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	<title>mutualismo.org &#187; La tierra</title>
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	<description>Libre mercado anticapitalista</description>
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		<title>Rothbard, ¿contra la globalización?</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jun 2010 22:53:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[O, al menos, muy lejos de lo que los anti-globalización entienden por un apologista de la misma: &#8220;Los conservadores norteamericanos insisten en particular en resaltar ante los países retrasados las grandes posibilidades y la importancia de las inversiones privadas procedentes de los países avanzados, y les incitan a crear un clima favorable a las mismas, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/06/murray-rothbard.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2189" title="murray rothbard" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/06/murray-rothbard-214x300.jpg" alt="" width="142" height="200" /></a></p>
<p>O, al menos, muy lejos de lo que los anti-globalización entienden por un apologista de la misma:</p>
<blockquote><p>&#8220;Los conservadores norteamericanos insisten en particular en resaltar ante los países retrasados las grandes posibilidades y la importancia de las inversiones privadas procedentes de los países avanzados, y les incitan a crear un clima favorable a las mismas, de modo que no se vean sujetas al instigamiento de los gobernantes. Todo ello es muy cierto, pero, una vez más, a menudo es irreal, dada la situación de estos países. Estos conservadores caen persistentemente en el error de no saber distinguir entre las inversiones exteriores legítimas del mercado libre y las basadas en concesiones monopolistas y en donaciones de vastas extensiones de tierras otorgadas por los Estados subdesarrollados. <strong>En la medida en que las inversiones exteriores se basan en monopolios y en agresiones contra el campesinado, en esa misma medida adquiere el capitalismo extranjero las características de los señores feudales y debe ser combatido con los mismos medios</strong>&#8220;. (<em>La ética de la libertad</em>, p. 113).</p></blockquote>
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		<title>La transferencia de población del campo a la ciudad</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2010/04/la-transferencia-de-poblacion-del-campo-a-la-ciudad/</link>
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		<pubDate>Fri, 30 Apr 2010 09:17:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Haciendo abstracción de la historia, si desde el Neolítico las sociedades se hubieran regido por parámetros libertarios, la transferencia de población del campo a la ciudad (y la misma aparición de las ciudades) habría seguido los siguientes pasos: 1.    En primer lugar, la sociedad estaría compuesta de campesinos dedicados única y exclusivamente a la producción [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/04/campo-paraguayo.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2170" title="campo paraguayo" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/04/campo-paraguayo-300x224.jpg" alt="" width="225" height="168" /></a></p>
<p>Haciendo abstracción de la historia, si desde el Neolítico las sociedades se hubieran regido por parámetros libertarios, la transferencia de población del campo a la ciudad (y la misma aparición de las ciudades) habría seguido los siguientes pasos:</p>
<p>1.    En primer lugar, la sociedad estaría compuesta de campesinos dedicados única y exclusivamente a la producción directa de bienes de subsistencia.<br />
2.    Conforme aumentase el excedente de producción (intensificación económica, mejora climática, etc.), los campesinos podrían saciar necesidades menos apremiantes, dedicando una parte cada vez mayor de su <em>output</em> a la adquisición de bienes manufacturados (vestido, calzado, etc.).<br />
3.    A causa de esta nueva demanda, parte de la industria campesina, dedicada al autoconsumo familiar, encontraría más rentable la venta para el mercado, restando tiempo de trabajo a las tareas del campo. Así surgirían la división social del trabajo y el artesanado especializado.<br />
4.    Si la demanda está lo suficientemente extendida territorialmente, los artesanos especializados tenderán a ocupar lugares centrales para minimizar los costes de desplazamiento de la mayoría de sus consumidores, dando lugar a las ciudades (que pueden superponerse a lugares de intercambio campesino tradicionales, etc.).</p>
<p>Parcialmente, el nacimiento de las ciudades durante la Edad del Cobre y el renacimiento urbano del siglo XI siguieron pautas similares, si excluimos loa intervención de las élites, la centralización administrativa, la aparición del Estado y los privilegios ciudadanos.</p>
<p>El primer modelo supone que la ciudad nace para saciar las necesidades del campo (donde hasta la actualidad sigue viviendo la mayor parte de la población mundial), pero, una vez organizada, los ciudadanos tienen incentivos en emplear su fuerza concentrada para subordinar al campo: pueden dar lugar a los primeros Estados que centralicen el excedente agrario; pueden excluir a los foráneos de las actividades urbanas, inflando artificialmente su rentabilidad; pueden gravar las actividades agrarias para subvencionar las actividades urbanas (administrativas e industriales); o pueden infringir los derechos de propiedad campesinos para forzar la emigración y aumentar los beneficios de los empleadores de trabajo urbanos (<em>enclosures</em>, etc.).</p>
<p>Incluso hoy, muchos países en desarrollo sufren la agresión de los cultivos transgénicos, que contaminan los campos circundantes e impiden la producción tradicional, arruinando a los pequeños propietarios e incentivando su emigración -con el beneplácito o la connivencia del Estado.</p>
<p>En todos estos casos, la transferencia de riqueza y población (la una sigue a la otra) tiene como base la agresión institucionalizada, que modifica los precios relativos de los diferentes empleos y, por lo tanto, el modo de ocupar el territorio.</p>
<p>En gran parte, la intervención estatal en el campo ha determinado las relaciones entre capital y trabajo hasta la actualidad, y parece imposible imaginar cómo se habrían desarrollado las ciudades y la industria en un contexto puramente libertario.</p>
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		<title>Murray Rothbard como libertario de izquierdas</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2009/08/murray-rothbard-como-libertario-de-izquierdas/</link>
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		<pubDate>Sun, 23 Aug 2009 18:23:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Anti-estatismo]]></category>
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		<description><![CDATA[“Libertarianism is a people’s movement and a liberation movement” &#8211; Rothbard Aunque Rothbard es frecuentemente calumniado desde ciertos sectores, ello se debe más a la ignorancia que a un conocimiento preciso de su obra. Rothbard no fue un liberal vulgar, sino –sobre todo en la década de 1960- un intelectual progresista que se opuso a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1790" title="rothbard2" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/08/rothbard2.jpg" alt="rothbard2" width="141" height="187" /></p>
<p><em>“Libertarianism is a people’s movement and a liberation movement”</em> &#8211; Rothbard</p>
<p>Aunque Rothbard es frecuentemente calumniado desde ciertos sectores, ello se debe más a la ignorancia que a un conocimiento preciso de su obra.<br />
Rothbard no fue un liberal vulgar, sino –sobre todo en la década de 1960- un intelectual progresista que se opuso a la guerra de Vietnam, a las patentes, al estatismo corporativo, a las leyes contra el aborto, a la discriminación racial, a los latifundios (sobre todo en el Tercer Mundo), y a las privatizaciones que acababan en manos de los amigos del gobierno.</p>
<p>Por supuesto, no todas sus opiniones son admisibles; justificó la propiedad ausente de la tierra siempre que hubiese una mezcla previa de trabajo por parte del propietario –tomando selectivamente de Locke-, y, sobre todo, tendió a desconsiderar tanto las repercusiones de la llamada “acumulación primitiva” en la actual estructura de clases como la posibilidad de una sociedad donde el capital fuese dirigido por el trabajo. Por otro lado, tiendo a pensar que su revisión de La doctrina de Tucker y Spooner es una justificación poco argumentada de sus propias ideas, con algunos hombres de paja. Pero no deben subestimarse sus excelentes aportes en otros campos, perfectamente compatibles con cualquier clase de anarquismo.</p>
<p><strong>Ética y derecho</strong></p>
<p>En el plano de la ética, sentó las bases del moderno derecho libertario, por encima de No Treason, el libro de Lysander Spooner que tanto le influyó.<br />
Para Rothbard, cada ser humano tiene un derecho inalienable sobre sí mismo y sus productos en virtud del dominio natural que mantiene sobre su cuerpo y su voluntad, y de la capacidad para transformar la naturaleza mediante el trabajo. Pretendió establecer una ética universal y aplicable a todo el género humano, independientemente de la raza, el sexo o la religión; destruyendo los prejuicios racistas, sexistas y religiosos. (Este es un buen argumento para considerar a los left-libertarian como los auténticos rothbardianos). En cierto sentido, su concepción del derecho natural es revolucionaria: su estudio de las características esenciales de la naturaleza humana le conducen a la necesidad de abolir el Estado. Como él mismo lo expresa:</p>
<blockquote><p>“Si toda persona tiene derecho a poseer su propio cuerpo, y si todos los hombres tienen que usar y transformar los objetos materiales para poder sobrevivir, entonces todos tienen derecho a la propiedad de los productos que han conseguido mediante su energía y su esfuerzo, en cuanto que son una verdadera extensión de su personalidad”. <strong><em>(La ética de la libertad, p. 85)</em></strong></p></blockquote>
<p>Esto significa que todo impuesto no es más que un robo que debe ser repelido, con la fuerza si fuese necesario.</p>
<p><strong>Guerra e imperialismo</strong></p>
<p>Como corolario de su teoría del derecho, Rothbard se oponía fervientemente a toda guerra que no se dirigiese “única y exclusivamente contra los delincuentes” <em>(Ibidem, p.263)</em>. Aunque a primera vista parece una afirmación conservadora, sus implicaciones son radicalmente progresistas: toda guerra por motivos étnicos, de conquista, ampliación de mercados o anti-comunista queda terminantemente prohibida por su sistema ético. Virtualmente condena todas las guerras que suceden actualmente en el mundo.</p>
<p>Mientras capitalistas como Ludwig von Mises simpatizaban con el imperialismo, Rothbard lo condenó enérgicamente:</p>
<blockquote><p>“Los conservadores –y algunos libertarios- han sostenido a menudo que debe tolerarse el imperialismo occidental sobre los países subdesarrollados porque respeta los derechos de propiedad en mucha mayor medida que cualquiera de los regímenes nativos sucesores. Pero, para empezar, juzgar lo que debe venir a continuación del status quo es puro ejercicio especulativo, mientras que la opresión de los actuales dominadores imperialistas sobre la población de B es demasiado real y culpable.” <em>(Ibidem, p. 270)</em>.</p></blockquote>
<p>Igualmente, y a pesar de defender la libre posesión de armas, se enfrentó a los conservadores anti-comunistas en el asunto de las armas nucleares. A partir de su sistema ético, según el cual las guerras son justas solo si se dirigen “única y exclusivamente contra los delincuentes”, propone el desarme nuclear y dirige una crítica certera contra estas armas:</p>
<blockquote><p>“Mientras que el arco y la flecha o el rifle pueden apuntar directa y únicamente a los delincuentes verdaderos y concretos, no lo pueden hacer las modernas armas nucleares. […] La característica básica de las armas nucleares es precisamente la circunstancia de que no es posible hacer un uso selectivo de las mismas, no pueden ser utilizadas según los esquemas libertarios. Por consiguiente, debe condenarse ya su simple existencia y el desarme nuclear se convierte en un bien que debe ser buscado en razón de sí mismo”. <em>(Ibidem, pp. 263-264)</em>.</p></blockquote>
<p><strong>Capitalismo y corporativismo</strong></p>
<p>En mi opinión, la definición de “capitalismo” de Rothbard es errónea; el capitalismo siempre fue el sistema donde el trabajo permanecía divorciado del capital, constantemente mantenido por la intervención estatal. Pero debe reconocérsele la franqueza de distinguir entre el “capitalismo de laissez faire”, definido como un sistema de intercambios voluntarios, y el “capitalismo estatal”, donde el Estado privilegia por la fuerza a las grandes empresas y los grupos de poder. Rothbard condenó enérgicamente esta última forma de capitalismo (<a href="http://www.jorgevalin.com/artic/trad/futuro_de_paz_y_capitalismo_rothbard.htm"><span style="text-decoration: underline;"><strong><em>Un futuro de paz y capitalismo</em></strong></span></a>).</p>
<p>Además de criticar los cárteles empresariales de posguerra –política que bautizó como “colectivismo de guerra”-, se enfrentó a la visión de los conservadores sobre las grandes empresas como la “minoría más perseguida”, típica de Rand o Mises, denunciando la realidad del capitalismo estatal:</p>
<blockquote><p>“Hace algún tiempo llegué a la conclusión de que la principal falla en la obra y el pensamiento actual de nuestros libertarios y “liberales clásicos” consiste en una absoluta incomprensión de las grandes empresas. Hay una tendencia a sacralizar a la gran empresa per se [...] además de que no llegan a comprender que mientras que la gran empresa merecería elogios si consiguiera hacerse grande a través del libre mercado puro, en el mundo contemporáneo de neomercantilismo y lo que es esencialmente un estado corporativo neofascista, un gran tamaño es sospechoso a priori, dado que las grandes empresas probablemente han llegado a serlo mediante una sofisticadísima y crucial red de subsidios, privilegios, y concesiones directas e indirectas de protección monopolística.” (<a href="http://www.mutualismo.org/2009/08/rothbard-sobre-las-grandes-empresas/"><span style="text-decoration: underline;"><em><strong>Correspondencia privada</strong></em></span></a>, extraída del blog de Peter Klein)</p></blockquote>
<p>Por último, pocas políticas son tan contrarias a los intereses de las grandes empresas como la abolición de la propiedad intelectual. Rothbard defendió esta medida en base a que “nadie tiene derecho de propiedad sobre los conocimientos que un tercero alberga en su cabeza” <em>(La ética de la libertad, p. 178)</em>.</p>
<p><strong>Privatizaciones</strong></p>
<p>Los críticos de Rothbard tienen razón cuando afirman que pretendía privatizar las funciones del Estado (debo matizar; todas las funciones que el público esté dispuesto a sufragar), pero yerran al suponer que semejante medida está diseñada para expropiar a los pobres. Tal medida ya fue propagada por los mutualistas del siglo XIX como forma de empoderar a los trabajadores, liberándolos del peso de cargar con el aparato burocrático y privilegiado del Estado. Proudhon, su máximo representante, hablaba de “disolver el gobierno en el organismo económico”, y eso es exactamente lo que significa “privatizar”, a pesar de las connotaciones negativas que ha adquirido el término a raíz de las privatizaciones fascistas de Thatcher o Reagan –que el propio Rothbard criticó fervientemente.</p>
<p>La política de privatizaciones defendida por Rothbard era radicalmente revolucionaria: no se trataba de transferir la riqueza desde el Estado a los grupos de poder, sino de entregársela a sus primeros ocupantes, es decir, a los que eran sus trabajadores en ese momento. Los obreros y campesinos de las fábricas y campos nacionalizados, así como los administrativos de las oficinas de gobierno, deberían ser los propietarios de sus ‘medios de producción’. Así mismo, Rothbard criticó las propiedades semi-privadas adquiridas por particulares gracias a su afinidad con la camarilla de gobierno mediante la agresión; los latifundios latinoamericanos o los activos de algunas grandes empresas deberían ser entregados a sus trabajadores. “La tierra para los campesinos y las fábricas para los obreros”, gritaba Rothbard en base a su sistema de propiedad legítima (<a href="http://mises.org/journals/lf/1969/1969_06_15.aspx#3"><span style="text-decoration: underline;"><strong><em>Confiscation and The Homestead Principle</em></strong></span></a>).</p>
<p><strong><br />
Conclusión</strong></p>
<p>Personalmente, me apena que muchos anarquistas e incluso mutualistas no hayan sabido apreciar la obra de Rothbard, que hizo la mayor contribución al derecho libertario desde Lysander Spooner, y jugó un digno papel en el seno de la Nueva Izquierda de 1960 y los movimientos anti-guerra. Temo que hayan dejado de lado la sinceridad ideológica por la conveniencia política, ya que en ciertos grupos cae bien cualquier crítica al anarcocapitalismo, independientemente de qué entienda la otra parte por “capitalismo”.</p>
