El puño de hierro: una introducción a Kevin A. Carson

May 19 • Mutualismo • 6001 Views • 17 Comments on El puño de hierro: una introducción a Kevin A. Carson

Como anunciábamos en nuestra página de Facebook, El puño de hierro detrás de la mano invisible de Kevin Carson —que incluye prólogo del propio autor a la edición española y una traducción revisada de Jerarquía o mercado— ya está disponible en formato kindle en Amazon gracias a la colaboración entre los compañeros de esta página y la editorial Innisfree. Publicamos aquí la pequeña introducción que escribí para introducir el pensamiento y la obra de Carson.

 

Introducción a El puño de hierro detrás de la mano invisible

 

En abril de 1908, un incendio consumía la extensa y cuidada librería personal de Benjamin Tucker, al mismo tiempo cuartel general de Liberty, el legendario periódico del mutualismo norteamericano. Se había publicado casi sin interrupción desde 1881, y en su mayor esplendor había llegado a contar con 60 colaboradores y varios miles de subscriptores a lo largo y ancho del país, dotando de lustre a un movimiento que se nutría del proudhonismo francés y de la tradición individualista autóctona, y que contaba con la simpatía de una minoría numerosa e ilustrada compuesta de intelectuales individualistas, “pequeños propietarios heréticos” y obreros organizados en las ciudades del Noreste y del Medio Oeste. Tocado, sin embargo, por el trágico incendio de su gran centro de producción intelectual y por la emigración a Francia de su cabeza más visible, Benjamin Tucker, el mutualismo terminaría sucumbiendo al paso de los colectivismos, las Guerras Mundiales y la Gran Depresión[1].

Habría que esperar hasta la bomba intelectual de Kevin A. Carson, publicada en 2001 bajo el título The Iron Fist Behind The Invisible Hand, para que el mutualismo despertara de su letargo y reivindicase su legítimo lugar en el panorama de las ideologías políticas. Lejos del tipo de intelectual académico habitual en los think tanks liberales, Kevin A. Carson es, como dijera Marx de Proudhon, “no sólo la voz del proletariado americano, es él mismo un proletario”. Nativo de Arkansas, ha compaginado durante años su profesión de enfermero con el estudio autodidacta de los grandes clásicos de la economía y de la política hasta convertirse hoy en uno de los intelectuales libertarios vivos más influyentes[2]. Le descubre su lenguaje sencillo y a veces tosco, muy alejado del estilo frío y distante del intelectual académico que contempla el mundo desde la ventana de su despacho. Pero esto no es óbice para menospreciar sus contribuciones al pensamiento libertario. Su primera publicación en formato libro, Studies in Mutualist Political Economy (2004), alcanzaría tal notoriedad que el Journal of Libertarian Studies dedicaría en 2006 un número completo de sus volúmenes al debate de sus ideas. Acerca de su segunda obra, Organization Theory (2008), incluso un libertario conservador como Sean Gabb llegaría a decir que “Kevin Carson ha escrito uno de los libros más considerables que el movimiento libertario ha visto en años”[3], mientras que Keith Preston afirmaba simple y llanamente que Carson es “el Proudhon de nuestro tiempo”[4]. Posteriormente, Carson ha escrito un libro titulado Homebrew Industrial Revolution (2010) y está en proceso de publicar otro, The Desktop Regulatory State. Más allá de esto, desde 2008 colabora como articulista e investigador principal para el Center for a Stateless Society, y uno de sus ensayos, The Distorting Effects of Transportation Subsidies, ha recibido en 2011 el premio de escritura económica que concede anualmente la revista de referencia Freeman.

Casi un siglo después del incendio de Liberty, Kevin Carson no trata sólo de desempolvar las viejas enseñanzas de Proudhon o de Tucker, sino de renovar profundamente el mutualismo de acuerdo a los cambios en la sociedad y a los avances científicos desarrollados a lo largo de todo el siglo XX. Los mutualistas del siglo XIX consideraban que la obscena concentración de la riqueza en pocas manos, los trusts industriales y la miseria de los trabajadores se debían, no al libre mercado, sino a la intervención del Estado en beneficio de la clase capitalista. En concreto, consideraban que existían cuatro grandes monopolios sobre el dinero, sobre el comercio internacional a través de los aranceles, sobre las ideas a través de las patentes y sobre la tierra. Como apuntaba genialmente Benjamin Tucker[5]:

No es la competencia, sino el monopolio, lo que priva al trabajo de su producto. […]. Destruya el monopolio bancario, establezca la libertad en las finanzas, y el interés sobre el dinero caerá a través de la influencia benéfica de la competencia. El capital será liberado, los negocios florecerán, se formarán nuevas empresas, el trabajo será demandado, y gradualmente los salarios subirán hasta equipararse con su producto. Y sucede lo mismo con otros monopolios. Suprima los aranceles, no conceda más patentes, derribe las barreras sobre la tierra desocupada, y el trabajo correrá inmediatamente para tomar posesión de lo que es suyo.

