Cálculo económico comunista III

Sep 12 • Mutualismo • 1620 Views • 1 Comment on Cálculo económico comunista III

Perdona la tardanza Ardegas. Tomo otra vez el debate, después de un tiempo de descanso. Venimos de aquí.

En cuanto al punto de la pobreza, hube de puntualizar que no damos garantías como no puede darlas ningún sistema, pero sí tenemos argumentos razonables para suponer que será eliminada.

Sin entrar a valorar la imperfección del sistema de precios (que sin duda lo es, y los austriacos no pretendieron negarlo), los salarios bajos son una señal a los empresarios de que la mano de obra está siendo utilizada de forma subóptima, es decir, muy por debajo de su productividad marginal –o de su potencial productividad marginal en un sistema más intensivo en capital- y que, por tanto, es rentable demandar trabajo de esos países hasta que los salarios se igualen con la productividad marginal, descontando el interés y los costos de transporte hasta el mercado de los productos.

Pero no solo eso; en la mayoría de los casos ni siquiera sería necesario el capital extranjero para desarrollar la economía del país. Estoy seguro de que en tu país, Honduras, existe una clase campesina numerosa y desposeída a la que bastaría hacer propietaria de las tierras que trabaja y darle acceso a los protegidísimos mercados europeos para hacerla prosperar. La liberación del comercio, tanto a nivel interno como externo, se traduciría en una prosperidad inmensa.

En el punto de la imposibilidad del “socialismo” estoy de acuerdo contigo, pero es que Mises no pretendió demostrar otra cosa que, con los métodos y la teoría de los comunismo de su época, el comunismo era imposible. Jamás cerró la puerta a la posibilidad de que un Robin Cox o un Ardegas pudieran en un futuro viabilizar ese proyecto.

Luego dices:

Si una economía de una persona, al estilo Robinson Crusoe, es posible usando solo el cálculo en especie, como admitía Mises, ¿cuál es el límite cuantitativo en que el cálculo en especie se vuelve insostenible?

En este punto creo que existe un error de base: Mises no establece que exista un punto a partir del cual es necesario, más bien dice que, conforme la sociedad se adentra en la división del trabajo, el cálculo económico racional se hace cada vez más necesario. Se trata de una necesidad gradual. Creo que visto desde esta perspectiva, la objeción de Bryan Caplan carece de sentido: conforme se añadan habitantes a la isla de Crusoe, el dinero y los precios serán cada vez más necesarios, pero no hay un punto concreto a partir del cual lo sean.

Sobre las externalidades escribí un post hace poco en el que trataba de demostrar que se debían, en beuna parte de los casos, a la intervención estatal en la economía (de muy diversas formas). En un mercado libre, si los consumidores están concienciados en el respeto del medio ambiente y teniendo en cuenta que las energías renovables serán mucho más baratas –explico las razones en ese post-, las externalidades pueden reducirse a casos muy concretos, como la lluvia ácida, que pueden penalizarse de una forma muy sencilla. Aquí el argumento antimercado se vuelve un boomerang: si los productos ecológicos son (suponiendo que lo sean) más caros que los contaminantes, ¿cómo saben los productores hasta dónde están dispuestos los consumidores a renunciar al resto de sus necesidades para cuidar el medioambiente?  ¡Nuevamente tenemos que recurrir a complejos sistemas de puntuación totalmente inviables e infinitamente más engorrosos que los precios del mercado!

Respecto a las valoraciones mutuas en el mercado, creo que la respuesta de Langlois es muy correcta. Él parte de la teoría mengeriana del dinero, según la cual este se generalizó a partir de un proceso ensayo-error en el que los actores del mercado, al serles muy difícil encontrar otros individuos con necesidades exactamente opuestas a las suyas (es decir, que quisieran lo que él posee y pretendieran desprenderse de lo que él necesita) intercambiaban sus productos por otros que, aunque no fueran a consumir directamente, tenían una alta capacidad de venta, con los que podrían obtener los productos que realmente deseaban con más facilidad.

Explicado así el origen del dinero, lo que te expuse de las valoraciones mutuas cobra su sentido.

Después tratas el asunto de la herencia, las imperfecciones en la demanda, etc.

Antes de comenzar a tratar ese punto quiero puntualizar que el mercado libre tendrá un efecto radicalmente igualador, aunque siga manteniéndose a una distancia considerable del comunismo. Las riquezas de muchos individuos, basadas en las patentes, los aranceles, las barreras de entrada o la subvención del transporte de sus productos por el Estado se disolvería como una pastilla efervescente en un vaso de agua, y el consecuente menor tamaño de las empresas sería un freno a las grandes disparidades de riqueza. Además, un movimiento cooperativo sólido, con todas las facilidades de una economía libre, podría igualar muchísimo más el sistema (en Mondragón, por ejemplo, la disparidad de salarios es de seis veces desde el puesto más alto hasta el más bajo, mientras que en una gran empresa puede ser hasta de quinientas veces).

Respecto al dinero, los austriacos nunca pretendieron que este fuera una magnitud de valor social objetiva, sino más bien la expresión, a través del precio, de la intensidad de la demanda de los consumidores, para priorizarlas. Estarás de acuerdo conmigo en que dados dos individuos con igual poder adquisitivo, si el primero decide gastar gran parte de su fortuna en ron, y el segundo solo una pequeña parte de la misma en terrones de azúcar, el uso de las plantaciones de azúcar será priorizado para producir ron.

