Monthly Archives: November 2010

Defensa nacional y free riders

En La guerra y el futuro de la ley policéntrica y Defensa nacional y bienes públicos ya hablamos sobre los problemas de defensa exterior a que se enfrenta una comunidad regida por contratos voluntarios. Robert P. Thomas y Douglass C. North (de quien también hemos hablado aquí) resumen bien el argumento en El nacimiento del mundo occidental (p.14):

Podemos considerar el gobierno sencillamente como una organización que ofrece justicia y protección a cambio de ingresos. Esto es, nosotros pagamos al gobierno para que establezca y haga cumplir los derechos de propiedad. Aunque, ciertamente, ciertos grupos voluntarios pueden proteger los derechos de propiedad en una escala reducida, resulta casi inimaginable que se pueda obligar a que sean respetados de forma general sin la autoridad del gobierno. Veamos las razones. Desde que el nomadismo dejó paso a los asentamientos agrícolas, el hombre encontró dos maneras de adquirir bienes y servicios: podía producirlos o robárselos a los demás. En el último caso la coacción era un mecanismo para la redistribución de la riqueza y la renta. ante la amenaza de los bandoleros, la respuesta de los productores de bienes y servicios consistió en invertir en defensa militar. Pero la construcción de fortalezas y el aislamiento de soldados hizo surgir inmediatamente el problema del free rider. Como realmente resultaba difícil establecer fortalezas y tropas para proteger a algunos vecinos sin proteger a todos, si las contribuciones se establecían sobre una base voluntaria todos encontraban más ventajoso dejar que pagase el vecino. Así pues, la defensa, como caso clásico de bien público, implica el problema de excluir de los beneficios a terceros. La solución más eficaz fue -y continúa siéndolo- la creación de una autoridad gubernamental y la contribución obligatoria por parte de todos los beneficiarios.

La explicación es esencialmente correcta, pero los autores hacen una extrapolación injustificada: si bien reconocen que el Estado nace en un contexto tecnológico y organizativo muy específico (el período que va del Neolítico a la Edad de los metales), en el que las organizaciones voluntarias son incapaces de excluir a los free riders, a continuación pasan a considerar que el Estado es igualmente necesario en la actualidad, a pesar de que las condiciones tecnológicas y organizativas son notablemente distintas.

Estoy de acuerdo con los autores en que, dado un contexto militar donde la única forma de defenderse consiste en construir murallas y pagar el reclutamiento de soldados, el Estado quizá sea necesario para excluir a los free riders que se nieguen a contribuir en la defensa. Esto todavía admite dudas, al menos en el Neolítico, cuando poblados como Çatal Huyuk -actual Turquía- solventaron hasta cierto punto el problema de los free riders apiñando las casas entre sí, suprimiendo las calles y formando una especie de muralla natural de cara al exterior, de forma que todos los vecinos estuvieran obligados, por razones obvias, a contribuir en la defensa exterior. Sin embargo, como los arqueólogos consideran que esa “muralla de viviendas” no debía disuadir más que pequeñas incursiones o ataques de animales salvajes, podemos coincidir con North en lo esencial.

Pero aun así, es evidente que en la actualidad no necesitamos murallas para delimitar el área de los Estados; que la tecnología permite coordinar a bajo coste grandes cantidades de trabajo mediante Internet o telefonía móvil; y que la eficiencia de las organizaciones voluntarias ha aumentado enormemente gracias a la aparición de compañías de seguros, etc.

Una compañía libertaria de defensa podría excluir a los free riders de diversas formas: negándoles la restitución de sus bienes destruidos o expoliados, restringiendo su acceso a refugios antiaéreos propiedad de la compañía, etc. Pero ni siquiera sería necesario excluirlos si los beneficios privados superasen los costes privados, aun cuando los beneficios sociales fueran proporcionalmente mayores (es decir, a pesar de que persistieran free riders que se benefician del servicio sin soportar su coste). Probablemente las empresas e individuos más ricos, al percibir la guerra como más perjudicial en términos absolutos, patrocinen a las compañías de defensa a cambio de publicidad y prestigio ante su comunidad. Roderick Long cuestionaba que alguien tuviera más incentivos que Coca-Cola en patrocinar la defensa de Estados Unidos frente ataques externos, pero la cuestión bien podría plantearse en término de redes cooperativas o empresas ubicadas en zonas geográficamente comprometidas (más susceptibles de sufrir daños y, por tanto, más proclives a invertir en su prevención).

