Contextualizando el libre mercado anticapitalista

Los términos “izquierda”, “derecha”, “socialismo”, “liberalismo”, “economía de mercado”, “anticapitalismo” y demás, están tan manoseados que para muchas personas significan cosas muy distintas, lo que puede contribuir a las confusiones y malentendidos. Por ello es muy conveniente para nosotros los mutualistas y libertarios contextualizar y matizar muy bien para el gran público a lo que nos referimos cuando hablamos de cosas como “libre mercado”, “capitalismo”, “libre mercado anticapitalista”, etc.

Os recomiendo la lectura del artículo titulado Más mercado ¿menos «capitalismo»? de David de Ugarte que nos viene muy bien para ayudarnos a contextualizar la “economía de mercado” y el “capitalismo” dentro de un “capitalismo que viene” que contiene algunas ideas similares a las mutualistas:

Es decir, nos damos cuenta de que el capital es cada vez menos importante para la generación de riqueza y que incluso -en el marco actual- puede llegar a ser contraproducente. De alguna manera, el «capitalismo» está saliendo del gran cuadro histórico… para bien: el capitalismo que viene tiene poco de capitalismo si entendemos «capitalismo» como el protagonismo del capital como factor productivo determinante y ordenador del proceso económico entero. Tiene mucho de libre mercado, eso sí.

La clave está en entender que una cosa es darse cuenta de la innecesariedad de mantener el «capitalismo», es decir la preeminencia de ciertas formas e instituciones (como la propiedad intelectual) surgidas para incentivar la formación de capitales cuando el capital era tan necesario como escaso, y otra muy distinta es confundir ese «a-capitalismo» con el antimercado.

En el mundo angloparlante la Alliance of the Libertarian Left, la P2P Foundation o el C4SS divulgan material que intenta explicar y contextualizar la filosofía libertaria de mercado contando su historia y contrastándola con las otras ideologías “de mercado”, que nosotros podemos usar también, teniendo en cuenta eso sí, nuestras costumbres castellanoparlantes.

Así he traducido un texto colgado por Michel Bauwens en el blog de la P2P Foundation con citas sobre todo de Sheldon Richman, que habla un poco de a que se refieren los libertarios angloparlantes cuando hablan de “libre mercado”, “capitalismo”, “anticapitalismo”, etc.

Atención: Por apego al original para evitar posibles errores de traducción he mantenido la significación típica angloparlante de expresiones como libertarian y left-libertarian. Así que ojito con los despistes y confusiones, donde leáis en el texto traducido “libertario” pensad más bien que en un liberal derechista y donde veáis escrito “libertario de izquierdas” pensad en lo que nosotros consideramos habitualmente, dependiendo del contexto, un libertario, ya sea en su versión proclive a la economía de libre mercado o anarquista en general.

Y sin más dilación os dejo con la traducción.

Logo of alliance of the libertarian left

La historia y el revival de la ideología libertaria de izquierdas a favor del mercado anticapitalista

Original: The history and revival of pro-market, anti-capitalist left libertarianism de Michel Bauwens en el blog de la P2P Foundation, citando extractos de un trabajo de Sheldon Richman.

El ensayo mostrado a continuación es un extracto de un análisis más largo de Sheldon Richman, y presenta la tradición a la que pertenece nuestro colaborador Kevin Carson.

1.

“El capitalismo surge como una nueva clase directamente de la vieja sociedad de clases de la Edad Media, creada en un acto de robo tan grande como la anterior conquista feudal de la tierra. Se ha mantenido hasta el presente por la contínua intervención del Estado para proteger su sistema de privilegio sin el cual su supervivencia sería inimaginable”.

2.

“construir la solidaridad de los trabajadores. Por una parte signficia la organización formal incluyendo la sindicalización; pero no me refiero al modelo imperante de los “sindicatos de empresa” … sino a los sindicatos reales, los de la vieja moda entregados a la clase trabajadora y no solo a los miembros del sindicato, e interesados en la autonomía obrera y no en el patrocionio del gobierno”.

Sheldon Richman:

Estos pasajes —el primero del investigador independiente Kevin Carson, el segundo del profesor de filosofía de la Universidad de Auburn Roderick Long— se leen como si no fuesen de libertarios sino de izquierdistas radicales, incluso marxistas. Esa conclusión estaría la mitad equivocada: esas palabras fueron escritas por libertarios izquierdistas pro libre mercado (el término preferido para su ideal económico es “libre mercado” acuñado por William Gillis).

