Respuesta a Albert Esplugas II

Oct 3 • Actualidad • 1354 Views • No Comments on Respuesta a Albert Esplugas II

Continúo con el debate, Albert. Venimos de la actualización de la entrada “Pregunta para los mutualistas”.

1) Sobre el Estatismo.

Sobre la doble tributación, hay que tener en cuenta que no solo afecta a las grandes corporaciones: las sociedades laborales, las sociedades civiles públicas (que suelen ser pymes), comanditarias, limitadas y muchas sociedades anónimas de tamaño reducido –y por tanto exentas de la crítica mutualista- están sujetas a esa misma doble tributación. El impuesto sobre dividendos no existe en la mayoría de países industrializados, y en EEUU, que es de los pocos que lo implementa, recae sobre el consumidor. Como apunta Gary Becker –y nadie menos sospechoso de ser anticorporación-:

“Lo sucedido es que al subir o bajar los impuestos al capital, las ganancias después de impuestos se ajustaban según el monto invertido. Por ejemplo, mayores impuestos al capital conducían a que se invirtiera menos y el capital invertido crecía más lentamente. Lo contrario sucedió cuando se rebajaron los impuestos al capital, como pasará si se elimina el impuesto a los dividendos.”

“Así, en lugar de tener un impacto rápido en la distribución del ingreso, la eliminación del impuesto a los dividendos beneficiará principalmente no a los ricos sino a la gente de bajos ingresos y a la clase media, quienes reciben el grueso de sus ingresos en sueldos. En efecto, la experiencia muestra que los más beneficiados por menores impuestos al capital terminan siendo los trabajadores.”

Además, los autónomos están más gravados que las sociedades y tienen serios problemas de financiación, ya que a menudo los bancos no los reconocen como empresarios sino como “particulares”. Teniendo en cuenta que existen tres millones de autónomos en España y que compiten por las mismas cuotas de mercado que las corporaciones en sectores como la hostelería y el comercio, deberían tenerse en cuenta estos datos.

Añádase que las grandes empresas suelen ser también las grandes beneficiarias de las políticas públicas, al contrario de lo que se piensa. Los ayuntamientos pueden reducir los impuestos hasta en un 50% a las compañías que utilicen energías renovables o creen empleo, así como subvencionar a las que exporten o inviertan en I+D+it. La PAC, por su parte, subvenciona en función de las tierras, dando más a quien más tiene. Todas estas bonificaciones van a parar, en su mayor parte, a grandes empresas.
Puedes encontrar un ejemplo de lo que menciono en el conocido caso de Alfonso Gallardo –uno de los grandes magnates de este país-. Para crear empleo y aumentar su popularidad, la junta de Extremadura intervino en el proyecto de refinería de Gallardo mediante subvenciones, expropiaciones, adjudicaciones de contratos, etc. Y ese es el pan de cada día en muchos municipios españoles y, por lo que comenta Johan Norberg –un pro-corporaciones declarado-, en Suecia no están mucho mejor:

“Las regulaciones que se introdujeron fueron adaptadas para beneficiar a las industrias más grandes; por ejemplo, los salarios fueron equiparados, pero con el propósito de mantener los salarios bajos en las empresas grandes, mientras que las empresas pequeñas y menos productivas fueron forzadas así a cerrar.”

Y continúa más adelante:

“Pero las políticas que beneficiaban a las firmas más grandes crearon un déficit de pequeños y medianos negocios.”

En Estados Unidos se está atrayendo la inversión de muchas grandes empresas, locales y extranjeras –entre ellas españolas- gracias a las jugosas subvenciones de algunos Estados a las energías alternativas, aunque la subvención corporativa se realiza sobretodo en los términos que apunta Carson: transportes (comprendiendo aquí las expropiaciones pertinentes), patentes, licencias…

En cuanto a la responsabilidad limitada: aun suponiendo que esta fuera legítima, es diez veces más caro constituir una sociedad anónima que una limitada (por no mencionar otros tipos de sociedades), lo que en la práctica supone un perjuicio para las pequeñas empresas, que no pueden costearse la RL.
Pero no creo que lo sea: la responsabilidad de cada individuo sobre sus deudas es total, a menos que no pueda pagarlas o se especifique lo contrario.

