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Los mutualistas ante la crisis

Durante los últimos meses hemos visto cómo nuestro poder adquisitivo decrece, montones de bancos y compañías inmobiliarias quiebran y legiones de trabajadores son despedidos como consecuencia de todo ello. Todos parecen estar de acuerdo en que los empresarios han cometido errores, pero difieren en la razón por la que lo han hecho: unos aprovechan para achacarlo al libre mercado (incluso invocan por vigésimo quinta vez su inminente caída), mientras los otros apuntan a los bancos centrales, que –nos dicen- envían señales erróneas a los empresarios.

¿Qué dice la ciencia económica de todo esto? Y, ¿qué soluciones tiene el mutualismo para solucionarlo? Eso es lo que pretendemos tratar aquí.

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Un banco para cooperativas

Después de un tiempo sin postear, volvemos con las pilas cargadas. Empiezo de nuevo con una pequeña traducción de un breve pero no menos interesante artículo que encontré en el blog de Kevin Carson sobre la banca mutualista y su papel potencial en el impulso de una sociedad gestionada por sus trabajadores. Continue reading

El monopolio del dinero – Traducción de Kevin Carson

Extraido de Studies on Mutualist Political Economy, Capítulo V, apartado B.

Por Kevin A. Carson.

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En todo sistema de explotación de clase, una clase dirigente controla el acceso a los medios  de producción para extraer tributo del trabajo. El monopolio del propietario, que examinamos en la sección anterior, es un ejemplo de este principio. Y hasta el siglo XIX, el monopolio de la tierra fue probablemente la forma más importante de privilegio por el cual forzaron al trabajo a aceptar un salario menor que su producto. Pero en el capitalismo industrial, probablemente, la importancia del latifundismo fue sobrepasada en importancia por el monopolio del dinero. Bajo esta última forma de privilegio, el otorgamiento de licencias a los bancos por el Estado, las exigencias de capitalización, y otras barreras de entrada al mercado permiten a los bancos cargar un precio de monopolio sobre las tasas de interés de los préstamos de forma usuraria. Así, se restringe el acceso del trabajo al capital, y este es forzado a rendir un tributo en forma de tasas de interés artificialmente altas.

Los anarquistas individualistas como William Greene (58) y Benjamin Tucker vieron en el monopolio del dinero un punto central en el sistema capitalista de privilegios. Como Tucker advierte, el banco capitalista, está asegurado a la hora de un préstamo, porque de hecho no presta nada. El banquero “invierte poco o nada de su propio capital, y por lo tanto, no presta ninguno a sus clientes, desde el valor que ellos le proporcionan constituye el capital con el que funciona… “(59) Lo que el banquero  hace en realidad es realizan el simple servicio de garantizar que la propiedad del “prestatario” esté disponible en forma líquida. Y como consecuencia de las leyes del Estado, que restringen el funcionamiento de este “servicio” a aquellos con bastante capital disponible para superar sus exigencias de capitalización, los banqueros pueden cobrar un precio de usura por ello.

El proceso de obtener una carta bancaria del gobierno, federal o estatal, fue descrito por Karl Hess y David Morris en  Neighboorhood Power:

“Primero, uno consigue un certificado que le permite recaudar capital para el banco y resume cuáles son las condiciones que debe reunir para recibir una carta. En el segundo paso recibe la carta después de haber superado las condiciones. Estas condiciones son numerosas, pero la más importante es que se necesita una cantidad determinada de capital en depósito en un período específico de tiempo. Para conseguir el permiso de recaudar el capital, un equipo del gobierno debe comprobar que existe alguna razón para tener otro banco, y que este podría cumplir una función necesaria, así como que tendría posibilidades viables de continuidad”.

En un mercado bancario genuinamente libre, cualquier agrupación voluntaria de individuos podría formar un banco cooperativo y emitir billetes de banco mutuos contra cualquier forma de fianza que ellos escojan, aceptando estas notas para convertirse en socio. Tucker y Greene por lo general consideraban la tierra como la forma más probable de fianza, pero en una ocasión Greene especuló que un banco mutuo podría decidir respaldar como fianza no solo la propiedad vendible, sino “la garantía de entrega de la producción futura. ” 61 Pero suponiendo que el banco mutuo se limite a prestar el dinero de sus miembros, no habría, en sentido estricto, ” ningún préstamo en todo “:

El supuesto prestatario simplemente cambiaría la cara de su propio título para hacerlo reconocible por el mundo en general, y no tendría otro costo que el mero coste de la transacción. Es decir, el hombre que tiene  capital o buen crédito, debería ir a un banco… y procurarse una cierta cantidad de sus apuntes por el proceso ordinario de hipotecar la propiedad o conseguir respaldada la comercial descontada, sólo cambiaría su propio crédito personal… para el crédito bancario conocido y admisible para la entrega de productos en todas partes del Estado, o de la nación, o quizás del mundo. Y por esta ventaja el banco le cobraría sólo el coste del trabajo de su servicio en la transacción del cambio de créditos, en lugar de cobrarle las tarifas ruinosas de descuento por las cuales, bajo el presente sistema de monopolio, estos bancos privilegiados cobran tributo a los productores de la propiedad no privilegiada de la casa en casa. 62

La propiedad sería poseída por la clase obrera liberada gracias a la movilización por medio del capital, y si los productores pudieran organizar su propio crédito sin obstáculos, los recursos a su disposición serían enormes. Como Alexander Cairncross observó, “el trabajador americano tiene en a disposición más existencias de capital en casa que en la fábrica donde es empleado… “63

El abundante crédito barato cambiaría drásticamente el equilibrio de poder entre el capital y el trabajo, y las rentas del trabajo reemplazarían a las rentas del capital como la forma dominante de actividad económica. Según Robinson,

En el tipo de interés de monopolio sobre el dinero que nos es impuesto por la ley, está basado el sistema entero de interés del capital, que impregna todo el negocio moderno.
Con la banca libre, el interés sobre las obligaciones de todas las clases y los dividendos sobre el stock caería al precio de interés mínimo bancario. El alquiler de las viviendas… caería al precio del coste de mantenimiento y reemplazo.
Toda la parte del producto del trabajo que ahora es apropiado por el interés pertenecería al productor. El capital, sin embargo…definido como un ingreso que produce recursos, prácticamente dejaría de existir, por la simple razón de que si el dinero, con el cual se compra el capital, podría ser obtenido por la mitad de un uno por ciento, el capital en sí mismo no podría establecer un precio más alto. 64

Y el resultado sería una posición negociadora drásticamente mejorada para los arrendatarios y trabajadores frente a los propietarios de la tierra y el capital. Según Gary Elkin, el anarquismo de libre mercado de Tucker tuvo ciertas implicaciones inherentemente socialistas libertarias:

Es importante señalar que debido a la intención de Tucker de aumentar el poder negociador de los trabajadores a través del acceso al crédito mutuo, su supuesto anarquismo individualista es no sólo compatible con el control de los trabajadores, sino que de hecho lo promovería. Ya que si el acceso al crédito mutuo debía aumentar el poder negociador de los trabajadores al grado que Tucker lo demandó, ellos entonces serían capaces de (1) pedir y conseguir la democracia del puesto de trabajo, (y 2) reunir su compra de crédito y poseer las empresas en conjunto. 65

Considerando mejorada posición negociadora del trabajador, “la capacidad de los capitalistas de extraer la plusvalía del trabajo de los empleados sería eliminada o al menos enormemente reducida.” 66 Como la recompensa del trabajo se acercaría a su producto completo, las ganancias del capital bajarían a causa de la competencia de mercado, y el valor de las acciones por consiguiente caería a plomo, el trabajador se haría de facto el codueño de su puesto de trabajo, incluso si la empresa permaneciera formalmente poseída por los accionistas.

Las tasas de interés cerca de cero aumentarían la independencia del trabajo en todos los tipos de caminos interesantes. En primer lugar, alguien que ahora tiene una hipoteca de veinte años al 8 %, sin usura, podría pagarla en diez años. La mayoría de la gente a los 30 años tendría su propia casa, de forma barata y clara. Entre esto y la inexistencia de altos tipos de interés en la deuda de tarjetas de crédito, dos de las mayores fuentes de preocupación para apropiarse del trabajo de alguien en cualquier coste desaparecerían. Además, muchos trabajadores tendrían grandes ahorros (“el dinero va al diablo”). Muchos trabajadores se retirarían a los cuarenta o cincuenta años, reducirían su trabajo a media jornada, o emprenderían negocios; con los empleos compitiendo por los empleados, el efecto sobre el poder negociador sería revolucionario.