Si la Atenas clásica pagaba sus trirremes fiscalizando a los acaudalados terratenientes, es posible que una sociedad libertaria pague sus tanques y aviones incentivando a los más ricos a que, de forma voluntaria, inviertan en la defensa de sus propiedades. Si la publicidad ya sufraga competiciones deportivas o excavaciones arqueológicas, ¿por qué no iba a permitir la defensa frente a agresiones externas?

Piquetes frente a esclavitud del salario

Syndicalism

No creo que nadie se sorprenda si digo que los liberales del estilo de Federico Jiménez Losantos tienden a ser extremadamente críticos con los piquetes:

Si ve que le increpan o avasallan, si ve que abusan de alguien, si observa la violencia de una de esas pandillas facinerosas que se hacen llamar piquetes informativos, cuando son incapaces de informar de nada y a nadie le extrañaría que escribieran “huelga” sin hache, grábelo.

La personas como Federico Jiménez Losantos parecen ignorar el contexto de esclavitud del salario que se da bajo el régimen monopolista del capitalismo actual.

¿Y qué es la esclavitud del salario? Sencillamente es que es una falacia en un régimen económicamente monopolista decir que el trabajador firma contratos voluntarios. El trabajador necesita comer para sobrevivir y ante esa necesidad vital, privado de propiedad por el régimen monopolista, aceptará cualquier condición por poco que le guste, porque cualquier salario por bajo que sea será mejor que no tener nada y morirse de hambre. Eso se traduce en mano de obra barata y dócil.

El trabajo asalariado bajo el capitalismo monopolista tiene tanto sentido como hablar de “libertad para escoger señor feudal”.

Habrá quien objete de esto que acabo de decir porque lo vea algo digno del pasado, del siglo XIX. Pero ante eso comento dos cosas. La primera es que gran parte del mundo que no sean países del el G-20 es posible que eso se aplique tal cual, es decir que no sea una teoría anacrónica y la segunda es que para los países del G-20 existe una formulación moderna de este principio:

Hay un montón de circunstancias que desincentivan al trabajador a tomar opciones como el autoempleo, cuando ya no se lo ponen imposible. Las barreras de entrada provocadas por las regulaciones que benefician a los grandes negocios, el crédito artificialmente alto provocado por el monopolio bancario, los derechos de propiedad no legítima que elevan artificialmente las rentas y alquileres de suelos y locales… El régimen económico monopolista actual tiene un montón de mecanismos que presionan los salarios a la baja, dificulta el emprendimiento y por si fuera poco los medios de comunicación (regularizados por el Estado, una nueva barrera de entrada que dificulta la difusión de ciertas ideas) bombardean la cabeza de la gente. Eso se traduce en mano de obra barata y dócil.

Todas estas cosas son esgrimidas por personas que se consideran liberales, pero creo que sólo cuando quieren criticar al gobierno. Sin embargo, cuando hay una huelga la cosa cambia. El país se convierte de la noche a la mañana, en un “libre mercado” y una sociedad totalmente libre, donde todos los trabajadores han firmado sus contratos en situaciones de régimen económico no monopolista. Una situación idealizada totalmente que es ajena al mundo real.

Veo muy conveniente poner a este respecto una opinión del Acratosaurio rex que puede invitar a la reflexión:

O sea, que el piquete que se planta en una empresa, y dice “¡Tol mundo pajuera caguendios!”, no está coaccionando a los trabajadores, sino liberándolos del miedo al empresario, de la duda que genera la tonelada de mierda que están vertiendo desde la tele, radios y periódicos, y de la necesidad que deriva de la pasividad (que es la llave para meternos esas “reformas”)

Al final, la diferencia entre “héroe liberador” y “sinvergüenza coaccionador” es muchas veces cuestión de opiniones políticas.

Dicho eso me gustaría hacer unos comentarios para la reflexión.

A los liberales:

Está muy bien creer en la libertad individual, decir que no hay que forzar a nadie a hacer lo que no desee, ni imponerle su participación en una huelga. Pero todo eso debe ir acompañado de una profunda y sobre todo sincera crítica al régimen económico monopolista actual que presiona a la baja los salarios de los trabajadores y beneficia a los empleadores. Y esa crítica hay que hacerla tanto cuando haya huelga como cuando no. Si no, esa defensa de la libertad individual se queda en mera justificación del statu quo y de los que tienen la sartén por el mango en este sistema represivo-estatista-monopolista.

