El Futuro de la Justicia, o el Complejo Judicial-Industrial

Gallardón

Entre 100 y 1.200 € tendrán que pagar las personas físicas en el Estado español para recurrir en los tribunales de lo civil (conflictos de propiedad y contractuales), lo social (conflictos laborales) y lo contencioso-administrativo (conflictos con la administración). Las jurisdicciones penal y militar quedan por ahora exentas. Así lo establece la Ley 10/2012 del 20 de noviembre, que entró en vigor el 21 pero que no se aplicará hasta dentro de unas semanas, cuando estén listos los formularios para hacer los pagos. [1] Nos dice el ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón que esta medida paradójicamente es necesaria para preservar la gratuidad de la justicia. Supongo que el gobierno nos toma por tontos.

Como se puede comprobar enla Disposición FinalCuarta del texto, el gobierno ha aprovechado esta ley para hacerles un regalo de navidad a los funcionarios judiciales. Ha utilizado la misma estrategia de introducir una medida impopular en una ley sin relación para que pase desapercibida a periodistas poco avispados. Ya lo hizo el gobierno de Zapatero con la llamada Ley Sinde, que, recordemos, era un apartado dela Leyde Economía Sostenible. Esto confirma que nos toma por tontos.

Este recorte es más oneroso que los recortes en la sanidad o la educación estatales. Mal que bien, cualquiera puede evadir algunos impuestos y aprovecharse todo lo posible de los servicios estatales gratuitos. Mientras, los seguros médicos, los colegios y las universidades privados seguirán allí para cuando la carga tributaria y las tasas sean tan insoportables que no merezca la pena acudir a los servicios estatales. Pero los tribunales estatales son monopólicos, el Estado eliminaría cualquier intento de crear otros tribunales paralelos. Por tanto, cuando hay que resolver una cuestión legal o un conflicto o denunciar una agresión, no queda más remedio que pagar al Estado lo que el Estado pida. [2]

En casi todos los ámbitos del Estado español se observa desde hace años una tendencia a externalizar los servicios, que son gestionados por empresas privadas subcontratadas en concurso público. Si en la justicia se sigue también la misma tendencia privatizadora, el futuro se presenta aún más tenebroso.

Si esto sigue así, en unas décadas un pequeño conjunto de empresas, un complejo judicial-industrial, serán las responsables de la gestión de todo el papeleo jurídico, la celebración de los juicios y demás parafernalia legal. Veremos trabajadores jurídicos precarios y larguísimas cadenas de empresas subcontratadas por otras empresas. La ley se seguirá elaborando exclusivamente en las instituciones del Estado, y estas empresas tendrán el monopolio sobre su aplicación. Esto les proporcionará una copiosa tasa de beneficios gracias a una demanda constante y asegurada, ante la que no serán responsables.

Habrá un solapamiento evidente entre los altos cargos del Estado y los accionistas mayoritarios y altos cargos de estas empresas, igual que lo ha habido y lo hay con empresas privadas del sector energético o del complejo militar industrial, por dar dos ejemplos. Esto hará sumamente sospechosa la neutralidad de los concursos públicos en los que se contratará a estas empresas, y nos advierte de que no cabrá esperar de ellas una mayor eficiencia o un mejor servicio.

Con este movimiento el Estado entrará en una nueva fase. El Estado mantendrá el monopolio forzoso sobre la ley y el uso de la fuerza, pero cobrando como una empresa privada, a pesar de que seguiremos pagando impuestos (cada vez más). De este modo la clase dominante, a través del Estado, extraerá la plusvalía directamente por medios políticos.

Ésta no es una anomalía puntual del funcionamiento del Estado, sino que es una consecuencia de su naturaleza misma. El Estado es una institución basada en la violencia, que coloca forzosamente a algunos seres humanos bajo la voluntad de otros. Aunque a corto plazo se pueden esperar algunos buenos resultados, en el mundo no hay suficientes santos como para que un ser humano imperfecto no acabe en una posición de poder y la utilice – quizá sin siquiera ser consciente de ello – para sus propios fines, a costa de los demás.

