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	<title>mutualismo.org &#187; Historia</title>
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	<description>Libre mercado anticapitalista</description>
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		<title>Pi i Margall, un mutualista célebre</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 12:25:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Hojeando algunos capítulos de La reacción y la revolución (1855), de Pi i Margall, he encontrado material interesante que servirá para enriquecer nuestra Historia del análisis mutualista. Algunos párrafos lo delatan como un auténtico libertario, si bien algo más intervencionista -a corto plazo- de lo que seríamos hoy en materias como la legislación laboral y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/fe/Francisco_Pi_y_Margall.jpg" alt="" width="131" height="184" /></p>
<p>Hojeando algunos capítulos de <a href="http://es.wikisource.org/wiki/Francisco_Pi_y_Margall"><span style="text-decoration: underline;"><em>La reacción y la revolución</em></span></a> (1855), de Pi i Margall, he encontrado material interesante que servirá para enriquecer nuestra <a href="http://www.mutualismo.org/2010/09/historia-del-analisis-mutualista-de-thomas-hodgskin-a-kevin-carson-2/"><span style="text-decoration: underline;"><em>Historia del análisis mutualista</em></span></a>. Algunos párrafos lo delatan como un auténtico libertario, si bien algo más intervencionista -a corto plazo- de lo que seríamos hoy en materias como la legislación laboral y la educación. Se aprecia la influencia de Proudhon en temas como el libre contrato, la soberanía individual o el derecho de propiedad; bases para una reforma de la sociedad que consistiría en descentralizar el poder y abolir los privilegios económicos. Os pego un fragmento del capítulo VII (la negrita es mía):</p>
<blockquote><p>Mas examino atentamente las condiciones de esta nueva sociedad, y observo que para fundarla, <strong>no sólo es necesario acabar con la actual organización política, sino también con la económica</strong>; que es indispensable, no ya reformar la nación, sino cambiar la base; que a esto se oponen infinitos intereses creados, una preocupación de siglos que nadie aún combate, una ignorancia casi completa de la forma y fondo de ese mismo <strong>contrato individual y social que ha de sustituir la fuerza</strong>; que esta oposición, hoy por hoy, hace mi sociedad imposible. No por esto retrocedo; digo: La constitución de una sociedad sin poder es la última de mis aspiraciones revolucionarias; en vista de este objeto final, he de determinar toda clase de reformas.</p>
<p>¿Me conduce a este objeto la creación de un poder fuerte? Si todo poder es en sí tiránico, cuanto menor sea su fuerza, tanto menor será su tiranía. <strong>El poder, hoy por hoy, debe estar reducido a su menor expresión posible</strong>.</p>
<p>¿Le da fuerza la centralización? Debo descentralizarlo. <strong>¿Se la dan las armas? Debo arrebatárselas</strong>. ¿Se la dan el principio religioso y la actual organización económica? Debo destruirlo y transformarla. Entre la monarquía y la república, optaré por la república; entre la república unitaria y la federativa, optaré por la federativa; entre la federativa por provincias o por categorías sociales, optaré por la de las categorías. Ya que no pueda prescindir del sistema de votaciones, universalizaré el sufragio; ya que no pueda prescindir de magistraturas supremas, las declararé en cuanto quepa revocables. <strong>Dividiré y subdividiré el poder, lo movilizaré, y lo iré de seguro destruyendo</strong>.</p>
<p>¿Sobre qué legisla hoy el poder público? Hoy legisla aún sobre mis derechos naturales; los pondré fuera del alcance de sus leyes. Hoy legisla aún sobre mi propiedad; la anularé sobre los instrumentos de trabajo, y la proclamaré sobre los frutos de mi inteligencia y de mis manos completamente inlegislable. <strong>Rebajaré sin cesar su facultad legislativa; con ella, como es natural, la ejecutiva; y no le dejaré al fin con más atribuciones que la de saldar el debe y el haber de los intereses generales</strong>.</p></blockquote>
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		<title>Los mutualistas olvidados</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Dec 2011 18:38:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[En este blog hemos hablado alguna vez de Clarence Lee Swartz, Francis Tandy, Dyler Lum y otros mutualistas norteamericanos mal tratados por la historia. Pero todavía hay una tradición más olvidada, por escribir: la de los mutualistas españoles de mediados del siglo XIX. Con frecuencia partidarios de la República federal y, por tanto, difíciles de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/e5/RafaelFargaPellicer.jpg" alt="" width="136" height="177" /></p>