Estos autores —un grupo creciente de colegas— se ve a si mismos tanto libertarios como izquierdistas. Son libertarios estándar en cuanto creen en la legitimidad moral de la propiedad privada y el libre intercambio y la oposición a toda interferencia gubernamental en asuntos personales y económicos, una dicotomía infundada, perniciosa. Sin embargo son izquierdistas en el sentido de que compartir las preocupaciones tradicionales de la izquierda, acerca de la explotación y la desigualdad, por ejemplo, que han sido en gran medida olvidadas sino desestimadas por otros libertarios. Los libertarios de izquierda favorecen la solidaridad de los trabajadores frente a los jefes, apoyan a la gente pobre arrodillada ante el gobierno o la propiedad abandonada, y prefieren que los privilegios corporativos sean abolidos antes que las restricciones regulatorias sobre cómo pueden ejercerse esos privilegios. Ven a Walmart como un símbolo del favoritismo corporativo —apoyado por los subsidios de las autopistas y dominio eminente— y ven la personalidad ficticia de la responsabilidad limitada con escepticismo y dudan de que los sweatshops del Tercer Mundo sean la “mejor alternativa” a la ausencia de manipulación del gobierno.

Los libertarios de izquierdas tienden a evitar el electoralismo, confiando poco en las estrategias que funcionan a través del gobierno. Prefieren desarrollar instituciones alternativas y métodos de trabajo alrededor del Estado. La Alianza para la Izquierda Libertaria anima la creación de activistas y organizaciones locales de ayuda mutua, mientras su sitio web promueven grupos afines y cuelgan artículos desarrollando su filosofía. El nuevo Centro para una Sociedad sin Estado (C4SS) anima a los libertarios de izquierda a llevar sus análisis sobre los sucesos de actualidad al público general a través de artículos de opinión.

Estos libertarios de izquierda laissez faire no deben confundirse con otras variedades de libertarios de la izquierda como Noam Chomsky o Hillel Steiner, quienes cada uno a su manera pone objeciones a la apropiación individual de los recursos naturales sin dueño y de la desigualdad económica que los mercados libres pueden producir. Los libertarios de izquierda de los que se habla aquí han sido llamados “libertarios de izquierda orientados al mercado” o “anarquistas de mercado”, aunque no todos en este ámbito son anarquistas”.

2. Los antecedentes históricos

Sheldon Richman:

“Con riesgo de simplificar demasiado, hay dos fuentes de la moderna ideología libertaria de izquierdas pro libre mercado: la economía política formulada por Murray N. Rothbard y la filosofía conocida como “mutualismo” asociada con el anaquista pro mercado Pierre-Joseph Proudhon —que se sentó junto a Bastiat en la parte izquierda de la asamblea mientras disentían constantemente en la teoría económica— y el anarquista individualista americano Benjamin T. Tucker.

Rothbard (1926-1995) fue el principal teórico de la teoría libertaria lockeana radical combinada con la economía de la escuela austríaca, quien demostró que los mercados libres producen prosperidad generalizada, cooperación social y coordinación económica sin los males de los monopolios, depresión o inflación cuyos males se deben encontrar en la intervención del gobierno. Rothbard, que se llamó a sí mismo un “anarcocapitalista”, se vio primero como un hombre de la “Vieja Derecha” del conjunto disperso de opositores al New Deal y el Imperio Americano personificados por el senador Robert Taft, el periodista John T. Flyen y de forma más radical Albert Jay Nock. Sin embargo Rothbard entendió las raíces en la izquierda de la ideología libertaria.

En su ensayo clásico de 1965 “Izquierda y Derecha: Perspectivas de la Libertad” Rotbhard identificó el “liberalismo” —que es llamado hoy libertarismo— con la izquierda como “el partido de la esperanza, del radicalismo, de la libertad, de la revolución industrial, del progreso, de la humanidad”. La otra gran ideología que emerge tras la Revolución Francesa “fue el conservadurismo, el partido de la reacción, el partido que deseaba restaurar la jerarquía, el estatismo, la teocracia, la servidumbre y la explotación de clases del Antiguo Orden”.

Cuando la Nueva Izquierda surgió en la década de 1960 para oponerse a la guerra de Vietnam, el complejo industrial-militar y la centralización burocrática, Rothbard hizo causa común con ella. “La Izquierda ha cambiado mucho y le incumbe a todo aquél interesado en la ideología entender el cambio… . El cambio marca una sorprendente y espléndida infusión de ideología libertaria en las filas de la izquierda”, escribió en “Libertad y la Nueva Izquierda”. Su radicalismo de izquierdas fue claro en su interés en la descentralización y en la democracia participativa, la reforma agraria pro campesina en el Tercer Mundo feudal, el “black power” y el principio del primer ocupante para los trabajadores de las empresa estadounidenses cuyos beneficios viniesen principalmente de los contratos con el gobierno.

