Respuesta a Albert Esplugas

Sep 29 • Mutualismo • 3523 Views • 14 Comments on Respuesta a Albert Esplugas

Albert Esplugas nos plantea en su blog algunas dudas a los mutualistas. Aunque reconoce lo sustancioso de los argumentos de Kevin Carson, considera que ha sido selectivo a la hora de presentar la intervención estatal en relación a las corporaciones, y cuestiona hasta qué punto el Estado las ha beneficiado: antes bien, él observa que las ha gravado con doble tributación (grava a la sociedad y a los accionistas por separado), las ha limitado mediante leyes antimonopolio y ha aumentado sus costos a través de regulaciones arancelarias, laborales y ambientales. Además, Albert considera que las corporaciones tienen más riesgos de ser expropiadas por los gobiernos que las pequeñas empresas.

Críticas al concepto de Estado-corporación

El impuesto de sociedades, Albert, en la medida en que desincentiva la afluencia de competidores, asumo que a largo plazo recae sobre el consumidor. Sucede algo similar que con las licencias de apertura: en un primer momento podemos considerar que han sido un obstáculo para los empresarios existentes, pero en la medida en que han impelido la entrada en escena de nuevos empresarios, ha beneficiado a los primeros, protegiéndoles de los segundos. En ambos casos la factura es para el consumidor.
Si, por añadido, consideramos que los accionistas que componen las sociedades no se hacen responsables sobre las pérdidas de las mismas, el saldo es netamente positivo en su favor. No hay precedentes ni motivo alguno para suponer que, en una futura sociedad sin Estado, algunos individuos mantendrán el privilegio de contradecir los términos explícitos de los contratos que firmen voluntariamente.

Como puse de manifiesto aquí, la responsabilidad limitada ha sido históricamente una invención estatal.

Las leyes antimonopolio surgen a partir de 1890 con la Ley Sherman, cuando la intervención estatal ya llevaba décadas promoviendo la concentración artificial de capitales a través de subsidios al transporte, aranceles, licencias, patentes y un largo etcétera. El hecho de que el Estado pretenda deshacer su intervención con más intervención me evoca una cita de Robert Anton Wilson:

Cada vez que un conservador hace una ley para crear privilegio, un socialdemócrata hace otra ley para modificarlo, llevando al conservador a hacer una ley más sutil para recrear el privilegio, etc., hasta que “todo lo no que no está prohibido es obligatorio” y “todo lo que no es obligatorio está prohibido”.

No se pueden mencionar las leyes antimonopolio como argumento pro-corporación, cuando tales leyes hubieran sido innecesarias de no haberse producido jamás las intervenciones estatales previas. Tucker criticaba el capitalismo corporativo en la década inmediatamente anterior a la Ley Sherman.

Esta ley, por cierto, pretendía impedir que las corporaciones “impusieran” precios altos como consecuencia del monopolio, mientras que la crítica mutualista consiste precisamente en que el Estado subvenciona –y por tanto reduce- los costos de las corporaciones. La ley Sherman no castigaba el tamaño de las corporaciones, como prueba el caso de U.S Steel Company, que fue declarada inocente a pesar de su inmensa participación –casi monopólica- en el mercado de acero.

Los aranceles, por su parte, han sido y siguen siendo uno de los pilares de la política estatal-corporativa, fomentando la expansión artificial de las industrias nacionales y, más recientemente, estableciendo toda una serie de requisitos discriminatorios favorables a las corporaciones a través de los mal llamados tratados de “libre” comercio (el propio Ron Paul se ha opuesto a muchos de ellos por esta razón). Jeffrey Tucker, del Mises Institute, comenta en este punto:

“El tamaño mastodóntico de esos acuerdos de comercio, con sus miríadas de estipulaciones y controles – tales como reglas sobre el origen y la correspondiente inspección de productos, exigencias de verificación, y la interferencia en asuntos de los soberanos, como leyes laborales – desvirtúan completamente su nombre.

Los acuerdos de libre comercio están siempre llenos de la palabra “excepción”. Aquellos que saben manejar sus influencias políticas a través de grupos de intereses siempre recurren a “favores” para protegerse de la competencia externa.”

En cuanto a las regulaciones laborales, los sindicalistas saben bien que quienes pueden soportar salarios altos son las grandes corporaciones. A este respecto citaré, irónicamente, un artículo que tú mismo escribiste: Capitalistas contra el capitalismo:

“Un ejemplo reciente lo hallamos en la firma Wal-Mart, cuyo director general ha sorprendido a muchos reclamando al Congreso una subida del salario mínimo. Así, con este llamamiento progresista que contribuye a redimir su imagen de multinacional explotadora, Wal-Mart pugna en realidad por cercenar la competencia: Wal-Mart paga a sus empleados el doble del salario mínimo, con lo cual éste puede aumentar hasta un 100% sin que ello afecte a la compañía. Pero los competidores que, como Target Union, pagan salarios inferiores a los de Wal-Mart verían aumentados sus costes laborales y serían desplazados del mercado.”

