mutualismo.org

Libre mercado anticapitalista

Irracionalidad y corporaciones

Posted By Victor L. on July 27, 2010

En este blog hemos repasado muchos casos de estupidez sistemática de las corporaciones (p. ej. entorno al cálculo económico o el tratamiento de la información), pero pocas veces hemos apuntado el por qué.

La respuesta es sencilla: el divorcio entre la autoridad, encargada de tomar decisiones, y los costes asociados a tales decisiones. Las demás contradicciones (p. ej. entre autoridad e información idiosincrática; o entre trabajo y gerencia) pueden retrotraerse a esa cuestión.

Como apunta Lloyd Dumas, en relación tanto con el sector público como el privado,

La asunción de que el control es ejercido por quienes asumen los costes no es trivial, y en muchos casos no es realista. Por ejemplo, los contribuyentes asumen el coste de los salarios de los empleados gubernamentales. Y, aunque racional, los contribuyentes no son necesariamente quienes controlan las decisiones del personal gubernamental. Por consiguiente, es muy posible que el salario de los individuos contratados exceda el valor de su trabajo a ojos de los contribuyentes. En opinión de los funcionarios del gobierno que se encargan de la contratación, el valor de los salarios podría exceder en mucho el coste de oportunidad de tal uso del presupuesto. Pero los funcionarios no son quienes pagan los salarios –son los contribuyentes. Esta situación no es exclusiva del gobierno. Los gerentes de las corporaciones privadas, por ejemplo, pueden caer en la construcción de imperios burocráticos o en la contratación de gente cuyo trabajo es menos valioso de lo que cuesta, a ojos de los accionistas y/o consumidores que asumen los costos salariales. Por lo que es el juicio de quienes toman las decisiones el que prevalece cuando los responsables de las decisiones y aquellos que asumen los costes son personas distintas. (Dumas, 1986)

Esto explica, por ejemplo, la tendencia de los gerentes a contratar personal subordinado más allá de lo que justificarían criterios estrictamente económicos (incluso bajo el capitalismo estatal); de ese modo pueden externalizar hacia abajo sus tareas más desagradables; y señalizar prestigio frente a otros departamentos que empleen a un menor número de personas. El coste marginal de contratar a un empleado, para el gerente, es prácticamente nulo; y los beneficios que le reportan son netamente superiores (más tiempo de ocio, prestigio).

En palabras de Lloyd,

El coste de expandir el aparato de control burocrático es bajo, mientras que el valor para los gerentes de tal expansión puede ser sustancialmente mayor (…). Los gerentes tienen el poder de tomar las decisiones: están en posición de contratar y comprar decisiones. Por lo tanto, en la medida en que el valor de la expansión exceda sus costes desde la perspectiva de los gerentes, estos continuarán expandiendo la burocracia.

Naturalmente, este tipo de prácticas no tendría cabida en un libre mercado, que penalizaría a las empresas que inflaran los costes sin un aumento proporcional de la satisfacción del consumidor. Pero actualmente no vivimos en un libre mercado, y las barreras de entrada, privilegios y monopolios (entre los cuales merecen un lugar especial las patentes) protegen a las corporaciones contra la soberanía de la mayor parte de la población.

Hace algunos meses, y en esta misma línea, el estudio Why Do Management Practices Differ across Firms and Countries? concluía que las malas prácticas de gestión tienden a mantenerse en aquellos países donde la competencia es más débil. [1]

En definitiva, las corporaciones son irracionales en virtud de su propia estructural (que divorcia la autoridad de los costes), y esta estructura sobrevive porque la intervención selectiva del Estado impide que la competencia actúe de la forma adecuada. [2]

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[1]: Sin embargo, el estudio también concluye que las empresas grandes y jerárquicas están mejor gestionadas. En mi opinión, se trata de un simple error de correlación: dado que en el Tercer Mundo las empresas son más pequeñas (y están peor gestionadas), y en los países occidentales las empresas son más grandes (y están mejor gestionadas, por término medio), el estudio concluye que las empresas grandes y jerárquicas son más eficientes. Pero ignora el hecho de que, aunque en Europa y Norteamérica la relativa competencia permite depurar las empresas mal gestionadas, también es en estos países donde se subvenciona masivamente a las corporaciones o se las protege a través de monopolios artificiales como las patentes (todo lo cual no sucede en los países subdesarrollados, donde predomina la pequeña empresa).

[2]: Esto sucede cuando, por ejemplo, algunos insumos están subvencionados masivamente -de forma que su uso extensivo e ineficiente no comporta ninguna pérdida.

Cine mutualista

Posted By Victor L. on July 11, 2010

¿Quién dijo que no existía?

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Extraído de Un rey en nueva York (1957), de Charles Chaplin.

El individualismo metodológico

Posted By Victor L. on July 4, 2010

“Se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida.” – Karl Marx.

Vuelvo a la carga en Societas Maris, esta vez con un post sobre individualismo metodológico, fenómenos espontáneos y fenómenos planificados (con apéndice sobre el origen del dinero, al que probablemente se vayan añadiendo otros):

El individualismo metodológco ha sido objeto de numerosas malinterpretaciones, posiblemente debido a que sus críticos atribuyen significados diferentes al término “individualismo”. En ocasiones se le considera como el estudio restringido de los comportamientos individuales, anecdóticos, en detrimento de las estructuras sociales; y en otras se le confunde con el estudio biográfico de los grandes personajes, en contraste con la masa anónima de hombres y mujeres que componen la Historia.

Pero la pretensión del individualismo metodológico es mucho más amplia: trata de descomponer los fenómenos sociales en sus elementos más simples, con el objetivo de trazar, a partir de ellos, las relaciones causales que dan lugar a fenómenos de mayor alcance (Menger, 1883). Considera que solo a partir del estudio de los individuos y de sus acciones concretas se puede reconstruir el origen y la evolución de las instituciones humanas.

Podéis leer más aquí.

Las empresas no han crecido tanto

Posted By Victor L. on June 24, 2010

David Friedman discute en The Machinery of Freedom (p. 20) si el tamaño de la empresa ha crecido a lo largo de último siglo tanto como pensamos (y por qué pensamos así):

Stigler examina la cuestión de si la concentración ha tendido históricamente a incrementarse. Su conclusión es que el grado de concentración en la economía ha sido relativamente estable. Siempre parece incrementarse, porque las industrias muy concentradas son mucho más visibles que su contraparte competitiva. Todos sabemos que, entre 1920 y la actualidad, General Motors ha adquirido una posición de fuerza e n la industria del automóvil. Pocos de nosotros caemos en la cuenta de que durante el mismo periodo U.S. Steel perdió su dominio en la industria del acero. Por la misma razón, tendemos a exagerar el grado de concentración que existe en cualquier periodo dado. Las áreas de la economía que consideramos “importantes” tienden a ser aquellas en las que podemos identificar una única gran empresa. Raramente consideramos otras ‘industrias’ como restaurantes y bares, servicios domésticos, fabricación de ropa y textiles, que son altamente competitivas y emplean a más gente que las industrias del hierro, el metal y el automóvil juntas.

Su argumento, además, tiene importantes consecuencias a la hora de combatir la idea que identifica “modernidad económica” con el gran tamaño de las organizaciones empresariales. Buenos ejemplos de lo que comenta Friedman serían la industria cooperativa a pequeña escala de Emilia Romagna, el sector textil de Prato o la red de pymes MARRV.

Estabilidad institucional en una sociedad sin Estado

Posted By Victor L. on June 21, 2010

El economista e historiador Douglass C. North aporta un argumento algo más elaborado de lo usual a favor de la existencia del Estado en Institutions, Institutional Change and Economic Performance (1991).

Si bien es cierto que las sociedades sin Estado son posibles -admite North-, la economía de estas sociedades tiende a ser rudimentaria: los intercambios son sencillos; se realizan en un ámbito espacial y temporal reducido; implican siempre a los mismos actores, que generalmente se conocen, y las características de los bienes intercambiados tienden a ser fácilmente medibles. Nótese que esto implica que las sociedades aestatales generan mecanismos para burlar la necesidad de un Estado central: p. ej. para evitar el oportunismo y el fraude, los actores tratan de repetir los intercambios con las mismas personas, o llevar al mercado únicamente bienes con características fáciles de medir (donde los problemas de información asimétrica entre comprador y vendedor son menores). Las sociedades tribales serían un buen ejemplo.

Sin embargo, estos mecanismos son insuficientes para articular una economía compleja y desarrollada, donde los intercambios son impersonales, diferidos temporal y espacialmente e implican mercancías de difícil medición. Pensemos en la producción de cualquier mercancía cuyos atributos relevantes sean conocidos solo parcialmente por el comprador (p. ej. calidad de las piezas), en la que intervengan distintas empresas, cooperando desde distintos países o regiones en diferentes momentos del tiempo. En este contexto, aunque en general las empresas tratarán de mantener una reputación a largo plazo, algunas tendrán incentivos en comportarse de forma oportunista para obtener beneficios a corto plazo. Dado que es imposible especificar en un contrato todos los términos de un intercambio complejo (por ello se habla de “contratos incompletos”), los pleitos entre las partes serán frecuentes.

En definitiva, la mayor incertidumbre (que equivale a más costes de transacción) derivada de una economía compleja hace necesaria la existencia de un tercero al que todos los actores puedan apelar en última instancia. Si una sociedad libertaria es incapaz de generar esto, su economía se estancará: los individuos tratarán de atenuar la incertidumbre reduciendo espacial y temporalmente sus transacciones, intercambiando mercancías de características bien conocidas (es decir, cotidianas) con individuos familiares una y otra vez.

Hasta cierto punto (y solo hasta cierto punto), la argumentación de North también explica por qué la Islandia, Irlanda y Britania medievales son ejemplos exitosos de sociedades de derecho privado: desde luego, el nivel de intercambios era sencillo y, en consecuencia, la necesidad de un Estado central era escasa. Pero no explica cómo el derecho tribal pudo mantenerse en la Arabia preislámica, aun cuando las costas del Mar Rojo intermediaban en algunas de las rutas comerciales más transitadas del mundo (entre Bizancio y el Lejano Oriente); o, especialmente, cómo las asociaciones privadas de mercaderes europeos pudieron generar, feria tras feria, la Ley Mercantil.

Antes del renacimiento urbano del siglo XI, en Europa existían importantes dificultades al comercio derivadas de la ausencia de un Estado central común (Benson, 1990):

Los mercaderes hablaban idiomas distintos y procedían de tradiciones culturales diferentes. Y aún más, las distancias geográficas impedían la comunicación directa, por no hablar de la ausencia de lazos interpersonales que hubieran facilitado la confianza. Se necesitaba una multitud de intermediarios para realizar un intercambio, entre ellos los agentes del comprador, los del vendedor y los transportistas. Todo esto ‘provocaba recelos hacia los usos extranjeros, y la disparidad de costumbres daba lugar a disputas comerciales’.

Sin embargo, las organizaciones comerciales privadas solventaron este problema. A medida que los mercaderes empezaron a comerciar a través de las barreras políticas, culturales y geográficas, exportaron también sus prácticas comerciales a los mercados extranjeros. Las antiguas costumbres de ámbito local que resultaron ser comunes a muchos lugares acabaron formando parte del Derecho mercantil internacional. Donde surgían problemas, las prácticas que resultaran ser más eficientes para facilitar los intercambios comerciales desplazaron a las que no lo eran tanto. Y, a medida que las leyes del comercio se iban haciendo más precisas, se ponían por escrito (Ibídem).

Es más, los mercaderes llegaron a formar sus propios tribunales para administrar justicia, a donde presentaban sus quejas de fraude, oportunismo, abusos, etc. Su eficacia radicaba en el común acuerdo de los mercaderes para aceptar el veredicto antes de comparecer; en caso contrario, el mercader refractario era excluido de los circuitos comerciales y de la organización a la que perteneciese. El ostracismo era una medida de presión social eficaz.

En el siglo XXI, una sociedad sin Estado podría generar estabilidad económica de una forma similar. Los actores tendrían incentivos en señalizar su propia honestidad y en comprobar la honestidad de su contraparte para maximizar sus posibilidades de intercambio pero, dados los altos costes de información de “medir” la honestidad de individuo a individuo, es probable que los tratos comerciales estuvieran avalados por las compañías aseguradoras (o mutuas) de los actores implicados.
Así, nadie entraría en tratos con individuos que no estuviesen respaldados por compañías de honestidad probada, y estas tendrían incentivos en obligar a sus asociados a respetar los contratos y saldar sus deudas (al tiempo que cobrarían tarifas distintas en función de la reputación del cliente).

La probabilidad de casos de oportunismo, fraude, etc. se reduciría notablemente, y la teórica incertidumbre generada por la ausencia de Estado daría lugar a una auténtica anarquía ordenada.

Tres objeciones al mutualismo

Posted By Victor L. on June 12, 2010

Como quedó dicho en otros posts, podemos definir el mutualismo como

un sistema económico y social basado en la libertad de contrato, la propiedad privada y los mercados libres, que toma el capitalismo actual como producto del privilegio y el monopolio promovidos por el Estado y aspira a una sociedad regida por cooperativas de trabajadores y pequeños negocios, en un contexto político donde el Estado ha sido reemplazado -incluso en funciones tales como la ley, la seguridad o la justicia- por mutualidades, compañías de seguros y tribunales de arbitraje.

Para quienes se hayan incorporado hace poco o quieran profundizar en esto del mutualismo, podéis visitar algunos posts antiguos (concretamente: este, este y este), donde encontraréis información sobre el origen del término, definiciones sencillas y algo de bibliografía (no toda, todavía tengo pendiente un recopilatorio).

Sin embargo, después de todos estos años observo que las objeciones pueden distribuirse en tres grupos: las que proceden de los estatistas, que son escépticos con la posibilidad de una sociedad sin Estado; las que proceden de los capitalistas, que niegan la capacidad de los trabajadores para autogestionar sus puestos de trabajo; y las de los comunistas/socialistas, que rechazan el mercado, la propiedad privada y el dinero como intrínsecamente indeseables. Por tanto, me propongo aclarar las objeciones de nuestros adversarios como modo de explicar qué es el mutualismo, cómo funcionaría y por qué debería hacerlo así.


1. La objeción estatista: es necesario un agente como el Estado que, por encima de los individuos, imponga la ley, el orden y la justicia.

En realidad, los servicios de ley, orden y justicia ya han sido provistos en sociedades no estatales: la Lex Mercatoria, el derecho medieval islandés, irlandés o anglosajón son buenos ejemplos de ello. Durante la Edad Media, los comerciantes de una ciudad podían mantener su ley cuando viajaban o vivían en otra ciudad (incluso transcurridas varias generaciones), sin necesidad de un Estado central común; y en la Arabia preislámica los pleitos entre tribus (incluso en el ámbito urbano) eran resueltos por mediación de personajes venerables, como lo fue el propio Mahoma.

Además, en la actualidad ya existen compañías de seguridad y tribunales de justicia (especialmente en EEUU) que complementan los servicios públicos cuando estos son incapaces de atender las demandas de los consumidores, por no mencionar la existencia de seguros o  tribunales privados encargados de dirimir contratos comerciales entre particulares [1]. Sobre esta base, las empresas podrían competir entre sí por ofrecer la mejor ley, orden y justicia al menor precio posible. Si los consumidores perciben con temor el conflicto con individuos de otras compañías, estas tendrían incentivos en establecer pactos entre sí, comprometiéndose a resolver pacíficamente los pleitos (lo que llevaría al desarrollo de tribunales de arbitraje elegidos colegiadamente, etc.). Las compañías más agresivas, al incurrir en mayores costos a causa de la guerra y los conflictos, tenderían a ser desplazadas del mercado por compañías más pacíficas y, por lo tanto, baratas. [2]

Naturalmente, estas empresas podrían tomar la forma de mutualidades: si en Japón existe una cooperativa de consumo de 300.000 miembros (Seikatsu) y en Suecia un banco mutualista de 40.000 socios, ¿por qué no podrían reconvertirse o ampliar sus servicios en una eventual sociedad postestatal?

2. La objeción capitalista: las empresas descentralizadas o manejadas por sus trabajadores son ineficientes, y es improbable que proliferen en el contexto de un mercado libre.

La evidencia empírica sugiere lo contrario: además de existir rentabilísimas redes de pequeñas empresas o cooperativas como Emilia Romagna (ver aquí y aquí), MARRV y Prato, que fabrican desde productos agrícolas hasta material militar, muchas grandes empresas de éxito implementan programas de “descentralización” y “empowerment” con la intención de aumentar la productividad de sus trabajadores: 3M, Volvo, Taco Bell, Semco, Gore o Whole Foods son buenos ejemplos de ello.

Sin embargo, no existe un criterio neutro de eficiencia: las empresas grandes y jerárquicas son “eficientes” a la hora de coordinar grandes flujos de inputs en contextos poco competitivos (generados, a su vez, por barreras de entrada estatales y transportes subvencionados) y de percibir rentas derivadas de patentes y otros monopolios. En cambio, las empresas pequeñas y descentralizadas son más eficaces a la hora de mejorar constantemente sus métodos de producción (gracias a que quienes poseen la información -trabajadores o pequeños empresarios- son, a su vez, quienes toman las decisiones [3]) y cambiar de un producto a otro en función de los vaivenes de la oferta y la demanda -ventajas que solo pueden aprovecharse en contextos muy competitivos, innovadores y no protegidos por patentes.

Por este motivo, los mutualistas sospechan que un libre mercado conllevaría empresas más pequeñas y descentralizadas por término medio, en muchos casos poseídas por sus trabajadores.

3. La objeción comunista/socialista: los mercados libres son intrínsecamente perversos y promueven la desigualdad. Aun si partiéramos de un mercado compuesto de pequeños propietarios y cooperativas, el mecanismo de la competencia restauraría de nuevo el capitalismo.

En gran parte, esta objeción es heredera de la “teoría de la concentración de capitales” de Marx, según la cual cualquier mercado tiende al monopolio y a las crisis periódicas hasta que sus contradicciones internas lo conducen al comunismo.

Sin embargo, parte de una premisa falsa: que las empresas grandes son más eficientes que las pequeñas y, por tanto, tienden a desplazarlas siempre del mercado. En realidad, existen importantes deseconomías de escala que limitan el tamaño y la jerarquía de la empresa: existen problemas a la hora de motivar y controlar a los empleados, percibir la información idiosincrásica (especialmente la relativa al proceso de producción, que está en manos de los trabajadores), transmitir las órdenes a través de la organización o, sencillamente, gestionar una abrumadora cantidad de datos en ausencia de precios de mercado [4]. Además, los costes de distribución aumentan en proporción al tamaño de la planta, de modo que en un contexto de transportes privatizados las empresas pequeñas situadas cerca de los puntos de consumo obtendrían importantes ventajas.

Por otro lado, existe una leve correlación entre el Coeficiente de Gini (que mide la igualdad en la distribución de ingresos) y el Índice de Libertad Económica, a pesar de que en la actualidad no existe ningún país auténticamente libre.
Conforme el capital se hace relativamente más abundante que el trabajo, los beneficios se reducen y el trabajo tiende a percibir su producto completo. La asimetría del capitalismo no descansa en el “laissez faire”, sino en las barreras de entrada que restringen la competencia entre capitalistas por acceder a la mano de obra, al tiempo que los trabajadores compiten ferozmente entre sí por reducir sus propios salarios [5].

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[1]: Sobre esto, véase el artículo de Bruce Benson, Muchos de nosotros podemos atribuirnos el descenso del índice de delincuencia, donde sintetiza algunos de los argumentos de su libro Justicia sin Estado.
[2]: Sobre los pormenores de un sistema voluntario de protección y justicia véase Rothbard, For a New Liberty.
[3]: Sobre la distorsión de las decisiones derivada del exceso de jerarquía, véase Lecciones de management en Cómo conocí a vuestra madre.
[4]: Véase el debate que mantuve con LG sobre este asunto: El cálculo económico en la empresa multinacional.
[5]: El mejor escrito sobre este asunto, del propio Tucker, se títula Socialismo de Estado y Anarquismo: en qué coinciden y en qué difieren.

Rothbard, ¿contra la globalización?

Posted By Victor L. on June 9, 2010

O, al menos, muy lejos de lo que los anti-globalización entienden por un apologista de la misma:

“Los conservadores norteamericanos insisten en particular en resaltar ante los países retrasados las grandes posibilidades y la importancia de las inversiones privadas procedentes de los países avanzados, y les incitan a crear un clima favorable a las mismas, de modo que no se vean sujetas al instigamiento de los gobernantes. Todo ello es muy cierto, pero, una vez más, a menudo es irreal, dada la situación de estos países. Estos conservadores caen persistentemente en el error de no saber distinguir entre las inversiones exteriores legítimas del mercado libre y las basadas en concesiones monopolistas y en donaciones de vastas extensiones de tierras otorgadas por los Estados subdesarrollados. En la medida en que las inversiones exteriores se basan en monopolios y en agresiones contra el campesinado, en esa misma medida adquiere el capitalismo extranjero las características de los señores feudales y debe ser combatido con los mismos medios“. (La ética de la libertad, p. 113).