Por tanto, los problemas de la justicia en España y la previsible dificultad de acceder a ella, no pueden ser resueltos con nuevas leyes y nuevos políticos, al menos no si se busca una solución a largo plazo. Podemos imaginar una sociedad en la que no haya una ley monopólica, donde distintos sistemas legales, promovidos por tribunales independientes, empresas privadas de seguridad, cooperativas, filés o asambleas vecinales, se solapen en un mismo territorio sin que ninguna llegue a ser hegemónica. Aunque ahondar en los detalles excede el objetivo de este artículo, podemos imaginar que las leyes no serán escritas por políticos según su percepción de lo que les conviene a los demás [3], sino que cada persona elegirá el sistema que juzgue más conveniente para sus intereses. El orden que espontáneamente surja del equilibro entre los distintos intereses, y de la igualación de la oferta y la demanda en el libre mercado, dará una ley apropiada para cada momento y lugar.

***

[1] Sí, esto es tan ilegal como parece. Durante ese tiempo probablemente no se podrán tramitar los casos.

[2] De todas formas, es posible que tomarse la justicia por la propia mano salga rentable en algunos casos, si alguien provoca a su agresor daños de modo que por las tasas no le resulte rentable denunciarlos a su vez.

[3] Eso siendo optimista. En el peor de los casos, según su percepción de lo que les conviene a sí mismos.

Sanidad Universal no es Sanidad Estatal

Rad Geek

Charles Johnson, también conocido como Rad Geek (el Friki Radical) es un prominente libertario de izquierdas, que pone especial énfasis en los aspectos culturales izquierdistas. Para él, alcanzar una sociedad libertaria, en la que no exista la agresión institucionalizada, es quedarse a medio camino. Es preciso promover unos valores culturales de izquierdas que prevengan contra formas no violentas de opresión y contra la reaparición de la coerción. Contra el machismo, feminismo, contra el poder de los jefes, solidaridad obrera, y un largo etcétera. Quedaos con el nombre, probablemente dará más guerra en el futuro.

El pasado mayo publicó en su blog una nota sobre la sanidad universal que a continuación traduzco. El texto apareció originalmente en septiembre de 2011 en un comentario a un pequeño artículo de Matthew Yglesias, un liberal – socialdemócrata – con algunas simpatías libertarias. Es una respuesta a un comentario anterior favorable a una sanidad universal:

Si te opones a la sanidad universal, por definición estás a favor de que la gente que no puede permitirse una cobertura sanitaria muera.

La mayoría de los conservadores han aprendido a no decir estas cosas en público, pero por supuesto es en lo que creen.

—ds_at_yglesias, 15 de septiembre de 2011, 7:39pm

A lo que responde Johnson:

Quizá. (Ciertamente, hay muchos conservadores que se sienten demasiado cómodos con – e incluso están entusiasmados por – gran parte del sufrimiento innecesario de este mundo.)

Pero espero que te des cuenta de que no todo el mundo que está a favor de la sanidad universal apoya la sanidad estatal, y no todo el mundo que está en contra de la sanidad estatal se opone a la sanidad universal. Lo uno podría seguirse de lo otro si la única manera de tener una cobertura universal fuese por medio de una garantía política de cobertura. Pero esto no es así: hay gente que está en contra de la sanidad estatal porque cree que la sanidad corporativa es estupenda y les da igual que la gente muera; pero hay gente que está en contra de la sanidad estatal porque están a favor de una cobertura universal no estatal y no corporativa por medio de organizaciones sociales de base y del apoyo mutuo comunitario. (Véase por ejemplo http://radgeek.com/gt/2007/10/25/radical_healthcare/ o la parte final de http://www.fee.org/the_freeman/detail/the-health-care-debate-was-meaningful/.)

Por supuesto, esto deja abierta la cuestión de si ellos (nosotros – soy uno de ellos) están en lo cierto respecto a la mejor manera de conseguir una cobertura universal. Quizá los medios sociales son inadecuados; o quizá hay alguna razón, que todavía no se ha mencionado, por la cual el control estatal es preferible, como medio para conseguirla, a las asociaciones voluntarias de apoyo mutuo. Pero sea la postura correcta o incorrecta, ciertamente no se puede responder simplemente eliminándola del vocabulario, como haces cuando asumes que las únicas alternativas disponibles son (1) cobertura corporativa sólo para aquellos que se lo pueden permitir; o bien (2) cobertura universal por decreto; como si no hubiera un (3) cobertura universal por medios no estatales.

—Charles Johnson, 16 de septiembre de 2011, 10:32pm

Leyendo otros textos suyos, parece que lo que Charles Johnson propone es una combinación de asociaciones de apoyo mutuo que proporcionen cobertura sanitaria asequible, y una sanidad universal gratuita en la línea de la actividad de la Cruz Roja o de Médicos Sin Fronteras.

