Monthly Archives: August 2009

Disolviendo el partido en el organismo social

alliance of the libertarian left

A. Chena escribió hace unos días un post respaldando la idea del Partido por la Libertad Individual. Aunque reconoce que su programa todavía es incompleto, considera que es el mejor medio disponible hasta ahora para aproximarse al anarquismo de mercado.

En primero lugar, estoy de acuerdo con su postura sobre el parlamentarismo: debería abandonarse cualquier clase de dogmatismo respecto a ese tema y utilizarlo como un medio de autodefensa frente al estatismo…si fuese efectivo.

Chena también llama a la lógica de mercado en la aproximación hacia una sociedad libre: que cada cual venda sus estrategias en el “mercado político”, de modo que acaben prevaleciendo las más eficientes. Sin embargo, no existe tal “mercado político”, y las estrategias ineficientes no son desplazadas por ningún mecanismo de precios; la única forma que tenemos de evitar el derroche de recursos (esfuerzo, tiempo y dinero), en mi opinión, es debatir qué opciones son mejores. La toma de decisiones estratégicas se parece más a la elección del planificador soviético que puede mantener una mala decisión durante años sin sospecha de error –la mejor prueba de ello es el movimiento libertario durante las últimas décadas.

Estoy bastante de acuerdo con su análisis de la desobediencia civil y del agorismo; en cuanto a la difusión cultural, no soy tan pesimista como él y sí creo que puede hacerse un buen trabajo. Internet es el mejor medio de burlar los medios de comunicación estatal-corporativos; funciona como un auténtico libre mercado y los consumidores son los únicos soberanos, por lo que es el mejor medio para probar la fuerza de nuestros argumentos. Los costes son bajos o casi nulos y la difusión es incomparablemente mayor de la que podía soñar Benjamin Tucker con Liberty.
Creo que ha simplificado en exceso al tratar ese punto; la prueba de que estamos avanzando es que en Internet cada vez más gente sabe qué es el anarquismo de mercado, debate o pregunta sobre él e incluso se adhiere –parcial o totalmente- a sus ideas. He visto referencias al mutualismo hasta en foros españolistas y de electrónica, cuando antes era ignorado incluso dentro del anarquismo clásico.
Por otro lado, hay institutos anarquistas como el C4SS que recaudan casi dos mil dólares en cada fundraiser, manteniendo a estudiosos y analistas de noticias de primer nivel; o bloggers relativamente anónimos en un primer momento, como Kevin Carson, que llegan a escribir artículos que se difunden en la calle y son retirados por la policía americana. ¿No hace pensar todo esto que Internet es un medio poderosísimo para avanzar hacia una sociedad libre?

Además, no encuentro por qué la difusión cultural no pueda combinarse con actividades que consigan captar a gente más o menos indiferente a los discursos políticos: p. ej. mediante la creación de escuelas, asociaciones de defensa, tribunales, bibliotecas, redes de (contra)economía social o sindicatos. La CNT es un buen ejemplo de cómo, mediante la acción conjunta –sin necesidad de una politización previa- se pueden cambiar las ideas de la gente. Todavía tenemos mucho que aprender de los obreros pragmáticos del primer tercio del siglo XX.
Todas estas actividades, por cierto, tienen la virtud de ir creando la nueva sociedad “en la cáscara de la vieja”. El anarquismo de mercado puede ser viable desde un punto de vista económico, pero sin una masa de anarquistas practicantes será engullido en épocas de turbulencias, incluso siendo mayoritario. Se me ocurren dos buenos ejemplos históricos que ilustran el tema: el primero, el ascenso de Hitler al poder ante la pasividad del Partido Comunista Alemán. El segundo, el golpe de Estado de Pinochet contra Salvador Allende y la impotencia de sus electores.

Un partido político anarquista tiende a desmovilizar a los individuos; crea la ficción de que con una simple papeleta cada cuatro años, sin ningún otro vínculo, pueden obtener la sociedad que desean. Por ese motivo, incluso a pesar de ganar rotundamente unas elecciones, el anarquismo sería incapaz de enfrentarse a enemigos más reducidos pero mejor organizados. Es completamente ingenuo pensar que la anarquía puede decretarse desde arriba sin generar ningún tipo de oposición abajo, cuando pequeñas reformas sobre el modelo territorial ya despiertan las mayores discrepancias.

