Traducción del noveno capítulo del Studies (continuación)

He traducido un poco más del Studies in mutualist political economy de Kevin Carson. Ahí va:

B. Llegando a allí.

Desde Proudhon el mutualismo ha tendido a ser identificado desde un enfoque gradual. El gradualismo envuelve, al mismo tiempo, dos tipos de acción: 1) la creación de una base institucional para una nueva sociedad dentro de una existente; y 2) el retroceso gradual del estado a través de presión externa y la suplantación con formas alternativas de organización hasta que sea enteramente abolido.

Proudhon caracterizaba este enfoque de devolución de las funciones estatales a las asociaciones voluntarias como la disolución del estado dentro de la estructura social. Ello requería dos tipos de acción simultáneas: primero, “organizar… las fuerzas económicas”; y segundo:

Disolver, sumergir y hacer desaparecer el sistema político o gubernamental del económico reduciendo, simplificando, descentralizando y suprimiendo una tras otra todas las ruedas de la gran maquinaria que es llamada gobierno o estado.5

El objetivo final era que la distinción entre “público y privado” careciera de sentido: “que las masas que son gobernadas debieran al mismo tiempo gobernar, y esa sociedad debiera ser lo mismo que el estado, y la gente lo mismo que el gobierno…”6 Esto significaba que “la noción de contrato” sucedería al gobierno:

Es la organización industrial la que pondremos en lugar del gobierno…

En lugar de leyes pondremos contratos. No más leyes votadas por una mayoría, o siquiera unánimemente; cada ciudadano, cada ciudad, cada sindicato industrial hace sus propias leyes.

En lugar de poderes políticos pondremos fuerzas económicas.7

Los Wobblies (miembros pertenecientes al sindicato IWW)* usan la frase de “construir una nueva sociedad desde dentro de la cáscara de la vieja” para describir el proceso. Pero Proudhon, anticipándose a ellos, usó esta viva imagen:

Bajo la maquinaria del gobierno, a la sombra de las instituciones políticas, fuera de la vista de los hombres de estado y los sacerdotes, la sociedad está produciendo su propio organismo, lenta y silenciosamente, y construyendo un nuevo orden, la expresión de la vitalidad y la autonomía…8

Brian A. Dominick, en su brillante “Una introducción a la estrategia del poder dual” lo describía en esta forma:

Generalmente hablando, el poder dual es la organización revolucionaria de la sociedad en su forma pre-insurrección. Es el segundo poder- la segunda sociedad- operando bajo las sombras del “establishment” dominante. Trata de convertirse en una infraestructura dentro y de sí misma, en las cimientos de un futuro alternativo…

La gran tarea de las bases del poder dual es encontrar y crear espacios sociales y llenarlos con instituciones y relaciones liberadoras. Donde hay lugar para actuar por nosotros mismos formamos instituciones propicias no sólo para catalizar la revolución, sino también para presentar las condiciones de una vida plena, incluyendo la autogestión económica y política al mayor nivel alcanzable. No buscamos abrazar el poder, sino abrazar la oportunidad de ejercer nuestro propio poder.

Por lo tanto, las bases del poder dual son una situación donde una comunidad autodefinida ha creado por sí misma un sistema político-económico que es una alternativa operativa al “establishment” dominante estado/capitalista. El poder dual consiste en instituciones alternativas que proveen las necesidades de la comunidad, tanto materiales como sociales, incluyendo comida, vestimenta, hogar, cuidado sanitario, comunicación, energía, transporte, oportunidades educativas y competitivas y organización política. El poder dual es necesariamente una forma autónoma y competitiva con el sistema dominante, que busca invadir el último dominio y finalmete reemplazarlo.9

Tal proyecto requiere la autoorganización  en el nivel básico para construir una “infraestructura social alternativa”. Implica cosas como las cooperativas entre consumidores y productores, sistemas LETS y bancas mutuas, sindicatos, asociaciones de arrendatarios y supresión de rentas, asociaciones vecinales, programas de vigilancia al crimen y la policía (de no afiliación policial), juzgados voluntarios para el arbitraje civil, agricultura respaldada por la comunidad, etc. El proyecto “municipalista libertario” de devuelta de funciones gubernamentales al nivel vecindario y la mutualización de servicios también recae sobre este título- pero con servicios mutualizados antes que municipalizados.

Peter Staudenmeier, en un taller de cooperativas de Ann Arbor, se refería a esas formas alternativas de organización como el “contrapoder social”. El contrapoder social toma la forma concreta de “política prefigurativa” y “contrainsituciones”.

La política prefigurativa es un término elegante que simplemente significa vivir tus valores hoy día, en vez de esperar a “después de la revolución”- de hecho significa el comienzo de la revolución aquí y ahora a la mayor extensión posible. Esto podría llamarse el aspecto diario del contrapoder social. Y las contrainstituciones, de las cuales las cooperativas son habitualmente ejemplo, son los aspectos del contrapoder social.10

Jonathan Simcock, en la página web Total Liberty, describía una visión del anarquismo evolucionista que incluía:

Cooperativas de trabajadores, cooperativas de hogar, autoempleo, esquemas LETS, monedas alternativas, banca mutua, sindicatos de crédito, comités e inquilinos, cooperativas alimentarias, adjudicaciones, organizaciones voluntarias, protestas pacíficas y acción directa no violenta y un grupo de acciones similares son los medios por los cuales la gente empieza a “comportarse de forma diferente”, ir más allá de la teoría anarquista, y empezar a construir los elementos de una nueva sociedad.11

Desde la época de Proudhon los mutualistas han tomado un enfoque gradual a este proceso:

Una revolución social, tal como la de 1789, que la democracia de clase obrera continúa bajo nuestros ojos, es una transformación espontánea que toma lugar a través de la estructura política. Es la sustitución de un sistema por otro, un nuevo organismo reemplazante de uno que se ha trillado. Pero este cambio no ocurre en cuestión de minutos… No ocurre bajo mando de un hombre que tiene su teoría preestablecida, o bajo el dictado de un profeta. Una revolución verdaderamente orgánica es el producto de la vida universal… Es una idea que en un principio es muy rudimentaria y que germina como una semilla; es una idea que en un principio no es destacable debido a que es basada en la sabiduría popular, pero es una que… de repente crece hasta una forma inimaginable y llena el mundo en su institución.12

Compare esto a la descripción famosa de Landauer:

El estado es una condición, cierta relación entre los seres humanos, una forma de comportamiento, la destrozamos contrayendo otras relaciones, comportándonos diferentemente uno a otro… Somos el estado y continuaremos siendo el estado hasta que hayamos creado instituciones que formen una comunidad real…13

En términos concretos la clase obrera organizaba la nueva sociedad:

En parte [a través] del principio de asociación, mediante el cual sobre toda Europa se están preparando para organizar compañías de trabajadores legales para tratar con los problemas burgueses, y en parte [a través] del más general y divulgado principio del mutualismo, a través de la democracia de la clase trabajadora, haciendo hincapié en la solidaridad y en los grupos es la forma de preparar el camino a la reconstrucción político-económica de la sociedad.14

Tucker tenía su propia imagen de este proceso. De acuerdo a James J. Martin, Tucker sugirió está “acción de recuperación”:

Que a cualquier ciudad con cierto número de anarquistas comience una economía paralela dentro de la estructura que les rodea, tratando de incluir en su grupo a representativos de todos los grupos y profesiones. Aquí tal vez pudieran llevar su producción y distribución bajo el principio de costo, basando su sistema de crédito e intercambio en una banca mutua propia que emitiría una moneda no portadora de ningún interés a los miembros del grupo para la “conducción de su comercio”, y ayudando a depositar su monótonamente creciente capital en el comienzo de nuevas empresas. Tucker creía que un sistema como tal prosperaría bajo la cáscara del viejo y llamaría la atención de forma creciente y aumentaría la participación por parte de otros miembros de la población urbana, gradualmente convirtiendo toda la ciudad en “un gran nido de trabajadores anarquistas”.15

El gradualismo es frecuentemente falsamente identificado como “reformista” por los anarquistas revolucionarios. Ésta no es, en la mayoría de los casos, una apreciación correcta. De hecho, la gran distinción entre el “reformismo” y el anarquismo revolucionario es en muchas maneras artificial. El término “reformista”, en precisión extrema”, debiera aplicarse únicamente a aquellos que su objetivo final se queda corto a la hora de abolir el estado y el sistema que sostiene. En el siglo decimonoveno, había varias clases de abolicionismo que diferían en los medios a través de los cuales querían acabar con la esclavitud y en el tiempo que tardarían en lograrlo. Pero eran todos abolicionistas en el sentido de que ninguno hubiera estado satisfecho hasta que se hubiera acabado con la esclavitud. Un “reformista”, estrictamente hablando, hubiera sido alguien que hubiera pretendido alterar la esclavitud para hacerla más humana, mientras que hubiera dejado su esencia explotadora intacta.

La distinción entre la reforma y la revolución es principalmente una de énfasis. Por ejemplo, la mayoría de los marxistas están de acuerdo con Engels en que gran parte del trabajo preliminar se hará bajo el capitalismo, hasta que no sea posible mayor evolución. Únicamente en ese momento la transformación de “cantidad a calidad” tomará lugar, y la nueva sociedad surgirá del caparazón que lo constriñe. E incluso aquellos que creen en que la transición del capitalismo al socialismo pues ser ampliamente controlada pacíficamente probablemente reconozcan que cierto disrupción ocurrirá en el momento de la ruptura final.

Lo mismo ocurre con los anarquistas. Por ejemplo, Brian Dominick rechaza la tendencia de reflejar la “revolución” únicamente con el periodo de insurrección. Son al menos tan importantes, como parte del proceso total de revolución, los años previos a la insurrección final:

La creación y existencia del segundo poder marca el primer estadio de la revolución, en el cual existen dos sistemas sociales luchando por el apoyo de la gente; uno por la alianza ciega y acrítica; la segunda por la participación activa y consciente.16

Precisamente, el proceso primario de “revolución” es la construcción del tipo de sociedad que queremos aquí y ahora. La insurrección se convierte necesaria únicamente, hasta el punto en el que, la sociedad trata de parar nuestro proceso revolucionario de construcción.

A parte de la convulsión revolucionaria, la formación de un sistema de poder dual en el presente es de hecho uno de los objetivos de la estrategia de poder dual- buscamos crear una situación de poder dual construyendo una alternativa política, económica y en otras instituciones sociales, para saciar las necesidades de nuestras comunidades en una forma esencialmente autosuficiente. La independencia del capital y el estado son los objetivos principales del poder dual, al igual que los es la interdependencia entre los miembros de la comunidad. La situación de poder dual, en su estatus pre-insurreccional, es también conocida como la “infraestructura de alternativa social”.

Y, otra vez, mientras que una sociedad post-insurreccional que ha generalmente dejado atrás las contradicciones indicadas en el término “poder dual”, está el objetivo eventual de esta estrategia, la creación de una infraestructura social alternativa, que es un fin deseable en sí. Como no hay forma de predecir una insurrección es importante para nuestra propia paz interior como activistas que creemos situaciones en el presenten que reflejen los principios de nuestras visiones finales. Hemos de hacer ahora para nosotros los tipos de instituciones y relaciones, en la medida que sea posible, sobre los cuales basaremos el activismo futuro. Debiéramos liberar espacio, para nosotros y para futuras generaciones, a la sombra del sistema dominante, no sólo de los cuales construir una nueva sociedad, sino que sobre los cuales se pueda vivir más libre y pacíficamente nuestras vida hoy día.17

En otras palabras, el mutualismo significa construir el tipo de sociedad que queremos aquí y ahora, basado en los cimientos de la organización de cooperación voluntaria y apoyo mutuo- en vez de esperar a la revolución. Un personaje en The Star Fraction de Ken MacLeod da una descripción del socialismo que podría haber provenido de un mutualista:

…lo que siempre quisimos decir con socialismo no era algo que se forzara en la gente, era gente organizándose por sí misma como quisieran en cooperativas, colectividades, comunas, sindicatos… Y si el socialismo es en realidad mejor y más eficiente que el capitalismo, entonces puede competir jodidamente bien con el capitalismo. Así que decidimos, olvida toda la mierda estatista y la violencia: ¡el mejor lugar para el socialismo es lo más cercano que podrás obtener a un libre mercado!18

Rothbard solía citar con aprobación la reivindicación de Leonard Read que, si tuviera un botón mágico que eliminara instantáneamente el gobierno lo pulsaría sin dudarlo. Pero debiera ser obvio que, sin importar que uno reconozca la validez del gradualismo o no, el estado no será abolido de la noche a la mañana. E incluso si tuviéramos un botón mágico que causara que todos los oficiales, armas y edificios del estado desaparecieran, ¿en qué resultaría? Si la mayoría del público tuviera una mentalidad estatista, y si no hubiera instituciones libertarias alternativas preparadas para tomar las funciones del estado, un estado aún más autoritario llenaría rápidamente el vacío. Como argumentaba Benjamin Tucker:

Si el gobierno fuera abruptamente y completamente abolido mañana, probablemente le seguiría una serie de conflictos físicos sobre la tierra y otras muchas cosas acabando en una reacción y resurrección de una vieja tiranía.

