Historia del análisis mutualista: de Thomas Hodgskin a Kevin Carson

Sep 13 • Mutualismo • 3973 Views • 23 Comments on Historia del análisis mutualista: de Thomas Hodgskin a Kevin Carson

* Este artículo trata sobre la evolución de las ideas mutualistas a lo largo del tiempo (como reza el título, “de Thomas Hodgskin a Kevin Carson”), con la intención de recopilar de forma sucinta más de siglo y medio de literatura, debates y controversia. No se trata, por tanto, ni de realizar un análisis exhaustivo ni de aburrir con una abrumadora cantidad de citas. También busca contextualizar las ideas mutualistas en su marco histórico, relativizando la importancia de algunas herramientas “clásicas” como la teoría del valor-trabajo (En  mi opinión, muy exagerada por detractores y partidarios). Si todo va bien y el tiempo me acompaña, me gustaría que formase parte de un artículo más grande sobre teoría mutualista, aunque a día de hoy ese proyecto queda muy lejos. Alguna sugerencia?


El repentino cambio en las formas de vida que trajo la Revolución industrial atormentó a los intelectuales a lo largo de todo el siglo XIX. Si bien es cierto que los últimos siglos del Ancien Régime habían presenciado la aparición de manufacturas relativamente grandes, comerciantes enriquecidos, y bolsas de trabajo asalariado alrededor de los grandes nodos de intercambio [1], hasta entonces la sociedad se había compuesto principalmente de pequeños propietarios rurales, artesanos, tenderos y empresarios individuales.

La mayor parte de la producción era de manufactura local, con frecuencia a través de mercaderes que compraban las materias primas, subcontrataban las tareas de fabricación en las familias campesinas, y luego vendían el producto final en el mercado (Benassar, 2005 [1980]). El trabajo asalariado era marginal, y en los países pioneros se consideraba impropio de hombres libres.

Adam Smith (2007 [1776]) había sostenido que, en ausencia de monopolios comerciales, las compañías por acciones serían incapaces de sostenerse; y que, por una razón similar, las grandes propiedades feudales debían dar paso a la más eficiente propiedad campesina. Según su doctrina, el precio natural de una mercancía estaba en relación directa con el trabajo que había costado producirla, de forma que los empleos más pesados o que requerían una preparación a más largo plazo tendían a recibir un salario mayor. Cuando el precio de mercado se desviaba de este precio natural, la oferta (de trabajo o de productos) aumentaba o disminuía para volver a restablecer el equilibrio. David Ricardo (1973 [1817]) y otros economistas clásicos volverían sobre esta cuestión una y otra vez.

Cuando la obra de estos economistas llegó a manos de los obreros, muchos de ellos desecharon sus enseñanzas por considerarlas vanas y contrarias a la experiencia. Pero no todos. Hubo algunos que respondieron con entusiasmo; reprocharon a los economistas su estrechez de miras, y proclamaron que los escritos de Smith y Ricardo eran verdaderos única y exclusivamente a condición de que se despojase al mercado de barreras, privilegios y monopolios.  La ley de la renta de David Ricardo había demostrado que la función de los terratenientes era meramente parasitaria; y, en lo que a Smith se refiere, su teoría del valor apuntaba a los trabajadores como únicos receptores legítimos del producto de su trabajo. Por este motivo fueron llamados socialistas ricardianos [2], porque conjugaban la infraestructura teórica de los economistas clásicos con los ideales socialistas. En justicia, estos obreros podían llamarse individualistas, pues afirmaban las ideas de laissez faire, recelaban del comunismo y creían en el derecho a la propiedad privada. De cuantos tomaron la pluma en favor de estas ideas, Thomas Hodgskin (1825) sería, probablemente, el más brillante.