Pero con la caída de la Nueva Izquierda, Rothbard restó importancia a estas posiciones y se movió estratégicamente hacia el paleoconservadurismo de la derecha. Su colega de la izquierda libertaria, el anterior redactor de discursos de Goldwater Karl Hess (1923-1994) mantuvo la antorcha encendida.

Benjamin Tucker (1854-1939) fue el editor de Liberty, el principal periódico del anarquismo individualista americano. Como mutualista, Tucker apoyó rigurosamente el mercado libre y el intercambio voluntario desprovistos de todo privilegio y regulación gubernamental. De hecho, se llamó a sí mismo un “hombre coherente de Manchester”, una referencia a la filosofía económica de los partidarios del libre comercio ingleses Richard Cobden y John Bright. Tucker desdeñó a los defensores del statu quo estadounidense, quienes mientras favorecían la competencia de los trabajadores para los empleos, apoyaban la supresión capitalista de la competencia para los empleadores a través de los “cuatro monopolios” del gobierno: tierra, aranceles, patentes y dinero.

“¿Qué es lo que causa la desigual distribución de la riqueza?” preguntó Tucker en 1892. “No es la competición, sino el monopolio, la que priva al trabajo de su producto. Destruid el monopolio de la banca, estableced la libertad en las finanzas, y el interés del dinero caerá por la influencia benéfica de la competencia. El capital será libre, florecerán los negocios, nuevas empresas podrán empezar, el trabajo será demandado y gradualmente los salarios del trabajo alcanzarán el nivel de su producto”.

Los rothbardianos y los mutualistas tienen algunos desacuerdos en las teorías de la posesión de la tierra y el valor, pero su polinización intelectual cruzada les ha llevado a ser filosóficamente hablando próximos. Lo que les une y les distingue de otros libertarios de mercado es su apoyo a las preocupaciones tradicionales de la izquierda como las consecuencias del poder plutocrático corporativo para los trabajadores y otros grupos vulnerables. Pero los libertarios de izquierda difieren de otros izquierdistas al identificar como culpable a la asociación histórica entre el gobierno y los negocios —lo que llaman Estado corporativo, capitalismo de Estado o simplemente capitalismo— y ven la solución en el laissez faire radical, la separación total de la economía del Estado.

Así tras la filosofía de economía política está una visión de la historia que separa a los libertarios de izquierdas tanto de los izquierdistas comunes como de los libertarios comunes. Las variedades comunes de ambas filosofías están de acuerdo en que esencialmente el libre mercado reinó en Inglaterra durante el tiempo de la Revolución Industrial, a pesar de evaluar los resultados de forma muy distinta. Pero los libertarios de izquierdas son revisionistas, insisten en que la era cercana al laissez faire es un mito. En lugar de una liberación radical de los asuntos económicos, Inglaterra vio una plataforma de la élite dirigente para un sistema social en beneficio de los intereses de las clases propietarias.

El “anticapitalismo de libre mercado” de la ideología libertaria de izquierdas no es una contradicción, ni es un desarrollo reciente. Proviene del periódico Liberty de Tucker y de la identificación de la explotación de los trabajadores que se remonta por lo menos a Thomas Hodgksin (1787-1869), un radical de libre mercado que fue uno de los primeros en aplicar el término “capitalista” despectivamente a los beneficiarios de los favores gubernamentales concedidos al capital a expensas del trabajo. En el siglo XIX y a principios del XX, “socialismo” no significaba exclusivamente la propiedad colectiva o del gobierno de los medios de producción, sino que era un término amplio para todos los que creían que al trabajo se le estafaba su producto natural en el capitalismo histórico.

Tucker a veces se llamaba a si mismo socialista, pero denunció a Marx como el representante del “principio de la autoridad que vivimos para combatir”. Pensaba que Proudhon era un teórico superior y el campeón real de la libertad. “Marx nacionalizaría las fuerzas de la producción y la distribución; Proudhon las individualizaría y las asociaría”.