Conocer las implicaciones de las SA no compromete a los acreedores (mucho menos en anarquía, donde será imposible relacionar sociedad y responsabilidad), del mismo modo que no se justifica un crimen por ser avisado previamente. Los acreedores prestan a un conjunto de individuos que se comprometen explícitamente a pagar mientras puedan hacerlo, y es una ficción que a posteriori el criterio de solvencia se aplique a una persona distinta de los individuos que la componen.
A partir de este momento, los incentivos para registrar como bienes de personas físicas aquellos que son utilizados por las sociedades y otros fraudes similares para huir de las responsabilidades individuales, están servidos.

No niego que las SA puedan darse en una sociedad libre, pero de modo distinto. Es posible que, a cambio de rentabilidades extraordinarias, los acreedores consintieran explícitamente la RL.

Desde una perspectiva empírica, no existen evidencias de sociedades de RL sin intermediación estatal. Tal privilegio comenzó siendo temporal, aplicado a empresas muy concretas (Compañía de las Indias) o con una finalidad “socialmente beneficiosa” (transportes, obras públicas, etc.), hasta que a mediados del s. XIX fue totalmente reglado. La opinión de los liberales contemporáneos a los hechos puede darnos una idea – ni qué decir de los mutualistas- de esto.

Tienes razón al señalar que las leyes antimonopolio perjudican a las corporaciones y en que estas no son ilegítimas per se, pero no se extrae de ello que las grandes compañías puedan expandirse con más facilidad después de “liberadas” de esas leyes, ni que globalmente estas regulaciones estatales pesen más que los beneficios de otras regulaciones y subvenciones estatales.

Las economías de escala, que presuntamente son las culpables de estos “monopolios naturales”, reducen los costos de producción, pero no se repara en que también aumentan los costos de distribución -costos que están, en buena medida, subvencionados. En EEUU la construcción de canales estaba subvencionada alrededor de un 70% por el Estado, las tierras fiscales fueron regaladas o vendidas a bajo precio a los ferrocarriles, y muchos Estados subvencionaban directamente a las compañías.
Los aranceles también ayudaron a expandir ciertas industrias (textil y metalúrgica, por ejemplo) y las patentes concentraron la industria telefónica, farmacéutica y muchas otras que dependían de la exclusividad de su maquinaria o sus innovaciones.

Algunas de las “víctimas” más conocidas de las leyes antimonopolio, como Paramount o más recientemente Nintendo y Microsoft, dependieron de un sistema férreo de patentes para su expansión, y continúan dependiendo de él para sostenerse.
Otras víctimas, como las empresas de ferrocarriles, fueron, como ya he mencionado, las principales beneficiarias del reparto de tierras estatales y de toda una lluvia de subvenciones; las empresas metalúrgicas dependían del arancel y Topco, otra cadena de supermercados afectada por la Ley Sherman, dependía vitalmente de las infraestructuras públicas al transporte.
Si te sitúas un paso por delante de las leyes antimonopolio, puedes ver que no tienen razón de ser sin una intervención gubernamental previa.

Las empresas que compiten entre sí en régimen de oligopolio (por ejemplo en la distribución) carecen de los peligros de las leyes antimonopolio pero, en cambio, perciben todos los beneficios de la intervención estatal ya mencionados. La teoría mutualista del Estado-corporación es perfectamente aplicable a estos mercados dominados por varias corporaciones (no asociadas entre sí), y en este supuesto las leyes antimonopolio no tienen ningún efecto.

2) Sobre la cooperativa de trabajadores.

Es muy buena tu sugerencia de hacer estudios comparativos para percibir las tendencias -cooperativas o no- que seguirá una economía libre, aunque pienso que tiene una limitación importante: los países más libres son siempre, paradójicamente, aquellos que más subvencionan el transporte y protegen los monopolios del dinero y las patentes, lo que puede conducir a que los estudios empíricos tiendan a relacionar las corporaciones con el libre comercio; e identifiquen las economías de escala como “naturales” y “eficientes” per se.