<p>En este blog hemos hablado alguna vez de Clarence Lee Swartz, Francis Tandy, Dyler Lum y otros mutualistas norteamericanos mal tratados por la historia. Pero todavía hay una tradición más olvidada, por escribir: la de los mutualistas españoles de mediados del siglo XIX. Con frecuencia partidarios de la República federal y, por tanto, difíciles de distinguir del republicanismo corriente; confundidos con el obrerismo ingenuo de los socialistas utópicos; envueltos en una época convulsa, plagada de golpes de Estado e ideologías fugaces -como el cantonalismo-; y, finalmente, marginados deliberadamente por el anarcocolectivismo posterior, a veces se puede hasta dudar de la existencia de estos mutualistas.</p>
<p>Pero existieron, sin duda. Gente como <strong>Rafael Farga i Pellicer</strong>, cooperativista y federalista, que más tarde se pasaría al bakuninismo. También <strong>Pi i Margall</strong>, el mismo presidente de la Primera República, simpatizaba con la idea proudhoniana de &#8220;reemplazar el gobierno por el contrato&#8221;, y tradujo buena parte de su obra. Y hace poco, investigando sobre el modernismo barcelonés, llego a la persona de <strong>Ildefons Cerdà</strong>, un ingenierio que, &#8220;influido por Hegel y la máquina de vapor, por Proudhon y el romanticismo&#8221;, colaboró mediante su labor estadística con la huelga de 1855, al tiempo que simpatizó con el obrerismo y el republicanismo federal más radical, ejerciendo de videpresidente en la Diputación de Barcelona -que, tras la revolución de 1873 se convertiría, por momentos, en un auténtico &#8220;estado catalán&#8221;-. Paradójicamente, este hombre es el artífice del <em>Eixample</em> de Barcelona, paradigma de planificación central urbana.</p>
<p>Si alguien sabe algo más acerca de estos &#8220;mutualistas olvidados&#8221;, le agradecería que compartiera sus conocimientos con nosotros.</p>
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		<title>Una mirada crítica del Orgullo LGTB 2011</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2011/07/una-mirada-critica-del-orgullo-lgtb-2011/</link>
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		<pubDate>Wed, 06 Jul 2011 02:31:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Jaura</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[LGTB]]></category>
		<category><![CDATA[orgullo gay]]></category>

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		<description><![CDATA[El siguiente texto (NO ES MÍO) es de una octavilla anónima que se repartió durante la mani-fiesta del Orgullo Gay 2011 en Madrid, el 2 de julio. Hubo presencia de al menos dos partidos, IU y UPyD, así como publicidad de numerosas discotecas y, por algún motivo, también de McDonalds y de Burger King. Por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>El siguiente texto (NO ES MÍO) es de una octavilla anónima que se repartió durante la mani-fiesta del Orgullo Gay 2011 en Madrid, el 2 de julio. Hubo presencia de al menos dos partidos, IU y UPyD, así como publicidad de numerosas discotecas y, por algún motivo, también de McDonalds y de Burger King.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/3/35/Stonewall_Inn_1969.jpg/240px-Stonewall_Inn_1969.jpg" alt="" width="139" height="214" /></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Por una lucha contra el sexismo y la homofobia, libre de autoridad  mercancía</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Este mes de junio se cumplen cuarenta y dos años de la revuelta de <strong>Stonewall</strong>. Lo que en un principio fueron unos disturbios motivados por la reacción de la gente ante una redada policial en un pub (<em>Stonewall Inn</em>) de Nueva York, dio paso a un agitado verano en el que buena parte de la comunidad gay se rebeló contra una condiciones de vida marcadas por el hostigamiento social y policial.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuarenta años después, Stonewall se ha convertido en un mito que alienta el desarrollo de un nuevo movimiento social: el de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales a lo largo de todo el planeta.</p>
<p style="text-align: justify;">El 28 de junio se celebra el día del orgullo gay internacional y, como todos los años, este Sábado 2 de julio, una manifestación recorre las calles de nuestra ciudad, poniendo en evidencia el desdén hacia unos valores que originalmente llevaron a muchxs a rebelarse contra la policía por ser la mano ejecutora de un sistema que reprime e invisibiliza a quienes reivindican el derecho a elegir su identidad sexual, sentir, pensar y amar libremente.</p>
<p style="text-align: justify;">Asistimos hoy, a la traición de una lucha cuyos precursores comenzaron enfrentándose al orden establecido. Hace 42 años, muchas personas sufrieron la represión por participar en unas protestas y disturbios encaminados a combatir la imposición de un patrón de vida estandarizado, basado en el control de lo público y lo privado.</p>