El abogó en cambio por una abolición gradual del gobierno, “comenzando con la caída de los monopolios de la moneda y la tierra y extendiéndose de un campo a otro, …acompañado por una adquisición constante y una calmada extensión de la verdad social”, que el público estuviera al final preparado para el estadio final del reemplazamiento del gobierno por el libre contrato incluso en el área de protección policial.19

5. Pierre Joseph Proudhon. Idea general de la revolución.

6. Pierre Joseph Proudhon. Contradicciones políticas

7. Pierre Joseph Proudhon. Idea general de la revolución

8. Ídem

9. Brian A. Dominick. “Una introducción a la estrategia del poder dual” http://www.anarchistcommunitarian.net/articles/theory/bdsdp.shtml

10. Peter Staudenmeier. “Anarquismo y la cooperativa ideal” The communitarian anarchist 1:1

11. Jonathan Simcock. “Editorial para la edición actual” Total liberty 1:3 http://www.spunk.org/library/pubs/tl.sp001872.html

12. Pierre Joseph Proudhon. La capacidad política de la clase obrera.

13. Cita de Larry Gambone. For community: The communitarian anarchism of Gustav Landauer.

14. Pierre Joseph Proudhon. La capacidad política de la clase obrera.

15. James J. Martin. El hombre contra el estado: Los exponentes del anarquismo individualista en América

16. Brian A. Dominick. “Una introducción a la estrategia del poder dual”

17. Ídem

18. Ken MacLeod. The Star Fraction

19. Benjamin Tucker. “Protección y su relación con la renta”, Instead of a book

Principios organizativos (traducción)

He traducido la primera parte del noveno y último capítulo del Studies in mutualist political economy de Kevin Carson. Aquí lo tenéis:

Capítulo nueve

 

Fin y medios

 

A. Principios organizativos

El principio de costo. El principio de costo es central a la economía mutualista. Eso significa que todos los costes y beneficios de una acción debieran ser interiorizados por el actor responsable de ello-o en otras palabras, que la persona consumidora de bienes y servicios debiera pagar por el coste completo de su producción. El principio de costo no requiere de un gobierno autoritario a la hora de distribuir los costes de acuerdo con los beneficios. Únicamente requiere un mercado no coercitivo en el cual todas las transacciones sean voluntarias. Dado eso, los propios actores del mercado se embarcarán únicamente en transacciones en las cuales los beneficios sean suficientes para pagar los costes reales. Lo más importante es evitar costes ocultos o externalidades no reflejados en el precio.

Cada mal del capitalismo que examinamos en la segunda parte de este libro puede ser rastreado, en cierto modo, a la violación del principio de costo. En todos los casos los beneficios de la acción estaban divorciados del costo, de tal forma que la persona beneficiada por una forma particular de acción no asumió los costes asociados a ella.

El gobierno, en su esencia, es un mecanismo de externalización de costos. Externalizando los costos el gobierno permite a los privilegiados vivir a costa de los no privilegiados. Pero daca una de esas intervenciones lleva a la irracionalidad y el costo social. Por ejemplo:

Como los trabajadores no mantienen su propio producto, y la inutilidad y la producción del trabajo no son interiorizadas por el mismo individuo, hay una crisis de sobreproducción, un infraconsumo y una necesidad de intervención estatal para deshacerse del producto excedente.

Como los trabajadores no poseen los medios de producción los procesos de acumulación de capital van en contra de ellos en vez de ir a favor. La inversión, en vez de ser una decisión del trabajador de consumir menos de su propio producto hoy para poder trabajar menos o consumir más mañana, la decisión es del jefe de invertir el producto de hoy del trabajador para que pueda tener menos mañana. En vez de una mejora estándar de la vida para el trabajador-propietario, el incremento de producción resulta en una riqueza no merecida para el propietario y el desempleo para el trabajador.

Como las grandes corporaciones no pagan el coste completo de lo que consumen, consumen irracionalmente e ineficientemente; como los costes de ineficiencia de gran tamaño se externalizan en el pago de impuestos, son capaces de crecer más allá del punto de máxima eficiencia. Al mismo tiempo que los bienes americanos son producidos con costes de energía y transporte superiores a los que se necesitan el país se enfrenta a recortes de energía crónicos y cuellos de botella de transporte.

Es únicamente a través del mercado libre, organizado en la base del intercambio voluntario, donde el principio de costo puede ser obtenido. La ley del coste opera a través de un mecanismo competitivo por el cual los productores entran en el mercado cuando el precio es inferior menor al coste y lo dejan en el caso opuesto. En el mercado libre el precio de un bien o de un servicio es una señal del coste de su obtención. Como los costes están sobre la mesa, reflejados en el precio en vez de estar ocultos, la gente (incluyendo las firmas comerciantes) únicamente consumirá aquellos bienes y servicios por los cuales estén dispuestos a pagar.

Como señaló Proudhon, no hay una forma real de conocer el coste real, o el valor de intercambio de cualquier cosa producida fuera del mercado

¿Por cuánto se vende el tabaco debido a esta administración? ¿Cuánto cuesta? Puedes responder la primera respuesta: únicamente tienes que ir a la primera tienda de tabaco que veas. Pero no me puedes decir nada sobre la segunda porque no hay un estándar de comparación y está prohibido verificar experimentalmente los costes de administración… Por lo tanto el negocio del tabaco, hecho monopolio, necesariamente cuesta a la sociedad más de lo que cuesta producirlo; es una industria que, en vez de subsistir en su propio producto vive por los subsidios…1

He aquí una imagen excelente del funcionamiento del principio de costo en la Sociedad de trabajo voluntario de Proudhon:

Es la ley…es servicio por servicio, producto por producto, préstamo por préstamo, seguro por seguro, crédito por crédito. Seguridad por seguridad, garantía por garantía. Es la antigua ley de la represalia,…como si se hubiera dado la vuelta y transferido…a la ley económica, a las tareas de la labor y los buenos oficios de  la libre fraternidad. En ella dependen todas las instituciones mutualistas, crédito mutuo, ayuda mutua, educación mutua; garantías recíprocas de aperturas, intercambios y trabajo por buena calidad y bienes a buen precio.2

Como la primera cita implica el intercambio justo está íntimamente relacionado con la reciprocidad, una cualidad que define el principio de costo.

¿Qué es realmente el contrato social? ¿Un acuerdo de un ciudadano con el gobierno? No, ello implicaría la continuación de la idea [de Rousseau]. El contrato social es un acuerdo de un hombre con un hombre, un acuerdo por el cual ha de resultar lo que hoy día llamamos sociedad. En esto, la noción de justicia conmutativa, primero traída por el hecho primitivo del intercambio,…es sustituida por la justicia distributiva… Traduciendo estas palabras, el contrato, la justicia conmutativa, que son la lengua de la ley, a la lengua del negocio, y tienes comercio, es decir, en su más alto significado, el acto por el cual dos hombres se declaran esencialmente productores y abdican toda pretensión de gobernarse.

 

La justicia conmutativa, el reino del contrato, el sistema industrial o económico, estos son los diferentes sinónimos de la idea por la que mediante su acceso se debe acabar con los viejos sistemas de justicia distributiva, el reino de la ley, o en términos más concretos, la norma feudal, gubernamental o militar…

 

…El contrato es por lo tanto esencialmente recíproco, no impone obligaciones sobre los partidos, excepto aquellos que resultan de la promesa personal de atención recíproca; no está sujeto a ninguna autoridad central…

 

Podríamos añadir que el contrato social por el cual estamos ahora hablando no tiene nada que ver con el contrato de asociación por el cual… la parte que contrae cede parte de su libertad, y se somete a una tediosa, frecuentemente peligrosa obligación, en la mejor o peor fe fundada de beneficio. El contrato social es de naturaleza de un contrato de intercambio: no sólo deja a la parte libre, añade a su libertad; no sólo le mantiene todos los bienes, le añade a su propiedad; no prescribe ningún trabajo; se da sólo mediante el intercambio.3

Cooperación voluntaria y libre asociación. Como sugiere la cita previa de Proudhon, el principio de costo y la reciprocidad en el intercambio dependen del cumplimiento de otros dos principios mutualistas: cooperación voluntaria y libre asociación. Como vimos en la primera parte, la ley del valor funciona a través de la competición y de la libre decisión de los actores del mercado de mover el poder adquirido y los recursos entre las alternativas competidoras. Es únicamente a través de tal acción por la cual el precio es capaz de señalizar la cantidad de trabajo necesario englobado en los bienes y servicios.

Proudhon abogaba por la abolición del estado territorial centralizado y su sustitución por una sociedad organizada en la base del contrato y la federación. Estos estaban necesariamente implícitos en el principio de costo. En El principio federativo Proudhon usó algunos palabros para describir el principio de costo: sinalagmático (cuando las partes del contrato asumen obligaciones recíprocas) y conmutativo (cuando el intercambio envuelve bienes y servicio a igual valor). Estos requerimientos pueden cumplirse únicamente bajo las condiciones de intercambio igual, en los cuales el participante podría libremente obtener valor por valor sin tener que ser obligado a aceptar nada menos. Un intercambio igual es posible únicamente con la entrada del mercado libre y la libre competición.

Las relaciones sociales organizadas en esta base de reciprocidad requerían una federación: un “estado” que ejercía únicamente esos poderes irrevocables que el individuo le confería, y sólo hasta un punto consentido expresamente por el individuo. El individuo se mantenía soberano y poseía todos sus derechos inalienables, voluntariamente renunciando únicamente en los cursos de acción necesarios para obtener el objeto del contrato que libremente introdujo.4

Recientemente la mayoría de los anarquistas de mercado libre han adoptado el “principio de no agresión” como la base de organización de una sociedad libertaria.

La mayoría de los anarcocapitalistas (con algunas excepciones honorables) imaginan automáticamente una sociedad mercantilista basada en la agresión con las firmas de negocios capitalistas como forma dominante de organización. Pero como veremos más adelante en el capítulo, no hay ninguna razón necesaria para ello. Los mutualistas prefieren las cooperativas de consumo de los trabajadores, las mutuas, las comunas y el colectivo voluntarista a la corporación capitalista como actor de mercado. Y excepto para el tipo de libertariano vulgar que instintivamente ve el gran negocio como el “buen tipo”, no hay ninguna razón por la cual aceptar estas como formas válidas de libre asociación.

1. Pierre Joseph Proudhon, Sistema de contradicciones económicas, o la filosofía de la miseria.

2. Pierre Joseph Proudhon. La capacidad política de la clase obrera.

3. Pierre Joseph Proudhon. Idea general de la revolución en el siglo XIX.

4. Pierre Joseph Proudhon. El principio federativo.

La teoría del valor de Kevin Carson (IV)

studies

He traducido una nueva entrega de los Studies in Mutualist Political Economy de Kevin Carson. A parte de continuar con el análisis de la teoría clásica del valor, este subcapítulo tiene el valor de añadir la teoría mutualista del valor, tal y como la pensaron Proudhon y Tucker.

D. Excepciones al principio del coste: la propia defensa de los clásicos


Luego de todas las excepciones de escasez al principio del coste de Böhm-Bawerk y otros autores, examinaremos el tratamiento de tales excepciones en los escritos de los mismos economistas políticos clásicos y los socialistas. Si, como veremos debajo, los clásicos admitieron libremente tales excepciones, se sigue que los marginalistas y los subjetivistas atacaban a un muñeco de paja; o al menos, que tenían una idea bastante diferente del grado de generalidad necesario para una teoría del valor.
Aunque Adam Smith ocupó un lugar mucho menos destacado que Ricardo en los ataques subjetivistas a las teorías del trabajo y el coste, no escapó totalmente de su atención. Por lo que valdría la pena examinar las declaraciones, en su escrito, de las excepciones al principio del coste.
Smith hablaba de las fluctuaciones de los precios por encima o por debajo de su “nivel natural”, no como violaciones a su idea del precio natural, sino como el mecanismo mediante el cual eran sostenidos.

“El precio de mercado de cualquier bien particular está regulado por la proporción entre la cantidad que es llevada actualmente al mercado, y la demanda de aquellos que están dispuestos a pagar el precio natural del bien, o de todo el valor de la renta, el salario y el beneficio, que tienen que pagarse para traerlos hasta allí. Tales personas pueden ser llamadas demandantes efectivos, y su demanda demanda efectiva; desde el momento en que esta puede ser suficiente para proveer el bien al mercado. Esta difiere de la demanda absoluta. Un hombre muy pobre podría decir que de algún modo tiene una demanda de seis carrozas…; pero su demanda no es una demanda efectiva, porque el bien nunca será traído al mercado para satisfacerla.

La cantidad de cualquier bien llevado al mercado se adecúa naturalmente a la demanda efectiva. Está en el interés de todos aquellos que utilizan su tierra, su trabajo o su capital en traer cualquier bien al mercado, que la cantidad nunca exceda a la demanda efectiva; y el interés de todas estas personas consisten en que esta nunca caiga por debajo de tal demanda.