<p>Uno puede legítimamente no citar a Rothbard en absoluto por no estar de acuerdo con él en nada, pero desconfío de la mayoría de quienes actúan así, y creo que de tras de esto se esconde casi siempre un dogmatismo inseguro y fanático. Es una cuestión de madurez ideológica reconocer los puntos comunes con ideologías aparentemente contrarias.</p>
<p>En mi opinión, Rothbard sobrepasa con creces a la gran mayoría de los anarcocapitalistas contemporáneos; no solo en el campo de la economía o el derecho, sino en la percepción de muchos problemas que estos últimos desecharían como &#8220;prejuicios izquierdistas&#8221;. Rothbard es un anarquista de pleno derecho que merece ser leído por todos los que se califican como tales.</p>
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		<title>Iron Fist (II): el puño de hierro detrás de la mano invisible</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Aug 2009 14:09:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con un pequeño retraso, ahí va la segunda entrega del Iron Fist; su capítulo más largo. La subvención de la historia Por consiguiente, la mayor subvención al moderno capitalismo corporativo es la subvención de la historia, a través de la cual el capital se acumuló primeramente en unas pocas manos, y los trabajadores fueron privados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Con un pequeño retraso, ahí va la segunda entrega del Iron Fist; su capítulo más largo.</em></p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-1749" title="iron first" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/08/iron-first1.jpg" alt="iron first" width="191" height="241" /></p>
<p><strong><br />
La subvención de la historia</strong></p>
<p>Por consiguiente, la mayor subvención al moderno capitalismo corporativo es la subvención de la historia, a través de la cual el capital se acumuló primeramente en unas pocas manos, y los trabajadores fueron privados del acceso a los medios de producción y forzados a venderse a sí mismos en los términos del comprador. El actual sistema de propiedad de capital concentrada y organización corporativa a gran escala es el directo beneficiario de la estructura original del poder y de la propiedad, que se perpetuó a sí misma a lo largo de los siglos.</p>
<p>Para que surgiera el capitalismo tal y como lo conocemos, fue esencial primero de todo separar el trabajo de la propiedad. Los marxistas y otros economistas radicales comúnmente se refieren al proceso como la “acumulación primitiva”.<br />
“Lo que el sistema capitalista demandaba era…una condición degradada y casi servil de las masas del pueblo, la transformación de las mismas en mercenarias, y de su medio de trabajo en capital”. Eso significó la expropiación de la tierra, “a la cual el campesinado tenía los mismos derechos feudales que el propio señor”. <strong>[Marx, “Capítulo 27: La expropiación”, El Capital vol. I]</strong></p>
<p>Para captar la enormidad del proceso, tenemos que entender que los derechos nobiliarios sobre la tierra bajo la economía feudal eran completamente una ficción legal feudal derivada de la conquista. Los campesinos que cultivaban la tierra en la Inglaterra de 1650 eran descendientes de aquellos que la habían ocupado desde tiempo inmemorial. Desde cualquier patrón de moralidad, era su propiedad en todos los sentidos de la palabra. Las armas de Guillermo el Conquistador, sin otro derecho que la fuerza, forzó a aquellos campesinos propietarios a pagar renta de su propia tierra.</p>
<p>J. L y Barbara Hammond consideraban la aldea del siglo XVI y el sistema de campos abiertos como una pervivencia de la sociedad de campesinos libres de tiempos de los anglosajones, con la superposición del feudalismo. La alta burguesía vio los derechos pervivientes de los campesinos como un estorbo para el progreso y la eficiencia de la agricultura; una revolución en su propio poder era una forma de quebrar la resistencia campesina. De ahí que la comunidad agrícola fuera “tomada a piezas…y reconstruida del modo en que un dictador reconstruye un gobierno libre”. <strong>[The Village Labourer 27-28, 35-36]</strong></p>
<p>Cuando los Tudor dieron a la nobleza las tierras monásticas expropiadas, esta “expulsó en masa a los subarrendatarios hereditarios e hizo de su propiedad una”. <strong>[Marx, “The Expropiation”]</strong>. Esta tierra robada, alrededor de la mitad de la tierra arable de Inglaterra, fue la primera expropiación a gran escala del campesinado.</p>
<p>Otro gran robo de la tierra del campesinado fue la ley de “reforma” de la tierra por el Parlamento de la Restauración del siglo XVII. La aristocracia abolió las tenencias feudales y convirtió su propio patrimonio de tierras, hasta entonces “solo un título feudal”, en “derechos de propiedad privada modernos”. En el proceso, abolieron los derechos de tenencia de los copyholders. Los copyholders eran arrendatarios de jure bajo la ley feudal, pero una vez pagaban una insigificante renta fijada por la costumbre, las tierras eran suyas para venderlas o legarlas. En sustancia la tenencia de los copyholders fue el equivalente feudal de la tenencia libre, pero desde que derivó de la costumbre era ejecutable solo en los tribunales feudales. Bajo la “reforma”, los campesinos en copyhold se convirtieron en arrendatarios a voluntad, que podían ser desalojados o cargados con cualquier renta que su señor tuviese a bien <strong>[Marx, “The Expropriation…”]</strong></p>
<p>Otra forma de expropiación, que comenzó en la baja Edad Media y creció dramáticamente en el siglo XVIII, era el cercamiento de los comunales –en los que, nuevamente, los campesinos comunalmente tenían un derecho de propiedad tan absoluto como cualquiera de los defendidos por los abogados actuales de los “derechos de propiedad”. Sin contar con los cercamientos anteriores a 1700, los Hammonds estimaron los cercamientos totales en los siglos XVIII y XIX en un sexto o un quinto de la tierra arable de Inglaterra <strong>[Village Labourer 42.]</strong>. E. J. Hobsbawm y George Rude estimaban los cercamientos únicamente entre 1750 y 1850 como transformaciones de “algo así como una cuarta parte de la superficie cultivada en campo abierto, tierras comunales, prado o basura al ámbito privado…” <strong>[Captain Swing 27]</strong>.</p>
<p>La clase dominante veía el derecho de los campesinos a los comunales como una fuente de independencia económica del capitalista y el terrateniente, y por ende una amenaza a ser destruida. Los cercamientos eliminaron “un peligroso centro de indisciplina” y compelieron a los trabajadores a vender su trabajo bajo las condiciones de sus patronos. Arthur Young, un caballero de Lincolnshire, describía los comunales como “unos criaderos de ‘bárbaros’, cuidando encima de una raza malvada de gente.”<br />
“Todo el mundo excepto los idiotas sabe”, escribía, “que las clases bajas tienen que ser mantenidas pobres, o nunca serán industriosas”. La Revista Comercial y Agrícola advertía en 1800 de que dejando que el trabajador “poseyera más tierra de la que su familia puede cultivar por las tardes” significaba que “el terrateniente no podía depender más de él para trabajo constante”. <strong>[Thompson, The Making of the English Working Class, 219-220, 358]</strong>. Sir Richard Price comentaba sobre la transformación de los propietarios autosuficientes en “un cuerpo de hombres que ganasen su subsistencia trabajando para otros”. Habría “quizás, más trabajo, porque habría más necesidad de él”. <strong>[Marx, ‘The Expropriation…”]</strong>.</p>
<p>Marx citaba las “actas de cercamiento” parlamentarias como una evidencia de que los comunales, lejos de ser la “propiedad privada de los grandes terratenientes que habían ocupado el lugar de los señores feudales”, actualmente requerían “un golpe de estado parlamentario…para su transformación en propiedad privada”.<strong> [“The Expropriation…”]</strong>. El proceso de acumulación primitiva, en toda su brutalidad, fue resumido por el mismo autor:</p>
<blockquote><p>estos nuevos hombres libres [los antiguos siervos] se convirtieron en vendedores de sí mismos solo después de habérseles privado de todos sus propios medios de producción, y de todas las garantías de existencia permitidas por todas las antiguas disposiciones feudales. Y la historia de esto, de su expropiación, está escrita en los anales de la humanidad en letras de sangre y fuego. <strong>[“Chapter 26: The Secret of Primitive Accumulation”, Capital Vol. 1]</strong>.</p></blockquote>
<p>Incluso entonces, la clase obrera no estaba lo suficientemente debilitada. El Estado tuvo que regular el movimiento de los trabajadores, hacer cumplir los intercambios de trabajo en beneficio de los capitalistas, y mantener el orden. El sistema de regulación de parroquias del movimiento de la gente, bajo las leyes de pobres y vagabundeo, recuerdan al sistema de pasaportes internos de Sudáfrica, o la era de reconstrucción de los Códigos de Negros. “Tuvo el mismo efecto en el trabajador agrícola inglés”, escribía Marx, “que el edicto del tártaro Boris Godunov en el campesinado ruso”. [“The Expropriation…”] Adam Smith aventuraba que “era escaso el hombre pobre de cuarenta años en Inglaterra…que en algún momento de su vida no se hubiera sentido cruelmente oprimido por esa mala ley artificial de asentamientos”. <strong>[Wealth of Nations 61]</strong>.</p>
<p>El Estado mantenía la disciplina de trabajo evitando que los trabajadores votasen con los pies. Era difícil persuadir a las autoridades de parroquia para que garantizasen a un hombre un certificado autorizándole para moverse a otra parroquia para buscar trabajo. Los trabajadores eran forzados a quedarse quietos y negociar por el empleo en el mercado del comprador [Smith 60-61].</p>
<p>A primera vista esto podría parecer un inconveniente para las parroquias con escasez de trabajo [Smith 60]. Las fábricas se construían en fuentes de energía hidráulica, generalmente extraídas de centrs de población. Se necesitaba importar miles de obreros desde muy lejos. Pero el Estado lo solucionó convirtiéndose en un intermediario de las parroquias con escasez de trabajadores con el barato excedente de trabajo de algún otro sitio, privando a los trabajadores de la facultad de negociar en mejores términos. Surgió un considerable comercio de niños trabajadores que no estaban en posición de negociar en ningún caso [The Hammods, The Town Labourer 1: 146].</p>
<p>El auxilio “rara vez se otorgaba sin que la parroquia reclamase el derecho exclusivo de disponer, a su placer, de todos los hijos de la persona que recibe el auxilio”, en palabras del Comité on Parish Apprentices, 1815 [the Hammonds, <strong>Town Labourer</strong> 1:44, 147]. Incluso cuando los inspectores de la Ley de Pobres apoyaron la emigración hacia las parroquias con escasez de trabajadores, desalentaban a los hombres adultos y “se daba preferencia a viudas con familias numerosas de niños o artesanos…con familias numerosas”. Además, la disponibilidad de mano de obra barata desde los inspectores de la ley de pobres fue usado deliberadamente para reducir los salarios; los terratenientes liberarían a sus propios braceros y en cambio solicitarían ayuda a los supervisores [Thompson 223-224].</p>
<p>A pesar de que las Combination Laws teóricamente se aplicaban a los patrones tanto como a los obreros, en la práctica estas no forzaban a los últimos <strong>[Smith 61; the Hammonds, Town Labourer 1: 74]</strong>. “A Journeyman Cotton Spinner” –un panfleto citado por E. P. Thomspon [pp. 199-202]- describía “una abominable coalición existente entre los patronos”, en la que los trabajadores que habían abandonado a sus patronos a causa de desacuerdos sobre los salarios eran de hecho tachados en sus listas negras. Las Combination Laws requerían sospechas para responder interrogatorios bajo juramento, dando potestad a los magistrados para dar juicio de sumario, y permitía la confiscación de sumario de los ahorros acumulados para ayudar a las familias de los huelguistas <strong>[Town Labourer 123-127]</strong>. Y las leyes que fijaban el salario máximo equivalían a un sistema forzado por el Estado de coalición de los patronos. Como apuntaba Adam Smith, “cada vez que el legislador intenta regular los conflictos entre patronos y obreros, consulta siempre a los patronos”. [p. 61].</p>
<p>El modo de vida de la clase obrera bajo el sistema de fábrica, con sus nuevas formas de control social, supuso una ruptura radical con el pasado. Implicó una pérdida drástica de control sobre su propio trabajo. El calendario de trabajo del siglo XVII estaba todavía fuertemente influido por la costumbre medieval. A pesar de que había largos días entre la siembra y la recolección de la cosecha, la combinación de los periodos intermitentes de poco trabajo y la proliferación de días santificados reducían el tiempo de trabajo medio por debajo del nuestro. Y el ritmo de trabajo estaba generalmente determinado por el sol o los ritmos biológicos de los trabajadores, que se levantaban tras un decente sueño nocturno, y se acostaba para descansar cuando lo necesitaba. El aldeano que tenía acceso a la tierra comunal, incluso cuando quería un ingreso extra a través del salario, podía aceptar trabajos ocasionalmente y luego volver a trabajar para sí mismo. Este era un grado inaceptable de independencia desde un punto de vista capitalista.</p>
<blockquote><p>“En el mundo moderno mucha gente tiene que adaptarse a algún tipo de disciplina, y observar los horarios del resto de personas,…o trabajar bajo las órdenes de otros, pero hemos de recordar que la población que fue arrojada al brutal ritmo de la fábrica se ganaba la vida en relativa libertad, y que la disciplina de las primeras fábricas fue particularmente salvaje…Ningún economista de la época, estimando los beneficios y los costes del empleo industrial, tuvo alguna vez en cuenta la tensión y la violencia que sufría un hombre en su interior cuando pasaba de una vida en la que podía fumar o comer, o cavar o dormir como gustara, a una en la que alguien se apoderaba de él, y durante catorce horas no tenía derecho ni a silbar. Fue como entrar en la vida sin aire ni risas de la prisión” [the Hammonds, <strong>Town Labourer </strong>1:33-34].</p></blockquote>
<p>El sistema de fábrica podría no haberse impuesto a los trabajadores sin primero haber eliminado sus alternativas, y denegado por la fuerza el acceso a cualquier fuente de independencia económica. Ningún hombre entero, con sentido de la libertad y la dignidad, se habría sometido a la disciplina de fábrica. Stephen Marglin comparaba la fábrica textil del siglo XIX, que empleaba niños precarios comprados en el mercado de esclavos de las “workhouses”, con los hornos y alfarerías romanos que eran manejados por esclavos. En Roma, la producción industrial era excepcional en manufacturas dominadas por hombres libres. El sistema industrial, a lo largo de la historia, ha sido posible solo con una fuerza de trabajo privada de cualquier alternativa viable.</p>
<blockquote><p>“Los hechos a la vista…sugieren con fuerza que si el trabajo se organizó por fábricas en tiempos de los romanos, esto vino determinado no por consideraciones tecnológicas, sino por el poder relativo de las dos clases productivas. Los hombres libres y los ciudadanos tenían suficiente poder para mantener una organización gremial. Los eslavos no tenían poder –y acabaron en las fábricas.” <strong>[“What Do Bosses Do?”]</strong>.</p></blockquote>
<p>El problema con el viejo sistema que estaba siendo excluido, en el que los trabajadores de las aldeas producían tejidos en una base contractual, era que solo eliminaba el control del trabajador sobre el producto. El sistema de fábrica, eliminando el control del trabajador sobre el proceso de producción, tenía la ventaja de la disciplina y la supervisión, con los trabajadores organizados bajo un supervisor.</p>
<blockquote><p>“El origen y el éxito de la fábrica radica no en la superioridad tecnológica, sino en la sustitución del control por parte del trabajador por el del capitalista en el proceso de producción y la cantidad de lo producido, en el cambio de las elecciones del trabajador, desde cuánto trabajar y producir en base a sus preferencias de ocio y bienes, a otro en el que o trabajaba o no lo hacía, lo que por supuesto es mucho más que una elección.”</p></blockquote>
<p>Marglin cogió el clásico ejemplo de Adam Smith de la división del trabajo en la fabricación de alfileres, y le dio la vuelta. La mayor eficiencia resultaba, no de la división del trabajo como tal, sino de la división y secuenciación del proceso en tareas separadas para reducir los tiempos. Esto podría haberlo realizado un solo trabajador de la aldea separando las distintas tareas y realizándolas por secuencias (refinando el alambre para un paso completo de producción, enderezándolo luego y cortándolo después).</p>
<blockquote><p>“sin especialización, el capitalista no tenía ningún papel esencial que jugar en el proceso de producción. Si cada productor podía integrar por sí mismo las tareas componentes de una fábrica de alfileres en un producto comercializable, descubriría pronto que no tendría que tratar con el mercado de alfileres a través de un intermediario. Podría vender directamente y apropiarse del beneficio que el capitalista derivaba de la mediación entre el productor y el mercado.”</p></blockquote>
