cambio profundo en la desoladora situación actual del mundo y del Perú.

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Libre comercio vs Acuerdos de libre comercio

Extraido de Açao Humana

Originalmente publicado en el Mises Institute Brasil;

Nada hay más importante hoy día que mostrar a la opinión pública las diferencias esenciales entre el genuino liberalismo, que aboga por una economía de libre mercado, y los varios partidos intervencionistas que están defendiendo la interferencia del gobierno”. Libertad Económica e Intervencionismo, Ludwig von Mises.

El Mises Institute defiende consistentemente el libre comercio – el verdadero -, mientras que siempre criticó los “acuerdos de libre comercio”, por considerarlos una forma de mercantilismo disfrazado. Esta posición es marginal, excepto por el hecho de que, analizando la historia, vemos que los austríacos siempre se posicionaron contra los acuerdos de comercio, llegando incluso a combatirlos como una forma de planificación keynesiana. Por lo tanto, hay en el Instituto una tradición que debería llevar los austríacos modernos a oponerse a ciertos esfuerzos, como el North American Free Trade Agreement (NAFTA) y todos los otros acuerdos que se siguieron.

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El mito de la globalización

Uno de los mitos  liberales más perniciosos es aquel que supone que solo las multinacionales pueden proporcionar trabajo y prosperidad en los países del Tercer Mundo. Así, nos muestran las plantillas de Nike y Coca-Cola nutridas de decenas de trabajadores, niños y adultos, que gracias a estas corporaciones han conseguido un empleo, o simplemente un empleo mejor del que podían conseguir si no estuvieran ellas. De esta forma, los liberales suavizan su crítica de las corporaciones y llegan a justificarlas como punto clave del progreso en el capitalismo, tal y como hiciera el imperialista norteamericano Brzezinski. [1]

 

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En esta tesitura, garantizar los subsidios al transporte y la responsabilidad limitada de las corporaciones ya no son acciones execrables que tienden a concentrar la riqueza en pocas manos y destruir a los pequeños propietarios y a los trabajadores, sino un generoso gesto por el desarrollo de los países menos favorecidos.

 

En realidad, lo que necesitan los países en desarrollo no son multinacionales que destruyan su pequeña industria y comercio nacionales, sino la libertad económica suficiente, dentro y fuera de sus fronteras, para producir y exportar aquellos productos en los que tienen una ventaja comparativa o absoluta sobre los demás.

Si los campesinos bolivianos pudieran cultivar libremente la coca, esta rama de la producción daría empleo a tantas personas como el sector admite y, como Bolivia tiene una ventaja comparativa sobre el resto de países en su producción, recibirían un abultado beneficio de este negocio. Pero el Estado boliviano, por una parte, prohíbe parcialmente su cultivo y subvenciona otros cultivos menos rentables, desviando la producción artificialmente –y a costa del contribuyente- hacia sectores menos rentables, lo que a largo plazo se traduce en una menor creación de riqueza de la que hubiera tenido lugar en otra circunstancia. Y, por otra parte, los Estados desarrollados prohíben la importación y comercialización de la coca.

En África sucede algo similar, allí los Estados perjudican la rama de la producción sobre la que el África subsahariana tiene una ventaja comparativa: la agricultura. Por una parte, las habituales trabas a la apertura de negocios y, por la otra, la subvención de la gasolina, que hace más rentable la venta directa del combustible en lugar de su utilización para el cultivo, frenando el desarrollo natural de la riqueza en esos países, especializándose en lo que mejor saben hacer. Por supuesto, no hay que olvidar las trabas de Norteamérica y Europa a la importación de productos agrícolas, así como la subvención de sus propios agricultores.

 

El Estado es la pobreza, pero las multinacionales no son su antítesis. Ya hemos visto que, dada cierta libertad de comercio, las industrias locales pueden especializarse en aquellas tareas en que tienen una ventaja sobre el resto de industrias del mundo, y de esta forma pueden ampliarse y dar trabajo a más gente, sin necesidad de invasiones corporativas. No crean lo que les dice Johan Norberg. Con libertad de comercio las multinacionales son innecesarias; y sin tal libertad son industrias monopólicas que viven de la explotación de centenares de seres humanos.

 

[1]: Brzezinski fue un asesor del presidente norteamericano Jimmy Carter.