“El futuro del Dinero” por Bernard Lietaer (part I)

Nov 15 • Mutualismo • 10853 Views • No Comments on “El futuro del Dinero” por Bernard Lietaer (part I)

Fragmento del cap 9:

Una Moneda Mundial de Referencia para un Mundo Sostenible (Part I)

Relación entre los sistemas monetarios, la percepción del tiempo y la sustentabilidad

Ni los especialistas en finanzas ni los ecologistas encuentran nexo alguno entre el sistema monetario y la sustentabilidad. A continuación demostraremos que se equivocan.

Las tasas de interés crean una tendencia intrínseca a no tener en cuenta el futuro, a mirar el mundo con miopía financiera. Y cuanto mas alta es la tasa de interés, mas predomina esta tendencia.

Nuestro sistema monetario actual, las tasas de interés se entretejen profundamente con el proceso de creación del dinero. Para comprender la relación entre las tasas de interés y la percepción del tiempo, debemos seguir los tres pasos siguientes:

Entender el modo en que las decisiones sobre la asignación del capital por lo general se realizan mediante el método de “flujo de fondos descontado” o “descuento sobre flujo de fondos futuros”;

La forma en que dicho descuento de fondos a futuro constituye una de las causas subyacentes decisivas que crea un conflicto directo entre los criterios financieros y la sustentabilidad ecológica en nuestro sistema monetario, y

· La manera en que esta técnica de descuento de flujo de fondos esta directamente afectada por la tasa de interés de la moneda utilizada en los análisis de los flujos de fondos.

Descuentos del flujo de fondos = Descuentos del futuro

Por lo general, el método del descuento sobre el flujo de fondos se utiliza para tomar decisiones financieras acerca de si conviene invertir en un proyecto dado, o para comparar diferentes proyectos entre si. Cualquier manual sobre finanzas los describe exhaustivamente.

Para comprenderlo, recurramos aun ejemplo simple. Supongamos que un proyecto determinado requiere una inversión actual de 1000 dólares, y que el primer día de cada año, durante 15 años ininterrumpidos, producirá una ganancia neta de 100 dólares. Supongamos también que en ese periodo no hay inflación. En la Fig. 1.1 mostramos como seria la curva correspondiente al flujo real de fondos en ese proyecto: arranca en -1000, cuando se produce el desembolso de efectivo, y en cada uno de los 15 años siguientes tenemos 100 dólares del lado positivo.

Sin embargo los analistas financieros comprenderán el mismo proyecto de otra manera ( fig. 1.2 )

Mantendrán los -1000 dólares en el año 0, pero, suponiendo que la tasa de interés sea exactamente de un 10% anual durante todo el proyecto, el ingreso de 100 dólares del primer año tendrá un valor de solo 91 dólares ( todos los valores se redondearon con fines ilustrativos, ya que la presencia de muchos decimales no modificaría nuestra argumentación ).

Todos sabemos que el dinero valdrá menos en el futuro de lo que vale hoy. Su valor se reducirá, fundamentalmente, de acuerdo con la “tasa de descuento” que se aplique al proyecto. Nuestro analista sabe que en el presente puede depositar 91 dólares en el banco con una tasa de rendimiento libre de riesgo del 10% y obtener de manera automática 100 dólares un año después del momento en que deposita.

Por lo tanto, los 100 dólares obtenidos después de un año serán idénticos a los 91 depositados hoy. Siguiendo el mismo razonamiento, los 100 dólares que se obtendrán luego de dos años valdrán solo 83 dólares, a los tres años, 75 dólares, y así sucesivamente. A los diez años de haberse efectuado el deposito, los 100 dólares en efectivo iniciales solo representaran 39 dólares, y a los quince años, unos míseros 24 dólares.

Entonces, lo que parecía una inversión muy razonable, que permitiría obtener 1500 dólares a partir de 1000 (fig. 1.2 ), vista con una perspectiva mayor hacia el futuro que la que ofrece la miopía financiera actual del analista financiero resulta un proyecto mediocre.