Aunque el germen del mutualismo ya estaba contenido en la obra de los socialistas ricardianos, no sería hasta unas décadas más adelante, de la mano de Pierre-Joseph Proudhon (1846; 1851; 1863; 1865), cuando tomaría el nombre y la forma casi definitiva. Este hombre, trabajador y autodidacta como Hodgskin, adoptó el término mutualismo (o reciprocidad) para referirse a dos conceptos complementarios. Por una parte, el mutualismo implicaba un sistema de intercambios donde la ley del valor de Smith fuera realmente efectiva; es decir, donde se intercambiaran mercancías de igual trabajo contenido [3]. Por otra parte, significaba que las relaciones de gobierno debían reemplazarse por relaciones contractuales y económicas, pues Proudhon no concebía intercambios mutuamente beneficiosos si no eran voluntarios.

Más adelante desarrollaremos en profundidad estos conceptos, pero cabe señalar una cosa. A partir de este momento, el socialismo ricardiano se convertía en mutualismo, y el mutualismo, a pesar de flirtear con la democracia federal, era irrenunciablemente anarquista. La reciprocidad en el cambio y en el gobierno (o en el no-gobierno) eran correlativas. Curiosamente, estas ideas, nacidas en Europa de la mano de Proudhon, serían propagadas de forma simultánea pero independiente por otro autor americano conocido como Josiah Warren (1841).

A pesar del genio de Proudhon, el mutualismo clásico no llegaría a su forma más depurada hasta el último tercio del siglo XIX, cuando fue rescatado por un círculo de intelectuales norteamericano radicado en Boston. Su actividad giraba alrededor de la revista Liberty, cuyo editor, Benjamin Tucker, con la ayuda de otros hombres brillantes como William Greene, Clarence Lee Swartz, Josuah Ingalls, Francis Tandy o Lysander Spooner, lograría captar la audiencia de sus lectores durante varias décadas (Rocker, 1949; Nettlau, 1934). El valor de la obra de estos autores, que diferían entre sí en los detalles pero no en el fondo, radica en haber sistematizado la obra de Proudhon, descomponiendo en palabras sencillas el lenguaje complicado del francés, extrayendo sus ideas esenciales y añadiendo a este la influencia de Max Stirner, Herbert Spencer y los liberales radicales de la Revolución Americana (Rocker, 1949). De hecho, Tucker llegaría a decir que los anarquistas eran “demócratas jeffersonianos hasta sus últimas consecuencias y sin miedo de estas, para quienes el mejor gobierno es el que menos gobierna, y el que menos gobierna el que no lo hace en absoluto” (1888, State Socialism).

Al sintetizar el pensamiento de sus predecesores, Warren y Proudhon, Tucker llegó a la conclusión de que existían cuatro grandes monopolios que obstruían la competencia y negaban al trabajo su justa recompensa (1881, Who is the Somebody?). Estos monopolios eran, en orden inverso a su importancia:

– Los aranceles, que encarecían las mercancías extranjeras, disminuían los salarios reales e incentivaban la formación de cárteles industriales.

– Las patentes y copyrights, que impedían la competencia en torno a las nuevas invenciones e, igualmente, aumentaban el precio de las mercancías y disminuían los salarios reales.

– El monopolio de la tierra, que restringía el acceso a las parcelas abandonadas, aumentaba su precio de mercado y elevaba las rentas, impidiendo que fueran cultivadas o reutilizadas por campesinos y empresarios dispuestos.

– El monopolio bancario, que erigía barreras de entrada en el sector, restringía la competencia e inflaba artificialmente los tipos de interés. Como consecuencia de este monopolio, que Tucker consideraba el más importante, la cantidad de empresas en el mercado se reducía drásticamente, y los trabajadores se veían privados tanto de su justo salario como de una fuente de independencia frente a sus patronos.