Hay que ser coherentes, no se puede vivir en los mundos de Yupi [1] para lo que interesa y en la vida real para lo que conviene. Y no se puede alabar la Revuelta del té de Boston por su oposición a los monopolios e impuestos de la Corona inglesa y luego criticar a los huelguistas porque el trabajador no respeta el contrato firmado con el empleador en un régimen económico monopolista como el nuestro.

A los comunistas:

No se puede hablar a la ligera en términos de intereses de clase. Las clases sociales no tienen opiniones o intereses, los individuos sin embargo sí y cada cual es hijo de su madre y como tal unos tendrán unos intereses y otros otros. Es cierto sin embargo, que grupos de individuos que realizan actividades semejantes pueden tener intereses comunes y opiniones parecidas, pero eso es diferente a hablar de las clases de una forma holística como suelen hacer los marxistas. En una huelga puede haber un trabajador que no quiera participar aún teniendo la completa convicción de que no pende sobre él una amenaza de despido en caso de que decida secundar. Y eso hay que respetarlo.

Los anarquistas, además, no podemos olvidar jamás el concepto de la asociación voluntaria. Así el piquete informa al trabajador y garantiza que si secunda la huelga no se tomarán represalias contra él (porque siempre podrá poner la excusa a su jefe de que “es que me obligaron los piqueteros”), si alguien no quiere participar de todas formas en la huelga (por los motivos que sean) hay que respetarlo y dejarle seguir trabajando, sino se está violando los principios del anarquismo. Si el trabajador no se quiere asociar voluntariamente al movimiento huelguista, no es justo obligarle a hacerlo bajo coacción, porque entonces no avanzamos. Si por ejemplo quisiéramos liberar a la gente de la coacción de la esclavitud del salario, coaccionándola a su vez nosotros para que participen en las protestas que lo consigan, habría algo que no encajaría ahí: la no concordancia de medios y fines que es crucial en la ética libertaria.

¿Llevamos un mundo nuevo en los corazones? Pues para que no se parezca nada al viejo, en la próxima huelga, demostremos a todos que no queremos ni imponer ni que nos impongan nada.

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Notas:

[1] Los mundos de Yupi fue una serie de Televisión Española estrenada en el año 1988 con un formato similar a Barrio Sésamo. Es decir, una serie destinada al público infantil. Con el paso del tiempo ha quedado entre la población española la expresión “vivir en los mundos de Yupi” para referirse a gente que dice cosas exageradamente optimistas, excesivamente idealistas o ingenuas. Es un equivalente a decir “vivir en una torre de marfil”, “vivir en una burbuja” o “no tener los pies en el suelo”.

Ataque a la banca

Ha nacido una nueva iniciativa para dañar el actual sistema bancario. Y lo mejor de todo es que está sucediendo gracias a Eric Cantona, el famoso ex-futbolista francés. Hace unos días fue entrevistado por un periódico francés, donde dijo que estaba harto de tanta miseria y tanta violencia a raíz del sistema capitalista y que la gente debería sacar todo el dinero depositado que tuviera para ser que los bancos se pusieran a escuchar.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=sX4B4bMnOEU[/youtube]

¿Y qué es lo que han dicho los franceses? Oído cocina. Un par de artistas han creado una nueva iniciativa: StopBanque, que está presente en Facebook y que propone que el día 7 de diciembre vayamos todos y vaciemos los bancos. Lo que empezaron como unas declaraciones está evolucionando a unas dimensiones cuanto menos interesantes. La prensa nacional e internacional se está haciendo eco de ello y eso no hace más que ayudar. Habrá que ver como acaba esto. Casualmente un servidor va a necesitar dentro de poco una buena cantidad de metálico así que habrá echarles una mano.

Rebelión en los mercados

Co-op activism2La Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (en adelante REAS) es una organización española compuesta por entidades relacionadas con la economía social (cooperativas, empresas de inserción, asociaciones y organizaciones no lucrativas, etc.) y consumidores interesados en conceptos como el comercio justo, el compromiso social y los productos ecológicos.

