mutualismo.org

Libre mercado anticapitalista

El avión autogestionado

Posted By Victor L. on June 30, 2009

el futuro del trabajo

Buscando por Internet El futuro del trabajo de Thomas Malone, me he topado con un pequeño artículo sobre una de las conferencias que dio el autor en Barcelona para promocionar su libro. Junto con otros managers como Gary Hamel o sociólogos como Manuel Castells, Thomas Malone apunta a las repercusiones de las nuevas tecnologías y la “sociedad de la información” sobre la organización del trabajo.

Al parecer uno de los ejemplos que citó de su “gestión flexible” es un experimento virtual en el que los tripulantes de un avión virtual lograron conducirlo de forma descentralizada sin necesidad de un comandante en jefe. Supongo que el caso estará convenientemente descrito en el libro, pero por ahora es todo lo que tengo (prometo publicar más tan pronto como lo consiga):

¿Es posible sobrevivir a un vuelo en un avión pilotado por un amplio grupo de personas en lugar del habitual comandante? El experimento ya ha sido realizado con el público de una conferencia. Un grupo de la audiencia podía controlar con una paleta que un avión virtual subiese o bajase, enfocando hacia la pantalla la parte verde o roja, respectivamente. Con el mismo procedimiento, el resto de personas controlaban que el avión se moviese hacia derecha o izquierda. ¿El resultado? El avión no sólo no topó contra ningún obstáculo virtual, sino que consiguió recoger los puntos extra repartidos por el itinerario. Este ejemplo demuestra que ofrecer a los empleados libertad, motivación y flexibilidad, así como fomentar su creatividad, puede redundar en mayores beneficios para las empresas.

Mientras tanto, podéis deleitaros con este enlace (pinchad aquí).

El vínculo militar-industrial (II): el caso alemán

Posted By Victor L. on June 27, 2009

cartel hitleriano

Se me había pasado este post de Raskolhnikov en el foro sobre el caso de Siemens durante la época de Hitler.

En el artículo anterior mencioné el caso de Alemania refiriéndome principalmente al periodo posterior de la unificación –las últimas décadas del siglo XIX-, cuando Otto von Bismarck trató de crear un Estado poderoso a través de la protección arancelaria y las ayudas a las industrias estratégicas (ya sabéis, aquellas que podrían reconvertirse fácilmente en industrias de armamento: pesadas, siderúrgicas, etc.) y las subvenciones a los ferrocarriles en dirección al extranjero para crear una “potencia industrial exportadora”. Posteriormente gobiernos de distinto signo –incluido socialdemócratas- crearon y ampliaron las escuelas técnicas necesarias para manejar esos dinosaurios empresariales.

Si todas esas medidas hicieron despegar a la economía corporativa, el nazismo de Hitler y su capitalismo monopólico totalmente cartelizado la asentaron definitivamente.

En el artículo que enlazaba Raskolhnikov se pasa revista a la relación de la empresa eléctrica –ahora también electrónica- Siemens con el fascismo. Pego algunas citas:

Acomodándose a la situación, la empresa comenzó su reconversión, y en 1937 el 85% del potencial productivo se utilizaba directa o indirectamente para producir componentes militares.

Siemens fue un gran proveedor de los nazis, y como consecuencia de la guerra, mientras Europa entera se empobrecía, el volumen de negocio de la empresa se quintuplicó.

Sobre el uso de esclavos:

En 1940 Siemens comenzó a utilizar trabajadores forzados. […]
Los primeros esclavos fueron judíos. En 1941 trabajaban 3.500 judíos en las fábricas de Berlín, y más en otras ciudades, pero comenzaron las deportaciones y en 1943 se llevaron a los últimos a los campos de la muerte.

El caso me recuerda terriblemente a la economía romana, donde una oferta ingente de esclavos como consecuencia de la guerra permitió ampliar las manufacturas de una forma artificial.

Muchas otras compañías como Wolkswagen fueron también engendradas por el capitalismo fascista de aquella época.

El vínculo militar-industrial

Posted By Victor L. on June 26, 2009

fabrica de tanques

“Después de todo, el mayor baluarte del capitalismo es el militarismo. Desde el mismo momento en que éste último sea minado, el capitalismo se tambaleará” – Emma Goldman.

Una de las versiones más ingenuas del patriotismo contempla el gasto militar como una cuestión de “seguridad nacional”, en lugar de cuestionarlo como una transferencia de riqueza desde las clases productivas –la gran mayoría de contribuyentes- a la clase parasitaria de burócratas y corporaciones.

Luciano Segreto, en su ensayo sobre la industrialización italiana, expone el concepto de “spin-off” aplicado a la relación militar-industrial de Clive Trebilcock, que supone

una forma de transferencia de tecnología a través de la industria de armamentos, pública y privada, en la cual la investigación científica, ricamente financiada por el Estado, genera innovaciones válidas no solo para fines militares, sino también para elevar el nivel de las prestaciones del sector manufacturero civil de la economía.

En otras palabras: al coincidir las necesidades estructurales del Estado militar y la gran industria, el aparato logístico del primero tiende a sentar las bases del segundo, debido a que ambos comparten características similares como organizaciones centralizadas: la utilización intensiva de maquinaria, de técnicos y de medios de distribución o comunicación.
Como consecuencia, también comparten las mismas necesidades de medios económicos en I+D (investigación y desarrollo) para ampliar y modernizar la maquinaria; de escuelas y universidades públicas para multiplicar y abaratar el trabajo técnico; y de infraestructuras de transporte para desplazar a las tropas o distribuir las mercancías.

Sobre la ampliación de la maquinaria, las subvenciones de I+D y las contratas con el aparato militar, menciona Kevin Carson:

Un primer paso para comprender el monumental efecto de la guerra en la economía es considerar que el valor total de plantas y equipo en los Estados Unidos se incrementó en alrededor de dos tercios (de 40 a 66 billones de dólares) entre 1939 y 1945, gran parte de lo cual fue regalado por el contribuyente para sufragar inversiones forzadas del país a las grandes corporaciones. El beneficio fue virtualmente garantizado en la producción de guerra a través de los contratos de “cost-plus”. Además, como dos terceras partes del gasto federal en I+D fue canalizado hacia los 68 laboratorios privados más grandes (el 40% de ellos entre los diez más grandes), acaparando las patentes resultantes las compañías que cumplieron la investigación bajo contratos gubernamentales.

A través del complejo militar-industrial, el Estado ha socializado una gran parte –probablemente la mayoría- de los costes de investigación y desarrollo de las empresas “privadas”. Y el papel del Estado como comprador del excedente de producción económica es eclipsado por su papel al subsidiar los costes de investigación, como apuntaba Charles Nathanson. La investigación y el desarrollo fueron en buena medida militarizados por el “complejo militar de I+D” en la Guerra Fría. La I+D militar frecuentemente resulta en tecnologías básicas y de uso fundamental con amplias aplicaciones civiles. Las tecnologías originalmente desarrolladas por el Pentágono se han convertido frecuentemente en la base para categorías enteras de bienes de consumo. El efecto general ha sido eliminar el área de mayor riesgo del capitalismo: el desarrollo y la experimentación con nuevos procesos de producción o nuevos productos.

[…] La I+D militar frecuentemente se usa para desarrollar tecnologías de producción (como los sistemas de control automático en la industria de máquinas herramienta) que se convierten en la base de los métodos de producción a lo largo del sector civil.

En el ámbito de la educación, podemos pensar en las escuelas técnicas estatales de finales del siglo XIX y principios del XX de Estados Unidos, Rusia o Alemania descritas por Kropotkin en Campos, fábricas y talleres, y desarrolladas en paralelo a la gran industria. No es de extrañar que los altos mandos de ambas esferas hayan circulado de una a otra sin demasiados problemas.

En cuanto a las infraestructuras de transporte, el caso más conocido es el sistema de autopistas alemán durante el III Reich que terminó sirviendo a la gran industria a pesar de ser ideado con fines militares, aunque también existen muchos otros ejemplos como la marina de guerra británica, que subvencionaba su flota comercial con el pretexto de proteger el imperio –inflando el tamaño de las fábricas como consecuencia-.

En mayor o menor medida, todos los países industrializados han protegido de algún modo sus industrias estratégicas como la siderurgia o la maquinaria pesada para reconvertirlas eventualmente en industrias de guerra disponibles para fabricar armamento. En Italia fueron comunes los altos aranceles y las ayudas estatales, tal y como apunta Luciano Segreto en La industria de armamento y el desarrollo económico italiano (1861-1939), y esa fue una estrategia corriente seguida por otros países como Japón, Alemania o la España de Miguel Primo de Rivera y Franco.

Como indica acertadamente Félix Rodrigo Mora en Naturaleza, ruralidad y civilización:

En contra de la absurda teoría de que el desarrollo de las fuerzas productivas tiene, aun bajo el capitalismo, un componente positivo, están los tozudos hechos, que indican que la industria pesada se desarrolló en el siglo XIX con el propósito principal de abastecer a las flotas de guerra y a los ejércitos de tierra en sus aventuras coloniales, hasta el punto de que unas y otros consumían un elevado porcentaje de sus producciones aun en tiempos de paz, como lo prueba D. R. Headrick en “Los instrumentos del imperio. Tecnología e imperialismo europeo en el siglo XIX”.

Es imposible saber cómo sería hoy nuestra economía si el militarismo no hubiera alentado la gran industria (piénsese en las cifras de Carson sobre la industria americana en la II WW), pero sin duda sería de menor escala y menos intensiva en mano de obra técnica y capital. Probablemente el capitalismo se tambalearía, como dice Emma Goldman.

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Libros consultados:

La industria de armamento y el desarrollo económico italiano (1861-1939), Luciano Segreto

Campos, fábricas y talleres
, Piotr Kropotkin

Naturaleza, ruralidad y civilización, Félix Rodrigo Mora

Studies in Mutualist Political Economy, Kevin Carson

Organization Theory, Kevin Carson

Lecciones de management en Cómo conocí a vuestra madre

Posted By Victor L. on June 25, 2009

how i met your mother

Las fallas de la gestión corporativa están tan extendidas que hasta series populares como How I Met Your Mother hacen parodia de ellas.

En el capítulo de La cadena de gritos, uno de los persojanes –Marshall-, que ha sido contratado recientemente por una gran corporación para trabajar como abogado, le cuenta a sus amigos que está afligido por el mal trato que recibe de su jefe. Uno de los amigos, Barney, le muestra su teoría sobre las relaciones corporativas: existe una pirámide de gritos desde la cúspide de la organización que va descendiendo hasta los estratos más bajos. Si Marshall no logra descargar sus gritos en alguien, estará siempre frustrado.

Hasta aquí Cómo conocí a vuestra madre (podéis ver el capítulo directamente aquí, las risas están aseguradas).

La primera aplicación a la teoría de la organización que nos viene a la cabeza es evidente: la jerarquía crea una cadena de frustración que se transmite de arriba a abajo a lo largo de la empresa y desmotiva a los empleados. Los jefes de cada peldaño exigen tareas al jefe inmediatamente subordinado, y este exterioriza sus compromisos en sus extenuados empleados.

Pero existe otra todavía más interesante: las relaciones de poder dentro de la empresa distorsionan la información. Los jefes necesitan vitalmente información del proceso de producción para “mantener el rumbo de la nave”, pero los subordinados la transmiten adulterada para evitar sus reprimendas o ganar sus halagos. Como dice Oliver Williamson en Markets and Hierarchies:

Las distorsiones de comunicación pueden tomar formas tanto defensivas como enérgicas. Defensivamente, los subordinados pueden decir a su supervisor lo que él quiere oír; enérgicamente, informarán de aquellas cosas que quieren que él conozca…  La distorsión para complacer al receptor es especialmente probable cuando el receptor tiene acceso a extensos premios y sanciones en sus relaciones con el transmisor, como en la comunicación ascendente de una jerarquía administrativa…  El efecto acumulativo de las modificaciones en la información a lo largo de los sucesivos niveles de la jerarquía resultan fácilmente en bastas distorsiones de imagen…  y contribuyen a limitar el tamaño de la empresa.

(Lo que explica por qué gurús del management como Peter Drucker establecieron como máximo de jerarquía 7 estratos dentro de la organización, en la época en que Ford y otras tenían más de 15 estratos).

Kevin Carson compara este fenómeno con el juego infantil del “teléfono”, donde los niños se sientan en un corro y transmiten un mensaje de persona a persona hasta que este se hace irreconocible. Todo lo cual resulta en que quienes toman decisiones en las organizaciones autoritarias parten de una base de información completamente irreal.

Como dice Robert Anton Wilson, la verdadera comunicación solo puede darse entre iguales, de modo que pueda fluir en las dos direcciones; gracias a lo cual las organizaciones fomenten la innovación y puedan autocorregirse a través del examen de las sugerencias de su gente.

Y evidentemente, la única organización que cumple este requisito es la cooperativa; el jefe de Marshall debería tomar nota.

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Libros consultados:

Organization Theory: A Libertarian Perspective,  Kevin Carson.

The Practise of Management, Peter Drucker (traducido al castellano como La gerencia de empresas, en su edición de 1972).

El trabajo es una pérdida de tiempo

Posted By Victor L. on June 23, 2009

ejecutivo

La teoría nos dice que dentro de una empresa el tiempo de los trabajadores es asignado a las tareas más rentables en cada momento.
Especialmente a partir del surgimiento de la “gestión científica” de Winslow Taylor y del fordismo, fue calando en el público la creencia de que el staff corporativo podía diseñar los planes de trabajo casi a la perfección. Algunos liberales vulgares, convencidos de esta idea, se dedicaron a predicarla con entusiasmo; Ludwig von Mises ofrece en Burocracia un cuadro significativo:

Los refinados métodos de la teneduría de libros, de contabilidad y de estadística económica proporcionan al empresario una imagen fiel de todas sus operaciones. Este puede apreciar el éxito o fracaso de cada una de sus transacciones. Con la ayuda de esos informes, puede controlar las actividades de todos los departamentos que le conciernen, sin preocuparse de su extensión.

Sin embarco, como corrobora la experiencia diaria de millones de trabajadores, esta suposición peca de una completa ingenuidad.

El exceso de tamaño y jerarquía de las grandes corporaciones inhabilita a sus gestores de saber qué están haciendo realmente sus empleados en cada momento: los gestores son incapaces de percibir toda la información relevante del entorno de la empresa, y cada peldaño de la jerarquía es un obstáculo para el conocimiento del proceso de producción.

Como la organización es incapaz de recompensar la productividad real, crea una medida alternativa en términos de procesamiento de trabajo: el consumo de tiempo, esfuerzo y materiales sustituye a la producción en sí misma como fin empresarial y como medida del éxito.
El proceso racional debería consistir en medir la producción final; a continuación averiguar cuánto se tarda en obtenerla y, finalmente, asignar el tiempo de trabajo a cada empleado. Pero, por supuesto, como la burocracia corporativa es incapaz de cumplir el segundo paso (“averiguar cuánto se tarda en obtener la producción”), debe recurrir al gasto de tiempo como medida para controlar a sus empleados.

En consecuencia, las corporaciones presionan a sus empleados para que se mantengan en el trabajo más tiempo del necesario, y estos se muestran más preocupados en aparentar que trabajan que en cumplir realmente los objetivos de la empresa. Detrás de todo encontramos a unos empleados desmotivados y sin un interés racional en aumentar su productividad.

Aunque cualquier trabajador podría corroborar este hecho, Kropotkin relataba en La conquista del pan una práctica similar en las manufacturas inglesas:

[S]abréis que la regla general de los talleres es que el obrero no haga nunca todo lo que es capaz de hacer. ¡Desgraciado del que al entrar en una fábrica inglesa no siguiese este consejo que le dan sus compañeros! Porque los trabajadores saben que si en un momento de generosidad ceden a las instancias de un patrono y consienten en hacer intensivo el trabajo para concluir encargos apremiantes, ese trabajo nervioso se erigirá en lo sucesivo como regla en la escala de los salarios. Por eso, en nueve fábricas de cada diez, prefieren no producir nunca tanto como podrían. En ciertas industrias se limita la producción, con el fin de mantener altos los precios, y a veces corre la orden de Cocanny, que significa: ¡A mala paga, mal trabajo!

Trabajar es una pérdida de tiempo; lo realmente importante es producir. Como argumentaban Tom Peters y Robert Waterman en En busca de la excelencia, las organizaciones deben sustituir su orientación interior (jerarquías excesivas y procedimientos burocráticos) por una organización más flexible orientada a satisfacer las necesidades de los consumidores.
Algo va mal cuando la obediencia a las reglas se convierte en un fin en sí mismo.

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Libros consultados:

Burocracia: gestión empresarial frente a gestión burocrática, Ludwig von Mises

Organization Theory: A Libertarian Perspective, Kevin Carson

La conquista del pan, Piotr Kropotkin

En busca de la excelencia: lecciones de las empresas mejor gestionadas de los Estados Unidos, Thomas J. Peters y Robert H. Waterman Jr.

Guerra contra el Copyright: sonrisas y lágrimas

Posted By Libertista on June 21, 2009

Empecemos por las malas noticias.
Primero, la industria de la moda quiere resucitar el rancio proyecto de una ley que sale periódicamente a la palestra: el Acta de Prohibición de Piratería de Diseños.

En un aparte, deseo agradecer a Eric Husman y Kathleen Fasanella, marido y mujer que escriben en GrimReader y Fashion Incubator respectivamente).

Esperemos que este proyecto no salga adelante. La industria de la moda funciona hoy en día en un modelo de “código abierto”: los diseñadores americanos van a los desfiles de París y copian los diseños más populares. En otras palabras, funciona de la misma forma en la cual su madre intercambiaba recetas con la vecina.

Esta ley transformaría la industria en un modelo con contenido sujeto a propiedad, con los diseños de moda protegidos por patentes. Su principal promotor, el Consejo de Diseñadores de Moda de América (CFDA por sus siglas en inglés), va a ocupar un lugar privilegiado junto a la RIAA y la MPAA [ver “Comunismo del Copyright] en el eje del mal. Por otro lado, la jefa de la CFDA, Diane von Furstenburg, es notoria por copiar un diseño de chaqueta de un pequeño sello independiente canadiense, Mercy. Si usted cree que esta ley protegerá a las tiendas como Mercy de la gente como von Furstenburg, tendrá que bajar de la nube rosa.

Esta ley destruirá a los diseñadores modestos en caso de ser aprobada. Dado que cada miembro de la cadena de distribución puede ser denunciado por infringir las patentes, se hará mucho más costoso encontrar diseñadores de patrones, cortadores y otros contratistas, además de tiendas que vendan sus diseños. Kathleen Fasanella describe el efecto de esta ley en el pequeño diseñador de esta forma:

“… cualquier contratista, diseñador de patrones, comercial o dueño de tiendas, para evitar problemas legales por vender productos pirateados, requerirán que usted, como diseñador, pruebe la propiedad de su diseño antes de querer hacer nada en relación con él. Como mínimo, tendrá que contratar un abogado y costear una búsqueda en un registro de diseños que contenga todos los diseños sujetos a patente. Si creía que buscar un logo o nombre corporativo era difícil, créame, hay diez mil diseños por cada logo. Sin embargo, sería obligatorio, porque si no nadie trabajaría con usted. Por otro lado, la tienda también tendría que contratar sus propios abogados para comprobar su historial y redactar los contratos. Evidentemente, todo eso disparará el precio del canon que le cobrarán para que pueda exponer en la tienda.”

Dado que la ley ofrece un potencial gigantesco para que los grandes diseñadores aniquilen al pequeño, uno podría (ejem) pensar que ese es el objetivo del Acta. Está diseñada a medida para realizar “acoso de patentes”. Husman describe al acosador de patentes como

“alguien que patenta todas las posibles variaciones de un diseño de forma que puedan controlar un gran trozo del mercado y disuadir a quienes entren en el mercado mediante litigios, acorralándolos para llegar a acuerdos legales provechosos para el acosador.”

¿Sabían que Coca-Cola demandó a una pequeña empresa por copiar el nombre corporativo cuando la otra empresa tenía el nombre desde antes? En este juego de leguleyos no gana el que tiene la razón, sino el que tiene mejores (y más caros) abogados.

En segundo lugar, Jesse Walker, en la revista Reason, informa de que la RIAA está apoyando el Acta sobre los Derechos de Interpretación.

Esto no es el pequeño tributo que las emisoras de radio han estado pagando a los compositores. En su lugar, el dinero irá a los intérpretes y a los dueños del copyright. En esencia, es una expansión del canon que ya pagan las emisoras de radio por cable, satélite e Internet. El argumento básico de la industria para apoyar la ley es que “solventará una falla legal que ha permitido a las emisoras convencionales eludir el pago de derechos”.

Curiosamente, cuando se estableció la imposición del canon a las emisoras no tradicionales en la década de los 90, se argumentó diciendo que eran las radios convencionales las que estaban siendo maltratadas por una falla legal.

Hasta aquí las malas noticias. Ahora llegan las buenas desde Europa, para alegrarles el día:

Por un lado, la corte suprema francesa ha anulado la ley francesa sobre Internet de los tres avisos, que cortaría el acceso a Internet (si bien no el pago de las cuotas) tras dos notificaciones del gobierno.

Por su parte, el Partido Pirata de Suecia ha sacado el 7% de los votos emitidos para el Parlamento Europeo, obteniendo un representante, posiblemente dos. En una clara muestra de la ley de consecuencias inesperadas, el Partido Pirata se ha visto fuertemente beneficiado del escándalo surgido por el acoso judicial al servidor The Pirate Bay.
No creo en las elecciones, y puedo asegurarles que no les voy a pedir que voten, pero un partido cuyo único interés es tumbar la legislación sobre propiedad intelectual es el mal menor. Mientras sólo se dedique a ese esfuerzo no recibirá queja alguna por mi parte.

Queda claro que la producción y el parasitismo están radicalmente enfrentados: sólo puede quedar uno.

La teoría del valor de Kevin Carson (IV)

Posted By Victor L. on June 21, 2009

studies

He traducido una nueva entrega de los Studies in Mutualist Political Economy de Kevin Carson. A parte de continuar con el análisis de la teoría clásica del valor, este subcapítulo tiene el valor de añadir la teoría mutualista del valor, tal y como la pensaron Proudhon y Tucker.

D. Excepciones al principio del coste: la propia defensa de los clásicos


Luego de todas las excepciones de escasez al principio del coste de Böhm-Bawerk y otros autores, examinaremos el tratamiento de tales excepciones en los escritos de los mismos economistas políticos clásicos y los socialistas. Si, como veremos debajo, los clásicos admitieron libremente tales excepciones, se sigue que los marginalistas y los subjetivistas atacaban a un muñeco de paja; o al menos, que tenían una idea bastante diferente del grado de generalidad necesario para una teoría del valor.
Aunque Adam Smith ocupó un lugar mucho menos destacado que Ricardo en los ataques subjetivistas a las teorías del trabajo y el coste, no escapó totalmente de su atención. Por lo que valdría la pena examinar las declaraciones, en su escrito, de las excepciones al principio del coste.
Smith hablaba de las fluctuaciones de los precios por encima o por debajo de su “nivel natural”, no como violaciones a su idea del precio natural, sino como el mecanismo mediante el cual eran sostenidos.