Si, en cualquier momento esta excede la demanda efectiva, alguna de las partes componentes de su precio tienen que pagarse por debajo de su precio natural. Si es la renta, el interés de los terratenientes será inmediatamente provocar una retirada de una parte de su tierra; y si se trata de los salarios o del beneficio, el interés de los obreros en un caso, y de sus empleadores en el otro, será provocar una retirada de una parte de su trabajo o de su capital de tal  empleo. La cantidad llevada al mercado no será pronto más que la suficiente para ofrecer a la demanda efectiva. Todas las partes que difieran de ese precio subirán hasta el  precio natural, y al total de este precio natural.

Si, por el contrario, la cantidad llevada al mercado cayera en algún momento por debajo de la demanda efectiva, alguna de las partes componentes de su precio tendrán que subir por encima de su precio natural… [Y como resultado, entrarán factores en el mercado] la cantidad llevada hasta allí serán pronto suficientes para satisfacer la demanda efectiva. Todas las partes diferentes de su precio descenderán pronto hasta su precio natural, y todo su precio de su precio natural.

El precio natural, por lo tanto, es, como ha sido, el precio central, al que los precios de todos los bienes están continuamente gravitando.” 27

Smith, en este análisis, eclipsa a los austriacos en dos puntos. Primero, él considera la oferta como un factor dinámico, en lugar de tratarlo como la balanza entre la oferta y la demanda en cualquier tiempo dado fuera de contexto. Y segundo, en lugar de tratar la demanda como absoluta, y por lo tanto virtualmente ilimitada comparada con la oferta, él considera solo la demanda “efectiva” de un bien como su precio “natural”. La atención de estos dos puntos va muy lejos para permitir la impresión engañosa de la teoría del valor-“utilidad”, como declaraban sin rodeos los austriacos.

En el mismo capítulo, Smith realiza un estudio detallado de las varias formas de inelasticidad, natural o artificial, que ocasiona que los precios se desvíen del costo en un corto o largo periodo. Entre ellas él incluye los secretios comerciales, las ventajas de localización del suelo y los monopolios garantizados por el Estado. 28

La correspondencia exacta al precio natural, tiempo después, fue una función de elasticidad de la oferta. Dependiendo de esta variable, los precios pueden aproximarse a los costes más o menos rápido, o nunca. Como Ricardo, Smith limitó la operación del principio de costo a aquellos casos en los que la oferta de un bien podría ser incrementada hasta coincidir con la demanda.

Estos diferentes tipos de productos toscos pueden ser divididos en tres clases. La primera comprende aquellos en los que el poder de la industria humana para multiplicarlos es escaso. La segunda, aquellos que se puede multiplicar en proporción a la demanda. La tercera, aquellos en que la eficacia de la industria es limitada o incierta. En el progreso de la riqueza y el bienestar, el precio real de la primera puede alcanzar cualquier grado de extravagancia, y no parece limitado por ningún impedimento. El del segundo, aunque puede aumentarse mucho, tiene, sin embargo, cierto límite más allá del cual no puede estar demasiado tiempo. El del tercero, aunque su tendencia natural es a aumentar con el progreso de las mejoras, en el mismo grado de la mejora este a veces puede incluso caer, a veces continuar igual, y a veces aumentar más o menos, de acuerdo con los diferentes accidentes que se dan en los esfuerzos de la industria humana…más o menos exitosa.

La primera categoría incluyó aquellos bienes que “la naturaleza solo produce en ciertas cantidades…” 29

Como para Ricardo, él dejó esto claro desde el principio que su teoría laboral del intercambio era aplicable solo a aquellos bienes cuya oferta podía incrementarse en respuesta a la demanda. (Como los demás economistas políticos clásicos y Marx, él también hizo de la utilidad un criterio del intercambio de valor – el favorito despiste “bola de barro” de los subjetivistas).

Poseyendo utilidad, los bienes derivan su valor de cambio de dos fuentes: de su escasez, y de la cantidad de trabajo requerida para obtenerlos.

Hay algunos bienes, cuyo valor es determinado por su escasez únicamente. El trabajo no puede incrementar la cantidad de tales bienes, y por lo tanto su valor no puede ser disminuido por un incremento de oferta. Algunas raras estatuas y pinturas, monedas y libros escasos, vinos de peculiar calidad, que solo pueden ser obtenidos con uvas crecidas en suelos concretos, de los cuales hay en muy limitada cantidad, son todos de este tipo. Su valor es completamente independiente de la cantidad de trabajo originalmente necesario para producirlos, y varía con las variaciones de riqueza y las inclinaciones de aquellos que están dispuestos a poseerlos.

Hablando entonces de los bienes, de su valor de cambio, y de las leyes que regulan sus precios relativos, nosotros nos referimos siempre a tales bienes solo en tanto que pueden ser incrementados en cantidad por el trabajo humano, y con la producción de los cuales la competencia opera sin restricciones. 30

En este pasaje, Ricardo se refería a los bienes cuya oferta es totalmente inelástica, como excepciones en las que el valor de cambio es determinado por la escasez en lugar del trabajo. También mencionó la libre competencia como un requisito para que la ley del valor operase. Estas son dos de las mayores excepciones mencionadas por Böhm-Bawerk como errores irrefutables del sistema de Ricardo, debidamente apuntadas por Ricardo y aparentemente sin demasiada vergüenza. La principal falla de Ricardo en este pasaje fue tratar la escasez y él trabajo como factores conjunta o simultáneamente determinantes, en lugar de tratar el trabajo como un factor primario y las rentas de escasez como derivaciones secundarias de la teoría del valor.

En el capítulo 4, Ricardo volvió a las divergencias alrededor de la teoría del valor causadas por las fluctuaciones en la oferta y la demanda –otra de las mayores excepciones apuntadas por Böhm-Bawerk. Nuevamente, tales divergencias fueron tratadas, no como una violación vergonzosa de la ley del valor, sino como un mecanismo por el que esta operaba.

En el curso normal de las cosas, no hay mercancía que permanezca por un largo periodo de tiempo ofertada precisamente en aquel grado de abundancia, que requieren las demandas y los deseos humanos, y por lo tanto no hay ninguna que no sea objeto de variaciones accidentales y temporales de precio.

Precisamente solo como consecuencia de tales variaciones, este capital es asignado, en la abundancia necesaria y no más, a la producción de los diferentes bienes que están siendo demandados. Con el aumento o la caída del precio, los beneficios son elevados por encima, o deprimidos por debajo de su nivel general, y el capital es alentado a entrar, o a salir de un particular empleo en el que ha tenido lugar la variación. 31

Aquí él admitió implícitamente que los precios de muchos bienes en cualquier tiempo dado están por encima o por debajo de su valor-trabajo, y en proceso de moverse hacia él. Podría decirse que él no trató adecuadamente los grados de elasticidad, y las variaciones de tiempo que se requerían, como un resultado, para que la oferta y la demanda alcancen el equilibrio en el valor-trabajo.  Pero nuevamente, incluso esto estuvo implícito en su discusión. Es también claro, de este pasaje, que Ricardo vio tales oscilaciones de precios como el mecanismo por el que operaba la ley del valor, en lugar de como excepciones a ella.

Sin tratar demasiado los diferentes periodos de tiempo involucrados, o la relativa velocidad con que la producción de los diferentes bienes podría incrementarse, Ricardo escribió en el capítulo 30 sobre las rentas por escasez  “temporal” como existentes “durante un tiempo”, y el costo de producción “finalmente” regulando el precio.

Es el costo de producción el que en última instancia regula el precio de los bienes, y no como frecuentemente se ha dicho, la proporción entre la oferta y la demanda: la proporción entre la oferta y la demanda puede, de hecho, afectar al valor de mercado de un bien por algún tiempo, hasta que este es ofertado en una mayor o menor abundancia, de acuerdo con lo que la demanda se haya incrementado o disminuido; pero su efecto será solo de duración temporal. 32

Ricardo también escribió sobre los tipos específicos de renta de escasez. En el capítulo 2, él habló de la renta económica para las extensiones más fértiles de tierra, debido a la regulación del precio por los costos de producción en la tierra menos eficiente en el margen de producción. 33  En el capítulo 27, él explicó el concepto para incluir el beneficio excedente o las casi rentas en todas las áreas de la economía; por ejemplo, argumentó que proveyendo lana artificialmente barata a la mitad de los tejedores podría no reducirse la pieza al detalle, porque el precio de los bienes manufacturados fue “regulado por el costo de… producción a aquellos que eran los menos favorecidos. Este solo efecto…podría aumentar los beneficios de una parte de los tejedores más allá del porcentaje natural y común de beneficios. 34  La influencia de la demanda en el precio, mientras era válida para todos los bienes solo “por un período limitado”, era efectiva por un largo periodo solo para los “bienes monopolizados”.

Los bienes que están monopolizados, sea por un individuo o una compañía, varían de acuerdo a la ley que estableció Lord Lauderdale: estos caen a medida que los vendedores aumentan su cantidad, y aumenta en proporción a la avidez de los compradores por comprarlos; su precio no mantiene una conexión necesaria con su valor natural: pero el precio de los bienes que están sujetos a la competencia, y cuya cantidad puede incrementarse en algún modesto grado, dependerá en última instancia, no del estado de la oferta y la demanda, sino del incremento o la disminución de su costo de producción. 35

Aquellos que introducen nuevas tecnologías de producción podrían obtener ganancias extraordinarias temporales, pero la generalización de la nueva tecnología, fomentada por tal aumento de beneficios, causaría eventualmente la caída del precio al nivel del costo de producción. 36

Ricardo, en “Notas sobre Malthus”, escribió sobre la determinación del precio por el costo de producción, a través de la influencia del costo de la oferta, en términos que presagiaron a Jevons. El precio natural era solo “el precio que repondrá los salarios del trabajo empleado en [la producción de una mercancía], que permitirá también pagar la renta y el beneficio en su tasa corriente.” Estos costes de producción “permanecerían igual, si las mercancías fueran más o menos demandadas, se vendieran a un precio de mercado alto o bajo.” Los precios de mercado, efectivamente, “dependerían de la oferta y la demanda”; pero la oferta “sería finalmente determinada por…el coste de producción”. 37

John Stuart Mill estuvo muy en la tradición de Ricardo, compartiendo con él su opinión sobre el efecto del costo y la escasez en el precio. Como Ricardo, él sostuvo que el costo es el factor determinante de los bienes reproducibles.

Cuando la producción de un bien es consecuencia del trabajo y la inversión, si el bien es susceptible de multiplicación ilimitada o no, esto es un mínimo valor que es la condición esencial para que continúe siendo producido. El valor en cualquier momento es el resultado de la oferta y la demanda; y es siempre que es necesario crear un mercado por una oferta existente. Pero a menos que el valor sea suficiente para reponer los costos de producción…el bien no continuará siendo producido…

Cuando un bien es fabricado no solo por el trabajo y el capital, sino que puede ser hecho por ellos en una cantidad infinita, este valor necesario, el mínimo con que los productores estarán contentos, es también, si la competencia es libre y activa, el máximo que ellos pueden esperar…

Como una regla general, entonces, las cosas tienden a intercambiarse unas por otras a tales valor que será posible a cada productor reponer los costes de producción con los beneficios ordinarios… 38.

Adam Smith y Ricardo mencionaron que el valor de una cosa es proporcional a sus costos de producción, su valor natural (o su precio natural). Ellos se referían con esto, al punto alrededor del que oscila el valor, y al que este siempre tiende a volver; el centro del valor, hacia el que, como Adam Smith lo expresó, el valor de mercado de una cosa está constantemente gravitando; y ninguna desviación de este es sino una irregularidad temporal, que, en el momento en que existe, acciona fuerzas que tienden a corregirlo…

Es, por lo tanto, estrictamente correcto decir, que el valor de las cosas que pueden incrementarse indefinidamente en cantidad, no depende (excepto accidentalmente, y durante el tiempo necesario para que la producción se ajuste a él) de la oferta y la demanda; por el contrario, la oferta y la demanda dependen de él. Hay una demanda por una cierta cantidad de bienes a su valor natural o de costo, y al que la oferta a la larga se esfuerza en adaptarse. 39

Como Smith, Mill dividió las mercancías en tres grupos, en base a su capacidad de reproducción. En algunos casos, había una “limitación absoluta de la oferta”, debido al hecho de que era “físicamente imposible incrementar la cantidad más allá de un limite”. Como ejemplos, mencionó los mismos tipos de mercancías que Smith: obras de arte, y productos cultivados en tipos de suelo específicos. Otras mercancías pueden ser multiplicadas sin límite, tomando la buena disposición a utilizar una cierta cantidad de trabajo e inversiones para obtenerlas. Finalmente, algunas mercancías pueden ser multiplicadas indefinidamente con el suficiente trabajo e inversión, “pero no por un monto fijo de trabajo e inversión”. Los mayores niveles de producción requieren mayores costos por unidad de producción (aquí se refería principalmente a los productos agrícolas). 40

Mill fue algo más explícito que Ricardo al tratar el elemento temporal en la determinación del grado de elasticidad. El periodo de tiempo involucrado en la gravitación del precio hacia el costo dependía de la cantidad de tiempo requerido para ajustar la producción a los cambios en la demanda, o para disponer el producto excedente.

