Monthly Archives: March 2011

Corporatocracia vs democracia

Una nota que empieza con una sugerente cita:

¿Qué son las corporaciones que controlan los EE UU sino una «Unión Soviética de América»?

Julian Assange

Leído en Las claves secretas de Julian Assange.

No es que lo haya dicho ahora, aunque no se deja del todo claro el origen en el artículo es probable que eso fuera escrito en un blog que Julian Assange tenía hace unos años.

A este respecto resulta evocadora una escena de la película Network de 1976 (atención a la fecha):

[Haz doble click para poder verlo]

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=VlG4aEihX2c[/youtube]

Hacía tiempo que quería mostrar esa escena en el blog como en el pasado Víctor mostró una escena de la película Un rey en Nueva York de 1957, pero no sabía como y creo que esa cita de Julian Assange sirve como una buena introducción.

Como vemos la idea de la corporatocracia que domina al Estado nacional no es nueva. Impresionante esa película por lo visionaria, si tenemos en cuenta que en 1976 aún no se había puesto de moda hablar de temas recurrentes a partir de la década de 1990 como la globalización y el gran poder de las empresas multinacionales y su influencia sobre los gobiernos.

¿A quién favorece el socialismo posmoderno?

Quarto Stato

Me entero por el foro de Burbuja.info de que Suiza votará una iniciativa popular para limitar el sueldo de los directivos de las empresas:

En algunas empresas suizas, los altos ejecutivos pueden llegar a cobrar 73 veces más que el trabajador de nómina más baja. Para poder poner fin a “esa diferencia salarial indedecente”, los helvéticos tendrán la oportunidad de votar una iniciativa popular para limitar el salario de los directivos.

La propuesta, realizada por las Juventudes del Partido Socialista, pretende que los altos ejecutivos no cobren en un mes lo mismo que algunos de sus empleados en un año, es decir, que su sueldo anual no sea 12 veces superior. La iniciativa, que lleva por nombre “1:12, por unos salarios justos”, llegará a las urnas gracias a las firmas de los 130.000 ciudadanos que han pedido la celebración de una votación popular vinculante. Las excepciones se referirán a los aprendices y a los empleados con contrato temporal o a tiempo parcial. Los suizos están entre los ciudadanos del mundo que más dinero ganan.

En un principio el socialismo era el cuerpo de teorías que tenían muy claro que la forma de lograr mejoras sociales para los trabajadores era que éstos fuesen los dueños de los medios de producción. Llamémosle el socialismo clásico. Luego el reformismo y el parlamentarismo consiguieron cambiar el objetivo y así el socialismo se transformó y pasó a ser el grupo de ideas que defendían la intervención parlamentaria y democrática para lograr mejoras laborales para la clase trabajadora. Jornadas de ocho horas, leyes de salario mínimo, seguro social, etc. Ese tipo de cosas. La mejora social ya no era que necesariamente los trabajadores fueran los dueños de los medios de producción, o no al menos a corto plazo, sino hacer del capitalismo un sistema “más humano”. El socialismo clásico pasó a ser el socialismo moderno, digamos. Y ahora parece ser que se quiere hacer evolucionar hacia una teoría posmoderna del jugar a llamar la atención y no hacer nada en el fondo pero dejar de hacer muchas cosas en favor de los trabajadores.

El socialismo posmoderno ya no busca la autogestión obrera. Ni a corto ni a largo plazo. El socialismo posmoderno ya no busca favorecer a los trabajadores a través de la actividad parlamentaria. El socialismo posmoderno lo que siente es envidia y frustración y como consecuencia de ello se ha vuelto reaccionario y profundamente autoritario: igualdad de sexos por decreto, espacios libres de humos por decreto, salario mínimo por decreto, salario máximo por decreto…

¿A quién favorece todo esto? ¿A quien favorece que haya unos socialistas que ya no aspiren a la autogestión obrera ni a defender los intereses de los trabajadores sino a promover medidas que aunque muy emocionales no dejan de ser simbólicas? Que los jefes ganen menos no implica que los empleados vayan a ganar más, sino que los accionistas tendrán más beneficios a repartir, posiblemente. Repito, ¿a quién favorece realmente todo esto? ¿A quién favorece realmente el socialismo posmoderno por todo lo que ha dejado de hacer el socialismo?