“El precio de mercado de cualquier bien particular está regulado por la proporción entre la cantidad que es llevada actualmente al mercado, y la demanda de aquellos que están dispuestos a pagar el precio natural del bien, o de todo el valor de la renta, el salario y el beneficio, que tienen que pagarse para traerlos hasta allí. Tales personas pueden ser llamadas demandantes efectivos, y su demanda demanda efectiva; desde el momento en que esta puede ser suficiente para proveer el bien al mercado. Esta difiere de la demanda absoluta. Un hombre muy pobre podría decir que de algún modo tiene una demanda de seis carrozas…; pero su demanda no es una demanda efectiva, porque el bien nunca será traído al mercado para satisfacerla.

La cantidad de cualquier bien llevado al mercado se adecúa naturalmente a la demanda efectiva. Está en el interés de todos aquellos que utilizan su tierra, su trabajo o su capital en traer cualquier bien al mercado, que la cantidad nunca exceda a la demanda efectiva; y el interés de todas estas personas consisten en que esta nunca caiga por debajo de tal demanda.

Si, en cualquier momento esta excede la demanda efectiva, alguna de las partes componentes de su precio tienen que pagarse por debajo de su precio natural. Si es la renta, el interés de los terratenientes será inmediatamente provocar una retirada de una parte de su tierra; y si se trata de los salarios o del beneficio, el interés de los obreros en un caso, y de sus empleadores en el otro, será provocar una retirada de una parte de su trabajo o de su capital de tal  empleo. La cantidad llevada al mercado no será pronto más que la suficiente para ofrecer a la demanda efectiva. Todas las partes que difieran de ese precio subirán hasta el  precio natural, y al total de este precio natural.

Si, por el contrario, la cantidad llevada al mercado cayera en algún momento por debajo de la demanda efectiva, alguna de las partes componentes de su precio tendrán que subir por encima de su precio natural… [Y como resultado, entrarán factores en el mercado] la cantidad llevada hasta allí serán pronto suficientes para satisfacer la demanda efectiva. Todas las partes diferentes de su precio descenderán pronto hasta su precio natural, y todo su precio de su precio natural.

El precio natural, por lo tanto, es, como ha sido, el precio central, al que los precios de todos los bienes están continuamente gravitando.” 27

Smith, en este análisis, eclipsa a los austriacos en dos puntos. Primero, él considera la oferta como un factor dinámico, en lugar de tratarlo como la balanza entre la oferta y la demanda en cualquier tiempo dado fuera de contexto. Y segundo, en lugar de tratar la demanda como absoluta, y por lo tanto virtualmente ilimitada comparada con la oferta, él considera solo la demanda “efectiva” de un bien como su precio “natural”. La atención de estos dos puntos va muy lejos para permitir la impresión engañosa de la teoría del valor-“utilidad”, como declaraban sin rodeos los austriacos.

En el mismo capítulo, Smith realiza un estudio detallado de las varias formas de inelasticidad, natural o artificial, que ocasiona que los precios se desvíen del costo en un corto o largo periodo. Entre ellas él incluye los secretios comerciales, las ventajas de localización del suelo y los monopolios garantizados por el Estado. 28

La correspondencia exacta al precio natural, tiempo después, fue una función de elasticidad de la oferta. Dependiendo de esta variable, los precios pueden aproximarse a los costes más o menos rápido, o nunca. Como Ricardo, Smith limitó la operación del principio de costo a aquellos casos en los que la oferta de un bien podría ser incrementada hasta coincidir con la demanda.

Estos diferentes tipos de productos toscos pueden ser divididos en tres clases. La primera comprende aquellos en los que el poder de la industria humana para multiplicarlos es escaso. La segunda, aquellos que se puede multiplicar en proporción a la demanda. La tercera, aquellos en que la eficacia de la industria es limitada o incierta. En el progreso de la riqueza y el bienestar, el precio real de la primera puede alcanzar cualquier grado de extravagancia, y no parece limitado por ningún impedimento. El del segundo, aunque puede aumentarse mucho, tiene, sin embargo, cierto límite más allá del cual no puede estar demasiado tiempo. El del tercero, aunque su tendencia natural es a aumentar con el progreso de las mejoras, en el mismo grado de la mejora este a veces puede incluso caer, a veces continuar igual, y a veces aumentar más o menos, de acuerdo con los diferentes accidentes que se dan en los esfuerzos de la industria humana…más o menos exitosa.

La primera categoría incluyó aquellos bienes que “la naturaleza solo produce en ciertas cantidades…” 29

Como para Ricardo, él dejó esto claro desde el principio que su teoría laboral del intercambio era aplicable solo a aquellos bienes cuya oferta podía incrementarse en respuesta a la demanda. (Como los demás economistas políticos clásicos y Marx, él también hizo de la utilidad un criterio del intercambio de valor – el favorito despiste “bola de barro” de los subjetivistas).

Poseyendo utilidad, los bienes derivan su valor de cambio de dos fuentes: de su escasez, y de la cantidad de trabajo requerida para obtenerlos.

Hay algunos bienes, cuyo valor es determinado por su escasez únicamente. El trabajo no puede incrementar la cantidad de tales bienes, y por lo tanto su valor no puede ser disminuido por un incremento de oferta. Algunas raras estatuas y pinturas, monedas y libros escasos, vinos de peculiar calidad, que solo pueden ser obtenidos con uvas crecidas en suelos concretos, de los cuales hay en muy limitada cantidad, son todos de este tipo. Su valor es completamente independiente de la cantidad de trabajo originalmente necesario para producirlos, y varía con las variaciones de riqueza y las inclinaciones de aquellos que están dispuestos a poseerlos.

Hablando entonces de los bienes, de su valor de cambio, y de las leyes que regulan sus precios relativos, nosotros nos referimos siempre a tales bienes solo en tanto que pueden ser incrementados en cantidad por el trabajo humano, y con la producción de los cuales la competencia opera sin restricciones. 30

En este pasaje, Ricardo se refería a los bienes cuya oferta es totalmente inelástica, como excepciones en las que el valor de cambio es determinado por la escasez en lugar del trabajo. También mencionó la libre competencia como un requisito para que la ley del valor operase. Estas son dos de las mayores excepciones mencionadas por Böhm-Bawerk como errores irrefutables del sistema de Ricardo, debidamente apuntadas por Ricardo y aparentemente sin demasiada vergüenza. La principal falla de Ricardo en este pasaje fue tratar la escasez y él trabajo como factores conjunta o simultáneamente determinantes, en lugar de tratar el trabajo como un factor primario y las rentas de escasez como derivaciones secundarias de la teoría del valor.

En el capítulo 4, Ricardo volvió a las divergencias alrededor de la teoría del valor causadas por las fluctuaciones en la oferta y la demanda –otra de las mayores excepciones apuntadas por Böhm-Bawerk. Nuevamente, tales divergencias fueron tratadas, no como una violación vergonzosa de la ley del valor, sino como un mecanismo por el que esta operaba.

En el curso normal de las cosas, no hay mercancía que permanezca por un largo periodo de tiempo ofertada precisamente en aquel grado de abundancia, que requieren las demandas y los deseos humanos, y por lo tanto no hay ninguna que no sea objeto de variaciones accidentales y temporales de precio.

Precisamente solo como consecuencia de tales variaciones, este capital es asignado, en la abundancia necesaria y no más, a la producción de los diferentes bienes que están siendo demandados. Con el aumento o la caída del precio, los beneficios son elevados por encima, o deprimidos por debajo de su nivel general, y el capital es alentado a entrar, o a salir de un particular empleo en el que ha tenido lugar la variación. 31

Aquí él admitió implícitamente que los precios de muchos bienes en cualquier tiempo dado están por encima o por debajo de su valor-trabajo, y en proceso de moverse hacia él. Podría decirse que él no trató adecuadamente los grados de elasticidad, y las variaciones de tiempo que se requerían, como un resultado, para que la oferta y la demanda alcancen el equilibrio en el valor-trabajo.  Pero nuevamente, incluso esto estuvo implícito en su discusión. Es también claro, de este pasaje, que Ricardo vio tales oscilaciones de precios como el mecanismo por el que operaba la ley del valor, en lugar de como excepciones a ella.

Sin tratar demasiado los diferentes periodos de tiempo involucrados, o la relativa velocidad con que la producción de los diferentes bienes podría incrementarse, Ricardo escribió en el capítulo 30 sobre las rentas por escasez  “temporal” como existentes “durante un tiempo”, y el costo de producción “finalmente” regulando el precio.

Es el costo de producción el que en última instancia regula el precio de los bienes, y no como frecuentemente se ha dicho, la proporción entre la oferta y la demanda: la proporción entre la oferta y la demanda puede, de hecho, afectar al valor de mercado de un bien por algún tiempo, hasta que este es ofertado en una mayor o menor abundancia, de acuerdo con lo que la demanda se haya incrementado o disminuido; pero su efecto será solo de duración temporal. 32

Ricardo también escribió sobre los tipos específicos de renta de escasez. En el capítulo 2, él habló de la renta económica para las extensiones más fértiles de tierra, debido a la regulación del precio por los costos de producción en la tierra menos eficiente en el margen de producción. 33  En el capítulo 27, él explicó el concepto para incluir el beneficio excedente o las casi rentas en todas las áreas de la economía; por ejemplo, argumentó que proveyendo lana artificialmente barata a la mitad de los tejedores podría no reducirse la pieza al detalle, porque el precio de los bienes manufacturados fue “regulado por el costo de… producción a aquellos que eran los menos favorecidos. Este solo efecto…podría aumentar los beneficios de una parte de los tejedores más allá del porcentaje natural y común de beneficios. 34  La influencia de la demanda en el precio, mientras era válida para todos los bienes solo “por un período limitado”, era efectiva por un largo periodo solo para los “bienes monopolizados”.

Los bienes que están monopolizados, sea por un individuo o una compañía, varían de acuerdo a la ley que estableció Lord Lauderdale: estos caen a medida que los vendedores aumentan su cantidad, y aumenta en proporción a la avidez de los compradores por comprarlos; su precio no mantiene una conexión necesaria con su valor natural: pero el precio de los bienes que están sujetos a la competencia, y cuya cantidad puede incrementarse en algún modesto grado, dependerá en última instancia, no del estado de la oferta y la demanda, sino del incremento o la disminución de su costo de producción. 35

Aquellos que introducen nuevas tecnologías de producción podrían obtener ganancias extraordinarias temporales, pero la generalización de la nueva tecnología, fomentada por tal aumento de beneficios, causaría eventualmente la caída del precio al nivel del costo de producción. 36

Ricardo, en “Notas sobre Malthus”, escribió sobre la determinación del precio por el costo de producción, a través de la influencia del costo de la oferta, en términos que presagiaron a Jevons. El precio natural era solo “el precio que repondrá los salarios del trabajo empleado en [la producción de una mercancía], que permitirá también pagar la renta y el beneficio en su tasa corriente.” Estos costes de producción “permanecerían igual, si las mercancías fueran más o menos demandadas, se vendieran a un precio de mercado alto o bajo.” Los precios de mercado, efectivamente, “dependerían de la oferta y la demanda”; pero la oferta “sería finalmente determinada por…el coste de producción”. 37

John Stuart Mill estuvo muy en la tradición de Ricardo, compartiendo con él su opinión sobre el efecto del costo y la escasez en el precio. Como Ricardo, él sostuvo que el costo es el factor determinante de los bienes reproducibles.

Cuando la producción de un bien es consecuencia del trabajo y la inversión, si el bien es susceptible de multiplicación ilimitada o no, esto es un mínimo valor que es la condición esencial para que continúe siendo producido. El valor en cualquier momento es el resultado de la oferta y la demanda; y es siempre que es necesario crear un mercado por una oferta existente. Pero a menos que el valor sea suficiente para reponer los costos de producción…el bien no continuará siendo producido…

Cuando un bien es fabricado no solo por el trabajo y el capital, sino que puede ser hecho por ellos en una cantidad infinita, este valor necesario, el mínimo con que los productores estarán contentos, es también, si la competencia es libre y activa, el máximo que ellos pueden esperar…

Como una regla general, entonces, las cosas tienden a intercambiarse unas por otras a tales valor que será posible a cada productor reponer los costes de producción con los beneficios ordinarios… 38.

Adam Smith y Ricardo mencionaron que el valor de una cosa es proporcional a sus costos de producción, su valor natural (o su precio natural). Ellos se referían con esto, al punto alrededor del que oscila el valor, y al que este siempre tiende a volver; el centro del valor, hacia el que, como Adam Smith lo expresó, el valor de mercado de una cosa está constantemente gravitando; y ninguna desviación de este es sino una irregularidad temporal, que, en el momento en que existe, acciona fuerzas que tienden a corregirlo…

Es, por lo tanto, estrictamente correcto decir, que el valor de las cosas que pueden incrementarse indefinidamente en cantidad, no depende (excepto accidentalmente, y durante el tiempo necesario para que la producción se ajuste a él) de la oferta y la demanda; por el contrario, la oferta y la demanda dependen de él. Hay una demanda por una cierta cantidad de bienes a su valor natural o de costo, y al que la oferta a la larga se esfuerza en adaptarse. 39

Como Smith, Mill dividió las mercancías en tres grupos, en base a su capacidad de reproducción. En algunos casos, había una “limitación absoluta de la oferta”, debido al hecho de que era “físicamente imposible incrementar la cantidad más allá de un limite”. Como ejemplos, mencionó los mismos tipos de mercancías que Smith: obras de arte, y productos cultivados en tipos de suelo específicos. Otras mercancías pueden ser multiplicadas sin límite, tomando la buena disposición a utilizar una cierta cantidad de trabajo e inversiones para obtenerlas. Finalmente, algunas mercancías pueden ser multiplicadas indefinidamente con el suficiente trabajo e inversión, “pero no por un monto fijo de trabajo e inversión”. Los mayores niveles de producción requieren mayores costos por unidad de producción (aquí se refería principalmente a los productos agrícolas). 40

Mill fue algo más explícito que Ricardo al tratar el elemento temporal en la determinación del grado de elasticidad. El periodo de tiempo involucrado en la gravitación del precio hacia el costo dependía de la cantidad de tiempo requerido para ajustar la producción a los cambios en la demanda, o para disponer el producto excedente.

Nuevamente, aunque hay unas pocas mercancías que no son susceptibles de incrementar su oferta en cualquier momento, algunas mercancías pueden estar temporalmente de esa forma…
Los productos agrícolas, por ejemplo, no pueden incrementarse en cantidad antes de la siguiente cosecha… En el caso de muchas mercancías, se requiere cierto tiempo para incrementar su cantidad; y si la demanda se incrementa, entonces, hasta que pueda traerse una correspondiente oferta, esto es, hasta que la oferta pueda acomodarse a la demanda, el valor subirá para acomodar la demanda a la oferta. 41

Como Ricardo, Mill creía que el precio estaba gobernado por el costo de producción de aquellos productores menos favorecidos por las circunstancias. Aquellos que se encontraban en una situación más ventajosa podrían recibir un producto excedente equivalente a su ahorro de costes. Y como Ricardo, aplicó el principio no solo a la renta económica de la tierra, sino a las casi rentas de los bienes manufacturados.

2. Si la porción del producto aumentado en las más desfavorables circunstancias obtiene un valor proporcional a sus costes de producción; todas las porciones que han subido en las más favorables circunstancias, vendiendo, como deben hacerlo, al mismo valor, obtienen un valor más proporcionado a su coste de producción… Los propietarios… de aquellas porciones de producción… obtienen un valor que excede al beneficio ordinario. Si esta ventaja depende de alguna excepción especial, tal como la exención de impuestos, o alguna ventaja personal, física o mental, o algún proceso particular solo conocido por ellos mismos, o de la posesión de un capital mayor que otras personas, o de varias otras cosas que podrían enumerarse, retendrán para sí mismos una ganancia extraordinaria, sobre los beneficios ordinarios  del capital, de la naturaleza, de alguna forma, de una renta de monopolio…42

4. Los casos de beneficios extraordinarios análogos a la renta, son más frecuentes en las transacciones industriales de lo que a veces se supone. Tome el caso, por ejemplo, de una patente, o un privilegio exclusivo para usar un proceso por el que el costo de producción es más reducido. Si el valor del producto se mantiene en el antiguo proceso, la patente otorgará un beneficio extraordinario igual a la ventaja que ese proceso posea sobre ellos. 43

Marx y Engels estaban en completo acuerdo con los economistas clásicos en el papel de la competencia en la regulación de la ley del valor. Engels, en su prefacio a la Filosofía de la Miseria de Marx, ridiculizó la noción de los socialistas utópicos de tomar el trabajo como la base del medio de intercambio. Las fuerzas del mercado de la oferta y la demanda eran necesarias para informar al productor de la demanda social de su producto, y para establecer la cantidad normal de trabajo necesario  para la producción de una mercancía dada. De manera que la desviación del precio de su valor en un tiempo determinado no era una violación de la ley del valor, sino su mecanismo conductor.

En la actual sociedad capitalista cada capitalista individual produce por su cuenta lo que le apetece, como le apetece y tanto como le apetece. La demanda social, sin embargo, mantiene una magnitud conocida para él, tanto en relación a la calidad, el tipo de objetos requeridos, como en relación a la cantidad…No obstante, la demanda es finalmente satisfecha de un modo u otro, bien o mal, y, tomada como un todo, la producción es finalmente dirigida hacia los objetos requeridos. ¿Cómo se efectúa el equilibrio de esta contradicción? Por la competencia. Y, ¿cómo consigue la competencia esta solución? Simplemente depreciando por debajo de su valor-trabajo aquellas mercancías que por su tipo o cantidad son menos requeridas para las necesidades sociales inmediatas, y haciendo que los productores sientan…que han producido artículos absolutamente inútiles o en apariencia útiles pero en cantidad inutilizable, superflua…

…Las desviaciones continuas del precio de las mercancías de su valor son una condición necesaria y a través de la cual el valor de las mercancías puede existir como tal. Solo a través de las fluctuaciones de la competencia, y consecuentemente de los precios de las mercancías, se afirma la ley del valor de la producción de mercancías y la determinación del valor de una mercancía por el tiempo socialmente necesario para convertirse en realidad… Desear, en una sociedad de productores que intercambian sus mercancías, establecer la determinación del valor por el tiempo de trabajo, prohibiendo la competencia para establecer esta determinación del valor por medio de la presión sobre los precios, simplemente prueba que…uno ha adoptado el desdén utópico habitual de las leyes económicas.

…Solo a través de la sobrevaloración y la minusvaloración de los productos es posible llevar a los individuos mercancías que la sociedad requiere o que no requiere en su justa medida. 44

Marx sostuvo en buena medida el mismo argumento en el cuerpo principal de La filosofía del a miseria. Fue el precio de mercado que señaló al productor cuánto producir, y de ese modo se regulaba el precio de acuerdo a la ley del valor.

No es la venta de un producto dado al precio de su costo de producción lo que constituye la “relación proporcional” de la oferta y la demanda, o la cuota proporcional de este producto relativamente a la suma total de la producción; son las variaciones en la oferta y la demanda las que muestran al productor qué cantidad de una mercancía dada tiene que producir para recibir al menos el costo de producción en el intercambio. Y como estas variaciones están ocurriendo continuamente, hay también un movimiento continuo de retraimiento y expansión de capital en las diferentes ramas de la industria…

…La competencia implementa la ley de acuerdo a lo que el valor relativo de un producto está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlo. 45

Las observaciones de Marx y Engels en estos pasajes probablemente cerraron más que  en cualquier parte las exigencias de Bohm-Bawerk de un mecanismo de la ley del valor (véase el capítulo 2 más abajo).

En Grundrisse, Marx describió el funcionamiento de la ley del valor a través de la variación de los precios en términos algo más dialécticos:

El valor de las mercancías determinado por el tiempo de trabajo es solo su valor medio…

El valor de mercado de las mercancías es siempre diferente de este valor medio y siempre está por encima o por debajo de este.

El valor de mercado equivale en sí mismo al valor real por los medios de sus continuas fluctuaciones, no por una ecuación con el valor real como alguna tercera cosa, sino precisamente a través de la continua disparidad con él…

El precio, por lo tanto, difiere del valor, no solo en las diferencias nominales de las reales, sino por su equivalencia en oro y plata; pero también en que el último aparece como la ley de las variaciones a las que el primero está sujeto. Pero son siempre distintos y nunca coinciden, o solo muy fortuita y excepcionalmente. El precio de las mercancías siempre se mantiene por debajo y por encima de su valor, y el valor de las propias mercancías existe solo en los aumentos y disminuciones del precio de las mercancías. La oferta y la demanda continuamente determinan el precio de las mercancías; nunca coinciden o lo hacen solo accidentalmente; pero los costos de producción determinan su parte de las fluctuaciones de la demanda y la oferta. 46

Y tales desviaciones del valor incluían las casi rentas de aquellos que introducían en primer lugar métodos de producción más eficientes. Era solo a través de los incentivos de mercado que tales casi rentas, y a través de la competencia resultante, los métodos mejorados eran adoptados universalmente y venían a definir la forma estándar de producción. “Un capitalista trabajando con mejoras en los métodos de producción que aun no han sido generalmente adoptados vende por debajo del precio de mercado, pero por encima de su precio individual de producción; su margen de beneficios aumentan hasta que la competencia lo elimina”. 47

Finalmente, para plantear la “bola de barro” del hombre de paja para otra paliza, Marx hace al trabajo socialmente necesario el regulador del valor. La teoría del valor trabajo se aplicaba solo a las mercancías, que eran objeto de la necesidad humana. El trabajo consumido en la producción de bienes no demandados, o el exceso de trabajo desperdiciado en métodos de producción menos eficientes de lo normal, que traía el productor de acuerdo con los deseos de la sociedad.

Cada una de estas unidades es lo mismo que cualquier otra, tan lejos esta tiene el carácter de la fuerza de trabajo media de la sociedad, y tiene el efecto como tal: esto es, tan lejos como requiere para producir una mercancía no más tiempo que el necesario de la media, no más que el socialmente necesario. El tiempo de trabajo socialmente necesario es requerido para producir un artículo bajo las condiciones normales de producción, y con el grado medio de habilidad e intensidad predominantes en una época…

Vemos entonces que lo que determina la magnitud del valor de cualquier artículo es la cantidad de trabajo socialmente necesario, o el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. 48

El concepto del trabajo socialmente necesario es la respuesta apropiada a la “mariposa exótica” de Böhm-Bawerk que renta a Adam Smith. Una mariposa exótica cuya captura supone más esfuerzo que un castor o un ciervo no llevaría un mayor valor de cambio que aquellos artículos generalmente útiles, a menos que la demanda por la mariposa fuese suficiente para recompensar el trabajo de capturarla. En muchos casos, por lo tanto, el mercado para tales mariposas exóticas consistiría en ricos excéntricos, y la demanda efectiva para ellas soportaría solo un pequeño número de trabajadores. Como resultado, el precio de mercado informaría a los cazadores de mariposas sobrantes que la mayor parte de su trabajo era socialmente innecesario, y el trabajo se retraería  de tal “producción” hasta que el precio fuese suficiente para recompensar el trabajo de capturarlas. Los economistas clásicos y los marxistas, tanto como los austriacos, entendían que el trabajo consumido en la producción para la que no había demanda era un “costo sumergido”.