<p>Este principio está en el centro de la historia de la tecnología industrial de los últimos doscientos años. Incluso dada la necesidad en las fábricas de alguna forma de fabricación a gran escala e intensiva en capital, se trata normalmente de una elección entre tecnologías de producción alternativas dentro de la fábrica. La industria ha elegido deliberadamente tecnologías que des-cualifican a los obreros y mueven la toma de decisiones hacia la jerarquía gerencial. En una fecha tan lejana como 1835, el Dr. Andrew Ure (el padrino ideológico del taylorismo y el fordismo), argumentaba que cuanto más cualificados fuese el trabajador “más terco y…menos adecuado a un sistema mecánico” se convertía. La solución pasaba por eliminar procesos que requiriesen “peculiar destreza y habilidad manual…del astuto trabajador” y reemplazarlos por un “mecanismo, en gran parte autorregulado, que incluso un niño pudiera controlar”. <strong>[Philosophy of Manufactures, in Thompson 360]</strong>. Y el principio fue seguido a lo largo del siglo XIX. William Lazonick, David Montgomery, David Noble, y Catherine Stone han producido un excelente cuerpo de trabajos sobre este tema. Incluso a pesar de que los experimentos corporativos en autogestión obrera incrementan la moral y la productividad, y reducen los tiempos muertos y el absentismo más allá de lo que esperaban los ejecutivos, estos experimentos son usualmente abandonados por miedo a perder el control.</p>
<p>Christopher Lasch, en su prólogo al <strong>America by Design</strong> de Noble, caracterizaba de este modo el proceso de des-cualificación:</p>
<blockquote><p>“Los capitalistas, habiendo expropiado la propiedad del trabajador, gradualmente expropiaron también su conocimiento técnico, dominando ellos la producción…</p>
<p>La expropiación del conocimiento técnico del trabajador tuvo como consecuencia lógica el crecimiento de la gerencia moderna, en la que vino a concentrarse el conocimiento técnico. En la medida en que el movimiento de la gestión científica separó la producción en sus procedimientos componentes, reduciendo al trabajador a un apéndice de la máquina, tuvo lugar una gran expansión del personal técnico y de supervisión para supervisar el proceso productivo como un todo”. [pp. XI-XII].</p></blockquote>
<p>La expropiación del campesinado y la imposición del sistema de trabajo de fábrica no se llevó a cabo sin resistencia; los trabajadores conocían exactamente lo que se les estaba haciendo y lo que habían perdido. Durante los 1790, cuando se expandió la retórica de los jacobinos y de Tom Paine entre la clase obrera radicalizada, los gobernantes de la “cuba de la libertad” vivieron con terror que el país sería barrido por una revolución. El sistema de controles estatales de policía sobre la población parecía un régimen de ocupación alien. Los Hammonds se refirieron a la correspondencia entre los magistrados del norte del país y el Ministerio de la Gobernación, en el que la ley era tratada francamente “como un instrumento no de justicia sino de represión”, y las clases obreras “aparecían…visiblemente como una población hilota”. [<strong>Town Labourer</strong> 72].</p>
<blockquote><p>“…a la luz de los papeles del Ministerio de la Gobernación,…ninguno de los derechos personales reservados para los hombres ingleses tenía aplicación para las clases obreras. Los magistrados y sus clérigos no reconocían límite para sus poderes sobre la libertad y los movimientos del hombre trabajador. Las Vagrancy Laws parecían suplantar el capítulo entero de las libertades de los hombres de Inglaterra.  Fueron usadas para encarcelar a cualquier hombre o mujer de la clase obrera que pareciese inconveniente o agitador a los magistrados. Ofrecieron la forma más fácil y rápida de proceder contra quienes intentaban recolectar dinero para las familias de trabajadores en paro, o para eliminar la literatura que los magistrados considerasen indeseable” [Ibid. 80].</p></blockquote>
<p>Los “bobos” de Peel –la aplicación de la ley profesional- reemplazaron el sistema de partidas del sheriff porque las últimas eran inadecuadas para controlar a la creciente población de trabajadores descontentos. En la época de los ludditas y otros disturbios, los oficiales de la corona advertían que “para aplicar la Watch Act y la Ward Act utilizarían las armas contra los más descontentos”. Al final de las guerras con Francia, Pitt terminó con la práctica de acuartelar al ejército en tabernas, mezclándolo con la población común. En cambio, los distritos industriales se cubrieron con barracas, “como un puro asunto de policía”. Las áreas industriales “empezaron a parecer un país bajo ocupación militar”. [Ibid. 91-92]</p>
<p>El Estado policial de Pitt se complementó con vigilantes casi privados, en la tradición consagrada desde entonces por los camisas negras y las brigadas de la muerte. Por ejemplo, la “Association for the Protection of Property against Republicans and Levellers” –una asociación antijacobina de nobles e industriales- lideró búsquedas casa por casa y organizó quemas de efigies al estilo de Guy Fawkes contra Paine; la multitud de la “iglesia y el rey” aterrorizaba a los radicales sospechosos [Chapter Five, <strong>“Planning the Liberty Tree”</strong>, in Thompson].</p>
<p>Thompson describía este sistema de control como un “apartheid político y social”, y argumentaba que “la revolución que no sucedió en Inglaterra fue tan completamente devastadora” como la que sí sucedió en Francia [pp. 197-198].</p>
<p>Finalmente, el Estado contribuyó al crecimiento de las fábricas a través del mercantilismo. Los exponentes contemporáneos del “libre mercado” generalmente tratan el mercantilismo como un intento “equivocado” de promover algún tipo de interés nacional unificado, surgido de una sincera ignorancia de los principios económicos. De hecho, los arquitectos del mercantilismo sabían exactamente lo que estaban haciendo. El mercantilismo fue extremadamente eficiente en su verdadero objetivo: hacer ricos a los poderosos intereses industriales a expensas del resto. Adam Smith atacó el mercantilismo consistentemente, no como un producto del error económico, sino como un intento muy inteligente de poderosos intereses para enriquecerse a través del poder coercitivo del Estado.</p>
<p>La industria británica fue creada por la intervención estatal excluyendo los bienes extranjeros, dando a la flota británica un monopolio sobre el comercio extranjero, y erradicando la competencia extranjera por la fuerza. Como ejemplo de lo último, las autoridades británicas en la India destruyeron la industria textil de Bengala, fabricante de los tejidos de mayor calidad del mundo. A pesar de que no habían adoptado los métodos de producción a vapor, existía la posibilidad real de que hubieran hecho eso, si la India se hubiese mantenido política y económicamente independiente. El una vez próspero territorio de Bengala está hoy en día ocupado por Bangladesh y el área de Calcuta [Chomsky, <strong>World Orders Old and New</strong>]</p>
<p>Los sistemas industriales americano, alemán y japonés fueron creados por las mismas políticas mercantilistas, con aranceles masivos sobre los bienes industriales. El “libre mercado” era adoptado por las potencias industriales establecidas, que usaban el “laissez-faire” como un arma ideológica para prevenir a las potencias rivales seguir el mismo camino hacia la industrialización. El capitalismo nunca se estableció a través del libre mercado, o incluso por la primaria acción de la burguesía. Se ha establecido siempre a través de una revolución desde arriba, impuesta por una clase dominante pre-capitalista. En Inglaterra, fue la aristocracia terrateniente; en Francia, Napoleón y su burocracia; en Alemania, los junkers; en Japón, los Meiji. En América, la aproximación más cercana a la evolución burguesa “natural”, la industrialización fue promovida por la aristocracia mercantilista de los magnates del transporte y por los terratenientes [Harrington, <strong>Twilight of Capitalism</strong>].</p>
<p>Medievalistas románticos como Chesterton y Bellon describieron el proceso, en la alta Edad Media, por el que la servidumbre fue gradualmente debilitándose, y los campesinos se hubieron transformado en propietarios libres de facto que pagaban una pequeña renta nominal. El sistema de clase feudal se desintegró y fue reemplazado por un sistema mucho más libertario y menos explotador.<br />
Emmanuel Wallerstein argumentaba que el resultado probable habría sido “un sistema de productores relativamente iguales y de pequeña escala, nivelados además con la aristocracia y con estructuras políticas descentralizadas”. Alrededor de 1650 se revirtió la tendencia, y hubo “un nivel de continuidad razonablemente alto entre las familias que habían estado en los altos estratos” en 1450 y 1650. El capitalismo, lejos de ser “el derrocamiento de una aristocracia atrasada por una burguesía progresista”, “fue engendrado por una aristocracia terrateniente que se transformó en burguesa porque el viejo sistema se estaba desintegrando”. <strong>[Historical Capitalism</strong> 41-42, 105-106]. Arno Mayer en parte se hizo eco de esto [<strong>The Persistente of the Old Regime</strong>], quien argumentaba a favor de la continuidad entre la aristocracia terrateniente y la clase dominante capitalista.</p>
<p>El proceso por el que la civilización de la alta Edad Media de campesinos propietarios, gremios de artesanos y ciudades libres fue derrocada, fue vivazmente descrito por Kropotkin [<strong>Mutual Aid</strong> 225]. Antes de la invención de la pólvora, las ciudades libres rechazaban a los ejércitos reales con mayor frecuencia que lo contrario, y ganaron su independencia de los dominios feudales. Y estas ciudades frecuentemente hacían causa común con los campesinos en su lucha por el control de la tierra. El Estado absolutista y la revolución capitalista que este impuso fueron posibles solo cuando la artillería pudo reducir las ciudades fortificadas con un alto grado de eficiencia, y el rey pudo hacer la guerra con su propia gente. Y como repercusión de esta conquista, la Europa de William Morris quedó debastada, despoblada y miserable.</p>
<p>Peter Tosh tenía una canción llamada “Cuatrocientos años”. A pesar de que la clase obrera blanca no ha sufrido nada como la brutalidad de la esclavitud negra, nunca han sido “cuatrocientos años” de opresión para todos nosotros bajo el sistema del capitalismo estatal establecido en el siglo XVII. Siempre desde el nacimiento de los Estados hace seis mil años, la coerción política ha permitido a una clase dominante u otra vivir a costa del trabajo del pueblo. Pero desde el siglo XVII el sistema de poder tomó conciencia, se unificó y tomó una escala global. El actual sistema de capitalismo transnacional estatal, sin rival desde el colapso del sistema burocrático de clases soviético, es una consecuencia directa de la usurpación del poder hace “cuatrocientos años”. Orwell se quedó corto. El pasado es una “bota golpeando un rostro humano”. Que el futuro sea más de lo mismo depende de lo que hagamos ahora.</p>
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		<title>Sobre la privatización de las playas</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Aug 2009 17:11:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Buen artículo de A. Chena sobre las playas privadas (la negrita es mía): En julio estuve en Riccione, una localidad italiana a orillas del mar adriático, junto a Rímini. Quedé asombrado por lo que vi allí. La zona es conocida por poseer largas playas que se extienden kilómetros y kilómetros. Lo sorprendente es que casi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1688" title="playa alicante" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/08/playa-alicante.jpg" alt="playa alicante" width="268" height="179" /></p>
<p>Buen <a href="http://audax-egonon.blogspot.com/2009/07/playas-privadas-y-amabilidad.html">artículo de A. Chena</a> sobre las playas privadas (la negrita es mía):</p>
<blockquote><p>En julio estuve en Riccione, una localidad italiana a orillas del mar adriático, junto a Rímini. Quedé asombrado por lo que vi allí. La zona es conocida por poseer largas playas que se extienden kilómetros y kilómetros. <strong>Lo sorprendente es que casi todas estas playas funcionan como concesiones privadas. Los empresarios pagan un alquiler por un trozo de playa, desde el paseo marítimo a la orilla del mar</strong>. Esto les da derecho a acondicionar las playas ofreciendo todo tipo de servicios y a establecer las normas de comportamiento dentro de su concesión. El cliente paga su ingreso y ya puede disfrutar de la gran variedad de servicios que se ofrecen. Para empezar todos los clientes disfrutan de tumbona, puedes elegir si quieres quitasol o no. Tienes, por supuesto, duchas y servicios (limpios, no como aquí que son auténticas pocilgas), cancha de voley playa, billar, mesas de ping-pong, cafetería, vestidores, zonas para los niños. Algunas concesiones tienen piscina, jacuzzi o cancha de baloncesto ¡En la misma playa!</p></blockquote>
<p>Podéis leer más <a href="http://audax-egonon.blogspot.com/2009/07/playas-privadas-y-amabilidad.html">aquí</a>.</p>
<p>Si las playas necesitan de limpieza, reposición de arena y otros cuidados, nada más lógico que entregar la propiedad de las mismas a quienes estén dispuestos a realizar esas tareas. La posibilidad de una mutualidad de ciudadanos es plausible en poblaciones pequeñas; en las demás solo espero que seamos capaces de aplicar criterios de ocupación justos, de forma que las playas no acaben concentradas en manos de unas pocas empresas u hoteles.</p>
<p>Por lo demás, la privatización de las playas no deja de ser otra aplicación del principio de la interiorización de costes: del mismo modo que un transportista debe pagar el coste íntegro de las carreteras, los bañistas deben pagar el mantenimiento de las costas.</p>
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		<title>El liberalismo heterodoxo de John Adams</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Aug 2009 12:38:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
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		<description><![CDATA[Karl Hess dijo una vez que al leer a los clásicos anarquistas sintió que defendían lo que él había confiado en el partido republicano. En mi caso sucedió al revés: comencé leyendo a Bakunin, Emma Goldman y Kropotkin, pero tuve una impresión similar a él cuando me topé con liberales radicales (que en la izquierda [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1682" title="john adams" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/08/john-adams.jpg" alt="john adams" width="159" height="220" /></p>
<p>Karl Hess dijo una vez que al leer a los clásicos anarquistas sintió que defendían lo que él había confiado en el partido republicano. En mi caso sucedió al revés: comencé leyendo a Bakunin, Emma Goldman y Kropotkin, pero tuve una impresión similar a él cuando me topé con liberales radicales (que en la izquierda tradicional son caracterizados falazmente como “capitalistas salvajes”) como Thomas Paine, Herbert Spencer o incluso Friedrich von Hayek, cuyas ideas radicales tenían un sorprendente paralelo con los anteriores.</p>
<p>Algo parecido me ha sucedido tras toparme con esta cita de John Adams. Realmente, si se rastrean los escritos de Jefferson, Paine y algunos otros, uno tiene la impresión de que en la Revolución americana se dieron cita los individuos más radicales no solo en el aspecto político –liberalismo- sino en el económico, a través de una suerte de distributismo que preludia el socialismo libertario posterior. En este contexto cobra sentido la frase de Benjamin Tucker de que los anarquistas no son más que “liberales jeffersonianos hasta sus últimas consecuencias y sin miedo de estas”.</p>
<p>Como dice Chomsky en <em>La lucha de clases</em>, “los fundadores del liberalismo clásico, personas como Adam Smith y Wilhelm von Humbold, que es una de sus grandes figuras, y que inspiró a John Stuart Mill, fueron lo que llamaríamos socialistas libertarios”.</p>
<p>Desde luego, no tengo ningún problema si los colectivistas cuando nos tachan de “liberales” se refieren a este tipo de liberalismo. Porque es un liberalismo anticapitalista.</p>
<p>Respecto a John Adams –interpretado en una serie reciente por Paul Giamatti, por cierto-, observó la distribución de la propiedad de la tierra como un factor clave en el mantenimiento de la balanza del poder político. Estaba muy influido por un filósofo del siglo XVII, James Harrigton, que argumentaba que la amplia distribución de la propiedad dispersaba el poder. Adams creía que cuando “el poder económico se concentra en unas pocas manos, el poder político fluye a aquellos que lo poseen y se aleja de los ciudadanos, resultando en última instancia en una oligarquía o en la tiranía”.</p>
<p>El párrafo, extraído de <a href="http://www.cooperativeindividualism.org/adams-john_on-property.html"><em>Cooperative Individualism</em></a>, que a su vez lo extrajo de una carta de Adams a James Sullivan de 1776, es un claro precedente de las ideas mutualistas posteriores, empleando términos como “equal liberty” que más tarde empleará Benjamin Tucker con asiduidad.</p>