Las empresas son hoy más pequeñas que en 1970

En este blog hemos hablado en diversas ocasiones sobre experiencias de producción descentralizada (intra e inter-empresa) como 3M, Taco Bell, Prato, MARVV, Semco, Linux o Elance, y todavía podríamos ampliar la lista para incluir a Whole Foods, Google, Gore o Volvo, entre otras. En algunos casos, la causa de estas experiencias es principalmente tecnológica (como en Linux, Elance y Google), vinculada con la “revolución de Internet”; en otros casos, la causa debe más a cuestiones circunstanciales, como en Taco Bell, donde la escasez de ejecutivos forzó a la dirección a otorgar más poder a sus trabajadores. No obstante, todavía existe una buena cantidad de empresas más o menos descentralizadas que son difíciles de encuadrar en alguna de las dos explicaciones anteriores.

Como mutualista intuía que la causa general estaba en las tenues liberalizaciones implantadas entre 1970 y 2000 (la época de nacimiento de la gran mayoría de estas experiencias), que habrían dado como resultado mercados más dinámicos donde la innovación constante y la flexibilidad cobrarían una mayor relevancia y donde, por lo tanto, los costes de las jerarquías corporativas serían mucho más evidentes. No obstante, hasta ahora no había encontrado ningún estudio que corroborase esta opinión y demostrara que, de hecho, las empresas son hoy más pequeñas que en 1970. Por suerte, en su manual de Microeconomía Joseph E. Stiglitz comenta unos datos extraídos del Economic Report of the President (1991):

Durante las últimas décadas, la importancia de las 500 mayores empresas de la revista Fortune ha venido disminuyendo en relación con el crecimiento del resto de la economía. La presión de la competencia está devorando incluso a las mayores empresas, mientras que van cobrando importancia las pequeñas y medianas empresas. Por ejemplo, en 1970 las 500 mayores empresas de Fortune empleaban un total de 14,6 millones de trabajadores, lo que quiere decir que un trabajador de cada cinco (20%) trabajaba en una de esas 500 empresas. Sin embargo, en 1990 empleaban 12,4 millones solamente, lo que representa una reducción del 15% desde 1970. Dado que durante ese período el empleo aumento en el resto de la economía, la proporción del empleo total correspondiente a las 500 mayores empresas de Fortune cayó hasta apenas el 11,7%, es decir, únicamente alrededor de una persona de cada diez trabajaba para una de las 500 mayores empresas.

Y prosigue:

Las cifras de ventas muestran una tendencia parecida. Entre 1970 y 1990, las ventas registradas por las 500 mayores empresas de Fortune aumentaron un 59%, en términos reales. Sin embargo, la economía en su conjunto creció en ese período un 72%, es decir, las 500 mayores empresas de Fortune se quedaron muy rezagadas.

Riesgos atómicos

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Haciendo gala del espírtu de vigilancia que mencionaba Paco Cerbán, paso a hacer crítica, creo que constructiva, de una nota publicada por el Partido de la Libertad Individual de España ante los sucesos acaecidos en Japón tras el terremoto y posterior maremoto.

Menciona el P-Lib en su página oficial:

Los sucesos de la central de Fukushima-Daiichi no ponen en entredicho la seguridad de la producción nuclear de energía en el mundo actual. Al contrario, si algo está demostrando la crisis japonesa es la robustez de los sistemas de seguridad de las centrales nucleares actuales y de los protocolos internacionales de supervisión y de actuación frente a situaciones como la actual. Ni siquiera uno de los peores terremotos de la historia ha provocado el holocausto nuclear que vaticinaban los críticos de esta forma de producción energética, en un país situado sobre la falla más activa del planeta y lleno de centrales nucleares. Sólo once de las casi sesenta centrales japonesas han tenido que realizar paradas de seguridad.

El tema no es que las centrales nucleares sean algo más seguro estadísticamente que otras muchas cosas, la cuestión es que éstas a diferencia de esas otras muchas cosas, tienen posibilidades de incurrir en accidentes catastróficos.