El neo-ricardiano Ronald Meek interpretó el término “valor”, como Marx lo usaba, para referirse a algo como el “precio de equilibrio” en términos neoclásicos.

Es importante anotar desde el principio que la teoría del valor de Marx, como la de Smith y Ricardo, no pretendía explicar otro precio que aquel al que “la oferta y la demanda se equilibraban la una con la otra, y por lo tanto cesaba de actuar”. Los precios en los que Marx estuvo interesado desde un principio eran aquellos que se manifestaban al punto donde la oferta y la demanda se “mantenían” o “equilibraban” la una a la otra. El hecho de que las fuerzas de la oferta y la demanda se “balancearan” a este punto fue tomado por Marx como una indicación de que el nivel del precio de equilibrio podría no ser adecuadamente explicado simplemente en términos de la interacción de estas fuerzas. La relación de oferta y demanda podría ciertamente explicar las desviaciones del precio de equilibrio, pero podría no explicar el nivel del precio de equilibrio en sí mismo. Era, de hecho, precisamente a través de las fluctuaciones en la “oferta y la demanda” que la ley del valor operaba para determinar el precio de equilibrio.

“Los precios, entonces, podrían divergir de los valores en casos donde la oferta y la demanda no estuvieran “equilibradas”…

Exactamente como el concepto del valor de Marx implicaba abstraerse de la utilidad, así la teoría de la determinación del precio de equilibrio basada sobre esta implicaba una abstracción similar d ela demanda. En común con sus predecesores clásicos, Marx asumió que los cambios en la demanda en sí mismos no…darían lugar a los cambios a cambios en el precio de equilibrio de las mercancías a largo plazo. Pero esto no es lo mismo que decir que Marx ignoró la demanda. Esta contenía la verdad, como él enfatizó, de que a) una mercancía tiene que ser demandada antes de que posea valor de cambio; b) que los cambios en la demanda podrían hacer que el actual precio de mercado de una mercancía se desviase de su precio de equilibrio; c) que el precio bajo condiciones de monopolio era “determinado únicamente por el afán de los compradores y por su solvencia”, y que d) la demanda era la principal fuerza que determinaba la proporción del trabajo social asignado a cualquier sector productivo dado en cualquier momento. 49

Por supuesto, como Marshall apuntó más tarde, esta carencia de importancia de la demanda para el precio de equilibrio se complicó por el hecho de que el nivel de la demanda efectiva podría afectar la escala de producción, y de ese modo también afectar los costos unitarios de producción.

Meek criticó a Wilfredo Pareto, en términos muy parecidos a como nosotros hemos criticado a Bohm-Bawerk, para sus ataques al hombre de paja de la teoría del valor trabajo de Marx.

…Demasiado a menudo los marxistas imaginarios con quienes debate Pareto están hechos para poner hacia adelante interpretaciones de la teoría del trabajo que son sospechosamente ingenuas… [Por ejemplo] es lo suficientemente fácil mostrar que la teoría del trabajo no es aplicable a las pinturas raras, etc. desde que (como Pareto sabe bien) nunca se intentó aplicar a otra cosa que los bienes libremente reproducibles. Si esto no es suficiente, cuando los marxistas caracterizan como excepcional el caso de la pintura cuyo precio se incrementa cuando su pintor se hace famoso sin que haya ocurrido nada a la cantidad de trabajo implicado en ella, replicar que es por no medios excepcional porque el precio de todas las mercancías puede variar sin que ocurra nada en la cantidad de trabajo implicado en ellas –en explicación de un cambio en los gustos y los ingresos de sus consumidores. 50

La réplica apropiada a tales críticas, argumenta Meek, fue “que el precio de equilibrio a largo plazo de las mercancías libremente reproducibles (como distinto de su precio de mercado momentáneo) no será de hecho afectado por un cambio en la demanda a menos que esto sea acompañado en un cambio en las condiciones de producción. 51

Finalmente, desde que nuestra versión de la teoría del valor trabajo debe más a Benjamin Tucker que a Marx, solo es apropiado proporcionar algunos ejemplos en los que Tucker  reconoce las “excepciones” de la teoría laboral. Tucker aceptó la existencia de casi rentas a corto plazo en las mercancías cuya oferta se incrementara, o las mercancías en las que hubieran sido introducidos nuevos métodos de producción. Como los clásicos y como Marx, él vio la competencia como el mecanismo por el que el precio sería reducido al costo, cuando la entrada al mercado fuese libre y los bienes fuesen libremente reproducibles. “Es cierto que la utilidad del producto [del trabajo] tiene una tendencia a aumentar su precio; pero esta tendencia es inmediatamente anulada donde la competencia es posible,… por el apuro de otros trabajadores para crear este producto, que dura hasta que el precio cae hasta el beneficio normal del trabajo”. 52

Tucker también reconoció que la renta económica de la tierra con mejoras en cuanto a localización o fertilidad persistiría, incluso cuando la renta de los terratenientes fuese abolida. Y él asimismo vio los excedentes del productor resultantes de una habilidad superior innata análoga a la renta económica de la tierra, y por lo tanto como inevitable incluso con la abolición del privilegio. A pesar de que aboliendo la renta de la tierra se reduciría la renta a “una fracción muy pequeña de sus proporciones presentes”, todavía permanecería alguna. La “fracción restante”, a pesar de todo,

No sería la causa de más desigualdad que el aumento de la plusvalía derivado de casi cualquier industria por la adición de gente o de aquella plusvalía proveniente de la natural capacidad superior que aun bajo la operación del principio de costo, probablemente siempre permitirá a algunos individuos conseguir salarios más altos que la tarifa media. 53

En respuesta a la pregunta de cómo uno podría justificar el pago del equivalente a 500 días de trabajo, por el poseedor de una parcela de tierra especialmente fértil, por solo 300 días del suyo propio, Tucker respondió que tal justificación sería “precisamente tan difícil como sería el mostrar que un hombre de habilidad superior (innata, no adquirida) que produce en una media de cinco mil para otras tres mil tiene el justo derecho a ese excedente de valor de cambio”. 54

Tucker estaba dispuesto a aceptar tales rentas permanentes de escasez como un mal necesario. Distinguió entre las incapacidades competitivas que resultan de la “intervención humana”, y aquellas que no. 55 Al contrario que la usura y la renta de la tierra, que resultaban de un privilegio legal mantenido coercitivamente por los propietarios del capital y la tierra, las restantes formas de excedente del productor resultaban solo de circunstancias generales o “actos de Dios”, y no eran por lo tanto explotadoras. Los males implicados en la creación de mecanismos coercitivos para limar tales desigualdades y cobrar tributos de los aprovechados excederían los males de las desigualdades en sí mismas.

Forzar directamente un igual bienestar material es intervencionista, invasor y ofensivo, pero forzar la igualdad de la libertad es simplemente protector y defensivo. El último es negativo, y apunta solo a prevenir el establecimiento de desigualdades artificiales; el primero es positivo, y apunta a la directa y activa abolición de las desigualdades naturales. 56

“¿Cómo vamos a extirpar la injusticia de permitir a un hombre disfrutar de lo que otro ha gastado?” Espero que incluso sea totalmente extirpada. Pero creo que por cada dolar que sería disfrutado por los evasores de impuestos bajo la Anarquía, mil dolares son ahora disfrutados por hombres que tienen posesión de los gastos de otros a través de privilegios especiales industriales, comerciales y financieros garantizados por la autoridad en violación del libre mercado. 57

Quitar por la fuerza a un hombre el excedente de producción resultante de su habilidad superior o de la superior fertilidad de su tierra, sería al menos tan injusto como permitirle tenerla. “Si no es ganado, ciertamente sus vecinos no gastaron”. 58 “Si el principio de costo del valor no puede realizarse más que por la fuerza, entonces no ha de ser realizado”. 59

Tolerar el trabajo asalariado…y el consumo de drogas

Posted By Victor L. on June 18, 2009

obras

Quizá el punto de mayor enfrentamiento entre mutualistas y anarcocomunistas es el que concierne a la propiedad privada y, en extensión, al trabajo asalariado. Ambos grupos aspiran a abolir o reducir drásticamente el papel de este último, pero los primeros toleraríamos su existencia, mientras los segundos están dispuestos a suprimirlo por la fuerza.

Según afirman, tolerarían cualquier experiencia no comunista siempre que no implicase explotación; y como la explotación –en su lenguaje- es un término ambiguo que puede abarcar cualquier clase de trabajo asalariado (al contrario que para los mutualistas, que con el término “explotación” nos referimos exclusivamente al intercambio desigual promovido por los monopolios y el privilegio estatal), finalmente cualquier contrato es sospechoso de explotación y queda prohibido por sus organismos.

Conste que no defiendo el trabajo asalariado; cualquiera que haya leído esta web podrá comprobar que dedicamos muchas entradas a la posibilidad de una eventual sociedad sin él y a las causas que han promovido su generalización hoy en día, pero ese no es el asunto. La cuestión es que impedir el trabajo asalariado implica violentar relaciones no agresivas entre individuos soberanos y adultos y, por lo tanto, es antilibertario. Supone tratar a la gente como niños, en tanto que se les dice qué será mejor para ellos.

De tolerar el trabajo asalariado tampoco se sigue que crea que vaya a generalizarse, a ser común o mayoritario. No. Simplemente que lo respetaré.

Si tolerarlo me convierte en un cómplice capitalista, ¿por qué tolerar el consumo de drogas no me convierte en un yonki?

La falsa forma cultural y su declive – K. Carson

Posted By Victor L. on June 16, 2009

taylorismo

Este artículo fue originalmente publicado por Kevin Carson en la P2P Foundation. En él habla, entre otras cosas, de las posibilidades descentralizadoras de la energía eléctrica (algo que ya comentamos a raíz de la objeción de Peter Klein) en relación con la energía a vapor de la “era paleotécnica” (la primera revolución industrial). También hace un breve repaso de la transformación de la economía norteamericana en los siglos XIX y XX y vislumbra las repercusiones de la era sin petróleo sobre el tamaño y la forma de la empresa.

Al público hispanohablante puede resultarle novedoso, ya que aunque trata este tema en Organization Theory, no existen ningún material en castellano al respecto.

Sin embargo, en mi opinión la parte más interesante es el asunto de la evolución de las empresas occidentales durante las últimas décadas hacia un modelo más flexible y descentralizado. En sus anteriores libros (Studies y Org Theory) Carson parecía ignorar esta tendencia descentralizadora, como si las compañías de hoy operasen exactamente igual que hace cincuenta años.
Su nueva perspectiva supone un paso más: el mutualismo ya no solo puede predecir deductivamente cómo sería un mercado liberado, sino que puede mostrar ahora los pequeños avances en esa dirección a raíz de las reformas liberalizadoras de las últimas décadas. Según Carson, la fluctuación de precios y la inestabilidad de los mercados –otra forma de llamar a la competencia libre- son los detonantes de los cambios.

En cuanto al título, he tenido un pequeño problemilla con la traducción: el original era The Cultural Pseudomorph and Its Decay, así que he sustituido “pseudomorph”, de difícil traducción, por la “falsa forma”, que es el significado literal. Si alguien conoce una traducción mejor le agradecería que lo comentase en el hilo. (He añadido algunas notas a pie de página mías para aclarar algunos términos que pueden no estar claros).

La falsa forma cultural y su declive

De acuerdo con Lewis Mumford, así como con otros numerosos partidarios de la industria descentralizada como Piotr Kropotkin y Ralph Borsodi, la principal razón para la producción a gran escala fue originalmente economizar potencia de vapor. En la era del vapor, todas las máquinas de una fábrica estaban conectadas por correas al motor desde un único generador de fuerza motriz. La invención del generador eléctrico y el motor eléctrico, que hizo reducir la máquina a la demanda y situarla cerca del mercado, eliminó este imperativo. Para Mumford, por lo tanto, la energía eléctrica era la característica definitoria de su fase “neotécnica”, distinguiéndola de la vieja fase “paleotécnica” de energía de vapor y grandes fábricas.

Michael Piore y Charles Sabel, al escribir The Second Industrial Divide, argumentaron que era posible incorporar la energía eléctrica para fabricar  en una de dos formas. La primera, y más natural, era aprovechar la ventaja de su potencial descentralizador e incorporar maquinaria eléctrica de pequeña escala y de uso general en la producción artesanal en un distrito industrial local. El otro era incorporar la energía eléctrica en el viejo sistema industrial paleotécnico. El segundo, el camino tomado por la mayor parte, fue la base de la industria americana de producción en masa.

La economía americana tomó el segundo camino en gran medida como resultado de la intervención estatal. Sin un sistema de ferrocarril centralizado y de gran volumen –casi completamente creado por el Estado-, y sin los costes de transporte artificialmente bajos como resultado de ello, no hubiera existido un único mercado nacional. Fue únicamente la existencia de un mercado nacional unificado, con costes de distribución artificialmente bajos, lo que hizo posible a las grandes empresas manufactureras atender a un único mercado nacional.

Sin esta intervención, el sistema de ferrocarril americano se habría desarrollado probablemente a partir de un gran número de redes de ferrocarril orientadas a nivel local, con las conexiones que eventualmente se desarrollaran más tarde y siendo de mucha menor capacidad. En este contexto, en el curso natural de cosas, los fabricantes locales tendrían que florecer para atender los mercados locales, y la energía eléctrica tendría que haberse integrado en esta industria local. El estado natural de cosas, en resumen, tendría que haber sido en la segunda revolución industrial el cambio de la economía americana en cien o más mercados locales y en red, siguiendo el modelo de Emilia-Romagna.

Pero esto no ocurrió. El Estado centralizado, aliado con los viejos intereses paleotécnicos, cooptó la revolución neotécnica por medio de un ejercicio masivo y planificado de ingeniería social.

Mumford llamó a este desvío del potencial neotécnico, y su incorporación en la estructura paleotécnica, una “falsa forma cultural”. La neotécnica no “desplazó el antiguo régimen” con “rapidez y decisión”, y no “desarrolló su propia forma y organización”. Las citas siguientes son de Technics and Civilization.

Emergiendo del orden paleotécnico, las instituciones neotécnicas no se han comprometido en muchos casos con esto, dado el camino antes de esto, han perdido su identidad a causa de los intereses personales que continuaron apoyando los instrumentos obsoletos y los objetivos antisociales de la era industrial media. Los ideales paleotécnicos todavía dominan en gran medida la industria y la política del mundo occidental…hasta el punto de que la industria neotécnica ha fallado en transformar el complejo de hierro y carbón, al punto que ha fallado en asegurar unos cimientos adecuados para una tecnología más humana, tomando la comunidad como un todo, al punto que ha prestado su potencia aumentada al minero, el financiero y el militarista, las posibilidades de trastornos y caos se han incrementado…
Las nuevas máquinas siguen, no su propio modelo, sino el modelo marcado por las estructuras económicas y técnicas previas…
El hecho es que en las grandes áreas industriales de Europa occidental y América…, la fase paleotécnica está todavía intacta y todas sus características esenciales permanecen, incluso aunque muchas de las máquinas que usa son neotécnicas…
Usamos simplemente nuestras nuevas máquinas y energías para añadir procesos que comenzaron bajo los auspicios de la empresa capitalista y militar: no la hemos utilizado aun para conquistar estas formas de empresa y superarlas para objetivos más vitales y humanos…
No solo tiene las viejas formas de técnicas que han servido para constreñir el desarrollo de la economía neotécnica: sino que los nuevos inventos y artilugios se han usado frecuentemente para mantener, renovar y estabilizar la estructura del viejo orden social…
La presente pseudoforma es, social y técnicamente, de baja calidad. Tiene solo una fracción de la eficiencia que la civilización neotécnica como un todo podría poseer, provista esta finalmente produce sus propias formas institucionales y controles y direcciones y modelos. En el presente, en lugar de encontrar estas formas, hemos aplicado nuestra habilidad e inventiva de tal manera que damos un aliento fresco de vida a muchas de las instituciones capitalistas y militaristas obsoletas del viejo periodo. Objetivos paleotécnicos con medios neotécnicos: esta es la característica más obvia del orden presente…
Es posible una una metamorfosis general en la cultura: nuevas fuerzas, actividades, instituciones, en lugar de cristalizar independientemente de sus formas más apropiadas, podrían introducirse sigilosamente en la estructura de la civilización existente…como civilización, no hemos entrado en la fase paleotécnica…Estamos viviendo todavía, en palabras de Matthew Arnold, entre dos palabras; una es la muerta, la otra el poder para nacer.

Como resultado, la industria americana derivó en una producción sloanista [1] masiva a finales de siglo. Como apuntan Sabel y Piore, “ha costado casi un siglo…descubrir cómo organizar una economía para recoger los beneficios de la nueva tecnología”.

La primera etapa de la falsa forma  implicó la integración de la energía eléctrica en la estructura de fábrica paleotécnica: el uso de máquinas enormemente caras y especializadas en un producto, desde la que siguió la necesidad de utilizar la maquinaria a plena capacidad para reducir los costes unitarios; esto fue consecuentemente necesario para divorciar la producción de la demanda, mantener las máquinas funcionando, y preocuparse de la venta de las cosas después. A partir de aquí, en orden, siguió la necesidad de la corporación de controlar la sociedad en general, para garantizar que la producción sería consumida y ningún excedente de bienes frenaría el funcionamiento del motor. La conclusión lógica del sistema era la obsolescencia planificada [2], los distintivos de marca, la gran presión de la publicidad, y todo lo demás. Y montañas de desperdicios: montañas de bienes reparables en el basurero, montañas de inventario en las fábricas, montañas de bienes económicamente inútiles producidos para el complejo militar-industrial cuya principal función era destruir riqueza y prevenir su amontonamiento demasiado rápido.

Cuando esta etapa se hizo insostenible, la falsa forma entró en una segunda y débil etapa que Mumford ha fallado en anticipar. La crisis del insostenible choque de las economías occidentales industriales alrededor de 1970, después de haber sido pospuesta en una generación por la Segunda Guerra Mundial. La Segunda Guerra Mundial resolvió temporalmente las tendencias crónicas hacia la sobreinversión  y el subconsumo, ampliando muchas de las plantas y equipos del mundo fuera de los EEUU. Pero las tendencias críticas volvieron en los 70, con el abuelo de la crisis del cenit del petróleo actual.

En esta segunda etapa –promovida por Taichi Ohno como la producción ligera de Toyota y por las empresas de fabricación flexible de distritos industriales como los de Emilia Romagna –la economía corporativa comenzó a incorporar tecnologías y formas de organizar la producción que dieron vida a la visión neotécnica original.

De acuerdo con Piore y Sabel, el cambio hacia la producción ligera en América desde 1980 ha sido en gran parte una respuesta al creciente ambiente de incertidumbre macroeconómica que prevaleció después del resurgimiento de la crisis de sobreacumulación, y los shocks del petróleo de los 70s. La industria de producción masiva es extremadamente frágil –p. ej. “no se ajusta fácilmente a grandes cambios de su ambiente”. La cuestión no es cómo reaccionará la industria para resolver el agotamiento, sino cómo reaccionará a los tipos de fluctuación salvaje en los precios y las ofertas erráticas.

En cambio, el sistema dominante en los distritos industriales como Emilia Romagna se llama “fabricación flexible” por una razón. Es posible redirigir los bienes de capital dedicados y modificar las relaciones contractuales, y hacerlo muy rápidamente, en respuesta a los cambios súbitos del entorno. Aunque la producción artesanal siempre ha tendido a expandirse en relación a la industria masiva durante las depresiones económicas, fue solo en la prolongada depresión de 1970 y 1980 que comenzó a emerger de su estatus secundario, de forma que dichas técnicas de fabricación ligera empezaron a definir el sistema industrial.

Desde la segunda revolución industrial a finales del siglo XIX hasta el presente, las depresiones económicas han ampliado periódicamente el margen de la producción artesanal respecto a la producción en masa –pero sin alterar sus relaciones. El crecimiento lento arroja dudas en la siguiente expansión; en un ambiente incierto, las empresas postergan las inversiones de producción en masa o se pasan a técnicas de producción artesanal, que permiten entrar rápido en cualquier mercado abierto. El ejemplo más rotundo es la tendencia hacia una economía industrial de subsistencia o de reparación: como los mercados se estancan, el intervalo entre el reemplazo de los bienes vendidos se alarga. Este intervalo alargado incrementa la demanda de piezas de repuesto y servicios de mantenimiento, que son ofrecidos solo por empresas organizadas flexiblemente que usan equipamiento de uso general (N. T: de uso no especializado). El artesano de 1930 con una caja de herramientas yendo de puerta en puerta en busca de trabajos raros simboliza el descenso de la división del trabajo que acompaña el retroceso económico: la vuelta a los métodos artesanales.

Pero lo distintivo de la crisis actual es que el cambio hacia una mayor flexibilidad está provocando sofisticación tecnológica –en lugar de retroceso hacia técnicas simples. Como las empresas se han enfrentado a la necesidad de rediseñar los productos y métodos para dirigir los costes y la competencia creciente, han encontrado nuevas formas de recortar costes de la producción personalizada…en resumen, la artesanía ha retado a la producción en masa como paradigma.

En el caso de las pequeñas empresas japonesas del metal, las minifábricas americanas y la industria textil pratense (N.T: Italia), ha prevalecido el mismo modelo. Los pequeños contratistas de las grandes empresas manufactureras “sienten la volatilidad creciente del mercado de sus clientes; en respuesta, adoptan técnicas que reducen el tiempo y el dinero dedicados a cambiar de producto a producto, y eso también incrementa  la sofisticación y la calidad de la producción”. En Italia y Japón los contratistas se han federado entre ellos para crear redes de fabricación flexible y reducir su dependencia en una sola salida para sus productos.

Pero incluso aunque la economía corporativa volvió al original potencial de las tecnologías de producción neotécnicas, lo hizo dentro de la estructura organizacional paleotécnica, en la que los procesos de fabricación ligeros y flexibles continuaron siendo gobernados por enormes corporaciones que retenían el control sobre las finanzas, la publicidad y la propiedad intelectual.

E incluso la tecnología de producción ligera falló en alcanzar todo su potencial en una economía todavía basada en un modelo de distribución basado en “almacenar y descargar” (o en barcos-contenedor). El auténtico potencial de la fabricación ligera es eliminar totalmente el inventario orientando la producción a la demanda. No importa cómo de ligera sea una fábrica internamente, si el inventario únicamente es barrido bajo la alfombrilla –o más bien en las fábricas y los camiones- con una cadena de distribución de miles de millas. La verdadera producción ligera solo se logrará en una economía completamente relocalizada, en la que la maquinaria esté no solo subordinada al flujo de producción dentro de la fábrica, sino que la fábrica en sí misma esté subordinada tanto como sea posible a la demanda local y situada tan cerca como sea del punto de consumo.

