
Haciendo gala del espírtu de vigilancia que mencionaba Paco Cerbán, paso a hacer crítica, creo que constructiva, de una nota publicada por el Partido de la Libertad Individual de España ante los sucesos acaecidos en Japón tras el terremoto y posterior maremoto.
Menciona el P-Lib en su página oficial:
Los sucesos de la central de Fukushima-Daiichi no ponen en entredicho la seguridad de la producción nuclear de energía en el mundo actual. Al contrario, si algo está demostrando la crisis japonesa es la robustez de los sistemas de seguridad de las centrales nucleares actuales y de los protocolos internacionales de supervisión y de actuación frente a situaciones como la actual. Ni siquiera uno de los peores terremotos de la historia ha provocado el holocausto nuclear que vaticinaban los críticos de esta forma de producción energética, en un país situado sobre la falla más activa del planeta y lleno de centrales nucleares. Sólo once de las casi sesenta centrales japonesas han tenido que realizar paradas de seguridad.
El tema no es que las centrales nucleares sean algo más seguro estadísticamente que otras muchas cosas, la cuestión es que éstas a diferencia de esas otras muchas cosas, tienen posibilidades de incurrir en accidentes catastróficos.
En la prevención y gestión de riesgos no se puede valorar únicamente la probabilidad de accidente de una determinada actividad, sino también hay que valorar en gran medida la probabilidad de accidente catastrófico. Habrá actividades que estadísticamente tengan más accidentes que otras y que incluso generen más muertes, pero posiblemente no tienen capacidad de generar accidentes catastróficos, lo que hace que se hable de ellas como “más seguras” que otras actividades que a pesar de tener estadísticamente menos accidentes, puedan incurrir en accidentes catastróficos y por ello se las etiquete como “más inseguras” o “más peligrosas”.
Por ejemplo es lo que pasa con los coches y los aviones. Los accidentes de automóviles son muchísimo más numerosos que los accidentes que ocurren en la aviación y cada año se producen en total más muertos por los primeros. Sin embargo difícilmente un accidente de coche en una carretera o en una ciudad pueda ser tan catastrófico como para aniquilar a un gran número de personas a la vez, sin embargo un avión que tenga un problema en pleno vuelo y caiga sobre una zona muy poblada podría hacer estragos. Es por esto, el riesgo de probabilidad de accidente catastrófico, el que en los aviones se tomen y se exigen medidas de seguridad más fuertes que en los automóviles, aunque estadísticamente haya más accidentes y muertes en la carretera que aviones que se estrellen.
Hay otro pero. El artículo del P-Lib menciona que el modelo de negocio de las energías renovables no es económicamente sostenible y se basa en las subvenciones:
Frente a una energía nuclear limpia, económica y segura, el lobby antinuclear trabaja por la continuidad de los combustibles fósiles, altamente contaminantes y generadores de indeseables relaciones de dependencia geopolítica que favorecen a algunos de los regímenes más liberticidas del planeta, así como por el inmenso negocio de las llamadas energías renovables, negocio que en general no se basa en la producción energética sino en las subvenciones con cargo al bolsillo de los contribuyentes.
Sin que tenga que ser incierta esa afirmación, no es comprensible que sea precisamente el argumento de las subvenciones el que se use para defender las nucleares, puesto que el modelo de la energía atómica tiene que estar necesariamente más subvencionado que ningún otro sistema, por la cuestión de la gestión de residuos radioactivos. Es imposible pensar que una empresa que tenga que interiorizar el coste de guardar durante cientos de años los residuos que se producen en la fisión nuclear, pueda rentabilizar económicamente la actividad. Los precios con los que tendría que competir en el mercado serían astronómicos. Es la intervención del Estado en apoyo a la energía atómica al gestionar los costes derivados de la actividad (el Estado español ha llegado a pagar 60.000 euros diarios al Estado francés para que se guarden temporalmente en territorio de ese país residuos de la antigua central de Vandellós I) lo que hace que se puedan bajar los precios y situarlos en la línea de otros sistemas energéticos.
La energía atómica solo puede llegar a considerarse económicamente sostenible en el caso de que se externalice en el Estado la gestión indefinida de los residuos radioactivos. Como se dice en este artículo, puede ser cierto que mientras tengan centrales en funcionamiento las empresas doten un fondo para financiar el desmantelamiento y la gestión de residuos, pagando cuotas a una empresa estatal dedicada a estos fines, pero lo que ya no dice el artículo, aunque sí lo comenta alguien en los comentarios, es que el sistema es viable porque es el Estado el que de forma indefinida colectiviza los gastos de la gestión de residuos, las empresas así no tienen que seguir pagando por ello cuando dejan de operar con una central y por eso su actividad económica es rentable.
Es además una posición poco afortunada señalar que la oposición a la energía atómica tiene asociado el apoyo a la energía derivada de los combustibles fósiles. Esto es poco menos que sugerir que por ejemplo los ecologistas son unos “tontos útiles” de las compañías petroleras, a la par que también implica ignorar cuan grande es la dependencia de la sociedad actual (para el proceso de transformación de energía atómica también, pues por ejemplo las centrales nucleares se construyen con máquinas que funcionan con gasolina) de los combustibles fósiles.
Bien, y entonces, ¿cuál es la alternativa que se puede plantear desde el anarquismo? Pues, sin ser científico o experto en temas energéticos como para hablar al respecto con propiedad, mucho me temo que no hay una alternativa clara a día de hoy compatible con el anarquismo para el tema de la energía en una sociedad como la actual. Cualquier método que busquemos para abastencernos de energía y sostener el mundo industrial tal como lo conocemos hoy en día, se ha de basar necesariamente en las subvenciones del Estado y su intervención. No creo que pueda haber ningún sistema que, ahora mismo, pudiera ser sostenible por sí solo sin la ayuda de los estados. Nuestra única “esperanza”, siempre asumiendo que se desee seguir con el actual ritmo de crecimiento económico, es pensar en que se encuentre en los próximos años alguna fuente de energía que sea rentable, viable y segura, que pueda sustituir a los combustibles fósiles y haga innecesaria la participación de los estados en las políticas energéticas. Otra alternativa es pensar en ahorrar energía, intentando hacer sistemas más eficientes que gasten menos combustibles o electricidad.

Mientras tanto, y eligiendo entre los diferentes métodos, personalmente considero que la opción más cercana a las ideas libertarias quizás podrían ser las renovables, por ser, al menos en principio y frente a igualdad de necesidad de subvenciones como los otros métodos, de las opciones que menos externalidades negativas podrían producir.