No obstante, Benjamin Tucker terminaría considerando al final de su vida que las grandes empresas habían cobrado una dimensión tan colosal que ni siquiera la abolición total de los cuatro monopolios sería capaz de revertir[6]. Este pesimismo explica por sí solo la decadencia del mutualismo conforme nos adentramos en el siglo XX, cuando muchos de sus partidarios caerían en el desaliento o bajo el hechizo de las ideologías colectivistas. Los análisis de Kevin Carson, al profundizar en el estudio de la intervención estatal, nos han permitido superar al mismo tiempo estas visiones reduccionistas y fatalistas del mutualismo clásico; lo que subyace detrás del predominio de la gran empresa moderna no son sólo los cuatro monopolios tuckeritas, sino una combinación más compleja de diferentes regulaciones, impuestos y subvenciones. Los dos ensayos que publicamos en esta edición, El puño de hierro detrás de la mano invisible y Jerarquía o mercado tratan precisamente de esa cuestión: Carson observa que, si bien en apariencia vivimos en una sociedad de mercado, la intervención del Estado distorsiona sistemáticamente el tamaño y la jerarquía de las empresas, la posición de los trabajadores y la distribución de la riqueza, a veces de un modo tan sutil y tan velado que sólo un estudio sosegado puede descubrirlo.

El primero de los ensayos, El puño de hierro detrás de la mano invisible, pretende, como decíamos, analizar el capitalismo históricamente existente como un producto de la intervención estatal. Debemos tener en cuenta que fue publicado en 2001, tres años antes de su primer escrito con cuerpo de libro; en el fondo es un esbozo de las ideas, mucho más extendidas y elaboradas, que plasmará en Studies in Mutualist Political Economy (2004). Como reconoce el propio Carson en el prólogo a esta edición española, en la actualidad ha revisado algunos de los puntos y ha evolucionado en otros, pero consideramos que sigue siendo una buena introducción a su línea de pensamiento. Debo reconocer que cuando leí la obra por primera vez, hace ya cerca de siete años, me dejó una profunda huella; sus ideas más radicales desafían el sentido común incluso de las personas informadas, pero terminan imponiéndose de forma tal que, a través de todo un abanico de evidencias, es imposible no ver casi completamente cambiada la propia concepción del mundo económico y político una vez concluida su lectura. El segundo de los ensayos, Jerarquía o mercado, es en cambio un anticipo a su segunda gran obra, Organization Theory, ambas de 2008. Se trata de un escrito mucho más breve, pero más sólido y sofisticado, donde se aprecia perfectamente el crecimiento de Kevin Carson como escritor. Aunque el tema central es similar, en este caso Carson adopta una perspectiva organizativa. Si el mercado es el método más eficiente de asignar recursos, se pregunta, ¿por qué razón abandona la gran empresa sus ventajas para reemplazar el mecanismo de los precios y la libre iniciativa por la planificación central? La respuesta, una vez más, está en la distorsión que ejerce el Estado sobre el tamaño de la empresa y sobre las relaciones productivas. Lo más interesante de este punto es que las conclusiones de Carson no se apoyan en autores oscuros y heterodoxos como cabría suponer, sino en economistas ampliamente reconocidos por el stablishment, y en muchos casos premios Nobel, como Ronald Coase, Oliver Willamson, Milton Friedman y Friedrich Hayek.