La buena noticia es que la segunda etapa de la falsa forma es tan completamente insostenible como la primera. Como las viejas instituciones corporativas dependen más y más de la “propiedad intelectual” para captar valor del proceso directo de producción que ellos ya no controlan, se hacen cada vez más vulnerables. Como el proceso de producción se hace en red, y es controlado casi completamente por contratistas, la corporación se convierte solamente en otro potencial nodo superfluo para ser tratado como una obstrucción  y eludida. Y como ha argumentado en el pasado Eric Hunting, los crecientes diseños modulares de productos que el capitalismo corporativo ha asumido para sus propios objetivos son ahora otro modo por el que el sistema  está cavando su propia tumba.

El “capitalismo cognitivo” es viable solo en la medida que las patentes y los copyrights puedan hacerse cumplir por la fuerza, y la gente esté dispuesta a respetar su legitimidad. Todo el modelo de negocio, no solo del dinosaurio corporativo de las industrias del entretenimiento y el software, sino de los fabricantes físicos cuyos precios constan en buena medida de rentas de “propiedad intelectual” en lugar de trabajo actual y costes materiales de producción, colapsarán tan pronto como aquellos ocupados en la producción actual los vean como los parásitos inútiles que son.

El retorno de las viejas crisis de sobreacumulación y subconsumo con los posteriores desastres económicos, la creciente insostenibilidad mundial o incluso continental se suman a la era del cénit del petróleo, la imposibilidad de captar valor de la “propiedad intelectual” en una era de fuerte codificación y bittorrent, y por encima de todo la expansión de los costes de producción y gastos generales en el extremo inferior de la cantidad de mejoras en la tecnología de máquinas-herramienta miniaturizadas y la suma de pequeños capitales de pequeña escala subcontratados, significa que estamos en “tiempos interesantes”.

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[1]: “Sloanista” proviene de Sloan, uno de los gestores más celebres de General Motors.

[2]: Con “obsolescencia planificada” Carson se refiere a la práctica de las corporaciones de lanzar productos con un periodo de vida intencionadamente breve, para así garantizarse el consumo continuo.

El sindicalismo

Posted By Victor L. on June 13, 2009

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Desde el siglo XIX, el sindicalismo ha sido una de las principales estrategias de los trabajadores para reclamar mayores salarios, mejores condiciones de trabajo, o simplemente para satisfacer algunas necesidades o promover un sistema social alternativo –piénsese en las Trade Unions de la Iª Internacional o en el anarcosindicalismo-.

A pesar de que durante muchos años actuaron al margen de las leyes –que prohibían las asociaciones obreras, las huelgas, etc.-, hoy existe la opinión generalizada de que el sindicalismo no podría sobrevivir sin un Estado que subvencione, exima o proteja a los sindicalistas estatales.

Sin embargo, existen muchos motivos para pensar lo contrario.
A partir del siglo XX las legislaciones “sociales” en materia de trabajo han tenido una contrapartida que los liberales suelen olvidar: los representantes de los obreros han sido institucionalizados, de modo que las alternativas radicales, las huelgas salvajes, etc. han sido excluidas del sistema.
Las nacientes corporaciones de este siglo, caracterizadas por la producción en gran escala y los métodos intensivos en capital, necesitaban para su éxito de un entorno estable y predecible a partir del cual establecer sus predicciones a largo plazo. Y ese proyecto era incompatible con la autoorganización obrera, inestable e impredecible por naturaleza.
Entonces, las elecciones sindicales y las subvenciones a las organizaciones obedientes consiguieron reducir las exigencias obreras, convirtiéndola en un pulso que, por el lado de los trabajadores, era realizada por personas que no tenían ningún interés racional más allá de la reelección: los liberados sindicales.

El triunfo de estos sindicatos estatales ha supuesto que, como solo ellos están autorizados a negociar los convenios, los sindicatos voluntarios y radicales son desplazados hacia sectores menos regulados (como el sector servicios), donde la fragmentación y temporalidad del trabajo dificultan sus actividades – a pesar de lo cual sindicatos pequeños como la CNT han conseguido algunas victorias.

Como dice Thomas Knapp, los sindicatos son instituciones de mercado, que pueden actuar de manera no agresiva sin modificar sus objetivos básicos. No es necesario violentar a los esquiroles ni sabotear las instalaciones de la empresa; detener la producción puede ser lo suficientemente disuasorio para un empresario que no pueda alcanzar en poco tiempo los niveles de producción anteriores sin mano de obra experta; por otra parte, los piquetes informativos, el boicot o el apoyo de la población son otros métodos prácticos y pacíficos que pueden engendrar un sindicalismo perfectamente libertario.

Si esto es estatista, Dyler Lum y otros anarcoindividualistas del siglo XIX también lo fueron.

¿Comunismo del copyright?

Posted By Victor L. on June 10, 2009

comunismo

Se trata de un artículo publicado originalmente en el Center For a Stateless Society por Kevin Carson y traducido al castellano por Logsemán (logseman@gmail.com)

¿Comunismo del copyright?

En una entrevista de 2005, Bill Gates rechazaba el movimiento de código abierto/cultura libre, definiéndolo como “una nueva suerte de comunistas que quieren destruir los incentivos de los creadores de música, películas y software para crear nuevas obras, todo ello bajo distintas excusas.

No importa la actitud bifaz de Gates en este asunto. Nos es indiferente que desarollase el compilador BASIC de Microsoft bajo un esquema clásico de código abierto: “La mejor forma de prepararlo es escribir programas, y estudiar los mejores programas que otra gente escribió. En mi caso, fui a los contenedores de basura del Centro de Ciencia Computacional (CSC) y de ahí sacaba listados de sus sistemas operativos)”, para que luego este entusiasta escarbador de basura tuviera el rostro de escribir una carta al Homebrew Computer Club en 1976 quejándose de que la ruptura generalizada del código BASIC le estaba quitando el pan de la boca (“La mayoría de ustedes roban los programas que usan”), a pesar de ser un niño rico desde la cuna.

No es relevante lo que Gates haya hecho. Muchas fortunas basadas en el saqueo se han visto justificadas más tarde. Lo que nos importa es lo que dice: si no crees que el Estado debe garantizarte una recompensa por tus esfuerzos, eres un comunista.

Sin embargo, como bien decía el anarcoindividualista estadounidense Benjamín Tucker hace ya más de un siglo, eliminar los privilegios y monopolios implica que el libre mercado “socializará” los beneficios de la innovación.

El proceso normal en un libre mercado sin barreras de entrada es que un innovador obtenga beneficios extraordinarios a corto plazo por ser el primero del mercado, y que esos beneficios extraordinarios desaparezcan hasta ser nulos a medida que los competidores adoptan la innovación y bajan el precio gradualmente hacia el coste de producción.

Como muchos críticos de la “propiedad intelectual” resaltan, el concepto es contradictorio en sí mismo. La “propiedad intelectual” está reñida radicalmente con los principios de la auténtica propiedad privada. La “propiedad intelectual” sólo puede existir si se infringen los derechos de la propiedad privada tangible. Los copyrights y las patentes conceden al tenedor de éstos una apropiación de facto de la propiedad física de otras personas, impidiéndoles usar esa propiedad en las formas y modos que determine el monopolio que el tenedor de esos derechos posee.

Si analizamos la justificación que subyace en la legislación de propiedad intelectual, la asunción principal es que el artista o “innovador” tiene derecho a que el Estado le garantice una ganancia a cambio de su esfuerzo o su inversión.

Entonces si nosotros somos comunistas del copyright, Bill Gates y sus amigos de la RIAA [industria musical] y la MPAA [productores de películas] son, en verdad, unos nazis del copyright.

El fascismo es un sistema en el cual el gobierno garantiza la protección de los intereses de sus industrias protegidas escudándolas (incluso a punta de pistola) de la competencia del mercado.

Los nazis del copyright creen que el derecho del creador a un beneficio por su obra está por encima del derecho de la gente a entrar libremente al mercado y usar su propiedad como gusten.

Nosotros, los comunistas del copyright, creemos que todo el mundo debe poder hacer lo que quiera con su propiedad, y que nadie tiene derecho a tener un beneficio garantizado por el Estado.

El nazismo del copyright, por otra parte, es el “socialismo perverso” descrito por Noam Chomsky: privatizar beneficios y socializar costes. La propiedad de la masa (obtenida como fruto de su trabajo) y su derecho a hacer lo que deseen con ella; todo eso es “socializado” para beneficiar a los privilegiados. El santo y seña de Gates es la “perversa máxima de los amos de la humanidad”, frase de Adam Smith frecuentemente citada por Chomsky. Tal máxima es: “Todo para nosotros… y nada para los demás.”

Otra cita de Adam Smith que interesa a los nazis del copyright: “Gentes del mismo oficio rara vez se reúnen, ni siquiera para divertirse, sin que la conversación termine con una conspiración contra el público o en un contubernio para subir los precios”.

Por consiguiente me declaro enemigo de Gates, la MPAA y la RIAA y me declaro amigo de Adam Smith.

Si esto es comunismo, entonces llevémoslo hasta sus últimas consecuencias.

El 7 de Junio vota con fuerza… rompe las urnas!

Posted By Aritz on June 6, 2009

Mañana, 7 de Junio hay elecciones. Es curioso como los estatistas nos animan a votar, el último caso es el de Leire Pajín (PSOE) animándonos a votar con fuerza. Nótese como se metaforiza una simple acción que a la hora de la verdad es prácticamente irrelevante para dar la sensación de que estamos cambiando el mundo. Pues yo animo a todo el mundo a que vote con fuerza, con tanta fuerza que rompa las urnas.

Las razones para la abstención son múltiples. En primer lugar, es el único modo de proceder sin contradecir la ética libertaria. El voto es lo más cercano que tiene el Estado u organismos afines a una especie de contrato, si votas estás, en cierta medida, legitimizando su acción. Además, tu voto no sólo firma un contrato para ti, si no que ayuda a legitimizar el vínculo con terceros que no han acudido a las urnas. La abstención activa debe ser la actitud de todo anarquista, sin legitimizar y denunciando constantemente.

El caso Europeo es especialmente flagrante. Por un lado tenemos la tendencia a crear un supraestado, a centralizar la decisión política aún más de lo que ya lo está. La anarquía debe dar absoluto poder político a cada individuo, que éste esté extendido a colectivos cada vez más grandes va en contra de nuestros intereses.

Aunque a priori parezca que la UE vaya a favorecer el libre comercio, en forma de reducción de aranceles para su territorio, la experiencia nos ha demostrado que la regulación económica va en aumento desde este organismo. Albert Esplugas puso unos gráficos interesantes al respecto:

12

Sacados de este interesante estudio, donde también encontramos otras gráficas que se explican por sí solas (se refiere al coste que tiene la regulación (procedente de la UE o del Reino Unido) en el propio Reino Unido. Los datos para España son diferentes pero podemos hacernos una idea del alcance que tienen estas regulaciones.

cost

No creo que haga falta mencionar que toda esta regulación a quien favorece es a los múltiples lobbies de la gran corporación, con gran presencia en Bruselas.

Por todo ésto, el domingo haz algo de provecho. Diviértete, lee, escribe, protesta o quema una urna. Pero no votes, o estarás legitimando esta locura. Si lo tienen que hacer, que sea por la fuerza. Y si pueden.

La teoría del valor de Kevin Carson (III)

Posted By Victor L. on June 4, 2009

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“The natural wage of labor is its product” -Benjamin R. Tucker.

En mi opinión, este es uno de los capítulos más interesantes del apartado de la teoría del valor de Kevin Carson (antes de comenzar con su propia “marginalización” del valor-trabajo en los capítulos siguientes), ya que trata de salir al paso de las objeciones de Bohm-Bawerk a la teoría del valor clásica.

Independientemente de que lo haya conseguido, su punto de vista en este debate puede ser un buen contrapeso al marginalismo austriaco clásico, que suele despreciar los factores psicológicos y económicos que producen la equivalencia a largo plazo entre precio y trabajo.

Traducido por Horacio Langlois, como los dos anteriores.


C. Los marginalistas contra Ricardo

Aunque las subsecuentes críticas marginalistas hacia Ricardo eran más cuidadosas, Jevons encendió la salva de apertura en forma bastante radical. Formuló explícitamente su teoría a base del valor de utilidad en oposición a la teoría del trabajo. En su Introducción a The Theory of Political Economy, escribió:

Las repetidas reflexiones y preguntas me han conducido a una opinión algo nueva: que el valor depende completamente de la utilidad. Opiniones predominantes hacen al trabajo más bien que la utilidad el origen del valor; y hay aún los que afirman claramente que el trabajo es la causa del valor. Demuestro, al contrario, que solo tenemos que remontarnos con cuidado hacia las leyes naturales de la variación de la utilidad, dependiendo de la cantidad de materia en nuestra posesión, para llegar a una teoría del cambio satisfactoria, de la cual las ordinarias leyes de la oferta y la demanda son una consecuencia necesaria. Esta teoría está en armonía con los hechos; y, siempre que haya cualquier razón evidente para creer que el trabajo es la causa del valor, obtendremos una explicación de esta razón. El trabajo se concibe a menudo para determinar el valor, pero sólo de manera indirecta, variando el grado de utilidad de la materia por aumento o disminución de su suministro.

Sobre esta oposición, la cruda aserción de que la utilidad determina el valor parecen completas tonterías. La única forma en que un proveedor puede asignar sus bienes según su utilidad al comprador, es si está en una situación de monopolio que le permite asignarla independientemente del mercado, sin respeto de los costes de producción. Pero calificando esta declaración para tratar la utilidad marginal como una variable dependientemente determinada por las cantidades que poseemos, hace evidente que la influencia del valor sobre el precio asume una instantánea del equilibro de la oferta y la demanda del mercado en un momento dado. Este también es un defecto de la teoría de la utilidad austriaca, que fue desarrollada por Böhm-Bawerk y sus seguidores austriacos, hasta hoy día. No solo los austriacos más actuales trataron inadecuadamente la dimensión del tiempo, sino que se forzaron a una posición de escepticismo radical en cuanto a las nociones del “precio de equilibrio”, para evitar un entendimiento marshalliano del efecto dinámico de los costes de producción sobre el precio, por el efecto del suministro sobre el precio del mercado. Al grado que Jevons admitió la dimensión del tiempo, e hizo del suministro en sí mismo una función de la respuesta del proveedor al precio del mercado, también fue forzado a admitir el efecto del trabajo sobre el valor en “forma indirecta”, del mismo modo que Marshall más adelante haría con sus famosas tijeras.
Böhm-Bawerk analizó mejor sistemáticamente las excepciones a la teoría laboral y al principio del coste. Al obrar así, sin embargo, fue forzado a admitir una áspera correlación estadística entre el coste y el precio en los casos de bienes reproductivos; y en tal admisión, fue forzado a reducir su argumento a sutilezas sobre el nivel de generalidad requerido de una teoría del valor. Así, habiendo Böhm-Bawerk fijado los términos de la discusión, nos deja proceder a examinar su lista de excepciones a la teoría del precio de coste de Ricardo. Comienza su crítica con una declaración general:

La experiencia demuestra que el valor de intercambio de los bienes se mantiene en proporción a aquella cantidad de trabajo de sus costos de producción sólo en el caso de una clase de bienes (mercancías), y aún entonces solo aproximadamente. Conociendo esto como debe ser, considerando que los hechos sobre los cuales descansa son tan familiares, muy raras veces es estimado en su valor apropiado. Desde luego todos, incluyendo a los escritores socialistas, convienen que la experiencia no confirma completamente la ley del trabajo. Sin embargo, comúnmente se imaginan que los casos en los que los hechos reales confirman que el principio del trabajo conforman la regla, y que los casos que contradicen el principio forman una relativamente insignificante excepción.

Como ya veremos más tarde, es de validez cuestionable medir cuantitativamente las excepciones a la ley del valor; tiene más sentido tratar el efecto del coste como una generalización del primer orden, y luego tratar excepciones de escasez como desviaciones de segundo orden de esta generalización. Éste era el acercamiento de Ricardo, en tratar el coste y la escasez como principios gemelos del valor, y de Marshall, con sus tijeras. Cuanto más largo sea el plazo de tiempo, mayor será la influencia del coste sobre el precio de los bienes cuyo suministro puede ser aumentado en respuesta a la demanda, y las rentas de escasez demuestran ser las excepciones a corto plazo por las cuales se desvía el principio de coste.
La primera excepción de la lista de Böhm-Bawerk a la teoría laboral del valor era para las mercancías escasas de suministro inelástico.

1. De los alcances de la ley del trabajo son excluidos todos los bienes “escasos” que, por obstáculos legales o reales, no pueden ser reproducidos en absoluto, o pueden ser reproducidos sólo en cantidad limitada. Ricardo nombra, por medio del ejemplo, estatuas raras y cuadros, los libros escasos y las monedas, vinos de calidad peculiar, y añade a la observación que tales bienes forman sólo una muy pequeña proporción de los bienes que son diariamente cambiados en el mercado. Si, sin embargo, consideramos que a esta categoría pertenece la tierra, y, además, aquellos numerosos bienes en los que entran en juego en la producción las patentes, derechos de autor, y secretos de fabricación, nos encontraremos con que el grado de estas “excepciones” de ninguna manera es insignificante.

Los bienes que son permanentemente inelásticos en el suministro son, de verdad, la excepción más fundamental a la teoría laboral del valor de Ricardo. Tales bienes completamente inelásticos son, sin embargo, una parte relativamente menor de todas las materias primas. La producción de la mayor parte de bienes, tarde o temprano, puede ser ampliada a un nivel suficiente para satisfacer la demanda. Para tales bienes elásticos, la única cuestión es la duración requerida para tal ajuste. Böhm-Bawerk trató aquella “excepción” (no realmente una excepción en absoluto, como nosotros veremos, ya que esto de ningún modo viola la correspondencia entre el valor del trabajo y el precio de equilibrio) en su cuarto punto, citado más abajo. En cuanto al ejemplo de las obras de arte raras, etc., el mismo Böhm-Bawerk admitió que Ricardo las había reconocido.
El grupo final de excepciones —la tierra, las patentes, etc.— merece una más cercana consideración. Böhm-Bawerk amontonó todos los bienes de suministro inelástico, independientemente de si su inelasticidad es resultado de “obstáculos reales o legales”. Pero la versión mutualista de la teoría laboral del valor indica que, excepto los bienes naturalmente de oferta inelástica, el beneficio es resultado del intercambio desigual —si el mismo es resultado de la intervención estatal en el mercado. Al grado que la escasez de la tierra es natural, y los reclamos del propietario ausente no se hacen cumplir por el Estado, la renta económica sobre la tierra es una forma de alquiler de la escasez que prevalecerá bajo cualquier sistema. Pero al grado que la escasez es artificial, siendo resultado del gobierno o restricciones del propietario ausente contra el acceso a la tierra libre, o la renta del propietario sobre aquellos que realmente ocupan y utilizan la tierra, la concepción mutualista es que tal renta es una desviación del valor de cambio normal causado por el intercambio desigual. Las patentes, asimismo, son también desviaciones, no siendo nada más que un monopolio impuesto por el Estado. Tales ejemplos, por lo tanto, no tienen ningún porte absoluto sobre la validez de la teoría laboral del valor.
En su segundo ítem en la lista de excepciones, Böhm-Bawerk mencionó el producto del trabajo profesional. En el proceso de su discusión, ridiculizó la tentativa de Marx de salvar un estándar de tiempo de trabajo abstracto reduciendo el trabajo experto a un múltiplo de trabajo común. En esto, Böhm-Bawerk estaba en lo correcto. La validez de esta crítica es un factor en nuestra tentativa de adaptar la teoría laboral del valor sobre la base subjetiva de Hodgskin y Smith de “trabajo y apremio”, en el lugar del tiempo del trabajo incorporado por Ricardo y Marx. Esto será discutido detalladamente en un capítulo posterior.
En la tercera clase de excepciones, similarmente, incluyó a “aquellas mercancías —no es, en verdad, una clase muy importante— que son producidas por trabajo anormalmente mal pagado”. Pero la teoría laboral del valor, como Ricardo la formuló al menos, declaró que los valores de cambio de los bienes son regulados por la cantidad de trabajo incorporado en ellos —no por los salarios del trabajo. Y según la versión mutualista de la teoría, los salarios bajos en lo referente al producto total del trabajo son un resultado del intercambio desigual entre capital y trabajo dentro del proceso de producción.
La excepción más importante, después de la primera, es la cuarta: las fluctuaciones de los precios de los bienes por encima y por debajo del eje de su valor-trabajo, en respuesta a los cambios de la oferta y la demanda.

4. Una cuarta excepción a la ley del trabajo puede encontrarse en el familiar y mundialmente admitido fenómeno, de que aún aquellos bienes, en los cuales el valor de cambio corresponde completamente con los costos del trabajo, no muestran esta correspondencia en cada momento. Por las fluctuaciones de la oferta y la demanda su valor de cambio es puesto a veces por arriba, a veces por debajo del nivel que corresponde a la cantidad de trabajo incorporado en ellos. La cantidad de trabajo sólo indica el punto hacia el cual el valor de cambio gravita —no cualquier punto fijo de valor. Esta excepción, también, a los adherentes socialistas al principio laboral les parece que es demasiado ligera. De hecho la mencionan, pero la tratan como una pequeña irregularidad transitoria, cuya existencia no interfiere con la gran “ley” del valor de cambio. Pero es innegable que justo estas irregularidades se dan en muchos casos donde el valor de intercambio es regulado por otros determinantes que la cantidad de costes de trabajo. Podrían en todos los casos haber sugerido la pregunta de si no hay quizás otro principio más universal del valor de cambio, con el cual podía ser detectable, no sólo las formaciones regulares, sino también aquellas formaciones del valor que, desde el punto de vista de la teoría del trabajo, parecen ser “irregulares”. Pero nosotros vemos en vano para cualquier investigación tal pregunta entre los teóricos de esta escuela.