Es un proyecto interesante y yo personalmente considero a su idea del mercado social como algo muy parecido a lo que podría ser la praxis del mutualismo. Aunque es necesario decir que eso sí, no manejan una ética como la nuestra, pues en su página se menciona que el Gobierno de Navarra ejerce de patrocinador, algo que es contrario a las ideas libertarias. De todas formas, no voy a desmerecer toda la iniciativa por eso ya que hay otras cosas en su proyecto que podemos valorar positivamente como libertarios, pero sí que me gustaría comentar algunas cosas respecto a la concepción del mercado que tienen, con las que no estoy del todo de acuerdo, para así invitarles, si así lo desean, a una reflexión sobre la naturaleza e implicaciones de los mercados y el papel que las administraciones públicas gubernamentales tienen en ellos.

En uno de los documentos de REAS podemos ver las consideraciones que tienen sobre el concepto del mercado como institución social:

Desde el pensamiento económico dominante, el mercado es concebido como el ámbito donde se organizan los intercambios de bienes y servicios entre vendedores y compradores conforme a un sistema de precios regulado por la oferta y la demanda. Desde REAS no compartimos esta visión, al contrario somos de los que creemos que se trata de una construcción social que, tal como ha evolucionado a lo largo de la historia, debe y puede seguir evolucionando. Por ello planteamos la necesidad de incorporar al mercado los valores de equidad, solidaridad y sostenibilidad.

Yo creo que en realidad los precios del mercado nunca han sido regulados por la oferta y la demanda en toda su extensión —o si alguna vez lo fueron, eso fue hace ya demasiado tiempo— sino que los procesos que llevan a la determinación de los precios han estado históricamente condicionados por la acción del Estado, con lo cual la ley de la oferta y la demanda queda distorsionada y desvirtuada.

Por ejemplo los impuestos que el Estado cobra a la ciudadanía sirven para sufragar las carreteras, para construir las grandes infraestructuras como puertos o aeropuertos y para cubrir los gastos de investigación y desarrollo. Todo ello ha conseguido que los costes en materia de investigaciones y transporte para las grandes corporaciones sean artificialmente bajos lo que falsea la ley de la oferta y la demanda ya que las grandes empresas están en condiciones de ofertar más barato que los negocios más pequeños y familiares —como las entidades que componen REAS—, no por su propio mérito sino como consecuencia derivada de la activa y masiva intervención del Estado. Esto perjudica notablemente a aquellas economías que no son de escala, como los pequeños negocios locales, las pequeñas cooperativas y empresas individuales y familiares, a las que luego se las intenta “compensar” desde las administraciones públicas con “fondos de cohesión” y “programas de ayudas solidarias” —el propio patrocinio del Gobierno de Navarra a REAS es un buen ejemplo— y que son migajas que los poderosos ofrecen a los pobres que no compensan en absoluto la riqueza que previamente les ha sido privada por la intrusiva acción del Estado que ha adulterado fatalmente (para los pobres, los productores y consumidores) y afortunadamente (para los más ricos y poderosos, los rentistas y grandes capitalistas) las condiciones de la oferta y la demanda.

Kevin Carson lo expresa así:

[...] la función central del gobierno bajo el capitalismo estatal: subvencionar los gastos de explotación de los grandes capitales, de modo que su ineficiencia y el tamaño hinchado sean artificialmente rentables, y sean mantenidos artificialmente competitivos contra las empresas más eficientes ocupadas en la producción descentralizada para los mercados locales.

Por otra parte en REAS opinan que los agentes de la economía social debe organizarse y crear sus propios ecosistemas para hacer frente al reto de las economías de escala, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, pero en mi opinión, no hacen un buen análisis de lo que implica el modelo neoliberal que se da en la actualidad para el mercado:

Las iniciativas de economía social y solidaria necesitan intercooperar más entre sí para consolidarse y desarrollarse en medio de unos mercados cada vez mayores y más desregulados.