Bajo el capitalismo industrial, Tucker sostenía que el monopolio del dinero reforzó el monopolio de la tierra y el capital. El alquiler de parcelas, como tal, dependió principalmente de la asignación de títulos de tierra a propietarios ausentes. La disponibilidad de toda la tierra libre susceptible de ocupación provocaría que la renta de la tierra, como tal, cayera a cero por la competencia. Pero en zonas muy urbanizadas, el valor de las mejoras y los edificios pesaría más que la parcela en sí misma. Y la disponibilidad de crédito sin interés, de la misma manera gracias a la competencia, haría que el alquiler de casas cayera hasta cero. Nadie pagaría alquiler por una casa cuando él puede conseguir el dinero suficiente, sin interés, para construir una él mismo. Y del mismo modo, nadie aceptaría mucho menos que el producto de su trabajo por emplearse en el medio de producción, cuando él y sus compañeros de trabajo podrían conseguir  capital sin interés para comprar el suyo propio. “En esta situación, ” como Gary Elkin escribió, “sería absurdo que los trabajadores pagaran a alguien (p. ej. un capitalista) por el empleo de los instrumentos y equipos de trabajo más de lo que equivale a su depreciación y a los costes de mantenimiento más los impuestos (si los hay) y las ventajas que implica su utilización.” 67
Además de todo esto, los sistemas de banca central hacen un favor adicional a los intereses del capital. Ante todo, una exigencia principal de los capitalistas financieros es que se debe evitar la inflación, para permitir rendimientos predecibles en las inversiones. Este es, aparentemente, el objetivo principal de la Reserva Federal y otros bancos centrales. Pero al menos tan importante como este es el papel de los bancos centrales en la promoción de lo que ellos consideran un nivel “natural” de paro – hasta los años 1990, alrededor del seis por ciento. La razón es que cuando el paro desciende por debajo de esa cifra, el trabajo se hace cada vez más exigente y exige mejor paga, mejores condiciones de trabajo y más autonomía. Los trabajadores no están tan dispuestos a aguantar la mierda del jefe cuando saben que pueden encontrar un trabajo tan bueno como ese al día siguiente.

Por otra parte, no hay nada más efectivo para conseguir una opinión como el conocimiento de que la gente está obligada a aceptar tu empleo.

“La prosperidad” de Clinton es una aparente excepción a este principio. Como el paro amenazó con caer por debajo de la señal del cuatro por ciento, una minoría de la Reserva Federal estaba deseosa por elevar los tipos de interés y salir de la presión “inflacionista” lanzando unos cuantos millones de trabajadores a la calle. Pero como declaró Greenspan ante el Comité de Banca del Senado, la situación era única. Considerando el grado de inseguridad del trabajo en la economía de alta tecnología, existía un “retraimiento típico sobre el aumento de la recompensa”. En 1996, aun con el mercado de trabajo ocupado, el 46% de los trabajadores de grandes corporaciones temían ser despedidos- en comparación con solo el 25% de 1991, cuando el paro era mucho mayor.

La reticencia de los trabajadores a dejar sus empleos para buscar otros, se demuestra, mejor que por el nivel de empleo, por la tendencia hacia contratos sindicales más largos. Durante muchas décadas, los contratos pocas veces excedían de tres años. Hoy uno puede ver contratos de cinco –e incluso seis- años, que se caracterizan comúnmente por un énfasis sobre la seguridad en el puesto, lo que implica aumentos de salario solo modestos. El bajo nivel de paro de años recientes da testimonio del asunto de la seguridad de mantener el empleo. 68

Así, la buena voluntad de los trabajadores durante el “boom” de Clinton para negociar aumentos menores de salarios en pos de la mayor seguridad del puesto de trabajo parece estar razonablemente bien documentada. Para los patrones, la economía de alta tecnología es lo segundo mejor que les puede pasar, después del alto paro para mantener nuestra sumisión. “La lucha contra la inflación” se traduce en la práctica en la inseguridad creciente de los puestos de trabajo y en la menor capacidad de los trabajadores para protestar o buscar nuevos empleos.

Mutualismo, interés, escuela austriaca y crédito gratuito

 

 

 

El interés

Desde la polémica entre Proudhon y Bastiat, pero sobretodo a partir de la definición austriaca del interés y su teoría del ciclo económico, el mutualismo ha sido despreciado e incomprendido por muchos de los que tenían alguna noción de economía, y sus proclamas contra el interés y a favor del crédito gratuito han sido vistas como populistas e inviables, por lo que me veo obligado a aclararlas.