De hecho, esta cuarta excepción está absolutamente desprovista de sustancia, a no ser que uno adopte la posterior postura de la escuela austriaca de escepticismo epistemológico radical hacia la noción del “precio de equilibrio”. Y si, como Böhm-Bawerk dijo, el mismo Ricardo admitió la existencia de aquella excepción, sólo puede deducirse que Ricardo no lo vio como un defecto fatal en la teoría laboral. Parece seguirse que la diferencia entre las opiniones de Böhm-Bawerk y Ricardo es la importancia del fenómeno —en el caso de Böhm-Bawerk, la verdadera tarea sería mostrar que Ricardo se confundía en sus visiones la constitución de una teoría adecuada.
La teoría laboral de Ricardo no acababa de asumir implícitamente tal fluctuación, pero dependía de ella. Esto era solo en un cierto plazo de la competencia, y la respuesta de productores y consumidores al precio del mercado fluctuante, era el precio de equilibrio que continuamente gravitaba alrededor del valor del trabajo. Y Marx lo dijo más explícitamente, como veremos abajo.
Ricardo trató principalmente el “valor” y el “precio” como sinónimos, y demandó solamente que el valor se aproximaba al trabajo incorporado por el período de tiempo. Marx, por otra parte, usó el “valor” en cierto modo mucho más cercano al precio de equilibrio. Ambos, entonces, afirmaron simplemente que el precio de equilibrio de los bienes de oferta elástica se acerca a su valor de trabajo. Y para ambos, las fluctuaciones de los precios bajo la influencia de la oferta y la demanda eran el mecanismo mismo por el cual operaba la ley del valor.
Por último, Böhm-Bawerk señaló, en una quinta exposición, aquellos casos en los que los precios “constantemente” divergían del valor-trabajo, “y que no se considera” en la medida en que se producción “exigirá un mayor avance del trabajo ‘previo’…”. Si se estaba refiriendo a la amortización de gastos pesados de capital, no presenta en absoluto un problema para la teoría laboral, habida cuenta de que se considera el capital como trabajo pesado acumulado. Si se refería a los problemas que presenta la teoría laboral del valor ante las diferentes composiciones orgánicas del capital y la tasa general de ganancia, no está a nuestro alcance un largometraje del estudio de esta cuestión. Baste decir que así Ricardo como Marx, reconocieron las diferentes composiciones del capital como un factor de distorsión; y Marx vio la tasa general de ganancias sólo como la redistribución de los excedentes de valor, por lo que es un funcionamiento indirecto de la ley del valor. Y desde el punto de vista mutualista, el lucro y el interés son las ganancias del monopolio del capital resultantes de la intervención estatal en el mercado; para el mutualismo, la tasa de ganancia (a excepción de la relativamente pequeña parte de los beneficios netos resultantes de la preferencia temporal, que se tratará en el capítulo 3) es simplemente otro ejemplo de las distorsiones de los “valores normales” provocadas por el intercambio desigual.
Böhm-Bawerk resumió todas las desviaciones de la ley del trabajo, y llegó a la conclusión de que la teoría laboral del valor “no puede sostenerse en absoluto en los casos de una proporción muy considerable de bienes; en los demás casos, no puede sostenerse siempre, y nunca exactamente. Estos son los hechos de la experiencia con los cuales los teóricos del valor tienen que contar”.
La caricatura de muñeco de paja de la teoría laboral que Böhm-Bawerk intentó demostrar, obviamente, no se mantuvo bien firme en absoluto ante su ataque. Pero entonces, los muñecos de paja son deliberadamente construidos para ser derribados. Así habría tenido mucho sentido decir que la ley de gravedad se ve invalidada por todas las excepciones presentadas por la resistencia del aire, el viento, los obstáculos, el esfuerzo humano, y así sucesivamente. La fuerza actúa en todo momento, pero su funcionamiento es siempre calificado por la acción de fuerzas secundarias. Pero es claro, en el caso de la gravedad, que es fenómeno de primer orden, y las desviaciones son de un segundo orden al suyo.
Ricardo hacía entre bienes reproducibles y no reproducibles una distinción, por cierto, bastante engañosa. Aunque los bienes cuya oferta es absolutamente limitada en relación con la demanda son una parte relativamente pequeña de todos los productos básicos, no es menos cierto que incluso los bienes reproducibles necesitan un mayor o menor tiempo para acomodarse a la demanda. En cualquier momento dado, el precio de la mayoría de los productos básicos es, probablemente, más o menos el valor-trabajo, como consecuencia del desequilibrio entre la oferta y la demanda. Es sólo con el tiempo que se aproxima a los precios del valor-trabajo. Así que, en lugar de subrayar la insignificancia de la escasez cuantitativa de las desviaciones de los costos, Ricardo habría sido más preciso al hacer hincapié en el carácter de tales desviaciones de fenómenos secundarios en el proceso general por el que el precio de equilibrio se aproxima al valor-trabajo.
Pero los austriacos son culpables de su propia ambigüedad. Aunque Menger y Böhm-Bawerk consideraran que la influencia de los costos de producción prácticamente irrelevante en todos los casos de escasez, no tenían exactamente muy claro lo que significaba escasez.
Menger distinguía los bienes económicos, que se caracterizaban por la escasez, de los bienes no-económicos: “la diferencia entre los aspectos económicos y no-económicos de los bienes está fundada en última instancia sobre la diferencia… en la relación entre las necesidades y las cantidades disponibles de bienes…”. De los bienes no-económicos señaló:

La relación responsable de la falta de carácter económico de los bienes consiste en que las necesidades de bienes son menores que las cantidades disponibles. Por lo tanto, siempre que hay porciones de todo suministro de bienes no-económicos, están relacionados con alguna necesidad humana… Por lo que la no satisfacción depende del control que tengamos de cualquiera de las unidades que tengan un carácter de bien no-económico….

El problema, sin embargo, es que los bienes casi nunca se encuentran “no-económicos” en el sentido de no tener valor de cambio en absoluto. A menos que un suministro ilimitado de un bien se encuentre en su punto de consumo, y no se requiera ningún esfuerzo asignarlos, este adquiriría algún valor por el esfuerzo necesario de transportarlo al usuario final en su forma utilizable. Incluso cuando un pueblo está rodeado de bosques, sin límite en la cantidad que puede ser reproducido por un individuo en su casa, la leña tiene un valor de cambio. Incluso en Cockaigne o Big Rock Candy Mountain, uno debe hacer un esfuerzo de selección de los pollos asados, de los arbustos o bañar el whisky de la corriente (¿?).
Discípulo de Menger, Böhm-Bawerk dispuso de la escasez de la demanda en relación con la base del valor. El valor económico requiere “escasez así como utilidad—”

No escasez absoluta, sino escasez relativa a la demanda de un tipo particular de bienes. Para decirlo más exactamente: cuando el valor del conjunto de las existencias de bienes adquiridos no es suficiente para cubrir lo que queramos dependiendo de ellos para nuestra satisfacción, o cuando la población no dispone de los bienes suficientes.

Y esta escasez, como lo dice Böhm-Bawerk, es la escasez de los “bienes presentes”:

Ahora se puede demostrar —y con esto llegamos a la meta de nuestra larga investigación— que la actual oferta de bienes debe ser numéricamente inferior a la demanda. El suministro, incluso en la nación más rica, está en este momento limitado por la cantidad de riqueza del pueblo. La demanda, por otra parte, es prácticamente infinita…

Este concepto de “escasez”, como es utilizado por Menger y Böhm-Bawerk, tiene tres problemas. En primer lugar, como ya hemos sugerido anteriormente, que la escasez y la utilidad que dependen del equilibrio de la demanda y los “bienes presentes” en el momento actual, ignoran el factor dinámico. Al tomar el equilibrio de la oferta y la demanda en un momento del mercado como una “foto”, y derivar en este contexto el valor de la “utilidad”, no tienen en cuenta el efecto de los precios a corto plazo sobre el futuro comportamiento de los agentes del mercado: el mecanismo a través del cual en el tiempo se aproximan al precio del costo.
En segundo lugar, se confunden dos tipos de escasez: 1) el tipo de escasez que hace a los bienes económicos (es decir, la dificultad de la producción o el esfuerzo suficiente que se exige para su apropiación o la desutilidad de adquirirlas en un formato utilizable); y 2) el tipo de escasez en la que un producto sea más o menos de oferta inelástica, de tal manera que no pueden ser producidos en cantidades proporcionales a su esfuerzo. En cierto sentido, el primer tipo es creado para enfrentar a un hombre de paja: como hemos dicho, prácticamente no hay bienes no-económicos.
Y en tercer lugar, la afirmación de que la demanda es prácticamente infinita en relación con la oferta es engañosa. La “demanda” no es una variable independiente, sino que depende de los precios a los que los bienes están disponibles. Para ser “reproducibles”, en el sentido ricardiano, un bien necesario no puede reproducirse sin límite, las cantidades que una persona está más dispuesta a consumir, no tienen costo. Sólo han de ser reproducibles en las cantidades para las que existe una demanda efectiva en el costo de producción. Y tal y como se ha señalado más arriba, independientemente del grado de elasticidad, siempre que la oferta pueda adaptarse a la demanda, el precio de equilibrio se aproximará a los costes de producción.

El efecto del monopolio radical sobre la empresa cooperativa

Posted By Victor L. on June 1, 2009

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Joseph Schumpeter solía decir que la misión de la banca, a través del crédito, era seleccionar los proyectos que debían llevarse a cabo, y que por lo tanto sus acciones tenían una repercusión decisiva en la economía. En la pluma del director de sucursal está el poder de decidir quién emprende y quién no.

Kevin Carson argumenta que, debido al monopolio radical predominante en el sector bancario, las empresas cooperativas tienen menos opciones de salir adelante; no solo porque el crédito es artificialmente más restringido –y en consecuencia más caro- sino sobre todo porque son discriminadas en beneficio de las empresas más jerárquicas.

Una investigación de Catherine Newman mostró que las empresas cooperativas que tienen un acceso a crédito alternativo (por ejemplo, bancas cooperativas) tienen mayores posibilidades de sobrevivir que aquellas que dependen de la banca tradicional. De 12 cooperativas estudiadas, 10 de ellas fracasaron por este motivo. Sobre las causas de este hecho, menciona:

Una de las razones más convincentes de su fracaso inicial fue el hecho de que el formato organizativo de los colectivos era simplemente inaceptable para la limitada tradición de los organismos a los que solicitaban ayuda…Los bancos no estaban dispuestos a tener veinte remitentes en la forma de un préstamo, y los supervisores de condado no estaban por la labor de entregar subvenciones federales a organizaciones sin jerarquías formales. Después de todo, ¿quién iba a ser el responsable del uso de los fondos? En general, estos colectivos que buscaban asistencia externa descubrieron que deberían funcionar con las reglas de estos grandes organismos burocráticos… [1]

Como consecuencias, las cooperativas han tendido a establecerse en sectores relativamente poco intensivos en capital con pocas barreras de entrada, como restaurantes, tiendas de libros y tiendas de ultramarinos, donde los socios pueden sufragar el negocio con sus propios ahorros. Y, como menciona Robert Jackall, las escasas barreras de entrada también implican un mayor porcentaje de quiebras. Muchas veces estas cooperativas van asociadas a proyectos de trabajadores parados como modo de obtener un pequeño ingreso. [2]

Las subvenciones a cooperativas, frecuentemente mencionadas por los socialdemócratas como evidencia de su Estado ‘social’, suelen ir a parar a empresas por acciones encubiertas en lugar de a genuinas empresas autogestionadas, debido tanto a los livianos requisitos jurídicos (basta que ningún socio tenga más del 25% del negocio para optar a inscribirse como cooperativa) como a la reticencia de los funcionarios para otorgar subvenciones a empresas sin jerarquías, tal y como describe Catherine Newman en la cita anterior.

Kevin Carson apunta quizá la causa más importante del fracaso de las cooperativas en el contexto de un monopolio radical:

Un ejemplo de tales fuerzas estructurales es el mercado capitalista de crédito, que tiende a ser hostil debido a que la forma cooperativa excluye la representación de las entidades crediticias en la junta directiva, y limita seriamente el uso del patrimonio de la empresa como colateral. Tratar como iguales a los gestores, que pueden ser reemplazados por los trabajadores, también presenta dificultades culturales para los bancos convencionales.

En consecuencia, los trabajadores son excluidos en una especie de apartheid económico, donde las alternativas han sido arrinconadas por la mano de hierro del Estado y no tienen más opción que vender su fuerza de trabajo a alguna corporación capitalista.

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[1]: Katherine Newman, Incipient Bureaucracy: The Development of Hierarchies in Egalitarian Organizations, citada en Kevin Carson, Organization Theory p. 122

[2]: Robert Jackall, Work in America and the Cooperative Movement, citado en Kevin Carson, Organization Theory p. 123

Planificación y descentralización

Posted By Victor L. on May 30, 2009

plan-quinquenal

Continúo con la serie de artículos sobre anarcocomunismo que van surgiendo sobre la marcha a raíz de los debates en los diferentes hilos de comentarios.

En mi opinión, una de las consecuencias del anarcocomunismo será una extrema centralización y, por consecuencia, una extrema concentración del poder. La razón es muy sencilla.

Cualquier empresa debe adecuar su acción a la de las demás tanto para evitar el derroche de recursos que otras empresas necesitan con más urgencia como para dar y recibir recursos de ellas en la cantidad adecuada.
Para realizar esa tarea, la empresa necesita obtener información continua sobre todas estas cuestiones.

La falla del anarcocomunismo radica en que la empresa y el individuo aislados no poseen ninguna forma de adquirir por sí mismos toda la información del entorno referente a la escasez relativa, ya que desconocen los usos que las demás empresas pueden dar a un mismo recurso. Nunca saben si los materiales que están empleando serían más necesitados a cientos de kilómetros en la elaboración de un producto diferente, porque el precio no experimenta ningún aumento proporcional (y, de hecho, ni siquiera existe). Cada unidad de producción tan solo conoce la situación de su propio entorno, mientras la economía no puede funcionar sin la coordinación de las diferentes unidades. Por lo tanto, estas deberán delegar su autonomía en beneficio de la funcionalidad a un órgano central de estadística que recopile la información para distribuirla entre las empresas. Será ese órgano el encargado de ponderar el uso de los recursos y decidir hacia qué proyectos deben ser utilizados. [1]

Descentralizar sin precios equivale a pretender que un ciego se desenvuelva en la sociedad sin enseñarle braille: tarde o temprano tanto la federación anarcocomunista como el ciego necesitarán un tutor que dirija sus pasos.

Una cooperativa mutualista, en cambio, puede autogestionarse completamente atendiendo a unas pocas señales: los precios, que proporcionan a los obreros la información necesaria sobre el estado de la oferta y la demanda para gestionar su planta de producción. Si uno de sus insumos de producción experimenta un aumento de precio no necesitarán saber el por qué: solo reducirán su consumo y emplearán materiales alternativos. El precio, gracias a la acción espontánea de millones de personas, sintetiza el estado de los recursos y de las necesidades sociales de un modo que cualquiera pueda aprovechar esa información en su beneficio y el de los demás.

El precio sin socialismo es privilegio e injusticia; el socialismo sin precios es miseria y brutalidad.

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[1]: Y, como apuntamos en Anarcosindicalismo vs mutualismo, la planificación central es ineficiente porque divorcia la toma de decisiones del conocimiento: los tecnócratas diseñan planes sobre un entorno cambiante que no conocen.

Una perspectiva mutualista contra la crisis

Posted By Victor L. on May 27, 2009

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Los austriacos acertaron en su análisis del ciclo económico: las expansiones crediticias reducen artificialmente los tipos de interés, esto provoca que las inversiones aumenten a un ritmo mucho mayor que el ahorro y que, como consecuencia, estalle una crisis que depura los proyectos que no descansaban en un ahorro real. Muchas empresas deben quebrar y sus trabajadores deben ser despedidos para poder reajustar la economía conforme a las demandas de los consumidores.

Hasta aquí todo bien. Sin embargo, el mutualismo puede ofrecer una perspectiva más interesante para superar las crisis mediante la participación activa de los trabajadores. Influidos por Ayn Rand, los austriacos tienden a considerar con facilidad que las crisis son resueltas gracias a una élite: los empresarios, mientras los trabajadores deben limitarse a soportar los despidos y trasladarse hacia los sectores más rentables. Como diría Proudhon, los obreros son los “mercenarios de la concurrencia”.

Las crisis económicas son una oportunidad espléndida para avanzar hacia una sociedad manejada por los trabajadores y para derribar el capitalismo corporativo (algo que ya habría hecho el mercado de no ser por el Estado). Un primer paso podría consistir en transformar a los parados en empresarios autoempleados. Existen multitud de negocios que requieren muy poco capital para funcionar y que pueden ser lo suficientemente remunerativos para proporcionar un buen nivel de vida a la gente que lo está pasando mal y disminuir la tasa de paro.
Sin embargo, el Estado prohíbe o dificulta que esos trabajadores se ganen honestamente la vida mediante barreras de entrada como licencias estúpidas y requisitos de “seguridad” o “sanidad”, que tienen más relación con los intereses corporativos que con la seguridad y la salud de los consumidores. Una licencia de manipulación de alimentos no va a evitar que los cocineros de un bar te envenenen, pero sí puede impedir que muchas amas de casa y otros individuos creativos se inhiban de comenzar un negocio –y esta es una de las barreras más livianas.

De ese modo, el Estado consigue que solo podamos ganarnos la vida a través de aquellos que poseen el capital suficiente para sortear sus barreras.

Desde que la electricidad llegó a la clase trabajadora, cualquier obrero puede trabajar en su casa sin necesidad de intermediarios. Desgraciadamente, todos esos negocios, desde los restaurantes hasta la venta de droga, pasando por estancos, taxis, camiones, farmacias, granjas, agricultura a pequeña escala o producción casera están regulados o prohibidos por el Estado de modo que las barreras de entrada -tanto en cursillos como en dinero- son suficientes para disuadir a un desempleado o a un obrero no cualificado. Como consecuencia, el capitalismo obtiene un “ejército industrial de reserva” dócil y abundante que en periodos de crisis se transforma en una masa ingente de parados.

Por ejemplo, un usuario del C4SS mencionaba que los requisitos “ecológicos” de la Unión Europea le habían impedido continuar con su negocio casero de equipos electrónicos de audio:

Yo construyo y vendo pequeñas cantidades de equipos electrónicos de audio, principalmente para aplicaciones de audio, y he estado buscando la posibilidad de intensificar mis esfuerzos para hacer de esto mi principal línea de trabajo. Lo que descubrió fue muy interesante.

Aunque parece que las normas de seguridad son bastante fáciles, las regulaciones ambientales procedentes de Bruselas son otra cosa. El más nuevo de estos reglamentos se llama “Directiva de residuos eléctricos y electrónicos» (RAEE). Básicamente esta legislación exige que cualquier fabricante o distribuidor de electrónica (incluidos los comerciantes individuales como yo, que trabajo en un garaje) sea responsable de la eliminación de cualquier producto que venden, siempre que sea tirado por el cliente.

Para lograr este objetivo todos los fabricantes tienen que inscribirse en un “Plan de Cumplimiento de productores”, que cobra una cuota anual por disponer de cualquier producto que termina en un centro de reciclaje en alguna parte.

La tasa que yo personalmente tendría que pagar es de unos cuantos cientos de libras por año además de una cuota de inscripción de un poco más de cien libras. Aunque aquí está la parte interesante. El régimen especial de cumplimiento que yo buscaba para unirme (curiosamente de nombre WeeeCare) es una filial de una empresa llamada SLI Holdings Ltd que fabrica aparatos de iluminación y en 2007 tuvo ventas de $ 466 millones.

Así pues, en efecto, un pequeño comerciante ganando por debajo de 15k al año y produciendo apenas residuos (este soy yo, por cierto) está subvencionando el comportamiento contaminante de una corporación multimillonaria.” [1]

El único modo de que los trabajadores salgan fortalecidos de la crisis es retirar las barreras que les impiden ganarse la vida pacíficamente, aquí y ahora.

¡Proletarios del mundo, comerciad!

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[1]: Extraído de: http://c4ss.org/content/253

Propiedad mutualista y orden espontáneo

Posted By Victor L. on May 24, 2009

feudo

Los recientes debates tanto en el blog de Langlois como en este me han animado a escribir sobre la posibilidad de la propiedad mutualista a partir de un proceso espontáneo, es decir, sin ninguna planificación revolucionaria previa.

Hace meses escribí sobre la “viabilidad jurídica” de la propiedad mutualista suponiendo que fuese universalmente aceptada, pero ahora me gustaría plantearlo desde una óptica distinta. Aquí supondré que el Estado ha desaparecido súbitamente, y los títulos de propiedad permanecen intactos: lo que nos disponemos a tratar es cómo evolucionarían esos títulos de propiedad, a qué se enfrentarían los propietarios ausentes, etc.
Reconozco que las predicciones que obtengamos no tendrán certeza más allá de lo probable, pero esto me parece suficiente para examinar el asunto de la evolución de los títulos de propiedad sobre la tierra en un orden espontáneo.

Un sistema libertario de derecho (ley policéntrica) es por definición consuetudinario: no existe una constitución visible para todos, sino que cada cual actúa en base a unas costumbres interiorizadas y a sus expectativas en relación a las acciones de los demás. Este sistema de derecho se elabora a través de la interacción de los individuos; sus disputas, resoluciones, etc., sin una planificación deliberada, por lo que puede hablarse de orden espontáneo.

Una ley espontánea sobrevive a largo plazo solo si los beneficios sociales de su aplicación superan los costos de mantenerla; de lo contrario será desechada por otra más eficiente a través de un proceso de selección. La resolución de conflictos requerirán del ingenio de los tribunales, y estos crearán precedentes mediante sus veredictos, que serán imitados en caso de alcanzar un resultado satisfactorio. Estos veredictos pasarán a formar parte de las relaciones entre litigantes en situaciones similares, y la costumbre se convertirá en ley.

En el ámbito de la propiedad de la tierra, el Estado tiene un efecto perverso al eliminar la competencia entre sistemas legales y exteriorizar los costes de los terratenientes en materia de seguridad y litigación para mantener sus propiedades ausentes.
Ocupar una parcela es relativamente sencillo [1], y por consiguiente, mantenerla abandonada entraña riesgos de ocupaciones y conflictos que no se darían en el contexto de la propiedad mutualista. [2]
Sin embargo, los costes de seguridad asociados a este tipo de ocupaciones son socializados por el Estado. Si en un orden espontáneo el propietario debería contratar su propia fuerza de seguridad para hacer frente a los “polizones” mediante desalojos y demoliciones forzosas, actualmente puede descargar ese coste en el contribuyente. [3]
Además, el Estado, al socializar el coste de los tribunales, incentiva actividades con alta probabilidad de conflicto como la propiedad ausente de la tierra. Si el terrateniente interiorizase el coste de litigar, este podría ser lo suficientemente alto en algunos casos como para disuadirle de mantener su propiedad baldía.

Por último, el terrateniente exterioriza en el Estado un coste todavía más importante: el de unificar el sistema legal. Las diferentes interpretaciones legales entre comunidades (legales)  pueden provocar conflictos que a su vez generen cambios en la tenencia de propiedad, pero el Estado impide que tribunales de arbitraje o mediación aceleren esos cambios, reduciendo la competencia y selección de normas.
Debe tenerse en cuenta que no solo los campesinos están interesados en una reforma agraria, sino también los empresarios, constructores y otros grupos, y es posible que estos últimos sean la verdadera “vanguardia” involuntaria de los cambios (algo así como la metáfora marxista del brujo que no puede controlar las fuerzas que ha conjurado). Es probable que se produjese un conflicto de intereses entre los especuladores de tierras –interesados en su encarecimiento- y los empresarios –interesados en su baratura-.