<blockquote><p>La balanza del poder en la sociedad acompaña la balanza de la propiedad de la tierra. La única forma posible, por lo tanto, de preservar la balanza de poder del lado de la igual libertad y la virtud pública es hacer fácil la adquisición de tierra para todo miembro de la sociedad; dividir la tierra en pequeñas cantidades para que la multitud pueda poseer haciendas. Si la multitud es dotada de bienes inmuebles en equilibrio, se ocupará de la libertad, la virtud y del interés de la muchedumbre en todos los actos de gobierno.</p></blockquote>
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		<title>Propiedad mutualista y orden espontáneo</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2009/05/propiedad-mutualista-y-orden-espontaneo/</link>
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		<pubDate>Sun, 24 May 2009 13:47:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Sobre anarcoindividualismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Los recientes debates tanto en el blog de Langlois como en este me han animado a escribir sobre la posibilidad de la propiedad mutualista a partir de un proceso espontáneo, es decir, sin ninguna planificación revolucionaria previa. Hace meses escribí sobre la “viabilidad jurídica” de la propiedad mutualista suponiendo que fuese universalmente aceptada, pero ahora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1450" title="feudo" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/05/feudo.jpg" alt="feudo" width="190" height="186" /></p>
<p>Los recientes debates tanto en el blog de Langlois como en este me han animado a escribir sobre la posibilidad de la propiedad mutualista a partir de un proceso espontáneo, es decir, sin ninguna planificación revolucionaria previa.</p>
<p>Hace meses escribí sobre la “viabilidad jurídica” de la propiedad mutualista suponiendo que fuese universalmente aceptada, pero ahora me gustaría plantearlo desde una óptica distinta. Aquí supondré que el Estado ha desaparecido súbitamente, y los títulos de propiedad permanecen intactos: lo que nos disponemos a tratar es cómo evolucionarían esos títulos de propiedad, a qué se enfrentarían los propietarios ausentes, etc.<br />
Reconozco que las predicciones que obtengamos no tendrán certeza más allá de lo probable, pero esto me parece suficiente para examinar el asunto de la evolución de los títulos de propiedad sobre la tierra en un orden espontáneo.</p>
<p>Un sistema libertario de derecho (ley policéntrica) es por definición consuetudinario: no existe una constitución visible para todos, sino que cada cual actúa en base a unas costumbres interiorizadas y a sus expectativas en relación a las acciones de los demás. Este sistema de derecho se elabora a través de la interacción de los individuos; sus disputas, resoluciones, etc., sin una planificación deliberada, por lo que puede hablarse de orden espontáneo.</p>
<p>Una ley espontánea sobrevive a largo plazo solo si los beneficios sociales de su aplicación superan los costos de mantenerla; de lo contrario será desechada por otra más eficiente a través de un proceso de selección. La resolución de conflictos requerirán del ingenio de los tribunales, y estos crearán precedentes mediante sus veredictos, que serán imitados en caso de alcanzar un resultado satisfactorio. Estos veredictos pasarán a formar parte de las relaciones entre litigantes en situaciones similares, y la costumbre se convertirá en ley.</p>
<p>En el ámbito de la propiedad de la tierra, el Estado tiene un efecto perverso al eliminar la competencia entre sistemas legales y exteriorizar los costes de los terratenientes en materia de seguridad y litigación para mantener sus propiedades ausentes.<br />
Ocupar una parcela es relativamente sencillo [1], y por consiguiente, mantenerla abandonada entraña riesgos de ocupaciones y conflictos que no se darían en el contexto de la propiedad mutualista. [2]<br />
Sin embargo, los costes de seguridad asociados a este tipo de ocupaciones son socializados por el Estado. Si en un orden espontáneo el propietario debería contratar su propia fuerza de seguridad para hacer frente a los “polizones” mediante desalojos y demoliciones forzosas, actualmente puede descargar ese coste en el contribuyente. [3]<br />
Además, el Estado, al socializar el coste de los tribunales, incentiva actividades con alta probabilidad de conflicto como la propiedad ausente de la tierra. Si el terrateniente interiorizase el coste de litigar, este podría ser lo suficientemente alto en algunos casos como para disuadirle de mantener su propiedad baldía.</p>
<p>Por último, el terrateniente exterioriza en el Estado un coste todavía más importante: el de unificar el sistema legal. Las diferentes interpretaciones legales entre comunidades (legales)  pueden provocar conflictos que a su vez generen cambios en la tenencia de propiedad, pero el Estado impide que tribunales de arbitraje o mediación aceleren esos cambios, reduciendo la competencia y selección de normas.<br />
Debe tenerse en cuenta que no solo los campesinos están interesados en una reforma agraria, sino también los empresarios, constructores y otros grupos, y es posible que estos últimos sean la verdadera “vanguardia” involuntaria de los cambios (algo así como la metáfora marxista del brujo que no puede controlar las fuerzas que ha conjurado). Es probable que se produjese un conflicto de intereses entre los especuladores de tierras –interesados en su encarecimiento- y los empresarios –interesados en su baratura-.</p>
<p>Conforme aumenta la especulación, los emprendimientos pueden desplazarse a parcelas más baratas y alejadas de los núcleos de población, pero esto tiene un límite: los costes de distribución (y recordemos que serían plenamente interiorizados). Por lo tanto, existiría una presión por adquirir tierras alrededor de los núcleos de población. De esa forma, los empresarios tendrían incentivos en ocupar propiedades ausentes siempre que el coste de litigar no superase precio de mercado de la tierra, por lo que las ocupaciones serían mayores conforme progresara la especulación.</p>
<p>Por el otro lado, los especuladores estarían dispuestos a litigar siempre que sus costos no superasen las ganancias de venta menos la incertidumbre de la misma, lo que en ocasiones les forzaría a aceptar indemnizaciones de compensación en lugar de recuperar su tierra. (Es posible que las primas de asegurar ese tipo de propiedades fuesen mayores, lo que las desincentivaría).<br />
Aun si nunca llegase a implantarse la propiedad mutualista de este modo, sí erosionaría progresivamente la propiedad absoluta sobre la tierra, y un sistema ligeramente atrevido de precedentes judiciales podría dar el salto definitivo.</p>
<p>En algunos casos, las ocupaciones pueden llegar a estar tan consolidadas que el ocupante esté dispuesto a asumir costes muy altos por mantener su parcela contra el propietario ausente.<br />
Como ejemplo de este hecho, baste decir que, según estimaciones de la Guardia Civil, para el periodo 2005-2006 existían en España 12.832 construcciones ilegales (en terrenos protegidos) [4], lo que significa que el Estado en su papel de terrateniente es incapaz de vigilar sus títulos de propiedad; y tanto si se trata de propiedades públicas o privadas, la ley reconoce la propiedad de los ocupantes transcurrido cierto tiempo.</p>
<p>Tampoco debe subestimarse la presión de los propios trabajadores del campo, sobre todo si la reforma agraria lockeana no tuviera lugar; en las polis griegas eran frecuentes los repartos de tierras, durante la Edad Media las Jacqueries y otras revueltas campesinas asolaron Europa con el mismo propósito, y el lema de “tierra y libertad” ha liderado las reclamas de muchos movimientos revolucionarios, desde México hasta Ucrania, pasando por España, durante los dos últimos siglos.</p>
<p>Por último, en los espacios de poco valor (descampados, etc.), las actividades poco rentables que suelen rotarse sin que sus ocupantes reclamen nunca la propiedad absoluta pueden engendrar a largo plazo un mutualismo consuetudinario, creando la expectativa de que el abandono de la tierra legitima la ocupación posterior de terceros.</p>
<p>Si el salto llegara a producirse, los individuos crearían mecanismos para determinar cuándo una tierra está abandonada y otros pueden ocuparla. Probablemente los periodos de espera entre la ocupación y el abandono oscilarían inicialmente caso a caso, pero un sistema de precedentes podría reducir los intervalos y paliar la incertidumbre. Un periodo demasiado breve supondría una inseguridad intolerable para el propietario, mientras un periodo demasiado largo elevaría el precio de las tierras, los costes de litigio y los de seguridad.</p>
<p>En un orden espontáneo, supondría un problema similar determinar a partir de qué intensidad de sonido se está cometiendo una agresión: la solución probablemente oscilaría entre lo que las “víctimas” del ruido están dispuestas a pagar por imponerse y lo que los “agresores” están dispuestos a pagar por resistir. El caso es extrapolable al caso de la tierra.</p>
<p>Para agilizar la resolución de los conflictos relativos al tiempo de espera, las compañías de los propietarios tendrían incentivos en hacerse con informes de las parcelas o mapas catastrales, de modo que pudiera alcanzarse un alto grado de precisión a costes relativamente bajos, estableciéndose incluso distintos grados de espera según el tipo de explotación. Tanto los tribunales como los ocupantes tomarían en consideración los indicios estéticos (descuido del cultivo, basura, escombros, etc.) a la hora de considerar desocupada una parcela, y las resoluciones satisfactorias crearían un precedente que se incorporaría a las expectativas de los individuos. Así parece que sucedió en el Oeste americano, y probablemente también en las presuras hispánicas. Dentro de esos límites, el ocupante sería el auténtico propietario con plena facultad de vender su derecho de ocupación, formándose precios de mercado libres donde realmente deben formarse (ya que bajo la propiedad ausente encarecen la inversión productiva, véase la  <a href="http://onhl.blogspot.com/2009/04/la-teoria-mutualista-de-la-tierra.html">explicación de Langlois</a>) y sin necesidad de &#8220;tasaciones comuntarias&#8221;.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<br />
[1]: Debido principalmente a los bajos costes de información para el ocupante, que puede advertir  de forma rápida qué parcelas están abandonadas. La ocupación de otro tipo de bienes inmuebles (edificios, etc.) implica mayores costes de información, además de los problemas de penetración, seguridad del edificio, etc.</p>
<p>[2]: Por supuesto, esta última no está exenta de costes.</p>
<p>[3]: Una situación similar se da en el caso de las patentes, cuyos beneficios son interiorizados completamente por los individuos o corporaciones beneficiadas, mientras el coste de perseguir a los infractores es exteriorizado en el Estado. Los incentivos de patentar desaparecerían si el inventor costease la persecución de los “piratas”.</p>
<p>[4] Extraído de El País: <a href="http://www.elpais.com/articulo/andalucia/fiscales/intensifican/peticiones/demolicion/construcciones/ilegales/elpepiautand/20061020elpand_7/Tes/">http://www.elpais.com/articulo/andalucia/fiscales/intensifican/peticiones</a></p>
<p>/demolicion/construcciones/ilegales/elpepiautand/20061020elpand_7/Tes/</p>
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		<title>“Entrevista con la humanidad&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 04 May 2009 16:26:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marco Arrieta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cooperativismo]]></category>
		<category><![CDATA[La propiedad]]></category>
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		<description><![CDATA[“Hay que rescatar el sentido contestatario del cooperativismo en contra del sistema capitalista”. Me permito copiar esta entrevista a Jaime Llosa hecha por Márlet Ríos del periódico anarquista peruano &#8220;Humanidad&#8221; en su Nº 8. Entrevista a Jaime Llosa (febrero de 2009): Humanidad: No se conoce mucho de la participación de libertarios durante el régimen de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Hay que rescatar el sentido contestatario del cooperativismo en contra del sistema capitalista”.</p>
<p>Me permito copiar esta entrevista a Jaime Llosa hecha por Márlet Ríos del periódico anarquista peruano <a href="http://periodicohumanidad.wordpress.com/">&#8220;Humanidad&#8221;</a> en su Nº 8.</p>
<p style="text-align: justify;">Entrevista a Jaime Llosa (febrero de 2009):</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1398" title="coop" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/05/coop.jpg" alt="coop" /></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Humanidad</strong>: No se conoce mucho de la participación de libertarios durante el régimen de Velasco, pero nosotros sabemos que usted, Gerardo Cárdenas, Gutiérrez y otros participaron activamente. ¿Puede contarnos un poco sobre esta participación?</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>R</strong>: Había un nivel de reflexión y de análisis en un instituto libertario; yo no me acuerdo exactamente el nombre que tenía. Teníamos un local que compartíamos, que era de los maestros jubilados, en la calle Chota y ahí nos reuníamos cada semana y teníamos grupos de estudio, círculos de estudios; dábamos charlas. Cuando salió la ley de Comunidades laborales, dábamos charlas a las comunidades laborales, cómo organizarse, cómo gestionar las empresas, así como círculos de estudios y reflexión sobre los temas del pensamiento libertario. Entonces, efectivamente, eso era un tipo de trabajo: de reflexión, análisis, de enriquecimiento y otro era a nivel de las personas que trabajábamos en la época de Velasco. Entonces, se daba en las charlas que dábamos, porque también se daban las charlas en universidades, en varios lados. Lo más marcado es cuando se diseña, y ahí participaron Jorge Choster también, que después murió, y aun otros compañeros más&#8230; Yo no me acuerdo el nombre de todos, pero el gobierno necesitaba sacar la legislación cooperativa condicente con la Reforma Agraria, o sea cómo se iba a entregar la tierra. Entonces, se habló de cooperativas agrarias, se habló de SAIS, se habló de cooperativa de integración parcelaria y también de cooperativas de servicios. Entonces, los que teníamos más formación en este tema fuimos llamados. Yo estaba enseñando en La Molina y me pidieron que colaborara con el gobierno. Dije: bueno, mi vocación socialista indica que los militares generalmente son el parachoque de defensa de la clase dominante; entonces ¿cómo voy a saber si esto va a ser una revolución? Puede ser un cuartelazo más. Eso me mantuvo reticente. Yo hubiera estado encantado de ayudar en el tema de las cooperativas, pero fue recién por un contrato entre La Molina y el Instituto de Desarrollo Cooperativo que yo voy prestado por La Molina. Fue entonces cuando empecé a trabajar en este proceso y ayudé a diseñar los decretos, por ejemplo el decreto de cooperativas agrarias, Decreto 240; cooperativas agrarias SAIS, cooperativas de servicios, de integración parcelaria. Desde el principio, me dediqué al diseño de estos sistemas. Yo había estudiado en Francia economía y sociología de la cooperación. Entonces, dentro de las formas de cooperación hay desde las formas más simples hasta la comuna china o la autogestión yugoslava: todo eso se estudiaba en Francia…</p>
<p style="text-align: justify;">Por ejemplo, si usted lee la definición de una cooperativa agraria de producción, ¿qué dice? Dice que la propiedad de los medios de producción corresponde al conjunto de trabajadores sin que a ninguno de ellos le corresponda ningún derecho de propiedad; o sea llegamos a la negación de la propiedad. ¿Qué habíamos analizado? Uno analiza la propiedad y ¿qué analizas? Los atributos que tiene la propiedad. Uno de sus atributos es el uso. Nosotros dijimos: los campesinos van a tener el derecho de usar la tierra y los bienes agrarios, la industria azucarera, lo que sea. El segundo atributo es el usufructo: apropiarse de la riqueza que ellos mismos generan. El tercer atributo es la disponibilidad: los campesinos no pueden disponer, no pueden vender, no pueden enajenar, no pueden alquilar. Les impedimos la libre disponibilidad, así como el derecho a herencia, a lo que los abogados llaman derecho persecutorio. No pueden tener herencia, pero, si el padre muere, la cooperativa crea un fondo de solidaridad para mantener a la viuda y a los huérfanos que se encarga de darles la vivienda y los servicios de salud, todo aquello. Es así como nosotros reenfocamos la noción de propiedad social y, por lo tanto, realizamos un avance, porque cambiamos la lógica de la propiedad; le quitamos algunos atributos como la disponibilidad (…)</p>