En ausencia de sus cuatro cabezas, pensaban los mutualistas norteamericanos, la hidra del capitalismo sería estéril; la tierra, libre de monopolio, estaría abierta a los cultivadores individuales y a las familias; en ausencia de aranceles, la importación de mercancías más económicas aliviaría la situación de los pobres; gracias a la abolición de las patentes, la tecnología se extendería de forma rápida y barata; y la afluencia de capitales reduciría el interés hasta el mínimo necesario para mantener en funcionamiento un banco. En esta tesitura, la independencia del trabajo respecto al capital sería absoluta; muchos podrían emprender negocios por su cuenta (especialmente en cooperativas), e incluso quienes permaneciesen trabajando para un patrono podrían cambiar fácilmente de empleo y recibir su producto completo (1891, Solutions of the Labor Problem). Por este motivo, los anarquistas de Boston se hicieron llamar socialistas, al igual que Proudhon y los ricardianos. Como diría Tucker en Socialism and the Lexicographers:

“El socialismo es la creencia de que el siguiente paso importante del progreso consiste en un cambio en el entorno del hombre que incluye la abolición de todo privilegio por el cual los poseedores de la riqueza adquieren un poder anti-social de exigir tributos” (Tucker, 1892, Socialism and the Lexicographers).

La agitación que producían sus escritos periódicos en la revista Liberty granjeó muchas simpatías, y lo que comenzó siendo un movimiento intelectual pasó pronto al campo del trabajo. Hombres como Dyler Lum, fascinados por la retórica de Tucker y su círculo, se dedicaron a elaborar panfletos sobre el monopolio y a difundirlos entre los obreros, planteando, desde el mutualismo, soluciones a sus problemas cotidianos. De este momento data su ensayo The Economics of Anarchy: A Study of the Industrial Type (1890).

El mutualismo llegó a tal grado de sofisticación que existían escritores especializados en un solo monopolio, polemizando entre sí sobre la importancia de los mismos a la hora de sostener el capitalismo. William Greene, autor del libro Mutual Banking (1850), dedicó toda su obra al monopolio bancario, que Tucker consideraba el más importante (1888, Free Money and Cost Principle); mientras que los escritos de Ingalls se centraron casi exclusivamente en el monopolio de la tierra (Martin, 1953).

Finalmente, merecen lugar a parte dos obras generales que trataron de integrar todas estas posturas: se trata de Voluntary Socialism (1896), de Francis Tandy; y What Is Mutualism (1927), de Clarence Lee Swartz. En estos libros no solo se exponían las consecuencias nefastas de los monopolios sobre la economía, sino que se ilustraba con numerosos ejemplos cómo el Estado podía ser disuelto en una multitud de relaciones contractuales entre hombres libres. Las compañías ferroviarias privadas, las aseguradoras, las mutuas o las empresas de vigilancia desfilaban por sus libros con total naturalidad, dotando de solidez a lo que podía haber sido un vacuo ejercicio de abstracción.

Pero What Is Mutualism sería el último grito en favor del mutualismo, elaborado cuando la revista de Tucker ya había tocado a su fin y el movimiento norteamericano se encontraba en franca decadencia. Durante las ocho décadas siguientes del siglo XX, el mutualismo sería sepultado por la guerra, los totalitarismos, el anarcocomunismo o el liberalismo vulgar, e irónicamente parece haber seguido un destino paralelo a la economía de laissez-faire ortodoxa.

Habría que esperar a la bomba intelectual de Kevin Carson, publicada en 2004 bajo el título de Studies in Mutualist Political Economy, para que el mutualismo despertara de su letargo y reivindicase su legítimo lugar en el panorama de las ideologías políticas. No se trataba únicamente de desempolvar las viejas enseñanzas de Proudhon, Greene o Tucker, sino de renovar profundamente el mutualismo de acuerdo con los avances científicos desarrollados a lo largo de todo el siglo XX, e incluso finales del XIX. El paradigma de la teoría del valor-trabajo estaba obsoleta, y su puesto había sido ocupado por la teoría de la utilidad marginal, desarrollada por Carl Menger, Léon Walras y Stanley Jevons. A su vez, las afirmaciones sobre el capital, el interés o el trabajo asalariado debían reformularse para rebatir las consecuencias ideológicas (no tanto la teoría en sí) de la obra de Böhm-Bawerk (1884, Capital e interés) y Mises (2007 [1949]). Por último, la moderna teoría de la organización, iniciada con Ronald Coase (1937) y continuada por Oliver Williamson (1975), debía matizarse para enfatizar el papel del Estado en la distorsión del tamaño y la estructura de la empresa.