En la prevención y gestión de riesgos no se puede valorar únicamente la probabilidad de accidente de una determinada actividad, sino también hay que valorar en gran medida la probabilidad de accidente catastrófico. Habrá actividades que estadísticamente tengan más accidentes que otras y que incluso generen más muertes, pero posiblemente no tienen capacidad de generar accidentes catastróficos, lo que hace que se hable de ellas como “más seguras” que otras actividades que a pesar de tener estadísticamente menos accidentes, puedan incurrir en accidentes catastróficos y por ello se las etiquete como “más inseguras” o “más peligrosas”.

Por ejemplo es lo que pasa con los coches y los aviones. Los accidentes de automóviles son muchísimo más numerosos que los accidentes que ocurren en la aviación y cada año se producen en total más muertos por los primeros. Sin embargo difícilmente un accidente de coche en una carretera o en una ciudad pueda ser tan catastrófico como para aniquilar a un gran número de personas a la vez, sin embargo un avión que tenga un problema en pleno vuelo y caiga sobre una zona muy poblada podría hacer estragos. Es por esto, el riesgo de probabilidad de accidente catastrófico, el que en los aviones se tomen y se exigen medidas de seguridad más fuertes que en los automóviles, aunque estadísticamente haya más accidentes y muertes en la carretera que aviones que se estrellen.

Hay otro pero. El artículo del P-Lib menciona que el modelo de negocio de las energías renovables no es económicamente sostenible y se basa en las subvenciones:

Frente a una energía nuclear limpia, económica y segura, el lobby antinuclear trabaja por la continuidad de los combustibles fósiles, altamente contaminantes y generadores de indeseables relaciones de dependencia geopolítica que favorecen a algunos de los regímenes más liberticidas del planeta, así como por el inmenso negocio de las llamadas energías renovables, negocio que en general no se basa en la producción energética sino en las subvenciones con cargo al bolsillo de los contribuyentes.

Sin que tenga que ser incierta esa afirmación, no es comprensible que sea precisamente el argumento de las subvenciones el que se use para defender las nucleares, puesto que el modelo de la energía atómica tiene que estar necesariamente más subvencionado que ningún otro sistema, por la cuestión de la gestión de residuos radioactivos. Es imposible pensar que una empresa que tenga que interiorizar el coste de guardar durante cientos de años los residuos que se producen en la fisión nuclear, pueda rentabilizar económicamente la actividad. Los precios con los que tendría que competir en el mercado serían astronómicos. Es la intervención del Estado en apoyo a la energía atómica al gestionar los costes derivados de la actividad (el Estado español ha llegado a pagar 60.000 euros diarios al Estado francés para que se guarden temporalmente en territorio de ese país residuos de la antigua central de Vandellós I) lo que hace que se puedan bajar los precios y situarlos en la línea de otros sistemas energéticos.

La energía atómica solo puede llegar a considerarse económicamente sostenible en el caso de que se externalice en el Estado la gestión indefinida de los residuos radioactivos. Como se dice en este artículo, puede ser cierto que mientras tengan centrales en funcionamiento las empresas doten un fondo para financiar el desmantelamiento y la gestión de residuos, pagando cuotas a una empresa estatal dedicada a estos fines, pero lo que ya no dice el artículo, aunque sí lo comenta alguien en los comentarios, es que el sistema es viable porque es el Estado el que de forma indefinida colectiviza los gastos de la gestión de residuos, las empresas así no tienen que seguir pagando por ello cuando dejan de operar con una central y por eso su actividad económica es rentable.

Es además una posición poco afortunada señalar que la oposición a la energía atómica tiene asociado el apoyo a la energía derivada de los combustibles fósiles. Esto es poco menos que sugerir que por ejemplo los ecologistas son unos “tontos útiles” de las compañías petroleras, a la par que también implica ignorar cuan grande es la dependencia de la sociedad actual (para el proceso de transformación de energía atómica también, pues por ejemplo las centrales nucleares se construyen con máquinas que funcionan con gasolina) de los combustibles fósiles.