Sobre el mercado y la anarquía

Posted By Marco Arrieta on May 7, 2010

“Propongo que no evitemos ninguna pregunta, que no nos retiremos de ninguna conclusión, sino que sigamos la verdad adondequiera que nos lleve… Si las conclusiones a que lleguemos van en contra a nuestros prejuicios, que no dudemos; si desafían a instituciones que por mucho tiempo se han estimado como sabias y naturales, que no nos retrocedamos.”

- Henry George, Progreso y Miseria.

En los últimos años, se habla mucho por el cyberespacio sobre modernas tendencias económicas anarquistas, en las que convergen lo que para la mayoría de anarquistas socialistas es una contradicción: se trata de los controvertidos anarquismos de mercado. Este es un rótulo en el que caen diversos discursos libertarios, que tiene en común la idea de que el intercambio regular y “espontáneo” -es decir, el mercado- no se contradice con el ideal anarquista de igualdad y libertad, sin jerarquías. Para descubrir si esto es verdad, es necesario revisar la naturaleza del concepto de ‘mercado’, y que aspectos de este es posible que la Anarquía admita.

El mercado es, según la ciencia económica, “el contexto donde confluyen los posibles oferentes y demandantes de productos a realizar intercambios”(definicion corriente de mercado). Ese deseo de intercambio es el motor del mercado; y no tiene ningún conflicto con el anarquismo en esencia, claro que la imagen del libre mercado que tenemos todos, es esa que los poderosos y los teorícos económicos nos quieren vender, donde el poder del dinero basado en su escaces artificial, los monopolios, las leyes que favorecen y dan privilegios a los que manejan el capital, y las barreras burocráticas, que convierten en una caricatura los conceptos teóricos en apariencia neutrales y justos (esa critica con matices se da incluso en los grupos mas liberales).

Pero que pasa si le agregamos el ideal de la anarquía al concepto: entonces tendríamos que decir que “realizan estos intercambios por propia voluntad, en igualdad de condiciones y sin autoridad o jerarquía que los regule”. Solo cumpliéndose estas condiciones, podría decirse que es en realidad mercado anarquista. Esto, según las tendencias de anarquismos de mercado, es lo que se llama “verdadero libre mercado”, un sistema espontáneo sin privilegios ni jerarquías, en el que nadie puede controlar las condiciones de los intercambios y todos pueden participar, en el que no existen barreras y, por lo mismo, confluyen oferentes y demandantes en cantidades ilimitadas y en el que la información es transparente y verdadera. Si estas condiciones se cumplen, creo que no puede haber ningún anarquista que se oponga o considere que el mercado no es una posible forma de organización en anarquía.

No nos debemos olvidar de un último punto, que los amigos anarquistas socialistas no me perdonarían si omitiera: el mercado no puede ser una fuente posible de explotación del hombre por el hombre; y, para que se cumpla esa última condición, es imprescindible aclarar que el “verdadero libre mercado” anarquista no debería generar ningún tipo de renta, interés o beneficio sin trabajo.

Por lo dicho antes, el pensamiento anarquista debiera ser favorable a una estructura económica de mercado, en la que el trabajador sea dueño del producto de su trabajo, para que espontáneamente -y no por un mandato- se manifieste la acción pura de las fuerzas del mercado. De esta manera, no es posible que se genere la propiedad privada de la tierra y de los depósitos de recursos naturales, menos aun, el lucro. En esta dinámica, la estructura social se organizaría a través del cooperativismo y la mutualidad. Consideremos que es la intervención del estado lo que diferencia al capitalismo de un “verdadero libre mercado”. Con la acción de la autogestión y la ausencia del estado, el capitalismo no sería posible, pues es una creación de la expropiación masiva histórica y del perfeccionamiento de algunas instituciones elementales, exógenas a la comunidad, como la emisión monopólica del dinero, la propiedad del suelo, el monopolio de la fuerza, las leyes, etc. Si un verdadero sistema libre voluntario autogestionado, que en términos neoliberales podría ser mal llamado “laissez faire”, fuera puesto en práctica, daría lugar a un organización libre sin la capacidad de extraer un beneficio sin trabajo de por medio o una renta del capital, pues estas serían nulas o insignificantes, una fórmula propuesta por el mutualismo desde hace más de un siglo.

(…) la demanda para el consumo determina la dirección en la cual el trabajo se empleara en la producción.” (Henry George, Progreso y Miseria,1879)

Este principio, que determina la eficacia y eficiencia del mercado y que es utilizado en contra de la teoría de planificación central, también puede generar privilegios y limitar las libertades, siempre y cuando los actores económicos no tengan las mismas posibilidades de generar producción y consumo, en otras palabras no posean todas las facilidades de ingresar al mercado, así como de cambiar su producción. Esto implica que, al ser este tipo de mercado una entidad no inclusiva, solo puede generar y funcionar a partir de privilegios, lo que deviene en la desinformación para la producción eficaz y eficiente y la depredación del medio ambiente. Recordemos, además que la tan mentada democracia del mercado -cada consumidor puede “votar” cuando compra- no existe si no hay igualdad al acceder al mercado y a los medios de producción (recursos naturales).

Puede que el libre mercado sea la mejor opción de organización en su forma ideal, pero los mecanismos e instituciones creadas alrededor de este concepto son realmente de orden técnico (moneda) o jurídico (derechos de propiedad). Lamentablemente, estos están, en la actualidad, en poder del Estado/Capital.

El orden sin jerarquía en el libre mercado es una opción de organización económica anarquista, pero para que funcione no debe creerse en él ciegamente, puesto que, en tanto es espontáneo, no necesariamente calza en la práctica -aunque sí en teoría- con los ideales de la anarquía. No obstante, aun cuando es espontáneo, sigue siendo social y, por lo mismo, una institución humana que si degenerara en privilegio o jerarquía, será necesario indagar en sus mecanismos y modificar sus estructuras. Si consideramos el mercado actual, ese cambio de estructuras podrían ser, por ejemplo, reformas monetarias o reformas en la gestión de la propiedad de la tierra. Siendo la autogestión no jerárquica e igualitaria es el medio ideal para el estudio, debate y reformas de los mecanismos periféricos al mercado que lo condicionan , para llevar la praxis económica mas cerca de la teoría del libre mercado. Esto no debe considerarse como intervencionismo al libre mercado, sino como un afinamiento a las herramientas e instituciones periféricas de modo que funcionen más acorde con el concepto mismo de libre mercado y de la anarquía. La autogestión, los libres acuerdos y el consenso deben ser los métodos de resolución de todos los conflictos.

Werner onken, Economía de Mercado sin Capitalismo (extracto):

.. De esa manera el dinero perdería su poder estructural sobre el ser humano y sobre los mercados y ya no podría llevar a la distribución injusta de ingresos y bienes. Además, la regulación exacta de la cantidad del dinero en circulación y la circulación garantizada por la oxidación harían posible la estabilización del poder adquisitivo de las monedas como peso, dólar o rublo.
Mediante esta reforma monetaria Gesell veía el camino hacia un “estado social” en el cual los ingresos y bienes sean distribuidos de manera justa. En vez de la acumulación jerárquica de capital real y monetario y en vez del proletariado privado de medios de producción habría una sociedad burguesa de libres e iguales, en la cual ciudadanos económicamente independientes producirían con tiempo laboral flexible y venderían sus productos en mercados sin monopolios no sólo el interés del dinero sino también la renta territorial privada causaría injusticia social al impedir que el acceso a un bien esencial sea igual para todos.-crear el acceso igualitario de la gente a los territorios y al mercado. (Teología y Economía de la liberación, América latina, 500 años de muerte, despojo y explotación,Febrero 2002)

Si además de estos mecanismos que rodean el funcionamiento del mercado actual (moneda y propiedad), encontramos que hay otros que afecten el desarrollo del libre mercado o violenten los principios de la Anarquía, estos deben ser estudiados y si es necesario reformulados, con el fin de que el mercado sirva a un orden justo y pleno de libertades.

Para que el mercado sea eficiente y eficaz y tenga, además, dimensión humana, no debe aniquilarse la competencia. En el mercado, tiene que existir (1) la “facilidad de acceder a él “ y (2) la “facilidad de adaptarse a sus requerimientos”; de lo contrario, hablaríamos de un mercado excluyente y eso genera solo oligopolios o monopolios que eliminan la cualidad de ser libre del mercado.

La transferencia de población del campo a la ciudad

Posted By Victor L. on April 30, 2010

Haciendo abstracción de la historia, si desde el Neolítico las sociedades se hubieran regido por parámetros libertarios, la transferencia de población del campo a la ciudad (y la misma aparición de las ciudades) habría seguido los siguientes pasos:

1.    En primer lugar, la sociedad estaría compuesta de campesinos dedicados única y exclusivamente a la producción directa de bienes de subsistencia.
2.    Conforme aumentase el excedente de producción (intensificación económica, mejora climática, etc.), los campesinos podrían saciar necesidades menos apremiantes, dedicando una parte cada vez mayor de su output a la adquisición de bienes manufacturados (vestido, calzado, etc.).
3.    A causa de esta nueva demanda, parte de la industria campesina, dedicada al autoconsumo familiar, encontraría más rentable la venta para el mercado, restando tiempo de trabajo a las tareas del campo. Así surgirían la división social del trabajo y el artesanado especializado.
4.    Si la demanda está lo suficientemente extendida territorialmente, los artesanos especializados tenderán a ocupar lugares centrales para minimizar los costes de desplazamiento de la mayoría de sus consumidores, dando lugar a las ciudades (que pueden superponerse a lugares de intercambio campesino tradicionales, etc.).

Parcialmente, el nacimiento de las ciudades durante la Edad del Cobre y el renacimiento urbano del siglo XI siguieron pautas similares, si excluimos loa intervención de las élites, la centralización administrativa, la aparición del Estado y los privilegios ciudadanos.

El primer modelo supone que la ciudad nace para saciar las necesidades del campo (donde hasta la actualidad sigue viviendo la mayor parte de la población mundial), pero, una vez organizada, los ciudadanos tienen incentivos en emplear su fuerza concentrada para subordinar al campo: pueden dar lugar a los primeros Estados que centralicen el excedente agrario; pueden excluir a los foráneos de las actividades urbanas, inflando artificialmente su rentabilidad; pueden gravar las actividades agrarias para subvencionar las actividades urbanas (administrativas e industriales); o pueden infringir los derechos de propiedad campesinos para forzar la emigración y aumentar los beneficios de los empleadores de trabajo urbanos (enclosures, etc.).

Incluso hoy, muchos países en desarrollo sufren la agresión de los cultivos transgénicos, que contaminan los campos circundantes e impiden la producción tradicional, arruinando a los pequeños propietarios e incentivando su emigración -con el beneplácito o la connivencia del Estado.

En todos estos casos, la transferencia de riqueza y población (la una sigue a la otra) tiene como base la agresión institucionalizada, que modifica los precios relativos de los diferentes empleos y, por lo tanto, el modo de ocupar el territorio.

En gran parte, la intervención estatal en el campo ha determinado las relaciones entre capital y trabajo hasta la actualidad, y parece imposible imaginar cómo se habrían desarrollado las ciudades y la industria en un contexto puramente libertario.

8 de Marzo, día de la mujer trabajadora.

Posted By Aritz on March 8, 2010

Hoy, 8 de Marzo, se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Teniendo en cuenta sus implicaciones insitucionales (en gran medida, agresivas) y de lo que a día de hoy se ha hecho con el feminismo (convirtiéndolo en baluarte del Estado para atentar contra los derechos individuales), creo que es un buen momento para recordar a todo el mundo que feminismo puede (y debe) ir unido a la libertad; que para el pleno desarrollo de las personas, más allá de roles y conductas preestablecidas, no hay nada como permitir a cada cual actuar como estime conveniente; y que toda la propaganda e intervención del Estado no hace más que perjudicarnos, especialmente a las propias mujeres cuando trata de “defenderlas”.

Por un feminismo verdaderamente libertario, hoy y siempre, ¡arriba la lucha feminista!

El cálculo económico en la empresa multinacional: respuesta a LG

Posted By Victor L. on March 1, 2010

LG ha escrito en Austrian Uruguay un artículo donde arremete contra la teoría mutualista sobre el cálculo económico en el interior de la empresa. En su opinión, los mutualistas aciertan al considerar que el Estado opera sin una base para establecer cálculos económicos racionales, pero yerran al extrapolar este análisis a las multinacionales, que compiten en un marco de mercado (más o menos libre) y por lo tanto pueden servirse de los precios para realizar sus operaciones.

Es un tema sobre el que he intentado escribir más de una vez, pero que por diversas cuestiones nunca he analizado en profundidad aquí.  Y nuevamente me temo que por falta de tiempo no podré hacerlo, así que me reservo otra ocasión para hacerlo mejor.

Sin embargo, me gustaría apuntar algunas cosas que se me han ido ocurriendo conforme leía el artículo.

En primer lugar, me choca lo maniqueo del planteamiento de LG: según él, o existe un perfecto cálculo económico racional o no existe en absoluto. No hay posturas intermedias. Como el Estado soviético opera en un contexto de cálculo caótico, cualquier mejoría respecto a ese modelo (véase la gran empresa) implica que existe un cálculo económico perfecto.

Si definimos el problema del cálculo económico como de emplear los medios idóneos para conseguir los fines deseados, es evidente que existe una gradación casi infinita sobre el grado en que una empresa o un Estado están incurriendo en “caos de cálculo económico”. Los precios de mercado solo son una alternativa, probablemente la mejor, de averiguar cuáles son esos “medios idóneos” en el contexto de una economía compleja.

En pocas palabras: el problema del cálculo económico radica en la mejor o peor percepción de los fines y los medios, y este problema de información admite muchísimas gradaciones.

En segundo lugar, al leer su artículo me vienen a la cabeza varios libros que le habrían sido útiles para percibir mejor la cuestión.
Especialmente La naturaleza de la empresa, de Ronald Coase. Setenta y tres años después de su publicación, todavía hay quien ignora qué son los “costes de transacción” y los “costes de administración” y qué papel juegan en el tamaño de la empresa. No tengo tiempo para exponer su argumento, pero básicamente sostiene que toda organización tiene costes de administración inherentes a su funcionamiento interno; y costes de transacción inherentes a sus relaciones con el exterior. Es la variación relativa de estos costes lo que inclina a las organizaciones hacia el crecimiento interno o externo.

El problema de cálculo económico, es decir, de emplear los medios idóneos para conseguir los fines deseados, no es más que un coste de administración añadido que aumenta conforme la organización interioriza más y más actividades. Cuando existen bienes intermedios específicos que no poseen precios de mercado, estos circulan a lo largo de la organización con criterios de “costo+plus” totalmente irracionales. E incluso cuando estos bienes intermedios poseen precios de mercado en el exterior de la empresa, no tienen por qué reflejar la escasez relativa en el interior de la empresa (del mismo modo que en la Unión Soviética), y por lo tanto llevarán a problemas similares de cálculo.

Este primer argumento, por cierto, ya fue empleado por Rothbard en Man, Economy and State (p. 546):

Supongamos que no hay precios de mercado: p. ej. que la Compañía Jones es el único productor de un bien intermedio. En ese caso, no habría modo de conocer qué etapa de la producción está siendo gestionada de forma rentable y cuál no. No habría forma de conocer cómo asignar los factores a las distintas etapas. No habría forma de estimar ningún precio implícito o coste de oportunidad para los bienes de capital en ninguna etapa particular. Cualquier estimación sería completamente arbitraria y no tendría ninguna relación significativa con las condiciones económicas.

Pero como sugiere el segundo argumento –que es la principal aportación de Carson al debate-, incluso si el bien intermedio posee un precio de mercado, este no expresará la escasez relativa del bien dentro de la empresa. En ambos casos el problema de cálculo económico llevará a derrochar recursos; aumentará los costes de la empresa y, finalmente, la hará comparativamente más ineficiente que aquellas que no incurran en tales prácticas.

Si todavía sigue pensando que la perspectiva mutualista es un alien dentro de la teoría austriaca (algo rigurosamente cierto para los más vulgares), le recomiendo Economic Calculation anad the Limits of Organization, de un economista austriaco mainstream como Peter Klein, donde expone una versión moderada del mismo argumento: el problema de cálculo económico es un coste de administración que limita el crecimiento de la empresa por encima de cierto punto. Los mutualistas solo han subrayado aquello que los austriacos habían escrito con letra temblorosa –con algunas anotaciones a pie de página. Este otro artículo, del mismo autor, también es esclarecedor (en castellano).

En tercer lugar, me llama la atención que para LG una transacción de mercado (p. ej. entre dos empresarios independientes) sea equivalente a una transacción en el interior de la empresa (p. ej. entre un trabajador y su patrono). Ignora completamente que el contrato entre trabajador y empresario está en gran parte incompleto (no se puede determinar a priori cuánto debe producir un trabajador), y que para llevarlo a término, el empresario tiene que incurrir en costes de monitoreo y supervisión durante el mismo – costes que están ausentes en el caso de dos empresarios independientes, donde solo es necesario comprobar el resultado final.

Por último, me gustaría hacer una anotación sobre la concepción de la empresa implícita en LG, similar a la que Klein critica como de “libro de texto”:

En los libros de texto de economía, la empresa es una función de producción o una serie de posibilidades de producción, una “caja negra” que transforma entradas en salidas. A partir del estado de la tecnología, los precios de las entradas y un plan de demanda, la empresa maximiza el beneficio monetario sujeto a las limitaciones de que sus planes de producción deben ser tecnológicamente viables. La empresa se modela como un solo actor, afrontando una serie de decisiones no complicadas: cuánto hay que producir, cuánto hay que contratar de cada factor y cosas así. Estas “decisiones”, por supuesto, no son decisiones en absoluto: son cálculos matemáticos triviales, implícitos en los datos subyacentes. En resumen, la empresa es una serie de curvas de costes y la “teoría de la empresa” es un problema de cálculo.

Obviamente, la cuestión es más compleja. El hecho de que quienes tomen las decisiones estén tan lejos de la línea de fuego implica toda una variedad de problemas: los empleados transmiten la información distorsionada en función de sus intereses (recibir premios, evitar castigos, etc.); la información tarda demasiado tiempo en subir hasta la cúspide de la jerarquía; esta cúspide tarda demasiado tiempo en reaccionar ante las demandas de los consumidores, etc.

Y todo eso, LG, actúa en una sola dirección: aumentar los costes de operación de las grandes empresas, cuya oligarquía dirigente está tan lejos de la realidad como lo estaba un ministro de industria soviético.
Naturalmente, existen algunos beneficios en la forma de organización de las grandes empresas, pero el hecho de que muchos de sus costes sean externalizados en el contribuyente me induce a pensar que no sobrevivirían en un libre mercado.

Eso no significa que no vaya a haber empresas grandes –que es un término relativo, y puede denotar tanto a una empresa de 5 como de 10.000 empleados- sino que las empresas serán notablemente más pequeñas y menos jerárquicas. Significa que en lugar de Zaras habrá Pratos y Bolonias.

Contrato u organismo – Benjamin Tucker

Posted By Victor L. on February 27, 2010

Tucker no escribió jamás un libro que pueda llamarse “teórico” (Instead of a Book era un recopilatorio de pequeños artículos, sin demasiada coherencia interna), a pesar de que leyó muchos. Su modo favorito de expresarse era el debate; la confrontación de ideas con un adversario -real o imaginario- que le ofreciera el pretexto para apuntar los puntos flacos de su interlocutor y exponer sus propios argumentos. Y este artículo, Contrato u organismo, es un buen ejemplo de ello.

El artículo en sí -que es uno de mis preferidos- aborda el clásico problema de una sociedad post-estatal. Desde Proudhon, aquello de “disolver el Estado en el organismo económico” o de “reemplazar el gobierno por el contrato” ha sido malinterpretado o mal entendido por muchos de los adversarios del anarquismo. En este caso,Tucker, equiparando a los anarquistas con unos supuestos “partidarios del pago voluntario de impuestos”, expone la brillante idea de una sociedad donde distintas compañías compiten entre sí por ofrecer los servicios que previamente proveía el Estado.