Chena dice que la historia nos enseña una cosa: que ningún movimiento puede triunfar a menos que se haga con el poder. Sin embargo, esto es contradictorio aplicado al anarquismo, que solo buscaría el poder (hipotéticamente) para destruirlo, no para mantenerse en él. Una vez conseguido los anarquistas no han acabado su tarea; deben declarar desde allí la anarquía constitucional. Y eso plantea exactamente los mismos problemas políticos que si se tratase de establecer desde abajo, mediante el agorismo, la desobediencia civil o las armas.
Por cierto, si contrastamos la reacción instantánea de los militantes anarquistas ante el golpe del Estado franquista con la pasividad de los electores de Allende, la teoría histórica de A. Chena no acaba de cuadrar. De hecho, Federica Montseny y García Oliver llegaron al poder porque el anarquismo era fuerte, no al contrario.

Por último, un anarquista debería cuidarse de los errores del miniarquismo. Cuando la meta final es una sociedad completamente libre de agresión, no podemos permitirnos perder nuestro valioso y escaso tiempo, dinero y esfuerzo promoviendo ideas que solo contendrán el estatismo durante dos o tres vueltas electorales. Los costes políticos de alcanzar el anarquismo y el miniarquismo son casi iguales; sin embargo, los beneficios del segundo son mucho más cortos.

En mi opinión, la secuencia natural es 1) difusión cultural; 2) asociacionismo y economía social 3) agorismo y contra economía; y 4) huelga de contribuyentes. La difusión es el método más barato y eficiente, por lo que tiende a ser espontáneamente el primer escalón en cualquier movimiento; el asociacionismo y la economía social pueden atraer a potenciales simpatizantes que a priori no se sientan atraídos por la política; y, por último, en el seno de una red de asociaciones de todo tipo puede practicarse la contraeconomía y, finalmente, se puede organizar algún tipo de huelga de contribuyentes.

Organizaciones sin afiliación política como el IJM, la CNT, el banco JAK o la ALL (especialmente los agoristas de New Hampshire) son buenos ejemplos de lo que estoy hablando.

Autogestión en el sector musical

Me he encontrado esta mañana con un artículo interesante sobre pequeños movimientos autogestionarios en el sector musical en el diario El País. Al parecer hasta los pseudosociatas se empiezan a empapar de estas cosillas:

Hazlo (todo) tú mismo

En la eterna crisis del disco, las bandas (¡hasta Hombres G!) buscan la luz de la autogestión.De la promoción a la distribución, el axioma punk se impone.

Los músicos se rebelan. Contra sus contratos. Contra una industria exánime. Un enfermo crónico sin músculo promocional, escaso personal y poco que ofrecer. Y no sólo los que llevan años peleando a la contra. Ahora son los superventas los que promulgan que se puede sobrevivir sin discográficas. “Ya no las necesitamos más. Su último dominio, el de la distribución, ha caído”, sentencia en una entrevista Trent Reznor, líder de Nine Inch Nails.

Hombres G son los últimos (siguen así el camino de artistas como La Excepción o el músico de jazz Dave Douglas) en apuntarse al mandato punk de “hazlo tú mismo”, reconvertido para este siglo XXI -en el que la tormenta discográfica perfecta parece no amainar nunca- en “hazlo todo tú mismo”. Graban canciones nuevas y las ofrecen en Internet, gestionan ellos mismos sus conciertos y hasta se apuntan a dirigir videoclips. Con la independencia de la banda madrileña, cae en el terreno de la autogestión todo un símbolo de la música comercial que ha hecho ganar mucho dinero a la industria española (Warner, en su caso). ¿Por qué transigir con las incomodidades del sistema cuando el barco se acerca peligrosamente al iceberg?