En tus propias palabras, las regulaciones laborales benefician principalmente a las grandes corporaciones.

No está claro que las regulaciones ambientales hayan supuesto un perjuicio importante para las corporaciones, ni mucho menos un perjuicio injusto: deben hacerse cargo de las externalidades que producen. Es posible, incluso, que las regulaciones existentes, en muchos casos, jueguen a favor, y no en contra, de las corporaciones, debido a que estas pueden costear los equipos más caros que requiere una producción ecológica (véase Starbucks). Los críticos liberales del Protocolo de Kioto ponían hincapié en el hecho de que los países subdesarrollados no podrían hacerse cargo del cuidado del medio ambiente sin importantes privaciones en su economía. Podemos aplicar este razonamiento a la relación corporación-pyme.

Y por si fuera poco, los cárteles petroleros limitan el uso de energías alternativas comprando las patentes. No sería absurdo considerar que estén detrás de los aranceles de América Latina y Asia contra dichas energías (al lado de la Guerra  de Irak, este tipo de peticiones parecen inofensivas).

Por último, la expropiación de grandes corporaciones es un error que los gobiernos se cuidan de cometer: incluso Chávez, para mantenerse en el poder, posee acuerdos con algunas de las grandes multinacionales (recordemos que Allende fue depuesto, precisamente, por su tentativa de “nacionalizar” empresas).
Las empresas de electricidad, gas, etc. han sido tradicionalmente monopolio del Estado, y es lógico –que no tolerable- que Endesa tenga problemas de este tipo. Pero no olvidemos que esta era antes una empresa estatal que fue privatizada de una forma totalmente ilegítima desde una perspectiva libertaria. No tengo clara la legitimidad de sus accionistas sobre las propiedades de la empresa.

Se me hace difícil pensar que Wal-Mart, empresa para la cual el gobierno americano –como puso de relieve Carson en el debate con Kinsella- construye carreteras y aeropuertos, tenga algún riesgo de ser expropiada.

Podemos concluir a este parte del post, que gran parte de los “perjuicios” que padece la corporación bajo el estatismo no son tales, mientras no hay lugar a dudas que el monopolio del dinero y de la tierra, los aranceles, las licencias y las subvenciones al transporte son beneficios que recibe esta recibe en su mayor parte y, lo que es más importante: que presiona activamente para que se implementen.

Críticas a la cooperativa

Aquí Albert Esplugas nos dice que, para vislumbrar el modelo de empresa que prevalecerá en una sociedad libre, debemos atender a las tendencias que se observan en las economías menos intervenidas.

La primera objeción que puedo plantear a esto es que las economías menos intervenidas no son, necesariamente, aquellas en las que las corporaciones están menos privilegiadas. No es relevante que EEUU tenga un puntaje alto en el Índice de Libertad Económica si la intervención indirecta, a través de licencias, subvenciones, etc. es mayor que en Ghana, donde el Estado maneja directamente la economía. Recomiendo el artículo de Carson El mito del Estado mínimo neoliberal.

De todos modos, aun concediéndote esto, no es cierto que no se observe una tendencia a la descentralización y a una mayor participación de los trabajadores en los procesos de producción. El éxito de Google se debe en gran medida a este hecho, y pueden citarse otros casos como W.L Gore o Whole Foods. Parcialmente, el éxito de otras muchas corporaciones se explica por razones parecidas (véase Toyota).
Pero debe tenerse en cuenta que, como apunta Kevin Carson, la esclavitud, a pesar de ser ineficiente para la economía en general, es muy rentable para los propietarios de esclavos. Aquellos que están en la cima –en este caso, los ejecutivos sénior-, no renunciarán fácilmente a su posición en las corporaciones, aun cuando se demostrara que el modelo autogestionado es más eficiente. Para el cambio no solo es necesario que aumenten los salarios, sino que disiminuyan los costos de financiación, producción y emprendimiento, y que se eliminen los privilegios corporativos.

Y a pesar de todas las cadenas estatistas que impiden a los trabajadores gestionar sus puestos de trabajo, en Emilia Romagna (Italia) existe una experiencia cooperativa de grandes dimensiones que lleva funcionando décadas con notable éxito. Anticipándome a la objeción, ten en cuenta que Italia no siempre ha puntuado tan bajo en el Índice de Libertad Económica, que los aspectos en que es más intervencionista afectan por igual a cooperativas y corporaciones y que su puntuación en libertades comercial y empresarial es alta. Además, en Illinois funciona algo similar.