Nuevamente, aunque hay unas pocas mercancías que no son susceptibles de incrementar su oferta en cualquier momento, algunas mercancías pueden estar temporalmente de esa forma…
Los productos agrícolas, por ejemplo, no pueden incrementarse en cantidad antes de la siguiente cosecha… En el caso de muchas mercancías, se requiere cierto tiempo para incrementar su cantidad; y si la demanda se incrementa, entonces, hasta que pueda traerse una correspondiente oferta, esto es, hasta que la oferta pueda acomodarse a la demanda, el valor subirá para acomodar la demanda a la oferta. 41

Como Ricardo, Mill creía que el precio estaba gobernado por el costo de producción de aquellos productores menos favorecidos por las circunstancias. Aquellos que se encontraban en una situación más ventajosa podrían recibir un producto excedente equivalente a su ahorro de costes. Y como Ricardo, aplicó el principio no solo a la renta económica de la tierra, sino a las casi rentas de los bienes manufacturados.

2. Si la porción del producto aumentado en las más desfavorables circunstancias obtiene un valor proporcional a sus costes de producción; todas las porciones que han subido en las más favorables circunstancias, vendiendo, como deben hacerlo, al mismo valor, obtienen un valor más proporcionado a su coste de producción… Los propietarios… de aquellas porciones de producción… obtienen un valor que excede al beneficio ordinario. Si esta ventaja depende de alguna excepción especial, tal como la exención de impuestos, o alguna ventaja personal, física o mental, o algún proceso particular solo conocido por ellos mismos, o de la posesión de un capital mayor que otras personas, o de varias otras cosas que podrían enumerarse, retendrán para sí mismos una ganancia extraordinaria, sobre los beneficios ordinarios  del capital, de la naturaleza, de alguna forma, de una renta de monopolio…42

4. Los casos de beneficios extraordinarios análogos a la renta, son más frecuentes en las transacciones industriales de lo que a veces se supone. Tome el caso, por ejemplo, de una patente, o un privilegio exclusivo para usar un proceso por el que el costo de producción es más reducido. Si el valor del producto se mantiene en el antiguo proceso, la patente otorgará un beneficio extraordinario igual a la ventaja que ese proceso posea sobre ellos. 43

Marx y Engels estaban en completo acuerdo con los economistas clásicos en el papel de la competencia en la regulación de la ley del valor. Engels, en su prefacio a la Filosofía de la Miseria de Marx, ridiculizó la noción de los socialistas utópicos de tomar el trabajo como la base del medio de intercambio. Las fuerzas del mercado de la oferta y la demanda eran necesarias para informar al productor de la demanda social de su producto, y para establecer la cantidad normal de trabajo necesario  para la producción de una mercancía dada. De manera que la desviación del precio de su valor en un tiempo determinado no era una violación de la ley del valor, sino su mecanismo conductor.

En la actual sociedad capitalista cada capitalista individual produce por su cuenta lo que le apetece, como le apetece y tanto como le apetece. La demanda social, sin embargo, mantiene una magnitud conocida para él, tanto en relación a la calidad, el tipo de objetos requeridos, como en relación a la cantidad…No obstante, la demanda es finalmente satisfecha de un modo u otro, bien o mal, y, tomada como un todo, la producción es finalmente dirigida hacia los objetos requeridos. ¿Cómo se efectúa el equilibrio de esta contradicción? Por la competencia. Y, ¿cómo consigue la competencia esta solución? Simplemente depreciando por debajo de su valor-trabajo aquellas mercancías que por su tipo o cantidad son menos requeridas para las necesidades sociales inmediatas, y haciendo que los productores sientan…que han producido artículos absolutamente inútiles o en apariencia útiles pero en cantidad inutilizable, superflua…

…Las desviaciones continuas del precio de las mercancías de su valor son una condición necesaria y a través de la cual el valor de las mercancías puede existir como tal. Solo a través de las fluctuaciones de la competencia, y consecuentemente de los precios de las mercancías, se afirma la ley del valor de la producción de mercancías y la determinación del valor de una mercancía por el tiempo socialmente necesario para convertirse en realidad… Desear, en una sociedad de productores que intercambian sus mercancías, establecer la determinación del valor por el tiempo de trabajo, prohibiendo la competencia para establecer esta determinación del valor por medio de la presión sobre los precios, simplemente prueba que…uno ha adoptado el desdén utópico habitual de las leyes económicas.

…Solo a través de la sobrevaloración y la minusvaloración de los productos es posible llevar a los individuos mercancías que la sociedad requiere o que no requiere en su justa medida. 44

Marx sostuvo en buena medida el mismo argumento en el cuerpo principal de La filosofía del a miseria. Fue el precio de mercado que señaló al productor cuánto producir, y de ese modo se regulaba el precio de acuerdo a la ley del valor.

No es la venta de un producto dado al precio de su costo de producción lo que constituye la “relación proporcional” de la oferta y la demanda, o la cuota proporcional de este producto relativamente a la suma total de la producción; son las variaciones en la oferta y la demanda las que muestran al productor qué cantidad de una mercancía dada tiene que producir para recibir al menos el costo de producción en el intercambio. Y como estas variaciones están ocurriendo continuamente, hay también un movimiento continuo de retraimiento y expansión de capital en las diferentes ramas de la industria…

…La competencia implementa la ley de acuerdo a lo que el valor relativo de un producto está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlo. 45

Las observaciones de Marx y Engels en estos pasajes probablemente cerraron más que  en cualquier parte las exigencias de Bohm-Bawerk de un mecanismo de la ley del valor (véase el capítulo 2 más abajo).

En Grundrisse, Marx describió el funcionamiento de la ley del valor a través de la variación de los precios en términos algo más dialécticos:

El valor de las mercancías determinado por el tiempo de trabajo es solo su valor medio…

El valor de mercado de las mercancías es siempre diferente de este valor medio y siempre está por encima o por debajo de este.

El valor de mercado equivale en sí mismo al valor real por los medios de sus continuas fluctuaciones, no por una ecuación con el valor real como alguna tercera cosa, sino precisamente a través de la continua disparidad con él…

El precio, por lo tanto, difiere del valor, no solo en las diferencias nominales de las reales, sino por su equivalencia en oro y plata; pero también en que el último aparece como la ley de las variaciones a las que el primero está sujeto. Pero son siempre distintos y nunca coinciden, o solo muy fortuita y excepcionalmente. El precio de las mercancías siempre se mantiene por debajo y por encima de su valor, y el valor de las propias mercancías existe solo en los aumentos y disminuciones del precio de las mercancías. La oferta y la demanda continuamente determinan el precio de las mercancías; nunca coinciden o lo hacen solo accidentalmente; pero los costos de producción determinan su parte de las fluctuaciones de la demanda y la oferta. 46

Y tales desviaciones del valor incluían las casi rentas de aquellos que introducían en primer lugar métodos de producción más eficientes. Era solo a través de los incentivos de mercado que tales casi rentas, y a través de la competencia resultante, los métodos mejorados eran adoptados universalmente y venían a definir la forma estándar de producción. “Un capitalista trabajando con mejoras en los métodos de producción que aun no han sido generalmente adoptados vende por debajo del precio de mercado, pero por encima de su precio individual de producción; su margen de beneficios aumentan hasta que la competencia lo elimina”. 47

Finalmente, para plantear la “bola de barro” del hombre de paja para otra paliza, Marx hace al trabajo socialmente necesario el regulador del valor. La teoría del valor trabajo se aplicaba solo a las mercancías, que eran objeto de la necesidad humana. El trabajo consumido en la producción de bienes no demandados, o el exceso de trabajo desperdiciado en métodos de producción menos eficientes de lo normal, que traía el productor de acuerdo con los deseos de la sociedad.

Cada una de estas unidades es lo mismo que cualquier otra, tan lejos esta tiene el carácter de la fuerza de trabajo media de la sociedad, y tiene el efecto como tal: esto es, tan lejos como requiere para producir una mercancía no más tiempo que el necesario de la media, no más que el socialmente necesario. El tiempo de trabajo socialmente necesario es requerido para producir un artículo bajo las condiciones normales de producción, y con el grado medio de habilidad e intensidad predominantes en una época…

Vemos entonces que lo que determina la magnitud del valor de cualquier artículo es la cantidad de trabajo socialmente necesario, o el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. 48

El concepto del trabajo socialmente necesario es la respuesta apropiada a la “mariposa exótica” de Böhm-Bawerk que renta a Adam Smith. Una mariposa exótica cuya captura supone más esfuerzo que un castor o un ciervo no llevaría un mayor valor de cambio que aquellos artículos generalmente útiles, a menos que la demanda por la mariposa fuese suficiente para recompensar el trabajo de capturarla. En muchos casos, por lo tanto, el mercado para tales mariposas exóticas consistiría en ricos excéntricos, y la demanda efectiva para ellas soportaría solo un pequeño número de trabajadores. Como resultado, el precio de mercado informaría a los cazadores de mariposas sobrantes que la mayor parte de su trabajo era socialmente innecesario, y el trabajo se retraería  de tal “producción” hasta que el precio fuese suficiente para recompensar el trabajo de capturarlas. Los economistas clásicos y los marxistas, tanto como los austriacos, entendían que el trabajo consumido en la producción para la que no había demanda era un “costo sumergido”.

El neo-ricardiano Ronald Meek interpretó el término “valor”, como Marx lo usaba, para referirse a algo como el “precio de equilibrio” en términos neoclásicos.

Es importante anotar desde el principio que la teoría del valor de Marx, como la de Smith y Ricardo, no pretendía explicar otro precio que aquel al que “la oferta y la demanda se equilibraban la una con la otra, y por lo tanto cesaba de actuar”. Los precios en los que Marx estuvo interesado desde un principio eran aquellos que se manifestaban al punto donde la oferta y la demanda se “mantenían” o “equilibraban” la una a la otra. El hecho de que las fuerzas de la oferta y la demanda se “balancearan” a este punto fue tomado por Marx como una indicación de que el nivel del precio de equilibrio podría no ser adecuadamente explicado simplemente en términos de la interacción de estas fuerzas. La relación de oferta y demanda podría ciertamente explicar las desviaciones del precio de equilibrio, pero podría no explicar el nivel del precio de equilibrio en sí mismo. Era, de hecho, precisamente a través de las fluctuaciones en la “oferta y la demanda” que la ley del valor operaba para determinar el precio de equilibrio.

“Los precios, entonces, podrían divergir de los valores en casos donde la oferta y la demanda no estuvieran “equilibradas”…

Exactamente como el concepto del valor de Marx implicaba abstraerse de la utilidad, así la teoría de la determinación del precio de equilibrio basada sobre esta implicaba una abstracción similar d ela demanda. En común con sus predecesores clásicos, Marx asumió que los cambios en la demanda en sí mismos no…darían lugar a los cambios a cambios en el precio de equilibrio de las mercancías a largo plazo. Pero esto no es lo mismo que decir que Marx ignoró la demanda. Esta contenía la verdad, como él enfatizó, de que a) una mercancía tiene que ser demandada antes de que posea valor de cambio; b) que los cambios en la demanda podrían hacer que el actual precio de mercado de una mercancía se desviase de su precio de equilibrio; c) que el precio bajo condiciones de monopolio era “determinado únicamente por el afán de los compradores y por su solvencia”, y que d) la demanda era la principal fuerza que determinaba la proporción del trabajo social asignado a cualquier sector productivo dado en cualquier momento. 49

Por supuesto, como Marshall apuntó más tarde, esta carencia de importancia de la demanda para el precio de equilibrio se complicó por el hecho de que el nivel de la demanda efectiva podría afectar la escala de producción, y de ese modo también afectar los costos unitarios de producción.

Meek criticó a Wilfredo Pareto, en términos muy parecidos a como nosotros hemos criticado a Bohm-Bawerk, para sus ataques al hombre de paja de la teoría del valor trabajo de Marx.