Si desde hace años grabar canciones ya no es caro, como tampoco popularizarse por MySpace, los últimos movimientos se refieren a la distribución. Desde que Thom Yorke (Radiohead) lo trastocara todo al dejar EMI y ofrecer In rainbows gratis en su web, otros han decidido no depender de su sello. El grupo canadiense de pop-rock electrónico Metric, de ventas moderadas, ha planteado un movimiento que antes habría sido suicida. Con su cuarto disco en ciernes, se reunieron con varias compañías. “Escuchamos lo que tenían que ofrecer y nos dimos cuenta de que cualquier opción sería restrictiva para nuestra creatividad”, cuenta su vocalista, Emily Haines.

Decidieron autofinanciarse. Formaron un equipo de unas 100 personas, “elegidas a dedo”. En España también lo han hecho, entre otros, Vetusta Morla o el cantautor Quique González; más por necesidad que por espíritu revolucionario, todo sea dicho. A pequeña o gran escala, el procedimiento es similar: subcontratar a mucha gente, como las distribuidoras Last Gang para Canadá y PIAS para Europa en el caso de Metric.

Otra novedad está en la promoción. El madrileño Huecco es un caso atípico: trabaja sin representante dentro de una multi, Warner. Con un asistente a sueldo en España, pacta también con agencias de Europa y EE UU. Él se gestiona su imagen, sus vídeos y sus actuaciones. “He reducido el gasto y tengo más conciertos que nunca”. Unos 50 este curso. “Me ha costado imponerme, pero es la única manera de controlar absolutamente mi proyecto”. Haines abunda en esa idea: en la edición de lujo de Fantasies, el último álbum de Metric, incluyó como material extra un collage de fotos tomadas por ella. Algo “quizá no rentable”, explica, “pero sí muy significativo”, que en una multinacional no les habrían permitido.

Los partidarios de la emancipación defienden como principal ventaja la libertad. “Es todo cuestión de control sobre tu vida. En un sello convencional siempre hay alguien que te pide hacer algo que no quieres”, dice Haines. Quique González, que hace un par de meses se marchó de DRO/Warner, explica otra ventaja: “Al hacer tú las cosas, tienes una visión más realista de dónde estás y de lo que generas. Las expectativas son las tuyas, no las de tu compañía”. Tras su divorcio de DRO, el compositor viajó a Nashville para grabar su nuevo álbum. Los gastos, de su bolsillo. Ahora busca “aliados para repartir la responsabilidad y que salga en las mejores condiciones”.

Hay un detalle importante en la opción del juan palomo (así llaman a Huecco en Warner): sin intermediarios, el porcentaje de beneficio es mayor. “En iTunes, de cada dólar ganamos 77 centavos; con una compañía, habrían sido unos 22 centavos”, argumenta en Los Angeles Times el co-manager de Metric, Mathieu Drouin. El riesgo, eso sí, se acrecienta. Los miembros del grupo se han gastado sus ahorros, y han necesitado una subvención de 50.000 dólares del Gobierno canadiense.

Pero independizarse ¿está al alcance de todos? Alguno no lo ve claro. Javier Liñán, fundador del sello El Volcán: “Entiendo que haya artistas consolidados que se autofinancien las grabaciones, pero no un artista nuevo. Lo difícil es llegar, eso no se consigue colgando tus temas. La promoción conlleva más actuaciones”.

En cualquier caso, da la sensación de que las grandes discográficas (Warner, EMI, Sony BMG y Universal, que se reparten el 80% de las ventas) van un paso por detrás. Todavía estancadas en un modelo industrial en extinción (el CD), intentan paliar la caída de las ventas exprimiendo los directos. Todas han renegociado los contratos para que el 10% de los ingresos de los conciertos (el 5% en el mejor de los casos) vaya a parar a la discográfica. Algo que no había sucedido antes.

Alfonso Pérez, A&R de Warner, lo justifica: “Dada la caída imparable de las ventas

[en España en 2008 descendieron un 12% respecto a 2007, según Promusicae], la única manera de hacerlo viable era con una mínima participación de sus actuaciones en directo”. A Huecco el porcentaje de los conciertos no le parece “el fin del mundo”, pero las formas “quizá hayan sido agresivas”. El rumbero entiende que se aplique esa cifra para la primera gira (la que depende directamente de la inversión en el disco), pero no ya para una segunda vuelta.