Dicho esto, es difícil que en los países subdesarrollados proliferen las corporaciones porque no existe un entramado de infraestructuras públicas que las subvenciones, por lo que predominan las pequeñas empresas casi artesanales, excepto en las regiones más pobladas y mejor comunicadas. En esa línea, me comentaba un compañero mexicano que allí se están construyendo numerosas autopistas, y que en las recién terminadas no se ven más que camiones de las grandes corporaciones.

La correlación “progreso-corporación” muestra la misma causalidad que la de “más consumo de helados-más accidentes de tráfico”. Y ambas son correctas.

Respecto al artículo de Peter Klein: él dice que los trabajadores, al no poder comerciar con sus participaciones de la cooperativa, no tienen incentivos en aumentar el valor de la empresa a largo plazo, y tienden a consumir las ganancias en lugar de reinvertirlas. También sostiene que debido a la misma causa, la imposibilidad de comerciar con sus participaciones, las divergencias en los objetivos de los socios pueden acabar por disolver la cooperativa.

Ambos argumentos son verdaderos y están corroborados por otros estudios sobre el asunto, pero Klein no tiene en cuenta un punto esencial: ¿quién dijo que la participación en la cooperativa no podía ser enajenada? No debemos imaginar una sociedad mutualista como si se tratara de la Yugoslavia socialista, en la que los obreros estaban atados a las cooperativas. Al contrario, las participaciones de los trabajadores serían vendibles, con la condición explícita de que el comprador pasara a formar parte activa de la cooperativa, en lugar de ser un mero rentista; y los trabajadores circularían de cooperativa en cooperativa en base a sus propias preferencias y filosofía de vida. De esa forma, tendrían incentivos en aumentar el valor de su propiedad, se minimizarían los conflictos y tendríamos como resultado una auténtica sociedad de propietarios –algunos dirían que liberal, otros que socialista-.

Peter Klein reconoce que la cooperativa posee mecanismos más adecuados para percibir la información del entorno que la corporación, pero observa que es posible que los costos de información, en esta forma de empresa, superen a los beneficios que engendra dicha información. A esto podemos oponer dos cosas:

1)    La centralización corporativa está incentivada por las subvenciones al transporte.

2)    Los costos de información en la cooperativa se producen, principalmente, en la toma de decisiones por parte de todos los trabajadores, y los conflictos que estas reuniones puedan generar. Peter Klein olvida que dichos conflictos se minimizan gracias a la posibilidad de enajenar la participación en la empresa, y que muchas cooperativas funcionan bajo el ideal de “isla comunista”, y como consecuencia, sus costes de información son excesivamente altos. Lo que proponen los teóricos de la cooperativa -entre ellos Kevin Carson- se parece más a un sistema en red P2P que al “centralismo democrático” de estas cooperativas que predominan actualmente.

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14 Responses to Respuesta a Albert Esplugas

  1. Bastiat says:

    Victor, el problema de hablar Ceteris paribus es que precisas llegar a un consenso sobre cual es el entorno en el que modificas la variable que quieres usar. Por ejemplo. Hablas de las cooperativas “¿quién dijo que la participación en la cooperativa no podía ser enajenada? No debemos imaginar una sociedad mutualista como si se tratara de la Yugoslavia socialista, en la que los obreros estaban atados a las cooperativas. Al contrario, las participaciones de los trabajadores serían vendibles, con la condición explícita de que el comprador pasara a formar parte activa de la cooperativa, en lugar de ser un mero rentista; y los trabajadores circularían de cooperativa en cooperativa en base a sus propias preferencias y filosofía de vida. De esa forma, tendrían incentivos en aumentar el valor de su propiedad, se minimizarían los conflictos y tendríamos como resultado una auténtica sociedad de propietarios”