<p style="text-align: justify;">El pensamiento libertario plantea que el capital y el trabajo estuvieron unidos en los albores de la historia, pero se separaron; a partir de ahí comenzó la pugna y la lucha entre capital y trabajo. La única manera de eliminar esta contradicción insalvable, es juntarlos de nuevo: que capital y trabajo estén en las mismas manos. Esta es la noción de autogestión. Sin embargo, no basta quedarse ahí, ya que existe un problema: hay empresas –las automatizadas– que tienen muy pocos trabajadores, porque tienen una alta densidad de capital, composición orgánica de capital, y poca mano de obra. Entonces, es necesario definir qué porcentaje real le corresponde al trabajo, sea creativo o sea manual, debido a que no es posible que el trabajado se apropie de todo…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Humanidad</strong>: En la Universidad Agraria, en una actividad de la Federación de estudiantes, le escuché decir que ser libertario es ir contra la corriente, pues vivimos en una sociedad profundamente autoritaria. Para González Prada y otros, la tarea de los libertarios es justamente impugnar y recusar esta sociedad autoritaria ¿Qué piensa usted?</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>R</strong>: El Perú tiene una matriz autoritaria, porque el imperio incaico era teocrático y vertical. El Inca era hijo de dios, del Sol…Era un diferencial que funcionaba igual que la monarquía, imposible de alcanzar. Entonces, nuestra matriz es autoritaria…La democracia sólo podrá existir cuando sea democracia económica y el ser social es un ser que debe involucrar a lo económico, lo político, todo junto: integrar al hombre en todas sus dimensiones. La noción del hombre pluridimensional. Mientras exista la propiedad privada de los medios de producción y las grandes corporaciones manejen el mundo, esta matriz autoritaria se mantiene. Marx decía el poder económico sirve de sustento al poder político: hay una relación dialéctica entre poder económico y poder político. Las grandes empresas concentran no sólo la renta, es decir el ingreso, sino también la capacidad de decidir. Una multinacional o una transnacional tiene la capacidad de doblegar estados. Nosotros tenemos que romper los centros de decisión y de concentración del poder; en otras palabras, democratizar el poder es democratizar el fundamento de la sociedad que son las empresas de bienes y servicios. En Yugoslavia, por ejemplo, una empresa era manejada en forma de autogestión, pero un servicio médico de una comunidad o de un municipio lo manejaban las enfermeras, los médicos, el portero, es decir todos los que manejaban el hospital. Sin embargo, la mayoría la tenía la comunidad, ya que era un servicio para la comunidad y ella era la que tenía que saber si el servicio era bueno o malo. Si mi mujer iba al hospital y le dejaban una gasa a la hora de operarla, yo me enteraba. Por eso, los servicios tienen que guardar un equilibrio. Yo he estado en Argentina, invitado por el sindicato de Luz y Fuerza, que trabajaba como fórmula de autogestión, y la mayoría la los obreros que generaban el servicio; eran obreros privilegiados, ganaban mucho dinero. Incluso tenían clubs; me invitaron a hacer parrillas ahí. Ellos tenían el poder de subir la tarifa eléctrica. Yo les decía: no, ustedes no pueden tener mayoría, son los usuarios del servicio los que deben tenerla, porque el fin de generar energía es dar un servicio. Entonces, los usuarios del servicio deben tener la mayoría de la empresa; ahí ya no les gustó mi discurso (…)</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando se hace la revolución de Octubre, ¿cuál era la voz de orden? Todo el poder a los soviets y los soviets eran células de autogestión; y de la autogestión obrera pasaron al control obrero y del control obrero al control del partido y se acabó la posibilidad de socialismo y se llegó a un capitalismo de estado (…)</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Humanidad</strong>: Los rojos lo que hicieron fue apropiarse de ese concepto que era libertario, de soviets y lo utilizaron…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>R</strong>: Claro, lo utilizaron, pero lo utilizaron sin convicción porque era la mentalidad autoritaria. Por eso es que nosotros los anarquistas nos definimos como socialistas libertarios para diferenciarnos de los socialistas autoritarios, que no le hacen fe al pueblo. Lo que ocurre en el mundo es que la vanguardia lúcida, iluminada y profética del proletariado es el partido y el partido toma el poder y nunca ha habido en la historia el caso en el que se transfiera el poder al pueblo. De esta manera, se crea una costra viva, que genera una ideología para justificar quedarse, debido a que ya no son dueños de los medios de producción, pero sí son dueños diferencialmente del excedente económico. Un obrero ganaba uno y un jerarca del Partido Comunista de Rusia ganaba 40. Así no se hace el socialismo pues…</p>
<p style="text-align: justify;">Entrevista por <em>Márlet Ríos</em></p>
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		<title>El derecho natural de la propiedad absoluta</title>
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		<pubDate>Sat, 02 May 2009 14:55:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><em>“Si toda persona tiene derecho a poseer su propio cuerpo, y si todos los hombres tienen que usar y transformar los objetos materiales para poder sobrevivir, entonces todos tienen derecho a la propiedad de los productos que han conseguido mediante su energía y su esfuerzo, en cuanto que son una verdadera extensión de su personalidad”</em> – Murray N. Rothbard</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-1391" title="paleolitico" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/05/paleolitico.jpg" alt="paleolitico" width="216" height="205" /></p>
<p>Después de la refutación económica de <a href="http://onhl.blogspot.com/2009/04/la-teoria-mutualista-de-la-tierra.html">Langlois</a> sobre la propiedad capitalista de la tierra, me gustaría abordar la cuestión desde un enfoque ético, que tradicionalmente ha sido el punto fuerte de los lockeanos.</p>
<p>Muchos anarcocapitalistas (incluso de izquierdas) aseguran que la propiedad sobre la tierra –absoluta- es un derecho natural, y que cualquier interferencia en este principio constituye un atentado contra una ley profundamente arraigada en la naturaleza humana. Para George Reiman, por ejemplo, los mutualistas son “ladrones” que pretenden robar su justo producto a los colonos que desbrozan por primera vez sus tierras vírgenes.</p>
<p>Pero como el propio Rothbard sostiene en <em>La ética de la libertad</em>, los derechos naturales, en cuanto tales, deben ser universales y permanentes, es decir, aplicables en todo tiempo y lugar:</p>
<blockquote><p>Un punto vital: si estamos intentando sentar las bases de una ética para el hombre (en nuestro caso, de la subclase de ética relacionada con la violencia), para que la teoría tenga validez ha de ser verdadera para todos los hombres, en todos los tiempos y lugares. [Murray N. Rothbard,<em> La ética de la libertad</em>, Unión editorial, 1982, p. 79]</p></blockquote>
<p>Por desgracia, Rothbard olvidó que el ser humano en su fase nómada no puede sobrevivir a menos que se rija por parámetros mutualistas, es decir, propiedad absoluta para bienes muebles y propiedad por ocupación para bienes inmuebles. De lo contrario las tribus no podrían rotar en sus asentamientos con el objetivo de regenerar los recursos, ya que aquellas que primero ocupasen las parcelas tendrían el derecho a retenerlas incluso aunque estuviesen habitando en otro emplazamiento. Sin el conocimiento tecnológico necesario (la cría de ganado y la agricultura sedentaria), la propiedad lockeana hubiese hecho imposible la vida humana sobre la tierra.<br />
En otras palabras: <strong>el hombre del paleolítico se habría extinguido si hubiera seguido los preceptos de Murray Rothbard</strong>.</p>
<p>Este, erróneamente, consideró como natural una práctica válida solo para los últimos 10.000 años de existencia humana, obviando los 2 millones de años anteriores.</p>
<p>A este respecto es esclarecedor el hecho de que, cuando desaparece el Estado, florecen las prácticas de propiedad cercanas al mutualismo, tales como las <a href="http://presurista.wordpress.com/2009/03/10/presuras-colectivas/#comment-17">presuras medievales</a>, o la <a href="http://www.mutualismo.org/2008/07/la-fiebre-del-oro-en-california/">minería californiana</a> y<a href="http://www.mutualismo.org/2009/04/mineria-a-pequena-escala-en-burkina-faso/comment-page-1/#comment-24480"> burkinesa</a> en los siglos XIX y XX respectivamente. Quizá detrás de la propiedad lockeana, lejos de un derecho natural, no se halle más que un Estado dispuesto a socializar los costes de mantener por la fuerza una forma de tenencia ficticia y anti-natural.</p>
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		<title>La propiedad mutualista de la tierra</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Apr 2009 15:38:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Recientemente Langlois ha publicado un excelente artículo sobre la propiedad mutualista de la tierra desde una perspectiva ricardiana. Argumenta, con mucha lógica, que los rendimientos decrecientes tienden a forzar la expansión de los cultivos hacia tierras cada vez menos fértiles,  de modo que la propiedad capitalista o feudal encarecen tal expansión y desvían un porcentaje [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1338" title="0366" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/04/0366.jpg" alt="0366" width="170" height="238" /></p>
<p>Recientemente Langlois ha publicado un <a href="http://onhl.blogspot.com/2009/04/la-teoria-mutualista-de-la-tierra.html">excelente artículo</a> sobre la propiedad mutualista de la tierra desde una perspectiva ricardiana. Argumenta, con mucha lógica, que los rendimientos decrecientes tienden a forzar la expansión de los cultivos hacia tierras cada vez menos fértiles,  de modo que la propiedad capitalista o feudal encarecen tal expansión y desvían un porcentaje cada vez mayor de la riqueza hacia los terratenientes y los especuladores (argumenté de forma similar, aunque mucho más tosca, <a href="http://www.mutualismo.org/2008/06/la-propiedad-de-la-tierra-ii-viabilidad-economica/">aquí</a>). En definitiva, como él dice, <em>“hay fuertes razones económicas que nos sugieren que la teoría mutualista tiene fundamentos suficientemente sólidos”</em>.</p>
<p>Recomiendo leerlo.</p>
<p>Por otra parte, <a href="http://presurista.wordpress.com/">Presurista</a> está construyendo desde una perspectiva histórica y filosófica el concepto de <a href="http://presurista.wordpress.com/2009/02/17/propiedad-y-presura/">“presura”</a>, muy similar al de propiedad por ocupación y uso sobre la tierra que promueven los mutualistas. Tras la expansión musulmana por la península ibérica, los primitivos reinos cristianos del norte hubieron de repoblar las tierras fronterizas, de modo que surgió una forma de propiedad basada en la ocupación y el uso, libre de rentas señoriales: la presura. Presurista también ha desarrollado este concepto en relación con<a href="http://presurista.wordpress.com/2009/04/10/el-concepto-de-propiedad-de-locke/"> Locke</a> (que no era tan “lockeano” como algunos de nuestros amigos anarcocapitalistas creen) y la <a href="http://presurista.wordpress.com/2009/02/19/benefactorias-o-sociedades-para-la-defensa-de-la-propiedad/">defensa privada de la propiedad</a>, exponiendo cómo la aristocracia guerrera competía para proteger a los campesinos presuristas a cambio de un pago, lo que, aunque en un principio fue voluntario, a largo plazo degeneraría en la forma de propiedad feudal.</p>
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		<title>La agricultura cubana</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 15:03:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuba está lejos del ideal de sociedad libertaria, pero su agricultura, al parecer, no está tan lejos del ideal mutualista de granjeros y pequeños propietarios independientes. Aquí os dejo con la traducción de este artículo de Kevin Carson, donde narra su evolución desde un modelo de producción soviético hasta, más recientemente, otro dominado por pequeños [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1300" title="agricultura-cubana" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/04/agricultura-cubana.jpg" alt="agricultura-cubana" width="201" height="133" /></p>
<p>Cuba está lejos del ideal de sociedad libertaria, pero su agricultura, al parecer, no está tan lejos del ideal mutualista de granjeros y pequeños propietarios independientes. Aquí os dejo con la traducción de <a href="http://mutualist.blogspot.com/2005/08/cuban-agriculture.html">este artículo de Kevin Carson</a>, donde narra su evolución desde un modelo de producción soviético hasta, más recientemente, otro dominado por pequeños cultivos, huertos urbanos, etc.</p>
<p><strong>La agricultura cubana</strong></p>
<p>A través de A. E. Lewis, del grupo de distribucionismo de yahoo. Un interesante artículo sobre <a href="http://www.harpers.org/archive/2005/04/0080501">la agricultura cubana</a> en Harpers por Hill McKibben. Hasta finales de 1980, la agricultura cubana fue un intento de economía soviética, basada en una fuerte mecanización y en el uso de productos químicos; el modelo estatal-socialista soviético de agricultura, al menos idealmente, era como si Cargill o ADM [1] hubieran convertido las granjas de todo el país en una gigantesca plantación de agronegocios, y entonces el Estado hubiera expropiado la corporación poniéndola bajo un ministerio estatal. Pero con el colapso del bloque soviético en 1989 y de la propia URSS en 1991, y la interrupción de su “asistencia fraternal”, la economía cubana se vio privada de los aportes necesarios para su modelo soviético de agricultura.  Hubo un corte drástico de energía eléctrica y de transporte, de combustible y de las partes de recambio para aquellas inmensas combinaciones, así como una falta del petróleo necesario para los productos químicos. Abandonados con una economía dedicada principalmente a las cosechas de cereales y azúcar, y privados de los mercados del bloque soviético para este azúcar con precios subvencionados, Cuba sufrió algo así como una reducción de un tercio en el consumo medio de calorías por persona. Mucha gente perdió mucho peso. Pero más de una década después, McKibben informa de una diferencia:</p>
<blockquote><p>Ahora, mirando la tabla, vi que Fernando Funes había ganado veinte libras [de peso] desde entonces. De hecho, tenía una pequeña barriga, como muchos hombres cubanos de cierta edad.<br />
Lo que sucedió fue tan simple como inesperado. Cuba ha aprendido a dejar de exportar azúcar y en su lugar ha empezado a cultivar de nuevo su propia comida, cultivándola en pequeñas granjas privadas y miles de huertos urbanos de pequeño tamaño para el mercado –y, faltando productos químicos y fertilizantes, gran parte de la comida se convirtió de facto en orgánica. De alguna forma, la combinación funcionó. Los cubanos tienen toda la comida que hacían antes del colapso de la Unión Soviética. Todavía están cortos de carne, y la oferta de leche es un auténtico problema, pero su consumo de calorías ha vuelto a la normalidad.</p></blockquote>
<p>Haciéndolo de ese modo han creado lo que podría ser el modelo de agricultura de semi-subsistencia en funcionamiento más grande del mundo, uno que no depende tan estrecha y fuertemente del petróleo, los productos químicos o el transporte de grandes cantidades de comida de importación y exportación como el resto del mundo.</p>
<p>Debería añadir que solo estoy interesado en esto a un nivel técnico. Me preocupa si esto se mantiene por sí mismo, independientemente del sistema sociopolítico de Cuba. El hecho de que algo como esto pueda funcionar en una prisión socialista estatal como Cuba podría, a fortiori, ser prometedor para los movimientos económicos alternativos en sociedades comparativamente libres.</p>
<p>Es ciertamente un ejemplo del modo en que puede descentralizarse rápidamente el sistema de agricultura intensiva en capital y productos químicos para convertirlo en un modelo de producción en buena medida orgánico e intensivo en trabajo, en el contexto de una repentina pérdida de insumos (¿puede decir alguien “falta de petróleo”?).</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
<p>[1]: Cargill y ADM son grandes empresas americanas dedicadas a la agricultura (N. del T.).</p>
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		<title>Robo de tierras en Sevilla</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Feb 2009 13:50:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En 1984, un grupo de jornaleros se reunieron para formar la cooperativa Agriflor y ocupar unas tierras abandonadas propiedad del Ayuntamiento de Dos Hermanas. Como el paro amenazaba con desprestigiar a la alcaldía “socialista” y la propuesta parecía completamente justa a tenor de las circunstancias, el Ayuntamiento toleró la situación. Actualmente, nos enteramos gracias a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1039" title="justicia-para-los-campesinos" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/02/justicia-para-los-campesinos.png" alt="justicia-para-los-campesinos" width="172" height="246" /></p>