En este panorama variable, donde no tiene sentido mantener estructuras gigantescas, surgen otras iniciativas. Hace algo más de un mes se presentó la compañía Polyphonic. Supone la unión de tres empresas, entre ellas la promotora de Brian Message, que ha trabajado con Radiohead. Sus responsables aseguran ofrecer un paso más en la integración de funciones del proceso productivo en una sola compañía: grabación, promoción, directo y merchandising. También permitirán a los artistas retener sus masters originales y sus derechos de autor.

Cabe preguntarse entonces si el negocio musical acabará por ser un asunto solo de artistas. Es poco probable. Seguirá habiendo agencias, compañías, managers, abogados… “Si no, tanto trabajo nos aplastaría”, señala Emily Haines. Ahora bien: ¿qué pasará con las discográficas? Para algunos son cada vez más prescindibles. El guitarrista de Vetusta Morla, Guillermo Galván, cree que después de lograr “lo más difícil” -triunfar después de años de trabajo-, deberían ofrecerles “algo muy grande” para que piquen. Prefieren trabajar en solitario. Y no les va mal. Metric, gracias al interés que ha despertado su rebeldía, ha vendido “más copias del último disco en pocos meses que del anterior en cuatro años”. Como dice Haines: “Existe la posibilidad de que todo se vaya a la mierda. Pero al menos habremos tomado nuestra propia decisión”.

Partido de la libertad individual (Actualizado)

Ha nacido hace poco, y con intención de operar en el marco del Estado Español, el Partido de la Libertad Individual. Se declara profundamente liberal (tanto en el ámbito económico como en el social), toma de la Escuela Austriaca de Economía y sigue el objetivismo de Rand. Su objetivo es instaurar una minarquía radical. Aquí tenéis el programa.

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La primera crítica, y seguramente la más importante, es obvia: es un partido político. No nos acerca a nuestro objetivo ni va a acabar nunca con el Estado. Además, su búsqueda de un Estado mínimo no es un objetivo adecuado: queremos acabar con la agresión, no reducirla a niveles bajos. También está vigente la crítica de que un Estado mínimo tiene incentivos y tendencia a crecer y se convertirá, eventualmente, en un nuevo Estado de Bienestar. Por otro lado, también adolecen de un profundo fundamentalismo democrático (ideología de masas hoy en día), pero en este caso parece que se esfuerzan por comprometerse realmente con los derechos individuales por encima de las decisiones democráticas.

Aún con todo, conviene detenerse a leer su programa y examinar sus ideales. En el ámbito económico optan, como es lógico, por la propiedad privada y el libre mercado como su ideal, siempre con el Estado como garante de ambos. Sin ser unos apologistas de la corporación, tampoco hacen mucho esfuerzo por desmarcarse del modelo actual de empresa y de las estructuras mercantiles actuales. Si bien se declaran capitalistas, es remarcable el hecho de que no utilicen nunca la palabra “socialismo” si no, de una manera mucho más correcta, “colectivismo” o “intervencionismo” dependiendo del contexto. Puede que sea una simple casualidad, pero no deja de ser curioso. Sobre la propiedad intelectual ésto es lo poco que dicen:

Propiedad no es única ni esencialmente el conjunto de bienes materiales y capital, sino también el propio cuerpo y la vida, el conocimiento adquirido, las propias ideas y la creatividad [...]”

 Lo más interesante de su programa, en cambio, está en el apartado más social, donde se les puede definir como auténticos izquierdistas. Siempre desde el absoluto respeto a la libertad negativa, se muestran muy progresistas en lo referente a los derechos de la mujer, de los inmigrantes o del colectivo LGBT; así como partidarios a la legalización del aborto, eutanasia, drogas, etc. Si bien puede ser una defensa un tanto “light” (presente en partidos como IU), no deja de ser gratificante ver a partidarios del libre mercado posicionarse de esta forma en cuestiones sociales. Además, desmarcándose claramente de los neocons en un párrafo que perfectamente podría haber firmado una organización o miembro de la izquierda libertaria:

Los sectores conservadores en torno a los cuales se ha acuñado el término “neocon” han incorporado del liberalismo y hasta del libertarismo una parte de su visión económica, pero en cambio han extremado su visión conservadora en todo lo demás, y proponen un modelo de sociedad basado en valores nacionalistas y en planteamientos tradicionalistas, muchos de ellos de inspiración religiosa, que se sitúan en posiciones diametralmente opuestas a las nuestras. Vemos con desagrado la confusión terminológica que lleva a algunos grupos de “neocon” a denominarse (o ser denominados) “liberales” pese a proponer políticas que, fuera de lo estrictamente económico, nos retrotraen a estadios superados de la evolución de Occidente e incluso reivindican un peso mayor del hecho religioso en la definición de los valores comunes de la sociedad. Nos parece mal negocio para el ciudadano liberarle del exceso de Estado sólo para someterle al regreso de las opresivas imposiciones del marco religioso de valores, felizmente superado en las sociedades modernas. Nos parece crucial diferenciarnos de esos grupos con la mayor claridad posible, pues nada comparten con nosotros salvo por su importación de algunas de nuestras ideas en economía.”

En definitiva no deja de ser un partido, y desde aquí siempre seremos partidarios de la abstención activa y de la abolición absoluta del Estado, pero siempre es interesante que surjan iniciativas de este tipo, que bien pueden dar a conocer ciertas ideas y acercar a mucha gente a la anarquía.

EDITADO: No es oro todo lo que reluce… un par de perlas que nos encontramos en su programa:

7.5.5. Oriente Medio. El Partido de la Libertad Individual defiende el derecho del Estado de Israel a la existencia y a la seguridad. Apoyamos un Estado palestino en Gaza y Cisjordania pero exigimos como condición para el mismo la renuncia definitiva a la acción armada por parte de quienes ostenten el poder de hecho y de derecho en la comunidad palestina.

Supongo que para un libertario es difícil de entender eso de el derecho a la existencia de los Estados, pero es que lo de Israel no se sostiene desde ningún punto de vista, por mucho que admitamos el derecho de propiedad del Estado sobre la tierra que ostenta. Lo del derecho a la defensa, con miles de palestinos inocentes muertos a sus espaldas y por mucho que el objetivo sean los terroristas (agresores), me parece increíble.

7.5.7. Los Estados Unidos de América. El Partido de la Libertad Individual rechaza el antiamericanismo asentado en la sociedad española y considera esencial la contribución de los Estados Unidos a la causa de la libertad en todo el mundo, tanto históricamente como en la actualidad. Creemos necesario el fortalecimiento de los vínculos entre Norteamérica y Europa, ya que juntos constituimos el pilar fundamental de la civilización occidental, la más exitosa de toda la Historia de la humanidad por su capacidad de brindar al individuo libertad y oportunidades de progreso.

No es muy coherente declararse partidario de una sociedad libertaria y estar orgulloso de la sociedad occidental, plagada de Estados fuertes y extensos, con múltiples agresiones y guerras a sus espaldas, y que cada día tienden más hacia la intervención sobre la sociedad libre. Hacerle la pelota a los Estados Unidos, siempre a la cabeza en estas cuestiones, tampoco queda muy bien.

Que cada uno juzgue… personalmente esto me parece como para no acercarse, por muy libertarios y progresistas que se muestren en el resto del programa.

Las obreras de la fábrica de chocolate

we can do it

Peter Drucker describe cómo reaccionaron las obreras de una fábrica de chocolate ante unos pocos incentivos monetarios introducidos por la gerencia:

En el empaquetamiento de golosinas de chocolate, equipos de dos mujeres, que se sientan una frente a otra, trabajan llenando cajas. Una compañía introdujo hace pocos años incentivos monetarios en esta operación, según los cuales la producción que excediera la norma se pagaría en forma aumentada progresivamente. Una producción de treinta cajas por hora produciría un jornal igual al doble del básico pagado por veinte cajas, por ejemplo. Lo que ocurrió fue completamente inesperado. A las pocas semanas las obreras habían organizado su propio sistema “stajanovista”. Los lunes, por ejemplo, el primer grupo de dos se ocupaba de batir todas las marcas, a fin de obtener el beneficio correspondiente. Los cuatro grupos situados a cada lado de las “stajanovistas” del día mantenían su producción dentro de lo normal, que era fácil de alcanzar, y dedicaban su tiempo libre a la “brigada de choque”, para que pudiera producir el máximo y ganar el máximo. El martes el equipo siguiente era “brigada de choque” mientras  el resto se organizaba para ayudar, y así sucesivamente. Esto les dio a las obreras el mayor ingreso posible, mayor del que podían ganar si cada grupo hubiera trabajado de por sí para producir, digamos, 125 por ciento de la norma constantemente. (Accidentalmente esto le dio a la compañía la mayor producción posible al menor costo por unidad).

Me pregunto qué cara se les quedaría a los gerentes que, después de estudiar las tareas del empaquetado con la misma actitud que el zoólogo ante una especie exótica, descubrieron que unas simples obreras, pobres y además mujeres, no les necesitaban absolutamente para nada.

Y todo con una pequeña interiorización de los beneficios de su propio trabajo; ni hablar de la autogestión.

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Fuente:

Peter Drucker, La gerencia de empresas, 1954. Traducido por  Luis Prats de The Practise of Management (1954). Ed. 1972, p. 341-342.

Socialismo de Estado y anarquismo: en qué coinciden y en qué difieren (Gary Chartier)

reforma sanidad obama

Benjamin Tucker publicaba en 1893 un artículo, Socialismo de Estado y anarquismo: en qué coinciden y en qué difieren, contenido en su Instead of a Book, donde exponía las posturas enfrentadas de Proudhon y Marx. El primero adoptaba la postura natural frente al monopolio: eliminar toda restricción a la competencia en la oferta de empleos, de modo que los trabajadores disfrutaran del producto completo de su trabajo. Marx, por el contrario, proponía  formar un monopolio universal concentrado en el Estado para combatir los monopolios del capitalismo.

Más de un siglo después, Gary Chartier toma la defensa del genuino libre mercado frente al capitalismo estatal y los remedios socialdemócratas en los mismos términos que Tucker. De lectura obligada para quienes todavía piensan que la sanidad americana es el paradigma del laissez faire:

Considere el impacto que ejerce el poder de monopolio de las compañías farmacéuticas y el complejo médico a través de la ejecución de los derechos de patente conferidos arbitrariamente por el gobierno. O considere el efecto sobre los precios cuando las exigencias de licenciación limitan quién puede ser médico, cuántos médicos puede haber y qué tipos de trámites deben pasar quienes no son médicos. O el efecto que ejercen similares exigencias de licenciación que reducen dramáticamente la competencia en otras profesiones sanitarias. O el efecto de limitar los permisos de los hospitales –frecuentemente también en vista de las condiciones de mercado de las comunidades en las que estarían dispuestos a operar (de modo que haya tan poca competencia cara a cara como sea posible).

Sin olvidar las restricciones estatales que impiden a los pobres un ingreso mayor del que obtienen bajo el capitalismo estatal, Chartier propone abolir las patentes sobre los medicamentos, los requisitos de zona y licencia para construir un hospital y todas las barreras de entrada que limitan la competencia entre las profesionales sanitarios. También apunta que las subvenciones agrícolas deberían ser suprimidas, debido a que desvían recursos para producir alimentos de escasa capacidad nutritiva.

Por mi parte, creo que una medida complementaria a la liberación total del mercado sería la mutualización de la sanidad pública, de forma que fuese entregada a las comunidades más cercanas y gestionada democráticamente por una junta electa, tal como el banco JAK, con el objetivo de ofrecer sus servicios al costo. Roderick Long menciona en How Government Solved que, antes de que el aparato regulador socialdemócrata las destruyera, asociaciones y mutualidades obreras de todo tipo ofrecían servicios médicos a sus afiliados por menos de 2 dólares al año.

¿Quién quedaría sin sanidad cuando las mutualidades la sirven al precio de costo, las barreras de Chartier han sido abolidas y el trabajo recibe su producto completo?