…Demasiado a menudo los marxistas imaginarios con quienes debate Pareto están hechos para poner hacia adelante interpretaciones de la teoría del trabajo que son sospechosamente ingenuas… [Por ejemplo] es lo suficientemente fácil mostrar que la teoría del trabajo no es aplicable a las pinturas raras, etc. desde que (como Pareto sabe bien) nunca se intentó aplicar a otra cosa que los bienes libremente reproducibles. Si esto no es suficiente, cuando los marxistas caracterizan como excepcional el caso de la pintura cuyo precio se incrementa cuando su pintor se hace famoso sin que haya ocurrido nada a la cantidad de trabajo implicado en ella, replicar que es por no medios excepcional porque el precio de todas las mercancías puede variar sin que ocurra nada en la cantidad de trabajo implicado en ellas –en explicación de un cambio en los gustos y los ingresos de sus consumidores. 50

La réplica apropiada a tales críticas, argumenta Meek, fue “que el precio de equilibrio a largo plazo de las mercancías libremente reproducibles (como distinto de su precio de mercado momentáneo) no será de hecho afectado por un cambio en la demanda a menos que esto sea acompañado en un cambio en las condiciones de producción. 51

Finalmente, desde que nuestra versión de la teoría del valor trabajo debe más a Benjamin Tucker que a Marx, solo es apropiado proporcionar algunos ejemplos en los que Tucker  reconoce las “excepciones” de la teoría laboral. Tucker aceptó la existencia de casi rentas a corto plazo en las mercancías cuya oferta se incrementara, o las mercancías en las que hubieran sido introducidos nuevos métodos de producción. Como los clásicos y como Marx, él vio la competencia como el mecanismo por el que el precio sería reducido al costo, cuando la entrada al mercado fuese libre y los bienes fuesen libremente reproducibles. “Es cierto que la utilidad del producto [del trabajo] tiene una tendencia a aumentar su precio; pero esta tendencia es inmediatamente anulada donde la competencia es posible,… por el apuro de otros trabajadores para crear este producto, que dura hasta que el precio cae hasta el beneficio normal del trabajo”. 52

Tucker también reconoció que la renta económica de la tierra con mejoras en cuanto a localización o fertilidad persistiría, incluso cuando la renta de los terratenientes fuese abolida. Y él asimismo vio los excedentes del productor resultantes de una habilidad superior innata análoga a la renta económica de la tierra, y por lo tanto como inevitable incluso con la abolición del privilegio. A pesar de que aboliendo la renta de la tierra se reduciría la renta a “una fracción muy pequeña de sus proporciones presentes”, todavía permanecería alguna. La “fracción restante”, a pesar de todo,

No sería la causa de más desigualdad que el aumento de la plusvalía derivado de casi cualquier industria por la adición de gente o de aquella plusvalía proveniente de la natural capacidad superior que aun bajo la operación del principio de costo, probablemente siempre permitirá a algunos individuos conseguir salarios más altos que la tarifa media. 53

En respuesta a la pregunta de cómo uno podría justificar el pago del equivalente a 500 días de trabajo, por el poseedor de una parcela de tierra especialmente fértil, por solo 300 días del suyo propio, Tucker respondió que tal justificación sería “precisamente tan difícil como sería el mostrar que un hombre de habilidad superior (innata, no adquirida) que produce en una media de cinco mil para otras tres mil tiene el justo derecho a ese excedente de valor de cambio”. 54

Tucker estaba dispuesto a aceptar tales rentas permanentes de escasez como un mal necesario. Distinguió entre las incapacidades competitivas que resultan de la “intervención humana”, y aquellas que no. 55 Al contrario que la usura y la renta de la tierra, que resultaban de un privilegio legal mantenido coercitivamente por los propietarios del capital y la tierra, las restantes formas de excedente del productor resultaban solo de circunstancias generales o “actos de Dios”, y no eran por lo tanto explotadoras. Los males implicados en la creación de mecanismos coercitivos para limar tales desigualdades y cobrar tributos de los aprovechados excederían los males de las desigualdades en sí mismas.

Forzar directamente un igual bienestar material es intervencionista, invasor y ofensivo, pero forzar la igualdad de la libertad es simplemente protector y defensivo. El último es negativo, y apunta solo a prevenir el establecimiento de desigualdades artificiales; el primero es positivo, y apunta a la directa y activa abolición de las desigualdades naturales. 56

“¿Cómo vamos a extirpar la injusticia de permitir a un hombre disfrutar de lo que otro ha gastado?” Espero que incluso sea totalmente extirpada. Pero creo que por cada dolar que sería disfrutado por los evasores de impuestos bajo la Anarquía, mil dolares son ahora disfrutados por hombres que tienen posesión de los gastos de otros a través de privilegios especiales industriales, comerciales y financieros garantizados por la autoridad en violación del libre mercado. 57

Quitar por la fuerza a un hombre el excedente de producción resultante de su habilidad superior o de la superior fertilidad de su tierra, sería al menos tan injusto como permitirle tenerla. “Si no es ganado, ciertamente sus vecinos no gastaron”. 58 “Si el principio de costo del valor no puede realizarse más que por la fuerza, entonces no ha de ser realizado”. 59

La teoría del valor de Kevin Carson (III)

studies

“The natural wage of labor is its product” -Benjamin R. Tucker.

En mi opinión, este es uno de los capítulos más interesantes del apartado de la teoría del valor de Kevin Carson (antes de comenzar con su propia “marginalización” del valor-trabajo en los capítulos siguientes), ya que trata de salir al paso de las objeciones de Bohm-Bawerk a la teoría del valor clásica.

Independientemente de que lo haya conseguido, su punto de vista en este debate puede ser un buen contrapeso al marginalismo austriaco clásico, que suele despreciar los factores psicológicos y económicos que producen la equivalencia a largo plazo entre precio y trabajo.

Traducido por Horacio Langlois, como los dos anteriores.


C. Los marginalistas contra Ricardo

Aunque las subsecuentes críticas marginalistas hacia Ricardo eran más cuidadosas, Jevons encendió la salva de apertura en forma bastante radical. Formuló explícitamente su teoría a base del valor de utilidad en oposición a la teoría del trabajo. En su Introducción a The Theory of Political Economy, escribió:

Las repetidas reflexiones y preguntas me han conducido a una opinión algo nueva: que el valor depende completamente de la utilidad. Opiniones predominantes hacen al trabajo más bien que la utilidad el origen del valor; y hay aún los que afirman claramente que el trabajo es la causa del valor. Demuestro, al contrario, que solo tenemos que remontarnos con cuidado hacia las leyes naturales de la variación de la utilidad, dependiendo de la cantidad de materia en nuestra posesión, para llegar a una teoría del cambio satisfactoria, de la cual las ordinarias leyes de la oferta y la demanda son una consecuencia necesaria. Esta teoría está en armonía con los hechos; y, siempre que haya cualquier razón evidente para creer que el trabajo es la causa del valor, obtendremos una explicación de esta razón. El trabajo se concibe a menudo para determinar el valor, pero sólo de manera indirecta, variando el grado de utilidad de la materia por aumento o disminución de su suministro.

Sobre esta oposición, la cruda aserción de que la utilidad determina el valor parecen completas tonterías. La única forma en que un proveedor puede asignar sus bienes según su utilidad al comprador, es si está en una situación de monopolio que le permite asignarla independientemente del mercado, sin respeto de los costes de producción. Pero calificando esta declaración para tratar la utilidad marginal como una variable dependientemente determinada por las cantidades que poseemos, hace evidente que la influencia del valor sobre el precio asume una instantánea del equilibro de la oferta y la demanda del mercado en un momento dado. Este también es un defecto de la teoría de la utilidad austriaca, que fue desarrollada por Böhm-Bawerk y sus seguidores austriacos, hasta hoy día. No solo los austriacos más actuales trataron inadecuadamente la dimensión del tiempo, sino que se forzaron a una posición de escepticismo radical en cuanto a las nociones del “precio de equilibrio”, para evitar un entendimiento marshalliano del efecto dinámico de los costes de producción sobre el precio, por el efecto del suministro sobre el precio del mercado. Al grado que Jevons admitió la dimensión del tiempo, e hizo del suministro en sí mismo una función de la respuesta del proveedor al precio del mercado, también fue forzado a admitir el efecto del trabajo sobre el valor en “forma indirecta”, del mismo modo que Marshall más adelante haría con sus famosas tijeras.
Böhm-Bawerk analizó mejor sistemáticamente las excepciones a la teoría laboral y al principio del coste. Al obrar así, sin embargo, fue forzado a admitir una áspera correlación estadística entre el coste y el precio en los casos de bienes reproductivos; y en tal admisión, fue forzado a reducir su argumento a sutilezas sobre el nivel de generalidad requerido de una teoría del valor. Así, habiendo Böhm-Bawerk fijado los términos de la discusión, nos deja proceder a examinar su lista de excepciones a la teoría del precio de coste de Ricardo. Comienza su crítica con una declaración general:

La experiencia demuestra que el valor de intercambio de los bienes se mantiene en proporción a aquella cantidad de trabajo de sus costos de producción sólo en el caso de una clase de bienes (mercancías), y aún entonces solo aproximadamente. Conociendo esto como debe ser, considerando que los hechos sobre los cuales descansa son tan familiares, muy raras veces es estimado en su valor apropiado. Desde luego todos, incluyendo a los escritores socialistas, convienen que la experiencia no confirma completamente la ley del trabajo. Sin embargo, comúnmente se imaginan que los casos en los que los hechos reales confirman que el principio del trabajo conforman la regla, y que los casos que contradicen el principio forman una relativamente insignificante excepción.

Como ya veremos más tarde, es de validez cuestionable medir cuantitativamente las excepciones a la ley del valor; tiene más sentido tratar el efecto del coste como una generalización del primer orden, y luego tratar excepciones de escasez como desviaciones de segundo orden de esta generalización. Éste era el acercamiento de Ricardo, en tratar el coste y la escasez como principios gemelos del valor, y de Marshall, con sus tijeras. Cuanto más largo sea el plazo de tiempo, mayor será la influencia del coste sobre el precio de los bienes cuyo suministro puede ser aumentado en respuesta a la demanda, y las rentas de escasez demuestran ser las excepciones a corto plazo por las cuales se desvía el principio de coste.
La primera excepción de la lista de Böhm-Bawerk a la teoría laboral del valor era para las mercancías escasas de suministro inelástico.

1. De los alcances de la ley del trabajo son excluidos todos los bienes “escasos” que, por obstáculos legales o reales, no pueden ser reproducidos en absoluto, o pueden ser reproducidos sólo en cantidad limitada. Ricardo nombra, por medio del ejemplo, estatuas raras y cuadros, los libros escasos y las monedas, vinos de calidad peculiar, y añade a la observación que tales bienes forman sólo una muy pequeña proporción de los bienes que son diariamente cambiados en el mercado. Si, sin embargo, consideramos que a esta categoría pertenece la tierra, y, además, aquellos numerosos bienes en los que entran en juego en la producción las patentes, derechos de autor, y secretos de fabricación, nos encontraremos con que el grado de estas “excepciones” de ninguna manera es insignificante.

Los bienes que son permanentemente inelásticos en el suministro son, de verdad, la excepción más fundamental a la teoría laboral del valor de Ricardo. Tales bienes completamente inelásticos son, sin embargo, una parte relativamente menor de todas las materias primas. La producción de la mayor parte de bienes, tarde o temprano, puede ser ampliada a un nivel suficiente para satisfacer la demanda. Para tales bienes elásticos, la única cuestión es la duración requerida para tal ajuste. Böhm-Bawerk trató aquella “excepción” (no realmente una excepción en absoluto, como nosotros veremos, ya que esto de ningún modo viola la correspondencia entre el valor del trabajo y el precio de equilibrio) en su cuarto punto, citado más abajo. En cuanto al ejemplo de las obras de arte raras, etc., el mismo Böhm-Bawerk admitió que Ricardo las había reconocido.
El grupo final de excepciones —la tierra, las patentes, etc.— merece una más cercana consideración. Böhm-Bawerk amontonó todos los bienes de suministro inelástico, independientemente de si su inelasticidad es resultado de “obstáculos reales o legales”. Pero la versión mutualista de la teoría laboral del valor indica que, excepto los bienes naturalmente de oferta inelástica, el beneficio es resultado del intercambio desigual —si el mismo es resultado de la intervención estatal en el mercado. Al grado que la escasez de la tierra es natural, y los reclamos del propietario ausente no se hacen cumplir por el Estado, la renta económica sobre la tierra es una forma de alquiler de la escasez que prevalecerá bajo cualquier sistema. Pero al grado que la escasez es artificial, siendo resultado del gobierno o restricciones del propietario ausente contra el acceso a la tierra libre, o la renta del propietario sobre aquellos que realmente ocupan y utilizan la tierra, la concepción mutualista es que tal renta es una desviación del valor de cambio normal causado por el intercambio desigual. Las patentes, asimismo, son también desviaciones, no siendo nada más que un monopolio impuesto por el Estado. Tales ejemplos, por lo tanto, no tienen ningún porte absoluto sobre la validez de la teoría laboral del valor.
En su segundo ítem en la lista de excepciones, Böhm-Bawerk mencionó el producto del trabajo profesional. En el proceso de su discusión, ridiculizó la tentativa de Marx de salvar un estándar de tiempo de trabajo abstracto reduciendo el trabajo experto a un múltiplo de trabajo común. En esto, Böhm-Bawerk estaba en lo correcto. La validez de esta crítica es un factor en nuestra tentativa de adaptar la teoría laboral del valor sobre la base subjetiva de Hodgskin y Smith de “trabajo y apremio”, en el lugar del tiempo del trabajo incorporado por Ricardo y Marx. Esto será discutido detalladamente en un capítulo posterior.
En la tercera clase de excepciones, similarmente, incluyó a “aquellas mercancías —no es, en verdad, una clase muy importante— que son producidas por trabajo anormalmente mal pagado”. Pero la teoría laboral del valor, como Ricardo la formuló al menos, declaró que los valores de cambio de los bienes son regulados por la cantidad de trabajo incorporado en ellos —no por los salarios del trabajo. Y según la versión mutualista de la teoría, los salarios bajos en lo referente al producto total del trabajo son un resultado del intercambio desigual entre capital y trabajo dentro del proceso de producción.
La excepción más importante, después de la primera, es la cuarta: las fluctuaciones de los precios de los bienes por encima y por debajo del eje de su valor-trabajo, en respuesta a los cambios de la oferta y la demanda.