Si continuamos con este proyecto durante un siglo, los últimos 100 dólares terminaran valiendo solo 7 centavos. Si lo prolongamos un siglo mas , su valor equivaldrá a algunos céntimos de centavo. No es de extrañar que en nuestras sociedades no pensemos en los efectos que tendrán nuestras decisiones dentro de siete generaciones. Ello nos exigiría tener en cuenta lo que pasara dentro de dos siglos.

La perspectiva del analista financiero – su miopía con la que hace sus análisis- no tiene en si misma nada de malo. Solo aplica una lógica puramente financiera a una moneda que devenga una tasa de interés positivo.

Visión de corto plazo versus sustentabilidad

Como este mismo razonamiento es valido para todas las inversiones financieras, genera en el ámbito colectivo la conocida presión del sistema financiero para obtener rendimientos a corto plazo a expensas de cualquier consideración de largo plazo, incluida la sustentabilidad.

Cuando el gerente de una empresa se queja de que las presiones financieras lo obligan a tomar en cuenta solo los resultados del trimestre siguiente, es victima de la miopía financiera imperante en el sistema actual.

Cuando los chinos afirman que no pueden sostener económicamente tecnologías para la producción de energía mas pura, en realidad quieren decir que los costos de las consecuencias económicas futuras descontadas en el momento presente son insignificantes comparadas con el ahorro inmediato que posibilitan las tecnologías “sucias” que planean utilizar. Cuando un propietario decide que es muy costoso instalar paneles solares para el calentamiento del agua en su hogar, tácitamente considera que el costo a largo plazo del suministro de electricidad o gas proveniente de la red nacional descontando hasta el presente es menor que el desembolso de capital requerido para iniciar la instalación. Cuando construimos una casa de bajo costo sin un sistema de aislamiento apropiado, en realidad lo que hacemos es balancear los mayores costos futuros de calefacción descontados hasta el presente y los mayores costos de construcción.

Relación con las tasas de interés

En la explicación anterior sobre la técnica de descuento de flujo de fondos, supusimos que la tasa de descuento utilizada era idéntica a la tasa de interés monetaria. En realidad, la tasa de actualización que debería utilizarse es el “costo de capital del proyecto”. Sin meternos demasiado con los aspectos técnicos, digamos que este costo de capital tiene, no uno, sino tres componentes:

la tasa de interés de la moneda utilizada;

el costo del capital de accionistas, y

un índice de ajuste que refleja la incertidumbre existente acerca del flujo de fondos del proyecto mismo.

El tercer componente depende solo del proyecto y no se ve afectado por la moneda que se emplee. Cualquiera sea el sistema monetario, el ajuste se mantendrá idéntico, y no lo tendremos en cuenta a los fines de nuestro análisis.

En cambio, los primeros dos componentes sufren los efectos directos del sistema monetario vigente.

Aquí radica la causa primera de la proverbial “miopía” de los mercados financieros, que obliga a las empresas a tomar decisiones que saben que a largo plazo dañaran a la sociedad e incluso a ellas mismas.

Si el director ejecutivo de una empresa se inclina a pensar desde un punto de vista social o ecológico mediato seria despedido, ya sea por su propia junta directiva o, de ser necesario, por una nueva luego de que los “desguezadores” o “adquirientes hostiles” de la empresa asuman el poder. “Una variedad especial de inversiones, los desguezaderos de empresa que cotiza en la bolsa y cuyo valor de desguace es superior al precio de mercado de las acciones en ese momento. A veces, son empresas que atraviesan situaciones problemáticas, pero mas frecuentemente las victimas son empresas bien administradas y de sólida posición fiscal, que cumplen con sus obligaciones legales y miran hacia el futuro. Es probable que tengan reservas considerables de efectivo como respaldo en caso de una debacle económica, así como recursos naturales que administran sobre la base de un rendimiento sustentable.

Después de la venta por “depredación”, o “adquisición hostil”, las políticas de la empresa se modifican para obtener beneficios a corto plazo e, irónicamente, pagar los intereses de los enormes prestamos que debieron contraer para efectuar dicha adquisición hostil. El saldo: una empresa mas comienza a sufrir de “miopía financiera”.

