
A. Chena escribió hace unos días un post respaldando la idea del Partido por la Libertad Individual. Aunque reconoce que su programa todavía es incompleto, considera que es el mejor medio disponible hasta ahora para aproximarse al anarquismo de mercado.
En primero lugar, estoy de acuerdo con su postura sobre el parlamentarismo: debería abandonarse cualquier clase de dogmatismo respecto a ese tema y utilizarlo como un medio de autodefensa frente al estatismo…si fuese efectivo.
Chena también llama a la lógica de mercado en la aproximación hacia una sociedad libre: que cada cual venda sus estrategias en el “mercado político”, de modo que acaben prevaleciendo las más eficientes. Sin embargo, no existe tal “mercado político”, y las estrategias ineficientes no son desplazadas por ningún mecanismo de precios; la única forma que tenemos de evitar el derroche de recursos (esfuerzo, tiempo y dinero), en mi opinión, es debatir qué opciones son mejores. La toma de decisiones estratégicas se parece más a la elección del planificador soviético que puede mantener una mala decisión durante años sin sospecha de error –la mejor prueba de ello es el movimiento libertario durante las últimas décadas.
Estoy bastante de acuerdo con su análisis de la desobediencia civil y del agorismo; en cuanto a la difusión cultural, no soy tan pesimista como él y sí creo que puede hacerse un buen trabajo. Internet es el mejor medio de burlar los medios de comunicación estatal-corporativos; funciona como un auténtico libre mercado y los consumidores son los únicos soberanos, por lo que es el mejor medio para probar la fuerza de nuestros argumentos. Los costes son bajos o casi nulos y la difusión es incomparablemente mayor de la que podía soñar Benjamin Tucker con Liberty.
Creo que ha simplificado en exceso al tratar ese punto; la prueba de que estamos avanzando es que en Internet cada vez más gente sabe qué es el anarquismo de mercado, debate o pregunta sobre él e incluso se adhiere –parcial o totalmente- a sus ideas. He visto referencias al mutualismo hasta en foros españolistas y de electrónica, cuando antes era ignorado incluso dentro del anarquismo clásico.
Por otro lado, hay institutos anarquistas como el C4SS que recaudan casi dos mil dólares en cada fundraiser, manteniendo a estudiosos y analistas de noticias de primer nivel; o bloggers relativamente anónimos en un primer momento, como Kevin Carson, que llegan a escribir artículos que se difunden en la calle y son retirados por la policía americana. ¿No hace pensar todo esto que Internet es un medio poderosísimo para avanzar hacia una sociedad libre?
Además, no encuentro por qué la difusión cultural no pueda combinarse con actividades que consigan captar a gente más o menos indiferente a los discursos políticos: p. ej. mediante la creación de escuelas, asociaciones de defensa, tribunales, bibliotecas, redes de (contra)economía social o sindicatos. La CNT es un buen ejemplo de cómo, mediante la acción conjunta –sin necesidad de una politización previa- se pueden cambiar las ideas de la gente. Todavía tenemos mucho que aprender de los obreros pragmáticos del primer tercio del siglo XX.
Todas estas actividades, por cierto, tienen la virtud de ir creando la nueva sociedad “en la cáscara de la vieja”. El anarquismo de mercado puede ser viable desde un punto de vista económico, pero sin una masa de anarquistas practicantes será engullido en épocas de turbulencias, incluso siendo mayoritario. Se me ocurren dos buenos ejemplos históricos que ilustran el tema: el primero, el ascenso de Hitler al poder ante la pasividad del Partido Comunista Alemán. El segundo, el golpe de Estado de Pinochet contra Salvador Allende y la impotencia de sus electores.
Un partido político anarquista tiende a desmovilizar a los individuos; crea la ficción de que con una simple papeleta cada cuatro años, sin ningún otro vínculo, pueden obtener la sociedad que desean. Por ese motivo, incluso a pesar de ganar rotundamente unas elecciones, el anarquismo sería incapaz de enfrentarse a enemigos más reducidos pero mejor organizados. Es completamente ingenuo pensar que la anarquía puede decretarse desde arriba sin generar ningún tipo de oposición abajo, cuando pequeñas reformas sobre el modelo territorial ya despiertan las mayores discrepancias.
Chena dice que la historia nos enseña una cosa: que ningún movimiento puede triunfar a menos que se haga con el poder. Sin embargo, esto es contradictorio aplicado al anarquismo, que solo buscaría el poder (hipotéticamente) para destruirlo, no para mantenerse en él. Una vez conseguido los anarquistas no han acabado su tarea; deben declarar desde allí la anarquía constitucional. Y eso plantea exactamente los mismos problemas políticos que si se tratase de establecer desde abajo, mediante el agorismo, la desobediencia civil o las armas.
Por cierto, si contrastamos la reacción instantánea de los militantes anarquistas ante el golpe del Estado franquista con la pasividad de los electores de Allende, la teoría histórica de A. Chena no acaba de cuadrar. De hecho, Federica Montseny y García Oliver llegaron al poder porque el anarquismo era fuerte, no al contrario.
Por último, un anarquista debería cuidarse de los errores del miniarquismo. Cuando la meta final es una sociedad completamente libre de agresión, no podemos permitirnos perder nuestro valioso y escaso tiempo, dinero y esfuerzo promoviendo ideas que solo contendrán el estatismo durante dos o tres vueltas electorales. Los costes políticos de alcanzar el anarquismo y el miniarquismo son casi iguales; sin embargo, los beneficios del segundo son mucho más cortos.
En mi opinión, la secuencia natural es 1) difusión cultural; 2) asociacionismo y economía social 3) agorismo y contra economía; y 4) huelga de contribuyentes. La difusión es el método más barato y eficiente, por lo que tiende a ser espontáneamente el primer escalón en cualquier movimiento; el asociacionismo y la economía social pueden atraer a potenciales simpatizantes que a priori no se sientan atraídos por la política; y, por último, en el seno de una red de asociaciones de todo tipo puede practicarse la contraeconomía y, finalmente, se puede organizar algún tipo de huelga de contribuyentes.
Organizaciones sin afiliación política como el IJM, la CNT, el banco JAK o la ALL (especialmente los agoristas de New Hampshire) son buenos ejemplos de lo que estoy hablando.