<p>En 1984, un grupo de jornaleros se reunieron para formar la cooperativa Agriflor y ocupar unas tierras abandonadas propiedad del Ayuntamiento de Dos Hermanas. Como el paro amenazaba con desprestigiar a la alcaldía “socialista” y la propuesta parecía completamente justa a tenor de las circunstancias, el Ayuntamiento toleró la situación.</p>
<p>Actualmente, nos enteramos gracias a una <a href="http://alasbarricadas.org/noticias/?q=node/9790">entrevista de ALASB</a>, de que el Ayuntamiento pretende recalificar los terrenos y expulsar a los cooperativistas, que además están sufriendo todo tipo de ataques y presiones por parte del mismo –por ejemplo, según comentan, recientemente les han quemado la puerta y los plásticos del invernadero.</p>
<p>Tanto desde una perspectiva mutualista como lockeana no existe ningún motivo para considerar al Ayuntamiento como el legítimo propietario de esas tierras. El único modo de adquirir legítimamente en propiedad una parcela, según Locke, es ocuparla y trabajarla en primer lugar, y no tenemos constancia de que el Ayuntamiento o alguna persona en representación suya haya hecho tal cosa alguna vez.<br />
Desde una perspectiva mutualista la cuestión es mucho más evidente: los funcionarios del Ayuntamiento no estaban utilizando la tierra, por lo que no tienen ningún derecho a retener esa parcela e impedir que los jornaleros la ocupen. La tierra no fue creada por nadie; pertenece momentáneamente a quien la trabaja y, su derecho sobre la misma desaparece en cuanto deja de hacerlo.</p>
<p>Por lo tanto, el Ayuntamiento no tiene ningún derecho de recalificar unas tierras que no le pertenecen; y los cooperativistas de Agriflor tienen perfecto derecho de reclamar esa tierra como suya y repeler a los agresores del Ayuntamiento por la fuerza, si fuera necesario.</p>
<p>Para solidarizaros con los cooperativistas enviad un email al Ayuntamiento de Dos Hermanas <span style="text-decoration: underline;">webmaster@ayto-doshermanas.es</span> o una carta a Plaza de la Constitución nº 1. C.P: 41.700. Dos Hermanas. (Sevilla). Proponen este mensaje:</p>
<blockquote><p>A la atención del “Excelentísimo” Ayuntamiento de Dos Hermanas:<br />
Desde 1984 la cooperativa Agriflor, con la aquiescencia del alcalde del PSOE Francisco Toscano, viene trabajando unos terrenos municipales en desuso, creando infraestructuras sin ningún tipo de subvención y poniendo en marcha un proyecto cooperativista destinado a paliar los paros estacionales y la escasez de trabajo propia de los jornaleros<br />
Tras años de esfuerzos, en los que los cooperativistas no sólo han invertido su trabajo e ilusión, sino que también han comprometido sus posesiones, hipotecándose para conseguir los fondos necesarios para echar a andar el proyecto; el Ayuntamiento, acuciado por el afán recaudatorio, decide ahora recalificar y poner en venta estos terrenos, sin ni siquiera plantear una indemnización acorde a las modificaciones realizadas por los trabajadores en los últimos años.<br />
Mientras en un principio el Ayuntamiento consintió esta ocupación de terrenos hasta entonces en desuso, hoy ni siquiera quiere recibir a los cooperativistas para tratar el asunto.<br />
Es por ello que queremos mostrar nuestra más profunda repulsa ante las tentativas del Ayuntamiento de desalojar a los cooperativistas de Agriflor en un nuevo episodio de recalificación urbanística y de agresión a los trabajadores, máxime en momentos en los que el desempleo alcanza cuotas alarmantes. Además, solicitamos al sr. Alcalde que acceda a recibir a los cooperativistas y escuche sus más que justas demandas.</p></blockquote>
<p>(Gracias a Raskolhnikov por informarnos!)</p>
<p><!--[endif]--></p>
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		<title>Thomas Jefferson, el mutualista</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jan 2009 19:53:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y si no lo era, estaba muy cerca; atención a la negrita. Carta a Isaac McPherson, Thomas Jefferson, Agosto 13, 1813. Traducido por Alberto García (2006) Algunos han argumentado (en Inglaterra especialmente), que los inventores tiene un derecho natural y exclusivo sobre sus invenciones, y no sólamente para sus propias vidas, sino heredable por sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-929" title="thomas-jefferson" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/01/thomas-jefferson.jpg" alt="thomas-jefferson" width="156" height="229" /></p>
<p>Y si no lo era, estaba muy cerca; atención a la negrita.</p>
<p><em>Carta a Isaac McPherson, Thomas Jefferson, Agosto 13, 1813. Traducido por Alberto García (2006)</em></p>
<p>Algunos han argumentado (en Inglaterra especialmente), que los inventores tiene un derecho natural y exclusivo sobre sus invenciones, y no sólamente para sus propias vidas, sino heredable por sus herederos. Pero mientas que es una cuestión muy discutible si el origen de cualquier tipo de propiedad es acaso derivado de la naturaleza, sería extraño admitir un derecho natural e incluso heredable a los inventores. <strong>Aquellos que han considerado seriamente el tema están de acuerdo en que ningún individuo tiene, como derecho natural, una propiedad suya de un acre de tierra, por ejemplo. Por ley universal, de hecho, lo que sea, fijo o móvil, pertenece a todos los hombres igualmente y en común, es por el momento propiedad de quien lo ocupa, pero cuando renuncia a su ocupación, la propiedad se va con ello</strong>. La propiedad estable es el regalo de la ley social y es alcanzada tardíamente en el progreso de la sociedad. Sería curioso y extraño entonces que, si una idea, la fugitiva fermentación de un cerebro individual, pudiera, por derecho natural, ser reclamada como propiedad exclusiva y estable. Si la naturaleza ha hecho una cosa menos susceptible de ser poseída de forma exclusiva que todas las demás, es la acción de la capacidad de pensar llamada idea, que un individuo podría poseer para sí tanto tiempo como se la guarde para sí mismo, pero en el momento en que es divulgada, se fuerza a sí misma a ser posesión de todo el mundo, y el receptor no puede desposeerse por sí mismo de ésta.</p>
<p>Comportamiento peculiar es, también, que no hay nadie que posea menos de la idea, porque todos y cada uno poseen la totalidad de ella. Aquel que recibe una idea de mí, recibe enseñanza sin disminuir la mía; tal como el que me ilumina con su candela, recibe luz sin oscurecerme a mí. Estas ideas deberían ser esparcidas libremente de uno a otro sobre el globo, por la moral y mutua enseñanza del hombre y mejora de su condición parecen haberse diseñado por la naturaleza de forma benévola y peculiar, cuando las hizo, como el fuego, expandible por todo el espacio, sin disminuir su densidad en ningún punto, y como el aire que respiramos, en el que nos movemos, y contiene nuestra existencia física, incapaz de confinamiento o apropiación exclusiva. Las invenciones entonces no pueden, por naturaleza, ser sujetas a la propiedad. La sociedad puede dar un derecho exclusivo a los beneficios que surjan de éstas, como un estímulo al hombre para perseguir ideas que pudieran presentar utilidad, pero esto podría hacerse, o no, de acuerdo con el deseo y conveniencia de la sociedad, sin demanda o reclamación de nadie. Por consiguiente, es un hecho, hasta donde estoy informado, que Inglaterra fue, hasta que les copiamos, el único país en la tierra que alguna vez, mediante una ley general, dio un derecho legal al uso exclusivo de una idea. En algunas otras naciones es hecho a veces, en un caso importante, y por un acto especial y personal, pero, generalmente hablando, otras naciones han pensado que estos monopolios producen más afrentas que ventajas a la sociedad; y se puede observar que las acciones que rechazan monopolios de invención, son tan prósperas como Inglaterra en aparatos nuevos y útiles.<br />
Considerando el derecho exclusivo a una invención como dado no de un derecho natural, sino para el beneficio de la sociedad, sé bien que la dificultad de trazar una línea entre las cosas que al público valen la pena como afrentas de una patente exclusiva, y aquellas que no. Como un miembro de la Oficina de Patentes durante varios años, vi con cuan lento progreso un sistema de reglas generales podría madurar.</p>
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		<title>El ahorro y la compra, ¿legitiman la propiedad de la tierra?</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Jan 2009 18:20:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Sobre mutualismo]]></category>

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		<description><![CDATA[En este hilo William pretende justificar la propiedad capitalista de la tierra en los siguientes términos: Yo trabajo; a continuación ahorro; y finalmente compro tierra con mis ahorros. Listo: la propiedad de la tierra es fruto del trabajo, amén. Sigamos el razonamiento hasta las últimas consecuencias para observar su absurdo: Yo trabajo; a continuación ahorro; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-923" title="justicia" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/01/justicia.gif" alt="justicia" width="170" height="170" /></p>
<p><a href="http://www.mutualismo.org/2009/01/%C2%BFlos-ancoms-aceptan-el-mutualismo/">En este hilo</a> William pretende justificar la propiedad capitalista de la tierra en los siguientes términos:</p>
<blockquote><p>Yo trabajo; a continuación ahorro; y finalmente compro tierra con mis ahorros. Listo: la propiedad de la tierra es fruto del trabajo, amén.</p></blockquote>
<p>Sigamos el razonamiento hasta las últimas consecuencias para observar su absurdo:</p>
<blockquote><p>Yo trabajo; a continuación ahorro; y finalmente compro esclavos con mis ahorros. Listo: la propiedad de mis esclavos es fruto del trabajo, amén.</p></blockquote>
<p>Como es evidente, no basta con que el último comprador haya adquirido “honestamente” su propiedad, sino que es necesario que el vendedor estuviera en posesión legítima para tener el derecho de venderla. De lo contrario, como argumentó Lysander Spooner en<em> <a href="http://www.lysanderspooner.org/Revolution.htm">Revolución: el único remedio</a></em> [1], el título legítimo continuará perteneciendo a los desposeídos de su propiedad aun después de una, dos, tres y cien ventas con ahorro y trabajo de por medio.</p>
<p>Además, este razonamiento implica una contradicción, porque si bien reconoce la ilegitimidad de los títulos robados, basta venderlos para “blanquearlos”, aun cuando la víctima continúe sin ser restituida de sus bienes. En otras palabras: el traficante de esclavos no es el propietario legítimo de los esclavos, pues los ha capturado por la fuerza, pero en el momento en que los vende a un ahorrador, ¡magia! El crimen y la víctima desaparecen y la propiedad se convierte en legítima.</p>
<p>Ningún partidario de la libertad puede sostener semejante aberración, que justificaría incluso la esclavitud.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
<p>[1]: El título completo es <em>Revolución: el único remedio para las clases oprimidas de Irlanda, Inglaterra y otras partes del imperio británico.</em></p>
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		<title>Historia de un romance</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Jan 2009 15:25:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Raskolhnikov se ha animado a recopilar artículos de revistas sobre la simbiosis Estado-corporaciones, que iremos colgando poco a poco. Esta primera entrega pertenece al nº 473 de Historia y vida, titulado El despertar de Japón, pág. 84 a cargo de Manuel Florentín. El despertar de Japón La reforma territorial contribuyo a segar aun más el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Raskolhnikov se ha animado a recopilar artículos de revistas sobre la simbiosis Estado-corporaciones, que iremos colgando poco a poco. Esta primera entrega pertenece al nº 473 de <em>Historia y vida</em>, titulado <em>El despertar de Japón</em>, pág. 84 a cargo de Manuel Florentín.</p>
<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/01/parlamento-japones.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-875" title="parlamento-japones" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/01/parlamento-japones.jpg" alt="" width="341" height="169" /></a></p>
<p><strong>El despertar de Japón</strong></p>
<p>La reforma territorial contribuyo a segar aun más el feudalismo. Se convenció a los daimyos para que entregaran sus tierras al Emperador, a cambio de una generosa remuneración o manteniéndose en ellas como gobernadores a sueldo del Estado. También se abolió la servidumbre, con lo que el campesino quedó libre para cambiar de oficio y emplearse en la industria. Para impedir que las tierras de cultivo se quedasen sin labrar, el Emperador las repartió en régimen de arrendamiento a los campesinos. La razón era de carácter pragmático: el gobierno necesitaba recaudar impuestos para subvencionar el desarrollo industrial, y el 90 por ciento debía salir del campo. Fue tan fuerte la presión fiscal que el campesino apenas retenía el 30 por ciento de su producción. Como resultado, tuvieron lugar una serie de hambrunas que se tradujeron en distintas sublevaciones (sofocadas de forma sangrienta) y en un atroz infanticidio para quedarse sólo con un hijo varón.<br />
Mientras, el gobierno llevó a cabo un desarrollo industrial escalonado. Con lo recaudado de los impuestos agrícolas subvencionó la creación de grandes factorías textiles con maquinaria moderna importada. Los beneficios generados con sus exportaciones se invirtieron en minería, construcción e industrias pesadas y armamentísticas. Estas a su vez impulsaron el desarrollo de las comunicaciones y el transporte, “fundamentales para el crecimiento del país”. Un cúmulo de reformas, acompañadas de la creación de instituciones como el Banco de Japón o la Bolsa de Tokio, que equipararon pronto al viejo Japón feudal con Estados Unidos y Europa.<br />
A ese impulso industrial de las reformas contribuyó, además del campesinado, la recién creada clase obrera, igualmente explotada. Un trabajador japonés cobraba una décima parte del salario de uno británico, que tampoco era muy alto. Las fabricas textiles estaban ocupadas en un 80 por ciento por mujeres (mano de obra más barata), que trabajaban casi en régimen de esclavitud, vigiladas y maltratadas físicamente. Dormían y vivían en la fábrica. Su jornada era de entre 12 y 19 horas. La falta de higiene provocaba innumerables muertes por tuberculosis. El sector más arriesgado era la minería, con una elevada mortandad por falta de medidas de seguridad malos tratos y enfermedades. En ella trabajaban hombres, mujeres, niños y reclusos, y no había derecho a huelga. Fue gracias a estas prácticas como se produjo el espectacular crecimiento del país, pero también gracias a ellas se forjaron fortunas particulares e importantes consorcios industriales.<br />
En realidad, el conjunto de reformas que marcaron el final del siglo XIX japonés no fue más que una revolución desde arriba, un traspaso de poder del shogun y sus daimyos al Emperador y sus partidarios. La aristocracia y los líderes de los antiguos feudos leales al Emperador mantuvieron sus privilegios y se amoldaron a las nuevas reglas del juego. Acumularon riquezas vinculándose a los Zaibatsu, los consorcios empresariales (como Mitshubishi, Mitsui o Sumitomo), subvencionados por el Estado. Y se convirtieron en Terratenientes al comprar las tierras a bajo precio a los campesinos arruinados por los impuestos.</p>
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		<title>Sobre los alquileres</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 16:39:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el hilo sobre Ithaca salió el tema de los alquileres. William decía que siempre que exista el arriendo estaremos hablando de capitalismo y no de mutualismo, pero no encuentro motivos para suponer tal cosa. Una sociedad mutualista es aquella en la que oportunidad de lucrarse con el trabajo ajeno se han reducido al mínimo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2008/12/se-alquila.gif"><img class="alignnone size-medium wp-image-781" title="se-alquila" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2008/12/se-alquila.gif" alt="" width="200" height="134" /></a></p>
<p>En <a href="http://www.mutualismo.org/2008/12/las-provincias-%C2%ABrebeldes%C2%BB-del-imperio-norteamericano/">el hilo sobre Ithaca</a> salió el tema de los alquileres. William decía que siempre que exista el arriendo estaremos hablando de capitalismo y no de mutualismo, pero no encuentro motivos para suponer tal cosa. Una sociedad mutualista es aquella en la que oportunidad de lucrarse con el trabajo ajeno se han reducido al mínimo, pero ni los mutualistas clásicos ni los contemporáneos propugnan un tipo de organización en que, por decreto, los beneficios se supriman y todo se ofrezca al costo. Simplemente consideramos que el libre mercado es el medio más efectivo para acercarse a este ideal.</p>
<p>Proudhon, por ejemplo, expone en <em>La capacidad política de la clase obrera</em> dos métodos efectivos para reducir los alquileres: por un lado, la banca libre, que al reducir el interés multiplicaría la oferta de cuartos y viviendas y haría descender su precio. Por el otro, propone formar compañías de albañiles que compren terrenos y construyan y conserven nuevas viviendas, en competencia con los viejos propietarios. De esas dos formas Proudhon creía que se alcanzaría el Precio de Costo, lo mismo que Gesell. [1]</p>