Esta meritoria tarea fue llevada a cabo casi completamente por Kevin Carson, en solitario, a lo largo de sus dos primeras obras: Studies in Mutualist Political Economy (2004) y Organization Theory: A Libertarian Perspective (2008).

El papel de los monopolios bancario y terrateniente menguó [4], y su importancia fue ocupada por el monopolio de las patentes, que adquiría relevancia en plena era de la información; y, especialmente, por el estudio sistemático de la intervención estatal en forma de barreras de entrada o subvenciones a los insumos de producción. Definitivamente, el mutualismo se había adaptado satisfactoriamente a los nuevos tiempos y a las nuevas corrientes científicas.

En el siglo XIX, dada la política restrictiva de los bancos, era comprensible que los mutualistas cobijasen grandes esperanzas acerca de la liberación del sector. De forma similar, el papel de la expropiación de tierras a la hora de crear una masa de proletarios miserables, o la migración constante, en América, de los trabajadores peor remunerados con el fin de colonizar nuevas tierras (Marx, 1867), había creado la impresión de que la abolición del monopolio de la tierra convertiría a la mayoría de la población, automáticamente, en propietaria de su propio medio de vida. Sin embargo, el peso histórico de estos factores ha decrecido a lo largo del siglo XX; y, en plena globalización, el papel de la subvención de insumos, las barreras de entrada o el sistema de patentes a escala internacional ha aumentado considerablemente a la hora de explicar el capitalismo corporativo. Solo en este sentido puede hablarse de un mutualismo nuevo, de un “neomutualismo”, acondicionado a las nuevas circunstancias.

————

[1] Sobre esto, véase Antonio Di Vittorio et al., Historia económica de Europa: siglos XV-XX (2002).

[2]: Naturalmente, el término socialista tenía un significado distinto del que hoy le damos; denotaba todo un sistema en el que los trabajadores tuvieran una participación mayor del producto de su trabajo y/o de la gestión de sus condiciones de producción. Esto podía hacerse a nivel individual, de forma compatible con la propiedad privada, sin necesidad de “socializar” o “colectivizar” los bienes de capital.

[3]: Si bien Hodgskin, Proudhon o Tucker tomaron este principio de Smith y Ricardo, ello no implica que no pueda reformularse desde posiciones austriacas o neoclásicas. El propio Böhm-Bawerk reconocía la influencia del trabajo en la determinación del precio; pues, dado que la desutilidad subjetiva de una tarea determina la oferta de trabajadores, esta oferta en última instancia determinará la productividad marginal de los mismos y su retribución. Para aplicaciones modernas del Principio de Costo, véase Kevin Carson.

[4]: Esto no significa que las ideas de Proudhon o Tucker al respecto se hayan descartado; únicamente significa que la importancia de estos monopolios ha menguado en relación a otras formas de intervención estatal.

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23 Responses to Historia del análisis mutualista: de Thomas Hodgskin a Kevin Carson

  1. Kunster says:

    Vaya, me ha gustado el artículo 🙂
    Varias cosas:

    *No conocía los flirteos del mutualismo con la democracia federal. ¿Es porque Pi i Margall tradujo a Proudhon?

    *¿Hasta qué punto tuvo relevancia el mutualismo y el círculo de Liberty en el movimiento obrero?

    *Yo creo que el ‘monopolio del dinero’ debería ser más importante ahora que en el siglo XIX. Entonces el sistema bancario era *relativamente* libre, hoy día está totalmente controlado por el estado y fundar un banco es prácticamente un delito en casi todos los países “civilizados”.

    *Te has comido la llamada de la nota [2] 😛

  2. Aukeran says:

    Buen post. ¿Que puedes comentar de las ideas eugenésicas de Swartz? ¿El mutualismo comparte las ideas que tiene Rothard de los derechos infantiles? No lo tomes como un ataque.

  3. Kunster says:

    Por no hablar de las opiniones de Tucker sobre los derechos de los niños…

  4. m. mortera says:

    Interesante pots sobre el futuro del mutualismo, mucho exito.