En resumen, bajo el sistema monetario existente, planificar a largo plazo no solo da menos beneficios, sino que recibe un severo castigo.No obstante, es posible diseñar un sistema monetario que reduzca en forma notoria el costo del capital mediante la reducción simultanea de las tasas de interés y el costo de los activos líquidos. Comprobaremos de que modo este proceso realinea los interés económicos con los objetivos de alcanzar la sustentabilidad a largo plazo.

¿anteojos para ver de lejos?

¿Qué sucede cuando inviertes sin querer unos binoculares a través de los cuales pretendías mirar? De pronto, en lugar de ver los objetos mas cercanos de lo que están, todo lo ves mas lejos.

En nuestra metáfora anterior, las tasas de interés positivas eran aspecto del sistema monetario que creaba una miopía financiera generalizada y restaba importancia al futuro. Cuando mas alta son las tasas de interés, mas fuerte es la miopía. En otras palabras, el resultado de las tasas de interés positivas es similar a lo que sucede cuando utilizamos mal los binoculares.

¿Qué pasaría si invirtiéramos los anteojos del analista financiero? La tasa de oxidación, interés negativo, o sobrestadía fue un invento de Silvio Gesell (1863-1930), y mas tarde, en la década de 1930, se la utilizo como un mecanismo que permitía evitar la acumulación de los billetes con estampillas que habían reemplazado a la moneda oficial. La premisa inicial de Gesell consistía en que el dinero es un servicio publico similar al que brinda el transporte en autobús, y que si uno quiere atesorar ese servicio, debe cobrársele un pequeño impuesto por el tiempo en que lo haga. El concepto de sobrestadía o oxidación proviene del ámbito ferroviario: en el pasado, si un cliente dejaba un vagón completo sin descargar dentro de sus propiedades, o en un deposito fiscal, se le cobraba un arancel por la “sobrestadía” del vagón. Lo mismo sucede actualmente con el alquiler de contenedores.

Desde una perspectiva financiera, el cobro de sobrestadía u oxidación sobre el dinero equivale matemáticamente a establecer una tasa de interés negativa. Por motivos que pronto se aclararan, denominare a este cobro, relacionado con el tiempo, “tasa de sustentabilidad”. Ahora bien, ¿Qué efectos produciría este arancel o cargo de sobrestadía a los ojos de nuestro analista financiero?

De pronto, vería que el proyecto descrito en la figura 1.2 se asemeja al de la Fig. 1.3.

Esto no solo se debe a una aplicación mecánica de las ecuaciones de descuento de flujo de fondos. Aun si a primera vista parece extraño y contradictorio con nuestra manera de utilizar las monedas normales, desde el punto de vista financiero cobra prefecto sentido.

Supongamos que yo le ofrezco a alguien 100 unidades de una moneda a prueba de inflación sobre la que se cobra una tasa de sustentabilidad, y le doy a elegir entre dárselas hoy o de aquí a un año. Si ese individuo no necesita el dinero para consumo inmediato y tiene garantías acerca de mi solvencia en el transcurso del año próximo, lógicamente preferirá recibir el dinero de aquí a un año. El motivo es que en tal caso no tendrá que pagar la tasa de sustentabilidad correspondiente a ese periodo. En términos técnicos, las 100 unidades, actualizadas a su valor presente, valdrán mas dentro de un año que si se las recibe ahora. Su valor será exactamente 100 mas los aranceles de sustentabilidad de todo el año.

Cuando se utilizan monedas sobre las que se cobra una tasa de sustentabilidad, el futuro adquiere mas valor con el tiempo. Esto es exactamente lo contrario de lo que ocurre con nuestras monedas normales de tasa de interés positiva. Resta abordar dos problemas fundamentales:

¿Cómo podría implementarse esta idea? ¿Quién tomaría la iniciativa de crear en el futuro inmediato este nuevo tipo de sistema de moneda global?

¿Es solidó un sistema monetario tan poco ortodoxo como este? ¿Qué consecuencias económicas tendría?.

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