 

 

 

La Escuela Austriaca de Economía define el interés como el producto de las preferencias intertemporales de los individuos. Esto quiere decir que el ahorro es consecuencia de una preferencia por los bienes futuros sobre los bienes presentes, y el consumo exactamente lo contrario. De la misma forma, la teoría austriaca del ciclo económico nos dice que las crisis son producidas por el Estado, que mediante las expansiones monetarias reduce los tipos de interés artificialmente y, al no variar las preferencias intertemporales de los individuos, las inversiones se dirigen hacia actividades que solo son rentables mientras se mantienen los tipos artificialmente bajos, produciéndose la crisis al subir.

Así, el mutualismo se ha confundido con el “inflacionismo” y el populismo de Estado, y se ha creído que sus pretensiones eran utópicas o perjudiciales. En realidad, lo que los mutualistas pretenden es abolir los requisitos de capitalización, las licencias selectivas del Estado y un sinfín de trabas que permiten a los banqueros actualmente existentes elevar su usura. Pero la reducción de los tipos, consecuencia de la abolición de todas las trabas mencionadas, no alteraría las preferencias intertemporales de los individuos, puesto que la proporción entre bienes presentes y futuros se mantendría, descontando las tasas de monopolio que existían antes. No habría crisis cíclicas. El tipo de interés sería marginal y correspondería únicamente a tales disparidades de valoración entre bienes presentes y futuros, los trabajadores tendrían acceso a los medios de producción, la capacidad de percibir rentas del trabajo se reduciría como consecuencia de la multiplicación de los negocios, los bienes de consumo serían más baratos y, como dice Kevin Carson, la gente no tendría necesidad de trabajar mucho más de media jornada, y podría jubilarse antes.

Para Tucker, por ejemplo, el interés era fruto de un estado primitivo en que la riqueza no está generalizada y, por tanto, “aquellos que no tienen capital estarán dispuestos de obtener préstamos de los que sí dispongan, así como a pagar interés por el uso del capital.” De esta forma, el interés se relaciona directamente con la intervención del Estado, que es el causante de dicho estado primitivo, pues “conforme el capital “prestable” de un país aumenta, la tasa de interés disminuye, y cuando la riqueza acumulada del mundo se hace lo suficientemente grande, nadie paga intereses”.

Y al entender el interés como una consecuencia del estatismo, aunque lo considera legítimo en tanto que voluntario, Tucker lo condena como una consecuencia del Estado, que desaparecerá junto con este.

En cierto modo, esto también se relaciona con Bastiat, al decir que:

“Cuanto más abundante es el capital, más se reduce su parte proporcional en el producto. Y como los capitales, al aumentar, aumentan la facilidad de crear otros, se sigue que la condición del prestatario mejora sin cesar.”

 

Solo que Tucker no achaca el interés a una diferencia de cualidades entre los individuos, que permite que los “más aptos” adquirir antes el capital y cobrar por su uso a los rezagados (es decir, no justifica el status quo), sino única y exclusivamente al Estado. [1]

 

Por otra parte, el interés era para Proudhon el cerrojo que impedía a los trabajadores acceder a los medios de producción. Pero cuando advirtió que este era, en su mayor parte, producto del monopolio, tomó la bandera de la competencia para reducirlo, labor que consideró “revolucionaria”, ya que “la aubana [interés, renta, usura] disminuye en proporción al aumento del número de socios”.

 

 

El crédito gratuito

 

En la cuestión del crédito gratuito, Bastiat opone dos objeciones.

En primer lugar, que si el banco entrega billetes a todo aquel que se presente en él, dichos billetes se depreciarán y todo quedará igual (salvo el banco, que quebrará).

En segundo lugar, que si el banco selecciona a sus prestarios y pide avales, solo los ricos podrán acceder al crédito gratuito y los proletarios quedarán igual.

 

Lo cierto es que el propio Proudhon, con la ayuda de Jules Lechevalier ya resolvió aquel problema con unos mecanismos que llamó “sindicatos de producción”, que se encargaban, además de formar cooperativas de trabajadores, coordinarlas, etc. de “negociar y avalar los préstamos de cada corporación especial respecto al Banco del Pueblo, en el buen entendido de que las únicas garantías serán, en capital, la vida del trabajador evaluada equitativamente, y en la circulación corriente, las obligaciones de mano de obra”.

