Reseña de la tragicomedia Muerte accidental de un anarquista de Darío Fo por Elena Salajan

Nov 17 • Mutualismo • 11997 Views • 4 Comments on Reseña de la tragicomedia Muerte accidental de un anarquista de Darío Fo por Elena Salajan

El siguiente texto es una reseña literaria de una pieza de teatro anarquista que da cuenta de la trama, el contexto político social y la intención que tuvo el dramaturgo para ponerla en escena. La relevancia de presentar un texto de esta naturaleza estriba fundamentalmente en el rol que, tradicionalmente, el teatro posee como difusor de la ideología del poder, pero también como un espacio de controversia, discusión y protesta. La politización del teatro y su inherente contenido ideológico data de sus orígenes y tiene un papel esencial en la formación del ciudadano. No olvidemos que en el teatro encarnan los más destacados discursos sobre la libertad del hombre. Por estas razones, seguir las manifestaciones culturales, tales como la de Darío Fo en este caso, es trazar la historia del pensamiento anarquista y su capacidad para dialogar artísticamente con el espectador y hacerlo reflexionar sobre las dinámicas de poder.

Aura Dovidjenko

Muerte accidental de un anarquista es quizás la obra más conocida del dramaturgo italiano. El contexto político social en el que se produce, es el de una Italia en la que se desata una “estrategia de la tensión” de clara tendencia fascista, que consiste en provocar una fuerte represión de las fuerzas progresistas, a través de varios atentados a lo largo y lo ancho del país. Uno de los acontecimientos más sangrientos es el de los atentados de Milán en 1969, y en especial el que ocurre en un banco de Piazza Fontana. El sospechoso detenido como posible culpable del atentado, es un ferroviario que supuestamente se suicida cayendo de una de las ventanas de la Jefatura de Policía de Milán. Un año más tarde, se estrena Muerte accidental de un anarquista en las naves de una antigua fábrica de Milán, al no poder ser representada en ningún escenario del gran orbe.

Para contar la historia del ferroviario Pinelli, Fo utiliza un artificio que introduce en el prólogo. La historia se presenta como un suceso que había ocurrido en 1921 en Estados Unidos. Sin embargo, Fo continúa diciendo que “Para actualizar la historia, haciéndola al tiempo más dramática, nos hemos tomado la libertad de recurrir a uno de esos trucos que se suelen emplear en el teatro: hemos trasladado la historia a nuestros días, y la hemos ambientado, no ya en Nueva York, sino en una ciudad italiana cualquiera…por ejemplo, en Milán.” Al igual que en las películas, el autor advierte que cualquier analogía con “sucesos y personajes de nuestra crónica, el fenómeno deberá atribuirse a esa imponderable magia constante en el teatro, que en infinitas ocasiones ha logrado que incluso historias disparatadas, completamente inventadas, hayan sido impunemente imitadas por la realidad.”

El sarcasmo y la ironía que recorrerán los monólogos y diálogos siguientes, se hacen notar desde las primeras líneas. La introducción a través del prólogo y la estructura del mismo, nos hacen recordar las películas de los años 60,  en las que al inicio se nos daban pistas respecto al desarrollo de la historia que íbamos a visionar, a través de imágenes que aparecían como fondo para anunciar los nombres de los actores y el título de la película.

Aunque en la obra actúan seis personajes, en el fondo reconocemos solo dos protagonistas antagónicos: un personaje múltiple anunciado como Loco-Sospechoso – Juez – Obispo – Señor con barba por un lado y el poder policial por el otro (Comisario de la brigada política, Comisario Jefe, Comisario Bertozzo, Agente).

Los cuatro personajes que representan al poder policial, aparecen como cuatro matices de una misma idea, cuatro caras de un mismo personaje, que actúan y piensan de una manera tan parecida que el espectador o lector de la obra puede llegar a confundirlos entre si.

Fo introduce también a una periodista en la segunda mitad de la obra, como encarnación de los medios de comunicación. Es un personaje débil, gris, que busca la verdad pero también la noticia, se deja manipular y se encuentra un tanto descolocado en medio del delirante y sorprendente ritmo de los acontecimientos.

Siguiendo la tradición de los bufones de la corte o del fool (loco) de Shakespeare, Fo crea el personaje protagonista que a través de múltiples disfraces y escudándose en su aparente falta de juicio, consigue decir y a la vez descubrir la verdad respecto a la “muerte accidental del anarquista”. ¿Estamos ante un loco, ante un transformista, ante un fabulador? Estamos ante un buscador de la verdad que sirviéndose de su inteligencia y su capacidad de encarnar distintos personajes a través de trucos de maquillaje o manos y barbas postizas, consigue desmontar la falsa historia creada por la policía respecto a las circunstancias de la muerte del operario de ferrocarriles. El Sospechoso, el Loco, se transforma en Juez y Obispo y utilizando el aparente poder que le conceden tales títulos, tanto como el miedo de aquellos que se saben culpables, consigue arrancarles la verdad.