El término capitalismo ciertamente sugiere que el capital está privilegiado por encima del trabajo. Como el autor libertario de izquierdas Garry Chartyier de la Universidad de La Sierra escribió “Es lógico para [los libertarios de izquierdas] llamar a lo que ellos se oponen ‘capitalismo’. Haciéndolo … se aseguran que los defensores de la libertad no se confundan con la gente que usa la retórica de libre mercado para sostener el statu quo injusto, y expresan solidaridad entre los defensores del libre mercado y los trabajadores —así como la gente corriente que alrededor del mundo usa ‘capitalismo’ como una simple etiqueta para el sistema mundial que restringe su libertad y atrofia sus vidas”.

En contraste con los libertarios no izquierdistas que no parecen interesados, si no son hostiles, a los problemas de los trabajadores per sé, los libertarios de izquierdas simpatizan de forma natural con los esfuerzos de los trabajadores para mejorar su situación (Bastiat, como Tucker, apoyó la asociación de los trabajadores). Sin embargo, hay poca afinidad por los sindicatos burocráticos, que representan poco más que la supresión corporativista del movimiento obrero/de la ayuda mutua espontáneo y autodirigido de la época anterior al New Deal, con sus huelgas de solidaridad y boicot “no autorizadas”. Antes de la Ley Wagner del New Deal, los líderes de los grandes negocios como Gerard Swope de General Electric habían apoyado durante mucho tiempo la legislación laboral por este motivo.

Por otra parte, los libertarios de izquierdas tienden a albergar un prejuicio hacia el trabajo asalariado y la frecuente jerarquía autoritaria corporativa que se le aplica. Los trabajadores están actualmente en desventaja por una serie de regulaciones, impuestos, leyes de propiedad intelectual y subsidios a las empresas que haya más empleadores potenciales alternativos y autoempleados. También, las crisis económicas periódicas desencadenadas por el endeudamiento público y la administración monetaria y bancaria de la Reserva Federal amenazan a los trabajadores con el desempleo, exponiéndolos más a la merced de sus jefes.

La inhibición de la competencia de la cartelización disminuye el poder de negociación de los trabajadores, lo que permite a los empleadores privarles de una porción de los ingresos que recibirían en una economía libre y totalmente competitiva, donde los empleadores tuvieran que competir por los trabajadores, en lugar de lo contrario y el autoempleo liberado de los requerimientos de concesión de licencias pudiera ofrecer una completa escapatoria al trabajo asalariado. Por supuesto, el trabajo por cuenta propia tiene sus propios riesgos y no sería del agrado de todos, pero sería más atractivo para más gente si el gobierno no hiciese el coste de la vida y por lo tanto el coste de la subsistencia decente, artificialmente alto de muchas maneras, desde los códigos de construcción y las restricciones al uso de la tierra hasta los estándares de los productos, subsidios en las autopistas y la medicina gestionada por el gobierno.

En un mercado liberado los libertarios de izquierdas esperan ver menos trabajo asalariado y más empresas autogestionadas, cooperativas, asociaciones y propietarios individuales. La revolución del escritorio de bajo coste, Internet, y las máquinas herramientas no demasiado caras lo hacen más fácil que nunca. No habría una socialización de los costes a través de los subsidios al transporte para favorecer la escala nacional sobre el comercio regional y local. Se puede esperar que de estas iniciativas surja un espíritu de independencia por la simple razón de que el empleo en cierta medida implica someterse uno mismo a la voluntad arbitraria de otra persona y a la posibilidad de un despido repentino. Debido a la competencia del trabajo por cuenta propia, es probable que trabajo asalariado que quedase estuviera más cerca de darse en empresa menos jerárquicas y más humanas que a falta de los favores políticos, no podrían socializar las deseconomías de escala como las grandes corporaciones hacen actualmente.

Los libertarios de izquierdas, basándose en los trabajos de los historiadores de la Nueva Izquierda, también disienten del punto de vista de los conservadores y libertarios estándar de que las regulaciones económicas de la Era Progresista y el New Deal fueron impuestas por los social demócratas reacios a una comunidad de los negocios amante de la libertad. Por el contrario, como Gabriel Kolko y otros han mostrado, la élite corporativa —la familia Morgan, por ejemplo— se volvieron hacia la intervención del gobierno cuando se dieron cuenta en el siglo XIX que la competencia era algo demasiado subversivo como para tener una cuota de mercado garantizada.

Así estos libertarios de izquierdas, no vieron a los Estados Unidos posteriores a la guerra civil como una época dorada de laissez faire sino como un gran lugar gobernado por los negocios corruptos como consecuencia de la guerra, incluyendo el habitual contrato militar y la especulación en los valores del gobierno. Como en todas las guerras, el gobierno aumentó su poder y los hombres de negocios bien conectados aumentaron sus fortunas financiadas gracias a los contribuyentes y por lo tanto una ventaja desleal en el mercado supuestamente libre de la edad dorada. “La guerra es la riqueza del Estado” escribió el intelectual de izquierdas Randolph Bourne. La guerra civil también.