    No te voy a negar que dicho así suena bien… sólo que para que eso exista los cooperativistas iniciales tendrían que poner como condición para la pertenencia a dicha cooperativa de dichas condiciones. Es decir no puedes garantizar que TODAS las cooperativas tuvieran ese funcionamiento. Pero de igual manera no puedes asegurar que el poder circular de una cooperativa a otra garantice el que quienes vengan aumenten el valor de su propiedad puesto que ellos sólo tienen una parte, en principio alícuota, de la propiedad total y los rendimientos se distribuyen de … ¿cómo se distribuyen? No sólo eso, sino que puede y sería conveniente el que haya un régimen interno para la toma de decisiones en las cuales pueden surgir “bandos” para la acción en los cuales la no conformidad con las decisiones adoptadas pueden llevar aparejado la fuga de miembros, puesto que se pueden vender las acciones, a un precio “de mercado”. El mercado informado de las circunstancias de cada empresa ofrecerá la posibilidad de que nuevos miembros aportes nuevas ideas o por el contrario de que nadie quiera entrar a formar parte de ellas puesto que las decisiones de un grupo mayoritario dentro de la cooperativa y que logra imponer sus decisiones puede ir en contra de la mayoría de lo que el común entiende como razonable. Es decir, puede ocurrir que una determinada línea de gestión hunda el valor de la participación y que, como consecuencia de ello el valor de dicha participación sea cero y se tengan que modificar los estatutos de dicha cooperativa para que la misma se haga con la propiedad de los títulos vacantes, precio cero, y los administre conforme a la mayoría decida….

    Como ves, aceptar un criterio no siempre es consistente, las variables son muchas mas de las que se pretende estudiar y la realidad, sobre todo si tratamos de aceptar el principio de no incluir conceptos que se han dado puesto que la realidad de hoy en día, la del estado y las empresas es fruto de la historia, es sólo pretender amoldar una realidad nunca dada a nuestros deseos. Carson lo hace, lo hace Albert. Por eso digo que es jugar a adivino.

    Si quieres nos ponemos a decidir sobre el entorno en el que mueves tus variables, y yo te vario las mías y a ver que sale….

  2. Bastiat says:

    Bueno, Víctor, parece que no te mola mucho la idea de compartir conmigo la experiencia de elucubrar el cómo sería una sociedad anarquista. Es una lástima. Y es una lástima porque quien pretende saber el cómo seria una sociedad mejor debería tener al menos, la capacidad para mantener una conversación sobre el particular. Eso si, implica correr el riesgo, al poner sus ideas en confrontación con quien duda de ellas, si se es honesto, empezar a plantearse la fortaleza de sus ideas y puede verse abocado a evolucionar incluso por donde no creía que pudiera hacerlo.

    Es una posibilidad pero que aceptar el riesgo supone un bonito reto.

  3. Victor L. says:

    Ten un poco de paciencia, Bastiat, no vivo solo para esto. He leido tu réplica y la de Albert, mañana sin falta intentaré contestaros a los dos.

    Ni mucho menos rehusaría de un debate como este! 😉

  4. Bastiat says:

    Ya!!!……

  5. Victor L. says:

    Bastiat,

    es verdad que no puedo garantizar que el sistema funcione así, de hecho, ni lo pretendo. Lo único que puedo garantizar es que, si la gente quiere un sistema así, tendrá enormes posibilidades de que sea así.

    Al fin y al cabo, los anarquistas colectivistas piensan que los obreros estarán dispuestos a robar los medios de producción, ¿por qué no podemos plantear que, esos mismos obreros, emprendan negocios alternativos que compitan con los de sus patronos? nosotros barajamos la posibilidad de que eso se lleve en práctica y sus posibilidades de éxito en una sociedad libre; eso es todo.

    Luego dices, respecto a los beneficios:

    “¿cómo se distribuyen? No sólo eso, sino que puede y sería conveniente el que haya un régimen interno para la toma de decisiones en las cuales pueden surgir “bandos” para la acción en los cuales la no conformidad con las decisiones adoptadas pueden llevar aparejado la fuga de miembros, puesto que se pueden vender las acciones, a un precio “de mercado”.”

    Tiendo a pensar que una cooperativa tiene las herramientas para retribuir a sus miembros de acuerdo a su productividad marginal, o lo más aproximado posible a eso. En una corporación, las creencias arraigadas de los directivos, la burocracia parásita y el conocimiento irreal de los directivos sobre el proceso de producción impiden que eso sea así.

    Por otro lado, el supuesto de que el grupo mayoritario de la cooperativa sea “inepto” es perfectamente posible: lo que garantiza el mercado es que tales cooperativas sean desplazadas. De todos modos, creo que la movilidad que garantiza la enajenación de las acciones impide que suceda eso, que es muy común hoy en día: existirán incentivos suficientes como para que los ineptos, dentro de la cooperativa, sean a su vez desplazados.

    En ese sentido la cooperativa a nivel interno es un auténtico mercado, en contraste con la planificación centralizada de la corporación.

    Un saludo Bastiat! 😉

  6. Bastiat says:

    Victor…. los deseos no se hacen realidad por el mero hecho de desearlo con mas fuerza. Y digo esto porque usar palabras como “tiendo a pensar” “evidentemente puede haber” “no puedo garantizar pero si la gente lo quiere” no es mas que un esfuerzo por pensar “qué bueno es lo mío” así, con los ojos y los puños cerrados a la vez que se desea con más y más fuerza.

