Las condiciones del mutualismo

Jun 29 • Economía, Mutualismo, Política • 182 Views • No Comments on Las condiciones del mutualismo

Creo que parte del atractivo del mutualismo (para mí al menos) es la belleza de su descripción de un mercado libre radical. Si no hubiera barreras de entrada legales, muchas empresas entrarían a competir al mercado. Sin el monopolio de las patentes y el copyright, las grandes empresas farmacéuticas, de software o de entretenimiento se verían expuestos a cientos de nuevos competidores que les forzarían a bajar los precios y mejorar los salarios. Los bancos, desprotegidos de la competencia, serían invadidos por nuevos banqueros que les harían la competencia, por lo que los intereses bajarían, facilitando la creación de nuevas empresas. Con muchas empresas ofreciendo trabajo, los trabajadores estarían en una buena situación para negociar.

En fin, en este escenario todos estos procesos paralelamente harán del capital abundante, y del trabajo escaso en comparación. Por ello, los precios se aproximarían al coste, y los trabajadores tendrían muchas facilidades para negociar mejores condiciones laborales, para emprender y convertirse en su propio jefe, o para juntarse y montar una cooperativa. Los resultados del mercado libre radical son compatibles con los fines clásicos del socialismo.

El argumento mutualista es que, puesto que los mercados libres tienen esta tendencia, los mercados que no funcionen así son sospechosos de estar intervenidos por fuerzas externas, típicamente el estado. Éste suele inclinar la balanza a favor de ciertas empresas con conexiones políticas. Pero esta narrativa es plausible sólo en los mercados que cumplen las siguientes condiciones:

  • La oferta es elástica. La oferta de tierra, por ejemplo, no es elástica, porque no se puede producir más de la que ya hay. Los recursos naturales en general son de oferta inelástica.

Hay algunas propuestas interesantes para contrarrestar los efectos indeseables de esta inelasticidad, por ejemplo, la propiedad usufructuaria de la tierra y el impuesto georgista sobre la tierra.

  • Se comercia con bienes reproducibles. Los bienes imposibles de reproducir, como una guitarra firmada por Elvis, se rigen por reglas distintas.
  • Se comercia con bienes privados, es decir, con bienes excluibles y rivales.

Esto quiere decir que se excluyen lo que los economistas llaman bienes públicos, como la defensa militar, la seguridad, la legislación penal, las leyes de propiedad sobre el suelo, la regulación de la contaminación, etc. Estos bienes tienen que proporcionase simultáneamente a todos los habitantes de un territorio dado, es imposible discriminar. Esta clase de bienes, a menudo, es preferible que se gestionen a nivel municipal, a través de un sistema de democracia tan directa como sea posible.

Esto, por cierto, también excluye a las ideas, que no son rivales y sólo en parte excluibles. La propiedad intelectual no tiene cabida en un mercado verdaderamente libre.

  • No existen externalidades positivas ni negativas.

Esto se relaciona directamente con el punto anterior, ya que una externalidad es precisamente un bien (o un mal) público. Las externalidades negativas pueden penalizarse con impuestos específicos (los llamados impuestos pigouvianos), por ejemplo, con un impuesto sobre la contaminación.

  • Las economías de escala son pequeñas. Es decir, las plantas de producción grandes no tienen mucha ventaja sobre las pequeñas, y el tamaño óptimo de las empresas se alcanza a una escala no muy grande.

Esta condición creo que no es indispensable, pero sí muy conveniente. Si por las economías de escala las empresas tienden a ser muy grandes, hay menos empresas ofreciendo empleo, y en comparación, muchos trabajadores, por lo que la capacidad de negociar de los trabajadores se resiente. No es sorprendente que el mutualismo haya medrado sobre todo en contextos en los que las empresas no solían ser muy grandes: Francia y España del tercio central del siglo XIX, Estados Unidos a finales del XIX y principios del XX. En el caso de Francia, entre profesionales de la manufactura, que trabajaban en pequeños talleres aún no muy industrializados.

Tampoco sorprende que vuelvan a tener relevancia las ideas mutualistas en el contexto de internet y del software libre: con un equipo relativamente pequeño de trabajadores cualificados es posible gestionar una web o desarrollar un software exitosamente.

 

Publicado originalmente en mi blog.

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