Esto es similar en cierto modo a lo que están haciendo ciertos médicos del Estado español con el apoyo del 15-M. Con el Real Decreto-ley 16/2012 del pasado abril se introdujeron un buen puñado de recortes y reformas en la sanidad del Estado español. Entre ellos, en un cambio sin precedentes, la sanidad ha dejado de ser universal desde septiembre. Ahora ya no se atiende a los inmigrantes sin papeles de forma gratuita, pero algunos médicos “objetores” les están atendiendo a pesar de ello. Si esto se convirtiera en una red contraeconómica de médicos fuera de las estructuras del Estado, dispuestos a atender a inmigrantes y a otras personas económicamente excluidas, creo que tendríamos un ejemplo de lo que propone Johnson. Aunque es terriblemente improbable que ocurra.

Creo que las asociaciones cooperativas para proporcionar sanidad a sus miembros tienen mucha importancia para delinear una sociedad libertaria. Por otro lado, las organizaciones que proporcionan sanidad gratuita pueden ser muy adecuadas en desastres naturales y otras situaciones de emergencia, pero son, al fin y al cabo, una forma de beneficencia. En la mente de la mayor parte de la población española, cualquier amago de disociar la sanidad de los mismos políticos y burócratas que nos explotan, es equivalente poco menos que a permitir que haya personas moribundas y agonizantes tiradas en la calle. Me parece que la beneficencia no es una opción muy atractiva ni muy sólida como alternativa al estado de bienestar, cuando se nos echa en cara qué ocurriría en un mercado libre con aquellas personas que tengan enfermedades graves y no están cubiertas, ya que les sigue dejando en una situación de dependencia.

Probablemente sea factible una solución mutuamente beneficiosa entre los seguros médicos y aquellas personas que, por las causas que sea, se encuentren con una enfermedad grave y sin cobertura. Por ejemplo, se puede llegar a un acuerdo para que el paciente, o sus familiares, se comprometan a contratar el seguro en el futuro durante un número acordado de años. Los seguros mutuales probablemente serían más solidarios y por tanto estarían más dispuestos a llegar a este tipo de acuerdos.

También solucionaría muchos problemas que los seguros privados sean, al menos parcialmente, de capitalización individual, es decir, que una parte de la cuota periódica se ahorre para futuras contingencias. De este modo, si el asegurado capta una enfermedad terminal, o crónica, puede recurrir al dinero ahorrado, y la compañía no le negaría el servicio. Por supuesto, muchos seguros privados actualmente hacen lo posible por escaquearse de cualquier responsabilidad sobre sus asegurados.

A esto hay que añadir, además, que en una economía de mercado sin intervención del estado cabe esperar que los salarios sean más altos, los productos – también la sanidad – más baratos de mejor calidad, y las condiciones laborales mejores.

 

Expropiando el Procomún

Este verano, el gobierno de España ha propuesto un anteproyecto de la Ley de la Racionalización, Sostenibilidad y Administración Local, que permitirá eliminar las entidades locales menores, éstas son, aquellas que están por debajo del municipio. Se trata de instituciones con personalidad jurídica propia, distinta de la de su municipio, que normalmente están gestionadas por democracia directa y cuya función es, principalmente, la gestión de las tierras comunales. Sólo quedan instituciones de este tipo en algunas comunidades autónomas, entre ellas, Galicia y Castilla y León.

Sería demasiado fácil decir que estas tierras comunales son propiedad del Estado, y que por tanto esto es una deseable desestatalización. Pero esto no es así. Existe una continuidad entre estas tierras y las tierras comunales que han sido gestionadas por los vecinos de las poblaciones rurales de la Península desde la Alta Edad Media. La mayor parte de esta tradición democrática y comunal actualmente está desaparecida, y lo que quedan son vestigios. Los vecinos, sus usuarios y ocupantes, son los legítimos propietarios de estas tierras según cualquier criterio serio de adquisición de la propiedad. Hasta ahora eran gestionadas por éstos colectivamente, y ahora van a pasar a manos de, según el caso, los municipios, las diputaciones provinciales, o propietarios privados.

Se trata de una expropiación a los propietarios legítimos en toda regla. Se trata además de la destrucción de un resquicio de democracia directa local que podía aún servir de contrapeso de poder ante el Estado, en particular, ante los municipios.