  5. raskolhnikov says:

    Ser eugenésico a principios del siglo XX era perfectamente normal. Y entre anarquistas (de todas las tendencias) también.

  6. Victor L. says:

    @ Kunster:

    Muchas gracias, se echaban de menos tus comentarios por aquí. 😉

    Lo del “flirteo con la democracia federal” es, en primer lugar, por el propio Proudhon: en ocasiones estuvo bastante cerca de una especie de “minarquismo federal” y, como mínimo, consideró que disolver los grandes Estados-nación en unidades cada vez menores era un paso importante a la hora de acabar con el Estado en sí. Muchos mutualistas de la época compartían esta idea, y el propio Pi i Margall, además de traducir a Proudhon, simpatizaba bastante con aquello de “reemplazar el gobierno por el contrato”.

    Sobre la relevancia del mutualismo norteamericano en el mundo obrero (también existía un buen artículo en inglés sobre el mutualismo europeo, pero ahora no lo encuentro):

    http://www.mutualismo.org/2009/04/especial-1-de-mayo-los-mutualistas-y-el-movimiento-obrero/

    Una de mis tareas pendientes es hacer una historia del movimiento mutualista, pero todavía tengo muy poca información para escribir al respecto. No es lo mismo que escribir sobre la historia del análisis mutualista, que después de leer a los teóricos sale prácticamente sola.

    Respecto a la banca, no estoy seguro de que en la actualidad el monopolio sea más férreo que en el siglo XIX; entonces también existían restricciones muy duras. Lo que sí es cierto es que las expansiones crediticias han sido mucho más importantes a lo largo del siglo XX, y ya no es tan evidente que liberar la banca vaya a reducir el interés automáticamente (probablemente a corto plazo lo aumente, aunque la afluencia continuada de capitales consiga reducirlo a largo plazo). De todos modos, solo trataba de exponer una situación de hecho: leyendo a Carson uno se da cuenta de que el monopolio bancario tiene un peso mucho menor en su sistema que en el de Proudhon o Tucker. Y cuando lo tiene, su papel es el de restringir organizaciones descentralizadas más que el de aumentar el tipo de interés.

    Gracias por lo de la nota, ya está correjido.

    @ Aukeran:

    Si te soy sincero, solo conocía ese aspecto de Swartz por referencias aisladas en algún blog, pero nunca lo leí directamente de él, ¿tienes algún enlace?

    La opinión de Rothbard sobre los derechos infantiles me parece uno de los puntos más flacos y convencionales, que en parte refleja las limitaciones del iusnaturalismo.

    No estoy seguro de que exista una alternativa mejor, pero es probable que, sencillamente, las compañías de seguridad y los tribunales de justicia acaben adoptando preceptos de aceptación común sobre los derechos de los niños, la edad de madurez, etc.

    @ M. Mortera:

    Muchas gracias!

  7. Alberto says:

    Me parece bien el resumen y me gusta que hayas incluido a Thomas Hodgskin.

  8. Kunster says:

    Por cierto, ¿es Hodgskin el de la imagen?

  9. Alberto says:

    Por el nombre de la imagen se diría que es Proudhon.

    Alberto

  10. Libertad Primero says:

    Hay que reconocer que esta vez Victor ha sido más sincero y ha diferenciado un poco más sus propias teorías de la historia objetiva de que las caracteríticas del mutualismo son por antonomasís su teoría del valor y tu teoría de la propiedad.

    Aunque otras imprecisiones siguen ahí, como siempre, no se indica el abandono del mutualismo que hizo Tucker, y otra vez se confunde a Spooner con un mutualista cuando sus fundamentos son otros (ley natural, propiedad de uno mismo, del suelo, etc) y ajenos al contacto con el proudhonismo. Si los anarcoindividualista norteamericanos son rescatables no es por su mutualismo heterodoxo y en algunos casos temporal sino por la argumentación liberal que hacen a favor de la anarquía.