Contrato u organismo

Está teniendo lugar una muy interesante y valiosa discusión en el London Jus en relación a la cuestión del pago obligatorio de impuestos frente al pago de impuestos voluntario. En el número del 17 de junio hay un comunicado de F. W. Read, en el que aparece el siguiente párrafo:

La propuesta del pago de impuestos voluntario significa realmente la disolución del Estado en sus átomos constituyentes, permitiéndoles que se recombinen como quieran, o que no se recombinen de ninguna forma, lo cual podría suceder. No existiría forma de prevenir la existencia de cinco o seis “Estados” en Inglaterra, ¡y los miembros de todos esos “Estados” podrían estar viviendo en la misma casa! La propuesta, me parece, es el resultado de una idea de quienes consideran que el Estado está o debería estar fundado en el contrato, del mismo modo que una compañía por acciones. Es una idea similar a la de la extinta teoría del “contrato original”. Se pensaba que el Estado tenía que descansar en el contrato. No ha existido contrato alguno en tiempos históricos; por tanto, se asumía que hubo un contrato prehistórico. Los partidarios del pago de impuestos voluntario dicen que nunca ha habido ningún contrato; que por tanto el Estado nunca ha tenido una base ética; y que por lo tanto no haremos un contrato. La explicación de todo este asunto, creo, es aquella dada por el Sr. Wordsworth Donisthorpe, -a saber, que el Estado es un organismo social, que se ha desarrollado como cualquier otro organismo, y que no requiere fundamentarse en el contrato, original o actual, más que cualquier otro organismo.

La idea de que los partidarios del pago de impuestos voluntario objetan al Estado precisamente el hecho de que no descansa en el contrato, y desean sustituirlo por el contrato, es estrictamente correcta, y me complace ver (por primera vez, si la memoria no me falla) que nuestros oponentes lo comprenden. Pero el Sr. Read oscurece su afirmación con la anotación previa de que la propuesta del pago de impuestos voluntario es “el resultado de una idea…que el Estado está o debería estar fundado en el contrato”. Esto sería cierto si las palabras que he señalado en cursiva se hubieran omitido. Ha sido la inclusión de esas palabras lo que ha dado base al escritor para su analogía, de lo contrario sin fundamento, entre los anarquistas y los seguidores de Rousseau. Los últimos sostienen que el Estado se originó por contrato; y que las personas de hoy en día, aunque no firmaran tal contrato, están atadas a él. Los anarquistas, por el contrario, rechazan que tal contrato se haya realizado jamás; declaran que, de haberse hecho, no podría imponerse sobre aquellos que no lo firmaron; y reivindican el derecho de cerrar contratos por sí mismos como gusten. La postura de que un hombre debería firmar sus propios contratos, lejos de ser análoga a aquella que lo hace sujeto de contratos ajenos, es su directa antítesis.

Es rigurosamente cierto que el pago voluntario de impuestos no “prevendría la existencia de cinco o seis ‘Estados’ en Inglaterra” y que los “miembros de todos esos ‘Estados’ podrían estar viviendo en la misma casa”. Pero no veo razón para la exclamación que añade el Sr. Read tras este apunte. ¿Qué sucede? Hay más de cinco o seis Iglesias en Inglaterra, y pasa a menudo que los miembros de varias de ellas viven en la misma casa. Hay más de cinco o seis compañías de seguros en Inglaterra, y no es de ningún modo inusual que los miembros de una misma familia aseguren sus vidas o sus bienes contra fuego o accidentes en diferentes compañías. ¿Se sigue algún daño de esto? ¿Por qué, entonces, no debería haber un considerable número de asociaciones defensivas en Inglaterra, en las que la gente, incluso miembros de la misma familia, pudiera asegurar sus vidas o sus bienes contra asesinatos o robos? Aunque el Sr. Read ha captado una idea de los partidarios del pago de impuestos voluntario, temo que no ve con claridad otra de ellas –a saber, la idea de que la defensa es un servicio como cualquier otro; que es un trabajo tanto útil como deseado; que por lo tanto es un bien económico sujeto a la ley de la oferta y la demanda; que en un libre mercado esta mercancía sería ofrecida al coste de producción; que, en competencia, el patrocinio iría a aquellos que proporcionaran el mejor artículo al menor precio; que la producción y venta de esta mercancía está ahora monopolizada por el Estado; que el Estado, como casi todos los monopolistas, carga precios exorbitantes; que, como casi todos los monopolistas, ofrece un artículo despreciable, o casi despreciable; que, del mismo modo que un monopolista de comida produce a menudo veneno en lugar de alimento, el Estado aprovecha su monopolio sobre la defensa para ofrecer agresión en lugar de protección; que, del mismo modo que los consumidores de uno pagan para ser envenenados, los consumidores del otro pagan para ser esclavizados; y finalmente, que el Estado excede a todos sus competidores monopolistas en la medida en que disfruta del privilegio especial de forzar a todo el mundo a comprar su producto, quieran hacerlo o no. Si, después de todo, hubiera cinco o seis “Estados”, la gente, creo yo, sería capaz de comprar la mejor seguridad a un precio razonable. Y lo que es más –cuanto mejores fueran sus servicios, menos necesarios serían, de modo que la multiplicación de los “Estados” llevaría a la abolición del Estado.

Todas estas consideraciones, sin embargo, están anuladas, en opinión del Sr. Read, por su aserto final de que “el Estado es un organismo social”. Toma esto como la “explicación de todo el problema”. Pero yo no puedo ver en ello más que otra observación irrelevante. Pregunto otra vez: ¿qué sucede? Suponga que el Estado es un organismo, – ¿y qué? ¿Qué se infiere de ello? ¿Que por lo tanto el Estado es permanente? Pero, ¿qué es la historia sino un registro de la disolución de organismos y el nacimiento y desarrollo de otros que, a su vez, acabarán disolviéndose? ¿Está el Estado exento de este mandato? Si así lo cree, ¿por qué? ¿Qué lo demuestra? ¿El Estado es un organismo? Sí; igual que un tigre. Pero a menos que me lo encuentre donde no tenga una pistola, su organismo se desorganizará rápidamente. El Estado es un tigre en busca de gente para devorar, y la gente tiene que matarlo o herirlo. Su propia seguridad depende de ello. Pero el Sr. Read dice que no puede hacerse. “De ningún modo puede restringirse el poder del Estado”. Esto debe ser muy decepcionante para el Sr. Donisthorpe y Jus, que están trabajando para restringirlo. Si el Sr. Read está en lo cierto, su ocupación es una pérdida de tiempo. ¿Está en lo cierto? A menos que pueda demostrarlo, los partidarios del pago de impuestos voluntario y los anarquistas continuarán su trabajo, animados por la creencia de que el compulsivo y agresivo Estado está destinado a morir.

Carson anuncia su nuevo libro

Posted By Victor L. on February 12, 2010

Kevin Carson anunció hace algunas semanas el lanzamiento de su siguiente libro, que espera tener listo en pocos meses. Se titulará The Homebrew Industrial Revolution: a Low Overhead Manifesto (algo así como “La Revolución industrial casera: un manifiesto de bajo coste”), y básicamente es un compendio extendido de sus últimos estudios en el C4SS sobre tecnologías a pequeña escala y producción local -en contraste permanente con el capitalismo corporativo. La portada es deliberadamente provocadora: un niño del Viet Cong apresando a un robusto piloto norteamericano, como metáfora del dinosaurio corporativo sucumbiendo ante la flexible y descentralizada pequeña industria -a la que no le han faltado críticas que querían ver más que una simple metáfora.

Es curioso cómo Carson ha ido extrayendo todos sus libros a partir de secciones de los libros anteriores: el Organization Theory salió del capítulo 8 de Studies in Mutualist Political Economy, y a su vez The Homebrew Industrial Revolution es una continuación, más extensa y acabada, del capítulo 14 del Organization Theory. E incluso Studies in Mutualist Political Economy es un desarrollo inmenso de un ensayo previo: Iron Fist.

Para ser franco, este libro, sin dejar de gustarme, no me entusiasma como los anteriores; quizá por su concreción, o quizá porque esta vez he seguido más sus ensayos del C4SS (respecto a los cuales el libro no ofrece muchas novedades). En Studies y Org Theory Carson trataba temas de carácter general cuyas conclusiones tenían hondas repercusiones sobre el movimiento político; y, en mayor o menor medida, afectaban a todo el mundo. Pero The Homebrew Industrial Revolution es demasiado técnico y específico como para lograr un efecto similar.

Por otro lado, pienso que el sector servicios merece una atención más prioritaria de la que ha venido recibiendo hasta ahora. Si bien es cierto que el tamaño medio de la empresa en ese sector es mucho menor que en la industria, emplea a muchísima más gente, y no estoy seguro de que el éxito de Starbucks o los centros comerciales durante las últimas décadas pueda explicarse totalmente a partir del modelo de Carson (aunque podría extraerse con cierta imaginación). Si los trabajadores autogestionados de Taco Bell son más eficientes que sus homónimos en un contexto jerárquico, ¿por qué no predomina la autogestión sobre la jerarquía? ¿por qué, si no existen economías de escala a nivel de empresa, existen multitud de cadenas de establecimientos en el sector servicios? Las barreras de entrada pueden explicar hasta cierto punto estas situaciones, pero no totalmente: es necesario profundizar más. No puedo negar que tenía la esperanza de que Carson continuara en esa dirección.

Aun y todo, creo que merecerá un hueco en mi estantería.

La industria textil de Prato (actualizado)

Posted By Victor L. on February 2, 2010

Vuelvo a la carga tras una temporadita ausente, aunque no sé si podré aguantar el ritmo de meses pasados.

Hoy comentaré un caso que he mencionado en otros artículos pero que nunca había expuesto en profundidad: se trata de la alucinante experiencia de producción en red y a pequeña escala de Prato, en Italia. Últimamente parece que todas las buenas empresas salen allí, a despecho de sus malos gobernantes.

Prato es la capital de una región de la Toscana, y en ella se concentra la industria textil más importante del mundo. Durante la primera mitad del siglo XX su industria estaba dominada por unas pocas grandes empresas, pero a mediados de la década de 1960 comenzaron a separarse. Cuarenta años después, en el año 2000, había más de 15.000 pequeñas empresas, con una media de menos de cinco empleados cada una. Y lo más importante: no se trataba de empresas rudimentarias y caseras, sino que utilizaban maquinaria moderna y personal cualificado. Para aprovechar las economías de escala, las compañías establecieron alianzas para sufragar las compras a proveedores, la investigación o el desarrollo (de forma similar a como sucede en Emilia Romagna o MARRV).

Para coordinar la interacción entre empresas han creado un grupo de agentes llamados impannatori. Cuando llega un pedido demasiado grande para una sola empresa, los impannatori se encargan de tejer redes de trabajo entre compañías para que cumplan el pedido. Pero, como apunta Thomas Malone, estos agentes no deberían confundirse con alguna clase de ejecutivos senior que dirigen la red, puesto que no la controlan:

No existe un director general (CEO) de la industrial textil de Prato. Cada empresa toma sus propias decisiones respecto a con quién hacer negocios y en qué condiciones. De todas estas interacciones descentralizadas surgen algunos de los mejores tejidos de moda del mundo entero.

Actualización. No es casual que este tipo de empresa haya surgido en un sector (el textil) donde la demanda es especialmente volátil y no existe -por ahora- un rígido sistema de patentes. El motivo de la descentralización es, ante todo, la necesidad de mantener una producción flexible que pueda coordinar grandes pedidos en épocas de mucha actividad, mantenerse ligeramente rentable en vacas flacas (gracias a sus reducidos costes fijos) y pasar de un producto a otro de acuerdo al vaivén de la demanda.

Probablemente, si desapareciesen otros privilegios como las licencias, las barreras de entrada, las exenciones fiscales a la depreciación del capital, las subvenciones a la I+D y, especialmente, las subvenciones al transporte, las grandes empresas se disolverían en estos sectores como una pastilla efervescente en un vaso de agua. Pero después de las tenues liberalizaciones de los 70, 80 y 90, parece que las políticas estatales “anti-crisis” apuntan a reforzar la jerarquía, las corporaciones y las parásitas burocracias estatales y pseudoprivadas.

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Bibliografía: Thomas Malone, El futuro del trabajo.

Imágenes para la reflexión o para pensar dos veces – JAK Bank

Posted By Marco Arrieta on January 15, 2010

Aquí les traigo un documental sobre la evolución y el ideal que hay detrás de la banca JAK

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Saludos  cordiales y que lo disfruten.

Detención del defensor de la causa mapuche Asel Luzarraga (actualizado)

Posted By Telmo on January 3, 2010

Asel Luzarraga, escritor bilbaino, fue detenido el pasado 31 de diciembre en Chile por una supuesta instalación de explosivos. Asel, un anarquista que se dedica a difundir la situación del pueblo mapuche y su lucha es además un defensor de la no violencia, por lo que choca que se le haya acusado de este delito. Para que juzguéis por vosotros mismos os dejo aquí abajo una carta escrita por su novia Vanesa que he encontrado en Kaosenlared, además de un link de Facebook para aquellos que poseéis una cuenta donde os podéis unir a un grupo (al que yo personalmente me he unido) que pide su liberación inmediata.

CARTA DE VANESA

Asel askatu beharra daukagu, facebooken bitartez eldutako emaila publikatzea pentsatu dugu! Asel laguna kaleratzeko gure eskuetan dagoen guztia egitea aukeratu dugu.

Bueno primero que nada me presento soy Vane la novia de Asel, el me ha pedido que te escriba este mail. Me imagino que ya te has enterado de lo que sucede y si no es así, pues decirte que a Asel lo detuvieron este 31 de Diciembre por ser sospechoso de atentados terroristas.

La verdad no sé porque parte empezar. Te contare mi versión, el día 30 de diciembre como de costumbre salí a trabajar con mi padre, salimos aproximadamente a las 11 de la mañana (yo dormí en casa de Asel, como desde hace ya mucho tiempo) estuvimos trabajando con mi padre, y yo mantuve contacto telefónico con mi novio durante todo el día. Mi hermano menor con un amigo suyo acudió a casa de Asel en la tarde a cortar su césped. Cuando terminé de laburar Asel fue a casa de mis padres a verme y desde ahí nos vinimos juntos a su casa, yo muy cansada me acosté y el se quedo mirando televisión, al rato fue a acostarse a mi lado, esa noche dormimos juntos, la noche del 31 de diciembre…. Gehiago ikusi

El 31 yo estuve con él toda la mañana, mientras escribía yo hacía mis cosas, a eso de la una de la tarde me fui a casa de mis padres a ayudar a preparar las cosas para la noche de año nuevo. Salí al centro a comprar algunas cosas y cuando voy llegando a mi casa veo que está rodeada de patrullas de carabineros, me asusté demasiado, me imaginé que había ocurrido un accidente, entre corriendo a casa, tenían mi cuarto patas arriba, pregunté ¿qué pasaba?, no me quisieron dar información, hasta que al final me dijeron que mi novio Asel luzarraga era acusado por haber instalado aparatos explosivos. A todo esto ellos entraron a casa de mis padres si una orden escrita, aunque andaba el fiscal el que “supuestamente” dio una orden oral para revisar mi casa, cosa que a mi madre le dejo muy mal, ella no sabía que hacer, quedo en estado de shock .

Mas tarde fuimos a la tercera comisaria de padre las casas, lugar donde tenían detenido a Asel. No pude verlo hasta las 8 de la noche, al principio no querían que nadie lo viera, hasta que insistí y me dejaron pasar por menos de 15 minutos. Me contó que los carabineros llegaron a su casa con pistola en mano, casco y por supuesto la prensa, él muy asustado pregunto qué pasaba desde dentro de casa, le dijeron que abriera, y él les dijo que el abriría pero que no le hicieran daño, le registraron la casa completa, uno de los carabineros le dijo que para que se hacía el weon si él sabía perfectamente que pasaba, cuando Asel preguntó el motivo de porque estaban allí, Asel asombradísimo le dijo que no tenía idea y que por favor le digieran que pasaba. No lo escucharon. Luego le volvieron a insistir y le dijeron que habían encontrado armas y pólvora, cosa que no es cierta, que como testigo puedo afirmar que mi novio no tenía nada de lo que ellos señalaron.

Se llevaron de su casa el portátil de Asel y el mío, su cámara fotográfica, su chupa de cuero, todos los libros que tenía en casa, una mochila, hasta el basurero de la cocina (eso lo constaté yo). Le dijeron que tendría que firmar un documento en que que salía las cosas que se llevaban, eso NUNCA lo hicieron. Asel no firmó nada porque no le mostraron la hoja donde estaban escritas las cosas que se llevaban.

La noche de año nuevo la pasó detenido, y la audiencia se realizó hoy primero de enero a eso de las 11 de la mañana, le ampliaron la detención por 5 días mientras se investigue el caso.

Doy fe de que Asel la fecha del 30 de diciembre la pasó en casa conmigo, que no existía ningún material explosivo, ni menos un extintor que puede ser fácil de ver. Desde que llego a Temuco de Chile no ha pasado un solo días sin vernos, a excepción de cuando viajo a euskal herria, pero para todo ellos existen los registros de vuelos que constatan las horas y fechas de llegada al aeropuerto chileno. El día que Asel se marchó, yo lo fui a dejar a la terminal de autobuses con rumbo a Santiago, a la terminal lo fue a buscar la tía de un primo mío llamada Soledad Perón, estuvo una noche en su casa y al día siguiente tomó el vuelo.

Estoy destrozada, me acabo de enterar que Asel es noticia en España. NO lo puedo creer, Una farsa así tiene que ser destruida, mi novio no tenia nada en casa, es montaje!

Por favor ayúdenos, ayuden a Asel, el no ha hecho nada como para que lo acusen!!!!

FIRMA por su LIBERTAD

Para unise al grupo de facebook pinchad aquí.

Actualización: Hay vídeo de sobre lo ocurrido que podéis ver si pincháis aquí. Además querría agradecer la labor que está haciendo Víctor Montes para difundir lo ocurrido.

Roderick Long sobre la reforma sanitaria

Posted By Victor L. on December 31, 2009

Hace unos días apareció en un periódico de Auburn (EEUU) una carta de Roderick Long, donde carga contra republicanos y demócratas a propósito de la reforma sanitaria, sugiriendo una auténtica solución de libre mercado -las cooperativas sanitarias, actualmente constreñidas por las regulaciones estatales. Es sencillamente genial (la negrita es mía):

Republicans promise to protect us against big government, while Democrats promise to protect us against big business.
But in practice, both parties consistently support a partnership between big government and big business, at the expense of ordinary people. They bicker over which partner is to be dominant; but neither party ever seriously threatens the overall partnership.
The healthcare bill is a case in point.
Democrats have portrayed it as an assault on the power of insurance companies – as if those companies won’t benefit enormously from a provision requiring everyone to buy health insurance (with or without the public option).
The Republicans, for their part, portray their defense of the status quo as a defense of the free market. But the status quo in healthcare is no free market; it’s a system of massive, ongoing government intervention on behalf of insurance companies, pharmaceutical companies, and the medical establishment.
Democrats and Republicans disagree only over the precise flavor of intervention, not the amount. The question is always whether decisions about your healthcare should be made by bureaucrats, or instead by plutocrats – never by you.
A century ago, a vibrant system of health cooperatives, run not by bureaucrats or plutocrats but by the working class, was dramatically reducing healthcare prices and boosting patient autonomy – until government regulation shut the system down. (University of Alabama history professor David Beito documents the story in his book From Mutual Aid to the Welfare State.)
If Republicans really care about free markets, and if Democrats really care about the poor, why doesn’t either party work to repeal those laws and allow the cooperative system to return?

Otra definición de mutualismo

Posted By Victor L. on December 28, 2009

A vuela pluma y desarrollando un poquito más los conceptos que en la definición anterior:

Los mutualistas son aquellos que toman el capitalismo actual, no como producto del libre mercado, sino como producto de la intervención del Estado en beneficio de unos pocos (especialmente: grandes corporaciones, banqueros y terratenientes). En consecuencia, proponen liberar las fuerzas del mercado para restaurar la reciprocidad en los intercambios.

Donde los marxistas dicen “abolid el capitalismo y el Estado se irá al demonio”, los mutualistas proponen exactamente lo contrario: enfatizan el papel del Estado como garante de privilegios y, al mismo tiempo, señalan su condición de clase dominante en sí mismo, en la medida que se financia del robo (el cobro de impuestos) extraído por la fuerza a las clases productivas. Por este motivo, consideran el Estado como una organización intrínsecamente injusta, cuyas funciones agresivas (como la prohibición del consumo de drogas o las restricciones al comercio) deben ser abolidas, y cuyas funciones defensivas (como la defensa de la propiedad legítima o la administración de justicia) deben ser provistas por organizaciones voluntarias como seguros mutuos o tribunales de arbitraje.