Conforme aumenta la especulación, los emprendimientos pueden desplazarse a parcelas más baratas y alejadas de los núcleos de población, pero esto tiene un límite: los costes de distribución (y recordemos que serían plenamente interiorizados). Por lo tanto, existiría una presión por adquirir tierras alrededor de los núcleos de población. De esa forma, los empresarios tendrían incentivos en ocupar propiedades ausentes siempre que el coste de litigar no superase precio de mercado de la tierra, por lo que las ocupaciones serían mayores conforme progresara la especulación.

Por el otro lado, los especuladores estarían dispuestos a litigar siempre que sus costos no superasen las ganancias de venta menos la incertidumbre de la misma, lo que en ocasiones les forzaría a aceptar indemnizaciones de compensación en lugar de recuperar su tierra. (Es posible que las primas de asegurar ese tipo de propiedades fuesen mayores, lo que las desincentivaría).
Aun si nunca llegase a implantarse la propiedad mutualista de este modo, sí erosionaría progresivamente la propiedad absoluta sobre la tierra, y un sistema ligeramente atrevido de precedentes judiciales podría dar el salto definitivo.

En algunos casos, las ocupaciones pueden llegar a estar tan consolidadas que el ocupante esté dispuesto a asumir costes muy altos por mantener su parcela contra el propietario ausente.
Como ejemplo de este hecho, baste decir que, según estimaciones de la Guardia Civil, para el periodo 2005-2006 existían en España 12.832 construcciones ilegales (en terrenos protegidos) [4], lo que significa que el Estado en su papel de terrateniente es incapaz de vigilar sus títulos de propiedad; y tanto si se trata de propiedades públicas o privadas, la ley reconoce la propiedad de los ocupantes transcurrido cierto tiempo.

Tampoco debe subestimarse la presión de los propios trabajadores del campo, sobre todo si la reforma agraria lockeana no tuviera lugar; en las polis griegas eran frecuentes los repartos de tierras, durante la Edad Media las Jacqueries y otras revueltas campesinas asolaron Europa con el mismo propósito, y el lema de “tierra y libertad” ha liderado las reclamas de muchos movimientos revolucionarios, desde México hasta Ucrania, pasando por España, durante los dos últimos siglos.

Por último, en los espacios de poco valor (descampados, etc.), las actividades poco rentables que suelen rotarse sin que sus ocupantes reclamen nunca la propiedad absoluta pueden engendrar a largo plazo un mutualismo consuetudinario, creando la expectativa de que el abandono de la tierra legitima la ocupación posterior de terceros.

Si el salto llegara a producirse, los individuos crearían mecanismos para determinar cuándo una tierra está abandonada y otros pueden ocuparla. Probablemente los periodos de espera entre la ocupación y el abandono oscilarían inicialmente caso a caso, pero un sistema de precedentes podría reducir los intervalos y paliar la incertidumbre. Un periodo demasiado breve supondría una inseguridad intolerable para el propietario, mientras un periodo demasiado largo elevaría el precio de las tierras, los costes de litigio y los de seguridad.

En un orden espontáneo, supondría un problema similar determinar a partir de qué intensidad de sonido se está cometiendo una agresión: la solución probablemente oscilaría entre lo que las “víctimas” del ruido están dispuestas a pagar por imponerse y lo que los “agresores” están dispuestos a pagar por resistir. El caso es extrapolable al caso de la tierra.

Para agilizar la resolución de los conflictos relativos al tiempo de espera, las compañías de los propietarios tendrían incentivos en hacerse con informes de las parcelas o mapas catastrales, de modo que pudiera alcanzarse un alto grado de precisión a costes relativamente bajos, estableciéndose incluso distintos grados de espera según el tipo de explotación. Tanto los tribunales como los ocupantes tomarían en consideración los indicios estéticos (descuido del cultivo, basura, escombros, etc.) a la hora de considerar desocupada una parcela, y las resoluciones satisfactorias crearían un precedente que se incorporaría a las expectativas de los individuos. Así parece que sucedió en el Oeste americano, y probablemente también en las presuras hispánicas. Dentro de esos límites, el ocupante sería el auténtico propietario con plena facultad de vender su derecho de ocupación, formándose precios de mercado libres donde realmente deben formarse (ya que bajo la propiedad ausente encarecen la inversión productiva, véase la  explicación de Langlois) y sin necesidad de “tasaciones comuntarias”.

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[1]: Debido principalmente a los bajos costes de información para el ocupante, que puede advertir  de forma rápida qué parcelas están abandonadas. La ocupación de otro tipo de bienes inmuebles (edificios, etc.) implica mayores costes de información, además de los problemas de penetración, seguridad del edificio, etc.

[2]: Por supuesto, esta última no está exenta de costes.

[3]: Una situación similar se da en el caso de las patentes, cuyos beneficios son interiorizados completamente por los individuos o corporaciones beneficiadas, mientras el coste de perseguir a los infractores es exteriorizado en el Estado. Los incentivos de patentar desaparecerían si el inventor costease la persecución de los “piratas”.

[4] Extraído de El País: http://www.elpais.com/articulo/andalucia/fiscales/intensifican/peticiones

/demolicion/construcciones/ilegales/elpepiautand/20061020elpand_7/Tes/

Agricultores y molineros: la parábola del cálculo económico

Posted By Victor L. on May 22, 2009

molino

En los comentarios del hilo Mutualismo: única vía hacia la autogestión, debatiendo con Sol apareció la cuestión de cómo distribuir un producto escaso entre dos fabricantes. En mi opinión no ha respondido a la objeción que le hice, pero la explicaré aquí con más detalle.
Imaginemos que un agricultor tiene una tonelada de trigo, que divide en 10 paquetes de 100 kg para venderlos. Los potenciales compradores son dos: a) un molinero y b) un fabricante de biocombustibles.

Cada uno de los compradores (a y b) está dispuesto a pagar por cada saco su productividad, y esta a su vez está determinada por lo que los consumidores están dispuestos a pagar, por lo que distribuir el trigo en las proporciones correctas es importantísimo para saciar sus demandas. En cierto modo, el molinero y el fabricante no son más que los recaderos de los consumidores (de pan y de combustibles).

Conforme aumenta la cantidad ofertada, los bienes se dedican a usos cada vez menos apremiantes: esa es la razón por la que los precios bajan (del mismo modo que no estaríamos dispuestos a pagar lo mismo por una onza de chocolate si estamos hambrientos que si nos encontramos saciados). Por este motivo, el fabricante y el molinero estarán dispuestos a pagar cada vez menos por cada saco añadido que compren.

En el caso del molinero, supongamos que está dispuesto a pagar:

-    Primer saco – 100 $
-    Segundo saco – 90 $
-    Tercer saco – 80 $
-    Cuarto saco – 70 $
-    Quinto saco – 60 $
-    Sexto saco – 50 $
-    Séptimo saco – 40 $
-    Octavo saco – 30 $
-    Noveno saco – 20 $
-    Décimo saco – 10$

Mientras el fabricante:

-    Primer saco – 60 $
-    Segundo saco – 50 $
-    Tercer saco – 40 $
-    Cuarto saco – 30 $
-    Quinto saco – 20 $
-    Sexto saco – 10 $

E insisto en que lo que pueden pagar el molinero y el fabricante es proporcional al precio que obtendrán después por sus productos.

Dados estos datos, el precio se situará entre 30 y 40 $, de forma que el molinero quedará con 7 sacos de trigo y el fabricante con 3. Si el precio se situara por encima de 40 $, el molinero no podría comprar su séptimo saco ni el fabricante su tercero, por lo que quedaría 2 sacos sin vender; y si el precio se situara por debajo de 30, el molinero y el fabricante podrían comprar un octavo y un cuarto saco que, sencillamente, no existen, por lo que el precio solo puede caer entre 30 y 40$ si el agricultor quiere vender toda su producción.

De ese modo, el precio tiene la función de distribuir los factores en las proporciones adecuadas para saciar al consumidor, indicando al molinero y al fabricante cuánto han de comprar. Sin él hubiera sido imposible saber cuántos sacos de trigo debían darse a cada una de las industrias y, por lo tanto, se hubiesen repartido arbitrariamente y algunos consumidores habrían quedado insatisfechos.

El comunismo libertario, el anarcosindicalismo y el “socialismo de rostro humano” carecen de precios –o bien los intervienen y los falsean-, luego toda asignación de recursos que hagan es arbitraria y desembocará en el caos económico. Es por esta razón que, desde el prisma de la ciencia económica, no están entre las opciones disponibles.

El problema de la privatización

Posted By Aritz on May 21, 2009

Logsemán (logseman@gmail.com) ha traducido este texto de Thomas L. Knapp que ilustra a la perfección el sentir de los libertarios hacia las privatizaciones efectuadas por el Estado desde arriba, lo tenéis un poco más abajo. Pronto, ésta y algunas traducciones más en castellano en el propio C4SS donde Logsemán ya se ha apuntado como traductor, supongo que no les vendrá mal más gente!

En otro orden de cosas el C4SS está recaudando fondos para este trimestre, al que no le esté afectando la crisis y se anime, ahí tiene la ocasión para hacer una buena obra.

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En el transcurso de los últimos 25 años, la palabra “privatización” ha pasado de ser una idea innovadora a convertirse en un término comodín para definir procedimientos habituales de los gobiernos (habitualmente descritos como “sociedades mixtas públicas-privadas”).

La semana anterior [por el 8 de mayo] la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA) anunció su propia iniciativa privatizadora: enfrascada en desarrollar un recambio para el actual sistema de transbordadores espaciales, la agencia quiere comprar, en el ínterin, cohetes y cápsulas para misiones tripuladas a empresas privadas. Otras propuestas recientes de privatización incluyen campos tan diversos como la gobernanza de Internet o los servicios de acogida a nivel estatal en Estados Unidos.

La idea que inspira las privatizaciones consiste en que el sector privado – el “mercado”– opera con mayor “eficiencia” que el sector público, lo que supone ahorros de costes al contribuyente. Se dice, y con razón, que una empresa privada puede producir por un dólar la unidad un producto que a una empresa dirigida y operada por el Estado le costaría dos dólares por unidad.

Lo cual suscita, necesariamente, la pregunta: ¿para qué necesitamos al gobierno? ¿Por qué no comprar las cosas que se necesiten directamente en los mercados libres en vez de llevar el dinero a las empresas a través de una burocracia ineficiente que aumentará los costes desde el precio de mercado al “precio de Estado”?

Los anarquistas más convencidos no necesitarán mayor justificación para rechazar los procesos privatizadores. Sin embargo, otros pueden necesitar mayor evidencia de que la privatización es inaceptable… y la hay en abundancia.

La privatización, tal como se practica hoy, es un proceso que refuerza al Estado y debilita al sector privado. Irónicamente, un proceso que se vendió como una forma de traer “valores de empresa” al sector público ha llevado justamente al resultado contrario.

En primer lugar, “privatización” es una definición errónea de ese tipo de procesos. En un proyecto gubernamental “privatizado”, el Estado sigue manteniendo la autoridad principal sobre él… llevándose jugosas tajadas financieras en conceptos de “gestión” y “supervisión”. El control del Estado sobre el proyecto lo mantiene en la nauseabunda esfera del politiqueo, mientras que las “comisiones” adicionales disparan el precio desde los precios de mercado hacia “precios políticos”.

Por otra parte, las empresas que ganan los concursos o que querrían tomar parte en ellos no son necesariamente las más eficientes del mercado. Más bien suelen ser las empresas con mejores contactos e influencia en la esfera política. Ergo, la “privatización”, más que una forma de solventar las ineficiencias del Estado, es un vector de esas ineficiencias hacia el sector privado.

Por último, hay una perversión fundamental en esas “sociedades mixtas” mencionadas previamente: si bien en ellas el Estado mantiene la autoridad fundamental, es la empresa privada la que acarrea la mayor parte de la responsabilidad de los posibles resultados desfavorables.

Así, los proyectos privatizados que fracasen (presos que han sufrido abusos en cárceles “privadas”, un posible problema en las cápsulas tripuladas “privadas” de la NASA) pondrán en bandeja a los burócratas la cabeza de turco de las empresas privadas, intentando que olvidemos que esas empresas trabajan en esos proyectos bajo una regimentación estatal inmensa.

Las empresas de mercado serán las que se lleven los palos: por otro lado, las “empresas privadas” con mejores conexiones políticas estarán dispuestas a poner el cazo para el siguiente proceso privatizador una vez la opinión pública olvide el incidente, incluso si se les da un leve escarmiento público para guardar las apariencias.

Por su parte, las agencias gubernamentales siguen adelante, con sus reputaciones (y sus presupuestos) intactas.

La privatización, tal como hoy se practica, es un juego de “cara: el Estado gana; cruz: la empresa privada pierde”. Si un proyecto privatizado da resultados escandalosos o es una ruina, la culpa es del mercado y el Estado deberá involucrarse más directamente. Si un proyecto privatizador tiene un cierto éxito, el Estado se lleva el crédito del proyecto y procede a “cebar” a las empresas con más proyectos privatizadores, atrayendo más y más partes del sector privado al cálido y despilfarrador abrazo del sector público.

La alternativa a la privatización que se practica hoy (que podríamos llamar “privatización de pega”) es una auténtica privatización: los servicios que tradicionalmente ha prestado el Estado deben ser completamente retirados de sus zarpas. La justificación de las privatizaciones de pega es que, en verdad, el mercado es más eficiente que el sector público. Para cualquier cosa.

El Estado al rescate de la macrocorporación

Posted By Victor L. on May 19, 2009

quiebra

Estoy acostumbrado a leer en el IJM los clásicos argumentos liberal-conservadores sobre el trabajo asalariado y la pobreza del Tercer Mundo; los panegíricos a los grandes empresarios e, incluso, la justificación de las patentes o de la penalización de las drogas duras. Por eso me ha sorprendido este artículo de Francisco Capella, bastante asimilable por la crítica mutualista a las corporaciones.

Capella argumenta que las intervenciones de rescate a las grandes empresas tienden a incentivar la expansión de las empresas a fin de obtener las ayudas, ya que los costes son socializados:

Si una empresa sabe (formal o informalmente) que el Gobierno no deja que las empresas grandes quiebren, tendrá incentivos para primero crecer (para así acceder a esas posibles ayudas) y segundo comportarse de forma irresponsable (asumir mayores riesgos ya que los beneficios se privatizan pero las pérdidas se socializan). Ayudar a las organizaciones que son demasiado grandes para caer tiende a incrementar la cantidad y la mala conducta de dichas organizaciones.

La conclusión parece obvia; a menos rescates, menor será el tamaño de la empresa.

La teoría del valor de Kevin Carson (II)

Posted By Victor L. on May 18, 2009

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B. Economía política vulgar, marginalismo, y la aplicación de la motivación ideológica

Dado que la economía política de Ricardo se presentaba como tierra fértil para conclusiones socialistas, fue naturalmente vista como problemática por los apologistas del sistema capitalista industrial recién surgido. Marx hizo una distinción fundamental, en este aspecto, entre los economistas políticos clásicos y los “economistas vulgares” que vinieron después de ellos. Smith, James Mill y Ricardo habían desarrollado su economía política científica sin el temor de sus implicaciones revolucionarias, porque el capital industrial estaba todavía desvalido en una progresiva lucha revolucionaria contra la renta de los propietarios feudales y los monopolistas. Pero aquella situación llegó a su fin con la adquisición de los capitalistas del poder político.

En Francia e Inglaterra la burguesía había conquistado el poder [en “la crisis decisiva” en el año 1830]. Desde entonces, la lucha de clases, tanto práctica como teóricamente, tomó formas cada vez más abiertas y amenazantes. Esto tocó el otero de la ciencia económica burguesa. Desde entonces no se preguntaba si este teorema era verdadero o no, sino si era útil o dañino al capital, oportuno o inoportuno, políticamente peligroso o no. En lugar de inquisidores desinteresados, aparecieron luchadores alquilados; en lugar de una investigación científica genuina, privó la mala conciencia y la mala intención de los apologistas.

Maurice Dobb, de la misma manera, comenta la transición de la economía política de un papel revolucionario a uno apologético:

Como una crítica nivelada simultáneamente contra el autoritarismo de un Estado autocrático y contra los privilegios y la influencia de la aristocracia hacendada, la economía política en su inicio jugó un papel revolucionario… Sólo más tarde, en su fase post-ricardiana, hizo este paso del asalto del privilegio y la restricción a la apología de la propiedad.

Aunque esta ruptura no fuera quizás tan fundamental como los marxistas lo han planteado, hay pruebas de que al menos algunos economistas políticos a partir de los años 1830, estaban concientes del aspecto político del problema. Según Maurice Dobb, los “economistas políticos vulgares” fueron deliberadamente motivados por consideraciones apologéticas; como una alternativa a la escuela clásica establecida de Inglaterra, ellos dieron una vuelta continental con la escuela subjetivista, que había sido influenciada por la interpretación de Say de Adam Smith.

Estando contra todo esto [ricardiano], el acercamiento de la escuela del Sr. Longfield reaccionó tan fuerte – no simplemente como un elemento analítico no pertinente… sino contra sus más altos usos y corolarios. Al reaccionar de este modo, era casi inevitable que fueran llevados uno tras otro (y tarde o temprano se unieran) a rivalizar con la tradición que proviene de Smith. Si ellos correctamente eran descritos como absolutamente “improvisados” o “conciliadores”, tal término realmente debería ser aplicado a su papel en el desarrollo de esta tradición smithiana y no el acercamiento ricardiano.

Entre la primera generación de marginalistas, Jevons al menos estaba bastante conciente de la dimensión política de su proyecto anti-ricardiano. Para citar a Dobb nuevamente, “… aunque Menger, se podría decir, ha representado la ruptura con la tradición clásica aún más clara y completamente, Jevons estaba al parecer más conciente del papel que él jugaba en las nuevas maniobras del ‘coche de la economía política’, que Ricardo tan perversamente había dirigido ‘en un sendero incorrecto’.”
Dobb considera esto diciendo que el refinamiento marginalista del subjetivismo había sido producido simultáneamente por tres escritores diferentes, una década antes de la publicación de El Capital. Esto indica una atmósfera predominante de combate ideológico, y una vacante para polemistas anti-marxianos que esperaba llenarse.

Es, al menos, un hecho notable que diez años antes de la publicación del primer volumen del Kapital, no sólo tenía rival en el principio de utilidad articulado por separado por cierto número de escritores, el nuevo principio encontraba una receptividad a su aceptación como muy pocas ideas de novedad similar alguna vez puedo haberse encontrado. Solo por el efecto de la negación, la influencia de Marx sobre la teoría económica del siglo XIX pareciera haber sido mucho más profunda de lo que se acostumbra admitir…
Tanto que los economistas del último cuarto de siglo hayan anunciado sus producciones como una novedad tan histórica y que hayan inclinado sus lanzas de manera tan amenazante sobre sus antepasados, parecía tener una obvia explicación: a saber, el empleo peligroso de las nociones ricardianas recientemente tomadas por Marx.

Y de la segunda generación de austriacos, Böhm-Bawerk parecía bastante conciente, en la opinión de Dobb, de la naturaleza ideológica de la tarea previa a él.

Parece claro que Böhm-Bawerk por lo menos apreció el problema que la teoría clásica había procurado solucionar. Mientras él se ahorraba, casi tacañamente, el rendir homenaje aún para formular la segunda cuestión con exactitud, hay idicios de que él enmarcó su teoría directamente para proporcionar respuestas sustitutas a las preguntas que Marx había planteado.

Si tales conjeturas sobre los motivos políticos de los revolucionarios marginalistas parecen “poco gratas”, o injustas, vale la pena tener en cuenta que el mismo Böhm-Bawerk indicaba las motivaciones ideológicas de sus precursores, en la lengua muy evocadora de Marx, los “economistas vulgares”. Incluso además de blandir su hacha contra Marx, Böhm-Bawerk parece haber sido motivado por un deseo de demostrar la originalidad de sus propias opiniones a cargo de la defensa anterior del interés, como contra Nassau Senior.

La teoría de la abstinencia de Senior ha obtenido gran popularidad entre aquellos economistas dispuestos a favorecer el interés. Me parece, sin embargo, que esta popularidad ha estado prevista, no tanto en su superioridad como teoría, sino que vino justo a tiempo para apoyar el interés contra los ataques severos que se habían hecho en su contra. Ilustración de esta interferencia de circunstancia peculiar es que la enorme mayoría de sus posteriores defensores no profesan exclusivamente, sólo añaden elementos de la teoría de la abstinencia de un modo ecléctico a otras teorías favorables del interés.

Ya que Böhm-Bawerk no estaba sobre tal crítica de sus propios precursores, no tenemos ninguna obligación de ahorrarle un tratamiento similar en un exceso de caballerosidad.
Es notable, al menos, cómo la atmósfera cultural de la principal corriente liberal clásica cambiaba a partir de principios del siglo XIX. De un asalto revolucionario sobre el poder firmemente enraizado de la aristocracia hacendada y los monopolios, antes de finales del siglo XIX esta se había hecho una apología de las instituciones e intereses que se asemejaban lo más estrechamente posible, en poder y privilegio, a la clase dirigente del Viejo Régimen: las grandes corporaciones y la plutocracia.
El cambio hacia la reacción no era en ningún caso uniforme, pese a todo. El carácter revolucionario y anti-privilegio temprano del movimiento fue continuado en muchos hilos del liberalismo. Thomas Hodgskin, directamente de la tradición clásica liberal y también mucho más orientado al mercado que los socialistas ricardianos, criticó el poder capitalista industrial en la lengua evocadora del ataque de Adam Smith sobre los propietarios y mercantilistas – y sobre muchos de sus mismos principios.
La escuela americana del anarquismo individualista, de la misma manera, giró las armas del análisis del libre mercado contra los apoyos estatistas del privilegio capitalista. Incluso el discípulo de Hodgskin, Spencer, por lo general considerado como un estereotípico apologista del capitalismo, de vez en cuando mostró tales tendencias. Henry George y su seguidor Albert Nock, de la misma manera, giraron el liberalismo clásico hacia objetivos radicalmente populares. Nuestra propia versión del socialismo de libre mercado, dispuesto en este libro, viene de estos herederos de la doctrina armada del liberalismo clásico.
Por lo menos, independientemente de sus motivaciones políticas, los marginalistas desempeñaron un papel necesario. Su crítica detallada de la economía política clásica advirtió muchas áreas con necesidad de clarificación, o de una base filosófica más explícita. Y la crítica marginalista, sobretodo la de Böhm-Bawerk, ha producido innovaciones sinceramente valiosas que cualquier teoría laboral viable debe incorporar. Una crítica tal (Böhm-Bawerk crítica la teoría laboral por su carencia de un mecanismo adecuado), y una innovación (la teoría de la preferencia temporal austriaca) serán integradas, en los capítulos siguientes, a una adaptada teoría laboral del valor.

El mutualismo: única vía hacia la autogestión

Posted By Victor L. on May 16, 2009

mutualista-en-tanque

Me gustaría enfatizar la idea que ya expresé en el artículo de Anarcosindicalismo vs mutualismo.

Los anarcosindicalistas y otros grupos de izquierdas frecuentemente nos reprochan que el mutualismo pretende desarmar a los trabajadores o enfrentarlos entre sí mediante la competencia, pero lo cierto es que, según lo expuesto, es el único que puede ofrecer una economía racional y autogestionaria al mismo tiempo.