Algunas de las preguntas que planteas requerirían un estudio minucioso, pero sí creo que existen indicios de que la tendencia en los países más libres es a estructuras jerárquicas más descentralizadas.

En la respuesta anterior mencionaba Whole Foods, una cadena de supermercados ecológicos en la que, según Gary Hamel:

“Los equipos son responsables de todas las decisiones prácticas importantes, incluyendo precios, pedidos, contratación de personal y promoción interna. […] Los líderes de los equipos, asesorados por el responsable de la tienda, pueden elegir y poner a la venta los productos que consideren atractivos para los clientes”.

Prácticamente estamos hablando de una cooperativa, ya que el 93% de las acciones de la compañía están en manos de los trabajadores. Sobre la rentabilidad de la empresa, Hamel comenta:

“En los quince años posteriores a su oferta inicial de acciones, en 1992, el precio de mercado de la empresa aumentó en casi un 3000%, superando así de manera espectacular a sus rivales en el sector. Entre 2002 y 2007, el crecimiento de ventas aumento un 11% anual, casi el triple de la media.”

Respecto a Gore:

“Las unidades operativas centrales de Gore son equipos pequeños que se autogestionan y que comparten dos objetivos: ‘ganar dinero y divertirse’”.

Gary Hamel llama a la organización de Gore “democracia en innovación” y dice que este sistema “resulta profundamente perturbador para los ejecutivos que han crecido cómodamente con el poder y los incentivos de empresas más jerarquizadas”. Esto apunta las causas de por qué es difícil generalizar este tipo de prácticas, a pesar de su eficiencia. Sobre la rentabilidad, comenta que la empresa lleva cincuenta años sin una sola pérdida anual.

En cuanto a Google:

“Entre los componentes clave figuran una jerarquía casi inexistente, una densa red de comunicación lateral, una política de otorgar bonificaciones extraordinarias a las personas que aporten ideas extraordinarias, un enfoque de desarrollo del producto basado en el equipo y un credo corporativo que desafía a cada empleado a anteponer al usuario”.

“En muchos aspectos, Google está organizada como la propia Internet: es muy democrática, está íntegramente conectada y es plana”.

También existen ejemplos menos radicales, como Toyota, Starbucks,  IBM o 3M. Sobre el primero ya comenté que basó su éxito en la participación de los trabajadores, permitiéndoles que transmitieran información, sugerencias, etc. a los directivos. Starbucks ha llevado la participación de los trabajadores al campo de los beneficios, con excelentes resultados, IBM ha simplificado su estructura burocrática para promover la innovación y 3M tiene ciertas similitudes con Google, los empleados pueden dedicar un 10% de su tiempo a proyectos libres y “parte de nuestra filosofía es liberar el espíritu humano, donde se permite innovar en todas las áreas de la empresa”.

Curiosamente, tres de estas empresas están en los cuatro primeros puestos del ranking de innovación. La cuarta empresa –aunque más innovadora- es Apple, cuyo éxito se basa en el liderazgo de Steve Jobs, y en procesos de management muy descentralizados, en relación a otras corporaciones.

En España, el grupo Mondragón, antigua cooperativa que aun mantiene procesos descentralizados en la empresa matriz, está entre las grandes corporaciones del país.

Por último, puede tomarse como tendencia a la descentralización el que muchas corporaciones como Nike, Intel o Tommy Hilfiger subcontratan la mayor parte de sus operaciones a pymes, reservándose la administración de las patentes y la promoción de la imagen de marca

Se trata solo de algunos ejemplos que evidencian el contraste entre la gestión “científica” de hace un siglo y las tendencias de management actuales. Hay motivos para pensar que con todas las ventajas de la cooperativa de trabajadores y las facilidades de la sociedad libre, esta puede ser la empresa de la anarquía.

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