<p style="text-align: justify;">Un capitalismo amoral y flexible, que se adapta y muta para fortalecerse, ha asimilado y domesticado este espíritu de lucha para convertirlo en una mercancía más, al servicio de la economía. Tanto la derecha liberal como la izquierda oficial aplauden y patrocinan el espectáculo en que se han convertido las reivindicaciones originales del movimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">No nos interesa una oposición dogmática e irracional, que reproduzca los esquemas autoritarios que dicen combatir ni aquella que menosprecie el valor de nuestros compañeros varones, en la lucha contra la dominación.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque ser bisexual u homosexual no es mejor que ser heterosexual ni viceversa. Porque ningún criterio racional sitúa a las mujeres por encima de los hombres ni al revés. Porque tener o adoptar una identidad o preferencia sexual es una opción individual que no puede ser violada, juzgada o criticada por nadie externo al propio interesado.</p>
<p style="text-align: justify;">Nosotrxs no nos adscribimos a ninguna doctrina. Buscamos relaciones sin predominio alguno que justifique la respectiva ideología para mantener la dominación, hasta ahora machista. Nos negamos a derrocar un sistema de opresión para sustituirlo por otro de signo opuesto.</p>
<p style="text-align: justify;">Rechazamos la mercantilización de esta lucha por parte de los distintos agentes del capitalismo (prensa, mercado, políticos…) y queremos proponer una respuesta al clima lúdico-superficial con que se vive la protesta del Orgullo Gay. Recordando y solidarizándonos con todas las víctimas de la opresión, abusos y discriminación por razón de identidad sexual, género, preferencia… o cualquier otra decisión privada en la que nadie tiene derecho a incidir.</p>
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		<title>La ley policéntrica entre los celtas</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2011/02/la-ley-policentrica-entre-los-celtas/</link>
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		<pubDate>Sat, 26 Feb 2011 15:03:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Justicia]]></category>

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		<description><![CDATA[En Los celtas: una aproximación, trato brevemente el sistema jurídico de los celtas (apartado VII): Legalmente, todos los hombres libres tenían un precio de honor; es decir, una valoración de su dignididad (prestigio o peso específico en la comunidad), directamente relacionado con su riqueza material, que servía para determinar la compensación que recibirían en caso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2011/02/transport-char1b.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-3284" title="transport-char1b" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2011/02/transport-char1b-300x215.jpg" alt="" width="170" height="121" /></a></p>
<p>En <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2011/02/los-celtas-una-aproximacion_24.html"><span style="text-decoration: underline;"><em>Los celtas: una aproximación</em></span></a>, trato brevemente el sistema jurídico de los celtas (apartado VII):</p>
<blockquote><p>Legalmente, todos los hombres  libres tenían un precio de honor; es decir, una valoración de su  dignididad (prestigio o peso específico en la comunidad), directamente  relacionado con su riqueza material, que servía para determinar la  compensación que recibirían en caso de agravio. Aunque en época de la  conquista romana estaban en proceso de constituirlo, los celtas  desconocieron el Estado en sentido estricto. No había administración ni  mecanismos públicos de cumplimiento de la ley, y la obtención de  compensaciones por agravio era responsabilidad de la familia a la que  pertenecían las partes enfrentadas.</p>
<p>Apesar de ello, los celtas  [1] fueron capaces de garantizar cierta paz social a través de diversos  mecanismos. En primer lugar, existía una clase de magistrados (llamados <em>brithem</em> en Irlanda) encargada de recitar la ley tradicional y de arbitrar en  las disputas familiares. Como los linajes debían cargar en su conjunto  con los costes de defender a sus agresores o vengar a sus víctimas, eran  especialmente proclives a aceptar el arbitraje de los brithem,  de los druidas o de los reyes. Una vez solicitado voluntariamente el  arbitraje, desobedecer la sentencia judicial implicaba ser excluido de  los sacrificios y privado del honor y de la sociedad normal, como bien  nos dice César. Así, la responsabilidad familiar, la propia  venerabilidad de la ley (y de sus ponentes) y el ostracismo eran  incentivos suficientes para garantizar la estabilidad institucional.</p></blockquote>
