Monthly Archives: October 2009

Seis tesis de retórica libertaria

Libertista ha hecho hace poco una traducción para la sección hispana del C4SS (recomendada visita especialmente para los que les de pereza leer tanto material en inglés) de un fragmento de una entrada de Roderick Long en su blog. Lo copio aquí pues creo que sintetiza muy bien cual es la posición de la izquierda libertaria respecto a la intervención y su efecto en la estructuración del mercado. Ojo, aquí no se argumenta por qué llegamos a estas conclusiones, tan sólo se describe una manera de pensar. Su utilidad es más bien la de mostrar a otros dónde nos situamos, no por qué nos situamos ahí.

Los libertarios, sobre todo los de izquierda, tenemos que centrarnos más en que nuestra posición se pueda reconocer. Ser visible no es suficiente -luego hace falta argumentar que uno tiene razón- pero opino que una buena posición argumental no sirve de nada si la gente ni siquiera entiende la postura que se está defendiendo.

Así, nuestra tarea fundamental es posicionarnos en torno a las siguientes tesis:

1) La gran empresa y el gran gobierno son, en una mayoría abrumadora de ocasiones, aliados naturales.

2) Aunque los políticos conservadores digan que son hostiles al gran gobierno y los progresistas quieran hacer creer que no tragan a la gran empresa, las políticas del establishment económico, tanto progresista como conservador, implican diferentes tipos de la misma intervención masiva en favor de las grandes empresas y el gran gobierno, siendo la gente común la perjudicada.

3) Los políticos progresistas enmascaran su postura en favor de los poderosos usando de excusa a los débiles; los conservadores lo hacen en favor de una retórica de no intervención y libre mercado. Sin embargo, en ambos casos la retórica y los hechos van cada uno por su lado.

4) Incluso una política que se realizara realmente en favor de los débiles por parte de los progresistas no funcionaría: la naturaleza del pdoer estatal la transformaría en favor de las élites.

5) Una política de auténtico libre mercado y no intervención que algún gobierno conservador estableciese sí funcionaría, ya que la libre competencia empoderaría a las gentes sencillas en detrimento de las élites.

6) Siendo que las políticas conservadoras, aunque tengan un halo de retórica librecambista, suelen suponer exactamente lo contrario del libre mercado, los fracasos de los conservadores no invalidan, antes bien refuerzan nuestra postura en favor del libre mercado.

Poco más que añadir, simplemente matizar que el punto 5 es tan improbable (incluso, imposible) como que la intervención progresista haga bien a los más desfavorecidos y mal a las élites.

¿Minienciclopedia mutualista?

mutualismo violeta

Debido a lo manipuladas y escasas que son las fuentes sobre mutualismo en castellano, llevo algún tiempo barajando hacer una mini enciclopedia del mutualismo. Sin mucha prisa, me gustaría tratar conceptos como la Ley de la igualdad de la libertad o el Principio de costo; o explicar al nivel más divulgativo posible los cuatro monopolios de Tucker o la teoría de la organización de Carson. E intentaré acompañarlo con citas y bibliografía para evitar cualquier sospecha.

Por ahora empiezo con una definición clara y sencilla de mutualismo (otro día vendrán las citas originales):

“El mutualismo es un sistema económico y social basado en la libertad de contrato, la propiedad privada y los mercados libres, que toma el capitalismo actual como producto del privilegio y el monopolio promovidos por el Estado y aspira a una sociedad regida por cooperativas de trabajadores y pequeños negocios, en un contexto político donde el Estado ha sido reemplazado -incluso en funciones tales como la ley, la seguridad o la justicia- por mutualidades, compañías de seguros y tribunales de arbitraje.”

¿Qué os parece?

Si alguien quiere ayudar aportando bibliografía o redactando artículos me vendría genial porque no voy a tener mucho tiempo para dedicarle a este proyecto.

Distributismo y mutualismo

chesterton

A principios del siglo XX, cuando el mundo se debatía entre el socialismo estatal y el capitalismo, dos románticos ingleses, Chesterton y Belloc, dieron lugar a una nueva corriente económica y social que sería conocida como distributismo. Inspirada en la encíclica papal Rerum Novarum, pretendía superar la falsa dicotomía política de su tiempo, y tenía como meta la distribución radical de la propiedad privada entre la población –especialmente el capital y las herramientas de producción-.
Aunque poco conocido en el ámbito hispano, en los países anglosajones el distributismo mantiene vigorosas organizaciones como el Catholic Worker o la Distributist Review, e influye activamente en la opinión pública sobre las grandes empresas.