La singularidad de la economía alternativa

Posted By Victor L. on December 13, 2009

tiranosaurio

Carson ha publicado un nuevo estudio para el C4SS: The Alternative Economy as a Singularity. La introducción que ha redactado para su blog contiene un buen símil biológico:

Las economías locales y a pequeña escala son ratas en las guaridas de los dinosaurios. La economía doméstica e informal opera de forma más eficiente que la economía capitalista, y puede funcionar con los subproductos que el capitalismo desperdicia. Es resistente y se multiplica como un virus. En un contexto en que los recursos para el desarrollo tecnológico se han desviado casi completamente hacia el capitalismo corporativo, toma las tecnologías que se desarrollaron para servir al capitalismo corporativo, las adapta para producir a pequeña escala, y las usa para destruir el capitalismo corporativo. De hecho, es casi como si los dinosaurios hubieran fundado un laboratorio de investigación genética para crear mamíferos: “reconfigure los dientes para que chupen mejor los huevos, y mejore su metabolismo para que sobrevivan a una gran catástrofe –como, por ejemplo, la colisión de un meteorito. Nah, realmente no creo que sea bueno –pero qué coño, ¡lo está pagando el ministro de defensa de Pangea!”

Por repetirlo, existen dos economías compitiendo: la antigua economía burocrática, con altos costes generales, enormes desembolsos de capital, y márgenes de beneficio por encima del coste, y nuestra nueva economía ágil y de bajos costes generales. Y al final…las enterraremos.

Sin embargo, aunque es cierto que la economía corporativa se descentraliza y crea los medios para que la producción cooperativa y a pequeña escala se desarrolle, no encuentro motivos para el optimismo, tal y como están las cosas en 2009. El contexto tibiamente libre que ha estado forzando a las corporaciones a reducir sus jerarquías en las décadas de 1980, 1990 y 2000 está siendo sepultado, tras la crisis, por una nueva oleada de regulaciones, subvenciones y aranceles. Y, como Carson sabe, un entorno artificialmente estable y previsible es la precondición de esa economía burocrática, con grandes desembolsos de capital y tecnología hiperespecializada.

Minienciclopedia (II): historia del término mutualismo

Posted By Victor L. on December 11, 2009

mutualismo violeta

Continúo con la “minienciclopedia”. En principio creo que es bastante apropiada la definición que di al principio –con todos los conceptos que contiene implícitamente y que desarrollaré en otras secciones-; aquí me gustaría hacer un repaso histórico sobre las diferentes concepciones y definiciones de mutualismo, desde sus orígenes –anteriores a Proudhon- hasta Kevin Carson. No se trata de una historia del mutualismo, por lo que no aparecerán militantes célebres como Tolain o Dyler Lum, sino únicamente aquellos autores que han contribuido a definir y explicar el término. La tarea de recopilar información sobre la historia del movimiento mutualista, especialmente las asociaciones obreras de Europa y Estados Unidos, su papel en la primera Internacional, etc. quedará para otro capítulo de la minienciclopedia. Disculpad la abundancia de citas, pero lo veo necesario a la hora de abordar temas tan espinosos.

Como punto de partida, por tanto, tomamos esta definición (cuando todos los conceptos estén definidos por separado, quizá podría añadir anotaciones al pie para dirigir al lector a cada uno de ellos –p. ej. reciprocidad, principio de costo, etc.):

El mutualismo es un sistema económico y social basado en la libertad de contrato, la propiedad privada y los mercados libres, que toma el capitalismo actual como producto del privilegio y el monopolio promovidos por el Estado y aspira a una sociedad regida por cooperativas de trabajadores y pequeños negocios, en un contexto político donde el Estado ha sido reemplazado -incluso en funciones tales como la ley, la seguridad o la justicia- por mutualidades, compañías de seguros y tribunales de arbitraje.

Historia del término mutualismo

Según Clarence Lee Swartz [1], el primero en emplear el término mutualismo fue John Gray (1832), un socialista ricardiano que, en la línea de Thomas Hodgskin y otros autores, utilizó la infraestructura teórica de los economistas clásicos para condenar el privilegio y el monopolio en que se sustentaba el capitalismo, proponiendo la liberación del mercado como medio para restaurar la reciprocidad en el cambio.

Poco después, en Lyon, Francia, apareció un grupo de obreros que se hacían llamar los mutualistas, y que desde 1843 ejercerían una influencia decisiva sobre Proudhon [2]. A partir de este momento comenzaría la historia oficial del mutualismo. Ya en 1846, Proudhon dedicaba unos párrafos finales de su Filosofía de la miseria al mutualismo:

Para llegar a la organización definitiva que parece ser el destino de nuestra especie sobre el globo, sólo falta hacer la ecuación general de todas nuestras contradicciones.
Pero, ¿cuál será la fórmula de esta ecuación?
Después de todo lo dicho, ya podemos entreverla: debe ser una ley de cambio, una teoría de MUTUALIDAD, un sistema de garantías que resuelva las formas antiguas de nuestras sociedades civiles y comerciales, y que satisfaga a todas las condiciones de eficiencia, de progreso y de justicia que ha señalado la crítica: una sociedad no sólo convencional, sino real; que cambie la división parcelaria en instrumento de ciencia; que suprima la servidumbre de las máquinas y prevenga las crisis de su aparición; que haga de la competencia un beneficio, y del monopolio una garantía de seguridad para todos; que, por la fuerza de su principio, en vez de pedir crédito al capital y protección al Estado, someta al trabajo el capital y el Estado; que, por la sinceridad del cambio, cree una verdadera solidaridad entre los pueblos; que, sin prohibir la iniciativa individual ni el ahorro doméstico, devuelva constantemente a la sociedad las riquezas que la apropiación retira; que por este movimiento de entrada y salida de los capitales, asegure la igualdad política e industrial de los ciudadanos, y por un vasto sistema de educación pública, elevando siempre su nivel, favorezca la igualdad de las funciones y la equivalencia de las aptitudes […]. [3]

Conviene hacer aquí algunas aclaraciones. Cuando Proudhon hablaba de “hacer beneficiosa la competencia” no tenía en mente un Estado regulador como el de nuestros días, sino la abolición de los privilegios que retenían la riqueza en beneficio de unos pocos, de modo que “sin prohibir la iniciativa individual ni el ahorro doméstico, devuelva constantemente a la sociedad las riquezas que la apropiación retira”. Proudhon reclamaba la liberación del mercado, cuyas fuerzas derramarían la riqueza en beneficio de toda la sociedad. [4]

Igualmente, hacer del “monopolio una garantía de seguridad para todos” no implicaba para él restaurar el Estado del bienestar, sino entregar a sus clientes (la sociedad) los servicios que –en su opinión- serían monopolios naturales. Proudhon propone mutualizar los servicios que el mercado no pueda ofrecer adecuadamente (algo que, aunque discutible para los mutualistas de hoy, sigue siendo perfectamente válido). En este sentido tiene que entenderse también su demanda de un “vasto sistema de educación pública”; esto es, en control del público, mutualizada. [5]
Por último, “someter el capital y el Estado al trabajo” equivaldría, en el lenguaje de Proudhon, a reemplazar las relaciones de jerarquía en lo político y en lo económico por relaciones de contrato (es decir, voluntarias) y reciprocidad (es decir, sin privilegios y entre iguales). [6] La banca mutualista permitiría a los trabajadores independizarse del capital; las mutualidades de defensa y protección lo permitirían del Estado.

En 1865 ofrece una definición más breve de mutualismo (La capacidad política de la clase obrera, p. 54):

La palabra mutual, mutualidad, mutuo, que tiene por sinónimo recíproco y reciprocidad, viene del latín mutuum, que significa préstamo (de cosa fungible), y en un sentido más lato, cambio. Es sabido que en el préstamo de cosa fungible, el objeto prestado es consumido por el mutuatario, que no devuelve sino su equivalente, ya en la misma especie, ya bajo cualquier otra forma. Supónganse que el mutuante pase a ser a su vez mutuatario, y se tendrá un préstamo mutuo, y por consecuencia, un cambio: tal es el lazo lógico que ha hecho que se dé el mismo nombre a dos operaciones distintas. […]. Lo que nos interesa s saber cómo sobre esa idea de mutualidad, de reciprocidad y de cambio, es decir, de justicia, sustituida a las de autoridad, comunidad o caridad, se ha venido en política y en economía a constituir un sistema de relaciones que tiende nada menos que a cambiar de arriba abajo el orden social.

Pocos años después, las ideas mutualistas viajarían al otro lado del Atlántico, de la mano de William Greene, conocido como el “Proudhon americano” por su adhesión apasionada a las ideas mutualistas. En Estados Unidos el mutualismo se despojará del lenguaje contradictorio y polémico de Proudhon, y, bajo la influencia del liberalismo revolucionario de décadas anteriores, enfatizará la soberanía del individuo, el derecho de propiedad y la libertad de contrato frente al capitalismo y el socialismo estatal, contra el que dirigirán muchos de sus vehementes ataques. En 1850, escribe Greene:

El mutualismo opera, por su propia naturaleza, para hacer el gobierno político, fundado en la fuerza arbitraria, superfluo; esto es, opera para la descentralización del poder político, y para la transformación del Estado, reemplazando el gobierno ab extra por el autogobierno. [7]

25 años después, Greene enfrentará la idea del mutualismo con la del comunismo, considerado este último perjudicial para la libertad y para el progreso:

El primer gran paso en el progreso humano resulta de la división del trabajo. Una característica de la división del trabajo, y del reparto económico de las tareas, es que cada individuo tiende a hacer precisamente lo que los demás no hacen. Tan pronto como el trabajo se divide, el comunismo necesariamente cesa, y el MUTUALISMO, la negación del comunismo, y la correlación recíproca de cada uno por los demás, y de los demás para cada uno, para un objetivo común, comienza. La marcha del progreso social va desde el comunismo hacia el mutualismo. El comunismo sacrifica al individuo para asegurar la unidad del todo. El mutualismo contiene un individualismo ilimitado como la condición previa esencial y necesaria para su propia existencia, y coordina a los individuos sin sacrificio alguno de su individualidad, en un todo colectivo, mediante la confederación espontánea o la solidaridad. El comunismo es el ideal del pasado; el mutualismo, el del futuro. [8]

Este modo de definir el mutualismo, en contraposición a sus adversarios, se tornará muy común desde este momento. El capitalismo era un sistema intrínsecamente injusto, que mediante privilegios y monopolios protegidos por el Estado [9] permitía a los terratenientes, banqueros y empresarios obtener beneficios inmerecidos (la renta, el interés y el beneficio); pero el socialismo estatal y el comunismo (incluido aquí el comunismo libertario de Kropotkin), al centralizar el poder y los medios de vida en el Estado o la comunidad, despojaban al individuo de toda posibilidad de soberanía. Quien controla la propiedad de los medios de vida, dirá Benjamin Tucker, “controla también, inevitablemente, la propiedad de la vida misma”. [10] En esta tesitura, el mutualismo se presentaba como la doctrina que podía alcanzar los objetivos del socialismo sin renunciar a su carácter libertario, individualista y de mercado. Clarence Lee Swartz lo explicaba así en 1926, con motivo de su genial What Is Mutualism?:

Existen varios “ismos” que consideran que la sociedad en su conjunto puede beneficiarse en mayor grado mediante la sumisión del individuo (más o menos completa) a un Estado central, a un gobierno, a una comuna, o  a cualquier otro término con que guste ser llamado este poder (que pretende ser racional y benévolo). El individuo es en gran parte ignorado.

La teoría del Mutualismo, en cambio, mantiene que los intereses de la sociedad en general se sirven más cumplidamente de igual modo que se promueven los intereses del individuo; mediante la libertad de restricciones, en tanto que las actividades del individuo no sean invasivas; mediante la eliminación de todos los factores que limitan artificialmente las oportunidades del hombre; mediante la organización voluntaria de la sociedad en asociaciones, en la medida que tenga necesidad de emprender actividades más allá del poder de un solo individuo; en pocas palabras, mediante la creación voluntaria y el mutuo intercambio de mercancías bajo condiciones que excluyen los privilegios especiales y los monopolios protegidos por el Estado. [11]

Y en la cabecera de ese mismo libro, Swartz escribe la que quizá sea la definición más clara y concisa del término mutualismo:

El mutualismo es un sistema social basado en la igualdad de la libertad, la reciprocidad, y la soberanía del individuo sobre sí mismo, sus asuntos y sus productos; realizado a través de la iniciativa individual, el libre contrato, la cooperación, la competición, y la asociación voluntaria para la defensa contra los invasores y para la protección de la vida, la libertad y la propiedad no invasiva.

Más adelante amplía esta idea:

El Mutualismo es aplicable a cualquier relación humana. A lo largo de todas las etapas de la existencia, desde el nacimiento hasta la muerte, la mutualidad – la asociación voluntaria para la acción recíproca- puede sentirse en cualquier momento, y está disponible en cualquier momento, esperando resolver cualquier problema de relaciones sociales, para decidir cualquier asunto que aparezca en el comercio y en la industria.
Para vivir el Mutualismo solo es necesario observar dos condiciones:
1. Que el individuo pacífico no puede ser coaccionado, y
2. Que el producto del trabajo del individuo no puede serle sustraído sin su consentimiento.
De esas generalizaciones negativas así postuladas, afirmando por lo tanto la soberanía del individuo, se sigue naturalmente un corolario positivo y constructivo –la reciprocidad; que implica la iniciativa individual, el libre contrato y la asociación voluntaria. Para que no haya duda sobre el significado del término “soberanía del individuo”, debemos explicar que aquí se usa para referir el completo control del individuo no invasivo sobre sí mismo, sus asuntos, y el producto de su trabajo.

En resumen, el mutualismo es un sistema social basado en las relaciones recíprocas y no invasivas entre individuos libres.
Los principios mutualistas son:
A NIVEL INDIVIDUAL: Igual libertad para cada persona —sin agresión a los demás.
A NIVEL ECONÓMICO: Reciprocidad sin restricciones, lo que implica libertad de cambio y contrato – sin monopolio o privilegio.
A NIVEL SOCIAL: Completa libertad de asociación –sin ninguna organización coercitiva.” – [12]

El libro de Swartz marcaría el fin de una etapa. Tras el auge del bolchevismo y las guerras mundiales, el mutualismo quedaría sepultado durante 80 años, cuando cobraría nueva forma gracias a los Studies in Mutualist Political Economy de Kevin Carson [13]. Si Swartz y Tucker se habían dedicado a definir el mutualismo en términos abstractos como “reciprocidad”, “libre contrato” o “ausencia de privilegios”, Kevin Carson dibujará una imagen muy concreta y palpable de la sociedad mutualista:

Su visión última es una sociedad en la que la economía esté organizada entorno al mercado libre entre productores, y la producción esté llevada por artesanos y campesinos autónomos, pequeñas cooperativas de productores, empresas grandes controladas por los trabajadores y cooperativas de consumidores. Al grado en el que aun exista el trabajo asalariado (que es probable, si no lo suprimimos por la fuerza), la supresión de los privilegios estatistas resultará en que el salario natural del trabajador, como decía Benjamin Tucker, será su producto completo. [14]

————————————————————————————–

[1]: What Is Mutualism? Cap. III, History of the Term Mutualism, Clarence Lee Swartz.

[2]: Introducción a la Filosofía de la miseria de Proudhon, Diego Abad de Santillán, p. 13.

[3]: Filosofía de la miseria, Tomo II, p. 357, Proudhon.

[4]: Benjamin Tucker, en Socialismo de Estado y anarquismo, lo explicaba así: “Pero, aunque opuestos (Proudhon y Warren) a la socialización de la propiedad del capital, eran partidarios, sin embargo, de socializar sus efectos al hacer su uso beneficioso para todos en lugar de un medio para empobrecer a muchos y enriquecer a unos pocos. Y cuando se hizo la luz en su mente, vieron que esto podía lograrse sometiendo el capital a la ley natural de la competencia…”

[5]: Esta interpretación queda más clara en La capacidad política de la clase obrera (p. 55), donde habla de la “enseñanza mutua” junto a los seguros y el crédito mutuo.

[6]: Estas ideas de contrato en lo político y reciprocidad en lo económico, como opuestas al Estado y al capitalismo, aparecen extensamente (en ocasiones con distinto nombre) en Idea general de la revolución en el siglo XIX y El principio federativo. En otras secciones trataremos este asunto.

[7]: Mutual Banking, The Provincial Land-Bank, p. 37, William Greene http://libertarian-labyrinth.org/greene/mutualbanking1870.pdf

[8]: Socialistic, Communistic, Mutualistic, and Financial Fragments, Cap. 3: Communism vs. Mutualism, William Greene http://libertarian-labyrinth.org/archive/Socialistic,_Communistic,_Mutualistic,_and_Financial_Fragments/3

[9]: Véase Socialismo de Estado y anarquismo o Declaración de propósitos de Liberty, de Benjamin Tucker,
http://www.banderanegra.canadianwebs.com/pretucker.html. Véanse también, más adelante, las referencias a Clarence Lee Swartz.

[10]: On Picket Duty, contenido en Instead of a Book: By a Man Too Busy To Write One, parte IV, Benjamin Tucker. http://fair-use.org/benjamin-tucker/instead-of-a-book/on-picket-duty-4

[11]: What Is Mutualism? cap. III, The Case Of Freedom, Clarence Lee Swartz http://www.panarchy.org/swartz/mutualism.3.html

[12]: What Is Mutualism? Cap. III, The Case Of Freedom, Mutualism Universally Applicable, Clarence Lee Swartz http://www.panarchy.org/swartz/mutualism.3.html

[13]: Disponible online aquí: http://mutualist.org/id47.html

[14]: Introducción a www.mutualist.org, Kevin Carson.

Iron Fist (III): el dominio ideológico

Posted By Victor L. on November 22, 2009

1984

Por Kevin Carson

El dominio ideológico es el proceso por el cual los explotados pasan a ver el mundo a través de la estructura conceptual de sus explotadores. Actúa en primer lugar para encubrir el conflicto de clase y la explotación detrás de la cortina de humo de la “unidad nacional” o el “bienestar general”. Aquellos que apuntan al papel del Estado como garante de los privilegios de clase son denunciados, en tonos teatrales de ultraje moral, por “lucha de clases”. Si alguien es tan intolerablemente “extremista” como para describir la intervención estatal masiva y la subvención en la que descansa el capitalismo corporativo, es reprendido por su “retórica de clases marxista” (Bob Novak) o por “retórica de barón ladrón” (el secretario del Tesoro O’Neill).

La estructura ideológica de la “unidad nacional” se lleva al punto de que “este país”, “esta sociedad”, o “nuestro sistema de gobierno” se han erigido como objeto de gratitud por “la libertad de que disfrutamos”. Solo los más antipatrióticos advierten de que nuestras libertades, lejos de sernos garantizadas por un generoso y benevolente Estado, fueron ganadas por pasadas resistencias contra el Estado. Las cartas y leyes de derechos no fueron concedidas desde el Estado, sino forzadas al Estado desde abajo.

Si nuestras libertades nos pertenecen por derecho de nacimiento, como un hecho moral de la naturaleza, de ahí se sigue que no debemos nada al Estado por abstenerse de violarlas, del mismo modo que no le damos las gracias a otro individuo por abstenerse de robarnos o matarnos. La simple lógica implica que, en lugar de ser agradecidos al “país más libre de la tierra”, deberíamos sublevarnos cada vez que inflinge nuestra libertad. Después de todo, así es como obtuvimos nuestra libertad en primer lugar. Cuando otro individuo nos coge la cartera para enriquecerse a nuestra costa, nuestro instinto natural es resistir. Pero gracias al patriotismo, la clase dominante puede transformar su mano robacarteras en la “sociedad” o “nuestro país”.

El presidente de la JCS, discutiendo la postura de “defensa”, preferirá las “amenazas a la seguridad nacional” a que se enfrentan los EEUU con un gesto dramático y describir las fuerzas armadas de algún enemigo oficial como China como más allá de las “exigencias defensivas legítimas”. El camino más rápido de ponerse al margen de la sociedad es apuntar que todas esas “amenazas” implican lo que está haciendo algún país al otro lado del mundo a cientos de millas dentro de sus propias fronteras. Otra ofensa contra la adoración de la patria consiste en juzgar las acciones de los Estados Unidos, en sus operaciones globales para hacer del Tercer Mundo un lugar seguro para ITT y United Fruit Company, con el mismo criterio que las “exigencias de defensa legítimas” que se aplican a China.

Para la ideología oficial, las guerras de Estados Unidos se libran por definición “por nuestras libertades”, para “defender nuestro país”, o en el adulador mundo de Maudllin Albright, por un deseo desinteresado de promover la “paz y la libertad” en el mundo. Sugerir que los verdaderos defensores de nuestras libertades se levantan en armas contra el Estado, o que la seguridad nacional del Estado es una amenaza para nuestras libertades mayor que cualquier enemigo externo al que nos hemos enfrentado jamás, es imperdonable.
Por encima de todo, los buenos americanos no deben advertir a todos esos consejeros militares enseñando a los escuadrones de la muerte cómo golpear a los líderes sindicales en la cara y dejarlos en la cuneta, o  cómo usar adecuadamente las pinzas contra los testículos de los disidentes. Los crímenes de guerra solo son cometidos por potencias derrotadas. (Pero como los nazis aprendieron en 1945, los criminales de guerra desempleados pueden encontrar trabajo normalmente con la nueva potencia hegemónica).