4. Una cuarta excepción a la ley del trabajo puede encontrarse en el familiar y mundialmente admitido fenómeno, de que aún aquellos bienes, en los cuales el valor de cambio corresponde completamente con los costos del trabajo, no muestran esta correspondencia en cada momento. Por las fluctuaciones de la oferta y la demanda su valor de cambio es puesto a veces por arriba, a veces por debajo del nivel que corresponde a la cantidad de trabajo incorporado en ellos. La cantidad de trabajo sólo indica el punto hacia el cual el valor de cambio gravita —no cualquier punto fijo de valor. Esta excepción, también, a los adherentes socialistas al principio laboral les parece que es demasiado ligera. De hecho la mencionan, pero la tratan como una pequeña irregularidad transitoria, cuya existencia no interfiere con la gran “ley” del valor de cambio. Pero es innegable que justo estas irregularidades se dan en muchos casos donde el valor de intercambio es regulado por otros determinantes que la cantidad de costes de trabajo. Podrían en todos los casos haber sugerido la pregunta de si no hay quizás otro principio más universal del valor de cambio, con el cual podía ser detectable, no sólo las formaciones regulares, sino también aquellas formaciones del valor que, desde el punto de vista de la teoría del trabajo, parecen ser “irregulares”. Pero nosotros vemos en vano para cualquier investigación tal pregunta entre los teóricos de esta escuela.

De hecho, esta cuarta excepción está absolutamente desprovista de sustancia, a no ser que uno adopte la posterior postura de la escuela austriaca de escepticismo epistemológico radical hacia la noción del “precio de equilibrio”. Y si, como Böhm-Bawerk dijo, el mismo Ricardo admitió la existencia de aquella excepción, sólo puede deducirse que Ricardo no lo vio como un defecto fatal en la teoría laboral. Parece seguirse que la diferencia entre las opiniones de Böhm-Bawerk y Ricardo es la importancia del fenómeno —en el caso de Böhm-Bawerk, la verdadera tarea sería mostrar que Ricardo se confundía en sus visiones la constitución de una teoría adecuada.
La teoría laboral de Ricardo no acababa de asumir implícitamente tal fluctuación, pero dependía de ella. Esto era solo en un cierto plazo de la competencia, y la respuesta de productores y consumidores al precio del mercado fluctuante, era el precio de equilibrio que continuamente gravitaba alrededor del valor del trabajo. Y Marx lo dijo más explícitamente, como veremos abajo.
Ricardo trató principalmente el “valor” y el “precio” como sinónimos, y demandó solamente que el valor se aproximaba al trabajo incorporado por el período de tiempo. Marx, por otra parte, usó el “valor” en cierto modo mucho más cercano al precio de equilibrio. Ambos, entonces, afirmaron simplemente que el precio de equilibrio de los bienes de oferta elástica se acerca a su valor de trabajo. Y para ambos, las fluctuaciones de los precios bajo la influencia de la oferta y la demanda eran el mecanismo mismo por el cual operaba la ley del valor.
Por último, Böhm-Bawerk señaló, en una quinta exposición, aquellos casos en los que los precios “constantemente” divergían del valor-trabajo, “y que no se considera” en la medida en que se producción “exigirá un mayor avance del trabajo ‘previo’…”. Si se estaba refiriendo a la amortización de gastos pesados de capital, no presenta en absoluto un problema para la teoría laboral, habida cuenta de que se considera el capital como trabajo pesado acumulado. Si se refería a los problemas que presenta la teoría laboral del valor ante las diferentes composiciones orgánicas del capital y la tasa general de ganancia, no está a nuestro alcance un largometraje del estudio de esta cuestión. Baste decir que así Ricardo como Marx, reconocieron las diferentes composiciones del capital como un factor de distorsión; y Marx vio la tasa general de ganancias sólo como la redistribución de los excedentes de valor, por lo que es un funcionamiento indirecto de la ley del valor. Y desde el punto de vista mutualista, el lucro y el interés son las ganancias del monopolio del capital resultantes de la intervención estatal en el mercado; para el mutualismo, la tasa de ganancia (a excepción de la relativamente pequeña parte de los beneficios netos resultantes de la preferencia temporal, que se tratará en el capítulo 3) es simplemente otro ejemplo de las distorsiones de los “valores normales” provocadas por el intercambio desigual.
Böhm-Bawerk resumió todas las desviaciones de la ley del trabajo, y llegó a la conclusión de que la teoría laboral del valor “no puede sostenerse en absoluto en los casos de una proporción muy considerable de bienes; en los demás casos, no puede sostenerse siempre, y nunca exactamente. Estos son los hechos de la experiencia con los cuales los teóricos del valor tienen que contar”.
La caricatura de muñeco de paja de la teoría laboral que Böhm-Bawerk intentó demostrar, obviamente, no se mantuvo bien firme en absoluto ante su ataque. Pero entonces, los muñecos de paja son deliberadamente construidos para ser derribados. Así habría tenido mucho sentido decir que la ley de gravedad se ve invalidada por todas las excepciones presentadas por la resistencia del aire, el viento, los obstáculos, el esfuerzo humano, y así sucesivamente. La fuerza actúa en todo momento, pero su funcionamiento es siempre calificado por la acción de fuerzas secundarias. Pero es claro, en el caso de la gravedad, que es fenómeno de primer orden, y las desviaciones son de un segundo orden al suyo.
Ricardo hacía entre bienes reproducibles y no reproducibles una distinción, por cierto, bastante engañosa. Aunque los bienes cuya oferta es absolutamente limitada en relación con la demanda son una parte relativamente pequeña de todos los productos básicos, no es menos cierto que incluso los bienes reproducibles necesitan un mayor o menor tiempo para acomodarse a la demanda. En cualquier momento dado, el precio de la mayoría de los productos básicos es, probablemente, más o menos el valor-trabajo, como consecuencia del desequilibrio entre la oferta y la demanda. Es sólo con el tiempo que se aproxima a los precios del valor-trabajo. Así que, en lugar de subrayar la insignificancia de la escasez cuantitativa de las desviaciones de los costos, Ricardo habría sido más preciso al hacer hincapié en el carácter de tales desviaciones de fenómenos secundarios en el proceso general por el que el precio de equilibrio se aproxima al valor-trabajo.
Pero los austriacos son culpables de su propia ambigüedad. Aunque Menger y Böhm-Bawerk consideraran que la influencia de los costos de producción prácticamente irrelevante en todos los casos de escasez, no tenían exactamente muy claro lo que significaba escasez.
Menger distinguía los bienes económicos, que se caracterizaban por la escasez, de los bienes no-económicos: “la diferencia entre los aspectos económicos y no-económicos de los bienes está fundada en última instancia sobre la diferencia… en la relación entre las necesidades y las cantidades disponibles de bienes…”. De los bienes no-económicos señaló:

La relación responsable de la falta de carácter económico de los bienes consiste en que las necesidades de bienes son menores que las cantidades disponibles. Por lo tanto, siempre que hay porciones de todo suministro de bienes no-económicos, están relacionados con alguna necesidad humana… Por lo que la no satisfacción depende del control que tengamos de cualquiera de las unidades que tengan un carácter de bien no-económico….

El problema, sin embargo, es que los bienes casi nunca se encuentran “no-económicos” en el sentido de no tener valor de cambio en absoluto. A menos que un suministro ilimitado de un bien se encuentre en su punto de consumo, y no se requiera ningún esfuerzo asignarlos, este adquiriría algún valor por el esfuerzo necesario de transportarlo al usuario final en su forma utilizable. Incluso cuando un pueblo está rodeado de bosques, sin límite en la cantidad que puede ser reproducido por un individuo en su casa, la leña tiene un valor de cambio. Incluso en Cockaigne o Big Rock Candy Mountain, uno debe hacer un esfuerzo de selección de los pollos asados, de los arbustos o bañar el whisky de la corriente (¿?).
Discípulo de Menger, Böhm-Bawerk dispuso de la escasez de la demanda en relación con la base del valor. El valor económico requiere “escasez así como utilidad—”

No escasez absoluta, sino escasez relativa a la demanda de un tipo particular de bienes. Para decirlo más exactamente: cuando el valor del conjunto de las existencias de bienes adquiridos no es suficiente para cubrir lo que queramos dependiendo de ellos para nuestra satisfacción, o cuando la población no dispone de los bienes suficientes.

Y esta escasez, como lo dice Böhm-Bawerk, es la escasez de los “bienes presentes”:

Ahora se puede demostrar —y con esto llegamos a la meta de nuestra larga investigación— que la actual oferta de bienes debe ser numéricamente inferior a la demanda. El suministro, incluso en la nación más rica, está en este momento limitado por la cantidad de riqueza del pueblo. La demanda, por otra parte, es prácticamente infinita…

Este concepto de “escasez”, como es utilizado por Menger y Böhm-Bawerk, tiene tres problemas. En primer lugar, como ya hemos sugerido anteriormente, que la escasez y la utilidad que dependen del equilibrio de la demanda y los “bienes presentes” en el momento actual, ignoran el factor dinámico. Al tomar el equilibrio de la oferta y la demanda en un momento del mercado como una “foto”, y derivar en este contexto el valor de la “utilidad”, no tienen en cuenta el efecto de los precios a corto plazo sobre el futuro comportamiento de los agentes del mercado: el mecanismo a través del cual en el tiempo se aproximan al precio del costo.
En segundo lugar, se confunden dos tipos de escasez: 1) el tipo de escasez que hace a los bienes económicos (es decir, la dificultad de la producción o el esfuerzo suficiente que se exige para su apropiación o la desutilidad de adquirirlas en un formato utilizable); y 2) el tipo de escasez en la que un producto sea más o menos de oferta inelástica, de tal manera que no pueden ser producidos en cantidades proporcionales a su esfuerzo. En cierto sentido, el primer tipo es creado para enfrentar a un hombre de paja: como hemos dicho, prácticamente no hay bienes no-económicos.
Y en tercer lugar, la afirmación de que la demanda es prácticamente infinita en relación con la oferta es engañosa. La “demanda” no es una variable independiente, sino que depende de los precios a los que los bienes están disponibles. Para ser “reproducibles”, en el sentido ricardiano, un bien necesario no puede reproducirse sin límite, las cantidades que una persona está más dispuesta a consumir, no tienen costo. Sólo han de ser reproducibles en las cantidades para las que existe una demanda efectiva en el costo de producción. Y tal y como se ha señalado más arriba, independientemente del grado de elasticidad, siempre que la oferta pueda adaptarse a la demanda, el precio de equilibrio se aproximará a los costes de producción.

La teoría del valor de Kevin Carson (II)

studies1

B. Economía política vulgar, marginalismo, y la aplicación de la motivación ideológica

Dado que la economía política de Ricardo se presentaba como tierra fértil para conclusiones socialistas, fue naturalmente vista como problemática por los apologistas del sistema capitalista industrial recién surgido. Marx hizo una distinción fundamental, en este aspecto, entre los economistas políticos clásicos y los “economistas vulgares” que vinieron después de ellos. Smith, James Mill y Ricardo habían desarrollado su economía política científica sin el temor de sus implicaciones revolucionarias, porque el capital industrial estaba todavía desvalido en una progresiva lucha revolucionaria contra la renta de los propietarios feudales y los monopolistas. Pero aquella situación llegó a su fin con la adquisición de los capitalistas del poder político.

En Francia e Inglaterra la burguesía había conquistado el poder [en “la crisis decisiva” en el año 1830]. Desde entonces, la lucha de clases, tanto práctica como teóricamente, tomó formas cada vez más abiertas y amenazantes. Esto tocó el otero de la ciencia económica burguesa. Desde entonces no se preguntaba si este teorema era verdadero o no, sino si era útil o dañino al capital, oportuno o inoportuno, políticamente peligroso o no. En lugar de inquisidores desinteresados, aparecieron luchadores alquilados; en lugar de una investigación científica genuina, privó la mala conciencia y la mala intención de los apologistas.

Maurice Dobb, de la misma manera, comenta la transición de la economía política de un papel revolucionario a uno apologético:

Como una crítica nivelada simultáneamente contra el autoritarismo de un Estado autocrático y contra los privilegios y la influencia de la aristocracia hacendada, la economía política en su inicio jugó un papel revolucionario… Sólo más tarde, en su fase post-ricardiana, hizo este paso del asalto del privilegio y la restricción a la apología de la propiedad.

Aunque esta ruptura no fuera quizás tan fundamental como los marxistas lo han planteado, hay pruebas de que al menos algunos economistas políticos a partir de los años 1830, estaban concientes del aspecto político del problema. Según Maurice Dobb, los “economistas políticos vulgares” fueron deliberadamente motivados por consideraciones apologéticas; como una alternativa a la escuela clásica establecida de Inglaterra, ellos dieron una vuelta continental con la escuela subjetivista, que había sido influenciada por la interpretación de Say de Adam Smith.