Una forma de ver lo que separa a los libertarios de izquierdas de otros libertarios de mercado es la siguiente: los otros miran a la economía de Estados Unidos y ven esencialmente un mercado libre cubierto con una fina capa de intervención progresista y del New Deal que solo tiene que ser quitada para restaurar la libertad. Los libertarios de izquierdas ven una economía que es corporativista en su esencia, aunque con una limitada libre empresa competitiva. Los programas que constituyen el Estado del bienestar son considerados como secundarios y de mejora, es decir, con la intención de evitar un descontento social potencialmente peligroso al socorrer —y controlar— a la personas perjudicadas por el sistema.

Los libertarios de izquierdas entran en conflicto con más frecuencia con los libertarios convencionales cuando sale a relucir lo que Carson denomina “libertarismo vulgar” y lo que Roderick Long llama “conflacionismo de derechas”. Esto es el juzgar a las empresas de Estados Unidos en el ambiente estatista actual como si se estuvieran desarrollando en un mercado liberado. Así mientras los libertarios no izquierdistas teóricamente reconocen que las grandes empresas disfrutan de privilegios monopolistas, también defienden a las corporaciones cuando son atacadas desde la izquierda, en unos términos en que si no satisficieran a los consumidores, un mercado competitivo las castigaría. “Los libertarios vulgares apologistas del capitalismo usan el término ‘libre mercado’ en un sentido equivocado” escribe Carson, “ellos parecen tener problemas para recordar, de un momento a otro, si están defendiendo el capitalismo existente o los principios de libre mercado”.

Neoliberalismo contrastado

No sólo gente como Kevin Carson y Roderick T. Long afirman que el neoliberalismo no tiene nada que ver con el libre mercado, otras personas también:

¿Es realmente neoliberal el neoliberalismo, o es todo lo contrario?

El rankiano Daniel Bravo, conocido por sus acertados análisis, decía: “Adam Smith decía que el egoísmo llevaría a la economía al equilibrio y al progreso, pero añadía dos condiciones que todo el mundo olvida siempre .
1-Mercado libre, sin que los ricos tuvieran poder. Es decir, evitar situaciones de oligopolio o rescisiones al mercado.
2-Solo funciona en el largo plazo, en el corto plazo, el egoísmo genera una destrucción que afecta a la vida de las personas.”

El tiempo pasa y los conceptos se distorsionan, o podríamos pensar que son distorsionados, no por accidente, sino intencionalmente para acomodar posiciones de conveniencia para determinados grupos. Hoy “liberalismo” (o su variación más famosa, “neoliberalismo”) parecen asociarse con la idea opuesta a lo que Adam Smith defendía. Así surge el intervencionismo del mercado en nombre del no intervencionismo.

Seguir leyendo Neoliberalismo: Intervencionismo de mercados a favor de oligopolios en el blog de Comstar.

Leédlo entero, es una reflexión interesante por citas de otras personas que menciona y que incluyen por ejemplo una curiosa y posiblemente provocadora para muchos tanto a la izquierda como a derecha, comparación de Cuba con Walmart como economías centralizadas.

Mención también al primer comentario al artículo realizado por Daniel Bravo por el interés que puede tener aquí al defender unas tesis tan similares a las mutualistas:

Muy buen artículo, has esquematizado muy bien las ideas y expones un tema que parece tabú en economía.

En realidad, los que hayan leído a Adam smith saben que estaría completamente en contra del Capitalismo.

Hay que aclarar que el Capitalismo y el Libre mercado son dos sistemas económicos antagónicos.
El Capitalismo, se llama así porque es un sistema en el que se premia la acumulación de capital, es decir, que los más ricos y grandes tienen ventajas frente a los pequeños. Y esta era la mayor pesadilla de Adam Smith que proponía un sistema de libre mercado.

Marx, en su tesis, decía que era imposible alcanzar el libre mercado, (argumento discutible) y por tanto, proponía el “capitalismo de Estado”, lo que posteriormente se le llamó “comunismo”. Lo llamó así porque la similitud entre el comunismo y el capitalismo es muy grande en su base, ya que se sigue premiando a la acumulación de capital, es decir, en ambos casos el Estado o WalMart son todopoderosos.

Tendríamos que recordar que en su inicio, anarquistas y liberales luchaban juntos en contra de capitalistas y comunistas, ya que su visión del mundo era mucho más cercana.