En otro orden de cosas, debemos advertir que Carson no pretende en estos ensayos trazar una descripción de la propuesta mutualista en sentido amplio, que abarca otros muchos aspectos como la disolución de la educación estatal en una multitud de cooperativas de profesores, equipadas con la libertad de decisión y los incentivos adecuados para mejorar e innovar sus métodos pedagógicos[7]; o la mutualización de la sanidad estatal, entregándola a cooperativas de consumidores y de profesionales, como muestra el ejemplo del hospital SCIAS de Barcelona, que cuenta con más de 160 000 socios[8]. Los mutualistas pretenden limitar y descentralizar el Estado, reemplazando tanto como sea posible las relaciones de autoridad por las relaciones voluntarias y contractuales. Kevin Carson considera, con un sector del mutualismo, que llevando este principio a sus últimas consecuencias deberíamos prescindir completamente del Estado a través de la organización libre y mutualista de los servicios de policía, ley y justicia[9]. Otros, como Pi i Margall, muestran sus reservas[10], pero el análisis carsoniano del capitalismo es igualmente válido cualquiera que sea nuestra postura acerca de la disolución total del Estado. Su valor radica en brindar una alternativa libertaria tanto a la izquierda establecida, autoritaria y colectivista, como al capitalismo imperante. Carson, como los mutualistas clásicos, reprocha al liberalismo vulgar su hipocresía a la hora de atacar la intervención del Estado sólo cuando beneficia al conjunto de los ciudadanos, pero raramente cuando se trata de los grandes capitalistas, a quienes con frecuencia ponen como ejemplo. El propio Benjamin Tucker hablaba de Herbert Spencer en estos términos:

Parece como si Herbert Spencer hubiera olvidado la enseñanza de sus primeros escritos, y se hubiera convertido en un defensor de la clase capitalista (…). En medio de la multitud de sus ilustraciones (…) sobre los males de la legislación, siempre cita alguna ley aprobada al menos en principio para proteger a los trabajadores, aliviar su sufrimiento o promover el bienestar del pueblo. Pero ni una vez llama la atención sobre los males mucho más mortíferos y profundamente arraigados que crecen de innumerables leyes creadas a favor del privilegio y el monopolio.[11]

Por último, debemos señalar que esta edición no hubiera sido posible sin la colaboración y el esfuerzo de varios compañeros y amigos de Mutualismo.org, que junto a un servidor han traducido con la máxima fidelidad literaria esta primera edición en castellano de El puño de hierro. Sus nombres son: Joaquín Padilla ‘Logsemán’, Octavio Muciño, Alberto Jaura, Pablo Molina y Telmo Echániz. Para cualquier duda o consulta, pueden encontrarnos en el portal de Mutualismo.org o en su página de Facebook.



[1] Para una radiografía del mutualismo clásico norteamericano, véase mi artículo: Logos, Víctor (2014). El anarquismo individualista en Estados Unidos. Zodaxa, volumen 1, número 1.

[2] Datos tomados en conversaciones personales por correo.

[4] Aparecido en la contraportada de CARSON, KEVIN., Organization Theory: A Libertarian Perspective, Booksurge, 2008.

[5] TUCKER, BENJAMIN, Why I Am An Anarchist, 1892, disponible en inglés aquí (accedido a 28/04/2014): http://praxeology.net/BT-WIA.htm

[6] Véase el postscriptum que el propio Tucker añadiría en 1911 a su artículo de 1886, Socialismo de Estado y Anarquismo: en qué coinciden y en qué difieren. Disponible en castellano aquí (accedido a 28/04/2014): http://www.banderanegra.canadianwebs.com/tucker.html

[7] Para una breve introducción a la perspectiva mutualista sobre la educación, véase La educación pública, crítica y alternativas, disponible online (accedido a 28/04/2014): http://www.mutualismo.org/la-escuela-publica-critica-y-alternativas/. Nótese que el mutualismo está en clara sintonía con la renovación pedagógica que proponen autores como Ken Robinson o Salman Khan.

[8] Acerca del hospital cooperativo de Barcelona, véase FAURA, IGNASI (ed.), Consumidores activos: experiencias cooperativas para el siglo XXI, Icaria Milenrama, Barcelona, 2002, p. 97.

[9] Una de las mejores exposiciones del mutualismo anarquista se encuentra en el libro Voluntary Socialism, de Francis Tandy, que cuenta con un capítulo especialmente dedicado a explicar cómo se protegerían la vida y la propiedad en una sociedad sin Estado (accedido a 28/04/2014): http://praxeology.net/FDT-VS-5.htm . What Is Mutualism? de Clarence Lee Swartz, Instead of a Book de Benjamin Tucker o Idea general de la revolución en el siglo XIX de Proudhon tratan el mismo problema desde diferentes ángulos.