La excusa es el ahorro, si bien esto es algo que conviene matizar. Las entidades locales menores apenas generan gastos, pero si son vendidas a propietarios privados, generarán un ingreso, lo cual nos da una imagen mucho más clara de las motivaciones verdaderas de esta reforma.

Todo esto se ha hecho ante el silencio de la mayoría de los medios – es difícil encontrar información – , salvo de dos autores muy distintos, David de Ugarte por un lado, Félix Rodrigo Mora por otro. Las fuentes y más información podéis encontrarlas en esos artículos.

La verdad es que aún no comprendo bien el galimatías legal de la administración local. Tampoco comprendo bien cuál debería ser la posición libertaria coherente respecto a esta forma de organización que, por gestionarse localmente, impone en cierto modo un monopolio territorial sobre los asuntos que gestiona, análogo al de un estado. Pero, desde una primera impresión, no me resulta nada halagüeño.

El proyecto, afortunadamente, ha contado con el rechazo de todos los partidos, e incluso de muchos alcaldes del PP, y es probable que no sea aprobada sin modificaciones que, quizá, la hagan menos intolerable. Sólo quizá.

Una reflexión sobre las ideas situacionistas

Guy Debord

Guy Debord

Las ideas situacionistas surgieron en Internacional Situacionista, un grupo de artistas e intelectuales que estuvo activo entre 1957 y 1972 en varios países europeos, principalmente en Francia. La Sociedad del Espectáculo de Guy Debord, de 1967, es lo más parecido que existe a un manifiesto suyo. Tuvieron una influencia importante en los eventos de Mayo de 1968, y, más en general, en casi toda la Izquierda posterior. Ellos fueron los pioneros en el giro que dio la Izquierda al empezar a criticar el consumismo. [1]

La influencia de los situacionistas en el anarquismo en particular sigue siendo considerable, y se sigue percibiendo en muchos medios anarquistas, y en muchos pensadores, desde Hakim Bey hasta Miquel Amorós.

Los situacionistas están en una posición muy parecida a la del anarcocapitalismo. El anarcocapitalismo proviene principalmente del liberalismo, no del anarquismo, pero independientemente ha llegado a conclusiones muy similares a las de algunas escuelas del anarquismo. Análogamente, los antecedentes de las ideas situacionistas están en el marxismo y en el comunismo de consejos, no en el anarquismo, pero ha llegado por otros cauces a conclusiones muy similares a las de algunas escuelas del anarquismo. Por eso es irónico que en la mayor parte de los círculos anarquistas los anarcocapitalistas sean rechazados y los situacionistas sean, por lo menos, tolerados sin mayor discusión.

Una crítica evidente desde el mutualismo es que un sistema comunista asambleario como el que los situacionistas sugieren tendrá muchos de los problemas de cálculo y eficiencia típicos de este tipo de sistemas. [2]

Una sociedad sin estado, por supuesto, carece de ideología oficial, de adoctrinamiento, de propaganda, por lo menos provenientes del estado. La completa libertad para crear nuevos medios de comunicación, al margen de regulaciones, licencias e impuestos, inmuniza a un libre mercado radical de cualquier ideología dominante. Esto es aún más cierto en la topología distribuida de las nuevas redes de información, en las cuales no existe ninguna economía de escala mayor que el propio individuo que produce y consume información.

El consumismo seguirá existiendo en anarquía, porque nadie estará en posición de prohibir a otros consumir desaforadamente o entusiasmarse con los anuncios de Coca Cola o de McDonalds, ni de imponerles una moral ascética o de otro tipo. Por otro lado, en ausencia de propiedad intelectual, las impresas serán incapaces de vender espectáculos en lugar de productos. A día de hoy, Nike vende a 200$ zapatillas cuya producción cuesta 2$. La diferencia que se paga es puro espectáculo. [3] Sin el privilegio de la propiedad intelectual, cualquier imagen de marca será copiada hasta que pierda todo significado y su creador original sea incapaz de sacar mayor beneficio de ella. Por supuesto, la imagen seguirá allí para quien quiera hacer de ella su fetiche, pero esa es una cuestión personal.