Es cierto que este modelo ideal se rompe cuando los individuos, como en la vida real, poseen diferentes poderes adquisitivos, pero en tal caso la disparidad se deberá:

1)    Bien a una mayor satisfacción de las demandas de los consumidores, en cuyo caso no hay reproche posible.
2)    Bien, como dices, a herencias, al azar, etc. que, si bien son reprobables porque transmiten una información ligeramente ficticia a los productores, son una parte indispensable del sistema, y los beneficios que proporciona el mecanismo de este sistema son muy superiores al perjuicio ocasionado por las herencias y el azar.

El emotivo ejemplo que planteas casi no existe en los países más libres y, por las razones que te he comentado, no creo que existiera en una sociedad libre.

En otro orden, dices:

“Siempre que haya división del trabajo será difícil, sino imposible, estimar en términos monetarios cuánto es el aporte de cada trabajador a la producción. Eso socava tu afirmación de que el mercado determina los ingresos en base a la capacidad productiva. Esto tiene un impacto directo en la intensidad de la demanda.”

Cuando se trata de unidades de producción no muy grandes, incluso aunque no se trate de cooperativas de trabajadores, no debe ser muy difícil calcular la productividad marginal del trabajo y, por tanto, demandarlo hasta que igualar el salario con esta.

Ahora pasamos al problema central: el de la asignación de recursos.

Como anticipo, acepto tu corrección de que no existe “capital” en el comunismo; de todos modos y, con tu permiso, seguiré llamándolo así a falta de un nombre mejor.

El problema de las proporciones de insumos lo resuelves con algo que ya te objeté: no se puede determinar una jerarquía de prioridades comunitarias sin una extensísima jerarquía elaborada por los consumidores, procesada y centralizada después y que, por consiguiente, haría perder al comunismo anarquista su ventaja de la descentralización. Robin Cox tampoco resuelve ese problema en tu último post.

En cuanto a la tierra, dices:

“La asignación de la tierra es un problema para el sistema de precios, ya que en él prevalecen situaciones monopólicas que le permiten a las personas obtener ingresos solo por dar permisos de usufructo, y no en base a la “capacidad productiva” de cada individuo. Esto afecta a su vez a la demanda efectiva y la intensidad de la demanda para cada bien.”

Aquí atacas un hombre de paja, porque el mutualismo no defiende esa clase de propiedad sobre la tierra.

Quería agregar en este punto que la tierra no es un bien homogéneo que pueda asignarse, ni siquiera estableciendo una jerarquía de prioridades a través de encuestas a los consumidores.
Existen infinidad de variedades de tierra, cada una de ellas preparada solo para un determinado número de actividades, atendiendo tanto a su fertilidad, como a su cercanía de los núcleos urbanos en los que se encuentran la mayoría de los consumidores, etc. En esta cuestión el mercado es, nuevamente, superior.

Luego, el problema de los “cuellos de botella” es inherente al sistema: siempre que los bienes no sean infinitos habrá necesidad de priorizar entre sus distintos usos y, por tanto, asignar proporciones en función de la urgencia y la intensidad de la demanda.

Acepto que los consumidores deberán valorar solo los productos que consumirán (y aun esto no tendría en cuenta posibles bienes sustitutos), pero aun y concediéndote esto, el proceso de valoración será externo al acto de consumir y, como te digo arriba, requerirá de un proceso de centralización que hará perder al comunismo su ventaja sobre el socialismo centralizado. Este caso que tú mismo mencionas servirá como ejemplo:

“En caso de que el estaño no ajuste para satisfacer la demanda a nivel global, se pueden poner de acuerdo con las confederaciones de consumidores y productores para establecer la jerarquía de necesidades de producción.”

Tu objeción del sistema de mercado porque oculta información la encuentro un poco injusta. Tú partes del hecho de que los individuos se esforzarán a todos los niveles bajo el comunismo como si tuvieran algún beneficio personal en hacerlo, simplemente porque se entregarán a la comunidad. ¿Por qué no podría suceder lo mismo en una economía libre? Libre, además, de patentes y otras barreras a la circulación de la información y la tecnología.

Por último quería plantear un problema inadvertido en este debate. El comunismo no percibe que el flujo de información no debe transmitirse solo entre las unidades de producción actualmente existentes y los consumidores; su recolección y procesamiento no debe hacerse solo en las unidades actualmente existentes, sino también en las potenciales unidades (empresarios) en vista de nuevas necesidades (aun no transformadas en demandas) de los consumidores.
Ceñir el flujo de información a las unidades de producción paraliza el progreso y la invención de nuevos bienes que los usuarios pueden estar dispuestos a consumir y que, de hecho, facilitarán sus vidas, pero que aun no han sido demandados por no ser sus beneficiarios conscientes de la posibilidad de su realización. Un ejemplo de esto podría ser el teléfono móvil.

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One Response to Cálculo económico comunista III

  1. Andres Devia says:

    ¿como puedo decucir un diagrama de flujo circular de capital de un sistema de planificaion central?

    tengo 18 años y estudio ing. comercial, y llevo varios dias tratando de deducir un dragrama de flujo de toda la informacion que e podido recopilar, pero siempre quedo a medias. la verdad es frustrante y queria ver si podian ayudarme

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