[10] PI Y MARGALL, F., Reflexiones. Madrid, J.A. García, 1901, pp. 12 y 14-15. Su obra La reacción y la revolución es, en la misma línea, un clásico del mutualismo federalista.

[11] Citado en MARTIN, J. J., Men Against The State: The Expositors of Individualist Anarchism in America, 1827-1908, Ralph Myles Publisher Inc., Colorado, 1970, p. 240.

Related Posts

17 Responses to El puño de hierro: una introducción a Kevin A. Carson

  1. Tres Jotas says:

    ¿Versión física?

  2. Victor L. says:

    Tres Jotas, después del verano seguramente saldrá en papel. En breve lo publicaremos también de forma totalmente gratuita a través de nuestra página.

  3. ojoaldato says:

    ¡Mi más sinceras felicitaciones por vuestro trabajo!

  4. Martí says:

    Gracias a la magnífica labor de divulgación que hacéis en el blog me he reconvertido en neomutualista. Sin embargo sigo teniendo alguna duda por esclarecer:

    -Mutualizando la sanidad, no creeis que habría el riesgo de ser atendido por un curandero pseudomagufo sin licencia?

    -¿Quién financiaría la ciencia básica sin un sistema público de I+D?

    -El mutualismo se opone a la privatización de los recursos naturales y la tierra (hace bien) pero como se materializaría dicha recolectivización?

  5. Victor L. says:

    Hola Martí, perdona la tardanza en responder, hemos estado ocupados con otros proyectos últimamente. Nos alegra mucho que la página te haya servido para simpatizar con el mutualismo :). Respecto a tus preguntas:

    1. ¿Por qué es un riesgo? Habrá más hospitales, más consultas, más médicos, más competencia, pero seguirá siendo tan fácil como ahora comprobar dónde ha estudiado tu médico, y en un sistema mutualista el fraude y el engaño contra los consumidores seguirá estando tan penalizado como ahora. En todo caso habrá más opciones, no menos, y acudir a un curandero sería algo completamente voluntario.

    2. En el mutualismo seguiría habiendo universidades, empresas y fundaciones que inviertan voluntariamente en I+D. Pero hablamos de un paradigma diferente, sin patentes y orientado a las preferencias de los consumidores.

    3. El mutualismo no está exactamente contra la privatización de la tierra y de los recursos naturales sino contra la propiedad ausente de los mismos (nos oponemos a los terratenientes, etc.). En paralelo a eso apoyamos la gestión privada comunal de los recursos naturales cuando sea posible: véase, por ejemplo, el caso de los elefantes de Zimbawe entregados a las comunidades de campesinos, o la gestión comunal de montes en Castilla. En algunos casos específicos es posible que sea necesaria una auténtica gestión pública municipal o regional, es difícil de precisar ex ante cuestiones tan complejas.

    Lo más parecido a una apuesta “recolectivizadora” es la idea del impuesto único sugerida por Henry George según la cual el Estado se financiaría con una tasa sobre el valor del suelo, pero no es exactamente una medida colectivizadora.

    Un saludo.

  6. Martí says:

    Gracias por la respuesta.

    La respuesta 1 me ha convencido pero no sé hasta qué punto cuestiones como la epidemiología, prevención de enfermedades, campañas de vacunaciones… serían eficientes sin un sistema de salud público.

    En relación al punto 2, la ciencia básica (neurociencia cognitiva, biología molecular, astrofísica) justamente no se orienta a las necesidades de los consumidores sino a la búsqueda del conocimiento, por lo que en la mayor parte de ocasiones, las empresas y fundaciones privadas no internalizan estos costes. Algo similar sucede con el arte y la cultura. Esta situación deriva en un monopsonio de la investigación científica no aplicada. Sería interesante tratar este tema más a fondo.

    Gracias por la información sobre el impuesto único de H.George.