Estando contra todo esto [ricardiano], el acercamiento de la escuela del Sr. Longfield reaccionó tan fuerte – no simplemente como un elemento analítico no pertinente… sino contra sus más altos usos y corolarios. Al reaccionar de este modo, era casi inevitable que fueran llevados uno tras otro (y tarde o temprano se unieran) a rivalizar con la tradición que proviene de Smith. Si ellos correctamente eran descritos como absolutamente “improvisados” o “conciliadores”, tal término realmente debería ser aplicado a su papel en el desarrollo de esta tradición smithiana y no el acercamiento ricardiano.

Entre la primera generación de marginalistas, Jevons al menos estaba bastante conciente de la dimensión política de su proyecto anti-ricardiano. Para citar a Dobb nuevamente, “… aunque Menger, se podría decir, ha representado la ruptura con la tradición clásica aún más clara y completamente, Jevons estaba al parecer más conciente del papel que él jugaba en las nuevas maniobras del ‘coche de la economía política’, que Ricardo tan perversamente había dirigido ‘en un sendero incorrecto’.”
Dobb considera esto diciendo que el refinamiento marginalista del subjetivismo había sido producido simultáneamente por tres escritores diferentes, una década antes de la publicación de El Capital. Esto indica una atmósfera predominante de combate ideológico, y una vacante para polemistas anti-marxianos que esperaba llenarse.

Es, al menos, un hecho notable que diez años antes de la publicación del primer volumen del Kapital, no sólo tenía rival en el principio de utilidad articulado por separado por cierto número de escritores, el nuevo principio encontraba una receptividad a su aceptación como muy pocas ideas de novedad similar alguna vez puedo haberse encontrado. Solo por el efecto de la negación, la influencia de Marx sobre la teoría económica del siglo XIX pareciera haber sido mucho más profunda de lo que se acostumbra admitir…
Tanto que los economistas del último cuarto de siglo hayan anunciado sus producciones como una novedad tan histórica y que hayan inclinado sus lanzas de manera tan amenazante sobre sus antepasados, parecía tener una obvia explicación: a saber, el empleo peligroso de las nociones ricardianas recientemente tomadas por Marx.

Y de la segunda generación de austriacos, Böhm-Bawerk parecía bastante conciente, en la opinión de Dobb, de la naturaleza ideológica de la tarea previa a él.

Parece claro que Böhm-Bawerk por lo menos apreció el problema que la teoría clásica había procurado solucionar. Mientras él se ahorraba, casi tacañamente, el rendir homenaje aún para formular la segunda cuestión con exactitud, hay idicios de que él enmarcó su teoría directamente para proporcionar respuestas sustitutas a las preguntas que Marx había planteado.

Si tales conjeturas sobre los motivos políticos de los revolucionarios marginalistas parecen “poco gratas”, o injustas, vale la pena tener en cuenta que el mismo Böhm-Bawerk indicaba las motivaciones ideológicas de sus precursores, en la lengua muy evocadora de Marx, los “economistas vulgares”. Incluso además de blandir su hacha contra Marx, Böhm-Bawerk parece haber sido motivado por un deseo de demostrar la originalidad de sus propias opiniones a cargo de la defensa anterior del interés, como contra Nassau Senior.

La teoría de la abstinencia de Senior ha obtenido gran popularidad entre aquellos economistas dispuestos a favorecer el interés. Me parece, sin embargo, que esta popularidad ha estado prevista, no tanto en su superioridad como teoría, sino que vino justo a tiempo para apoyar el interés contra los ataques severos que se habían hecho en su contra. Ilustración de esta interferencia de circunstancia peculiar es que la enorme mayoría de sus posteriores defensores no profesan exclusivamente, sólo añaden elementos de la teoría de la abstinencia de un modo ecléctico a otras teorías favorables del interés.

Ya que Böhm-Bawerk no estaba sobre tal crítica de sus propios precursores, no tenemos ninguna obligación de ahorrarle un tratamiento similar en un exceso de caballerosidad.
Es notable, al menos, cómo la atmósfera cultural de la principal corriente liberal clásica cambiaba a partir de principios del siglo XIX. De un asalto revolucionario sobre el poder firmemente enraizado de la aristocracia hacendada y los monopolios, antes de finales del siglo XIX esta se había hecho una apología de las instituciones e intereses que se asemejaban lo más estrechamente posible, en poder y privilegio, a la clase dirigente del Viejo Régimen: las grandes corporaciones y la plutocracia.
El cambio hacia la reacción no era en ningún caso uniforme, pese a todo. El carácter revolucionario y anti-privilegio temprano del movimiento fue continuado en muchos hilos del liberalismo. Thomas Hodgskin, directamente de la tradición clásica liberal y también mucho más orientado al mercado que los socialistas ricardianos, criticó el poder capitalista industrial en la lengua evocadora del ataque de Adam Smith sobre los propietarios y mercantilistas – y sobre muchos de sus mismos principios.
La escuela americana del anarquismo individualista, de la misma manera, giró las armas del análisis del libre mercado contra los apoyos estatistas del privilegio capitalista. Incluso el discípulo de Hodgskin, Spencer, por lo general considerado como un estereotípico apologista del capitalismo, de vez en cuando mostró tales tendencias. Henry George y su seguidor Albert Nock, de la misma manera, giraron el liberalismo clásico hacia objetivos radicalmente populares. Nuestra propia versión del socialismo de libre mercado, dispuesto en este libro, viene de estos herederos de la doctrina armada del liberalismo clásico.
Por lo menos, independientemente de sus motivaciones políticas, los marginalistas desempeñaron un papel necesario. Su crítica detallada de la economía política clásica advirtió muchas áreas con necesidad de clarificación, o de una base filosófica más explícita. Y la crítica marginalista, sobretodo la de Böhm-Bawerk, ha producido innovaciones sinceramente valiosas que cualquier teoría laboral viable debe incorporar. Una crítica tal (Böhm-Bawerk crítica la teoría laboral por su carencia de un mecanismo adecuado), y una innovación (la teoría de la preferencia temporal austriaca) serán integradas, en los capítulos siguientes, a una adaptada teoría laboral del valor.

La teoría del valor de Kevin Carson

studies

Por fin están disponibles algunos capítulos sobre la teoría del valor de Kevin Carson, quizá el aspecto más polémico de su obra Studies in Mutualist Political Economy. Horacio Langlois ha traducido los tres primeros subapartados (A, B y C), que iré colgando estos días con su permiso. Yo he traducido el subapartado D, y espero traducir el capítulo entero durante el verano.

Aunque considero válida la crítica subjetivista de Robert Murphy, y pienso que el mutualismo puede sobrevivir en toda su pureza adoptando el marginalismo hasta sus últimas consecuencias (Carson parece hacerlo con miedo, en la idea de que la teoría del valor-trabajo es intrínseca al socialismo), resulta interesante leer una teoría heterodoxa del valor trabajo, así como a algunos de los críticos de Bohm-Bawerk, Menger y compañía que cita Carson a lo largo del texto.

Capítulo I: el ataque marginalista contra la economía política clásica: una evaluación y un contraataque.


A.    Declaración de la teoría laboral del valor clásica.


La teoría laboral del valor, o, alternativamente, una cierta forma de la teoría del coste, eran comunes en la escuela clásica de economía política de Inglaterra.
Fue indicada en forma ambigua por Adam Smith: “el verdadero precio de todo, de todo lo que el hombre desea adquirir, es el trabajo que cuesta y el problema de su adquisición… El trabajo era el primer precio, el dinero de compra original con el que se pagaron las cosas”. En el mismo pasaje, aunque hablando de la posesión de una mercancía, el valor de esta consistía en “la cantidad de trabajo que puede encerrar…”. Y otras veces, él parecía hacer del trabajo el precio efectivo de mercado del valor de intercambio.
La declaración más clara y más eficaz de la teoría laboral estuvo en David Ricardo, en Principles of Political Economy and Taxation: “El valor de una materia, o la cantidad de cualquier otra materia destinada al intercambio, depende de la cantidad relativa de trabajo que sea necesario para su producción, y no de  la mayor o menor remuneración que se paga por ese trabajo”. En la definición de tal doctrina, Ricardo eliminó la confusión entre el trabajo como la fuente del valor de intercambio y los salarios como componentes del precio.
De este principio, se concluía que la creciente renta de los dueños de la tierra y del capital era una deducción del valor de intercambio creado por el trabajo, y este variaba de forma inversa al beneficio: “Si el maíz va a ser dividido entre el granjero y el trabajador, cuanto más grande sea la proporción que se da al último, menos permanecerá para el anterior. Si las mercancías de paño o algodón van a dividirse entre el trabajador y su patrón, cuanto más grande sea la proporción dada al primero, menos queda para el último”.
Era totalmente natural que el movimiento socialista emergente aprovechase las implicaciones políticas de esta conclusión. La escuela de los “socialistas ricardianos” en Inglaterra tomó tal inspiración. El más grande de ellos, Thomas Hodgskin, escribió en Labour Defended Against the Claims of Capital, que los “salarios varían al inverso que los beneficios, los salarios se elevan cuando bajan los beneficios, y los beneficios se elevan cuando caen los salarios; y es por lo tanto que los beneficios, o la parte capitalista del producto nacional, se opone a los salarios, o la parte del trabajador”.
Marx, en su tiempo, se inspiró en la interpretación socialista ricardiana de la economía política clásica, al igual que en Proudhon. Según Engels, el socialismo moderno era una consecuencia directa de las penetraciones de la “economía política burguesa” en la naturaleza de los salarios, la renta y los beneficios.

En cuanto al socialismo moderno, no importa qué tendencia, comienza en la economía política burguesa, casi sin excepción toma la teoría ricardiana del valor. Las dos proposiciones que Ricardo proclamó en 1817 directamente al inicio de sus Principles fueron, 1) que el valor de cualquier mercancía está determinado pura y exclusivamente por la cantidad de trabajo requerida para su producción, y 2) que todo el producto del trabajo social se divide en tres clases: terratenientes (renta), capitalistas (beneficio), y trabajadores (salarios) – estos dos principios habían sido utilizados desde 1821 en Inglaterra para llegar a conclusiones socialistas, y en parte con la misma precisión y resolución de esta literatura, que entonces casi había sido olvidada y en gran parte sólo fue descubierta de nuevo por Marx, sería sobrepasada por la publicación de El Capital.

El grado real en que la teoría del valor de Marx es una consecuencia franca de Ricardo, y en el que esta era una preexistencia de la filosofía hegeliana con elementos ricardianos injertados, es una cuestión discutida. Pero para el actual propósito, trataremos en nuestro estudio la teoría del valor de Marx al grado en que nos permita acercarnos a la teoría ricardiana.

El monopolio de los aranceles o tarifas – Kevin Carson

Ya tengo el tercer monopolio traducido: los aranceles. Los monopolios de la tierra y las patentes los tengo a medias, así que espero colgarlos más pronto que tarde.

Sobre otros artículos o capítulos de Kevin Carson que hayamos traducido, véanse:

Jerarquía o Mercado
Reclamando el lenguaje robado “de mercado”
El monopolio del dinero
Las subvenciones al transporte

Capítulo 4. D de los Studies in Mutualist Political Economy.

Por Kevin Carson.


El monopolio de los aranceles o tarifas

Como con las patentes, estamos interesados aquí en los aspectos de las tarifas que Tucker descuidó: su efecto en la promoción de la cartelización de la industria. En el siguiente capítulo sobre el capitalismo monopólico, veremos los verdaderos efectos de lo que Schumpeter llamó “el capitalismo monopólico dependiente de la exportación”. Aquel término se refiere a un sistema económico en el cual la industria cartelizada está protegida detrás de barreras arancelarias; vende sus productos en el interior del país por un precio de monopolio considerablemente más alto que el nivel de un mercado no intervenido, para obtener superbeneficios a costa del consumidor; y liquida su producción invendible en el extranjero, vendiéndolo por debajo del coste si fuera necesario.

Comúnmente la tarifa era llamada “la madre de los monopolios” por los populistas de hace un siglo, debido al modo en que facilitó la coalición entre grandes productores nacionales y la creación de oligopolios. Mises, en la Acción Humana, describió la dependencia de los cárteles a las barreras arancelarias (sobre todo actuando conjuntamente con otros monopolios mantenidos por el Estado como las patentes).
Por supuesto, de acuerdo con su énfasis habitual “a favor de los negocios”, Mises trató a las grandes compañías industriales, en el peor de los casos, como los beneficiarios pasivos de una política estatal proteccionista dirigida principalmente al aumento de los salarios laborales. Su opinión es paralela a la de los primeros industriales capitalistas, y su no implicación en el proceso de acumulación primitivo, en el capítulo anterior.