De esa forma, el Banco del Pueblo –que no tendría por qué imprimir billetes, sino simplemente aglutinar los ahorros de los obreros- concedería préstamos a sus socios-clientes tan solo con la promesa de que le sería devuelto con la producción futura, tal y como proponía William Greene.

De hecho, los exitosos bancos del premio nobel Muhummad Yunus funcionan así: los prestatarios son a su vez dueños mayoritarios (94%) del banco, con lo que el interés se lo cobran a sí mismos; no tienen ninguna clase de aval a la hora de recibir los créditos, y forman “grupos de apoyo” con gente afín, que podrían equipararse a los “sindicatos de producción” de Proudhon y Lechevalier. Estos “grupos de apoyo”, en palabras de Yunus crean incentivos para que los prestatarios se ayuden mutuamente para salir adelante en sus negocios, logrando que cada uno sea más fiable, ya que el grupo realiza la tarea de supervisión –pues si un miembro falla el grupo entero pierde el derecho a crédito.

 

“La presión de sus iguales –sutil a veces y no tan sutil otras- mantiene a cada miembro del grupo en sintonía con los objetivos generales del programa de créditos. Al mismo tiempo, la adquisición de una cierta sensación de competencia intergrupal e intragrupal anima también a los miembros a desarrollar más a fondo su potencial.”

El proyecto de Yunus se ha extendido por todo el mundo y hoy día atiende a millones de personas, ha ayudado a desarrollar la región de Bangladesh y ha suministrado tecnologías –móviles, etc.- a sus socios para ayudarles a expandir sus negocios.

También en Suecia existe una cooperativa de crédito en expansión con más de veinte mil socios.

En general, podemos concluir que la abolición del interés, entendida como una reducción drástica del mismo por la competencia o como consecuencia de una red de cooperativas de crédito y bancos de microrcéditos es completamente viable.

[1]: En la famosa polémica, Bastiat comparaba a los proletarios con ciegos y con niños, y a los capitalistas con videntes y adultos que debían ayudarlos a salir de la miseria.

Ethos del Dinero

Basado en el futuro del dinero de bernard leitear

El dinero constituye una forma de organizar nuestra vida en el plano material; es un invento, un artificio muy necesario e ingenioso, pero en ultima instancia no es más que un producto de la mente humana – Jacob Needleman

Los sistemas convencionales de monedas nacionales promueven un ethos competitivo en todos los aspectos de la vida económica, estos valores trascienden mas allá de la vida económica, en todo: religión, educación, familia, amigos, comunidad, salud, etc. Es decir, que estos valores que tiene el dinero en la forma en que funciona se van filtrando en todo , y, como dice el refrán, “el dinero no es lo más importante de la vida pero tiene que ver con todo lo más importante”, o de forma más popular como dicen en mi tierra “el dinero no hace la felicidad pero la imita que da miedo”. Esta evidente relación del dinero en nuestras vidas hace que la forma en que nos relacionemos tenga una cuota de esa competitividad que el dinero propicia, sin descartar, claro, la natural afición del hombre por la competencia, el punto es que esa competencia es exagerada en varios campos en que la sociedad y el individuo no lo necesitan.

¿Qué produce esa competitividad? Una de las características del dinero es que su valor se regula por su escasez, es decir, existe un mercado de divisas, véase una bolsa de valores para divisas nacionales, además de un mercado de préstamos al interior del país , que regulan el precio del dinero (interés) dentro de su territorio nacional, y, además, un equilibrio con la divisa internacional (el dólar). Pero no quiero entrar en explicaciones de cómo funciona el dinero, sino más bien de cómo influye este en nuestro comportamiento.

Por ejemplo, a nivel laboral, desde la época de Keynes todos saben que escasez de trabajo es escasez de dinero, y eso hace que se aplique la ley de oferta y demanda sobre los sueldos de los trabajadores e influya en el nivel de vida de estos. Obviamente a mayor oferta de empleados menores son los sueldos que los patrones pagan, y si bien los neoliberales, liberales y conservadores dicen que esto puede revertirse, que yo sepa nunca se ha dado.