    Martí

  7. Miguel says:

    Buenas,
    Soy nuevo aquí. No obstante quería contestar a Martí. El caso es que no tiene por que no existir una sanidad pública. Sólo que el estado no contratará a los sanitarios sino que elegirá una cooperativa o grupo de cooperativas que hagan la labor sanitaria en todas las áreas que la sociedad necesite y que no sean rentables para el capital privado. Pagaría estas cooperativas con el dinero de los impuestos sobre la tierra.
    Un saludo

  8. 1.- Determinados asuntos de salud son bienes públicos, como la inmunidad colectiva o el control de epidemias, por lo que es preferible que sean gestionados por el estado. Concretamente, la vacunación obligatoria puede ser necesaria para mantener la inmunidad colectiva, y también la cuarentena obligatoria de infectados en caso de epidemia, como actualmente con el Ébola. (Supongo que es esto a lo que Martí se refiere cuando dice que ciertas cosas son gestionadas más eficientemente en una sanidad pública.)

    En tanto que haya gestión estatal, es preferible que se haga en el menor nivel posible, es decir, en los municipios, para maximizar el control de la población sobre la gestión.

    A parte de estos limitadísimos casos, en mi opinión no es conveniente que haya más intervención del estado en la sanidad. Ni siquiera, como propone Miguel, subcontratando cooperativas; creo que es mejor un sistema de bonos que garantice la sanidad a aquellos que no puedan costeársela. Así, ofrecer sanidad a estas personas se hará artificialmente rentable para los inversores privados.

    2.- Me resulta interesante la renta básica para financiar la investigación básica, así como el arte, las labores domésticas y otras actividades que normalmente no están remuneradas. Obviamente las posibilidades son limitadas, ya que la investigación suele tener unos costes que no pueden ser financiados con una renta básica. Pero al menos abre la posibilidad de que haya gente dedicándose voluntariamente a estas cosas, viviendo austeramente pero sin tener que preocuparse por sobrevivir.

    Por cierto, Martí, no entiendo por qué la situación que describes es de monopsonio. ¿Quién es el consumidor único?

    • Miguel says:

      Dos cosas:
      – He visto varias veces escrito esto de los bonos pero no lo entiendo muy bien. ¿Podrías desarrollarlo?
      – Por otro lado, entiendo que en lo que concierne al transporte si que es necesario un Estado, comité federal o como quieras llamarlo para hacer obras públicas. Como se iban a coordinar sino diferentes municipios con cooperativas de construcción para hacer un tren de Bilbao a Sevilla? Sería un Caos, ¿no?

      • -Un sistema de bonos para la educación sería un sistema en el que todos los colegios y universidades son privados, y el estado sólo financiaría a aquellas familias que no tienen recursos para acceder a la educación. Para ello les da un bono que pueden intercambiar por el servicio, de ahí el nombre. Es una manera de tener una educación a la vez privada y universal, y previsiblemente sería más barato que el sistema actual.
        Huelga decir que la educación privada no son sólo empresas convencionales, también cooperativas, fundaciones y todo tipo de asociaciones voluntarias.
        El mismo sistema es aplicable a la sanidad, los abogados, etc.

        -Cuando desde el mutualismo se habla de municipios, se habla también de confederalismo, es decir, se contempla que los municipios se federen entre sí para hacer economía de escala donde sea necesario, como el transporte mismamente.
        Pero por mi parte veo factible que cooperativas planeen y construyan independientemente un tren o una carretera entre dos poblaciones, al margen de los municipios.

        • Miguel says:

          Ok, gracias por la aclaración.
          Por otra parte dices “no solo empresas convencionales”. Es decir, ¿se debería permitir las empresas convencionales? Es decir, ¿se debería permitir el trabajo asalariado?
          Yo opino que no. Que lo más importante es no permitirlo igual que no se debería permitir la esclavitud. Es sólo prohibiendo el trabajo asalariado y la esclavitud donde se hace deseable una reducción del estado. en caso contrario estas permitiendo a los dueños del capital explotar libremente a los trabajadores y la reducción de beneficios anunciada por Carson no aparecería.

  9. Victor L. says:

    Hola de nuevo Martí.

    No tengo claro que cuestiones como la epidemiología, las campañas de vacunación, etc. no puedan llevarse a través de las compañías de seguros mutuos. En el segundo caso estoy completamente seguro de que ya lo hacen, pero es probable que también traten de prevenir epidemias de alguna forma entre sus clientes. De hecho tienen más incentivos que el Estado, que a lo sumo podría tener un papel coordinador absolutamente marginal en el sistema.