Rebelión en los mercados

Co-op activism2La Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (en adelante REAS) es una organización española compuesta por entidades relacionadas con la economía social (cooperativas, empresas de inserción, asociaciones y organizaciones no lucrativas, etc.) y consumidores interesados en conceptos como el comercio justo, el compromiso social y los productos ecológicos.

Es un proyecto interesante y yo personalmente considero a su idea del mercado social como algo muy parecido a lo que podría ser la praxis del mutualismo. Aunque es necesario decir que eso sí, no manejan una ética como la nuestra, pues en su página se menciona que el Gobierno de Navarra ejerce de patrocinador, algo que es contrario a las ideas libertarias. De todas formas, no voy a desmerecer toda la iniciativa por eso ya que hay otras cosas en su proyecto que podemos valorar positivamente como libertarios, pero sí que me gustaría comentar algunas cosas respecto a la concepción del mercado que tienen, con las que no estoy del todo de acuerdo, para así invitarles, si así lo desean, a una reflexión sobre la naturaleza e implicaciones de los mercados y el papel que las administraciones públicas gubernamentales tienen en ellos.

En uno de los documentos de REAS podemos ver las consideraciones que tienen sobre el concepto del mercado como institución social:

Desde el pensamiento económico dominante, el mercado es concebido como el ámbito donde se organizan los intercambios de bienes y servicios entre vendedores y compradores conforme a un sistema de precios regulado por la oferta y la demanda. Desde REAS no compartimos esta visión, al contrario somos de los que creemos que se trata de una construcción social que, tal como ha evolucionado a lo largo de la historia, debe y puede seguir evolucionando. Por ello planteamos la necesidad de incorporar al mercado los valores de equidad, solidaridad y sostenibilidad.

Yo creo que en realidad los precios del mercado nunca han sido regulados por la oferta y la demanda en toda su extensión —o si alguna vez lo fueron, eso fue hace ya demasiado tiempo— sino que los procesos que llevan a la determinación de los precios han estado históricamente condicionados por la acción del Estado, con lo cual la ley de la oferta y la demanda queda distorsionada y desvirtuada.

Por ejemplo los impuestos que el Estado cobra a la ciudadanía sirven para sufragar las carreteras, para construir las grandes infraestructuras como puertos o aeropuertos y para cubrir los gastos de investigación y desarrollo. Todo ello ha conseguido que los costes en materia de investigaciones y transporte para las grandes corporaciones sean artificialmente bajos lo que falsea la ley de la oferta y la demanda ya que las grandes empresas están en condiciones de ofertar más barato que los negocios más pequeños y familiares —como las entidades que componen REAS—, no por su propio mérito sino como consecuencia derivada de la activa y masiva intervención del Estado. Esto perjudica notablemente a aquellas economías que no son de escala, como los pequeños negocios locales, las pequeñas cooperativas y empresas individuales y familiares, a las que luego se las intenta “compensar” desde las administraciones públicas con “fondos de cohesión” y “programas de ayudas solidarias” —el propio patrocinio del Gobierno de Navarra a REAS es un buen ejemplo— y que son migajas que los poderosos ofrecen a los pobres que no compensan en absoluto la riqueza que previamente les ha sido privada por la intrusiva acción del Estado que ha adulterado fatalmente (para los pobres, los productores y consumidores) y afortunadamente (para los más ricos y poderosos, los rentistas y grandes capitalistas) las condiciones de la oferta y la demanda.

Kevin Carson lo expresa así:

[...] la función central del gobierno bajo el capitalismo estatal: subvencionar los gastos de explotación de los grandes capitales, de modo que su ineficiencia y el tamaño hinchado sean artificialmente rentables, y sean mantenidos artificialmente competitivos contra las empresas más eficientes ocupadas en la producción descentralizada para los mercados locales.

Por otra parte en REAS opinan que los agentes de la economía social debe organizarse y crear sus propios ecosistemas para hacer frente al reto de las economías de escala, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, pero en mi opinión, no hacen un buen análisis de lo que implica el modelo neoliberal que se da en la actualidad para el mercado:

Las iniciativas de economía social y solidaria necesitan intercooperar más entre sí para consolidarse y desarrollarse en medio de unos mercados cada vez mayores y más desregulados.