    Además nuevamente se evade el tema del proudhonismo, una teoría que es ambigua y tiene rasgos colectivistas, inclusive el rechazo al lucro es sustentado por el antisemitismo (judío=prestamista) que no era un hecho aislado, a demás el proudhonismo a ratos parece abogar por el asistencialismo estatal, en la práctica socialdemocracia con algo de mercado libre. Si el mutualismo fue fundado por Proudhon, a cuál Proudhon se refiere, al joven colectivista ambiguo o al anciano liberal.

    Pero como decía arriba, al menos ya estás reconociendo, empezando, que hay diferencia entre tus teorías y la historia.

  11. Victor L. says:

    Original análisis, Libertad Primero. Ya hemos tenido esta discusión otras veces y no voy a reanudarla, pero yo también pienso que los mutualistas podrían increpar a los ancaps -con más razón, de hecho- con preguntas del estilo, “¿qué es eso del anarcocapitalismo? el capitalismo es imposible en ausencia de intervención estatal; lo que hay de anarco en vuestra teoría ya lo habían dicho Proudhon, Tucker y compañía mucho antes que vosotros, no sois más que un apéndice del mutualismo con tintes apologéticos”.

    Sin embargo, nosotros no tratamos de absorber a todos los que aceptan la igualdad de la libertad (o axioma de no agresión, como gustes), sino que los consideramos aliados de la causa mutualista. Muchos ancaps, especialmente del lado izquierdo, han entendido bien lo que queremos decir.

    Ahora mismo no me preocupa demasiado tu manipulación de Spooner o tus comentarios erróneos sobre Proudhon, Tucker y compañía; en este blog existe material de sobra para que los lectores (incluido tú), saquen sus propias conclusiones. En red liberal quizá tengas más éxito.

  12. Creo que poco importa los vaivenes de los personajes históricos o sus errores humanos, no podemos esperar que ellos resuelvan todas la dudas y reflexiones de sus tiempos y ademas de los nuestros.
    Si nos apegáramos estrictamente a sus razonamientos terminaríamos siendo unas ovejas dogmáticas.
    Es responsabilidad nuestra evolucionar el pensamiento, cuestionarlo y profundizarlo.
    Mi unico ideal es el libertario mas basico, “libertad universal”

  13. Libertad Primero says:

    El anarcocapitalismo no parte de un argumento de reivindicación histórica, sino de plantear las premisas correctas. Eso es más importante. Y si es que lo histórico importa el l anarcocapitalismo desciende del anarcoindividualismo no del mutualismo, y al final si los predecesores se equivocaron con sus premisas se las revisa.

    Sigues con la demagogia sobre Tucker y Spooner, asume que desconoces que Tucker abandonó el mutualismo por la teoría de “los derechos por la fuerza o por contratos”. Y que Spooner nunca habló de mutualismo y además no coincide con su doctrina, y que a él se lo cataloga sólo como anarcoindividualista. Por qué me acusas de mentiroso, ¿estás negando estos hechos históricos y el mentiroso soy yo? Espero que digas eso por ignorancia y por atrevimiento, y no intencionadamente.

    Otra cosa
    Como ya te he explicado aun no resuelves los problemas esenciales del mutualismo a la hora de defender claramente los derechos individuales. Cómo aseguras la propiedad del individuo si es prohibido ser dueño de inmuebles, cómo aseguras el libre intercambio si condenas el lucro. Y si acaso, desde la idea sin asidero, de que el mercado libre libre eliminaría el lucro, por qué entonces importa condenarlo.

    Lo mismo con esa obsesión ilógica con las corporaciones, cómo se puede dar por hecho que las corporaciones o empresas grandes no pueden exisitir en el mercado. Extrapolemos, si la unidad productiva fuera una federacuón comercial y bancaria industrial que actuara como el banco central del mutualismo ¿allí la organización a gran escala deja de ser mala?