Elegimos nuestra actividad principal del día según el potencial dinero que vamos a recibir, es decir, nuestro sueldo manda sobre nuestros gustos o vocación, lo cual también influye sobre nuestra salud y nuestra realización personal. Mientras más bajos sean nuestros ingresos, más influencia tendrá el dinero sobre nuestra vida, y esto suele pasar también con los jóvenes profesionales que, saliendo de la universidad, tienden a ocupar puestos para los que están sobrecalificados, o que no corresponden a su carrera o especialidad.

Otros ejemplos de cómo influye el dinero o, mejor dicho, los valores intrínsecos de este en otros niveles de relaciones puede ser la forma en que medimos el éxito personal, que por lo general implica éxito económico, que no es la única forma de realización personal que se pueda tener, ¿que cosas escogemos según el nivel de éxito que tengan las personas? Amigos, vecinos, relaciones sentimentales… no estoy hablando de frivolidades, son cosas que tenemos dentro culturalmente, son inconcientes , no importa si elijes hacia arriba o hacia abajo, es decir, no importa si elijes a alguien por su mucho o su poco éxito, el punto es que se ha convertido en un indicador .

También el nivel de inteligencia es medido por el éxito, se da por descontado que el más inteligente es el que gana más, algo del todo falso, pues todos saben que hay otras actitudes que puede ser tan importantes o más que la capacidad o las capacidades que se requieren para ganar dinero en los negocios. Este punto está ligado al concepto de la “lucha de las especies” a nivel social, o el más apto socialmente es el que sobrevive. En el caso del mundo moderno, el más apto es el que más recursos puede disponer para sobrevivir, y todo esto es relativo al medio, social o ambiental, en el que nos desenvolvemos -en nuestro, caso el capitalismo- y con ello quiero decir la competencia a la que el dinero nos somete.

Si todo esto y muchos más factores de vida están ligados a los valores que del dinero se filtran, la pregunta siguiente sería , ¿solo es posible que el dinero promueva esos valores, es decir, el dinero podría tener otras características?

Diferentes dineros, diferentes objetivos

Las personas que aseguran que algo no se puede hacer no deberían impedir que lo hagan quienes ya están haciéndolo – Jack Canfield y Mark Victor Hansen

El dinero no ha funcionado siempre como hasta ahora a lo largo de la historia, es producto de una evolución social. Como en la evolución natural no hay una mano rectora, tampoco la hay en la evolución del dinero, sino que es un equilibrio entre las fuerzas de poder -político, financiero, etc.- y sus intereses en sus respectivas épocas, las que dieron al dinero su perfil actual. Tampoco el dinero convencional, ya sean dineros nacionales o supranacionales, es el único que existe en la actualidad.

Luego de la decadencia de las monedas complementarias en el mundo entero que hubo después de la Segunda Guerra Mundial , los años noventa vieron un boom de dineros complementarios a nivel mundial: Canadá , Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Japón , Argentina, EEUU, Europa en general y comunidades en todos estos países desarrollaron sus propios dineros complementarios.

De esto se debe desprender la idea de que el dinero podría funcionar bien con diferentes características, con otros valores, que, de hecho, están instalados a través de sus características , así, con esas características diferentes, variamos también los valores y prioridades y, por ende, nuestra relación con el dinero y la influencia de este en nuestras relaciones interpersonales cambiará.

Si les suena sin pies ni cabeza o desquiciado, un cuadro de las características de los dineros complementarios que están en funcionamiento en la actualidad podría ayudarnos:

Sistema

Unidad

Tipo de emisión

características

Principal ventaja

Monedas nacionales

Dólar, euro, yen, pesos

Monedas fiduciarias emitidas por los bancos supervisados por el banco central

Basadas en el sistema de endeudamiento impulsadas por intereses

Curso legal

LETS

1 dólar verde =1 dólar

Crédito mutual

Sistema mas difundido en la actualidad

Simple para fijar precios (unidad:$1)

Time Dollars

Hora servicio

Crédito mutual

Tasa de cambio fijo 1 hora= 1 hora

Es el sistema mas simple

WIR

1 Wir= 1 franco suizo

Crédito mutual + prestamos centralizados

Moneda fiduciaria

Sistema mas duro (2 millones de euros por año)

Horas Ithaca

1 hora = 10 dolares

Moneda fiduciaria emitida por la comunidad

La cantidad debe ser gerenciala

Fácil de usar (billetes de papel)