    Mira, lo primero que tenemos que conseguir es establecer el marco. Te lo dije antes y lo sigo preguntando ahora. Por ir poniendo de mi parte, en un estado de total anarquía, entendido esto siempre dentro de lo que los que aceptamos el concepto tiene de orden no supeditado al poder, establecer la preferencia de una forma determinada sobre otra no es mas que un deseo que se quiere o se espera que se haga realidad.

    Las cooperativas, como todo grupo humano puede organizarse de la forma que dicho grupo humano entienda adecuado. Puede ocurrir que la inmensa mayoría de los miembros de una cooperativa sean unos planificadores lamentables mientras que cada uno en su profesión o en su tarea asignada sea todo un hacha. La dirección es la que planifica lo que se tiene que hacer y todos, pese a ser cooperativistas, aceptan las directrices. ¿Me puedes negar un tipo organizativo así dentro de la anarquía? No. Creo que no.

    Puede, evidentemente que una inmensa mayoría de los cooperativistas, porque sean pocos los miembros de la misma y la cercanía a la gestión cotidiana les sea común a todos, puedan participar armónicamente en la planificación de la misma. Puede que lo hagan armónicamente, pero igualmente puede que no. Ese es el problema del “puede” o el “tiendo a pensar”, que puede que si o que puede que no.

    Piensa que para que el caso primero lo normal, no lo que siempre siempre se da, sino lo normal, es que ocurra en empresas cooperativistas grandes. En el fondo lo que es es una empresa como otra cualquiera en la cual los trabajadores son socios que participan de los beneficios en la forma que se acuerde, pero que la gestión la realizan unos cuantos, normalmente los mejor preparados para tal fin y que tienen un conocimiento del mercado en el que se mueven y de los procesos productivos mar adecuados ya que, como digo, la empresa cooperativa es de gran disensión, y ese tipo de información no está cercana a todos porque no todos tienen en su quehacer cotidiano conocimiento de ello.

    Por el contrario, la segunda organización se da en estructuras mas pequeñas, de tal forma que su tarea sea de poca entidad, con poco capital y poco inmovilizado, concepto económicos ineludibles tanto en la actualidad como en la anarquía, y que pueden facilitar que en el caso de que surjan discrepancias la cooperativa se rompa y cada parte pueda formar con poco esfuerzo otra nueva estructura que usando el mercado dejado por la anterior tenga fácil acceso al mismo, o que pueda competir con lo que quede de ella al estar ésta debilitada.

    Según tu se pueden vender las cuotas participativas. Bien, me parece una posibilidad, de hecho es una sociedad con participaciones lo que propones, como ya he dicho. Pero ocurre que una empresa cooperativa establecida de esa forma puede, como ya te comenté, hacer que la participación en el mercado de nuevos cooperativistas tenga un valor muy bajo, cero incluso, de tal forma que eso ocurre porque la dirección que ha tomado dicha cooperativa el mercado entienda que ese valor sea nulo. Pero lo cierto es que nunca el valor es nulo. El valor de una empresa cooperativas radica en su inmovilizado, pero, y esto es lo más importante, en los miembros que la componen. Si una cooperativa es grande, caso uno, los gestores de una buena empresa tiene mejor margen para intentar nuevas empresas que los que están mal gestionadas. En el caso uno cada acción tendrá un valor superior que en el caso de la mala gestión de manera que quienes gestionan bien tienen un valor de mercado superior que los malos gestores. Eso hace que los buenos pidan y obtengan mejores y mayores garantías y salarios que en el caso de los malos.

    La motivación del común, lo cierto es que es otro “depende”. La historia de la humanidad nos demuestra que grandes líderes son los que han sabido aglutinar en torno a sí a muchos seguidores, y tal relación, normalmente no era igualitaria sino de sumisión u obediencia. No quiero decir con esto que siempre haya sido así, ni que sea siempre así en un futuro, pero sí que es lo mas normal. De tal manera que un buen gestor puede obtener garantías y préstamos más fácilmente que un mal gestor de manera que puede formar una empresa no cooperativa fundamentada en su liderazgo y su saber hacer. ¿Me puedes negar eso dentro de la anarquía?