<p>Para el contexto general donde surge este sistema jurídico, podéis leer el post entero en <a href="http://societasmaris.blogspot.com">Societas Maris</a>. Aunque no trato extensamente el tema (no era mi intención), implícitamente se sugieren algunos factores que podían alterar su funcionamiento: la presión demográfica y la conflictividad intertribal promovían los comportamientos violentos, como se aprecia en las fuentes irlandesas y clásicas; y las economías de escala en la provisión de defensa militar fueron acentuando el poder de la autoridad central en detrimento de las tribus (aunque este proceso no llegó a concluirse hasta después de la conquista romana, ya se aprecia en la Galia).</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
<p>[1]: Como otras sociedades tribales: los romanos y los griegos antes que  ellos, los árabes hasta tiempos de Mahoma, etc. Por ejemplo, en las  leyes de la Atenas clásica todavía se conservaban resquicios de la  responsabilidad familiar sobre sus miembros.</p>
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		<title>La transición hacia el capitalismo en el siglo XXI</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2011/02/la-transicion-hacia-el-capitalismo-en-el-siglo-xxi/</link>
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		<pubDate>Thu, 17 Feb 2011 22:30:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Como vislumbrábamos en El capitalismo como orden espontáneo, éste aparece como resultado no intencionado de la interacción del Estado con otros grupos sociales. Ante la imperiosa necesidad de reclutar o pagar inmediatamente grandes ejércitos de mercenarios y artilleros, los Estados modernos (ss. XVI y XVII) tendieron a conceder privilegios a largo plazo a cambio de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" src="http://agrasoils.com/sitebuildercontent/sitebuilderpictures/AfricanVillageFarming.jpg" alt="" width="218" height="140" /></p>
<p>Como vislumbrábamos en <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2010/12/el-capitalismo-como-orden-espontaneo.html"><span style="text-decoration: underline;"><em>El capitalismo como orden espontáneo</em></span></a>, éste aparece como resultado no intencionado de la interacción del Estado con otros grupos sociales. Ante la imperiosa necesidad de reclutar o pagar inmediatamente grandes ejércitos de mercenarios y artilleros, los Estados modernos (ss. XVI y XVII) tendieron a conceder privilegios a largo plazo a cambio de grandes contribuciones fiscales a corto plazo. Así, vemos a Carlos V conceder <em>asientos</em> sobre el comercio de las Indias a sus banqueros alemanes (en 1528, los Ehingen de Constanza obtienen el monopolio sobre el tráfico de esclavos, entre otros); o a Colbert, el ministro todopoderoso de Luis XIV, decretar todo tipo de privilegios a los comerciantes y manufactureros franceses con el fin de financiar la guerra contra Holanda e Inglaterra. La preocupación de esta época es, ante todo, &#8220;dotar a los contribuyentes del dinero suficiente para pagar sus impuestos&#8221;, y el método más rápido consiste en promover beneficios artificialmente elevados a base de privilegios y monopolios.</p>
<p>A iguales incentivos, los estados subdesarrollados del siglo XXI están respondiendo con las mismas estrategias que sus homólogos de antaño, acelerando inconscientemente la transición hacia el capitalismo, concentrando la riqueza en pocas manos y empobreciendo a sus ciudadanos (¿o más bien súbditos?). Gracias al maravilloso archivo que ha abierto <em>El País</em> con <a href="http://www.elpais.com/articulo/internacional/Cable/EE/UU/hace/pormenorizado/analisis/situacion/economica/Guinea/elpepuint/20110210elpepuint_17/Tes"><span style="text-decoration: underline;"><em>documentos de Wikileaks</em></span></a>, llego a este cable de la embajada estadounidense en Guinea donde se informa de las actividades del gobierno de este país:</p>
<blockquote><p><strong>Land, operating licenses and import concessions were common forms of &#8220;payment&#8221; to ministers and other ranking officials during a period when &#8220;there was often no money to pay salaries&#8221;</strong>. The practice began with EG government seizure of &#8220;abandoned&#8221; Spanish colonial holdings &#8212; and their subsequent redistribution to officials as a means of compensation.  As testament to the then-prevailing level of abject poverty, former U.S. Ambassador<br />
to EG Chester Norris (1989-1992) relates having to personally loan money to President Obiang himself so he could &#8220;buy gasoline to go to local political events.&#8221;</p></blockquote>
<p>Los marxistas deberían dejar de pensar en el Estado como una espada que cambia de manos en función de la clase económica dominante: en gran parte, es él quien marca la aparición de esas &#8220;clases económicas dominantes&#8221; a partir de sus propios intereses. Los archivos de toda Europa -y ahora Wikileaks- lo prueban sobradamente. Por eso soy mutualista.</p>
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		<title>Las corrientes del mutualismo</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2011/02/las-corrientes-del-mutualismo/</link>