Bien, y entonces, ¿cuál es la alternativa que se puede plantear desde el anarquismo? Pues, sin ser científico o experto en temas energéticos como para hablar al respecto con propiedad, mucho me temo que no hay una alternativa clara a día de hoy compatible con el anarquismo para el tema de la energía en una sociedad como la actual. Cualquier método que busquemos para abastencernos de energía y sostener el mundo industrial tal como lo conocemos hoy en día, se ha de basar necesariamente en las subvenciones del Estado y su intervención. No creo que pueda haber ningún sistema que, ahora mismo, pudiera ser sostenible por sí solo sin la ayuda de los estados. Nuestra única “esperanza”, siempre asumiendo que se desee seguir con el actual ritmo de crecimiento económico, es pensar en que se encuentre en los próximos años alguna fuente de energía que sea rentable, viable y segura, que pueda sustituir a los combustibles fósiles y haga innecesaria la participación de los estados en las políticas energéticas. Otra alternativa es pensar en ahorrar energía, intentando hacer sistemas más eficientes que gasten menos combustibles o electricidad.

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Mientras tanto, y eligiendo entre los diferentes métodos, personalmente considero que la opción más cercana a las ideas libertarias quizás podrían ser las renovables, por ser, al menos en principio y frente a igualdad de necesidad de subvenciones como los otros métodos, de las opciones que menos externalidades negativas podrían producir.

El día de la mujer trabajadora

Esta reflexión no va sobre el mutualismo. Ni sobre el anarquismo. Ni falta que hace. Hoy se celebra el día de la mujer trabajadora. No es que sea un fan de estos días, pero aprovecho que mucha gente lo tiene en mente para hacer una pequeña reflexión. No citaré a mujeres famosas por su lucha, no hablaré de Emma Goldman o Simone de Beauvoir.

Se habla mucho últimamente del resurgimiento de la mujer de nuestra sociedad, de cómo poco a poco empieza a cobrar el papel que se merece, de la discriminación positiva, del feminismo institucional, de tropecientas cosas más. Sobre todo se habla de la igualdad entre el hombre y la mujer.

Los hombres y las mujeres no somos iguales. No somos ni mejores ni peores, los unos o los otros. Somos diferentes. Nada más. Y hay que entender eso. Creo que es importante notar esta diferencia para dar un paso adelante, para no quedarnos estancados. Hoy no debe ser un día que nos pongamos un lacito en la chaqueta o uno en el que salgamos con pancartas a la calle a quejarnos. Creo que es un día para los hombres. Es un día para vencer el miedo y la cobardía, dos jinetes domados por la ignorancia. Y esa lucha no se vence con una pose. Hay que mirarse a uno mismo y ver lo que hay.

Pero sobre todo hay que sentarse y escuchar. Cuando hoy tengamos la oportunidad de estar con una mujer hemos de dejar de luchar y atender, no sólo lo que dice su boca, sino lo que dice su rostro, lo que dice ella. Escuchando comprendemos. Comprendiendo sabemos. Y derrotamos la ignorancia. La mujer es un ser maravilloso, único y es toda una experiencia ahondar en su mundo. Merece la pena llevar a cabo este trabajo. Hoy el día va a ser no sólo de la mujer si no de todo aquél que quiera dar un paso más. Hazte un favor y sé uno de ellos. Tú comienzas la revolución, tú puedes cambiar las cosas. Haz de este mundo un lugar mejor.

“Réplica” a Murray Rothbard de Kevin Carson

Murray Rothbard escribió en la década de 1950 un artículo titulado ¿Son ‘anarquistas’ los libertarios? con el pseudónimo de Aubrey Herbert y que en su momento no fue publicado, en el que cuestionaba las ideas económicas del mutualismo clásico:

Ellos [los anarquistas individualistas estadounidenses] creían que el interés y la utilidad eran explotativos, debido a una supuesta restricción artificial en la oferta de dinero. Que el Estado y sus políticas monetarias sean eliminadas, y la banca libre se establecerá, creían, y todo el mundo imprimiría tanto dinero como necesitaban, y los interese y las ganancias caerían a cero. Esta doctrina hiperinflacionista, adquirida del francés Proudhon, es una tontería económica. Debemos recordar, sin embargo, que la economía “respetable”, entonces y ahora, se ha impregnado de errores inflacionistas, y muy pocos economistas han comprendido la esencia de los fenómenos monetarios. Los inflacionistas simplemente toman el inflacionismo más gentil de la economía de moda y corajudamente lo empujan a su conclusión lógica.