    Me dirás, si la gente mayoritariamente quiere una anarquía no aceptará someterse a nadie…bien. salvo que no tengan para comer. Piensa en aquella cooperativa mal gestionada y que al final desaparece por que el valor de la participación es nulo… ¿qué hacen esos cooperativistas? ¿Forman otra cooperativa? ¿Con qué medios? ¿Con que capital?…. El único capital que todo hombre tiene asignado, y aun así con matices, es su fuerza de trabajo. Pues bien, ese capital lo vende y mientras que con el fruto de esa venta obtenga los beneficios que espere o que al menos le sean suficientes como para vivir conforme a lo que es espera no tiene porqué tener la tentación de entrar en otra cooperativa por el mero hecho de que ya sabe cómo funciona una cooperativa, los beneficios se reparten pero los perjuicios también. La diferencia entre una asalariado y un socio cooperativista no es sólo el sentido de propiedad de la empresa, sino la diferencia fundamental que hoy en día percibimos en muchos casos es que mientras que el patrón vive para la empresa, sobre todo en esas pequeñas empresas de las que tu estas convencido sólo existirían en la anarquía, el trabajador, llega la hora de marcharse y descansa….

    Son cosas de los puedes y el yo pienso que si la gente lo quiere…. Porque sí, si la gente lo quiere viviríamos en un mundo de libertad… pero, a día de hoy, no se da el caso.

  7. Victor L. says:

    Bastiat, hay que distinguir entre los deseos y los argumentos racionales. Yo deseo una sociedad operada por los trabajadores, del mismo modo que a algunos ancaps les inspira más confianza otra regida por grandes multinacionales, pero por el mero hecho de que “desee” esa sociedad no se pueden desestimar los argumentos.

    Hay muy buenas razones para pensar que eliminadas TODAS las barreras de entrada artificiales al emprendimiento, montar un negocio será mucho más barato, como también las hay para pensar que eliminados TODOS los privilegios a las corporaciones, estas se disolverán como pastillas efervescentes. Si a eso le sumamos que esas mismas corporaciones, debido a sus problemas de agencia, ya aplican procesos de descentralización (algunos muy radicales, como he señalado en el último post), los indicios me hacen pensar que mis deseos tienen posibilidades reales de convertirse en realidad.

    En cuanto al funcionamiento de la cooperativa, es más correcto hablar de incentivos que de lo que “realmente puede ocurrir”: puede pasar que, en efecto, todos los cooperativistas sean unos ineptos, y los más valiosos sean desplazados por los demás, pero, ¿es probable? no lo creo.

    No estoy de acuerdo con tu imagen de cooperativa: su principio esencial es “un trabajador, un voto”, por lo que si las decisiones las toma una “junta directiva” no estamos hablando de lo mismo. La cooperativa planteada, como dije, se parece más a un sistema descentralizado P2P con pequeños grupos autónomos interactuando horizontalmente entre sí, como Google o Whole Foods.

    En Gore, si no recuerdo mal, la realización de gran parte de los proyectos depende del apoyo que recibe su creador de los otros empleados. Si alguien tiene una idea y no convence a ningún compañero, nadie desviará su dinero y su trabajo en ese proyecto. Las cooperativas podrían funcionar de forma similar.

    En el tema del valor de las acciones me perdí, ¿podrías explicarlo mejor? ¿cómo puede la cooperativa hacer que sus acciones sean igual a 0 al margen de su actividad?

    Respecto a los liderazgos, no son incompatibles con la cooperativa, sino todo lo contrario: son un punto en su favor. Las corporaciones burocráticas no son capaces de percibir las relaciones informales que se establecen entre sus miembros y que, si supieran utilizarlas, aumentarían su productividad de forma espectacular -Gore lo hizo y ahí están sus resultados-. Una cooperativa puede recompensar e incentivar a los buenos líderes si estos le aportan ganancias extra. Esto me recuerda al caso de los capitanes piratas, que eran elegidos por la tripulación y podían ser revocados en cualquier momento.

    Un saludo.

  8. Bastiat says:

    El problema, Víctor, es plantearse una realidad partiendo de los propios prejuicios. Los Ancaps no pretenden que el mundo esté regido por grandes corporaciones, sino que es una posibilidad que se puede dar, con la misma garantía de éxito que le das tu a las cooperativas, debido a que no hay en ningún momento interferencia estatal que premie a determinados grupos frente a otros. Eso, Víctor, lo soléis olvidar porque no hacéis una proyección de lo que es y significa la anarquía partiendo de relaciones nuevas sino como contraposición a las relaciones que ahora se dan.

    Todo liberal, empero, unos mas que otros, ciertamente, desean una disminución del Estado. Los Ancaps, de hecho buscan su eliminación al igual que vosotros los mutualistas. La realidad, sin embargo nos dice que tal cosa es difícil y dejar todo al albur de que una inmensa mayoría de gentes en un territorio determinado desee llevarlo a la práctica no es mas que eso, un deseo.