Toda economía que carezca de precios (como proponen los anarcosindicalistas o los “socialistas de rostro humano”) solo tiene una forma de coordinar los factores que intervienen en la producción: centralizando todos los datos y todas las órdenes en un órgano central.
El mercado proporciona información instantánea sobre la escasez de las mercancías, de forma que todos los individuos pueden adecuar su acción a los demás observando unas pocas señales –los precios- sin necesidad de ser dirigidos por un órgano central. Sin embargo, un sistema que carece de mercado solo puede obtener esa información a través de estadísticas al consumidor, y solo puede tramitar esa ingente masa de datos mediante un departamento de estadística.

La imagen anarcosindicalista de asambleas ciudadanas “tomando decisiones sobre lo que les concierne” es un idilio: el ciudadano medio está muy lejos de comprender las complicadas operaciones necesarias para manejar una economía desarrollada.  [1] Será necesario delegar el poder a un comité de expertos, que tendrá la potestad de decidir el puesto que debe ocupar cada individuo en su “plan comunitario”. Cualquier atisbo de descentralización y autonomía deberá ser erradicado para cuadrar dentro del proyecto de los expertos, y pronto la capacidad de decisión de los individuos se limitará a ratificar cada cierto tiempo los planes quinquenales.

Y una vez que la economía está completamente centralizada, las imprentas y los medios de comunicación también tienen un lugar definido por el grupo de expertos.

Es por este motivo que la autogestión, entendida como la máxima autonomía individual a todos los niveles (empresa, vida privada, etc.) solo es posible bajo el mutualismo, donde los individuos coordinan su actividad unos a otros de forma descentralizada a través de los precios, e incluso pueden innovar sin necesidad de precios previos.

Lo más cercano al ideal anarcosindicalista o “socialista de rostro humano” que sus partidarios pueden soñar es el mutualismo: un sistema donde los trabajadores son dueños de su producto y de su trabajo; donde la usura ha sido reemplazada por la banca popular y donde buena parte de los servicios “públicos” han sido disueltos en una multitud de empresas mutualizadas propiedad de sus clientes.

——————————————-

[1]: En la misma revolución española de 1936, algunos intentos de centralizar la producción fracasaron porque se enviaban encuestas a campesinos analfabetos, lo que da buena muestra de la irracionalidad de la planificación central.

La teoría del valor de Kevin Carson

Posted By Victor L. on May 12, 2009

studies

Por fin están disponibles algunos capítulos sobre la teoría del valor de Kevin Carson, quizá el aspecto más polémico de su obra Studies in Mutualist Political Economy. Horacio Langlois ha traducido los tres primeros subapartados (A, B y C), que iré colgando estos días con su permiso. Yo he traducido el subapartado D, y espero traducir el capítulo entero durante el verano.

Aunque considero válida la crítica subjetivista de Robert Murphy, y pienso que el mutualismo puede sobrevivir en toda su pureza adoptando el marginalismo hasta sus últimas consecuencias (Carson parece hacerlo con miedo, en la idea de que la teoría del valor-trabajo es intrínseca al socialismo), resulta interesante leer una teoría heterodoxa del valor trabajo, así como a algunos de los críticos de Bohm-Bawerk, Menger y compañía que cita Carson a lo largo del texto.

Capítulo I: el ataque marginalista contra la economía política clásica: una evaluación y un contraataque.


A.    Declaración de la teoría laboral del valor clásica.


La teoría laboral del valor, o, alternativamente, una cierta forma de la teoría del coste, eran comunes en la escuela clásica de economía política de Inglaterra.
Fue indicada en forma ambigua por Adam Smith: “el verdadero precio de todo, de todo lo que el hombre desea adquirir, es el trabajo que cuesta y el problema de su adquisición… El trabajo era el primer precio, el dinero de compra original con el que se pagaron las cosas”. En el mismo pasaje, aunque hablando de la posesión de una mercancía, el valor de esta consistía en “la cantidad de trabajo que puede encerrar…”. Y otras veces, él parecía hacer del trabajo el precio efectivo de mercado del valor de intercambio.
La declaración más clara y más eficaz de la teoría laboral estuvo en David Ricardo, en Principles of Political Economy and Taxation: “El valor de una materia, o la cantidad de cualquier otra materia destinada al intercambio, depende de la cantidad relativa de trabajo que sea necesario para su producción, y no de  la mayor o menor remuneración que se paga por ese trabajo”. En la definición de tal doctrina, Ricardo eliminó la confusión entre el trabajo como la fuente del valor de intercambio y los salarios como componentes del precio.
De este principio, se concluía que la creciente renta de los dueños de la tierra y del capital era una deducción del valor de intercambio creado por el trabajo, y este variaba de forma inversa al beneficio: “Si el maíz va a ser dividido entre el granjero y el trabajador, cuanto más grande sea la proporción que se da al último, menos permanecerá para el anterior. Si las mercancías de paño o algodón van a dividirse entre el trabajador y su patrón, cuanto más grande sea la proporción dada al primero, menos queda para el último”.
Era totalmente natural que el movimiento socialista emergente aprovechase las implicaciones políticas de esta conclusión. La escuela de los “socialistas ricardianos” en Inglaterra tomó tal inspiración. El más grande de ellos, Thomas Hodgskin, escribió en Labour Defended Against the Claims of Capital, que los “salarios varían al inverso que los beneficios, los salarios se elevan cuando bajan los beneficios, y los beneficios se elevan cuando caen los salarios; y es por lo tanto que los beneficios, o la parte capitalista del producto nacional, se opone a los salarios, o la parte del trabajador”.
Marx, en su tiempo, se inspiró en la interpretación socialista ricardiana de la economía política clásica, al igual que en Proudhon. Según Engels, el socialismo moderno era una consecuencia directa de las penetraciones de la “economía política burguesa” en la naturaleza de los salarios, la renta y los beneficios.

En cuanto al socialismo moderno, no importa qué tendencia, comienza en la economía política burguesa, casi sin excepción toma la teoría ricardiana del valor. Las dos proposiciones que Ricardo proclamó en 1817 directamente al inicio de sus Principles fueron, 1) que el valor de cualquier mercancía está determinado pura y exclusivamente por la cantidad de trabajo requerida para su producción, y 2) que todo el producto del trabajo social se divide en tres clases: terratenientes (renta), capitalistas (beneficio), y trabajadores (salarios) – estos dos principios habían sido utilizados desde 1821 en Inglaterra para llegar a conclusiones socialistas, y en parte con la misma precisión y resolución de esta literatura, que entonces casi había sido olvidada y en gran parte sólo fue descubierta de nuevo por Marx, sería sobrepasada por la publicación de El Capital.

El grado real en que la teoría del valor de Marx es una consecuencia franca de Ricardo, y en el que esta era una preexistencia de la filosofía hegeliana con elementos ricardianos injertados, es una cuestión discutida. Pero para el actual propósito, trataremos en nuestro estudio la teoría del valor de Marx al grado en que nos permita acercarnos a la teoría ricardiana.

Estrategia mutualista (I)

Posted By Victor L. on May 8, 2009

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Igor Ansoff describió genialmente en Corporate Strategy el modo de trazar una estrategia: en primer lugar se establecen los objetivos, a continuación se estima cuál es la diferencia entre la posición actual y los objetivos establecidos, y por último se ponen en acción diversas estrategias para reducir la diferencia entre ambas posiciones. La efectividad de la estrategia se medirá, por lo tanto, en función de lo rápida y efectivamente que consiga reducir esa diferencia.

Aplicado al anarquismo, la mejor estrategia política es aquella que consigue reducir el poder y el tamaño del Estado de la forma más rápida y eficaz posible.

Aunque todo esto parece una obviedad, muchos anarquistas lo olvidan: el anarquismo persigue la abolición del Estado. Esa abolición beneficiaría a los trabajadores y a la sociedad en general, pero solo como consecuencia y a posteriori. El objetivo del anarquismo no consiste en perseguir o mantener ese bienestar a toda costa: por ejemplo, aumentando el poder del Estado. Como corolario, el anarquismo debe buscar formas alternativas de proporcionar bienestar; o bien no proporcionarlo en absoluto, o dejar de ser anarquismo.

En fin, que la estrategia anarcosindicalista de mantener las “conquistas sociales” (sic) “arrancadas” al Estado es ineficiente desde una perspectiva estratégica anarquista: no reduce la distancia entre la sociedad estatista actual y la sociedad libertaria del futuro. Al contrario, se convierte en reaccionaria precisamente porque no reduce la distancia entre los dos puntos, sino que la agranda.

A propósito de las supuestas “conquistas sociales” me parece interesante la perspectiva de Langlois. Para él, el Estado es una clase en sí misma –en la línea de los clásicos anarquistas-, que teje redes de clientes con el fin de perpetuarse, insertando una porción cada vez mayor de la población en esas mismas redes e interesándola directamente en la propia existencia del Estado; lo que podría equipararse con las clientelas de los primitivos líderes tribales, que tras un acto de usurpación se convertirían en los primeros jefes de Estado. Los obreros socialdemócratas, anarcosindicalistas o “anarcosocialdemócratas” serían los clientes débiles que venden su lealtad a cambio de unos pocos favores del líder tribal.

El Estado no será derribado por las decenas de miles de funcionarios públicos que abarrotan las oficinas estatales, ni por los agricultores subvencionados ni, probablemente, tampoco por los trabajadores cualificados de las grandes industrias, que al igual que sus patronos, perciben elevadas rentas gracias a al intervención estatal. Evidentemente, tampoco podemos esperar mucho más de los grandes empresarios y líderes sindicales. Y desde luego, no puede pensarse en una eventual sociedad anarquista cuando gran cantidad de la población está racionalmente interesada en que tal sociedad no llegue a materializarse jamás.

Sencillamente, si queremos rebelar a la gente contra el Estado debemos crear el modo de oponerlos frente a frente. Y para comenzar, eso implica presionar para desmantelar desde ya todas las fuentes de ingresos públicos (oposiciones funcionariales, grupos de presión empresarial y sindical, etc.) que son, de facto, redes de captación ideológica en manos del Estado. La revolución, como digo, no puede esperarse de los clientes del Estado; sino de esa clase de hombres y mujeres que regentan pequeños negocios fiscalizados por el Estado, o que trabajan a cambio de salarios artificialmente bajos por efecto de los monopolios, etc. Pymes oprimidas, trabajadores precarios, autónomos, profesionales liberales y capas bajas y medias de trabajadores asalariados son el público objetivo del anarquismo. Y este debe aprender a satisfacer sus necesidades sin recurrir al Estado, es decir, a ampliar la red de personas interesadas en su perpetuación.

La eutanasia

Posted By Victor L. on May 6, 2009

euthanasia

A veces se argumenta que la eutanasia equivale al asesinato, porque con su legalización más personas serían asesinadas (y debería añadir: autoasesinadas), y porque gracias a su prohibición,  se salvan muchas vidas.

Pero, en mi opinión, estos argumentos son erróneos. La cuestión, en primer lugar, no es si las vidas pueden ser salvadas, sino quién es el propietario legítimo de estas vidas, si lo es la “comunidad”o la “sociedad”, y entonces estas podrían conducir la vida de las personas concretas en contra de su voluntad; o si los individuos, en cuyo caso estos tendrían el derecho de manejarse como quisieran.

Por otra parte, el asunto de la eutanasia podría exponerse en otros términos, esto es, ¿viola la eutanasia algún derecho? ¿es la práctica de la eutanasia invasiva o, por el contrario, es una práctica pacífica?

Todo depende de nuestra perspectiva de la sociedad; si concedemos derechos a los individuos, entonces estos estarán en disposición de suicidarse si están gravemente lesionados, enfermos, o están completamente sanos –esto es irrelevante.
Si confiamos nuestros derechos en un ente superior –como en la Edad Media, cuando el suicidio era un crimen contra Dios y la religión-, entonces practicar la eutanasia es un crimen, pero no un crimen mayor que decidir cualquier cosa sin el permiso de esta misma entidad superior.

O nuestra vida es nuestra, y por lo tanto podemos rescindirla; o pertenece a otros, en cuyo caso no podemos tomar ninguna decisión sin su consentimiento, y estamos condenados a la inacción. Es aquí donde cobran sentido los términos “soberanía individual” o “autopropiedad”, la base de una ética plenamente libertaria.

“Entrevista con la humanidad”

Posted By Marco Arrieta on May 4, 2009

“Hay que rescatar el sentido contestatario del cooperativismo en contra del sistema capitalista”.

Me permito copiar esta entrevista a Jaime Llosa hecha por Márlet Ríos del periódico anarquista peruano “Humanidad” en su Nº 8.

Entrevista a Jaime Llosa (febrero de 2009):

coop

Humanidad: No se conoce mucho de la participación de libertarios durante el régimen de Velasco, pero nosotros sabemos que usted, Gerardo Cárdenas, Gutiérrez y otros participaron activamente. ¿Puede contarnos un poco sobre esta participación?

R: Había un nivel de reflexión y de análisis en un instituto libertario; yo no me acuerdo exactamente el nombre que tenía. Teníamos un local que compartíamos, que era de los maestros jubilados, en la calle Chota y ahí nos reuníamos cada semana y teníamos grupos de estudio, círculos de estudios; dábamos charlas. Cuando salió la ley de Comunidades laborales, dábamos charlas a las comunidades laborales, cómo organizarse, cómo gestionar las empresas, así como círculos de estudios y reflexión sobre los temas del pensamiento libertario. Entonces, efectivamente, eso era un tipo de trabajo: de reflexión, análisis, de enriquecimiento y otro era a nivel de las personas que trabajábamos en la época de Velasco. Entonces, se daba en las charlas que dábamos, porque también se daban las charlas en universidades, en varios lados. Lo más marcado es cuando se diseña, y ahí participaron Jorge Choster también, que después murió, y aun otros compañeros más… Yo no me acuerdo el nombre de todos, pero el gobierno necesitaba sacar la legislación cooperativa condicente con la Reforma Agraria, o sea cómo se iba a entregar la tierra. Entonces, se habló de cooperativas agrarias, se habló de SAIS, se habló de cooperativa de integración parcelaria y también de cooperativas de servicios. Entonces, los que teníamos más formación en este tema fuimos llamados. Yo estaba enseñando en La Molina y me pidieron que colaborara con el gobierno. Dije: bueno, mi vocación socialista indica que los militares generalmente son el parachoque de defensa de la clase dominante; entonces ¿cómo voy a saber si esto va a ser una revolución? Puede ser un cuartelazo más. Eso me mantuvo reticente. Yo hubiera estado encantado de ayudar en el tema de las cooperativas, pero fue recién por un contrato entre La Molina y el Instituto de Desarrollo Cooperativo que yo voy prestado por La Molina. Fue entonces cuando empecé a trabajar en este proceso y ayudé a diseñar los decretos, por ejemplo el decreto de cooperativas agrarias, Decreto 240; cooperativas agrarias SAIS, cooperativas de servicios, de integración parcelaria. Desde el principio, me dediqué al diseño de estos sistemas. Yo había estudiado en Francia economía y sociología de la cooperación. Entonces, dentro de las formas de cooperación hay desde las formas más simples hasta la comuna china o la autogestión yugoslava: todo eso se estudiaba en Francia…

Por ejemplo, si usted lee la definición de una cooperativa agraria de producción, ¿qué dice? Dice que la propiedad de los medios de producción corresponde al conjunto de trabajadores sin que a ninguno de ellos le corresponda ningún derecho de propiedad; o sea llegamos a la negación de la propiedad. ¿Qué habíamos analizado? Uno analiza la propiedad y ¿qué analizas? Los atributos que tiene la propiedad. Uno de sus atributos es el uso. Nosotros dijimos: los campesinos van a tener el derecho de usar la tierra y los bienes agrarios, la industria azucarera, lo que sea. El segundo atributo es el usufructo: apropiarse de la riqueza que ellos mismos generan. El tercer atributo es la disponibilidad: los campesinos no pueden disponer, no pueden vender, no pueden enajenar, no pueden alquilar. Les impedimos la libre disponibilidad, así como el derecho a herencia, a lo que los abogados llaman derecho persecutorio. No pueden tener herencia, pero, si el padre muere, la cooperativa crea un fondo de solidaridad para mantener a la viuda y a los huérfanos que se encarga de darles la vivienda y los servicios de salud, todo aquello. Es así como nosotros reenfocamos la noción de propiedad social y, por lo tanto, realizamos un avance, porque cambiamos la lógica de la propiedad; le quitamos algunos atributos como la disponibilidad (…)

El pensamiento libertario plantea que el capital y el trabajo estuvieron unidos en los albores de la historia, pero se separaron; a partir de ahí comenzó la pugna y la lucha entre capital y trabajo. La única manera de eliminar esta contradicción insalvable, es juntarlos de nuevo: que capital y trabajo estén en las mismas manos. Esta es la noción de autogestión. Sin embargo, no basta quedarse ahí, ya que existe un problema: hay empresas –las automatizadas– que tienen muy pocos trabajadores, porque tienen una alta densidad de capital, composición orgánica de capital, y poca mano de obra. Entonces, es necesario definir qué porcentaje real le corresponde al trabajo, sea creativo o sea manual, debido a que no es posible que el trabajado se apropie de todo…

Humanidad: En la Universidad Agraria, en una actividad de la Federación de estudiantes, le escuché decir que ser libertario es ir contra la corriente, pues vivimos en una sociedad profundamente autoritaria. Para González Prada y otros, la tarea de los libertarios es justamente impugnar y recusar esta sociedad autoritaria ¿Qué piensa usted?

R: El Perú tiene una matriz autoritaria, porque el imperio incaico era teocrático y vertical. El Inca era hijo de dios, del Sol…Era un diferencial que funcionaba igual que la monarquía, imposible de alcanzar. Entonces, nuestra matriz es autoritaria…La democracia sólo podrá existir cuando sea democracia económica y el ser social es un ser que debe involucrar a lo económico, lo político, todo junto: integrar al hombre en todas sus dimensiones. La noción del hombre pluridimensional. Mientras exista la propiedad privada de los medios de producción y las grandes corporaciones manejen el mundo, esta matriz autoritaria se mantiene. Marx decía el poder económico sirve de sustento al poder político: hay una relación dialéctica entre poder económico y poder político. Las grandes empresas concentran no sólo la renta, es decir el ingreso, sino también la capacidad de decidir. Una multinacional o una transnacional tiene la capacidad de doblegar estados. Nosotros tenemos que romper los centros de decisión y de concentración del poder; en otras palabras, democratizar el poder es democratizar el fundamento de la sociedad que son las empresas de bienes y servicios. En Yugoslavia, por ejemplo, una empresa era manejada en forma de autogestión, pero un servicio médico de una comunidad o de un municipio lo manejaban las enfermeras, los médicos, el portero, es decir todos los que manejaban el hospital. Sin embargo, la mayoría la tenía la comunidad, ya que era un servicio para la comunidad y ella era la que tenía que saber si el servicio era bueno o malo. Si mi mujer iba al hospital y le dejaban una gasa a la hora de operarla, yo me enteraba. Por eso, los servicios tienen que guardar un equilibrio. Yo he estado en Argentina, invitado por el sindicato de Luz y Fuerza, que trabajaba como fórmula de autogestión, y la mayoría la los obreros que generaban el servicio; eran obreros privilegiados, ganaban mucho dinero. Incluso tenían clubs; me invitaron a hacer parrillas ahí. Ellos tenían el poder de subir la tarifa eléctrica. Yo les decía: no, ustedes no pueden tener mayoría, son los usuarios del servicio los que deben tenerla, porque el fin de generar energía es dar un servicio. Entonces, los usuarios del servicio deben tener la mayoría de la empresa; ahí ya no les gustó mi discurso (…)

Cuando se hace la revolución de Octubre, ¿cuál era la voz de orden? Todo el poder a los soviets y los soviets eran células de autogestión; y de la autogestión obrera pasaron al control obrero y del control obrero al control del partido y se acabó la posibilidad de socialismo y se llegó a un capitalismo de estado (…)

Humanidad: Los rojos lo que hicieron fue apropiarse de ese concepto que era libertario, de soviets y lo utilizaron…

R: Claro, lo utilizaron, pero lo utilizaron sin convicción porque era la mentalidad autoritaria. Por eso es que nosotros los anarquistas nos definimos como socialistas libertarios para diferenciarnos de los socialistas autoritarios, que no le hacen fe al pueblo. Lo que ocurre en el mundo es que la vanguardia lúcida, iluminada y profética del proletariado es el partido y el partido toma el poder y nunca ha habido en la historia el caso en el que se transfiera el poder al pueblo. De esta manera, se crea una costra viva, que genera una ideología para justificar quedarse, debido a que ya no son dueños de los medios de producción, pero sí son dueños diferencialmente del excedente económico. Un obrero ganaba uno y un jerarca del Partido Comunista de Rusia ganaba 40. Así no se hace el socialismo pues…

Entrevista por Márlet Ríos

El derecho natural de la propiedad absoluta

Posted By Victor L. on May 2, 2009

“Si toda persona tiene derecho a poseer su propio cuerpo, y si todos los hombres tienen que usar y transformar los objetos materiales para poder sobrevivir, entonces todos tienen derecho a la propiedad de los productos que han conseguido mediante su energía y su esfuerzo, en cuanto que son una verdadera extensión de su personalidad” – Murray N. Rothbard

paleolitico

Después de la refutación económica de Langlois sobre la propiedad capitalista de la tierra, me gustaría abordar la cuestión desde un enfoque ético, que tradicionalmente ha sido el punto fuerte de los lockeanos.

Muchos anarcocapitalistas (incluso de izquierdas) aseguran que la propiedad sobre la tierra –absoluta- es un derecho natural, y que cualquier interferencia en este principio constituye un atentado contra una ley profundamente arraigada en la naturaleza humana. Para George Reiman, por ejemplo, los mutualistas son “ladrones” que pretenden robar su justo producto a los colonos que desbrozan por primera vez sus tierras vírgenes.

Pero como el propio Rothbard sostiene en La ética de la libertad, los derechos naturales, en cuanto tales, deben ser universales y permanentes, es decir, aplicables en todo tiempo y lugar:

Un punto vital: si estamos intentando sentar las bases de una ética para el hombre (en nuestro caso, de la subclase de ética relacionada con la violencia), para que la teoría tenga validez ha de ser verdadera para todos los hombres, en todos los tiempos y lugares. [Murray N. Rothbard, La ética de la libertad, Unión editorial, 1982, p. 79]

Por desgracia, Rothbard olvidó que el ser humano en su fase nómada no puede sobrevivir a menos que se rija por parámetros mutualistas, es decir, propiedad absoluta para bienes muebles y propiedad por ocupación para bienes inmuebles. De lo contrario las tribus no podrían rotar en sus asentamientos con el objetivo de regenerar los recursos, ya que aquellas que primero ocupasen las parcelas tendrían el derecho a retenerlas incluso aunque estuviesen habitando en otro emplazamiento. Sin el conocimiento tecnológico necesario (la cría de ganado y la agricultura sedentaria), la propiedad lockeana hubiese hecho imposible la vida humana sobre la tierra.
En otras palabras: el hombre del paleolítico se habría extinguido si hubiera seguido los preceptos de Murray Rothbard.