¿Necesitan los mutualistas una crítica del consumismo? Más bien, una crítica del gasto excesivo, la ineficiencia y la obsolescencia. No hay que perder de vista que buena parte de la producción excesiva del capitalismo contemporáneo se desvía no sólo al consumo excesivo, sino también al gasto excesivo. Entre otras, en forma de estructuras de capital ineficientes y excesivamente grandes, subsidiadas por el estado – por ejemplo, el suministro de electricidad, agua y gas, las centrales nucleares y la fabricación de automóviles, barcos y aviones, tal y como estas industrias son actualmente. También en forma de empresas que hacen uso excesivo del transporte de larga distancia – consecuencia directa del transporte estatal o subsidiado – y de los productos con obsolescencia programada, que no pueden ser reparados y que hay que tirar antes de que acabe su vida útil – consecuencia del monopolio sobre las piezas que la propiedad intelectual concede a las empresas.

Todas ellas son formas coercitivas de gasto que desde luego hay que criticar. Pero no como opinan los situacionistas y otros izquierdistas, porque empobrezcan la vida – ésa es una opinión subjetiva con la que no tiene por qué estar de acuerdo el consumista – sino por algo mucho más grave, porque tienen consecuencias ecológicas negativas y a veces bastante destructivas. [4]

Para finalizar, esta crítica no la hago porque crea que los mutualistas deban ser situacionistas, ni los situacionistas mutualistas. La hago porque creo que es esencial mantener un diálogo entre las distintas corrientes del anarquismo, el cual sólo es posible si conocemos mutuamente nuestras ideas. Por eso creo que es importante que conozcamos las ideas situacionistas y que sepamos en qué coincidimos y en qué diferimos.

 

***

[1] David de Ugarte reflexiona sobre ello en el segundo punto de su artículo 4 ideas medievales que pasan por modernas y que pueden hundirte en la crisis.

[2] Ver, por ejemplo, http://www.mutualismo.org/2008/07/una-explicacion-sencilla-de-por-que-no-funciona-el-comunismo-libertario/.

[3] Ejemplo tomado del artículo de Kevin Carson ¿Quién se apropia del beneficio? El libre mercado como comunismo integral, traducido por Alan Furth.

[4] Ver, por ejemplo, http://www.mutualismo.org/2008/09/apuntes-de-ecologia-anarquista/ y http://www.mutualismo.org/2008/06/la-propiedad-de-la-tierra-iii-viabilidad-ecologica/.

 

Más información sobre los situacionistas:

Archivo Situacionista Hispano, que contiene prácticamente todos los textos situacionistas históricos traducidos al castellano.

Situationists – an introduction (libcom.org), una introducción por parte de los anarcocomunistas de libcom.org.

How to talk like a Situationist (libcom.org), otra introducción, pero con humor.

La Sociedad del Espectáculo

Hace tiempo que XXI nos recomendaba en un comentario el libro La Sociedad del Espectáculo, de Guy Debord:

http://www.sindominio.net/ash/espect.htm

deben leer a Guy Debord, en La Sociedad del Espectaculo

porque la sociedad es demasiado compleja como para negar el fetichismo de la mercancia, la dictadura mercantil, el imaginario de progleso y desarrolismo bajo el capitalismo y suponer que todos los medios de produccion nos servirian a los trabajadores. Cual es el adelanto de que la Coca Cola este administrada bajo control obrero, o que Macnonalds este tambien administrado bajo control obrero.

Hace un tiempo que leí el libro, y aunque no me ha influido demasiado, puedo decir que disfruté leyéndolo. En esta reseña voy a contar algunas de mis impresiones del libro, sin pretender hacer un análisis riguroso.

Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. [Capítulo 1, párrafo 1]

La Sociedad del Espectáculo es un libro difícil. A lo largo de sus 221 párrafos numerados no hace un análisis riguroso del capitalismo, sino una descripción sobre metáforas sugerentes y juegos de palabras ingeniosos, que usa a menudo las contradicciones tan propias del hegelianismo, para explicar cómo una cosa es a la vez su contraria.

Es tentador pensar que es un precedente de la banalidad posmoderna, que usa frases enrevesadas pero altisonantes para ocultar que tiene poco o nada que decir. Por desgracia creo que esto es verdad al menos para una parte de los situacionistas. Pero eso sería demasiado fácil. Creo que La Sociedad del Espectáculo realmente tiene algo que decir.

A lo largo del texto aparecen decenas de definiciones y ejemplos distintos de lo que es el espectáculo, sin que ninguna parezca ser la canónica. Sin embargo a medida que se lee el texto se llega a comprender, si acaso intuitivamente, el sustrato común a todas esas manifestaciones.