    Y es un deseo el pensar que una vez eliminadas todas las barreras que la acción del Estado promueve para beneficio de sus empresas comodín y coligadas en la ostentación del poder, como el socialismo dizque llamado democrático tiene a gala demostrarnos día a día en “Este país”, los costes de formación de nuevas empresas sean menores. Si, eliminamos las barreras e injerencias estatales, pero siempre hay un problema fundamental que es el conseguir los medios de producción de manera lo suficientemente económicas como para que, eliminando el robo, claro, se dé esa posibilidad de generación de nuevos proyectos de manera fácil o económica. Simplemente no se sostiene.

    Respecto al funcionamiento de la cooperativa, un hombre un voto suena bien. Pero no deja de ser una forma de alentar la formación de bandos dentro de la gestión de la cooperativa que se daría, sobre todo, y ese es el ejemplo y el caso que yo pongo, cuando el tamaño de la misma, el capital invertido e inmovilizado sea grande y los miembros de la misma sean muchos. Pretender que en una empresa de mas de 200 miembros que las decisiones se tomen de manera asamblearia no es imposible pero si extremadamente difícil… sólo es una cuestión de orden. De tal manera que los gestores, los elegidos podrán tener no ya sólo un gran predicamento entre el grupo mayoritario, que les apoyen y gracias a ellos la empresa gane o, por el contrario surjan rencillas que dificulten la toma de posiciones claras sobre todo si los gestores, obtienen mayores y mejores recompensas que los demás debido a su buen hacer que a todos premia. El liderazgo es algo que se recompensa o deja de ejercerse porque leva aparejada una responsabilidad que el peón de la carretilla no tiene.

    Lo de un hombre un voto, es el otro caso pero es que no es lo mismo fabricar alfileres en cadena que barcos en unas grandes astilleros. Nunca lo olvides.

    El valor de una acción dentro del mercado de valores puede ser cero o tan bajo que realmente podamos decir que esa empresa no tiene un valor de mercado como para interesarse en ella. Y eso puede deberse a que lo que produce no tiene interés en el mercado o que su gestión entiende el mercado está llevándola al fracaso. No es complicado. Pero lo que no debes olvidar es que el principal valor que un cooperativista asociado es su acción. El interés por mantener el valor de ella puede llevarle a implicarse más en la gestión pero eso siempre será un depende puesto que, como digo, dependerá del tamaño de la cooperativa. Y ésta puede desaparecer dejando a sus miembros en la calle. Que es en definitiva de lo que se trata.

    Por tanto, hay que demostrar que se ha reducido la dificultad de generar nuevos proyectos. Hay de demostrar que lo que mayoritariamente se dé sean cooperativas. Hay que demostrar que no van a surgir empresas en el sentido actual con la relación patrón asalariado, y, sobre todo, hay que demostrar que eso puede ocurrir sin que nadie ponga trabas legales o violencia para impedir tal cosa…. porque si se da el primer caso no sería la anarquía de la que hablamos y sí sería en el segundo la anarquía a la que otros se refieren.

    Un Saludo.

  9. Victor L. says:

    Bastiat:

    Muchos ancaps sí conciben la “anarquía” como una sociedad futurista controlada por las corporaciones. Sin ir más lejos, échale un vistazo a la portada del libro de Esplugas que hizo Fonseca. Y conozco más casos como ese.

    Antes ya contesté a casi todo tu mensaje: la sociedad cooperativa no es un simple “deseo”, está basado en argumentos muy sólidos que ya te he mostrado. No he negado que si la gente es indiferente a todo eso, la sociedad cooperativa no se dará. Pero por pequeña que sea la voluntad, las oportunidades son grandísimas.

    Está por ver si realmente, salvo en casos muy concretos, habrá empresas de más de 200 trabajadores. En cualquier caso, siendo las acciones vendibles y trabajando en pequeños grupos no encuentro cuál es el problema de los bandos y demás.

    También te dije que el liderazgo se recompensaría; si la productividad marginal del lider es mayor, la recompensa también debe serlo.

    Vale, pensé que con lo de valor 0 de las acciones te referías a alguna treta artificial de los cooperativistas, por eso no te entendí…

    Si el valor de las acciones es 0, las espectativas de ganancia de la empresa deben ser muy malas y no hay nada mejor que su quiebra. Ahora, si sucede que simplemente alguien quiere irse de una cooperativa porque no encaja con su forma de ver las cosas, puede anunciar su venta y posibilitar que algún otro emprendedor-obrero con pocos recursos la compre.

    No se trata de demostrar -que es imposible-, sino de barajar las probabilidades. El asunto de la seguridad policéntrica da para otro debate; aquí debes concederme que funcionará correctamente (de lo contrario nada de lo que hemos hablado tiene sentido).