Este, erróneamente, consideró como natural una práctica válida solo para los últimos 10.000 años de existencia humana, obviando los 2 millones de años anteriores.

A este respecto es esclarecedor el hecho de que, cuando desaparece el Estado, florecen las prácticas de propiedad cercanas al mutualismo, tales como las presuras medievales, o la minería californiana y burkinesa en los siglos XIX y XX respectivamente. Quizá detrás de la propiedad lockeana, lejos de un derecho natural, no se halle más que un Estado dispuesto a socializar los costes de mantener por la fuerza una forma de tenencia ficticia y anti-natural.

Especial 1 de Mayo: los mutualistas y el movimiento obrero

Posted By Victor L. on April 30, 2009

haymarket

Aunque la fiesta del 1 de Mayo suele identificarse con el movimiento de los socialistas autoritarios; y los mutualistas e individualistas suelen ser ridiculizados como “pequeñoburgueses” o “reformistas”, cabe recordar en estas fechas que estos últimos jugaron un digno papel en el movimiento obrero.
Desde el Manifiesto de los sesenta en Francia, firmado por un grupo de admiradores de Proudhon que enfatizaban la reforma de la banca; hasta los implicados anarcoindividualistas norteamericanos, que repartían panfletos entre los trabajadores bajo la consigna de “libre contrato, libre moneda y libre tierra”, los mutualistas han estado presentes en los fragores de la lucha obrera desde su nacimiento.

Desgraciadamente, el excesivo énfasis en la pedagogía, la llegada masiva de inmigrantes –en EEUU- o el surgimiento del anarquismo colectivista –en Europa- terminó por desplazar al mutualismo. Pero la progresión en el tiempo no implica una progresión teórica, y en las primeras décadas del siglo XXI esa tendencia podría revertirse –y de hecho, ya lo está haciendo en Estados Unidos.

Sería sano que, ahora que incluso los “anarquistas” claman al Estado para salir de la crisis, los párrafos que siguen circulasen entre los trabajadores con aspiraciones libertarias.

Reproduzco algunos párrafos del genial artículo de Kevin Carson May Day Thoughts: Individualist Anarchism and the Labor Movement:

“Tenga en cuenta, también, que el 1 de Mayo y el movimiento de los trabajadores que hubo detrás no implica un monopolio de los comunistas y sindicialistas, o colectivistas de cualquier otro tipo. La International Working People’s Association, formada por anarquistas expulsados de la Primera Internacional, debido a que esta cayó progresivamente bajo el dominio de Marx, jugó el papel principal en la organización de la huelga general por la jornada de ocho horas. Aunque los anarcosindicialistas ciertamente predominaban en esta organización, los anarquistas individualistas de la época también dejaron en él una interesante impronta.

Los “anarquistas de Boston” (individualistas en el grupo de Tucker) eran, debe admitirse, más tibios con respecto a los sindicatos. Pero algunos miembros del círculo de Liberty estuvieron activos en la New England Labor Reform League, que promovió la banca mutualista de William Greene y la teoría de la tierra de J. K. Ingalls como una forma de eliminar la explotación por medio del libre mercado: “libre contrato, libre moneda, libres mercados, libre tránsito y libre tierra”. “los fines de la reforma del trabajo y del laissez faire radical”. Frank Brooks escribió, “vienen juntos bajo la tutela de Tucker para formar el campo individualista del anarquismo a mitad de 1880”. Algunos de los individualistas de la League se involucraron más tarde en la política del IWPA.

Ezra Heywood, por ejemplo, estuvo involucrada con el Worcester Labor Reform League (un precursor del NELRL) y  la National Labor Union de William Sylvis. A causa de que el capital controla las finanzas y los medios de producción, sin mencionar la prensa y el estrado, argumentaba Heywood, este podía cruzarse de brazos y esperar a que los obstinados trabajadores murieran de hambre, sin mencionar el reproche de la sociedad establecida…
Y, lo que es mucho más importante, la aplicación gubernamental del privilegio estaba en la raíz del problema: “a través de la legislación ingeniosa…se permite a las clases privilegiadas robar a gran escala de acuerdo con la ley”.

La American Labor Reform League, una organización formada posteriormente, incluyó (como la NELRL) a varios miembros del círculo de Tucker: Heywood, William Greene, J. K Ingalls y Stephen Peral Andrews…

Como haría Tucker después, Heywood consideró a los patrones en esencia como culpables cuando las huelgas desembocaban en violencia, y enfatizaba el papel de la violencia estatal en ayuda de las compañías. Heywood, en un principio, fue reacio a los sindicatos de trabajadores, y prefirió dejar que el poder del capital cesara por la abolición de los privilegios como la tierra y la moneda. A pesar de ello, consideró a los Mollie Maguires como “beligerantes moralmente válidos” enfrascados en una “guerra defensiva”.

El mismo Tucker, a pesar de su ambivalencia en relación a los sindicatos, respondió de forma entusiasta al renacimiento en 1881 de la IWPA en Londres. Expresó algunas reservas sobre la idea de la coordinación del trabajo de propaganda con el trabajo de organización, ya que veía la educación como central para lograr una revolución permanente. Pero todavía, apoyó el Congreso socialista revolucionario de Chicago, que apuntaba a organizar una federación americana dentro de la Internacional. Él envió a J. H. Swain como delegado de Liberty al congreso, y fue informado de que la organización recibió el “socialismo americano de Josiah Warren” con una “recepción cordial”. El congreso eligió Liberty como su órgano en lengua inglesa.

La actitud de Tucker hacia la lucha obrera se reflejó en esta cita sobre Homestead:

“…Aunque cierto, no es suficiente con decir que “si un hombre posee trabajo para vender, él puede encontrar alguien con dinero para comprárselo”; es necesario añadir la verdad mucho más importante que, si un hombre posee trabajo para vender, él tiene el derecho de comerciar libremente los términos en que lo vende, -un mercado en el que nadie puede ser impedido por leyes restringidas de obtener honestamente el dinero para comprarlo. Si el hombre con trabajo para vender no tiene esta libre comercialización, entonces su libertad es violada y su propiedad le es virtualmente sustraída. Ahora, tal mercado ha sido constantemente negado, no solo para los trabajadores de Homestead, sino para los trabajadores de todo el mundo civilizado. Y los hombres que han negado esto son los Andrew Carnegies. Los capitalistas de quien este señor de la forja de Pittsburg es un representante típico han colocado y mantenido en los códigos de leyes todo tipo de prohibiciones e impuestos (de los cuales los aranceles están entre los menos nocivos) diseñados para limitar efectivamente el número de postores que pujan por el trabajo de aquellos que tienen trabajo que vender….

Tome Carnegie, Dana & Co. Y primero destruya todas las leyes que violen la igualdad de la libertad. Si, después de esto, algún trabajador interfiere con los derechos de sus patrones, o usa la fuerza sobre “esquiroles” inofensivos, o ataca a los vigilantes de sus patrones, tanto si estos son detectives, ayudantes del sheriff o la milicia estatal, prometo que, como anarquista y a causa de mi creencia anarquista, estaré entre los primeros voluntarios para reprimir estos disturbios del orden y, si es necesario, expulsar a los causantes de la tierra. Pero mientras estas leyes coercitivas permanezcan, yo tengo que ver todo conflicto de fuerza que surge como consecuencia de una violación previa de la libertad a favor de la clase patronal, y, si se da cualquier barrido, ¡los trabajadores podrían sostener la escoba! Es más, aunque mis simpatías están con el oprimido, nunca dejaré de proclamar la convicción de que la aniquilación de cualquier parte no puede asegurar la justicia, y que el único barrido eficaz consistirá en que la limpieza del código de leyes de toda restricción a la libertad de mercado…”

Sin embargo, Dyler Lum fue el más significativo dentro del grupo de Boston, que intentó una fusión genuina de la economía anarquista individualista con la organización obrera radical. De acuerdo con Brooks,

“Lum desarrolló una teoría ‘mutualista’ de los sindicatos que le llevó a actuar dentro de los Knights of Labor y entonces a promover estrategias anti-políticas en la American Federation of Labor…”

…Perfilando las reformas económicas de los “anarquistas de Boston” y la estrategia revolucionaria de los “anarquistas de Chicago”, Lum ofreció un anarquismo más integral que muchos de sus camaradas. Comprendió que el anarquismo, como cualquier movimiento dirigido al cambio social radical, tenía que combinar una organización que pudiera liderar y coordinar la acción, una efectiva estrategia y una ideología que fuese convincente, inspiradora y relevante para la cultura americana….

Lum empezó a desarrollar una ideología que se centró en la demanda de los reformadores del trabajo: “¡el sistema salarial debe abolirse!” La reforma del trabajo de la posguerra debió mucho al fervor moral de los abolicionistas tanto como a su conexión con la teoría republicana. Para los republicanos radicales y los reformadores del trabajo, este legado se sintetizó en el concepto de “esclavitud del salario”…

Lum interpretó la “esclavitud del salario” ampliamente, abogando por reformas como la demanda de los partidarios de la banca de Greene por la legalización de la tenencia de papel moneda, una ley de préstamos respaldados en tierra, la legislación de las ocho horas…Él vio todas estas reformas como interrelacionadas. La reforma agraria, monetaria y laboral eran todas necesarias porque la “renta, el interés y el beneficio son las tres cabezas del monstruo contra los que la moderna civilización está haciendo la guerra.”

De los colectivistas, tomó el enfoque estratégico de organizar a los proletarios como una clase revolucionaria. De los individualistas, el enfoque ideológico de la economía anarquista que era teóricamente más sofisticada y se basaba en la reforma del trabajo y el laissez-faire. Al mismo tiempo, la mezcla de Lum tuvo una función externa, creando una ideología obrera radical que podía atraer suficientes adherentes para convertirse en una fuerza significativa para el cambio social revolucionario. Sus apelaciones a la historia americana y europea y a los pensadores, su responsabilidad para resolver el “problema del trabajo”, y su defensa de los esfuerzos contundentes y el cambio social fueron diseñados para hacer del anarquismo un magneto para los trabajadores radicales…

…Al combinar pensadores como Proudhon, Spencer y Paine, Dyer Lum produjo una economía antiestatista que sostuvo la reforma social para promover los intereses del proletariado. Siguiendo a los individualistas como Tucker, Lum argumentó que el “problema del trabajo” podía explicarse por la creación gubernamental de los “monopolios”, particularmente los monopolios de la tierra y la moneda. Tomando a Josuah K. Ingalls, un activo anarquista de la New England Labor Reform League, Lum argumentó que el monopolio de la tierra fue creado cuando el Estado garantizó títulos legales sobre la tierra. El camino para destruir esto era abolir tales títulos e instituir el principio del libre acceso a la tierra. Esto haría imposible a los terratenientes extraer rentas del producto del trabajo. El monopolio del dinero era el resultado del establecimiento de una moneda estatal como la única forma de dinero. Siguiendo al discípulo americano de Proudhon, William B. Greene, Lum argumentó que este monopolio acabaría cuando los bancos mutualistas empezaran a emitir su propio dinero. Esto proveería suficiente moneda estable para satisfacer las necesidades de una economía en crecimiento y socavaría la habilidad de los prestamistas y los banqueros de cargar intereses.

Pero la reforma de la tierra y el dinero no eran suficientes para Lum; simplemente establecían la base para la última solución del problema del trabajo, la cooperativa de productores.

…Militando en los AFL, publicó un panfleto, ‘La economía de la anarquía’, para ser leído en “grupos de estudios de trabajadores”; que se centraba en el tema de los “bancos mutualistas, el libe acceso a la tierra, y la cooperativa de productores.”

[Otro anarquista individualista implicado en el movimiento obrero fue Labadie].

…Labadie promovió las ideas mutualistas e individualistas en el IWW del mismo modo que Lum en los Knights of Labor and AFL.

“Me parece que aquellos que desean una reforma deberían tener en mente estas cosas, a saber, que el movimiento es internacional, y que cualquier intento de confinar este dentro de fronteras nacionales simplemente lo retarda; que la inmigración o la prevención de la inmigración no es un medio de reforma, y no redunda en beneficio del movimiento en general; que solo la ocupación y el uso solo pueden ser reconocidos como títulos válidos de tierra; que el monopolio de las máquinas solo puede destruirse por la abolición del sistema de derechos de patente; que la emisión de moneda, como medio de intercambio, tiene que dejarse a los individuos y asociaciones, aboliendo el monopolio de los gobiernos de hacer herramientas de intercambio –que, de hecho, los gobiernos no tienen más derecho a monopolizar las herramientas del comercio del que tienen para monopolizar las herramientas de la producción; que los verdaderos intereses de las clases obrera y emprendedora [debe entenderse, de los pequeños emprendedores] están en la abolición de las leyes en lugar de la creación de otras nuevas, y que los poderes y funciones de los gobiernos tienen que reducirse tanto como para dejar al individuo un alto grado de libertad y responsabilidad sobre sus propios actos.”

Minería a pequeña escala en Burkina Faso

Posted By Victor L. on April 29, 2009

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A través de Afrol news, un excelente portal de noticias sobre África, me entero de la existencia de minería a pequeña escala en Burkina Faso, con cierto paralelo con las prácticas de los californianos durante el siglo XIX.

Tras el cierre de una mina de oro propiedad del gobierno en 1999, los miles de mineros y trabajadores auxiliares despedidos se dedicaron a explotar artesanalmente los filones de oro que todavía quedaban sin extraer, para luego venderlos por 10 centavos de dólar el gramo al gobierno.

Actualmente, y a pesar de los riesgos que conllevan este tipo de explotaciones precarias (ha habido varios accidentes desde que cesó el control gubernamental), cerca de 200.000 personas trabajan en la minería artesanal, y Burkina Faso se ha convertido, sorprendentemente, en el tercer exportador aurífero mundial.

Quizá en buena parte de las minas sea imposible iniciar una explotación rentable sin inversiones de cierta cuantía, pero en muchas otras una sociedad libre podría proporcionar máquinas baratas y adecuadas a la capacidad de trabajo de un pequeño minero propietario. Tengamos en cuenta que ni los californianos ni los burkineses han sido propietarios reconocidos de sus explotaciones y, como consecuencia, no les era rentable adquirir las máquinas adecuadas; ningún banco les prestaría el dinero necesario; y tampoco ninguna empresa de maquinaria estaría dispuesta a producir máquinas para unos propietarios que…no existen (este último problema es común en la agricultura en las regiones donde predominan los latifundios).

Además, el simple hecho de garantizar su propiedad crearía incentivos para coordinaciones de trabajo más elaboradas entre los pequeños artesanos allá donde fuese más eficiente, del mismo modo que en Rock Valley y Bolonia. Al fin y al cabo, las minas suelen ser concesiones estatales a grandes empresas; las cosas serían muy distintas si la adquisición de propiedad se rigiera por principios libertarios (transformación u ocupación).

Desgraciadamente, el gobierno de Burkina Faso ya ha pensado en cerrar las minas y volver a arrojar al paro a esas miles de personas, quizá con miras en crear un proletariado masivo a toda costa, en lo que Marx llamaría “acumulación original”; el puntapié violento que necesita el sistema capitalista allá donde se implanta por primera vez.

Seguridad y seguros mutualistas

Posted By Victor L. on April 28, 2009

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He traducido otros dos apartados del What is Mutualism? De Clarence Lee Swartz. En el primer apartado trata el asunto de las compañías de seguros mutualistas que, incluso bajo el capitalismo, han cosechado grandes éxitos proporcionando a sus asociados servicios al precio de costo. En el segundo capítulo enlaza este asunto con la provisión de seguridad, que podría ofrecerse del mismo modo que los seguros mutualistas contra incendio y otros.

Si echamos un vistazo a la sociedad actual, quizá el funcionamiento de los seguros de automóviles es el ejemplo más claro de seguridad y justicia libertaria, donde, en caso de accidente de tráfico, los seguros de “víctima” y “agresor” pactan entre sí pacíficamente las indemnizaciones, en ocasiones por medio de un perito privado. Si bien es cierto que este procedimiento está regulado por el Estado, no es menos cierto que surgió antes que las regulaciones estatales.

El seguro mutuo

Uno de los ejemplos más evidentes de mutualismo en la práctica en la actualidad –bajo el capitalismo- es la compañía de seguro mutuo, de las que muchas están en funcionamiento exitosamente. Su éxito se debe indudablemente al hecho de que no están innecesariamente restringidas por la ley; y la maravilla es que no están interferidas con, desde que ellas están proveyendo a sus miembros seguros al costo, ahorrando así una prolija cantidad de dinero de los fondos de la forma de regulación de la compañía de seguros.

Lo que han hecho estas compañías de seguro mutuo es una prueba concluyente de la eficacia del mutualismo en otras ramas de la industria y el comercio. Si los seguros de vida y contra incendios, a través de asociaciones mutualistas, pueden ser ofrecidos al costo, no hay razón por la que cualquier otra protección no pudiera ser ofrecida en los mismos o parecidos términos. Las compañías de seguro mutuo no solo distribuyen las pérdidas por incendio entre los asegurados, sino que también previenen contra incendios actualmente, desde que todas las propiedades aseguradas están bajo supervisión de un inspector de la compañía, cuyo negocio consiste en mirar que en primer lugar los propietarios disponen de los mejores métodos de prevención contra incendios, y los medios más eficientes para extinguir el fuego, si este ha comenzado.

Esta idea de seguro es capaz de extenderse en multitud de direcciones. Como ha demostrado ampliamente Lloyds (la mayor compañía inglesa de seguros), que asegura cualquier tipo imaginable de riesgo, no hay prácticamente empresa o aventura que no pudiera ser cubierta por este abrigo de protección, el mérito particular en que radica esto está en el hecho de que es totalmente privado y voluntario y en que no está operado o respaldado por el gobierno. Es puramente el resultado del esfuerzo voluntario asociativo de los individuos.

Como seguro en funcionamiento, podría citarse la existencia en Inglaterra de una asociación que, por una consideración, inspecciona y dicta sentencias en la construcción de edificios, de forma que cualquier persona, que podría estar construyendo una casa o comprándola recién construida y que no conoce nada sobre los factores técnicos involucrados, podría obtener información y asesoramiento sobre un edificio propuesto o acabo de construir.

Podría concebirse que este servicio se extendiera al seguro de tales personas contra pérdidas producto de construcciones defectuosas o inadecuadas de cualquier edificio inspeccionado y pasado sobre tal asociación. Esto podría reemplazar las ordenanzas de construcción pesadas, lentas y burocráticas, y podría ser más eficiente y realizable, desde que la existencia de la asociación dependería de que el servicio fuese prestado de forma barata y formal.

La compañía de seguros de título, tal y como existe en muchas partes de los Estados Unidos, es un ejemplo manifiesto de la prestación exitosa de un servicio similar. Después de que un título de bienes inmuebles ha sido perfeccionado a su satisfacción, la compañía asegurará el mismo por el valor aproximado de la propiedad, y cargará por su servicio en proporción al riesgo implicado. En algunos Estados el gobierno ha adoptado un sistema que intenta obviar la necesidad de tal forma de seguro; pero la gente, instintivamente cautelosa de cualquier interferencia estatal, ha sido reacia de aprovecharse de esta oportunidad. ¡Saben demasiado bien cómo el gobierno echa normalmente a perder y mal administra las cosas en que interviene!


Libertad en lugar de autoridad

Aunque muchas de estas actividades han sido obstaculizadas y cercadas con restricciones y regulaciones por el Estado, su crecimiento muestra que podrían materializarse en condiciones de libertad. Si no hubiera instituciones estatales que pretendieran ofrecer el servicio, se formarían asociaciones voluntarias para desempeñar estas funciones a medida que surgiera la necesidad. De hecho, ha sido la usurpación del gobierno de las funciones que deberían ser puramente negocios de asociaciones voluntarias lo que ha retardado el desarrollo del comercio y la industria en muchas líneas.

El tardío Stephen Peral Andrews, en su esclarecedor libro La ciencia de la sociedad, proporciona un caso de  una corporación privada desempeñando el trabajo del gobierno cuando el departamento de correos fue demolido por la destrucción de un puente. Una rápida compañía (una corporación privada) restauró inmediatamente su propio servicio y toda la semana tuvo que ofrecer el servicio de correo que el gobierno no podía proveer, el propio director de la oficina de correos fue obligado a depender de la rápida compañía para la entrega de su propio correo. Tales casos se han multiplicado hasta tal punto que se ha convertido en un axioma que lo que hace el gobierno lo hace con casi la misma regular ineficiencia.

Operar sin Estado no es tan terrible para aquellos que están familiarizados con las condiciones pioneras de los países nuevos. En estos lugares y bajo tales condiciones, el gobierno, localmente, es probablemente extremadamente débil, debido a la dispersión y pobreza de la población. La estructura de la institución, por supuesto, existe, y sus funciones, en la medida en que puede, cobran impuestos y realizan otras de sus actividades agresivas tan bien como puede; pero como protector es impotente; y, además, en el campo puramente económico, donde cobra impuestos por carreteras y otros servicios públicos, la miseria de los pocos e indigentes contribuyentes deja poco de lo que se dedicaría a proveer los servicios que son absolutamente necesarios para la existencia de la población.

Y justo aquí está una de las mayores evidencias de la posibilidad del principio de la asociación voluntaria, que es uno de los fundamentales del mutualismo. Después de ser desangrados hasta el extremo por el Estado, y sin recibir prácticamente nada a cambio en concepto de servicios (construcción de carreteras y otros servicios), los colonos son obligados a donar en trabajo muchas veces el valor de incluso lo que el Estado obtiene de ellos, de forma que ellos podrían tener los servicios públicos necesarios. Si, por lo tanto, después de tener que ser robados por el Estado, ellos todavía son obligados a asociarse voluntariamente con objeto de satisfacer sus necesidades colectivas, ¡piense lo simple que sería para ellos asociarse sin la mediación –innecesaria y sin valor- del mismo Estado!

A pesar del hecho de que hay un elaborado departamento de policía en toda comunidad urbana, para cuyo mantenimiento se cobra impuestos a todos los propietarios, el servicio prestado por el Estado es tan inadecuado que (como fue brevemente apuntado en uno de los primeros capítulos) muchos negocios son forzados a proveerse su propia protección policial. Si ellos se asociaran en organizaciones mutualistas podrían proveerse a sí mismos de seguro –al coste- contra robos y acosos, sin pagar las exorbitantes tasas que las compañías de seguro contra robo cargan de forma ordinaria.

De hecho, el principio podría extenderse a toda la población, o a la parte que deseara tomar parte, a través de la organización de asociaciones de protección mutua, haciendo así la ineficiente e incontrolable forma presente de fuerza policial innecesaria. Cuando los contribuyentes encuentren que pueden obtener protección real por exactamente lo que cuesta, se resistirán a apoyar la cosa absurda y extravagante que ahora mantiene tal nombre.

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