Yo creo, sin embargo, que cuando los políticos neoliberales hablan de “libre mercado” en realidad se refieren básicamente y más que nada, a recortes sociales en el “Estado del bienestar”, pero la intervención y las regulaciones que favorecen a las economías de escala, no han disminuido. Kevin Carson habló así sobre el tema de las regulaciones:

En general los niveles de gasto del gobierno, de hecho, han seguido elevándose bajo el neoliberalismo. Con más exactitud puede llamarse “nueva regulación” a la “desregulación”: un cambio de las actividades del Estado regulador en una dirección más amistosa con las corporaciones. La “privatización” de las actividades del gobierno, como ha puesto sobre la mesa Hildyard, deja una parte mayor de funciones bajo la dirección nominalmente privada, pero operando dentro de una red de protecciones, ventajas y subvenciones en gran parte definidas por el Estado. Los recortes en servicios sociales han sido más que compensado por otras formas de gasto que subvencionan los costes de las operaciones de las empresas corporativas. Las subvenciones para desarrollos multilaterales de bancos son especialmente necesarias para atraer muchas inversiones de provechoso capital extranjero, y están en aumento. Los acuerdos comerciales neoliberales incluyen un marco legal (p. ejemplo los supuestos derechos [sic] de “propiedad intelectual”) diseñados principalmente para proteger a los grandes capitales contra el mercado. Muchos de estos acuerdos requieren la creación de cuerpos internacionales, gobiernos supranacionales de facto, para invalidar la política de los estados signatarios.

Con todo esto se ha conseguido crear una visión del mercado como una institución cruel donde la competencia como factor económico ha pasado, como si de un cínico ejemplo de doblepensamiento orweliano se tratase, de designar el proceso por el cual se tendrían que estrechar hasta desaparecer finalmente los márgenes de beneficios de los capitalistas y rentistas, favoreciéndose así a los productores y consumidores, a un escenario hipócrita y cruel donde los más artificialmente fuertes, esos cerdos cebados por el granjero llamado Estado que son las grandes corporaciones, explotan inmisericordemente a los más débiles, el sufrido caballo representativo del proletariado, los productores y consumidores, apenas alimentado por el granjero con un poco de heno a través de eso que él llama “Estado del bienestar”.

En palabras de Kevin Carson:

Entre los apologistas neoliberales del poder corporativo y los apologistas del Estado del Bienestar regulador, consiguieron robar el término “libre mercado” y distorsionar su reconocimiento. Como comentaba Albert Nock hace varias décadas, el “laissez-faire” es un término impostor usurpado cínicamente tanto por los apologistas de las grandes empresas como por los grandes apologistas del gobierno. Está en su común interés fingir que la actual economía corporativa surgió de un mercado libre, y que sólo la intervención del gobierno puede limitar el poder corporativo (cuando en realidad no podría sobrevivir, y no podría existir previamente, sin la intervención gubernamental). Aquellos de nosotros que odiamos el mercantilismo y el privilegio necesitamos tomar de nuevo el término “libre mercado” de estos cerdos, y restaurar el buen sentido revolucionario que tenía antes de que fuera apropiado por los apologistas de la riqueza mal obtenida.

El mercado despojado de todo ese intervencionismo, es decir el mercado genuinamente libre donde los productores puedan hacer intercambios libres e igualitarios, que es lo que preconizaban los mutualistas como Pierre-Joseph Proudhon, Josiah Warren o Benjamin Tucker, no sería ni más ni menos que algo muy parecido si no igual al mercado social definido por REAS:

Un mercado en el que los pequeños productores vuelvan a controlar la venta y distribución de lo que producen y puedan fijar el precio de sus productos o lo fijen en común acuerdo con el consumidor.

Creo que la evolución del mercado como construcción social consiste en buscar una forma pacífica de conseguir una rebelión en los mercados para que éstos se conviertan en lo que deberían ser realmente: una institución donde los productores y consumidores interactúen libremente y tengan acuerdos voluntarios y en paz, y no lo que ahora son, esa institución cortada a la medida de las grandes corporaciones, por sus mejores amigos, los gobiernos.

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Referencias y bibliografía:

REAS. Construyendo un Mercado Alternativo de Economía Solidaria. http://www.economiasolidaria.org/files/mercado_social_presentacion.pdf

Kevin Carson. Reclamando el lenguaje robado “de mercado”. http://www.mutualismo.org/2008/10/reclamando-el-lenguaje-robado-de-mercado/

Kevin Carson. El mito del Estado mínimo neoliberal. http://www.mutualismo.org/2008/09/el-mito-del-estado-minimo-neoliberal/

Wikipedia. Artículo sobre la novela Rebelión en la granja de George Orwell. http://es.wikipedia.org/wiki/Rebelión_en_la_granja

Reclamando el lenguaje robado “de mercado”

Este artículo fue publicado originalmente en The School of Cooperative Individualism con la intención de persuadir a los izquierdistas que critican el status quo desde un prisma estatista. Carson refuta tanto el ecoestatismo como el anticorporativismo socialdemócrata y propone soluciones libertarias a las inquietudes de estos activistas, a la par que pretende recuperar el lenguaje de mercado, como reza el título.