Yo creo, sin embargo, que cuando los políticos neoliberales hablan de “libre mercado” en realidad se refieren básicamente y más que nada, a recortes sociales en el “Estado del bienestar”, pero la intervención y las regulaciones que favorecen a las economías de escala, no han disminuido. Kevin Carson habló así sobre el tema de las regulaciones:

En general los niveles de gasto del gobierno, de hecho, han seguido elevándose bajo el neoliberalismo. Con más exactitud puede llamarse “nueva regulación” a la “desregulación”: un cambio de las actividades del Estado regulador en una dirección más amistosa con las corporaciones. La “privatización” de las actividades del gobierno, como ha puesto sobre la mesa Hildyard, deja una parte mayor de funciones bajo la dirección nominalmente privada, pero operando dentro de una red de protecciones, ventajas y subvenciones en gran parte definidas por el Estado. Los recortes en servicios sociales han sido más que compensado por otras formas de gasto que subvencionan los costes de las operaciones de las empresas corporativas. Las subvenciones para desarrollos multilaterales de bancos son especialmente necesarias para atraer muchas inversiones de provechoso capital extranjero, y están en aumento. Los acuerdos comerciales neoliberales incluyen un marco legal (p. ejemplo los supuestos derechos [sic] de “propiedad intelectual”) diseñados principalmente para proteger a los grandes capitales contra el mercado. Muchos de estos acuerdos requieren la creación de cuerpos internacionales, gobiernos supranacionales de facto, para invalidar la política de los estados signatarios.

Con todo esto se ha conseguido crear una visión del mercado como una institución cruel donde la competencia como factor económico ha pasado, como si de un cínico ejemplo de doblepensamiento orweliano se tratase, de designar el proceso por el cual se tendrían que estrechar hasta desaparecer finalmente los márgenes de beneficios de los capitalistas y rentistas, favoreciéndose así a los productores y consumidores, a un escenario hipócrita y cruel donde los más artificialmente fuertes, esos cerdos cebados por el granjero llamado Estado que son las grandes corporaciones, explotan inmisericordemente a los más débiles, el sufrido caballo representativo del proletariado, los productores y consumidores, apenas alimentado por el granjero con un poco de heno a través de eso que él llama “Estado del bienestar”.

En palabras de Kevin Carson:

Entre los apologistas neoliberales del poder corporativo y los apologistas del Estado del Bienestar regulador, consiguieron robar el término “libre mercado” y distorsionar su reconocimiento. Como comentaba Albert Nock hace varias décadas, el “laissez-faire” es un término impostor usurpado cínicamente tanto por los apologistas de las grandes empresas como por los grandes apologistas del gobierno. Está en su común interés fingir que la actual economía corporativa surgió de un mercado libre, y que sólo la intervención del gobierno puede limitar el poder corporativo (cuando en realidad no podría sobrevivir, y no podría existir previamente, sin la intervención gubernamental). Aquellos de nosotros que odiamos el mercantilismo y el privilegio necesitamos tomar de nuevo el término “libre mercado” de estos cerdos, y restaurar el buen sentido revolucionario que tenía antes de que fuera apropiado por los apologistas de la riqueza mal obtenida.

El mercado despojado de todo ese intervencionismo, es decir el mercado genuinamente libre donde los productores puedan hacer intercambios libres e igualitarios, que es lo que preconizaban los mutualistas como Pierre-Joseph Proudhon, Josiah Warren o Benjamin Tucker, no sería ni más ni menos que algo muy parecido si no igual al mercado social definido por REAS:

Un mercado en el que los pequeños productores vuelvan a controlar la venta y distribución de lo que producen y puedan fijar el precio de sus productos o lo fijen en común acuerdo con el consumidor.

Creo que la evolución del mercado como construcción social consiste en buscar una forma pacífica de conseguir una rebelión en los mercados para que éstos se conviertan en lo que deberían ser realmente: una institución donde los productores y consumidores interactúen libremente y tengan acuerdos voluntarios y en paz, y no lo que ahora son, esa institución cortada a la medida de las grandes corporaciones, por sus mejores amigos, los gobiernos.

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Referencias y bibliografía:

REAS. Construyendo un Mercado Alternativo de Economía Solidaria. http://www.economiasolidaria.org/files/mercado_social_presentacion.pdf

Kevin Carson. Reclamando el lenguaje robado “de mercado”. http://www.mutualismo.org/2008/10/reclamando-el-lenguaje-robado-de-mercado/

Kevin Carson. El mito del Estado mínimo neoliberal. http://www.mutualismo.org/2008/09/el-mito-del-estado-minimo-neoliberal/

Wikipedia. Artículo sobre la novela Rebelión en la granja de George Orwell. http://es.wikipedia.org/wiki/Rebelión_en_la_granja

Sobre la crítica de Per Bylund al anarquismo socialista

Anti-capitalism colorMe he encontrado con la que yo considero la crítica más decente al socialismo anarquista que he visto por parte de un anarcocapitalista. Y digo más decente porque creo que es la primera crítica que leo en la que no hay falacias, muñecos de paja o insidias ni se trata a los socialistas libertarios como si fueran ignorantes, estúpidos, utópicos o descerebrados. La crítica pertenece a Per Bylund, el anarcocapitalista sueco que está detrás del portal Anarchism.net.