Moneda japonesa para la atención de la salud

Horas de servicio

Gobiernos locales sin fines de lucro

Compensación o clearing nacional

Servicios de atención exentos de impuestos

Tlaloc

1 tlaloc = 1 peso mexicano

Crédito mutual

Emitidos por cheques

Tecnología simple (sin necesidad de computadores o teléfonos)

Rocs

Horas de servicio

Crédito mutual

Tasa de cambio negociable con “oxidación”

Síntesis de los rasgos mas sólidos de las demás monedas

  Cada uno de estos sistemas posee rasgos que, según las circunstancias, pueden considerarse cualidades o defectos, la paridad entre la nueva unidad de moneda complementaria con la de moneda nacional, puede ser más fácil de usar, pero puede también ser menos efectiva en tiempo de crisis monetaria de la moneda convencional, en cuyo caso la paridad con el patrón universal hora sería la mejor opción. También si la moneda es del tipo fiduciaria o por sistema de crédito mutuo, esto define, por ejemplo, el orden organizacional de la sociedad, pues si es fiduciaria habría que tener una autoridad central: el banco central comunitario, o la comisión reguladora de emisión o “Pablo Pérez” el contador del pueblo, cosa que hace que la comunidad dependa de las capacidades técnicas de esta autoridad central para determinar cuánto dinero se emite, o de lo contrario, con el sistema de crédito mutuo donde la cantidad de moneda no da margen a error, esta se crea con cada transacción. También si se utiliza un sistema de oxidación relacionado al tiempo, toda la comunidad se transforma automáticamente en promotora de su circulación, con respecto a esta parte y como una posible contestación a los detractores del sistema de oxidación que ven en esta un problema : por ser engorroso el sistema de estampillas, la emisión o puesta en circulación y retiro de circulación de billetes cada cierto tiempo. Con las tecnologías actuales, estos inconvenientes pueden eliminarse con facilidad y eficacia: como una recomendación adicional para la mayor parte de las aplicaciones actuales se cobre un arancel cercano al 1% mensual. Es probable que valores mucho menores no surtan efecto en los patrones de conducta, y que los mucho mayores hagan que la gente se escude en la sobrestadía u oxidación para negarse a aceptar la moneda. Este aspecto debería ajustarse después de un periodo de experimentación. Una ultima razón que justifica la implantación de la sobrestadía en los sistemas monetarios es que contribuye a que se preste atención a los asuntos de más largo plazo. (ese tema se puede desarrollar en un futuro artículo).

Entonces dime cuáles son tus objetivos, y diseñaremos una moneda para poder alcanzarlos ¿de que manera los intereses económicos pueden compatibilizarse con la sustentabilidad a largo plazo?, ¿puede aplicarse un enfoque económico que beneficie por igual al sector financiero, a las empresas y a la sociedad? ¿es preciso que se muera el último pez y se talen todos los bosques para que nos percatemos de que no podemos comernos el dinero?

Instrumentos de persuasión

¿Por qué es preciso cambiar de sistema monetario para alcanzar la sustentabilidad a largo plazo? ¿no existe una forma más directa de lograr este objetivo?

Hay solo tres factores que movilizan a las personas a un cambio de conducta no espontáneo:

1 Educación y persuasión moral.

2 Normas.

3 Intereses financieros.

La historia es testigo de que siempre que los intereses financieros se oponen a las normas, la mayoría de veces terminan ganando aquellos. Ejemplo: trafico de drogas, mercados negros , etc. Ejemplo inversos son el reciclado de botellas de vidrio o latas de aluminio, que dieron resultado siempre que se conjugaron los siguientes aspectos:

Normas que exigían a la gente reciclara los materiales

Una campaña pública que informara sobre las razones que justificaban la tarea

Y último pero no menos importante, el reembolso de 5 o 10 centavos de dólar por unidad

No es mi intención proponer que las monedas complementarias sean una solución suficiente para los complejos problemas de la sociedad en la era de la información, es solo que las monedas complementarias son, en potencia, una herramienta importante, hasta ahora con frecuencia soslayada, y que merecen mayor atención de lo que le hemos prestado. Dada la escala previsible que tendrán los problemas sociales durante las próximas décadas, ¿es sensato ignorar un instrumento que ha demostrado ser eficaz? además de potencialmente puede ser una herramienta de autonomía, protección de las comunidades, y puede llegar a convertirse en herramienta esencial de las causas anarquistas.