    Que siga la demagogia en mutualismo.org, que lo saben hacer muy bien

  14. Victor L. says:

    Me quedo a cuadros, ¿de dónde sacas que los derechos por la fuerza o por contrato son incompatibles con el mutualismo? La primera es una postura sobre el origen del derecho; la segunda sobre la economía y la sociedad. Yo mismo suscribo ambas, y Tucker las combinaba en sus escritos con toda naturalidad. No sé dónde está el abandono.

    Jamás he dicho que Spooner fuese mutualista en sentido estricto, pero sí se oponía al trabajo asalariado, favorecía el autoempleo y creía en el principio de costo (especialmente en la banca). Eso le hace más mutualista que anarcocapitalista, pero en cualquier caso no he afirmado tal cosa. En el texto lo menciono como miembro del círculo de Tucker y como simpatizante de sus ideas, nada más.

    Por último, decir que el anarcocapitalismo desciende del anarcoindividualismo, obviando que este último basa sus ideas contractuales de Proudhon, es absurdo.

  15. Libertad Primero says:

    Absurdo decir que no se abandona el mutualismo si el principio de los derechos es otro. Si el derecho es contractualista, por ejemplo, cualquier contrato libre es válido, y es la base de la convivencia, aleándose de que el “costo”, la “tierra” y todo el bagaje mutualista sea un principio.

    Absurdo decir que el anarcoindividualismo basa sus ideas en Proudhon (!)

  16. Victor L. says:

    No encuentro dónde está el absurdo. Que los derechos nacen de la fuerza y la convicción (la violencia y el contrato) es una cuestión de hecho, no un juicio de valor. Aspirar a una sociedad donde el trabajo reciba su producto completo sí es un juicio de valor, o un deseo.

    Desde luego, el anarcoindividualismo bebe de Proudhon y Warren, y las ideas contractuales de Tucker y Spooner provienen principalmente del primero. No encuentro dónde está el absurdo. Es algo que percibe cualquiera que revise la literatura sobre el tema.

  17. Libertad Primero says:

    A ver, sobre los derechos contractuales como origen de la legitimidad (que ese es el argumento, de legimidad “individualista”, no antropológico), significa que la propiedad de la tierra es un contrato, y el valor es un contrato, no hay compatiblidad posible con el argumento del legitimidad mutualista (de mutuo, valor igual)

    Cualquiera que haya profundizado el tema sabrá que estás fusionando equivocandamente una relación parcial con Proudhon que sólo se dió cuando el anarcoindividualismo originario de norteamerica ya había tomado alguna forma. Pero ni fue en un inicio, ni fue total, ni fue con todos. Las ideas de Spooner están más emparentadas con Warren, Paine, Thoreau, Spencer o Jefferson que con Proudhon.

  18. Victor L. says:

    Em, no. El concepto de legitimidad de Tucker proviene de Stirner, que trata de desnudar la tradición filosófica anterior y colocar todas las abstracciones en el lugar que les corresponde. No existe ningún concepto de “legitimidad individualista” en Tucker que vaya más allá del “right of might”, el derecho del poder (que sería un tipo de lo que tú llamas “legitimidad antropológica”).

    A partir de eso, Tucker (y la gran mayoría de anarcoindividualistas, que solo difieren en matices sobre temas económicos) deduce que la sociedad sería más próspera si todos respetasen unas reglas donde cada cual tuviese la misma libertad que su prójimo (“equal liberty”). Pero los derechos que esas reglas conceden son subjetivos y restringidos en el espacio y el tiempo.

    De ahí el mutualismo extrae que sería favorable a los intereses individuales y colectivos (uno de sus rasgos diferenciadores frente al resto de socialismos: no trata de sacrificar el interés individual) eliminar la intervención del Estado, que no solo es ineficiente a la hora de cumplir sus funciones defensivas sino que lastra la economía de privilegios y monopolios. Eso significa que la reciprocidad (es decir, la recompensa del trabajo de acuerdo con su desutilidad marginal) solo necesita de la libertad de mercado: libertad bancaria, libertad de ideas, libertad de tierra y libertad de aranceles, entre otras cosas. Eso es lo que significa mutualismo, mutualidad, reciprocidad en el cambio.