Después de un siglo y medio de adoctrinamiento patriótico por el sistema de educación estatal, los americanos han interiorizado concienzudamente la versión “little red schoolhouse” de la historia estadounidense. Esta devoción autoritaria está diametralmente opuesta a las creencias de quienes se levantaron en armas en la Revolución, con lo que la ciudadanía ha olvidado en gran parte qué significa ser americano. De hecho, los auténticos principios del americanismo han estado delante de sus narices. Dos siglos atrás, los ejércitos permanentes eran temidos como una amenaza para la libertad y un campo de cultivo para las personalidades autoritarias; el servicio militar obligatorio estaba asociado a la tiranía de Cromwell; se veía el trabajo asalariado como algo incongruente con la independencia de espíritu de un ciudadano libre. Hoy en día, dos siglos más tarde, los americanos están tan prusianizados por sesenta años de estado cuartel y “guerras” contra un enemigo interno u otro, que tienden a arrodillarse a la señal del uniforme. Los evasores de impuestos son comparados con los abusadores de niños. Mucha gente trabaja para alguna burocracia estatal o corporativa centralizada, donde se espera que obedezcan las órdenes de sus superiores, trabajen bajo constante subordinación e incluso meen sobre los novatos cuando se les ordene.

Durante las épocas de guerra, se convierte en antipatriótico criticar o cuestionar al gobierno, y disentir se identifica con la deslealtad. La creencia absoluta y la obediencia en la autoridad son los tests del “americanismo”. La guerra exterior es una herramienta muy útil para manipular la conciencia popular y poner bajo control a la población nacional. La guerra es la forma más fácil de otorgar vastos e innumerable poderes nuevos al Estado. La gente es obediente casi sin crítica justo en el momento que necesitan estar más alerta.

La mayor ironía es que, en un país fundado por la revolución, el “americanismo” se define como el respeto a la autoridad, y la resistencia como “subversión”. La Revolución fue una revolución, de hecho, en la que las instituciones políticas nacionales de las colonias fueron derrocadas por la fuerza. Fue, en muchos tiempos y lugares, una guerra civil entre clases. Pero como Voltairine de Cleyre escribió hace un siglo en “Anarchism and American Traditions”, la versión de los libros de historia es que se trató de un conflicto patriótico entre nuestros “Padres fundadores” y el enemigo extranjero. Aquellos que citan todavía a Jefferson sobre el derecho de la revolución son apartados como “extremistas” marginales, a ser atrapados en la próxima histeria de guerra o en la próxima caza de rojos.

Esta construcción ideológica de un “interés nacional” unificado incluye la ficción de un cuerpo “neutral” de leyes, que oculta la naturaleza explotadora del sistema de poder bajo el que vivimos. Bajo el capitalismo corporativo las relaciones de explotación son mediadas por el sistema político hasta un punto desconocido bajo los sistemas de clase anteriores. Bajo el esclavismo y el feudalismo, la explotación era concreta y estaba personalizada en las relaciones del productor con el amo. El esclavo y el campesino conocían exactamente quién le estaba fastidiando. El trabajador moderno, por otro lado, siente una sensación dolorosa, pero tiene solo una idea vaga de dónde proviene.

Más allá de su función de enmascarar los intereses de la clase dominante detrás de una fachada de “bienestar general”, la hegemonía ideológica también produce divisiones entre los gobernados. A través de campañas contra los “tramposos del sistema” y los “agotados”, así como de demandas para “ser duro con el crimen”, la clase dominante consigue canalizar la hostilidad de las clases media y trabajadora contra la clase sumergida.

Especialmente nauseabundo es el fenómeno del “populismo multimillonario”. Señala la bancarrota del sistema y reclama su “reforma”, clama por la guerra contra el crimen y, disfrazado de una retórica pseudopopulista, identifica a la clase sumergida como el parásito principal que vive del trabajo de los productores. Dado su universo simbólico de “ah, apesta”, pensarías que Estados Unidos es un mundo de Readers Digest/Norman Rockwell sin otra cosa que pequeños empresarios y granjeros familiares, por una parte, y tramposos del sistema, maleantes, líderes sindicales y burócratas por el otro. Escuchándolos a ellos no sospecharás ni siquiera que existan multimillonarios y corporaciones globales, y mucho menos que pudieran existir para beneficiarse de ese “populismo”.

En el mundo real, las corporaciones son el mayor cliente del Estado de bienestar, las mayores bancarrotas son los archivos corporativos del capítulo once, y los peores crímenes se cometen en los despachos de las corporaciones en lugar de en las calles. El verdadero atraco contra el productor medio consiste en el beneficio y la usura, extraídos solo con la ayuda del Estado –el verdadero “gobierno grande” que tenemos encima. Pero mientras la clase trabajadora y la clase sumergida permanecen ocupadas luchando entre sí, no perciben quién les está robando realmente a ellas.

Como decía Stephen Biko, “el arma más poderosa de los opresores es la mente de los oprimidos”.

Un apunte sobre economía local

Posted By Victor L. on November 13, 2009

calle

Echando un vistazo al nuevo estudio de Kevin Carson, Resilient Communities and Local Economies, encuentro un par de párrafos interesantes sobre el desarrollo económico local:

Las comunidades de pequeñas empresas gestionadas a nivel local son mucho más sanas económicamente que las comunidades que están colonizadas por grandes corporaciones de propiedad ausente. Por ejemplo, un estudio de 1947 comparaba dos comunidades en California: una era una comunidad de pequeñas granjas, y la otra estaba dominada por unos pocos grandes agronegocios. La comunidad de pequeños granjeros tenía mayores niveles de vida, más parques, más tiendas y más organizaciones cívicas, sociales y de ocio.

Hill McKibben hizo un apunte similar en Deep Economy. Gran parte del dinero que se gasta en una corporación nacional comprando cosas es rápidamente succionado de la economía local, mientras el dinero que se gasta en negocios locales circula repetidamente en la economía local y escapa al exterior mucho más lentamente. De acuerdo con un estudio de Vermont, sustituir la comida importada por producción local en solo un 10% crearía 376 millones de dólares en nueva producción económica, incluyendo 69 millones en salarios  para más de 3600 nuevos trabajos. Un estudio similar en Inglaterra encontró que el efecto multiplicador de diez libras gastadas en negocios locales beneficiaba a la economía local hasta en 25 libras, comparado con solo 14 para la misma cantidad gastada en una cadena de tiendas.

No sé hasta qué punto el primer estudio es concluyente, pero tiene cierta lógica: gran parte de los beneficios corporativos se obtienen a nivel local y se desembolsan lejos de las tiendas y de las fábricas de origen para pagar a los gerentes de las oficinas centrales, y estos desvían la creación de riqueza del circuito local. Por otro lado, también tiene lógica que donde no existan intermediarios como el Estado o los patrones para proveer ciertos servicios (p. ej. el seguro médico, que en ocasiones se incluye en el contrato de trabajo), estos sean provistos por organizaciones de iguales como cooperativas o mutualidades, y los lazos a nivel horizontal se estrechen.

Tratado ACTA sobre el copyright

Posted By Telmo on November 12, 2009

Hace unos días se filtró un futuro acuerdo entre una cuarentena de países llamado ACTA (Anti-Counterfeiting Trade Agreement) que es un texto sobre copyright donde entre otras cosas definen cómo ha de ser la actuación policial ante las violaciones en Internet del uso del copyright.

Para profundizar os dejo un par de links. Para el primero, un artículo de Kevin Carson, pinchad aquí; para el segundo, parte del texto filtrado, hacedlo aquí. Ambos están en inglés así que para aquellos que no puedan leerlo correctamente os dejo un pequeño artículo escrito en el diario El País hace unos días:

La negociación secreta de un acuerdo mundial sobre el ‘copyright’ alarma a los internautas

La negociación secreta de un acuerdo comercial mundial que autorizaría a las empresas y propietarios de derechos a exigir a los proveedores de acceso a Internet la vigilancia sobre el tráfico de sus clientes ha desatado la alarma de los internautas. De las negociaciones para redactar el Anti-Counterfeiting Trade Agreement (ACTA) se tienen noticias desde el año pasado, pero la semana pasada trascendió un documento de la Unión Europea en la que explicaba a sus estados miembros la posición de Estados Unidos, que se ha reservado la redacción del capítulo dedicado a Internet.

Aunque formalmente se trata de un acuerdo mundial para combatir la falsificación, el texto incluye una propuesta sobre Internet. Grupos civiles han remitido una carta al presidente norteamericano en el que critican el secretismo sobre estas negociaciones, que contradice la política de transparencia anunciada por Obama.

El acuerdo, en cuya negociación intervienen unos 40 países desde Estados Unidos a la Unión Europea pasando por importantes países asiáticos, como Japón y Corea, empezó a trabajarse en secreto bajo el mandato de Bush y prosigue ahora. La semana pasada hubo una nueva reunión en Seúl y en enero se celebrará otra en México. El documento propone perseguir a quienes elaboren o distribuyan programas que desactiven DRM (sistemas anticopia) y obliga a los proveedores de acceso a Internet a controlar el tráfico de sus clientes para evitar el intercambio o distribución de material protegido por copyright. Actualmente, en muchos países, los proveedores de acceso no son responsables de la conducta telemática de sus clientes salvo que tengan noticia, documentada por la administración o un juez, de que infringen la ley.

En la citada carta se reclama que ACTA, como un instrumento que afecta a las leyes y políticas de múltiples naciones, “debería ser negociado públicamente”, a la vista de todos. “Sin el necesario balance entre intereses” se puede dañar la economía y el bienestar cívico, añaden. Estados Unidos ha comentado el documento a empresas y distintos grupos pero bajo la obligación de confidencialidad lo que les impide participar en un debate público o dar detalles sobre el proyecto. La propia UE, al informar de la propuesta de Estados Unidos, habla de que ha recibido información oral sobre el mismo.

Recopilatorio sobre economía alternativa (I)

Posted By Victor L. on November 10, 2009

libros y

Ya que estos días no voy a estar muy activo he hecho algo que llevaba tiempo queriendo hacer: un recopilatorio. Empiezo con el primer apartado de Economía alternativa, que incluye 1) cooperativismo, producción descentralizada y teoría de la organización radical; 2) banca mutualista; y 3) servicios mutualizados. El segundo apartado tratará sobre el estatismo corporativo –que está muy relacionado con la teoría de la organización radical, y en buena parte se solapa-, pero lo haré más adelante. En cierto modo será un pilar de la minienciclopedia mutualista, ya que este recopilatorio es casi la enciclopedia en sí misma, y me gustaría crear un apartado en la web sobre “recopilatorios y artículos seleccionados”, para que no se vayan perdiendo en el fondo de la red.

Revisando los posts antiguos me he dado cuenta de dos carencias que intentaré solucionar: 1) apenas he hablado de tecnologías intermedias y bancos de microcréditos, cuando son dos pilares importantes de la producción descentralizada; 2) las cuestiones de seguridad y defensa están poco tratadas, sobre todo desde la perspectiva de los servicios mutualizados –por ahora tenéis el genial apartado de What Is Mutualism? de Clarence Lee Swartz sobre el tema, que he incluido aquí (Seguridad y seguros mutualistas, el último de la tercera sección), pero poco más.

Cooperativas, producción descentralizada y teoría de la organización radical:

-    Reportaje de Emilia Rogmana
-    Un vistazo al estudio del Harvard Business School sobre la autogestión
-    Un mercado sin capitalistas
-    MARVV: producción en red en acción
-    Equipos de trabajo autodirigidos
-    La agricultura cubana
-    Jerarquía o mercado
-    Democracia representativa y corporaciones burocráticas
-    Los ascensos como mecanismo de motivación
-    Lecciones de management en Cómo conocí a vuestra madre
-    El trabajo en la corporación
-    La farmacia autogestionada
-    ¡Tesco Bell para sus trabajadores!
-    El ágora de Elance
-    Autogestión en el sector musical
-    Equipos autogestionados y propiedad intelectual
-    El transporte del futuro: la aviación en red

Banca mutualista:

-    El efecto del monopolio radical sobre la empresa cooperativa
-    Un banco para cooperativas
-    La banca mutualista funciona
-    Banca mutualista en acción

Servicios mutualizados
:

-    Descentralización y mutualización de los servicios públicos
-    Los servicios mutualizados: teoría y práctica
-    La sanidad mutualizada (en condiciones extremas)
-    Seguridad y seguros mutualistas

La sanidad mutualizada (en condiciones extremas)

Posted By Victor L. on November 5, 2009

WELFARE STATE

A través de Albert Esplugas llego a este post de Luis Carlos donde se pasa revista al verdadero panorama sanitario de la India.

Al parecer, el 72% de los indios no puede costearse la sanidad privada, pero los servicios públicos son tan deficientes que no tienen más remedio que recurrir a médicos y curanderos locales. Sin embargo, a la hora de operaciones serias o análisis, incluyendo cirugía coronaria, neurocirugía o trasplantes (los indios tienen tres veces más posibilidades de sufrir enfermedades cardíacas por razones genéticas) contratan micro-seguros de cobertura limitada a este tipo de servicios, en muchos casos a través de sociedades mutualistas como la Cooperativa de Agricultores de Yeshasvini. Esta organización, por cierto, es la mayor mutua sanitaria del mundo por número de asociados, y mantiene 135 hospitales en su región.

A propósito, me viene a la cabeza el relato de Roderick Long sobre la sanidad occidental antes del Estado del Bienestar, cuando las mutualidades obreras ofrecían servicios médicos a sus asociados por apenas unas pocas libras o dólares anuales.

La pregunta que todo libertario debería hacerse es: ¿quién se quedaría sin sanidad cuando el trabajo reciba su producto completo, es decir, cuando los salarios sean más altos y el precio de las mercancías –especialmente los fármacos- sea notablemente más bajo?

Como sugieren Larry Gambone y Kevin Carson, una solución plausible sería mutualizar la sanidad pública, de modo que los servicios médicos rutinarios estén tan descentralizados y junto a las comunidades receptoras como sea posible, dejando los grandes hospitales a un nivel regional. La sanidad low cost sería reemplazada por la sanidad cost price.

Seis tesis de retórica libertaria

Posted By Aritz on October 29, 2009

Libertista ha hecho hace poco una traducción para la sección hispana del C4SS (recomendada visita especialmente para los que les de pereza leer tanto material en inglés) de un fragmento de una entrada de Roderick Long en su blog. Lo copio aquí pues creo que sintetiza muy bien cual es la posición de la izquierda libertaria respecto a la intervención y su efecto en la estructuración del mercado. Ojo, aquí no se argumenta por qué llegamos a estas conclusiones, tan sólo se describe una manera de pensar. Su utilidad es más bien la de mostrar a otros dónde nos situamos, no por qué nos situamos ahí.

Los libertarios, sobre todo los de izquierda, tenemos que centrarnos más en que nuestra posición se pueda reconocer. Ser visible no es suficiente -luego hace falta argumentar que uno tiene razón- pero opino que una buena posición argumental no sirve de nada si la gente ni siquiera entiende la postura que se está defendiendo.

Así, nuestra tarea fundamental es posicionarnos en torno a las siguientes tesis:

1) La gran empresa y el gran gobierno son, en una mayoría abrumadora de ocasiones, aliados naturales.

2) Aunque los políticos conservadores digan que son hostiles al gran gobierno y los progresistas quieran hacer creer que no tragan a la gran empresa, las políticas del establishment económico, tanto progresista como conservador, implican diferentes tipos de la misma intervención masiva en favor de las grandes empresas y el gran gobierno, siendo la gente común la perjudicada.

3) Los políticos progresistas enmascaran su postura en favor de los poderosos usando de excusa a los débiles; los conservadores lo hacen en favor de una retórica de no intervención y libre mercado. Sin embargo, en ambos casos la retórica y los hechos van cada uno por su lado.

4) Incluso una política que se realizara realmente en favor de los débiles por parte de los progresistas no funcionaría: la naturaleza del pdoer estatal la transformaría en favor de las élites.

5) Una política de auténtico libre mercado y no intervención que algún gobierno conservador estableciese sí funcionaría, ya que la libre competencia empoderaría a las gentes sencillas en detrimento de las élites.

6) Siendo que las políticas conservadoras, aunque tengan un halo de retórica librecambista, suelen suponer exactamente lo contrario del libre mercado, los fracasos de los conservadores no invalidan, antes bien refuerzan nuestra postura en favor del libre mercado.

Poco más que añadir, simplemente matizar que el punto 5 es tan improbable (incluso, imposible) como que la intervención progresista haga bien a los más desfavorecidos y mal a las élites.

¿Minienciclopedia mutualista?

Posted By Victor L. on October 25, 2009

mutualismo violeta

Debido a lo manipuladas y escasas que son las fuentes sobre mutualismo en castellano, llevo algún tiempo barajando hacer una mini enciclopedia del mutualismo. Sin mucha prisa, me gustaría tratar conceptos como la Ley de la igualdad de la libertad o el Principio de costo; o explicar al nivel más divulgativo posible los cuatro monopolios de Tucker o la teoría de la organización de Carson. E intentaré acompañarlo con citas y bibliografía para evitar cualquier sospecha.

Por ahora empiezo con una definición clara y sencilla de mutualismo (otro día vendrán las citas originales):

“El mutualismo es un sistema económico y social basado en la libertad de contrato, la propiedad privada y los mercados libres, que toma el capitalismo actual como producto del privilegio y el monopolio promovidos por el Estado y aspira a una sociedad regida por cooperativas de trabajadores y pequeños negocios, en un contexto político donde el Estado ha sido reemplazado -incluso en funciones tales como la ley, la seguridad o la justicia- por mutualidades, compañías de seguros y tribunales de arbitraje.”

¿Qué os parece?

Si alguien quiere ayudar aportando bibliografía o redactando artículos me vendría genial porque no voy a tener mucho tiempo para dedicarle a este proyecto.

Distributismo y mutualismo

Posted By Victor L. on October 24, 2009

chesterton

A principios del siglo XX, cuando el mundo se debatía entre el socialismo estatal y el capitalismo, dos románticos ingleses, Chesterton y Belloc, dieron lugar a una nueva corriente económica y social que sería conocida como distributismo. Inspirada en la encíclica papal Rerum Novarum, pretendía superar la falsa dicotomía política de su tiempo, y tenía como meta la distribución radical de la propiedad privada entre la población –especialmente el capital y las herramientas de producción-.
Aunque poco conocido en el ámbito hispano, en los países anglosajones el distributismo mantiene vigorosas organizaciones como el Catholic Worker o la Distributist Review, e influye activamente en la opinión pública sobre las grandes empresas.

Los distributistas contemplan el sistema industrial como anulador de la creatividad y la dignidad humana, son críticos con el sistema bancario convencional, simpatizan con las cooperativas de crédito y han reprendido históricamente las expropiaciones masivas de campesinos –especialmente durante los Tudor- como un modo de “proletarizar” a la sociedad. En cierto modo, el distributismo de Chesterton y Belloc parece la versión católica de la banca mutualista de Proudhon y Greene o el análisis histórico de Spooner o Carson.

Sin embargo, tiende a contemplar el capitalismo corporativo actual como el producto de un mercado fundamentalmente libre que, por lo tanto, debería ser controlado en una dirección más saludable. Chesterton proponía una tributación discriminatoria en favor de las pequeñas empresas; y E. F. Schumacher planteó que el 50% de las acciones de las grandes empresas deberían pasar a manos del Estado.

En este punto sus planteamientos me parecen incongruentes: a pesar de surgir como una reacción a los totalitarismos del siglo XX, bajo la promesa de devolver el poder y la dignidad al individuo, el distributismo deja la ejecución de todo su programa en manos del Estado.

Pero quizá existan motivos para ser optimista: durante los últimos años, la teoría de la organización mutualista, al enfatizar las cooperativas, los pequeños propietarios y las granjas familiares como el escenario probable de un mercado liberado, ha dado pie a la simpatía de los grupos distributistas. Después de todo, si el capitalismo actualmente existente es producto del privilegio y el monopolio, esperar soluciones del Estado tiene tanto sentido como blanquear una pared pintándola de negro. La puerta de la cooperación está abierta.

[En castellano podéis leer aquí varios artículos sobre Chesterton y el distributismo, en el primer archivo a partir de la página 146. También podéis echarle un vistazo al artículo de Kevin Carson Libertarianism and Distributism, en inglés.].

Del capitalismo al libre mercado

Posted By Victor L. on October 18, 2009

Benjamin tucker2

La retórica del libre mercado es contundente: el precio de los bienes se corresponde con el valor asignado por los consumidores; los propietarios de los factores de producción y los trabajadores perciben una parte equivalente a su aporte a la producción; y las empresas tienen el tamaño óptimo que, en cada sector, permite obtener la mayor cantidad de output con la menor cantidad de inputs.