Por Kevin A. Carson.


Reclamando el lenguaje robado “de mercado”

Con frecuencia me encuentro en completo acuerdo con comentaristas de izquierdas en sus quejas sobre los males del capitalismo corporativo, tirándome de los pelos en la frustración por su incapacidad de identificar las causas y las soluciones apropiadas contra estos males. Jorge Monbiot es un ejemplo. Su equivocación se resume perfectamente por el subtítulo de su artículo “el desafío moral sin precedentes del cambio climático exige que restrinjamos nuestra libertad de mercado.”

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Sobre la ética del comunismo libertario.

Quiero plantear una pregunta a todo aquel que se adhiera al Comunismo Libertario. Me veo en la necesidad de hacerlo directamente por que tras haberlo hecho en distintos medios, no he recibido respuestas satisfactorias, posiblemente por no haber formulado la pregunta directamente. Por eso lo hago ahora. En realidad, presupongo la respuesta. La intención real de este artículo es hacer ver a cualquier comunista libertario lo que supone su respuesta. Continue reading

Correspondencia de P. J. Proudhon

 Extraido, una vez más, de Açao Humana;

Libertad es igualdad, porque la libertad solo existe en el estado social, y fuera de la igualdad no puede haber sociedad. Libertad es anarquía, porque no admite el imperio de la voluntad, sino solo la autoridad de la ley, es decir, de la necesidad. Libertad es variedad infinita, porque respeta todas las voluntades dentro de los límites de la ley. Libertad es proporcionalidad, porque ofrece plena latitud a la ambición del mérito y a la emulación de la gloria. – P.J. Proudhon 

Carta de Proudhon a M. Villiamé: En mis Contradicciones, ridiculicé igualmente a los Socialistas y a los Economistas; desde 1848, afirmé el Socialismo. Ese cambio le preocupa y usted pide una explicación. Toda palabra en una lengua está sujeta a significados que son muy diferentes, a veces hasta opuestos. Por Socialismo, ¿da a entender Usted la filosofía que enseña la teoría de la sociedad o la ciencia social? Yo afirmo ese Socialismo.  ¿quiere designar Usted no la filosofía o la ciencia, sino la escuela, la secta, o el partido que admite esa ciencia, que cree que ella es posible y la persigue? Yo soy de esa opinión. Es en ese sentido que el Pueblo y el Representante del Pueblo en 1848 eran dos órganos del Socialismo.

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Libre comercio vs Acuerdos de libre comercio

Extraido de Açao Humana

Originalmente publicado en el Mises Institute Brasil;

Nada hay más importante hoy día que mostrar a la opinión pública las diferencias esenciales entre el genuino liberalismo, que aboga por una economía de libre mercado, y los varios partidos intervencionistas que están defendiendo la interferencia del gobierno”. Libertad Económica e Intervencionismo, Ludwig von Mises.

El Mises Institute defiende consistentemente el libre comercio – el verdadero -, mientras que siempre criticó los “acuerdos de libre comercio”, por considerarlos una forma de mercantilismo disfrazado. Esta posición es marginal, excepto por el hecho de que, analizando la historia, vemos que los austríacos siempre se posicionaron contra los acuerdos de comercio, llegando incluso a combatirlos como una forma de planificación keynesiana. Por lo tanto, hay en el Instituto una tradición que debería llevar los austríacos modernos a oponerse a ciertos esfuerzos, como el North American Free Trade Agreement (NAFTA) y todos los otros acuerdos que se siguieron.

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¿Cómo sería una economía anarcosocialista de mercado?

por Keith Preston [1]
traducido por William Gilmore

Fuente

 

Los lectores de Anti-State.com [site anarcocapitalista] me han pedido escribir un poco sobre mi propia perspectiva anarcosocialista. En particular, me piden que describa cómo podría empezar una economía anarcosocialista, cómo podría sostenerse a largo plazo, y cómo podrían comunalizarse los típicos McDonald’s o Wal-Mart’s de las ciudades. Antes de intentar contestar a estas preguntas, puede que sea útil al lector un bosquejo general del marco conceptual que utilizo, y de la teoría de economía política que suscribo. Continue reading