Los diálogos recuerdan a los de la Commedia dell’Arte y el desarrollo lógico de sus contenidos tiene tintes socráticos, que nos hacen rememorar los famosos combates intelectuales de la República de Platón. El Loco utiliza la pregunta como arma de doble filo, se sitúa aparentemente en el lado de los policías para conseguir su confianza y a través de ella las confesiones de los mismos, como por ejemplo en el siguiente diálogo del segundo acto. Aquí, el Loco asume el papel de Juez enviado a investigar los acontecimientos y supuestamente a ayudar a los policías en su intento de encontrar un relato creíble de lo ocurrido, que les eximiera de cualquier culpa con respecto la muerte del anarquista:

Loco – Nuestro anarquista, en pleno rapto…ya veremos luego cómo encontrar entre todos un motivo más verosímil para ese gesto insensato…se levanta de un salto, toma carrerilla…Un momento ¿Quién le sirvió de estribo?
Comisario – ¿De estribo?
Loco – Sí, ¿quién de ustedes se colocó junto a la ventana, con las manos cruzadas a la altura del vientre, así, para que él apoyara el pie, y ¡zas!, tomara impulso para volar por encima del parapeto?
Comisario – Pero, ¿qué está diciendo, señor juez, no pensará que nosotros…?
Loco – No, por favor, no se altere, simplemente preguntaba…Es que, al ser un salto  tan grande con tan poca carrerilla, sin ayuda de nadie…pues no quisiera que alguien dudara…
Comisario – No hay nada que dudar, señor juez, se lo aseguro. ¡Lo hizo todo solo!
Loco – ¿No había ni una de esas tarimas de competición?
Comisario – No
Loco – ¿El saltarín llevaba zapatos con tacón elástico?
Comisario – No, nada de tacones.
Loco – Bien así que tenemos, por un lado, un hombre de 1.60 escasos, solo, sin ayuda, ni escalera…por otro, media docena de policías que, pese a encontrarse a pocos metros, uno incluso junto a la ventana, no llegan a tiempo de intervenir…
Comisario – Es que fue tan repentino…
Agente – No se figura lo ágil que era ese demonio, por poco no consigo sujetarle el pie.
Loco – Oh, ya ven mi técnica de provocación funciona…¿Le sujetó del pié?
Agente – Sí, pero me quedé con el zapato en la mano, y él se cayó.
Loco – No importa. Lo importante es que se quedara el zapato. El zapato es la prueba irrefutable de su voluntad de salvarle.

La entera obra es una sucesión de momentos como el arriba citado, una cadena de sketches, tragicómicos y sarcásticos a través de los que poco a poco se descubre el asesinato del operario de ferrocarriles a manos del los policías y la inocencia de la víctima con respecto a los atentados.

Muerte accidental de un anarquista no es solo un compendio de elementos de creación dramática llevados casi a la perfección, sino también una obra que invita a la reflexión sobre las caras y los artilugios de los que se puede adueñar el poder en un momento determinado en detrimento del ciudadano de a pié. La obra es un manifiesto y un grito contra la injusticia, la mentira y la falsedad que nos regala episodios memorables como por ejemplo el que se refiere a la manipulación en los medios de comunicación.

Periodista – En pocas palabras, viene a decir que el escándalo, cuando no lo hay, conviene inventarlo, ya que es un medio extraordinario para mantener el poder, aliviando la conciencia de los oprimidos.”
Loco – Claro, la catarsis liberadora de tensiones, y ustedes los periodistas independientes son sus máximos sacerdotes.
(…)
Loco – No, el escándalo es un antídoto contra el peor de los venenos, la concienciación de la gente.

Evidentemente, en el transcurso de los 35 años desde el estreno de la obra, la sociedad y las circunstancias han cambiado y evolucionado. Sin embargo, las ideas básicas que Dario Fo defiende en su tragicomedia no han perdido espectadores y como prueba irrefutable de ello está el número de representaciones de la misma en todo el mundo.

La obra divierte, entretiene, sorprende y hace pensar a todos aquellos que la hayan disfrutado desde la butaca de un teatro o hayan decidido tomarse el tiempo para leerla. El secreto de su éxito resida talvez tanto en la sinceridad del mensaje, como en el extraordinario dominio del lenguaje y de la técnica dramática, a través del que Darío Fo consigue seducir al espectador.

Elena Salajan, 2005

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4 Responses to Reseña de la tragicomedia Muerte accidental de un anarquista de Darío Fo por Elena Salajan

  1. Victor L. says:

    No lo había leido hasta ahora, Aura…muy bueno el análisis.

    Felicidades por el texto, está muy bien escrito! 🙂

  2. Gracias, Víctor!!! Trato de sumar esfuerzos. Espero tener tiempo para poder reseñar personalmente algunos textos interesantes sobre anarquismo con los que me he topado últimamente.
    Un abrazo

  3. JuanAntitodo says:

    me ha gustado muchísimo el texto!

    yo ahora también estoy haciendo un trabajo sobre esta magnífica obra.

    salud!

  4. […] Reseña de la tragicomedia Muerte accidental de un anarquista. (hemeroteca) […]

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