Los distributistas contemplan el sistema industrial como anulador de la creatividad y la dignidad humana, son críticos con el sistema bancario convencional, simpatizan con las cooperativas de crédito y han reprendido históricamente las expropiaciones masivas de campesinos –especialmente durante los Tudor- como un modo de “proletarizar” a la sociedad. En cierto modo, el distributismo de Chesterton y Belloc parece la versión católica de la banca mutualista de Proudhon y Greene o el análisis histórico de Spooner o Carson.

Sin embargo, tiende a contemplar el capitalismo corporativo actual como el producto de un mercado fundamentalmente libre que, por lo tanto, debería ser controlado en una dirección más saludable. Chesterton proponía una tributación discriminatoria en favor de las pequeñas empresas; y E. F. Schumacher planteó que el 50% de las acciones de las grandes empresas deberían pasar a manos del Estado.

En este punto sus planteamientos me parecen incongruentes: a pesar de surgir como una reacción a los totalitarismos del siglo XX, bajo la promesa de devolver el poder y la dignidad al individuo, el distributismo deja la ejecución de todo su programa en manos del Estado.

Pero quizá existan motivos para ser optimista: durante los últimos años, la teoría de la organización mutualista, al enfatizar las cooperativas, los pequeños propietarios y las granjas familiares como el escenario probable de un mercado liberado, ha dado pie a la simpatía de los grupos distributistas. Después de todo, si el capitalismo actualmente existente es producto del privilegio y el monopolio, esperar soluciones del Estado tiene tanto sentido como blanquear una pared pintándola de negro. La puerta de la cooperación está abierta.

[En castellano podéis leer aquí varios artículos sobre Chesterton y el distributismo, en el primer archivo a partir de la página 146. También podéis echarle un vistazo al artículo de Kevin Carson Libertarianism and Distributism, en inglés.].

Del capitalismo al libre mercado

Benjamin tucker2

La retórica del libre mercado es contundente: el precio de los bienes se corresponde con el valor asignado por los consumidores; los propietarios de los factores de producción y los trabajadores perciben una parte equivalente a su aporte a la producción; y las empresas tienen el tamaño óptimo que, en cada sector, permite obtener la mayor cantidad de output con la menor cantidad de inputs.

Pero precisamente por ese motivo debemos cuidarnos de aplicarla en exceso. Si lo hacemos, corremos el riesgo de utilizar el genial aparato teórico del laissez faire para justificar situaciones injustas.

Es dudoso que, si la meta final a que tiende el mercado cambia constantemente, el trabajo perciba su producto completo en la actualidad; las barreras de entrada frenan la demanda de trabajo y los empresarios establecidos probablemente obtienen rentas de escasez artificiales. También es verosímil creer que el precio de los bienes no corresponde al valor real otorgado por los consumidores, cuyas compras son encauzadas selectivamente hacia los intereses del capitalismo corporativo; en ocasiones, son artificialmente elevados (p. ej. mediante el monopolio de las patentes), y otras veces son artificialmente reducidos (p. ej. mediante la PAC o las subvenciones al transporte). Por este motivo, además, se hace difícil admitir que el tamaño de las fábricas y empresas corresponda al óptimo de libre mercado: el precio artificialmente bajo –subvencionado- de algunos factores de producción (p. ej. el transporte o la educación técnica), por un lado; o artificialmente alto (nuevamente, mediante patentes, o cárteles), por el otro, nos llevan a pensar que las empresas se han “estirado” en exceso para utilizar intensivamente los factores subvencionados  -del mismo modo que las jirafas aumentaban su cuello para alcanzar los árboles en la teoría de la evolución de Lamarck-; o bien se han expandido cómodamente en sectores donde tales precios de monopolio se lo permitían.

Del mismo modo, existen conceptos que quizá no sean intrínsecos o adecuados a un libre mercado radical, a pesar de que en la actualidad sí son relacionados con la retórica de libre mercado. Ludwig von Mises decía que la prueba para discernir si un país poseía una economía totalitaria o de mercado era la existencia de una bolsa de valores; sin embargo, esta presupone una serie de accidentes históricos como el divorcio entre capital y trabajo y la propiedad ausente a gran escala que no son intrínsecos a la “lógica del mercado”. Sin la deuda pública, los privilegios reales o las expropiaciones masivas de campesinos a lo largo de los siglos pasados y desde la Edad Media, es plausible aventurar que las bolsas de valores no hubiesen alcanzado su posición dominante como método de financiación –e incluso que métodos alternativos como los cooperativas de crédito o los microbancos alcanzasen un amplio grado de desarrollo. La venta de acciones es un método costoso, ideado sobre todo para sufragar inversiones en activos específicos que los bancos son reacios a financiar, por lo que existirían menos incentivos para emplearla en un contexto de producción a pequeña escala y tecnologías multiusos.