<p>Años después, Benjamin Tucker corregiría ligeramente su postura, mantenida hasta hoy por los mutualistas:</p>
<blockquote><p>“Sus seguidores de hoy estamos dispuestos a modificar este enunciado y admitir que la muy pequeña fracción de renta de la tierra que no descansa en el monopolio sino en la superioridad del suelo u otros factores similares (clima, ubicación geográfica, etc.) continuará existiendo por un tiempo y, quizás, por siempre, aunque tenderá siempre a un mínimo en situación de libertad. Pero la desigualdad de los suelos que da lugar a la renta económica de la tierra, así como la desigualdad en los talentos humanos que da lugar a la renta del rendimiento en el trabajo, no es una causa de preocupación seria ni siquiera para el más apasionado enemigo de la usura, pues su naturaleza no es la de una semilla de la cual otras y más graves desigualdades pueden surgir sino, más bien, la de una rama decadente que acabará por marchitarse y caer.” [2]</p></blockquote>
<p>A esto agregaría dos cosas más.</p>
<p>En primer lugar, la protección de los inquilinos ante los propietarios (por ejemplo, impidiendo o retrasando su expulsión aun cuando incumplan el contrato), aparentemente ideada para proteger a los primeros, tiende a restringir la oferta de viviendas en alquiler y a aumentar su precio, ya que los propietarios se sienten jurídicamente inseguros y prefieren mantener vacías sus casas antes que alquilarlas.</p>
<p>En segundo lugar, el monopolio de la tierra eleva el precio del suelo, al permitir la especulación sobre bienes no nacidos del trabajo –como son las parcelas- y al restringir su oferta.</p>
<p>Lo importante, desde una perspectiva mutualista, es eliminar el aparato estatal de privilegios que fuerza el intercambio desigual, también en los alquileres, aumentando artificialmente la usura. Una vez hecho esto, no deberíamos preocuparnos demasiado por esas “ramas decadentes que acabarán por marchitarse y caer”, como dice Tucker.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<br />
[1]: Véase <em>La capacidad política de la clase obrera</em> pp. 88 y 89 y <em>El orden económico natural II</em> p. 97 respectivamente.</p>
<p>[2]: Véase <em>Socialismo de Estado y anarquismo.</em></p>
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		<title>Léon Walras, el socialista de mercado.</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2008/08/leon-walras-el-socialista-de-mercado/</link>
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		<pubDate>Fri, 08 Aug 2008 14:32:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">He traducido un breve texto sobre Léon Walras en el que se explica su concepción del “socialismo de mercado”. Antes de que Langlois lo comentara en el post anterior, solo había oído hablar de él alrededor de su <em>Teoría del equilibrio general</em>, apenas sabía de él como “teórico cooperativista” (creo que sus textos sobre este tema no están traducidos, y es difícil encontrarlos en la red), pero ahora que leo por encima su propuesta, le veo muchas similitudes con el pensamiento de Henry George, Silvio Gesell o Thomas Paine. Puede ser interesante reivindicarlo, pues aunque no era un anarquista, sí proponía una reducción bastante drástica del Estado, a la vez que era partidario de la economía social y autogestionaria.</span></p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal"><img src="http://img87.imageshack.us/img87/3346/leonwalrasij4.gif" alt="Image Hosted by ImageShack.us" width="203" border="0" height="315" /></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">El texto es de Renato Cirillo y lo extraje de <a href="http://www.jstor.org/pss/3486110">aquí</a>.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Léon Walras fue uno de los pocos economistas excepcionales del siglo XIX que, aunque perteneció como teórico a la corriente principal de la economía ortodoxa, expresó opiniones que en aquella época se consideraban demasiado radicales. Él abogó en particular por la nacionalización de la tierra como solución del problema social. Esto generaría un ingreso suficiente al gobierno como para permitirle abolir la financiación a través de impuestos extraído de los salarios y las recompensas del trabajo. Por consiguiente los trabajadores quedarían en posición para invertir sus ingresos libres de impuestos y adquirir su parte legítima de la riqueza nacional. Contrariamente a lo que muchos han discutido, tal política &#8216;socialista&#8217; no era incompatible con el modelo teórico de Walras de competencia perfecta. En ausencia de la propiedad privada sobre la tierra y los recursos naturales, no habría lugar para grandes empresas y monopolios. Su gran compromiso era: no hacer reformas sociales en el campo de la distribución, sino promover el laisser-faire en la producción de bienes y servicios. Walras estaba convencido de que si, sobre la base de una reforma agraria radical, el Estado procuraba asegurar el funcionamiento de un sistema libre competitivo, entonces el sistema económico podría funcionar de forma muy parecida al modelo teórico. Aunque haya defectos en sus propuestas, sus ideas no parecen tan absurdas como hicieron en aquella época.<o:p></o:p></span></p>
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		<title>El Mutualismo Austriaco</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2008/08/el-mutualismo-austriaco/</link>
		<comments>http://www.mutualismo.org/2008/08/el-mutualismo-austriaco/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 07 Aug 2008 21:06:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Autores mutualistas]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[La tierra]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre anarcoindividualismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Muchos anarcocapitalistas suelen presentarse como “anarcoindividualistas austríacos”, lo que tiende a perpetuar la confusión de que la teoría del valor-trabajo es inherente a la filosofía política mutualista –que Rothbard consideraba, en su tiempo, “aun no superada”-. Esto es fruto del error de suponer que la aceptación de los conceptos económicos austriacos, por ejemplo, del interés [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8" /><meta name="ProgId" content="Word.Document" /><meta name="Generator" content="Microsoft Word 10" /><meta name="Originator" content="Microsoft Word 10" /></p>
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<p> <![endif]--></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Muchos anarcocapitalistas suelen presentarse como “anarcoindividualistas austríacos”, lo que tiende a perpetuar la confusión de que la teoría del valor-trabajo es inherente a la filosofía política mutualista –que Rothbard consideraba, en su tiempo, “aun no superada”-. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Esto es fruto del error de suponer que la aceptación de los conceptos económicos austriacos, por ejemplo, del interés y de la productividad marginal, supone aceptar también las concepciones morales sobre dichos conceptos de los autores que los formularon. En general, Tucker o Proudhon podrían llegar a asimilar la teoría económica austriaca sin corregir sus concepciones morales con respecto a los temas tratados por ella, dirigiendo de la misma forma sus ataques contra la usura o la explotación del hombre por el hombre; de la misma forma que David Ricardo no dejaba de sancionar el capitalismo a pesar de suscribir la teoría del valor-trabajo.</span></p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal"><img src="http://img522.imageshack.us/img522/8451/kevincarsonyw8.jpg" alt="Image Hosted by ImageShack.us" border="0" width="263" height="177" /><br />
<a href="http://g.imageshack.us/g.php?h=522&amp;i=kevincarsonyw8.jpg"><img src="http://img522.imageshack.us/img522/8451/kevincarsonyw8.93af4bfb8b.jpg" border="0" /></a></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">El primer error consiste en pensar que los austriacos refutaron la concepción socialista que sostiene que, bajo el capitalismo [1], los beneficios del empresario proceden del trabajador. [2]<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">La Escuela Austriaca desarrolló el concepto de la productividad marginal de los factores de producción –entre ellos el trabajo-, según el cual la productividad de cada unidad de factor puede valorarse en términos de la pérdida de rendimiento que produciría la desaparición de dicha unidad. Por ejemplo, si dados 20 trabajadores y 10 máquinas la producción es de 100 zapatos y, al retirar un trabajador, la producción desciende a 90, la productividad marginal del trabajo será la diferencia entre ambas producciones: 10.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Según los austriacos, el precio de cada factor de producción tiende a igualarse con su productividad marginal -descontando el interés-, pues de lo contrario, el “beneficio neto” producido por la diferencia entre ambos atraería a otros empresarios hasta que este desapareciera por completo. En el caso que hemos expuesto, si el salario del trabajador equivaliera a 6 zapatos, los empresarios demandarían trabajadores hasta que tal salario se igualara a su productividad, esto es, 10. De esta forma, la ganancia del capitalista quedaría reducida al interés (que trataremos más adelante).<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Lo que no suelen mencionar los economistas austriacos tan a menudo es que tal competencia está artificialmente limitada por el Estado y, por tanto, los “beneficios netos” producidos por la disparidad entre salario y productividad muy a menudo no llegan a liquidarse o, lo que es lo mismo; la “plusvalía” existe.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Kirzner, por su parte, sostiene que los beneficios del empresario son la recompensa del ejercicio de la empresarialidad, que él define como la percepción, en un entorno de información dispersa, de unos medios económicos para obtener determinados fines también económicos. Pero a continuación de esto, Kirzner afirma que, de existir <em>“impedimentos arbitrarios para acceder al mercado” </em><span> </span>para los demás competidores, los beneficios del empresario se convertirían en “rentas de monopolio”. Ahora, como es fácil advertir en el mundo real, el mercado está repleto de barreras de entrada a la competencia cuyas consecuencias en la tasa de beneficios son imposibles de determinar de forma precisa, lo que nos lleva a la conclusión, de acuerdo con Kirzner, que cierto porcentaje de los beneficios del capital son en realidad “rentas de monopolio”. Poco a poco vamos cercando la ganancia que se atribuye al mérito del capitalista.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Por otro lado, Bohm-Bawerk y Mises establecieron que los individuos valoran los bienes presentes por encima de los futuros y que, por tanto, el tipo de interés es el fruto de la preferencia temporal de los mismos. Así, si un individuo considera 100 euros presentes equivalentes a 110 euros a corto plazo (supongamos, un mes), el interés será del 10%.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">En este caso, el axioma de la preferencia temporal se aplicaría a la producción, equiparando la función del capitalista con la del prestamista y la de los trabajadores con la de simples prestatarios.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Los vieneses añaden a esto, además, que el interés empresarial tiende a igualarse con el interés crediticio, pues si el primero fuese superior al segundo, los capitales se desplazarían del sector crediticio al empresarial, y al revés en el caso contrario. Como consecuencia, los beneficios empresariales corrientes serían idénticos al tipo de interés crediticio.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Nuevamente, los austriacos se olvidan de tomar en cuenta las grandísimas barreras de entrada (requisitos de capitalización, licencias, etc.) en el sector bancario, que elevan artificialmente la tasa de interés por encima de las preferencias temporales, aumentando también los beneficios usurarios del sector empresarial.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Paso a paso hemos rodeado el beneficio del empresario, que en un contexto de “competencia universal”, como proponía Benjamin Tucker, se reduciría a una tasa ínfima –equivalente a la preferencia temporal del momento, descontando las barreras de entrada actuales- y permitiría el control obrero de las empresas poseídas hoy por los capitalistas. Fuera de la torre de marfil de los economistas austriacos, que se abstraen de la realidad, su teoría económica es perfectamente compatible con el socialismo.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">La propuesta de Hayek de “desnacionalizar el dinero”, aunque él la concibiera tan solo como una forma de acabar con la inflación, también camina en esa dirección.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span style="font-family: Arial">Autogestión obrera y Escuela Austriaca<o:p></o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">En general, la Escuela Austriaca ha sido reacia a las ideas cooperativistas y autogestionarias, si bien Murray Rothbard propuso que la transición de la economía planificada al mercado libre en los países “socialistas” se llevara a cabo mediante la entrega a los trabajadores de los medios de producción, lo que demuestra cierta confianza por su parte en que estos serían capaces de administrar sus puestos de trabajo.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Ludwig von Mises es quizá el mayor detractor de la autogestión obrera [3] dentro de la Escuela Austriaca, llegando a afirmar que, si los trabajadores fuesen dueños de los medios de producción, menguaría la productividad y, como consecuencia, estos ganarían mucho menos que bajo la empresa capitalista. Esta y muchas otras afirmaciones erróneas de Mises serán tratadas en un artículo próximo sobre la autogestión; aquí nos centraremos en sus objeciones al cooperativismo como sistema social, y no como propuesta de administración empresarial.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><em><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></em></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Por ejemplo, en <em>Crítica del Intervencionismo</em>, Mises comenta que:<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><em><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">“Los sistemas sindicalista y corporativista se basan en el supuesto de que la estructura productiva existente en un determinado momento permanecerá invariada. Sólo en el caso de que este supuesto sea correcto sería posible prescindir de las transferencias de trabajo y capital desde un sector a otro.”<o:p></o:p></span></em></p>
<p class="MsoNormal"><em><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></em></p>
<p class="MsoNormal"><em><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></em></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">En la misma línea, comenta en <em>El Socialismo </em>que:<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><em><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">“[…] el sindicalismo haría prácticamente imposible una transformación de la producción. No cabe duda alguna de que, allí donde el sindicalismo fuera amo y señor, cesaría el progreso”. <o:p></o:p></span></em></p>