El espectáculo es una relación social entre personas mediatizada por imágenes. [capítulo 1, párrafo 4] Es la manera en que las personas se relacionan a través de la producción y consumo de mercancías en el capitalismo avanzado. Es la manera en que el capitalismo se presenta a sí mismo. Este concepto es una extensión de los conceptos marxistas de alienación y de fetichismo de la mercancía (capítulos 1, La separación consumada, y 2, La mercancía como espectáculo).

El espectáculo presenta la separación como unión y la unión como separación. Por ejemplo, nos presenta la acumulación de mercancías idénticas del capitalismo como una sucesión de productos distintos, separados tan sólo por la imagen de su marca. Nos presenta la sociedad capitalista como una sociedad unitaria mientras oculta la separación entre el proletariado y la burguesía. Nos presenta varias facciones y partidos políticos como alternativas al sistema, ocultando que todas ellas son parte del movimiento único del capitalismo (capítulo 3, Unidad y división en la apariencia).

Más aún, las ideologías revolucionarias se muestran como opuestas al sistema cuando en realidad le sirven. Los sindicatos, los partidos y la burocracia que se forma en ellos no se salvan. El socialismo de estado de los países como la Unión Soviética y China está basado también en el espectáculo, sólo que concentrado en el estado burocrático (capítulo 4, El proletariado como sujeto y representación).

El espectáculo es la ruptura de una utópica unidad imaginada por Debord que existía en una prehistoria mítica. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación. [Capítulo 1, párrafo 1] Esta unidad deberá ser recuperada por la organización revolucionaria del proletariado en consejos obreros libremente federados, con delegados bajo mandato imperativo, muy en la línea del comunismo de consejos y también del anarcocomunismo:

[El consejo obrero es] el lugar donde las condiciones objetivas de la conciencia histórica se reúnen; donde se da la realización de la comunicación directa activa, donde terminan la especialización, la jerarquía y la separación, donde las condiciones existentes han sido transformadas “en condiciones de unidad”. [Capítulo 4, párrafo 116]

En línea con todo esto, Debord analiza cómo se perciben el tiempo y el espacio en la sociedad espectacular, y propone en contraste una concepción no alienada del tiempo (capítulos 5, Tiempo e historia, y 6, El Tiempo espectacular) y del urbanismo (capítulo 7, El acondicionamiento del territorio). En el capítulo 8, La negación y el consumo de la cultura, hace una crítica de la cultura y del arte, que deben ser dialécticamente superados.

El espectáculo ha empobrecido la vida, y ha expandido de este modo el proletariado, que sigue siendo una clase revolucionaria (capítulo 4). Esto ha sido hasta cierto punto confirmado por los varios intentos de levantamientos revolucionarios obreros, en la primera mitad del siglo XX, organizados en consejos obreros, en lugar de en torno a entidades burocráticas como partidos o sindicatos. Algunos de ellos fueron en Munich en 1918 (en el que participó Gustav Landauer), en Hungría en 1956, y en cierto modo, en Francia en 1968. [1] Parece que estas insurrecciones siguen un mismo patrón que los comunistas consejistas y los situacionistas detectaron. En efecto, parece que entonces este tipo de levantamientos fueron posibles y eran una esperanza revolucionaria creíble. Sin embargo, la historia ha mostrado que esta tendencia ha  desaparecido después de los años sesenta. A día de hoy parece muy difícil apelar a que los trabajadores tomen su lugar de trabajo y se subleven contra el estado, entre otros motivos, por la deslocalización de la industria, la legislación laboral (aunque actualmente esté en retirada) y la generalización del trabajo temporal.

Hay que señalar que Debord no pretende exponer una ideología ni proponer una sociedad nueva. Es un crítico impenitente de la ideología
(capítulo 9, La ideología materializada). Tanto rodeo intelectual no quita, sin embargo, que las ideas situacionistas sí son una ideología y sí son una propuesta política; si no fuera así, no se molestarían en criticar el capitalismo ni en proponer una práctica revolucionaria.