  10. Victor L. says:

    Stewie, muy bueno el enlace!

    Qué gran trabajo ha hecho Ferhergon.

  11. Bastiat says:

    ¿Cómo mides la productividad marginal del líder? ¿En cuanto y cómo la valoras? ¿A precio de mercado?

    Tu hablas de que no habrá empresas grandes… Y un barco de gran tonelaje ¿Cómo se hace?

    Claro, hablo del barco porque es la forma mas natural de transportar mercancías y personas de un sitio a otro sin eso que tu llamas “subvenciones al transporte”… por carretera, claro. Y pongo el ejemplo porque un puerto se puede poner en cualquier sitio que valga la pena y sea factible hacerlo. Una empresa puede construir un barco, cuanto más grande mejor y para manejarlo igualmente lo gestionará un grupo, pongámosle que cooperativo, de marinería. Se llega al acuerdo de ir a Biblos en vez de a Cartago porque allí se obtienen mejores precios a pesar de que es mas lejano. Pero hete aquí, que otros prefieren menos precio pero igualmente menor riesgo. El barco se vacía de la mitad menos uno y tienen que volver a encontrar a más marinería… bueno… es que me pongo a imaginar uno lo veo claro. Es un quiero y no puedo.

    Pero sobre todo, insisto, un barco no está subvencionado, pero igualmente, como ocurría en la edad media, se puede construir un puente y cobrar peaje. ¿no lo sabías? Nadie subvencionaba el puente, lo hacía un señor feudal, normalmente, y ahora lo podríamos sustituir por una cooperativa y cobrar dicho impuesto, digo peaje. Nadie subvenciona el transporte salvo si lo hace el Estado. Pero eso nos lo hemos cargado. Lo cual no quita para que se puedan seguir llevando mercancías por la tierra, cruzando puentes e incluso, haciendo túneles. En un mercado competitivo todo ello se puede hacer si se obtiene el capital preciso…. Por cierto. ¿Cómo? Ains…..

    Lo mismo algún líder que supo manejar una buena cooperativa y se hartó de tener que tomar sus decisiones tras la aprobación por la mitad mas uno de una cooperativa. Obtuvo unos ingresos superiores al serle pagado mas por su productividad marginal ampliamente recompensada por los mediocres compañeros de cooperativa y pudo ahorrar para montar su propia empresa…. Lo mismo funciona.

    ¿O no?

  12. Victor L. says:

    1) La productividad marginal del “líder” se mide como cualquier otra: calculando cuánto se perdería si él no participara en la producción. En muchas ocasiones es difícil calcularlo con precisión, pero una cooperativa está más preparada que una corporación para llevarlo a cabo.

    2) El transporte marítimo SÍ está subvencionado. Los puertos se construyen con dinero público, los guardacostas, la guardia civil y demás personal de seguridad que aseguran la llegada de los barcos se pagan con dinero público y la construcción y el gasóleo de los buques están subvencionados.

    3) No sé cómo puede funcionar un astillero a un tamaño más reducido, de todos modos no he negado que puedan haber excepciones. Esa no es la cuestión principal.

    4) Ya te expliqué como funcionaría una cooperativa sin votar cada minucia en la asamblea.

  13. Bastiat says:

    Víctor, punto por punto….

    1) ¿En qué te basas para afirmar que la productividad marginal de un líder, digamos un director general, va a ser mejor valorada por una asamblea de personas que van a ganar menos que él en vez de por una o un consejo de cuatro que ganan más que él? Desde mi punto de vista no se sostiene.

    2) Yo no estoy hablando de este mundo actual. Estoy hablando, porque creo que no has reparado en el ejemplo, de la antigüedad, cuando los barcos atracaban en las playas o aprovechando pequeños embarcaderos en calas accesibles. Con lo cual tu crítica carece de sentido.

    3) La cuestión, después de dicho lo anterior, es que las excepciones existen. En casos en los que las necesidades de capital sean grandes el problema de la dirección del líder o está separada de las asambleas en lo cotidiano (4) o su gestión sería lenta y difícil favoreciendo la existencia de corporaciones. Y es que si no se da esa continua apelación a la asamblea el argumento a favor del modo cooperativo empieza a caer en el alejamiento de la gestión distribuida y la mejora de los flujos de información.

    Añadámosle la cuestión nada baladí de el cómo se consigue ese gran capital para formar una empresa de esas características y el cómo se reparte tanto la aportación del os miembros de la cooperativa y su viabilidad.

    Pero la cuestión, al final de todo esto es si el mutualismo impediría la creación de grandes corporaciones… que eso es algo que se habla en otro hilo.

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