    Si lees el propio artículo sobre el que estás comentando, verás que no niego la influencia del liberalismo radical en los anarcoindividualismo: antes al contrario, lo resalto como una de sus principales aportaciones al mutualismo. Como decía Tucker, los anarquistas son “demócratas jeffersonianos hasta sus últimas consecuencias y sin miedo de estas”. Pero eso no niega en absoluto que la influencia de Proudhon (o de Warren; sus ideas iniciales eran muy similares, y así lo reconocía el propio Tucker) fuese compatible y asimilable a las distintas influencias. De hecho, existen muchas similitudes entre el ideario de Jefferson y Paine (incluido el recelo frente al monopolio de la tierra y bancario) y el de Proudhon.

    Thoreau y Spencer eran más bien contemporáneos, y no niego que especialmente este último influyó en los anarcoindividualistas (se aprecia incluso en el lenguaje). Hasta cierto punto, se podría comparar su influencia en los mutualistas norteamericanos con la influencia de Marx en los anarcocomunistas europeos, salvando las distancias.

    Pero lo esencial de Proudhon, su influencia crucial, fue exponer claramente que era necesario disolver el Estado en el organismo económico, y reemplazar las relaciones de gobierno por las de contrato. El propio Warren no salió de cierto utopismo en comparación con él.

  19. Libertad Primero says:

    No querìa convertir esta en una discusión sobre historia, sino sobre la veracidad de una u otra tesis.

    Pero contesto superficialmente:
    1. A mi parecer confundes dos etapas distintas de Tucker, primero la individualista a secas, luego la mutualista (adaptada, o “reformada” como se dice en la teología) que ocupa el periódo más destacadoy luego la ruptura stirnerita.

    2. Las ideas de Warren y Proudhon se parecen en la teoría del valor, no en la teoría de la propiedad (Warren acepta la propiedad en el sentido moderno, sin mayor variación) ni en el proyecto social (Warren apuesta por comunidades totalmente privatizadas, Proudhon por federaciones industriales semi-colectivizadas).

    3. Quizás nos hayamos ante un problema semántico de precisión, de que se denominan “mutualismo” tanto al proudhonismo, al individualismo tuckerita, y a la teoría carsoniana con 100 años de diferencia. Y las tres tienen componentes más o menos variables sobre el gobierno industrial que es parte del proudhonismo o el rol de la tierra (que es más enfático en la versión tuckerita), y la teoría del valor que cambia en la versión carsoniana (y que en ocasiones estoy tentado a considerar una versión apócrifa en tanto usa la misma etiqueta que las dos versiones históricas). — Si a eso le sumamos que el mutualismo es el nombre que adopta un sector del cooperativismo de seguros que no tiene ninguna teorìa sobre el valor, o sobre la tierra o sobre la organización legal de la sociedad y que no guarda relación con ideas anarquistas o revolucionarias sino inclusive con agrupaciones religiosas o consorcios bancarios.

    4. Creo que a pesar de mi crítica a la flaqueza doctrinal del neo-mutualismo, quiero que quede calro que esta va separa a mi intento de dar una coherencia al relato histórico de sus fuentes. Espero esto sirva a parte y parte para dar un vistazo histórico.

  20. Libertad Primero says:

    Al final no fue tan superficial!!! Saludos

  21. Alberto says:

    Este texto está bien, intenta explicar los cambios que han tenido palabras como capitalismo y socialismo.

    Es el típico texto de síntesis de izquierda libertaria estadounidense.

  22. Francisco says:

    Tucker nunca abandonó el mutualismo, lo que abandonó fue el iusnaturalismo en favor del egoismo.

  23. AIA3 says:

    No he tenido la oportunidad de leer a Carson, espero que traduzcan sus libros. He visto que se citan a Economistas tan relevantes como Bohm Bawerk y Ludwig von Mises que sin embargo sus planteamiento económicos distan mucho del de los mutualistas, estos defienden la teoría del valor-trabajo y aquellos la del valor subjetivo. ¿Cual es la posición del mutualismo moderno?

    Un saludo!

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