Pero precisamente por ese motivo debemos cuidarnos de aplicarla en exceso. Si lo hacemos, corremos el riesgo de utilizar el genial aparato teórico del laissez faire para justificar situaciones injustas.

Es dudoso que, si la meta final a que tiende el mercado cambia constantemente, el trabajo perciba su producto completo en la actualidad; las barreras de entrada frenan la demanda de trabajo y los empresarios establecidos probablemente obtienen rentas de escasez artificiales. También es verosímil creer que el precio de los bienes no corresponde al valor real otorgado por los consumidores, cuyas compras son encauzadas selectivamente hacia los intereses del capitalismo corporativo; en ocasiones, son artificialmente elevados (p. ej. mediante el monopolio de las patentes), y otras veces son artificialmente reducidos (p. ej. mediante la PAC o las subvenciones al transporte). Por este motivo, además, se hace difícil admitir que el tamaño de las fábricas y empresas corresponda al óptimo de libre mercado: el precio artificialmente bajo –subvencionado- de algunos factores de producción (p. ej. el transporte o la educación técnica), por un lado; o artificialmente alto (nuevamente, mediante patentes, o cárteles), por el otro, nos llevan a pensar que las empresas se han “estirado” en exceso para utilizar intensivamente los factores subvencionados  -del mismo modo que las jirafas aumentaban su cuello para alcanzar los árboles en la teoría de la evolución de Lamarck-; o bien se han expandido cómodamente en sectores donde tales precios de monopolio se lo permitían.

Del mismo modo, existen conceptos que quizá no sean intrínsecos o adecuados a un libre mercado radical, a pesar de que en la actualidad sí son relacionados con la retórica de libre mercado. Ludwig von Mises decía que la prueba para discernir si un país poseía una economía totalitaria o de mercado era la existencia de una bolsa de valores; sin embargo, esta presupone una serie de accidentes históricos como el divorcio entre capital y trabajo y la propiedad ausente a gran escala que no son intrínsecos a la “lógica del mercado”. Sin la deuda pública, los privilegios reales o las expropiaciones masivas de campesinos a lo largo de los siglos pasados y desde la Edad Media, es plausible aventurar que las bolsas de valores no hubiesen alcanzado su posición dominante como método de financiación –e incluso que métodos alternativos como los cooperativas de crédito o los microbancos alcanzasen un amplio grado de desarrollo. La venta de acciones es un método costoso, ideado sobre todo para sufragar inversiones en activos específicos que los bancos son reacios a financiar, por lo que existirían menos incentivos para emplearla en un contexto de producción a pequeña escala y tecnologías multiusos.

Igualmente, aunque hoy consideramos las fusiones y adquisiciones como el método “natural” para reunir grandes capitales, este no es el único ni necesariamente el más eficiente; en gran medida tales métodos están artificialmente promovidos por incentivos fiscales de diversa índole (p. ej. por compensación de pérdidas entre empresas, o regulaciones a las transacciones de mercado). Numerosos estudios apuntan a que las fusiones y adquisiciones, al adherir peldaños en las jerarquías, aumentan los costes de información, reducen los incentivos del trabajo y disparan los problemas de agencia. En un contexto de libre mercado, cuando el tamaño medio de las empresas sea notablemente inferior, la solución obvia consistirá en involucrar a varias de ellas en una red de pequeños propietarios, subcontratando gran parte de las actividades en el resto de socios –algo que ya se practica en Rock Valley (Estados Unidos), Prato y Bolonia (Italia), y que ya han adoptado parcialmente muchas grandes empresas como Nike y Toyota. Cuando el mercado está adulterado en beneficio de una clase dominante, las respuestas organizativas probablemente tienen muy poca relación con alguna clase de criterio de eficiencia neutral.

Por ese motivo, los ejecutivos tienden a considerar el sueldo de los trabajadores como un “coste variable” a ser recortado, al tiempo que mantienen sus propios salarios como un “coste fijo”, inmune a los cambios en la coyuntura económica. La jerarquía de las grandes corporaciones repercute en toda la sociedad, hasta el punto en que es difícil discernir dónde acaba el mercado y dónde empiezan las relaciones de poder.

Tal y como dicen los economistas, la acumulación de capital es probablemente el método más común para aumentar la productividad del trabajo y, por lo tanto, el nivel de vida de los trabajadores. Sin embargo, en una sociedad operada por sus trabajadores, probablemente el énfasis pase desde la acumulación de capital a la eficiencia del trabajo, que aumentará la productividad a través de la observación y la mejora de los métodos de producción desde la misma línea de fuego. La abstinencia del capitalista será reemplazada por la inteligencia de los trabajadores.

En última instancia, el capitalismo estatal y el libre mercado se parecen tanto como la noche y el día; necesitamos términos nuevos para describir realidades distintas.

La gestión colectiva de recursos sí es posible

Posted By Marco Arrieta on October 14, 2009

Destruyendo mitos…

La última premiación de Nobel ha desmitificado otro supuesto de las corrientes neoliberales, que es además sustento para ejercer presión a los gobiernos en su afán de capturar más mercados y conseguir la privatización y la exclusión de la gestión de lo que es y debería ser propiedad común

Dado que descubrimos que los burócratas a veces no tienen la información correcta, mientras los ciudadanos y usuarios sí, esperamos que ello aliente un sentido de capacidad y poder

Las transacciones económicas tienen lugar no sólo en los mercados, sino también en firmas, asociaciones, hogares y agencias. Mientras la teoría económica ha iluminado en forma abarcadora las virtudes y limitaciones del mercado, tradicionalmente ha prestado menor atención a otros arreglos institucionales

Aquí algunos enlace de la noticia:

la jornada de Mex

el universal de Mex

el economista de España

El expectador de Colombia

Saludos Cordiales

dos nuevos links para los que quieren abrir sus mentes en el tema del post:
http://articulosclaves.blogspot.com/2009/10/premio-nobel-economia-2009-eostrom.html
y
http://lta.reuters.com/article/worldNews/idLTASIE59B0EI20091012
http://lanic.utexas.edu/project/etext/colson/24/24_10.pdf

“Dado que descubrimos que los burócratas a veces no tienen la información correcta mientras que los ciudadanos y usuarios sí, esperamos que aliente a un sentido de capacidad y poder”, dijo la profesora en una conferencia de prensa por teléfono.

Las ideas aceptadas previamente indicaban que los bienes comunes eran mal manejados y que deberían ser regulados en forma centralizada o privada.”

“Con base a las ideas presentadas por Axelrod, Elinor Ostrom, en EL Gobierno de los comunes y retomando el provocador articulo de Garret Hardin de 1968, resuelve el mismo dilema pero para una situacion totalmente distinta: para situaciones de degradacion y de explotacion de los recursos naturales de uso comun que se encuentran en peligro de agotarse. ”

La doble cara de la moneda, por Jerome Polidor y Vincent Gaillard

Posted By Marco Arrieta on October 12, 2009

Estoy seguro que verlo será para su provecho :)

http://www.vimeo.com/4395930

El puño de hierro detrás de la ‘revolución verde’

Posted By Victor L. on October 10, 2009

green revolution

Por Raskolhnikov

La llamada revolución verde, basada en el monocultivo y el uso intensivo de capital, productos químicos y nuevas tecnologías ha sido tratada en ambientes liberales como algo maravilloso, una muestra de cómo la tecnología y la inventiva humana pueden acabar con el hambre.

Esto también les sirve para azotar a los ecologistas, a los que pueden acusar de intervencionistas, liberticidas y reaccionarios, ya que rechazar la revolución verde es matar de hambre a gran parte de la población. Aquí tenéis una muestra.

De lo que se olvidan los neoliberales es de lo siguiente: la revolución verde más que un proceso espontáneo “de mercado” se ha parecido más a un plan quinquenal soviético, por el grado de intervención estatal implicado en la misma.

El mundo según Monsanto [1] contiene un párrafo que sintetiza esto de una forma excelente:

Tal como subraya Brian Tokar, cofundador del Institute for Social Ecology y autor de un número especial de “The ecologist” dedicado a la historia delictiva de Monsanto, no es sorprendente que los directivos de Saint Louis hayan estado en contacto con los militares del Pentágono. En un artículo titulado ‘Agrobussines, biotecnología y guerra’, Tokar escribió en 2003: “En realidad, el puñado de multinacionales que dominan el mercado de los abonos y de los pesticidas químicos hicieron fortuna durante la guerra. Son las mismas que hoy controlan la biotecnología y las semillas y, por lo tanto, la producción de alimentos”. Así durante la Primera Guerra Mundial, DuPont (que se convertirá en una de las mayores empresas semilleras del mundo) suministró a los aliados pólvora de cañón y explosivos. En la misma época Hoechst (que en 1999 se fusionará con la francesa  Rhóne-Poulenc para crear Aventis, un gigante de la biotecnología) aprovisionó al ejército alemán de explosivos y gas mostaza. Junto con BASF y Bayer, Hoescht  formó en 1925 IG Farben, el mayor conglomerado químico del mundo, que produjo el Gas Zyklon (utilizado en los campos de la muerte para exterminar a los judíos). Por lo que se refiere a Monsanto, creada a principios de siglo para producir sacarina, multiplicó sus beneficios por 100 durante la Primera Guerra Mundial vendiendo producto químicos utilizados en la fabricación de explosivos o de gas de combate.

A veces es la propia guerra la que permite lanzar nuevos productos que a continuación proporcionarán beneficios a las multinacionales de la química durante décadas. Así, el DDT, cuya molécula había sido sintetizada en 1874, sale del olvido durante la Segunda Guerra Mundial gracias al ejército estadounidense, que decidió servirse de este insecticida, hoy prohibido, para acabar con una epidemia de tifus propagada por los piojos y que diezmaba a sus tropas en Europa del Este, y para erradicar a los mosquitos portadores del paludismo en el sur del Pacífico.

Desde 1944 Monsanto se lanza a la producción a gran escala de DDT en un momento en que sus relaciones con los estrategas del Pentágono se volvieron extremadamente privilegiadas: en efecto en 1942 el general Leslie R.Groves se pone en contacto con Charles Thomas, director de investigación de Monsanto, para participar en un proyecto ultrasecreto que llevará a una de las mayores catástrofes humanas y ecológicas de la época moderna. Bautizada como “Manhattan Proyect”, el objetivo de este programa es fabricar lo más rápidamente posible la primera Bomba Atómica de la historia, la misma que se lanzará sobre Hiroshima y después sobre Nagasaki en agosto de 1945. Dotado de un presupuesto de dos mil millones de dólares, el “Manhattan Proyect” reunió a los mejores físicos estadounidenses en el laboratorio de armas nucleares del Pentágono situado en Oak ridge, Tennesse, mientras que a los químicos de Monsanto, bajo la dirección de Charles Thomas, se les encarga un misión delicada, aislar y después purificar el plutonio y el polonio que servirán para alimentar el detonante de las bombas atómicas. Al gozar de la confianza absoluta del Pentágono, la compañía consigue que estos trabajos capitales se lleven a cabo en su laboratorio de investigación situado en Dayton,Ohio.

Tras la guerra Charles Thomas, ascendido a vicepresidente de Monsanto, dirigirá los laboratorios Clinton, donde se encargarán de desarrollar las aplicaciones civiles de lo nuclear para el gobierno de Washington, al tiempo que conserva su puesto en Saint Louis. Acabará su carrera como presidente y director general de Monsanto (1951-2006), en un momento en que su empresa, que se ha convertido en uno de los grupos químicos más poderosos del mundo, está a punto de obtener el mayor contrato de su historia, la producción del “agente naranja” para la guerra de Vietnam…

Este párrafo es esclarecedor, y no es más que una muestra de lo que hay detrás del complejo tecnoindustrial; no simples emprendedores y “libre acción humana” (sic) como les gusta decir a los liberales, sino la dura y férrea mano del estado.

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[1]: En los apenas dos capítulos que llevo, El mundo según Monsanto es una muestra de la verdadera cara de la agroindustria y sus derivados, de los cómplices estatales y lo más importante, del peligro de la misma (especialmente Monsanto) que mediante diversas leyes estatales (sobre todo las patentes agrícolas) pretende convertirse en una gran monopolio agrario. Se recomienda encarecidamente su lectura.

Engels, y no Mises, demostró la imposibilidad del socialismo estatal

Posted By Victor L. on October 6, 2009

engels

Extraído del prefacio a la primera edición alemana de la Miseria de la filosofía de Marx:

En segundo lugar, la competencia, al realizar la ley del valor de la producción de mercancías en una sociedad de productores que las intercambian, crea por eso mismo, y en ciertas condiciones, el único orden y la única organización posibles de la producción social. Solo gracias a la depreciación o al aumento de los precios de los productos, los productores aislados aprenden a su costa qué productos necesita la sociedad y en qué cantidad. Pero la utopía defendida por Rodbertus quiere suprimir, precisamente, este único regulador. Y si nos preguntamos qué garantía tenemos de que no se producirá más cantidad que la cantidad necesaria de cada producto; de que no careceremos de trigo ni de carne mientras que sobra azúcar de remolacha y rebosamos de aguardiente de patata, y de que no nos faltarán pantalones para cubrir nuestra desnudez mientras que los botones para pantalones se multiplican por millares –Rodbertus nos muestra, con aire de triunfo, su famosa cuenta según la cual se ha establecido un certificado exacto para cada libra de azúcar superflua, para cada tonelada de aguardiente no comprado, para cada botón de pantalón inutilizable, cuenta que resulta “justa”, que “satisface todas las exigencias y cuya liquidación es exacta”. Y quien no lo crea no tiene más que dirigirse al señor X…, el empleado superior de la caja de la deuda pública en Pomerania, que ha revisado el cálculo encontrándolo correcto, y a quien se puede considerar incapaz de cometer una falta en sus cuentas de caja.

Y más adelante, concluye:

Si se impide a la competencia dar a conocer a los productores aislados la situación del mercado mediante el alza o la baja de los precios, se los deja completamente a ciegas.

¿Alguien puede imaginar un razonamiento más claro y, a la vez, más contradictorio con su propia doctrina? ¿Es incapaz de extrapolar su crítica, propia de un economista de libre mercado, a su propio sistema?  Parece que, detrás del silencio acerca de la “futura sociedad comunista”, se encontraba un profundo miedo al fracaso –como efectivamente ha ocurrido. El empleado superior de la caja de la deuda pública en Pomerania no fue, históricamente, seguidor de las ideas de Rodbertus: se llamó Ministro de Industria soviético, y tenía una foto de Marx y Engels en su despacho.

La privatización del Imperio romano

Posted By Victor L. on October 4, 2009

romanos y germanos

Vuelvo a postear en Societas maris, esta vez sobre la disolución del Imperio romano y las instituciones que lo reemplazaron:

Durante los últimos siglos de la Antigüedad, la escasez relativa de esclavos y la baja productividad del trabajo eran incapaces de proporcionar los recursos suficientes para sufragar las necesidades administrativas y militares del Imperio. Ante eso, los emperadores aumentaron la presión fiscal –en una época en que se desconocía la “ley de Laffer”-, al tiempo que promulgaban leyes para obligar a los magistrados a sufragar sus propios cargos, y a permanecer en ellos de por vida. Unido a las perennes devaluaciones de la moneda y al control de precios, la política imperial forzó la huida masiva de la gente a los campos y el declive del comercio. El sistema económico romano había quebrado.

En ese contexto, el centralizado Estado romano se resquebrajó, consumido por las guerras civiles y las revueltas, y en su lugar surgieron multitud de mecanismos e instituciones descentralizadas encargados de cumplir con sus mismas funciones en materias tales como la seguridad, la ley o el comercio. Aunque los defectos de este nuevo sistema darían lugar al feudalismo, la semilla del contrato y la propiedad privada permanecerían para siempre en el bagaje cultural de occidente, y muchos de sus logros no serían borrados hasta la aparición del absolutismo o de los Estados modernos.

Para leer más pinchad aquí.

Bibliothek der Freien (Berlín)

Posted By Libertista on October 3, 2009

Les presento una biblioteca berlinesa con un gran surtido de material de lectura anarquista, la Bibliothek der Freien (Biblioteca de los Libres), sita cerca de la Alexanderplatz, en Berlin Oriental.

El catálogo general se compone de siete tipos de obras: las que tratan del anarquismo en sí (introducciones, recopilaciones de material, bibliografías, etc.); autores libertarios de la A a la Z (el hecho de que no incluyan a Mises, Hayek, Rothbard ni a austríaco alguno nos permite entender de qué pie cojean :P ); experiencias libertarias en otros países (España tiene un capítulo propio); anarquismo fuera de la economía; historia antigua del anarquismo (la Ilustración, el Vormärz alemán [período histórico que comprende desde el Congreso de Viena hasta los levantamientos de Marzo de 1848], el hegelianismo de izquierdas y el socialismo temprano); crítica del “socialismo real” (del que Alemania, y sobre todo Berlín Oriental, sede de la biblioteca, sufrieron las consecuencias) y literatura no convencional.

Les traduzco la presentación contenida en la página.

Sobre nosotros

Desde diciembre de 1993 existe una librería anarquista en Berlín, primero denominada BARBATA, y desde agosto de 1996 Biblioteca de los Libres. La misión de la Biblioteca es poner a disposición del público interesado diferentes publicaciones sobre teoría y praxis anarquista, de modo que logremos difundir las ideas libertarias, cuya relevancia y actualidad en Alemania siguen estando infravaloradas.

¿Por qué “Biblioteca de los Libres”?

Con el nombre de la Biblioteca queremos homenajear a los Berlineses Libres, que hace ya más de 160 años, en el Vormärz alemán, sirvió como mecha de la llama del espíritu radical-libertario de oposición, logrando una fama que se extendió mucho más allá de las fronteras de la ciudad.

Los puntos de encuentro de este club de debate político se encontraban en el centro de la antigua Berlín, no muy lejos de donde se encuentra nuestra Biblioteca. El Salón Rojo del Café Stehely, en el Gerdanmenmarkt, y la Bodega Hippel en la Friedrichstrasse fueron lugares frecuentados por los Libres. De 1840 a 1849 se encontraban todas las tardes los vástagos críticos e irrespetuosos de la generación alemana de los años 30, tanto hombres como mujeres.

Como marco de referencia y alimento de los debates y ardientes disputas podemos señalar la Revolución Francesa de 1789 y el hegelianismo de izquierdas, que allanaron el camino filosófico para que los pensadores radicales de los años 40 del XIX afilaran sus armas contra la autoridad del Estado y de la Iglesia.

Los hegelianos de izquierdas más significativos pasaron de manera intermitente por el movimiento de los Libres. Los hermanos Bruno y Edgar Bauer eran invitados permanentes, así como el anarquista Max Stirner o Friedrich Engels en sus años en Berlín. Editores progresistas, poetas opositores y pensadores críticos de todas las corrientes pasaron por el circulo, que también atrajo a mujeres liberadas como Karoline Sommerbrodt, Louise Aston o Marie Dähnhardt, que discutían en plano de igualdad en las alegres mesas redondas. También las frecuentes asambleas y reuniones se desarrollaban en un clima de afabilidad antiautoritaria.

Aunque sólo duró una década, el círculo de Berlineses Libres marca una línea de la tradición radical-libertaria de las que lamentablemente la cultura política alemana está poco dotada. Por ello nos pareció adecuado denominar a la biblioteca de una forma relacionada con ese importante punto de la historia local berlinesa, también como apoyo a un regionalismo libertario que se siente ligado a tradiciones libertistas y con las que busca puntos de encuentro.

Pueden acceder a la web de la biblioteca haciendo clic en la imagen superior. Lamentablemente, la página sólo se encuentra disponible en alemán.

El movimiento okupa y los derechos de propiedad

Posted By Aritz on September 29, 2009

El otro día encontré un viejo artículo del IJM sobre el movimiento okupa. El artículo en sí no tiene desperdicio, una acertada visión de la relación entre los derechos de propiedad y el movimiento okupa… tal y como lo describen los medios. Como es habitual, esta descripción está alejadísima de la realidad y por lo tanto, el análisis falla del todo al analizar sólo una parte minoritaria de un movimiento que consiste en mucho más que entrar en casas ajenas y no ducharse.

okupa

La relación del movimiento okupa con los derechos de propiedad es bastante curiosa. El punto central del pensamiento okupa puede resumirse como que un bien inmueble desocupado es susceptible de ser apropiado con todo derecho por alguien que no disponga de un espacio propio. Ésto está bastante lejos de caraduras varios que se apropian de una casa o edificio que está siendo usado y se mantienen en el lugar por la fuerza.