<p class="MsoNormal"><em><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></em></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Tras estas dos citas, no cabe duda de que Mises se refiere a un sistema que comparte con el mutualismo la premisa de que los medios de producción deben ser para los trabajadores y que, a su vez, estos deben interactuar entre sí en el marco de un mercado libre. Donde el sistema que critica Mises y el mutualismo se separan es en el carácter estático del primero. La escuela sindicalista, cuyos principales autores conozco tan solo a través de él (Mises no los menciona en ninguna parte), proponen la expropiación de los medios de producción y creen que a partir de ese momento la dinámica del mercado se limitará al intercambio de mercancías entre las distintas unidades de producción. Cuando se les plantea el problema de recolocar el capital y el trabajo de acuerdo a las demandas del mercado, los sindicalistas tienen un problema.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">En cambio, el mutualismo se concibió como un sistema eminentemente dinámico, hasta el punto de que concibe la propia toma de los medios de producción por los trabajadores como el fruto de la dinámica del mercado, y no de una fuerza coactiva ajena a él. Además, otro pilar del mutualismo, el banco popular, fue un mecanismo ideado única y exclusivamente para garantizar el crédito mutuo entre los obreros y, por tanto, que estos pudieran ampliar, reducir o cambiar de negocio de acuerdo a las necesidades del mercado. [4]<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span style="font-family: Arial">El principio de costo<o:p></o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><em><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></em></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">El principio de costo fue un concepto ideado por Proudhon y Warren, cada uno de forma independiente, que consiste en que toda mercancía no puede venderse por más del costo de su producción, incluyendo el mantenimiento de los productores.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Josiah Warren materializó esta idea en su experimento de la “tienda de tiempo”, en la que los usuarios entregaban sus productos y a cambio tenían acceso a otros muchos con un valor equivalente, en horas de trabajo. Proudhon quiso llevar a cabo una idea parecida a través de sus Bancos de trueque, que centralizarían el cambio de mercancías entre los productores calculando, de la misma forma, el trabajo contenido en ellas.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Para la Escuela Austriaca, por el contrario, el precio es la consecuencia de las distintas valoraciones subjetivas de vendedores y compradores y, lo que es más importante, su función es advertir a los productores qué es rentable producir.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">De esta forma, el “lucro”, tan atacado por Proudhon, Warren, Tucker, etc., quedaría justificado por su función esencial en los mecanismos autorreguladores del mercado.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">De todos modos, esta oposición entre ambas escuelas es aparente, porque tanto una como otra reconocen que la competencia libre tiende a reducir los beneficios hasta que estos se igualan con la desutilidad que produce el trabajo, o, en otras palabras, hasta lo que los mutualistas llaman el “Precio de Costo”.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Es cierto que los austriacos no creen en el equilibrio general y, por tanto, no consideran que el mercado pueda reducir el precio de todas las mercancías hasta el “precio de costo”, puesto que las necesidades, los actores y la información del mercado cambian constantemente. En cualquier caso, reconocen que la competencia tiende siempre hacia el costo, y en muchos casos lo alcanza.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span style="font-family: Arial">La cuestión de la tierra<o:p></o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Otro punto de disensión entre mutualistas y austriacos es la propiedad de la tierra, aunque no nos extenderemos en esta cuestión, que ya ha sido tratada en <a href="http://www.mutualismo.org/?p=71">otros artículos</a>. Simplemente cabe señalar que Hayek consideraba que, en un orden espontáneo, los conceptos de propiedad y justicia tendían a ser aquellos que eran más beneficiosos desde el punto económico para la comunidad y, ya que la propiedad convencional sobre la tierra encarece su adquisición mediante la asignación de precios a parcelas que no los necesitan –porque no están siendo ocupadas-, es probable que, de acuerdo con Hayek, la propiedad mutualista se convierta en norma general en una sociedad libre.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span style="font-family: Arial">Conclusión<o:p></o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><o:p> </o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">El mutualismo austriaco se puede considerar como un intento de incorporar las nuevas herramientas de análisis que aportaron los economistas de Viena, sin alterar el corpus del mutualismo clásico. Se puede decir que este fenómeno comenzó con la publicación por Kevin Carson de <em>Studies in Mutualist Political Economy</em>, en el que el autor incorporaba ya algunos elementos austriacos en la teoría del valor-trabajo, aunque sin duda el “mutualismo austriaco” puede ir mucho más allá en la asimilación de conceptos económicos (no juicios de valor) austriacos, sin apenas modificarse.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">También tiene cierta influencia en los sectores más radicales del libertarianismo y el rothbardianismo, que disienten con las concepciones más reaccionarias de los anarcocapitalistas de derechas, pero debe quedar claro que el “mutualismo austriaco” No es una claudicación ante el anarcocapitalismo y que este no es “anarcoindividualismo austriaco”.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><o:p> </o:p></p>
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<p style="border-style: none none solid; border-color: -moz-use-text-color -moz-use-text-color windowtext; border-width: medium medium 1pt; padding: 0cm 0cm 1pt">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal" style="border: medium none ; padding: 0cm"><o:p> </o:p></p>
<p class="MsoNormal"><o:p> </o:p></p>
<p class="MsoNormal">[1]: En la literatura socialista de cualquier tendencia, el capitalismo es el sistema que mantiene el divorcio entre los propietarios y los trabajadores a través del aparato coercitivo estatal. Así aparece en Marx, por ejemplo, cuando afirma que <em>“el capital vino al mundo rebosando sangre y cieno”</em>.</p>
<p class="MsoNormal"><o:p> </o:p></p>
<p class="MsoNormal">[2]: Podemos omitir toda la parafernalia innecesaria y llena de contradicciones que desarrolló Marx en <em>Das Kapital</em>.</p>
<p class="MsoNormal"><o:p> </o:p></p>
<p class="MsoNormal">[3]: Mises llama “sindicalismo” a la autogestión obrera o cooperativismo. Según él, el sindicalismo es <em>“la tendencia que trata de lograr un estado social en el que los obreros sean los dueños de los medios de producción”</em>. <em>El Socialismo</em>, pág. 270.</p>
<p class="MsoNormal"><o:p> </o:p></p>
<p class="MsoNormal">[4]: Si el sindicalismo que critica Mises dispusiera de esta herramienta, su crítica caería en saco roto.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>La fiebre del oro en California</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Jul 2008 17:35:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[La propiedad]]></category>
		<category><![CDATA[La tierra]]></category>

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		<description><![CDATA[Según me he enterado por Fabricio y Stiwie, la propiedad mutualista de la tierra, tan aparentemente inviable de poner en práctica, ya fue practicada en el s. XIX durante la fiebre del oro en California. &#160; Las minas de oro eran, oficialmente, del gobierno de los Estados Unidos, pero como no tenía suficiente poder coercitivo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Según me he enterado por Fabricio y Stiwie, la propiedad mutualista de la tierra, tan aparentemente inviable de poner en práctica, ya fue practicada en el s. XIX durante la fiebre del oro en California.</span></p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal"><img src="http://img440.imageshack.us/img440/5488/fiebredeloroxn8.jpg" alt="Image Hosted by ImageShack.us" border="0" /></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Las minas de oro eran, oficialmente, del gobierno de los Estados Unidos, pero como no tenía suficiente poder coercitivo para imponer su voluntad, los “forty-niners” –pioneros en la búsqueda del oro- tuvieron la oportunidad de establecer sus propias normas de ocupación de tierras. Como informa la entrada de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fiebre_del_oro_de_California#cite_ref-RawlsFree_51-0">Wikipedia</a>, citando a James Rawls, no había propiedad privada sobre la tierra, y las explotaciones no estaban sujetas a impuestos:<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><em><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Los <span>Forty-niners</span> elaboraron sus propios códigos, y sus propias formas de ponerlos en vigor. Se sobreentendía que cualquier gambusino podía &#8220;reclamar&#8221; tierras, pero esa reclamación solo tendría efecto en tanto que esas tierras fueran efectivamente explotadas. Los mineros solían reclamar las tierras, y comenzaban a explotarlas sólo lo suficiente para determinar su potencial. Si la tierra se consideraba de bajo valor, como ocurrió en la mayoría de los casos, los mineros la abandonaban y proseguían la búsqueda de su fortuna. Otros mineros entonces podían llegar a reclamar para sí la tierra que ya había sido trabajada y abandonada. Esta práctica se conocía como &#8220;<span>claim-jumping</span>&#8220;. Las disputas eran manejadas personalmente y a veces de forma violenta; en muchas de ellas los propios gambusinos se asociaban para actuar como árbitros. <o:p></o:p></span></em></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Las conocidas disputas por los yacimientos de oro, a la altura de cualquier película de Clint Eastwood, podrían haber sido resueltas perfectamente por un sistema de justicia competitivo como expusimos ya en <a href="http://www.mutualismo.org/?p=49">otro artículo</a>, y quizá los “gambusinos” habrían llegado a establecerlo si la experiencia no hubiera sido cortada por el gobierno americano, cuando ya se estaban desarrollando sistemas primitivos de arbitraje.<o:p></o:p></span></p>
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		<title>Aclaraciones sobre la carta de Proudhon</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Jul 2008 16:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores mutualistas]]></category>
		<category><![CDATA[La propiedad]]></category>
		<category><![CDATA[La tierra]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre anarcocapitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre anarcoindividualismo]]></category>
		<category><![CDATA[Socialismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Stiwie ha abierto un post en su blog comentando la carta de Proudhon que traduje, por lo que me gustaría hacer algunas puntualizaciones para evitar confusiones. Al parecer, él mismo y alguno de sus lectores han interpretado la carta como la “anarcocapitalización” de Proudhon, en lugar de ver esa aparente superación de sus ideas anteriores [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Stiwie ha abierto un <a href="http://kill-lois.blogspot.com/2008/07/proudhon-reconoce-el-derecho-de.html">post en su blog</a> comentando la carta de Proudhon que traduje, por lo que me gustaría hacer algunas puntualizaciones para evitar confusiones. Al parecer, él mismo y alguno de sus lectores han interpretado la carta como la “anarcocapitalización” de Proudhon, en lugar de ver esa aparente superación de sus ideas anteriores como su consecuencia lógica, sin demasiadas variaciones.</span></p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal"><img border="0" width="455" src="http://img410.imageshack.us/img410/3537/leftlibertarianosxz4.png" alt="Image Hosted by ImageShack.us" height="83" /><span id="more-84"></span></p>
<p><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'"><o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">En <em>¿Qué es la Propiedad?</em> , libro que abre con la provocativa respuesta “<em><span>la proprieté</span> c&#8217;est le <span>vol</span></em><span>”<strong> </strong>(la propiedad es el robo) sus argumentaciones se centran única y exclusivamente sobre la propiedad de la tierra, que considera un robo como consecuencia de que su propietario, el terrateniente, pide al arrendatario el pago por un instrumento –la tierra- que no ha creado.<o:p></o:p></span></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Así nos dice al respecto:<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">“Cicerón compara la tierra con un amplio teatro […]. <o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">El teatro, dice Cicerón, es común a todos; sin embargo, cada uno llama <em>suyo</em> al lugar que ocupa; lo que equivale a decir que cada sitio se tiene en <em>posesión</em>, no en <em>propiedad</em>. Esta comparación destruye la propiedad y supone por otra parte la igualdad.”<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">“[…] nació con el trabajo la posesión privada, el derecho en la cosa, <em>jus in re</em>, pero, ¿en qué cosa? Evidentemente <em>en el producto</em>, no <em>en el suelo</em> […].”<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Y estas últimas no dan ya lugar a dudas:<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">“Acepto que el trabajador haga suyos los frutos; pero no comprendo cómo la propiedad de los productos puede implicar la de la tierra.”<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">“El hombre lo ha creado todo, menos la materia en sí. Ahora bien, sostengo que es esta materia la que él no puede más que poseer y usar, con la condición permanente del trabajo, por el cual solo adquiere la propiedad de lo que ha producido.”<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">“¿Por qué el arrendatario ya no adquiere, mediante el trabajo, esa misma tierra que el trabajo otorgó ayer al propietario?”<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">“Que, así como el viajero no se apropia de la carretera que pisa, el campesino no se apropia el campo que siembra […]”.<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">“He aquí precisamente en qué consiste el monopolio del propietario que, a pesar de no haber creado el instrumento, se hace pagar, sin embargo, su servicio”.<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Pero, a pesar de que toda esta argumentación se desvanece si se aplica a los medios de producción artificiales, Proudhon negó la propiedad privada incluso para estos, por lo que la corrección que vemos en su correspondencia posterior es , en realidad una consecuencia lógica de su propio pensamiento. Él, al comprender que toda propiedad legítima nace, en realidad, de los frutos del trabajo de su propietario, o de quien voluntariamente le cedió su propiedad, acaba oponiéndose tan solo a la propiedad de la tierra, y admite la propiedad de los bienes artificiales.<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Es por eso que si bien puede ser precedente de la “moderna teoría <em>libertaria</em> de la propiedad legítima”, no es un anarcocapitalista ni comparte su teoría de la propiedad. Él siguió condenando la renta, el interés y el beneficio, aunque su herramienta principal no fuera el ataque a la propiedad en sí misma –ni mucho menos la expropiación que propugnarían los marxistas y anarquistas posteriores- sino la guerra a los monopolios a través de los bancos mutualistas, que debían otorgar créditos baratos a sus asociados para forzar así al Banco de Francia a hacer lo mismo. De ese modo, el <em>laissez faire</em>, sería la muerte de las tres clases de ganancia (renta, interés y beneficio) censuradas por Proudhon, y posteriormente por Tucker, Spooner, Greene, etc.<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'"><o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">En este punto me alegro de tu acertada reflexión acerca del término socialismo en los círculos liberales y no puedo estar más de acuerdo. Me llama la atención que algunos blogs tengan un apartado de “socialismo” para comentar las tropelías estatistas, mientras en mutualismo.org tenemos un apartado con el mismo nombre para comentar los justos títulos de propiedad, los proyectos cooperativos <span></span>y los artículos de socialistas libertarios.<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'"><o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Cuando hablas de los dos “bandos” asumo que te refieres a anarcocomunistas y anarcocapitalistas parlamentarios, y no nos incluyes a nosotros. <img src='http://www.mutualismo.org/wp-includes/images/smilies/icon_razz.gif' alt=':P' class='wp-smiley' /> <o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'"><o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Por cierto, un punto de los agoristas que me llama la atención es que reprochais constantemente el uso de los términos “socialismo” y “capitalismo” pero, a la hora de la verdad, ¡os autoproclamáis anarcocapitalistas! Si no sois una cosa ni la otra, sed consecuentes; llamaos simplemente anarquistas, críticos del capitalismo monopólico y corporativo, pues el apelativo “capitalista” puede inducir a error.<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'"><o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Huelga decir que no concuerdo en que el anarcocapitalismo sea la actualización o la “superación” del anarcoindividualismo. La esencia del anarquismo individualista es el rechazo de la autoridad y las rentas no procedentes del trabajo y, como tal, puede valerse de las herramientas de la escuela austríaca para sus fines. La teoría austríaca del ciclo económico, la subjetividad del valor, los axiomas de la acción humana de Mises o la crítica de la planificación del mismo autor son perfectamente compatibles con el anarcoindividualismo y, de hecho, además de yo mismo, tengo la impresión de que otros bloggers como <a href="http://onhl.blogspot.com/">Horacio Langlois</a> y </span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'"><a href="http://acao-humana.blogspot.com/">Guilheme Roesler</a> también intentan compaginarlos–que me corrijan si me equivoco-.<o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'"><o:p></o:p></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'">Un saludo Stiwie <img src='http://www.mutualismo.org/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';)' class='wp-smiley' /> <span><o:p></o:p></span></span></p>
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