Si bien es cierto que Per Bylund habla en un momento de “ignorancia temporal socialista“, no creo que deba entenderse como ignorancia en un sentido humillante, sino simplemente quiere indicar que los autores socialistas nunca tuvieron en cuenta ese concepto y así sólo consiguieron ignorar otras cosas. En sus propias palabras dice:

No rechazo la importancia del socialismo para el anarquismo ni en la teoría ni en la práctica, pero demostraré cómo la definición del “socialismo” es demasiado rígida y estatista, en oposición a lo que afirman generalmente los anarquistas, y parece basarse en una desafortunada mala compresión del hombre y el mercado. El principal problema es el rechazo de los anarquistas socialistas a repensar cuando se revelan nuevos hechos.

O también:

El problema aparece debido al hecho de que los socialistas tienden a tener una visión estática de la sociedad, lo que les hace totalmente ignorantes de cómo cambian las cosas con el tiempo. Los socialistas probablemente no admitan esto, pues sí saben que las cosas han ido cambiando en el curso de la historia (lo dijo Karl Marx) y que las cosas nunca parecen permanecer igual. Pero aún así argumentan como si “ceteris paribus” fuera el principio divino de la realidad, y no lo es.

La crítica más importante, lo que para Per Bylund es sencillamente, el problema del anarquismo socialista —y así titula precisamente su artículo—, consiste en que todos sus autores no tuvieron en cuenta las preferencias temporales de los individuos y el subjetivismo y así su visión del hecho económico se torna “demasiado rígida y estatista” (que no le falta razón al afirmarlo), además de ver una cierta tendencia en los socialistas a “echar raíces” y quedarse estancados en el pasado con sus teorías y doctrinas, no evolucionándolas ni adaptándolas a los nuevos tiempos y ni mucho menos incorporando innovaciones que vengan de otras escuelas (lo cual es por otra parte una gran verdad en muchísimas ocasiones para muchísimos tipos de socialistas en los que la poca permeabilidad ideológica es realmente significativa).

Por lo demás, Per Bylund muestra mucho respeto por los clásicos del anarquismo (es de agradecer que al disentir con ellos no usa una fórmula “hegemonista” del tipo “si hubieran podido leer a Mises y Hayek, estos socialistas no hubieran sido socialistas”) y resulta ciertamente didáctico pues sabe de lo que habla (por ejemplo en una parte del texto explica a los lectores “sí, los socialistas anarquistas sí hablan de mercado“, lo cual contrasta mucho con lo poco que conocen otros anarcocapitalistas de la historia de las ideas socialistas). Además se nota que Per Bylund sabe que la teoría de explotación anarquista no es igual que la marxista sino que más que fijarse en las relaciones de producción, se fija en las condiciones políticas y la influencia que el Estado ejerce sobre las instituciones sociales como por ejemplo el mercado y que resultan en privilegio de unos individuos en detrimento de otros:

La diferencia entre el socialismo y el liberalismo clásicos no está en la definición de propiedad o cómo aparece, sino en su significado. Pierre-Joseph Proudhon, aunque sea conocido por decir “la propiedad es un robo” (queriendo decir que los privilegios de la propiedad causan las condiciones de explotación), también dijo que “la propiedad es libertad” en el sentido de que el hombre sólo es libre cuando es el único propietario de lo que posee y lo que crea. A lo que se refería es a que el trabajo asalariado era explotación del trabajador por el capitalista privilegiado.

Y además, creo que no se puede decir que Per Bylund caiga en el liberalismo vulgar:

En esta visión estática de cómo funciona el mundo bajo el sistema económico capitalista, está claro que el empleo es usura y “esclavitud salarial”. No puedo discutirlo y no lo haré con la identificación de muchos planes de empleo históricos y contemporáneos que son de facto usura debida a privilegios otorgados a capitalistas por parte de la clase política.

En definitiva. Un buen artículo crítico del anarquismo socialista que deberíamos tener en cuenta y leerlo con atención los mutualistas e incluso los anarquistas de otras escuelas aunque me temo que no estarían muy dispuestos a tomarlo en consideración por eso que decía antes de la poca permeabilidad ideológica.