El libro hace algunas aportaciones interesantes al marxismo. En el capítulo 4 pretende conciliar la aparente contradicción entre la teoría y la praxis marxista. Contrastando las ideas de Bakunin y de Marx, llega a la conclusión de que la teoría revolucionaria – la teoría que explica por qué la revolución es posible y necesaria – y la praxis revolucionaria son inseparables, y se verifican mutuamente. [2]

Asimismo, todo el libro puede entenderse como un intento de resolver el rompecabezas que preocupaba a los marxistas desde los años 90 del siglo XIX. ¿Por qué no se cumplen las predicciones marxistas? ¿Por qué el proletariado no se ha hecho aún más pobre? La respuesta de Debord es, en resumen, que la explotación hay que buscarla ahora no tanto en la plusvalía, sino en el espectáculo, que es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen. [Capítulo 1, párrafo 34] La miseria de los proletarios ya no está en el empobrecimiento material sino en el empobrecimiento de la vida a través del espectáculo.

En resumen: El consumismo, la publicidad y la propaganda parecen ser inherentes al capitalismo contemporáneo. Quienes piensan que estas características provocan alienación, aburrimiento y empobrecimiento de la vida no están faltos de razón, y encontrarán en este texto una muy buena crítica. Debord no duda en criticar el socialismo de estado ni el sindicalismo e izquierdismo de su tiempo. Además es un crítico impenitente de la ideología, lo que obligaría a un situacionista coherente a cuestionar y revisar sus ideas constantemente, evitando que estas puedan ser recuperadas por el capitalismo. Creo que esto casa bien con el anarquismo individualista de raíz stirneriana, y sin embargo no cae en el espontaneísmo anti-organización que a veces se ve por ejemplo en el anarquismo insurreccionalista. En el libro también se encuentra una original continuación del pensamiento marxista. Más allá de esto, su propuesta revolucionaria está completamente desfasada actualmente.

 

***

 

[1] Enragés y Situacionistas en el movimiento de las ocupaciones de René Viénet es una crónica situacionista de los sucesos de mayo de 1968, que la coloca históricamente en relación con los demás levantamientos consejistas que menciono. Véase especialmente el capítulo 1.

[2] En este capítulo aprovecha para criticar a los anarquistas individualistas, ya que en sus variantes individualistas, las pretensiones del anarquismo resultan irrisorias. [Párrafo 92]

Sobre “El Mito del Peronismo como Pecado Original”

Alan Furth acaba de publicar su primer artículo original en el c4ss, El Mito del Peronismo como Pecado Original, tanto en inglés como en castellano.

Lo comento no sólo porque se trate de su primer artículo, sino porque es uno de los pocos análisis de la política hispanoamericana, en este caso sobre Argentina, que se escriben desde una perspectiva explícitamente anarquista de mercado y libertaria de izquierdas.

Este tipo de análisis sobre España lo llevamos haciendo en este blog desde hace unos años. Y muchas de las reflexiones de Juan Urrutia y David de Ugarte desde las Indias sobre la historia de la península Ibérica son afines.

Desde un punto de vista anarquista pero no de mercado, también tenemos la valiosa lectura de la historia de la España de Félix Rodrigo Mora, y la crítica de Rafael Uzcátegui al gobierno de Chávez en Venezuela.

Aunque el mutualismo nació en Francia y tuvo una relativa difusión en España, y posteriormente el anarquismo en general tuvo mucha difusión en todo el mundo de habla hispana, el mutualismo contemporáneo proviene de EEUU, y su análisis se aplica casi exclusivamente al mundo anglosajón. Es necesario retomar esta tradición mutualista para hacer un análisis crítico de los problemas específicos de la península Ibérica y de América Latina. Como dice Alan en el párrafo final:

Y aunque el enriquecimiento de políticos y sus amigotes a costillas del resto de la población también sean una cruda realidad de los gobiernos populistas de izquierda, las masas empobrecidas de América Latina seguirán prefiriendo esa versión del juego capitalista al neoliberalismo, simplemente porque el primero pesa menos sobre sus espaldas que el segundo.

Éste párrafo nos deja con la pregunta en los labios. Si las masas empobrecidas latinoamericanas no se dejan engañar por la retórica neoliberal, y si llegan a convencerse de que los líderes populistas e izquierdistas no son una alternativa mucho mejor, entonces el anarquismo de mercado, de izquierdas y de inspiración mutualista, puede tener mucho potencial en América Latina. En contraste, el liberalismo libertario o el anarcocapitalismo tienen muchas posibilidades de degenerar en el libertarismo vulgar contra el que nos advierte Alan, lo que nos devolvería al ya sufrido neoliberalismo.