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Sanidad Universal no es Sanidad Estatal

Rad Geek

Charles Johnson, también conocido como Rad Geek (el Friki Radical) es un prominente libertario de izquierdas, que pone especial énfasis en los aspectos culturales izquierdistas. Para él, alcanzar una sociedad libertaria, en la que no exista la agresión institucionalizada, es quedarse a medio camino. Es preciso promover unos valores culturales de izquierdas que prevengan contra formas no violentas de opresión y contra la reaparición de la coerción. Contra el machismo, feminismo, contra el poder de los jefes, solidaridad obrera, y un largo etcétera. Quedaos con el nombre, probablemente dará más guerra en el futuro.

El pasado mayo publicó en su blog una nota sobre la sanidad universal que a continuación traduzco. El texto apareció originalmente en septiembre de 2011 en un comentario a un pequeño artículo de Matthew Yglesias, un liberal – socialdemócrata – con algunas simpatías libertarias. Es una respuesta a un comentario anterior favorable a una sanidad universal:

Si te opones a la sanidad universal, por definición estás a favor de que la gente que no puede permitirse una cobertura sanitaria muera.

La mayoría de los conservadores han aprendido a no decir estas cosas en público, pero por supuesto es en lo que creen.

—ds_at_yglesias, 15 de septiembre de 2011, 7:39pm

A lo que responde Johnson:

Quizá. (Ciertamente, hay muchos conservadores que se sienten demasiado cómodos con – e incluso están entusiasmados por – gran parte del sufrimiento innecesario de este mundo.)

Pero espero que te des cuenta de que no todo el mundo que está a favor de la sanidad universal apoya la sanidad estatal, y no todo el mundo que está en contra de la sanidad estatal se opone a la sanidad universal. Lo uno podría seguirse de lo otro si la única manera de tener una cobertura universal fuese por medio de una garantía política de cobertura. Pero esto no es así: hay gente que está en contra de la sanidad estatal porque cree que la sanidad corporativa es estupenda y les da igual que la gente muera; pero hay gente que está en contra de la sanidad estatal porque están a favor de una cobertura universal no estatal y no corporativa por medio de organizaciones sociales de base y del apoyo mutuo comunitario. (Véase por ejemplo http://radgeek.com/gt/2007/10/25/radical_healthcare/ o la parte final de http://www.fee.org/the_freeman/detail/the-health-care-debate-was-meaningful/.)

Por supuesto, esto deja abierta la cuestión de si ellos (nosotros – soy uno de ellos) están en lo cierto respecto a la mejor manera de conseguir una cobertura universal. Quizá los medios sociales son inadecuados; o quizá hay alguna razón, que todavía no se ha mencionado, por la cual el control estatal es preferible, como medio para conseguirla, a las asociaciones voluntarias de apoyo mutuo. Pero sea la postura correcta o incorrecta, ciertamente no se puede responder simplemente eliminándola del vocabulario, como haces cuando asumes que las únicas alternativas disponibles son (1) cobertura corporativa sólo para aquellos que se lo pueden permitir; o bien (2) cobertura universal por decreto; como si no hubiera un (3) cobertura universal por medios no estatales.

—Charles Johnson, 16 de septiembre de 2011, 10:32pm

Leyendo otros textos suyos, parece que lo que Charles Johnson propone es una combinación de asociaciones de apoyo mutuo que proporcionen cobertura sanitaria asequible, y una sanidad universal gratuita en la línea de la actividad de la Cruz Roja o de Médicos Sin Fronteras.

Esto es similar en cierto modo a lo que están haciendo ciertos médicos del Estado español con el apoyo del 15-M. Con el Real Decreto-ley 16/2012 del pasado abril se introdujeron un buen puñado de recortes y reformas en la sanidad del Estado español. Entre ellos, en un cambio sin precedentes, la sanidad ha dejado de ser universal desde septiembre. Ahora ya no se atiende a los inmigrantes sin papeles de forma gratuita, pero algunos médicos “objetores” les están atendiendo a pesar de ello. Si esto se convirtiera en una red contraeconómica de médicos fuera de las estructuras del Estado, dispuestos a atender a inmigrantes y a otras personas económicamente excluidas, creo que tendríamos un ejemplo de lo que propone Johnson. Aunque es terriblemente improbable que ocurra.

Creo que las asociaciones cooperativas para proporcionar sanidad a sus miembros tienen mucha importancia para delinear una sociedad libertaria. Por otro lado, las organizaciones que proporcionan sanidad gratuita pueden ser muy adecuadas en desastres naturales y otras situaciones de emergencia, pero son, al fin y al cabo, una forma de beneficencia. En la mente de la mayor parte de la población española, cualquier amago de disociar la sanidad de los mismos políticos y burócratas que nos explotan, es equivalente poco menos que a permitir que haya personas moribundas y agonizantes tiradas en la calle. Me parece que la beneficencia no es una opción muy atractiva ni muy sólida como alternativa al estado de bienestar, cuando se nos echa en cara qué ocurriría en un mercado libre con aquellas personas que tengan enfermedades graves y no están cubiertas, ya que les sigue dejando en una situación de dependencia.