    El punto dos es interesante: yo mismo estudié Historia y he visto los problemas de eso que comentas. Pero si la gente no está dispuesta a entregar voluntariamente su dinero para financiar esos proyectos, ¿por qué deberían llevarse a cabo? No podemos elegir sobre ellos para invertir su dinero en sectores que, en muchos casos, no revertirán sobre ellos de ninguna forma y en los que no tienen ningún interés. De todos modos, en el campo de la cultura existen alternativas como las fundaciones (que en Barcelona conservan casi todos los monumentos modernistas, hacen rutas, etc.), el crowdfunding, etc. La ciencia puede seguir residiendo , más allá del ámbito empresarial, en universidades y academias. Podría verse si un primer paso es proporcionar incentivos a las donaciones privadas, como en EEUU.

    Un saludo.

  10. Obviamente los seguros tienen incentivos para la prevención de enfermedades. Pero la prevención de epidemias y la inmunidad colectiva son bienes públicos: las medidas preventivas tienen que aplicarse a todos los habitantes de un mismo área. De nada sirve que a algunos infectados de ébola los pongan en cuarentena y a otros no, tienen que ser todos o es inútil.
    Además, estas medidas en parte violan el principio de no agresión, la cuarentena y la vacunación tendrían que ser obligatorias.
    Por tanto, si se toman estas medidas, parecen más apropiadas para una institución monopólica como el estado.

  11. Martí says:

    Gracias a los tres por comentar. Esto vuelve a coger movimiento.

    1. Comparto la visión de Alberto sobre la prevención y el principio de no agresión.
    2. Cuando hablo de monopsonio de la investigación científica, me refiero a que el único contratista real de investigación básica en los primeros estadíos del proces es el Estado (y en el caso español esta situación también se traslada a la investigación más aplicada ya que la industria, realiza una inversión en I+D del 0,84% del valor de producción, frente a casi el doble de la media UE15, 1,5%.)
    3. En este sentido, respondo a Víctor (soy futuro estudiante de ciencias biomédicas, por lo que seguramente estoy más sensibilizado con el tema de la ciencia:)
    “¿por qué deberían llevarse a cabo? No podemos elegir sobre ellos para invertir su dinero en sectores que, en muchos casos, no revertirán sobre ellos de ninguna forma y en los que no tienen ningún interés”
    El problema aquí es que sí acaban revirtiendo y sí tienen interés (seguramente un mayor grado de concienciación y divulgación sobre la importancia de la generación de conocimiento científico también daría luga a una mayor inversión privada, no lo sé…). La realidad (triste para aquellos científicos o futuros científicos que creemos en un mercado liberado que genere redistibución de la riqueza e igualdad de oportunidades por sí mismo) es que es el Estado quien asume el nada rentable negocio de la ciencia básica, de la exploración espacial, de la exploración de los océanos, de poner satélites en órbita… el Estado asume la mayor parte de la investigación epidemiológica, de la salud pública, de la investigación clínica no farmacológica…el Estado asume la inversión en renovables, en investigación climática y meteorología…Incluso los microprocesadores, discos duros, algoritmos de procesado internet, telefonía inalámbrica, GPS, pantallas táctiles e interfases de voz (SIRI) fueron desarrolladas mediante programas públicos de investigación. Y nadie puede decir que estas tecnologías no “tengan interés” pero para llegar a desarrollarlas hace falta ciencia básica en cosas aparentemente tan “improductivas” como un acelerador de partículas. Me limito a describir la realidad, no a justificarla.
    4. Víctor ¿quién proporcionaría incentivos a las donaciones privadas en ciencia?

    Saludos!!

    • Todo el sistema tecnológico moderno depende bastante de los estados, lo cual quiere decir que se desarrolla según las prioridades de quienes tienen acceso al poder (ciertas empresas y grupos organizados, políticos, etc). Si quitamos a los estados de la ecuación, probablemente tenga más importancia otro tipo de tecnologías, bajo otras prioridades, quizá más centradas en la eficiencia y el bajo coste.
      Pero tampoco sé decirte cómo puede desarrollarse en ese contexto la investigación básica. A largo plazo debería ser tomada por instituciones no estatales, pero ahí sólo podemos especular. Siento no poder ser más concreto.

  12. […] cualesquiera de las otras libertades que el Estado supuestamente procura: la libre circulación, el libre comercio, las libertades de reunión y de manifestación, la libertad de educación, […]

  13. […] cualesquiera de las otras libertades que el Estado supuestamente procura: la libre circulación, el libre comercio, las libertades de reunión y de manifestación, la libertad de educación, […]

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

« »