La verdad sea dicha que Per Bylund “no acertó” en su crítica a los socialistas por poco, pues para cuando escribió su ensayo (marzo de 2006) Kevin Carson ya había colgado en su página web el libro Studies in Mutualist Political Economy, en el que hay todo un capítulo dedicado a la preferencia temporal y otro a una visión subjetiva de la teoría del valor-trabajo, con lo cual podríamos decir que al menos un socialista ya había abandonado esa rígida definición del socialismo e incluído en ella el concepto de la preferencia temporal, pero en su defensa hay que decir que no tuvo que haber mucha diferencia entre un trabajo y otro y muy posiblemente Per Bylund no se enterase a tiempo de la evolución en el pensamiento socialista que significó el trabajo de Kevin Carson, que posiblemente empezó a ser más conocido a partir del año 2007.

Studies in Mutualist Political Economy, Kevin CarsonDebemos tomar pues, este artículo de Per Bylund como una crítica constructiva al anarquismo socialista de lo más pertinente, para que así nos ayude a comprender porqué la aproximación clásica del mutualismo necesitaba una actualización a la vista de las innovaciones introducidas por las escuelas marginalistas, labor llevada a cabo por Kevin Carson en ese libro de tapas rojas con la efigie de Benjamin Tucker que es ya un icono del movimiento mutualista libertario.

Actualización:

Kevin Carson usó como fuente a Per Bylund en su réplica a Roderick T. Long (buscar en el encabezado la página 133 o ir a la 37 del PDF) cuando en el Journal of Libertarian Studies se habló de su libro Studies in Mutualist Political Economy:

En respuesta al último desafío de Long, en cuanto la extensión del patrimonio común (por ejemplo la hipotética demanda de una raza alienígena de todo el Universo como patrimonio común de toda la vida inteligente), sólo puedo responder que entrarían en juego las mismas condiciones que la condición de Locke: cuando más de uno desea la misma parcela y la posesión de uno excluye la competencia de acceso reclamada por los otros. El monopolio de la tierra es un punto discutible hasta que la demanda local para los lugares excede a su oferta.

Por supuesto, la compresión de Tucker de la ley de igual libertad se ignora en todos estas consideraciones, y se ha hecho en base a principios puramente estinernitas: en una sociedad sin Estado, un mecanismo de mano invisible conduciría eventualmente a un reconocimiento mutuo de la igualdad de derechos de acceso como forma de minimizar los conflictos. Per Bylund también tiene un par de interesantes nuevas piezas sobre estos temas, por cierto. En una de ellas, su tesis maestra, presenta un argumento novedoso al reevaluar la base del principio de autopropiedad (Bylund 2005a). En el otro, trata de resolver el conflicto entre Locke y las teorías de la propiedad posesionarias (2005b).

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Bylund, Per. 2005a. “Man and Matter: A Philosophical Inquiry into the Justification of Ownership in Land from the Basis of Self-Ownership.” (Lunds Universitet, 2005). http://www.perbylund.com/academics_polsci_msc.pdf.

2005b. “Private Property or Possession: A Synthesis” (September 7, 2005). http://www.anarchism.net/anarchism_privatepropertyorpossessionasynthesis.htm.

Creo que podríamos considerar a Per Bylund como próximo al socialismo libertario, como sería por ejemplo Brad Spangler o el propio Roderick T. Long.

Huerta de Soto habla del Imperio Romano

En este vídeo, el profesor Huerta de Soto, prestigioso economista español de la Escuela Austríaca y anarcocapitalista, nos cuenta didácticamente las causas de la caída del Imperio Romano. Nos señala, en orden cronológico, el excesivo gasto del estado en ‘pan y circo’ para mantener a los más pobres de la sociedad romana, la devaluación de la moneda para mantener ese gasto – con la consiguiente inflación – y el control de los precios. Todo esto acabaría por hacer insostenible la próspera economía de mercado romana, hasta que se llegó a prohibir a los campesinos trasladarse de su propia tierra, lo que sería el comienzo del feudalismo.

La culpa de todo la tuvo, entonces, el socialismo y el estado de bienestar. De entrada he de decir que me parece inadecuado el uso de estos anacronismos, por sus connotaciones. [1] De hecho, también la palabra estado es un anacronismo, pues Roma no constituía un estado en el sentido moderno del término.