Probablemente sea factible una solución mutuamente beneficiosa entre los seguros médicos y aquellas personas que, por las causas que sea, se encuentren con una enfermedad grave y sin cobertura. Por ejemplo, se puede llegar a un acuerdo para que el paciente, o sus familiares, se comprometan a contratar el seguro en el futuro durante un número acordado de años. Los seguros mutuales probablemente serían más solidarios y por tanto estarían más dispuestos a llegar a este tipo de acuerdos.

También solucionaría muchos problemas que los seguros privados sean, al menos parcialmente, de capitalización individual, es decir, que una parte de la cuota periódica se ahorre para futuras contingencias. De este modo, si el asegurado capta una enfermedad terminal, o crónica, puede recurrir al dinero ahorrado, y la compañía no le negaría el servicio. Por supuesto, muchos seguros privados actualmente hacen lo posible por escaquearse de cualquier responsabilidad sobre sus asegurados.

A esto hay que añadir, además, que en una economía de mercado sin intervención del estado cabe esperar que los salarios sean más altos, los productos – también la sanidad – más baratos de mejor calidad, y las condiciones laborales mejores.

 

Descentralización y mutualización de los servicios “públicos”


Este es un capítulo del ensayo de Kevin Carson aparecido en la web de la Alliance of the Libertarian Left titulado Un programa político para los anarquistas. Creo que rescata el proyecto de Larry Gambone (mutualize!) de devolver a las comunidades los bienes del Estado, privatizándolos para sus consumidores. Es muy interesante por varios motivos: uno de ellos es que resuelve de una vez el problema de la colonización de los bienes estatales, ya que posibilita un reparto igualitario de los mismos sin necesidad de ningún “organismo centralizado” –en ese aspecto me recuerda al eterno debate entre Stiwie y WG. Y por otra parte, el artículo, además de mostrar un camino para acabar con el Estado, puede ser una respuesta eficaz a la objeción clásica al mutualismo (o a cualquier otro anarquismo de mercado) de “¿qué haréis con los que no pueden valerse por sí mismos?” puesto que es evidente que unas organizaciones barriales como las que propone Carson son mucho más proclives a ese tipo de beneficencia que las empresas privadas de las que suelen hablar los anarcocapitalistas. Sin más, ahí va.

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DESCENTRALIZACIÓN Y MUTUALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS “PÚBLICOS”

La policía, los servicios públicos, la salud y los servicios de bienestar deberían ser delegados íntegramente a la comunidad o al nivel de la vecindad, y controlados siempre que sea posible desde una base cooperativa con el control del “cliente”. Al mismo tiempo cada unidad demográfica de unos miles de personas – pequeñas ciudades y barrios urbanos – debería organizar el gobierno sobre el modelo de una democracia directa, con reuniones públicas y comisiones de consejeros municipales, para ejercer el control de tales funciones de gobierno.

Las comisiones estatales para las escuelas de las grandes ciudades deberían ser eliminadas, y cada escuela se convertiría en una cooperativa de consumidores, con el director y el personal convertidos en “consejeros municipales” responsables ante los padres. Intenté calcular la matrícula mínima para una educación de calidad, suponiendo que los padres de veinte o treinta niños reunieran su propio dinero para formar una escuela cooperativa. Teniendo en cuenta cosas como el alquiler de una casa para el espacio de clase, y contratando al profesorado, el costo anual no sería de más de 1500 dólares por niño.

Existiendo colegios “públicos”, por otra parte, se gastan más de 6000 dólares. La mayor parte de la diferencia radica en la proliferación de burócratas parásitos con salarios de prestigio, y en el hecho de que la aureola de majestad del Estado requiere diseñar arquitecturas estalinistas en los terrenos más caros de la ciudad.

Este es un modelo común. Cuando tratas de calcular cuánto costaría organizar este servicio para ti, y lo comparas con lo que pagas, resulta increíble. ¿A dónde va todo el dinero? Va a financiar la burocracia parásita centralizada, que no tiene incentivos para ahorrar. Es asombroso lo creativa y ahorrativa que puede ser la gente corriente cuando gasta su propio dinero, en lugar de botines robados.

Los hospitales “públicos” y municipales deberían ser hechos públicos de verdad y organizados bajo una base cooperativa, con los encargados de la administración directamente responsables ante quienes los usan. Me gustaría ver la reacción de los burócratas de oficina, que rezuman tópicos zalameros sobre los “servicios públicos”, cuando averigüen que el público es realmente quien manda.