Igualmente, aunque hoy consideramos las fusiones y adquisiciones como el método “natural” para reunir grandes capitales, este no es el único ni necesariamente el más eficiente; en gran medida tales métodos están artificialmente promovidos por incentivos fiscales de diversa índole (p. ej. por compensación de pérdidas entre empresas, o regulaciones a las transacciones de mercado). Numerosos estudios apuntan a que las fusiones y adquisiciones, al adherir peldaños en las jerarquías, aumentan los costes de información, reducen los incentivos del trabajo y disparan los problemas de agencia. En un contexto de libre mercado, cuando el tamaño medio de las empresas sea notablemente inferior, la solución obvia consistirá en involucrar a varias de ellas en una red de pequeños propietarios, subcontratando gran parte de las actividades en el resto de socios –algo que ya se practica en Rock Valley (Estados Unidos), Prato y Bolonia (Italia), y que ya han adoptado parcialmente muchas grandes empresas como Nike y Toyota. Cuando el mercado está adulterado en beneficio de una clase dominante, las respuestas organizativas probablemente tienen muy poca relación con alguna clase de criterio de eficiencia neutral.

Por ese motivo, los ejecutivos tienden a considerar el sueldo de los trabajadores como un “coste variable” a ser recortado, al tiempo que mantienen sus propios salarios como un “coste fijo”, inmune a los cambios en la coyuntura económica. La jerarquía de las grandes corporaciones repercute en toda la sociedad, hasta el punto en que es difícil discernir dónde acaba el mercado y dónde empiezan las relaciones de poder.

Tal y como dicen los economistas, la acumulación de capital es probablemente el método más común para aumentar la productividad del trabajo y, por lo tanto, el nivel de vida de los trabajadores. Sin embargo, en una sociedad operada por sus trabajadores, probablemente el énfasis pase desde la acumulación de capital a la eficiencia del trabajo, que aumentará la productividad a través de la observación y la mejora de los métodos de producción desde la misma línea de fuego. La abstinencia del capitalista será reemplazada por la inteligencia de los trabajadores.

En última instancia, el capitalismo estatal y el libre mercado se parecen tanto como la noche y el día; necesitamos términos nuevos para describir realidades distintas.

La gestión colectiva de recursos sí es posible

Destruyendo mitos…

La última premiación de Nobel ha desmitificado otro supuesto de las corrientes neoliberales, que es además sustento para ejercer presión a los gobiernos en su afán de capturar más mercados y conseguir la privatización y la exclusión de la gestión de lo que es y debería ser propiedad común

Dado que descubrimos que los burócratas a veces no tienen la información correcta, mientras los ciudadanos y usuarios sí, esperamos que ello aliente un sentido de capacidad y poder

Las transacciones económicas tienen lugar no sólo en los mercados, sino también en firmas, asociaciones, hogares y agencias. Mientras la teoría económica ha iluminado en forma abarcadora las virtudes y limitaciones del mercado, tradicionalmente ha prestado menor atención a otros arreglos institucionales

Aquí algunos enlace de la noticia:

la jornada de Mex

el universal de Mex

el economista de España

El expectador de Colombia

Saludos Cordiales

dos nuevos links para los que quieren abrir sus mentes en el tema del post:
http://articulosclaves.blogspot.com/2009/10/premio-nobel-economia-2009-eostrom.html
y
http://lta.reuters.com/article/worldNews/idLTASIE59B0EI20091012
http://lanic.utexas.edu/project/etext/colson/24/24_10.pdf

“Dado que descubrimos que los burócratas a veces no tienen la información correcta mientras que los ciudadanos y usuarios sí, esperamos que aliente a un sentido de capacidad y poder”, dijo la profesora en una conferencia de prensa por teléfono.

Las ideas aceptadas previamente indicaban que los bienes comunes eran mal manejados y que deberían ser regulados en forma centralizada o privada.”

“Con base a las ideas presentadas por Axelrod, Elinor Ostrom, en EL Gobierno de los comunes y retomando el provocador articulo de Garret Hardin de 1968, resuelve el mismo dilema pero para una situacion totalmente distinta: para situaciones de degradacion y de explotacion de los recursos naturales de uso comun que se encuentran en peligro de agotarse. ”