La ironía de esta situación era que mientras los anarquistas individualistas insistían en sus teorías bancarias sin sentido, el orden político por el que abogaban hubiera dado lugar a resultados económicos directamente contrarios a lo que creían. Ellos pensaban que la banca libre daría lugar a la expansión indefinida de la oferta monetaria, mientras que la verdad es precisamente lo contrario: daría lugar a la “moneda fuerte” y ausencia de inflación. Las falacias económicas de la Tuckerianos, sin embargo, son de una especie completamente diferente a las de los anarquistas colectivistas. Los errores de los colectivistas les llevó a abogar por un comunismo político virtual, mientras que los errores económicos de los individualistas todavía les permitió abogar por un sistema casi libertario. Una persona superficial fácilmente podría confundir a los dos, porque los individualistas fueron llevados a atacar a los “capitalistas”, de quienes creían explotaban a los trabajadores mediante la restricción estatal de la oferta monetaria.

Kevin Carson incluyó una respuesta a estas críticas en las respuestas que envió a los comentarios que le hicieron cuando en el Instituto Mises se habló sobre su libro Estudios sobre la Economía Política Mutualista. Carson dijo en el apartado titulado “Réplica” a Murray Rothbard:

Esto no es, hablando apropiadamente, una réplica; es obvio ya que el artículo de Rothbard antecede a mi libro. Pero ya que fue elegido para caldear el ambiente de este número del simposio, e incluye algunos comentarios sobre el anarquismo individualista en general, haré varios comentarios de todas formas. En el tema de la tierra me reservo los comentarios ya que es también el eje de la reseña de Roderick Long. Simplemente observar que caracterizar la doctrina de Ingalls-Tucker como un límite en el derecho del propietario de la tierra para disponer de su “propiedad privada adquirida justamente” plantea la cuestión de cómo de justa es la propiedad adquirida justamente.

Repecto a la parte monetaria y bancaria, Rothbard cometió el error de interpretar el sistema de banca mutualista de Greene-Tucker como una forma de expansión inflacionaria de la oferta monetaria. Aunque se suele meter a la doctrina de Greene-Tucker (en una categoría más amplia de “dinero de darle a la manivela”) junto a los partidarios del crédito social, los bimetalistas, etc., es en realidad bastante diferente. Greene y Tucker no propusieron inflar la oferta monetaria, sino más bien eliminar el precio monopólico del crédito existente gracias a las barreras de entrada del Estado: concesión de licencias bancarias y unos grandes requerimientos de capitalización para las instituciones dedicadas a proporcionar solamente los préstamos garantizados. La mayoría de los libertarios están familirizados con esta crítica de las concesión de licencias profesionales como una forma de garantizar los ingresos monopólicos a los suministradores de servicios médicos, legales y de otro tipo. La concesión de licencias y los requerimientos de capitalización, permiten a los suminstradores cobrar un precio monopólico por sus servicios.

De hecho, el propio Rothbard hizo un análisis similar de la industria de los seguros de vida, en el que los requerimientos de reserva del Estado servían como barreras de entrada y por tanto se inflaba el coste de los seguros por encima de los niveles para los requerimientos puramente necesarios para operar (Rothbard 1977, p. 59).

Y la tasa de interés original de Böhm-Bawerk no fue en absoluto una respuesta completa a Greene y Tucker. Además de que el premio del monopolio se hacía posible por las leyes bancarias del Estado, más allá de la tasa de interes original, el mismo Böhm-Bawerk admitió que la preferencia temporal podría variar dependiendo de la propia seguridad económica de cada uno. Como los anarquistas individualistas afirman que la política del Estado sobre el capital provoca que se haga artificialmente inaccesible para la mano de obra e incrementa la dependencia de los trabajadores respecto a los propietarios del capital, la preferencia temporal de los trabajadores es artificialmente alta.