Es gracioso como Huerta de Soto identifica la prosperidad de Roma con el libre mercado, ya que la economía romana dependía en buena medida del estado.

Gran parte del trabajo era realizado por esclavos, que eran en su mayoría prisioneros de guerra. Las guerras serviles y las rebeliones de esclavos me hacen pensar que, sin la protección del estado, mantener la esclavitud hubiera sido muy difícil. Buena parte de la riqueza de Roma se basaba en la conquista de territorios, a la que seguía el saqueo, el aprisionamiento de esclavos, el reparto de tierras entre la élite militar o política y los tributos sobre la población. El agotamiento de tierras nuevas que conquistar también contribuyó a la caída del Imperio.

Llegó a haber un gran volumen de comercio interregional. El comercio a corta distancia se realizaba a través de las calzadas construidas por el estado. A mayor distancia se realizaba en barcos que cruzaban el Mediterráneo, entre puertos construidos por el estado y protegidos de la piratería por la marina del estado, cuando no era controlado directamente por el estado a través de los colegios de armadores navales. No es casualidad que todo el comercio se centralizara precisamente en Roma, la capital política.

Que el colapso del Imperio Romano viniera acompañado de una vuelta a la economía rural y de autosuficiencia también indica la dependencia de la economía romana del estado.

Sin duda el colapso del Imperio tuvo que ver con el excesivo gasto del estado, incluyendo el gasto destinado a beneficiar a las clases populares, con la inflación y con el control de precios. Pero, a no ser que el profesor Huerta de Soto pueda argumentarme que todo lo que he descrito no es intervención estatal sino libre comercio, comete el error de ignorar completamente esas formas de intervención que benefician a la clase dominante, y percatarse sólo de las que benefician a las clases populares.

Además, los ‘mil años de oscurantismo’ que hubo entre la caída del Imperio Romano y el comienzo de la Modernidad fueron más característicos de una sociedad libertaria de lo que lo fue nunca el Imperio Romano. No es casualidad que casi todos los ejemplos históricos de ley policéntrica se sitúen en la Edad Media. Los años de ‘oscurantismo’ no terminaron con una vuelta al libre mercado, sino más bien al contrario, con la reafirmación de la autoridad del estado centralizado, la subordinación de las ciudades libres y la expropiación del campesinado.

La misma ceguera que le impide al profesor Huerta de Soto ver un tipo de intervencionismo pero no otro, también le impide ver las consecuencias del intervencionismo en el capitalismo actual. Porque en el capitalismo actual el estado no sólo se dedica a dar pan y fútbol (y seguridad social) al pueblo. El control sobre la banca, las barreras de entrada a la apertura de nuevos negocios, la infraestructura estatal de transporte y telecomunicaciones, los subsidios a las empresas, la investigación científica hecha con dinero público, y otras muchas formas de intervención que sin duda él ha analizado y criticado, no sirven sólo para mantener a los trabajadores por encima del nivel de subsistencia, sino que permiten y mantienen la subordinación de los trabajadores. Constituyen la estructura sobre la que ciertas empresas obtienen beneficios a costa del contribuyente y mantienen una jerarquía en su organización interna.

No se trata sólo de que ciertos empresarios se beneficien de ciertas formas de intervencionismo – algo que muchos liberales y anarcocapitalistas nunca han dudado en denunciar –, sino de que la propia distinción entre empresarios y trabajadores depende de ese intervencionismo.

Esta ceguera también le impide deducir las consecuencias radicales de sus propias ideas: que en el libre mercado la economía tiende a ser descentralizada, autogestionaria y autosuficiente.

El análisis de la economía tanto del Imperio Romano como del capitalismo actual me lleva a pensar que es poco probable que surja una economía centralizada, jerarquizada y especializada sin la intervención del estado. Es decir, justo lo contrario de lo que piden los liberales y anarcocapitalistas que defienden precisamente este tipo de economía, como el profesor Huerta de Soto.

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[1] No voy a entrar en las connotaciones que tiene la palabra socialismo en particular, y que son ya bastante conocidas para muchos lectores de este blog. Ver, por ejemplo:
http://www.mutualismo.org/2008/06/el-mito-del-socialismo-como-estatismo/

Fuentes:

http://societasmaris.blogspot.com/2009/10/la-privatizacion-del-imperio-romano.html Continue reading