De hecho, la okupación no siempre se realiza para que alguien viva en una casa desocupada. Muchas veces el objetivo es crear un “centro social”, concidos como CSO (Centro Social Okupado) y en el País Vasco como “Gaztetxe” (casa de jóvenes). La función de estos centros no es la de servir como hogar para nadie, si no la de dar a la comunidad en general y a los jóvenes concretamente un lugar para reunirse (con fines políticos o no), realizar actividades de todo tipo (talleres, películas, gimnasios…) y hacer fiestas o conciertos. Todo ello exige un considerable trabajo, que los okupas realizan por que creen en un proyecto y sin esperar nada a cambio.

El proyecto puede ser más o menos bonito, pero desde luego nunca puede justificar el robo. Donde más falla el análisis de los medios masivos y la opinión general es en este punto. Cuando se habla de este movimiento es para bombardearnos con imágenes de policías desalojando a unos jóvenes de un caserón medio derruido, y a continuación pasar a entrevistar al propietario que explica como entraron por la fuerza en su propiedad y tuvo que llamar a las fuerzas de la ley. Desde luego, ésto existe, pero ni de lejos es mayoritario. La relación de distintos centros y casas okupadas con la propiedad es bastante variada.

Cuando alguien va a entrar a una casa (a partir de ahora no distinguiré entre si es para crear una casa o un centro social pues a efectos éticos es indiferente) se lo piensa bastante. No se eligen por cual es más bonita o está mejor situada, el factor clave suele ser la relación que ésta tenga con el propietario. Por supuesto, siempre se buscan inmuebles en desuso. Normalmente sólo se entra si no se conoce propietario o éste no existe. A partir de aquí hay varias posibilidades.

La primera es que no haya propietario o éste no reclame su propiedad. En este caso, no creo que deba haber ningún problema para que los nuevos dueños sean los okupas. Más aún si con su trabajo restauran la casa y la habilitan para ser habitada o para llevar a cabo distintas actividades. Es tan sencillo como que si yo me encuentro algo tirado en la calle puedo apropiármelo.

El segundo caso es que el propietario reclame su propiedad. Nuevamente se abren más posibilidades. Una muy común (y que los medios nunca enseñan) es que los okupas negocien con el propietario para poder quedarse adentro. Aquí se dan todo tipo de casos, desde dueños que ceden el inmueble gratuitamente (normalmente porque los okupas se disponen a restaurarlo y el dueño lo tenía abandonado por falta de tiempo o interés) hasta alquileres, que pueden ir desde el precio normal de un alquiler en la zona (que se financia vendiendo camisetas, productos artesanales hechos en talleres o con el dinero que se saca en la barra en el caso de los centros; o por el simple cambio del status de los okupas a alquilados para las viviendas), a alquileres simbólicos (llegué a ver un gaztetxe que tenía un contrato de alquiler con la dueña de 1€ al mes), pasando por un precio más reducido para compensar las labores de restauración. Aunque los okupas puedan haber invadido la propiedad del dueño, si éste no reclama una compensación (ya sea porque le beneficia la presencia de los okupas o porque simpatiza con sus ideales) no podemos hablar de robo o de atentado contra la propiedad. De hecho, es frecuente que la negociación se haga previamente a la entrada.

No faltan, desgraciadamente, casos en los que el dueño decida que se niega a darle ese uso a su propiedad. Puede suceder porque los okupas midieron mal la presencia o actitud del propietario o porque, como desgraciadamente pasa a veces, decidieron que no tenía derecho sobre el inmueble por tenerlo deshabitado. Es aquí cuando suele entrar en juego la policía, la violencia, etc. ya que el movimiento okupa, en general (no olvidemos que es un movimiento heterogéneo donde podemos encontrar todo tipo de ideologías), es contrario a los derechos de propiedad especialmente cuando se trata de inmuebles desocupados. Aquí no queda más que darle la razón al dueño, especialmente teniendo en cuenta la cantidad de inmuebles que podemos encontrar por ahí en los que se podría poner en práctica la okupación de una forma pacífica.

Otro caso muy curioso es el de los edificios públicos o los que son cesiones estatales a dueños privados. ¿Quién es el legítimo propietario en estos casos? Desde luego el Estado no puede ser propietario legítimo de nada y, en consecuencia, las cesiones tampoco son legítimas. La propiedad es, pues, de todos los contribuyentes. Parece complicado repartir un inmueble entre varios millones de personas, o darles a todos minitítulos de propiedad. Aunque sería lo más justo, en la mayoría de los casos necesitaríamos un procedimiento más sencillo. ¿Quién mejor para poseer un bien que quien lo ocupa, gestiona y restaura? La okupación de edificios públicos abandonados está también, en mi opinión, perfectamente legimitimada.

Una vez establecido que en muchos casos la okupación no crea problemas con los derechos de propiedad, el aserto del artículo del IJM de que los okupas “se creen con el derecho a tener lo que desean, pero no aceptan sacrificarse y trabajar para conseguirlo” pierde toda credibilidad. De hecho, la okupación, si se realiza en estos términos, lo que hace es crear riqueza: ya sea en forma de un bien en el caso del que okupa para vivir o en la forma de una externalidad positiva para toda la comunidad en el caso de los Centros Sociales. Como toda riqueza, sólo puede ser producida por el ingenio empresarial de unos actores, que buscan recursos no explotados para crear bienes que la gente valora positivamente y por la capacidad de trabajo de estos mismos agentes, ahora autoempleados en su propio proyecto.

Cómo acabar con la pobreza: dos perspectivas libertarias

Posted By Victor L. on September 29, 2009

favelas

Existen principalmente dos propuestas libertarias para acabar con la pobreza en el planeta: transferir pobres a los países ricos, y crear riqueza en los países pobres. (Existe una tercera opción: transferir riqueza de los países ricos a los países pobres, pero es una propuesta socialdemócrata o neoliberal, no libertaria).

Aunque las propuestas no son incompatibles entre sí, son representativas de los diferentes enfoques dentro del movimiento libertario.

Transferir pobres a los países ricos significa que la inmigración equilibrará la tasa de capital invertido por persona a nivel mundial, tanto creando puestos de trabajo en los países ricos para personas que no podían encontrarlos en su tierra natal como transfiriendo riqueza hacia los países pobres a través de las remesas de los inmigrantes.

Crear riqueza en los países pobres significa permitir que tengan un desarrollo endógeno sin necesidad de emigrar (al contrario de lo que proponen los pro-inmigración) o de recibir capitales extranjeros (en oposición a lo que proponen los apologistas de la globalización). Buenos ejemplos de esta propuesta son la multitud de campos, fábricas y talleres a pequeña escala levantados a lo largo de todo el Tercer Mundo –en parte gracias a los equipos de “tecnología intermedia”-; o las pequeñas empresas y cooperativas financiadas con los microcréditos de Grameen y otros bancos especializados en pequeños préstamos para países en desarrollo.

Quienes enfatizan la primera propuesta suponen tácitamente que el empleo debe recibirse desde el exterior, en lugar de fabricárselo uno mismo. Autoempleo es una contradictio in terminis para ellos.

En cambio, quienes subrayan la segunda propuesta entienden que, en la jerarquía de prioridades del potencial inmigrante, la familia y los amigos están por delante de los extraños, y que el autoempleo está por encima de la jerarquía. Por lo tanto, promueven un orden de prioridades dentro del movimiento libertario idéntico al del potencial inmigrante, que enfatice el desarrollo local y la autonomía individual. Su programa consiste en: 1) la abolición de los aranceles y las subvenciones a los productos agrarios, de modo que los países pobres puedan competir en los mercados occidentales; 2) en la entrega de los títulos de tierra artificiales, como los latifundios, a los campesinos del Tercer Mundo; y 3) en la supresión de toda traba burocrática, patente o prohibición agresiva que impida el uso libre de su sus habilidades y su tecnología a las personas pobres. Como la propia FAO reconoce, este programa –especialmente el punto 1- acabaría virtualmente con el hambre en el mundo.

Obviamente, ambos programas no son incompatibles: ni suscribir el segundo implica rechazar el primero ni viceversa. Pero el movimiento libertario debería considerar las expectativas de los pobres en lugar de jugar a la ingeniería social con ellos –lo que se aplica en mayor medida a socialdemócratas y neoliberales-. Reclamar la libre inmigración carece de sentido cuando esta es una consecuencia de la destrucción por parte del Estado de modos de vida tradicionales.

La moraleja del panadero

Posted By Victor L. on September 28, 2009

panaderia

En una economía deformada por el privilegio, el monopolio y las subvenciones masivas, miramos con sorpresa lo que en otro caso nos parecería lógico y natural. No son las monstruosas fábricas de las multinacionales -ubicadas a miles de kilómetros de sus puntos de consumo- lo que llama nuestra atención, sino las diminutas islas de socialismo, casi medieval, situadas a en nuestros propios barrios. Hablo, por supuesto, de las panaderías; el paraíso económico de Chesterton y Schumacher.

En ellas se plasman gran parte de los ideales del mutualismo: la producción y la distribución se realizan a pequeña escala, trabajo y el capital están casi completamente unidos, el empleo asalariado cumple solo una función auxiliar y las franquicias o grandes empresas de pan (p.ej. Panishop, o los servicios de panadería del Corte Inglés o Mercadona) están relegadas a puestos marginales en el mercado.

Y sin embargo, nada parece más racional que centralizar la producción en unos pocos lugares para distribuirlo a gran escala para el mercado masivo, tal y como hace Mercadona con sus panes plastificados. Pero ni los panes de Mercadona son más baratos que los del panadero de mi barrio ni han conseguido desplazarlo, ¿por qué?

Los estatistas mantienen que se debe gracias a los horarios restringidos, que garantizan a los pequeños propietarios una “competencia justa” frente a las grandes superficies. La realidad, en cambio, nos demuestra que esos pequeños propietarios ya han solventado el problema de los horarios haciendo turnos (p. ej. mi panadero trabaja desde la madrugada hasta las primeras horas de la mañana, y su mujer toma el relevo hasta el medio día) y que, además, el pan se acaba antes de que cierren la persiana. Las grandes empresas no obtendrían ninguna ventaja de la libertad de horarios.

Otros estatistas apuntan a la restricción municipal del porcentaje de metros de suelo comercial que pueden tener las grandes superficies, pero esto no explica por qué las panaderías ganan frente a, p. ej. Mercadona, cuando ambas están igualmente distribuidas en una misma ciudad, ni por qué Panishop se mantiene tan lejos del límite de suelo comercial –y, de hecho, ni siquiera es una gran superficie-.

Lo cierto es que es tan sencillo como que no existen economías de escala en la producción y distribución de pan. En el lado de la producción, un pequeño horno eléctrico o de leña puede adecuar la oferta a la demanda local, sin necesidad de producir en masa para distribuir los costes fijos entre un gran número de unidades. En el lado de la distribución, al ser el pan un bien que los consumidores compran diariamente, estos no están dispuestos a hacer desplazamientos largos  (como lo están, por ejemplo, a la hora de hacer compras quincenales en un supermercado) y valoran más las redes de distribución cortas. Lo mismo sucede con otros bienes de consumo diario como los periódicos.

¿Cuál es la moraleja de todo esto? Que, cuando los costes de desplazamiento son demasiado altos desde la perspectiva del consumidor, los puntos de venta tienden a reducirse y descentralizarse para minimizar tales costes. Del mismo modo que la extensión del coche en los años veinte redujo el coste de desplazamiento y aumentó el tamaño de los establecimientos minoristas (véase el caso de Sears), unas carreteras privatizadas/mutualizadas actuarían en sentido contrario.

Los vicios no son crímenes

Posted By Victor L. on September 26, 2009

lysander spooner

Para quienes hayáis seguido los últimos debates televisivos sobre drogas y prostitución –muy de moda últimamente, sobre todo la segunda-, os recomiendo que echéis un vistazo a la auténtica literatura política sobre el tema. Uno aprecia mejor la pobreza intelectual de los contertulios de Espejo Público y compañía cuando tiene delante el Vicios no son crímenes, de Lysander Spooner.

Pego algunos fragmentos, especialmente lúcidos, aunque os invito a que lo leáis entero (Cap. I):

Vicios son aquellos actos por los que un hombre se daña a sí mismo o a su propiedad.
Delitos o crímenes son aquellos actos por los que un hombre daña la persona o propiedad de otro.
Los vicios son simplemente los errores que un hombre comete en la búsqueda de su propia felicidad. Al contrario que los delitos, no implican malicia hacia otros, ni interferencia con sus personas o propiedades.

Cap. VIII:

El objetivo que se persigue, por tanto, al castigar los delitos, no sólo tiene una forma completamente diferente, sino que se opone directamente al que se persigue al castigar los vicios.
El objetivo que se persigue al castigar los delitos es asegurar a todos y cada uno de los hombre por igual, la mayor libertad que pueda conseguirse (consecuentemente con los mismos derechos de otros) para buscar su propia felicidad, con la ayuda del propio criterio y mediante el uso de su propiedad. Por otro lado, el objetivo perseguido por el castigo de los vicios es privar a cada hombre de su derecho y libertad natural a buscar su propia felicidad, con la ayuda del propio criterio y mediante el uso de su propiedad.

Respecto a la prostitución, es obvio que si el poder de las mafias radica en la retención de pasaportes, la libertad de inmigración acabaría de raíz con el tráfico de personas; que la mutualización o privatización de las calles terminaría con los conflictos vecinales –puesto que asignaría espacios para el ejercicio de la prostitución, que es exactamente lo que reclaman las prostitutas- y que, en general, la legalización mitigaría la desprotección y los peligros de la profesión.

Quienes aspiran a prohibir la prostitución en virtud de unos supuestos “derechos de la mujer” en realidad están invadiendo su derecho más importante; el derecho de disponer a voluntad de sí mismas.

El ágora de Elance

Posted By Victor L. on September 19, 2009

agora

En lugar de encargar el diseño de modelos 3D, logotipos, redacciones o traducciones a algún departamento interno, inflando el tamaño y la jerarquía de la organización, las empresas emplean con una frecuencia cada vez mayor los mercados externos y las subcontrataciones. Un modo fácil y seguro de hacerlo es a través de Elance, una empresa estadounidense que conecta a las empresas con miles de proveedores autoempleados, que gracias a su sistema de historiales y reputaciones permite a las compañías seleccionar a los profesionales autónomos adecuados para realizar sus pedidos. El sistema es sencillo: ellas anuncian la tarea que necesitan y, a continuación, decenas de autoempleados compiten a través de una subasta por obtener el trabajo. Como las empresas prefieren a los profesionales baratos y fiables, aquellos más ineficientes o con un historial poco laureado acaban siendo desplazados del mercado. Y funciona.

En Elance se ofrecen servicios de programación, diseño, dirección de empresas, marketing, ventas, finanzas, asistencia legal, traducciones, pequeñas investigaciones y mucho más. Es un mercado inmenso. Lo más fascinante es que, gracias a este tipo de páginas web, un porcentaje creciente de individuos se está emancipando de la jerarquía corporativa, ganándose la vida como trabajadores autoempleados. Como diría David Friedman, cada uno vende “no de su tiempo, sino lo que su tiempo produce”. Y todo lo necesario para entrar en él es un ordenador de menos de 1000 euros.

Cuando Rothbard se burlaba de la propuesta de Konkin de reemplazar el trabajo asalariado por una red de emprendedores autónomos, desconsideró la posibilidad de que tecnologías como Internet pudiesen reducir los costes de transacción de organizar la producción a través del mercado. Hoy, en cambio, sabemos que las nuevas tecnologías trabajan por el socialismo.

Defensa nacional y bienes públicos

Posted By Victor L. on September 16, 2009

revolucion americana

Investigando sobre el problema de la llamada “defensa nacional” en una sociedad libre me he topado con dos textos especialmente interesantes; un libro coordinado por Hoppe, The Myth of National Defense, donde diversos autores de primera línea hablan sobre los ejércitos estatales, los ejércitos históricos de mercenarios, los bienes públicos, etc. Es relativamente extenso como para leerlo en Internet, pero tiene cosas realmente interesantes. El segundo texto, Funding Public Goods: Six Solutions, es un artículo de Roderick Long donde expone realmente bien el problema de la defensa nacional y algunas soluciones desde el libre mercado –muchas de ellas las tocaba yo por casualidad en La guerra y el futuro de la ley policéntrica.

En una sociedad donde los individuos no están obligados vía impuestos a sufragar los ejércitos, uno de los problemas cruciales es el de la defensa nacional. Esto sucede por dos motivos estrechamente vinculados entre sí: en primer lugar, a que, dado que las compañías no pueden discriminar quién ha pagado y quién no a la hora de defender un territorio (p. ej. no pueden salvar de las bombas únicamente las casas de sus clientes, sino que también beneficiarán –gratuitamente- sus vecinos), existen incentivos para que aparezcan “free-riders” o polizones; personas que se benefician del servicio sin pagar. En segundo lugar, y por esa razón, quienes sí pagan tienen la sensación de estar siendo estafados y tenderán a pasarse al primer grupo.

En este punto Roderick Long ofrece un par de ejemplos brillantes extrapolables a la defensa nacional, que refutan la idea estatista de los “bienes públicos”.

En primer lugar, menciona el caso de los faros, tradicionalmente considerados un “bien público” por todos los libros de texto económicos debido a que es imposible discriminar a qué embarcaciones lanzar indicaciones luminosas y a cuáles no, de modo que los “free-riders” se benefician del servicio a costa de los demás. Sin embargo, Long apunta que los faros ingleses del siglo XIX eran enteramente privados. La fórmula para atajar los polizones, en este caso, fue empaquetar el “bien público”, del que es imposible discriminarlos, con otro bien del que sí pueden ser excluidos: los servicios del muelle y el puerto. Los barcos, al pagar la tarifa del puerto pagaban además el mantenimiento del faro, de modo que los free-riders quedaron completamente anulados.

En segundo lugar, expone un caso similar de free-riders con las emisiones de televisión y radio, a los que cualquiera puede acceder si capta la frecuencia adecuada. Nuevamente, el mercado empaquetó el “bien público” de la emisión con un “bien privado”: la publicidad. Y una vez más los polizones quedaron excluidos.

Esto debería hacernos reflexionar sobre la naturaleza creativa del mercado; después de todo, millones de personas pueden inventar muchas más formas de proveer servicios de “defensa nacional” que nosotros solos en calidad de ingenieros sociales. Pero, aun así, es fácil advertir que el “bien público” de la defensa nacional podría ser empaquetado en “bienes privados” como los seguros de vida y de propiedad. Como argumenta Hoppe, las compañías de seguros (mutuos o convencionales) tendrían incentivos muy potentes para proteger y recuperar las propiedades de sus socios con tal de minimizar los costes, ya que de lo contrario tendrían que indemnizarlos

De ese modo, al añadir las compañías un plus a su tarifa, todo individuo que aspirase a asegurar su propiedad y su vida, o a minimizar los conflictos con otros individuos o compañías (virtualmente, casi todo el mundo) se vería obligado a costear un pequeño ejército para la “defensa nacional”. Por no mencionar la potente publicidad que supondría para una empresa patrocinar a una red nacional de compañías de seguridad.

Empiezo un nuevo blog

Posted By Victor L. on September 12, 2009

biblioteca paris

Esta vez, sobre historia: Societas maris. No tiene en principio ninguna pretensión política, pero obviamente beberá de, p. ej., la teoría de la organización de Kevin Carson a la hora de hablar de historia económica. Las entradas más relacionadas con el mutualismo o el anarquismo las colgaré aquí, donde por supuesto continuaré escribiendo -aunque trataré de reducir el ritmo.

Este blog pretende ser huida y contrapunto de las teorías que dominan los estudios universitarios; principalmente del positivismo histórico –esa caótica recopilación de datos y fechas que desvían al alumno de lo verdaderamente importante; el análisis de causas y consecuencias-. No me interesan tanto las hazañas de los reyes como la acción de las personas cotidianas y su influencia sobre la estructura social. Al mismo tiempo, no me interesa tanto la historia biográfica de personajes aislados como la historia y la evolución de las organizaciones –a pesar de suscribir abiertamente el individualismo metodológico.

[...]

Uno de los motivos de abrir este blog ha sido aplicar a la historia los conocimientos que he ido adquiriendo a través de mis otras aficiones; el lector podrá percibir la influencia de los economistas austriacos, especialmente Carl Menger, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, a quienes debo herramientas básicas como el individualismo metodológico, la praxeología y el estudio de los órdenes espontáneos, respectivamente. También estoy en deuda con teóricos de la organización como Ronald Coase y Kevin Carson; antropólogos como Marvin Harris, Allen W. Johnson y Timothy Earle o, incluso, con teóricos de la historia como Karl Marx, Friedrich Engels y Edward H. Carr –de quienes tomo muy selectivamente.