Según la opinión de Kolko en el Triunfo del Conservadurismo, los grandes monopolios en los comienzos del siglo XX fueron capaces de mantener su cuota de mercado contra empresas más pequeñas y más eficientes. La estabilización de la mayor parte de industrias sobre un modelo de oligopolio era posible, al final, sólo con la ayuda adicional de las regulaciones anticompetitivas de la Era “Progresista”. El hecho de que los monopolios fueran tan inestables, a pesar de los efectos cartelizadores de las tarifas y las patentes, indica el volumen del nivel de intervención estatal necesaria para mantener el capitalismo monopólico. Pero sin la influencia combinada de tarifas, patentes, y subvenciones al ferrocarril, es improbable que hubieran sido capaces de un intento creíble de organizar tales monopolios en primer lugar.

El monopolio del dinero – Traducción de Kevin Carson

Extraido de Studies on Mutualist Political Economy, Capítulo V, apartado B.

Por Kevin A. Carson.

Image Hosted by ImageShack.us

En todo sistema de explotación de clase, una clase dirigente controla el acceso a los medios  de producción para extraer tributo del trabajo. El monopolio del propietario, que examinamos en la sección anterior, es un ejemplo de este principio. Y hasta el siglo XIX, el monopolio de la tierra fue probablemente la forma más importante de privilegio por el cual forzaron al trabajo a aceptar un salario menor que su producto. Pero en el capitalismo industrial, probablemente, la importancia del latifundismo fue sobrepasada en importancia por el monopolio del dinero. Bajo esta última forma de privilegio, el otorgamiento de licencias a los bancos por el Estado, las exigencias de capitalización, y otras barreras de entrada al mercado permiten a los bancos cargar un precio de monopolio sobre las tasas de interés de los préstamos de forma usuraria. Así, se restringe el acceso del trabajo al capital, y este es forzado a rendir un tributo en forma de tasas de interés artificialmente altas.

Los anarquistas individualistas como William Greene (58) y Benjamin Tucker vieron en el monopolio del dinero un punto central en el sistema capitalista de privilegios. Como Tucker advierte, el banco capitalista, está asegurado a la hora de un préstamo, porque de hecho no presta nada. El banquero “invierte poco o nada de su propio capital, y por lo tanto, no presta ninguno a sus clientes, desde el valor que ellos le proporcionan constituye el capital con el que funciona… “(59) Lo que el banquero  hace en realidad es realizan el simple servicio de garantizar que la propiedad del “prestatario” esté disponible en forma líquida. Y como consecuencia de las leyes del Estado, que restringen el funcionamiento de este “servicio” a aquellos con bastante capital disponible para superar sus exigencias de capitalización, los banqueros pueden cobrar un precio de usura por ello.

El proceso de obtener una carta bancaria del gobierno, federal o estatal, fue descrito por Karl Hess y David Morris en  Neighboorhood Power:

“Primero, uno consigue un certificado que le permite recaudar capital para el banco y resume cuáles son las condiciones que debe reunir para recibir una carta. En el segundo paso recibe la carta después de haber superado las condiciones. Estas condiciones son numerosas, pero la más importante es que se necesita una cantidad determinada de capital en depósito en un período específico de tiempo. Para conseguir el permiso de recaudar el capital, un equipo del gobierno debe comprobar que existe alguna razón para tener otro banco, y que este podría cumplir una función necesaria, así como que tendría posibilidades viables de continuidad”.

En un mercado bancario genuinamente libre, cualquier agrupación voluntaria de individuos podría formar un banco cooperativo y emitir billetes de banco mutuos contra cualquier forma de fianza que ellos escojan, aceptando estas notas para convertirse en socio. Tucker y Greene por lo general consideraban la tierra como la forma más probable de fianza, pero en una ocasión Greene especuló que un banco mutuo podría decidir respaldar como fianza no solo la propiedad vendible, sino “la garantía de entrega de la producción futura. ” 61 Pero suponiendo que el banco mutuo se limite a prestar el dinero de sus miembros, no habría, en sentido estricto, ” ningún préstamo en todo “:

El supuesto prestatario simplemente cambiaría la cara de su propio título para hacerlo reconocible por el mundo en general, y no tendría otro costo que el mero coste de la transacción. Es decir, el hombre que tiene  capital o buen crédito, debería ir a un banco… y procurarse una cierta cantidad de sus apuntes por el proceso ordinario de hipotecar la propiedad o conseguir respaldada la comercial descontada, sólo cambiaría su propio crédito personal… para el crédito bancario conocido y admisible para la entrega de productos en todas partes del Estado, o de la nación, o quizás del mundo. Y por esta ventaja el banco le cobraría sólo el coste del trabajo de su servicio en la transacción del cambio de créditos, en lugar de cobrarle las tarifas ruinosas de descuento por las cuales, bajo el presente sistema de monopolio, estos bancos privilegiados cobran tributo a los productores de la propiedad no privilegiada de la casa en casa. 62

La propiedad sería poseída por la clase obrera liberada gracias a la movilización por medio del capital, y si los productores pudieran organizar su propio crédito sin obstáculos, los recursos a su disposición serían enormes. Como Alexander Cairncross observó, “el trabajador americano tiene en a disposición más existencias de capital en casa que en la fábrica donde es empleado… “63

El abundante crédito barato cambiaría drásticamente el equilibrio de poder entre el capital y el trabajo, y las rentas del trabajo reemplazarían a las rentas del capital como la forma dominante de actividad económica. Según Robinson,

En el tipo de interés de monopolio sobre el dinero que nos es impuesto por la ley, está basado el sistema entero de interés del capital, que impregna todo el negocio moderno.
Con la banca libre, el interés sobre las obligaciones de todas las clases y los dividendos sobre el stock caería al precio de interés mínimo bancario. El alquiler de las viviendas… caería al precio del coste de mantenimiento y reemplazo.
Toda la parte del producto del trabajo que ahora es apropiado por el interés pertenecería al productor. El capital, sin embargo…definido como un ingreso que produce recursos, prácticamente dejaría de existir, por la simple razón de que si el dinero, con el cual se compra el capital, podría ser obtenido por la mitad de un uno por ciento, el capital en sí mismo no podría establecer un precio más alto. 64

Y el resultado sería una posición negociadora drásticamente mejorada para los arrendatarios y trabajadores frente a los propietarios de la tierra y el capital. Según Gary Elkin, el anarquismo de libre mercado de Tucker tuvo ciertas implicaciones inherentemente socialistas libertarias:

Es importante señalar que debido a la intención de Tucker de aumentar el poder negociador de los trabajadores a través del acceso al crédito mutuo, su supuesto anarquismo individualista es no sólo compatible con el control de los trabajadores, sino que de hecho lo promovería. Ya que si el acceso al crédito mutuo debía aumentar el poder negociador de los trabajadores al grado que Tucker lo demandó, ellos entonces serían capaces de (1) pedir y conseguir la democracia del puesto de trabajo, (y 2) reunir su compra de crédito y poseer las empresas en conjunto. 65

Considerando mejorada posición negociadora del trabajador, “la capacidad de los capitalistas de extraer la plusvalía del trabajo de los empleados sería eliminada o al menos enormemente reducida.” 66 Como la recompensa del trabajo se acercaría a su producto completo, las ganancias del capital bajarían a causa de la competencia de mercado, y el valor de las acciones por consiguiente caería a plomo, el trabajador se haría de facto el codueño de su puesto de trabajo, incluso si la empresa permaneciera formalmente poseída por los accionistas.

Las tasas de interés cerca de cero aumentarían la independencia del trabajo en todos los tipos de caminos interesantes. En primer lugar, alguien que ahora tiene una hipoteca de veinte años al 8 %, sin usura, podría pagarla en diez años. La mayoría de la gente a los 30 años tendría su propia casa, de forma barata y clara. Entre esto y la inexistencia de altos tipos de interés en la deuda de tarjetas de crédito, dos de las mayores fuentes de preocupación para apropiarse del trabajo de alguien en cualquier coste desaparecerían. Además, muchos trabajadores tendrían grandes ahorros (“el dinero va al diablo”). Muchos trabajadores se retirarían a los cuarenta o cincuenta años, reducirían su trabajo a media jornada, o emprenderían negocios; con los empleos compitiendo por los empleados, el efecto sobre el poder negociador sería revolucionario.

Bajo el capitalismo industrial, Tucker sostenía que el monopolio del dinero reforzó el monopolio de la tierra y el capital. El alquiler de parcelas, como tal, dependió principalmente de la asignación de títulos de tierra a propietarios ausentes. La disponibilidad de toda la tierra libre susceptible de ocupación provocaría que la renta de la tierra, como tal, cayera a cero por la competencia. Pero en zonas muy urbanizadas, el valor de las mejoras y los edificios pesaría más que la parcela en sí misma. Y la disponibilidad de crédito sin interés, de la misma manera gracias a la competencia, haría que el alquiler de casas cayera hasta cero. Nadie pagaría alquiler por una casa cuando él puede conseguir el dinero suficiente, sin interés, para construir una él mismo. Y del mismo modo, nadie aceptaría mucho menos que el producto de su trabajo por emplearse en el medio de producción, cuando él y sus compañeros de trabajo podrían conseguir  capital sin interés para comprar el suyo propio. “En esta situación, ” como Gary Elkin escribió, “sería absurdo que los trabajadores pagaran a alguien (p. ej. un capitalista) por el empleo de los instrumentos y equipos de trabajo más de lo que equivale a su depreciación y a los costes de mantenimiento más los impuestos (si los hay) y las ventajas que implica su utilización.” 67
Además de todo esto, los sistemas de banca central hacen un favor adicional a los intereses del capital. Ante todo, una exigencia principal de los capitalistas financieros es que se debe evitar la inflación, para permitir rendimientos predecibles en las inversiones. Este es, aparentemente, el objetivo principal de la Reserva Federal y otros bancos centrales. Pero al menos tan importante como este es el papel de los bancos centrales en la promoción de lo que ellos consideran un nivel “natural” de paro – hasta los años 1990, alrededor del seis por ciento. La razón es que cuando el paro desciende por debajo de esa cifra, el trabajo se hace cada vez más exigente y exige mejor paga, mejores condiciones de trabajo y más autonomía. Los trabajadores no están tan dispuestos a aguantar la mierda del jefe cuando saben que pueden encontrar un trabajo tan bueno como ese al día siguiente.

Por otra parte, no hay nada más efectivo para conseguir una opinión como el conocimiento de que la gente está obligada a aceptar tu empleo.

“La prosperidad” de Clinton es una aparente excepción a este principio. Como el paro amenazó con caer por debajo de la señal del cuatro por ciento, una minoría de la Reserva Federal estaba deseosa por elevar los tipos de interés y salir de la presión “inflacionista” lanzando unos cuantos millones de trabajadores a la calle. Pero como declaró Greenspan ante el Comité de Banca del Senado, la situación era única. Considerando el grado de inseguridad del trabajo en la economía de alta tecnología, existía un “retraimiento típico sobre el aumento de la recompensa”. En 1996, aun con el mercado de trabajo ocupado, el 46% de los trabajadores de grandes corporaciones temían ser despedidos- en comparación con solo el 25% de 1991, cuando el paro era mucho mayor.

La reticencia de los trabajadores a dejar sus empleos para buscar otros, se demuestra, mejor que por el nivel de empleo, por la tendencia hacia contratos sindicales más largos. Durante muchas décadas, los contratos pocas veces excedían de tres años. Hoy uno puede ver contratos de cinco –e incluso seis- años, que se caracterizan comúnmente por un énfasis sobre la seguridad en el puesto, lo que implica aumentos de salario solo modestos. El bajo nivel de paro de años recientes da testimonio del asunto de la seguridad de mantener el empleo. 68

Así, la buena voluntad de los trabajadores durante el “boom” de Clinton para negociar aumentos menores de salarios en pos de la mayor seguridad del puesto de trabajo parece estar razonablemente bien documentada. Para los patrones, la economía de alta tecnología es lo segundo mejor que les puede pasar, después del alto paro para mantener nuestra sumisión. “La lucha contra la inflación” se traduce en la práctica en la inseguridad creciente de los puestos de trabajo y en la menor capacidad de los trabajadores para protestar o buscar nuevos empleos.

Subsidios al transporte (traducción del capítulo de K. Carson)

Capítulo V, apartado E,

Studies in Mutualist Political Economy;

Por Kevin A. Carson;

Subsidios al transporte E. Infraestructura

Una forma contemporánea de intervención del gobierno que Tucker ignoró casi completamente es el caso de las subvenciones al transporte. Esto parece incomprensible a primera vista, ya que las “mejoras internas ” habían sido una cuestión polémica a lo largo del siglo diecinueve, y eran una parte central de la agenda mercantilista de los Whigs y el partido republicano de la Edad Dorada.

Efectivamente, Lincoln anunció al principio de su carrera con un ” corto, pero dulce ” abrazo el programa de Henry Clay: un banco nacional, tarifas altas, y mejoras internas. Este descuido, sin embargo, está de acuerdo con la inclinación de Tucker. Él se preocupó principalmente de la forma en que el privilegio promovió ganancias de monopolio por el intercambio injusto a nivel individual, y no de cómo esto afectaba a la estructura total de producción. La clase de intervención del gobierno sobre la cual James O’Connor escribió posteriormente, que promovió la acumulación y la concentración directamente subvencionando los gastos de operaciones de los grandes capitales, evitó en buena medida que se percatara.

Image Hosted by ImageShack.us

Continue reading