Pero la cuestión del control es sólo un primer paso. En última instancia, tenemos que alejarnos de nuestra adoración ciega de la autoridad protectora, y nuestra creencia de que “los expertos” están en un edificio grande de cristal y acero. Como en el caso de los colegios, la descentralización a nivel vecinal causaría ahorros masivos. Y adquiriendo responsabilidades sobre nuestra propia salud se reduciría considerablemente la demanda de hospitales. Preveo una clínica en cada barrio, propiedad de sus pacientes, con un personal mínimo de MDS y muchas más enfermeras y paramédicos para dar cuidados básicos a domicilio. Sería una mezcla de la Clínica Cooperativa de Berkeley y el chino “doctores descalzos.”

Hasta donde es posible, se pondría más atención en la prevención, y la integración de medicina alopática, neuropática y alimentaria. Cuando tales métodos no fueran suficientes, los miembros de las clínicas locales tendrían acceso a equipos más especializados de alta tecnología, propiedad conjunta de todas las cooperativas barriales de una región. El plan de estudios de la facultad de medicina se parecería más a lo propuesto por Andrés Weil, que a lo propuesto por la industria farmacéutica.

El objetivo último en cada caso es el de organizar estos servicios de forma voluntaria, con la base del coste, financiados por honorarios de los usuarios y deudas en lugar de impuestos, y así eliminar la distinción entre el Estado y la sociedad. Pero la viabilidad de hacer esto a corto plazo varía en cada caso, y en algunos debe esperar a la liquidación final del Estado. Algunas cosas, como la educación, no pueden ser llevadas desde una base voluntaria y de costos hasta que la liquidación del privilegio cause una distribución más igualitaria de riqueza.

Un candidato para la reorganización inmediata en base a los costos son las utilidades (N. T: los servicios de gas, agua, electricidad, etc.). La mayor parte de los incentivos de la extensión urbana son falsos, en el sentido de que fuerzan a los habitantes de áreas más antiguas y centrales, a pagar tarifas más altas para subvencionar a aquellos que se instalan en nuevas áreas (con la división por zonas de códigos contra los tenderos vecinos y el desarrollo de varios otros tipos de empleos, que también deberían ser suprimidos). La eliminación de las subvenciones a los combustibles fósiles y a la energía nuclear, y a empresas de utilidades (gas, agua, electricidad, etc.), con el control por los contribuyentes en pequeñas unidades de toma de decisiones, será un incentivo poderoso a la conservación y el empleo de energías alternativas. Muchos decidirían dejar la red (de gas, agua, electricidad…) en parte o totalmente, y cavarían sus propios pozos, generarían su propia energía, o sus desperdicios orgánicos.

En el caso de la policía y los servicios de bomberos, se debería tender hacia la incorporación de ciudadanos voluntarios en las organizaciones regulares. En cierto modo, esto es similar a la práctica de algunas cooperativas de requerir que sus miembros realicen ciertos servicios ellos mismos para evitar la creación de una jerarquía que comiera a costa de los asalariados. El fomento de extender la propiedad de armas de fuego como una fuerza disuasoria es un modo de reducir hasta donde es posible la necesidad de una policía organizada. El fomento de organizaciones de defensa de barrio armadas, a cargo de la policía “oficial”, interviene igualmente en la dirección correcta.

En algún punto tales organizaciones benéficas deberían combinarse con las organizaciones “públicas”, con las tropas comitatus (N.T: no entiendo qué quiere decir aquí, “comites” es “compañeros” en latín) suplantando completamente la aplicación profesional de la ley. Combinado con jurados libres locales autorizados a juzgar tanto la ley como los hechos, y con milicias populares, sería en buena medida una vuelta al ideal anglo republicano libertario del siglo XVIII.

La administración local y los servicios sociales son un área en la cual las bases “contrainstituciones” pueden ser sobre todo eficaces en la coordinación con el movimiento político. Las asambleas vecinales, vigilantes de policías/ organizaciones de guardia del barrio, uniones de arrendatarios, etc., las formas de organización de las comunidades locales son un modo excelente de formar el núcleo de un futuro sin Estado. Tales organizaciones pueden coordinar sus actividades con cooperativas vecinales, bancos mutuos, y pueden emprender proyectos de energías alternativas y autosuficientes. Experimentos más tempranos como las cooperativas de Berkeley, el programa de leche de la escuela Pantera Negra, o la Organización de Adams-Morgan (detallado en Community Technology de Karl Hess) son modelos excelentes que añadir.

Hay una muy amplia área en la cual la política descentralista y populista de Karl Hess se superpone con la de Lorenzo Komboa Ervin; existe un frente demasiado amplio para suprimir el Estado, si una comunidad fuerte lo apoya.