“Mercado salvaje” vs. mercado popular

Posted By Victor L. on September 11, 2009

economias de escala

Mantuve un pequeño debate hace unos días en el blog de Snake (Humano sin sentido) con Alejandro, que argumentaba que un libre mercado radical conduciría a un monopolio total -concretamente, citaba el caso de Carrefour en el sector minorista. Me dejé algunos puntos (p. ej. los incentivos fiscales que promueven artificialmente las fusiones y adquisiciones), pero el debate fue productivo, breve y conciso:

Alejandro: Imagínense el grupo Carrefour (cuya extensión fue limitada por las leyes de defensa de la competencia cuando se fusionaron Continente y Pryca). O sea que, mejor, imagínense un Carrefour mucho más poderoso de lo que es ahora. En la mayoría de las ciudades españolas sería el único gran hipermercado existente.

Ahora imagínense que Carrefour le dice a Coca Cola: Si le vendes a otro super-hipermercado, nosotros dejamos de comprarte.Y así con todos los proveedores. Fíjense que manera más sencilla de cargarse a toda la compentencia.

Afortunadamente, el ESTADO limita el porcentaje de metros de superficie comercial que puede tener una sola empresa en un municipio. Si no, les aseguro que todos ustedes comprarían en Carrefour. (y al precio y en las condiciones que quisiera Carrefour).

Víctor L.: En un libre mercado sobreviven y se expanden las empresas más eficientes; sin embargo, no estamos en un libre mercado.

Con esto solo quiero alertarte de que probablemente Carrefour no sea una empresa de libre mercado, sino que más bien ha crecido y prosperado al amparo de una infraestructura estatal previa, sin la cual sería impensable su existencia.

Es cierto que el Estado limita el porcentaje de metros de superficie comercial por municipio; y que las leyes anti-monopolio, en alguna medida, tratan de impedir las prácticas de “dumping” (aunque en esto último su intervención es irrisoria). Sin embargo, de ahí no se sigue que sin tales intromisiones, en un mercado libre radical, Carrefour fuese más fuerte. Tiendo a pensar todo lo contrario.

En primer lugar, Carrefour depende de una red de distribución a gran escala que sería impensable sin un sistema de carreteras estatales a costa del contribuyente; lo más probable es que, en anarquía, el coste añadido hiciese más atractivo comprar a comerciantes locales. Además, los locales de Carrefour se concentran en el extrarradio, el único lugar donde pueden comprar terrenos baratos y aprovechar las “economías de escala”; pero todo eso implica un enorme desplazamiento por parte de los consumidores, que sería menos atractivo de existir peajes. De nuevo, los comerciantes locales parecen una alternativa más razonable.

En segundo lugar, en el sector mayorista existen barreras de entrada altas que obstruyen la entrada de competidores -lo que permite a Carrefour expandirse más de lo que podría en un mercado libre.

Y por último, Carrefour y otras grandes superficies se aprovechan, al contrario que los pequeños comerciantes, de las EXPROPIACIONES estatales, un elemento casi indispensable para colocar grandes plantas con aparcamientos inmensos.

Por todas estas razones pienso que un libre mercado no tendría nada que ver con lo que aventurabas, sino que sería exactamente lo opuesto: un mercado popular a pequeña escala, de ámbito local y en muchos casos en manos de sus trabajadores.

(A continuación él me reprochaba que pretendiera eliminar las economías de escala –“una herramienta básica de toda economía moderna”-, y yo le contestaba que, por el contrario, las economías de escala son indestructibles y que solo aspiramos a que salgan a flote los costes ocultos de las mismas).

Trabajadores del mundo, ¡no os unáis!

Posted By Victor L. on September 9, 2009

multitud

Genial respuesta de Roderick Long a Tom DiLorenzo, que afirmaba en un post del LewRockwell que los sindicatos “elevaban los salarios por encima del nivel de mercado empleando la violencia”.

Vale, pero ¿de dónde proviene esa asunción de que los sindicatos, al elevar los salarios, los elevan por encima del (en lugar de al) nivel de mercado?

Los empleadores de trabajo forman empresas para p. ej. reducir los costes de transacción y tomar ventaja de las economías de escala, pero (excepto en la medida en que reciben la ayuda del Estado haciendo esto, lo que por supuesto hacen a menudo) no describimos esto como una reducción de sus costes por debajo del precio de mercado de sus servicios; en su lugar, decimos que eso es parte del proceso por el que se determina el precio de mercado.

¿Por qué deberían aplicarse reglas diferentes a los vendedores de trabajo? Si la asociación permite a los empleadores llegar a mejores acuerdos sin depender necesariamente de la intervención gubernamental, ¿por qué deberíamos asumir que cualquier beneficio que deriven los trabajadores de la asociación tiene que involucrar de alguna forma al Estado?

(Extraído de Austro-Athenian Empire, el blog de Long).

La guerra y el futuro de la ley policéntrica

Posted By Victor L. on September 7, 2009

tercios

La supervivencia de un sistema libertario de ley policéntrica en un contexto hostil de grandes estados es una de sus grandes incógnitas, ¿serán capaces de tolerar un experimento que podría en tela de juicio su existencia, y serviría de ejemplo para millones de activistas en todo el mundo? Y, sobre todo, ¿sería capaz la sociedad libertaria de responder a los posibles ataques exteriores?

Las sociedades históricas de ley policéntrica, como Islandia, Irlanda o Inglaterra en la Alta Edad Media, funcionaron bien a la hora de resolver problemas cotidianos, pero acabaron sucumbiendo en la guerra, velada o abierta, contra los Estados centrales.

Hoppe argumenta que no hay nada que temer: las sociedades con economías comparativamente más libres pueden permitirse sufragar mejores ejércitos, con lo que siempre acaban superando a sus rivales estatistas. Eso explicaría por qué Holanda primero, y después Inglaterra y Estados Unidos, han sido primeras potencias a nivel internacional.

Pero esto solo es parcialmente cierto, y totalmente inaplicable al anarquismo. En primer lugar, la libertad económica no decide automáticamente la potencia de un país: Francia y España fueron, del XVI al XVIII, tanto o más potentes que los Estados que menciona Hoppe; y un conglomerado de países prósperos pero desunidos puede perfectamente ser vencido por un Estado central más pobre (p. ej. la victoria de Rusia contra Suecia en el s. XVIII). En segundo lugar, la relativa libertad económica de los Estados de Hoppe fue canalizada por un Estado centralizado; no responde a las objeciones de los arquistas.

Una primera objeción es la aparición de polizones: como las compañías de seguridad tendrían que proteger territorios concretos, sin posibilidad de discriminar a quienes no han pagado el servicio, existirían incentivos para no contratarlo –ya que se continuarían percibiendo gratuitamente sus beneficios. En respuesta, Bruce Benson apunta que un modo de combatir a los polizones sería añadir, en los contratos de compra de una vivienda, la contratación de compañías de seguridad. De esa forma todo vecindario –y finalmente toda ciudad o región- tendría compañías que podrían enlazarse, evitando los polizones y repartiendo el coste de la guerra entre toda la población.

Otra posible respuesta, de la que soy más partidario, podría apuntar lo siguiente. Las compañías de seguridad probablemente cobrasen un plus en tiempos de guerra, pero también tendrían que asegurar la vida y la propiedad de sus clientes en un contexto más peligroso. La percepción de restituciones o el rescate de prisioneros y bienes parecen incentivos suficientes para contratar seguridad, aun cuando los polizones se beneficien de servicios importantes sin pagar –después de todo, tampoco tendrían ninguna ayuda para reconstruir sus casas o recuperar a sus seres queridos.
Además, esta opción tiene una ventaja social importante: los ricos, que tendrían más interés en mantener sus posesiones, serían quienes principalmente sufragarían la defensa. (Lo que contrasta notablemente con la situación actual, donde los pobres sufragan y mueren por las guerras de los ricos).

Una segunda objeción son los costes de transacción: una organización centralizada tiene menos problemas para concentrar los recursos de guerra que el mercado. La razón principal del Estado fue reducir los costes de transacción que implicaba reunir una multitud de grupos independientes en una misma dirección, de modo que pudiese aprovecharse su fuerza conjunta. Sin embargo, hemos avanzado un poco desde el neolítico y la edad de bronce –cuando quizá, dado el nivel tecnológico, los costes de transacción fuesen privativos-; hoy, el teléfono y especialmente Internet pueden ayudar a coordinar grandes redes de compañías de seguridad, como ya sucede con éxito en muchos otros sectores.

Concuerdo con Manuel Castells en que, conforme avanzan las redes a lo largo de la economía, el anarquismo (especialmente de ley policéntrica) es cada vez más factible:

La gran dificultad para el anarquismo siempre fue cómo conciliar la autonomía personal y local con la complejidad de una organización productiva y de la vida cotidiana en un mundo industrializado y en un planeta interdependiente. Y es aquí donde la tecnología resultó ser una aliada del anarquismo más que del marxismo. En lugar de grandes fábricas y gigantescas burocracias (base material del socialismo), la economía funciona cada vez más a partir de redes (base material de la autonomía organizativa). Y en lugar de estados nación controlando el territorio, tenemos ciudades Estado gestionando los intercambios entre territorios. Todo ello a partir de Internet, móviles, satélites y redes informáticas que permiten la comunicación y el transporte local-global a escala planetaria.

Si al molino de viento correspondió la sociedad feudal, y al molino a vapor la sociedad capitalista, tal y como dijera Marx, las tecnologías de la información son el preludio del anarquismo.

Algo pasa con Carrefour

Posted By Victor L. on September 6, 2009

Carrefour_JB

En un post anterior ya comenté que una de las causas que propició la aparición del sector servicios a gran escala (donde, por razones de economía, incluyo a minoristas y mayoristas) fue la subvención al transporte vista desde el punto de vista del consumidor: los menores costes de desplazamiento hicieron posible trasladar los comercios al extrarradio, ampliándolos. Hoy parece que, incluso con carreteras públicas, las grandes superficies están teniendo problemas para atraer a los clientes hasta sus grandes centros:

Con familias menos numerosas y una creciente ansia de conveniencia, los consumidores están menos dispuestos a manejar hasta los grandes hipermercados que se encuentran fuera de la ciudad para abastecerse de alimentos.

Un artículo del Wall Street Journal menciona que este factor, junto con la aparición de otros competidores especializados o más baratos, está minando los beneficios de Carrefour –el primer minorista europeo y segundo del mundo. ¿Cuál ha sido su reacción? Aparte de una campaña publicitaria y de reducción de precios agresiva, Carrefour opta por trasladar sus hipermercados a locales más reducidos y abastecerse de productos de ámbito más local. Adiós a las economías de escala.

Conforme el ámbito de la empresa gala se reduce cada vez más a la alimentación, y conforme otros competidores comienzan a obtener resultados en ese terreno, podemos esperar que el mercado en general se descentralice –aunque las empresas que tomen su parte del pastel sean así mismo grandes corporaciones. ¿Hasta qué punto Carrefour no ha sido un gigante con pies de barro, protegido por enormes barreras de entrada?

The Decline and Fall of Sloanism

Posted By Victor L. on September 5, 2009

alfred sloan

Ya ha salido un trabajo que llevaba semanas esperando, The Decline and Fall of Sloanism, uno de los estudios periódicos que publica Kevin Carson para el C4SS. En su anterior número, Moloch: Mass-Production Industry as a Statist Construct, Carson profundizaba en uno de los temas principales de su libro anterior; el modo en que el Estado forzó la economía corporativa de la actualidad.
Esta vez trata del giro en esa misma economía corporativa hacia un modelo de fabricación flexible. A quienes hayáis seguido a Kevin Carson o hayáis leído sus libros os sonarán algunos capítulos –e incluso traduje uno de ellos al castellano, Decay of Cultural Pseudomorph-, pero el énfasis en la tendencia actual hacia la descentralización es un tema fascinante y completamente nuevo en él.
Últimamente he estado leyendo a autores radicales sobre ese mismo tema, sobre el efecto de las tecnologías de la información sobre las organizaciones, etc. y echaba en falta la perspectiva de Carson sobre el tema. Según cuenta continuará tratando ese tema en los siguientes números.

La emancipación de los contribuyentes será obra de los contribuyentes mismos

Posted By Victor L. on September 5, 2009

enemigos publicos

Pensaba extenderme mucho más, pero creo más interesante proponer alternativas que andar peleándonos entre nosotros –aunque sea amistosamente.

En mi opinión, hechos como que todos los gobiernos comunistas que han accedido al poder mediante elecciones hayan sido expulsados por la fuerza deberían hacernos reflexionar sobre la posibilidad de un partido libertario. Es una posición pragmática, no idealista ni moral.

Del mismo modo, que existan institutos libertarios que recauden miles de dólares y puedan sostener un pequeño equipo de analistas y estudiosos, o que el IJM consiga introducirse en los medios de masas y salir en la televisión, debería llevarnos a hacer hincapié en esas vías. En el campo de la acción nos queda mucho por hacer, pero creo que no soy el indicado en ese asunto. Tenemos mucho que aprender del anarquismo clásico, que consiguió formar un movimiento de masas sin un solo burócrata. Si los colectivistas dejasen de ver el mundo como una novela de Charles Dickens y actualizasen su teoría de clases, serían temibles.

Respecto al miniarquismo, los argumentos de Rothbard, Long o Hoppe sobre su inestabilidad intrínseca me parecen lo suficientemente convincentes como para no dedicarle más tiempo por ahora. Podéis ver especialmente el Sobre la imposibilidad de un gobierno limitado, del último. Muy persuasivo. En mi opinión, un partido libertario caería en ese mismo vicio.

Por último, me gustaría hablar de una alternativa histórica. En 1898, en el contexto de la restauración española y tras la pérdida de Cuba y Filipas –las últimas colonias a que se aferraban quienes pretendían reconstruir el imperio-, los catalanes reaccionaron a la subida de impuestos del ministro de Hacienda Villaverde de un modo genial: evadiendo al fisco [Cataluña contemporánea I (siglo XIX)]. Lo llamaron huelga de contribuyentes, y el concepto es el mismo que rige en las huelgas de trabajadores: resistir a la extracción de plusvalía por parte de los explotadores a fin de conseguir una rebaja en el saqueo. Pero, evidentemente, puede llevarse hasta sus últimas consecuencias: el anarquismo. Una huelga de proporciones relativamente pequeñas podría provocar un caos inmenso, aunque tendría que ser la punta del iceberg de un trabajo de asociación, organización e intromisión en los medios, que desde luego no es fácil.

Parafraseando el slogan de la Iª Internacional, “la emancipación de los contribuyentes será obra de los contribuyentes mismos, o no será”.

Disolviendo el partido en el organismo social

Posted By Victor L. on August 30, 2009

alliance of the libertarian left

A. Chena escribió hace unos días un post respaldando la idea del Partido por la Libertad Individual. Aunque reconoce que su programa todavía es incompleto, considera que es el mejor medio disponible hasta ahora para aproximarse al anarquismo de mercado.

En primero lugar, estoy de acuerdo con su postura sobre el parlamentarismo: debería abandonarse cualquier clase de dogmatismo respecto a ese tema y utilizarlo como un medio de autodefensa frente al estatismo…si fuese efectivo.

Chena también llama a la lógica de mercado en la aproximación hacia una sociedad libre: que cada cual venda sus estrategias en el “mercado político”, de modo que acaben prevaleciendo las más eficientes. Sin embargo, no existe tal “mercado político”, y las estrategias ineficientes no son desplazadas por ningún mecanismo de precios; la única forma que tenemos de evitar el derroche de recursos (esfuerzo, tiempo y dinero), en mi opinión, es debatir qué opciones son mejores. La toma de decisiones estratégicas se parece más a la elección del planificador soviético que puede mantener una mala decisión durante años sin sospecha de error –la mejor prueba de ello es el movimiento libertario durante las últimas décadas.

Estoy bastante de acuerdo con su análisis de la desobediencia civil y del agorismo; en cuanto a la difusión cultural, no soy tan pesimista como él y sí creo que puede hacerse un buen trabajo. Internet es el mejor medio de burlar los medios de comunicación estatal-corporativos; funciona como un auténtico libre mercado y los consumidores son los únicos soberanos, por lo que es el mejor medio para probar la fuerza de nuestros argumentos. Los costes son bajos o casi nulos y la difusión es incomparablemente mayor de la que podía soñar Benjamin Tucker con Liberty.
Creo que ha simplificado en exceso al tratar ese punto; la prueba de que estamos avanzando es que en Internet cada vez más gente sabe qué es el anarquismo de mercado, debate o pregunta sobre él e incluso se adhiere –parcial o totalmente- a sus ideas. He visto referencias al mutualismo hasta en foros españolistas y de electrónica, cuando antes era ignorado incluso dentro del anarquismo clásico.
Por otro lado, hay institutos anarquistas como el C4SS que recaudan casi dos mil dólares en cada fundraiser, manteniendo a estudiosos y analistas de noticias de primer nivel; o bloggers relativamente anónimos en un primer momento, como Kevin Carson, que llegan a escribir artículos que se difunden en la calle y son retirados por la policía americana. ¿No hace pensar todo esto que Internet es un medio poderosísimo para avanzar hacia una sociedad libre?

Además, no encuentro por qué la difusión cultural no pueda combinarse con actividades que consigan captar a gente más o menos indiferente a los discursos políticos: p. ej. mediante la creación de escuelas, asociaciones de defensa, tribunales, bibliotecas, redes de (contra)economía social o sindicatos. La CNT es un buen ejemplo de cómo, mediante la acción conjunta –sin necesidad de una politización previa- se pueden cambiar las ideas de la gente. Todavía tenemos mucho que aprender de los obreros pragmáticos del primer tercio del siglo XX.
Todas estas actividades, por cierto, tienen la virtud de ir creando la nueva sociedad “en la cáscara de la vieja”. El anarquismo de mercado puede ser viable desde un punto de vista económico, pero sin una masa de anarquistas practicantes será engullido en épocas de turbulencias, incluso siendo mayoritario. Se me ocurren dos buenos ejemplos históricos que ilustran el tema: el primero, el ascenso de Hitler al poder ante la pasividad del Partido Comunista Alemán. El segundo, el golpe de Estado de Pinochet contra Salvador Allende y la impotencia de sus electores.

Un partido político anarquista tiende a desmovilizar a los individuos; crea la ficción de que con una simple papeleta cada cuatro años, sin ningún otro vínculo, pueden obtener la sociedad que desean. Por ese motivo, incluso a pesar de ganar rotundamente unas elecciones, el anarquismo sería incapaz de enfrentarse a enemigos más reducidos pero mejor organizados. Es completamente ingenuo pensar que la anarquía puede decretarse desde arriba sin generar ningún tipo de oposición abajo, cuando pequeñas reformas sobre el modelo territorial ya despiertan las mayores discrepancias.

Chena dice que la historia nos enseña una cosa: que ningún movimiento puede triunfar a menos que se haga con el poder. Sin embargo, esto es contradictorio aplicado al anarquismo, que solo buscaría el poder (hipotéticamente) para destruirlo, no para mantenerse en él. Una vez conseguido los anarquistas no han acabado su tarea; deben declarar desde allí la anarquía constitucional. Y eso plantea exactamente los mismos problemas políticos que si se tratase de establecer desde abajo, mediante el agorismo, la desobediencia civil o las armas.
Por cierto, si contrastamos la reacción instantánea de los militantes anarquistas ante el golpe del Estado franquista con la pasividad de los electores de Allende, la teoría histórica de A. Chena no acaba de cuadrar. De hecho, Federica Montseny y García Oliver llegaron al poder porque el anarquismo era fuerte, no al contrario.

Por último, un anarquista debería cuidarse de los errores del miniarquismo. Cuando la meta final es una sociedad completamente libre de agresión, no podemos permitirnos perder nuestro valioso y escaso tiempo, dinero y esfuerzo promoviendo ideas que solo contendrán el estatismo durante dos o tres vueltas electorales. Los costes políticos de alcanzar el anarquismo y el miniarquismo son casi iguales; sin embargo, los beneficios del segundo son mucho más cortos.

En mi opinión, la secuencia natural es 1) difusión cultural; 2) asociacionismo y economía social 3) agorismo y contra economía; y 4) huelga de contribuyentes. La difusión es el método más barato y eficiente, por lo que tiende a ser espontáneamente el primer escalón en cualquier movimiento; el asociacionismo y la economía social pueden atraer a potenciales simpatizantes que a priori no se sientan atraídos por la política; y, por último, en el seno de una red de asociaciones de todo tipo puede practicarse la contraeconomía y, finalmente, se puede organizar algún tipo de huelga de contribuyentes.

Organizaciones sin afiliación política como el IJM, la CNT, el banco JAK o la ALL (especialmente los agoristas de New Hampshire) son buenos ejemplos de lo que estoy hablando.

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Posted By Marco Arrieta on August 30, 2009

Nuevos videos en http://www.mutualismo.org/videos/ gracias a Telmo

Se abre oficialmente la sección hispana del C4SS (Centro por una Sociedad sin Estado). Ya tiene 4 traducciones de la página inglesa, hechas por Libertista. Podéis verla en este link: http://es.c4ss.org/

ecoestadistica.com