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		<pubDate>Sat, 12 Feb 2011 16:46:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto García</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Mutualismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Si tomamos el año de 1840 como el del nacimiento del mutualismo por ser cuando publicó el francés Pierre-Joseph Proudhon su libro ¿Qué es la propiedad?, podemos decir que es una ideología con más de 170 años de historia a sus espaldas. En todo este tiempo son numerosos los autores que han escrito y opinado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a title="Gustave Courbet [Public domain], via Wikimedia Commons" href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Portrait_of_Pierre_Joseph_Proudhon_1865.jpg"><img class="alignright" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/ea/Portrait_of_Pierre_Joseph_Proudhon_1865.jpg" alt="Portrait of Pierre Joseph Proudhon 1865" width="128" height="168" /></a> Si tomamos el año de 1840 como el del nacimiento del mutualismo por ser cuando publicó el francés Pierre-Joseph Proudhon su libro <em>¿Qué es la propiedad?</em>, podemos decir que es una ideología con más de 170 años de historia a sus espaldas. En todo este tiempo son numerosos los autores que han escrito y opinado desde las filas mutualistas y puede ser buen momento ahora que el parece que el mutualismo ha vuelto para quedarse, tratar de establecer una aproximación de las diferentes corrientes y variedades que componen esta doctrina y sus peculiaridades.</p>
<p>Como se ha dicho el <strong>mutualismo clásico</strong> nace a mediados del siglo XIX en Europa de la mano de Proudhon y en los Estados Unidos con Josiah Warren (aunque hay que señalar la existencia de notables precursores como el inglés Thomas Hodgskin), quienes de forma independiente esbozan una serie de doctrinas críticas con el capitalismo pero que rechazan también las vías de tipo más comunista. Sus ideas se inspiran en la economía política del Adam Smith y David Ricardo y así basándose en la teoría laboral del valor condenaron la renta, el lucro y el interés. También rechazaron la teoría de la propiedad privada de John Locke para proponer otro estándar de propiedad privada basado en la ocupación y el uso.</p>
<p>Los autores posteriores a Smith y Ricardo se habían desviado de la senda marcada por aquellos y se dirigieron por los derroteros que Karl Marx llamó &#8220;economía política vulgar&#8221;, haciendo un uso de la ideología del libre mercado para justificar y hacer apología de la opulencia y el <em>statu quo</em> de la burguesía industrial y financiera. Si con Smith y Ricardo la economía política había servido para criticar a las clases dominantes de la era mercantilista, ahora era usada para defender a las de la era capitalista. Proudhon y Warren también lo vieron así y así es como Benjamin Tucker escribió sobre ellos: [1]</p>
<blockquote><p>[...] acusaron a los economistas de tener miedo de su propia doctrina. Llamaron inconsecuentes a los seguidores de la Escuela de Manchester ya que creían en la libre competencia entre los trabajadores para reducir sus salarios, pero no en la libre competencia entre los capitalistas para reducir su usura.</p>
<p>[...]</p>
<p>En consecuencia, levantaron la bandera de la Libertad Absoluta de Comercio, tanto del comercio nacional como del internacional, convirtiendo, así, al laissez faire en regla universal y llevando la doctrina de Manchester hasta sus últimas consecuencias lógicas.</p></blockquote>
<p>Benjamin Tucker introdujo en los Estados Unidos el pensamiento de Proudhon. Tucker, editor de un periódico llamado <em>Liberty</em> en Boston en el que también escribieron otros notables autores, a saber: Lysander Spooner, Auberon Herbert, Joshua K. Ingalls, John Henry Mackay, Victor Yarros, Wordsworth Donisthorpe, James L. Walker, J. William Lloyd, Florence Finch Kelly, Voltairine de Cleyre, Steven T. Byington, John Beverley Robinson, Jo Labadie, Lillian Harman, Dora Marsden, Gertrude B. Kelly, Henry Appleton, John F. Kelly, Sidney H. Morse, y William J. Lloyd, [2] legó al mutualismo clásico el análisis de los cuatro grandes monopolios, propiedad de la tierra, banca, patentes y tarifas, sobre los que se asentaba el capitalismo.</p>
<p>Las recetas de los mutualistas para superar el capitalismo se basaban en la abolición de los monopolios económicos y en la consecución de una oferta de crédito sin intereses como consecuencia de la competencia derivada de la caída del monopolio de la banca. William B. Greene publicaba en 1870 su libro <em>Banca mutua</em> en el que plasmaba un escenario propicio a estas ideas. Se puede decir, en definitiva, que el mutualismo clásico es una especie de intento de <em>dar la vuelta a la tortilla</em> a los postulados de los economistas posricardianos y lanzar una fuerte crítica al capitalismo con ellos.</p>
<p>Sin embargo, las recetas mutualistas no fueron los únicas prescritas contra los males del capitalismo. El también estadounidense Henry George propuso la aplicación de un único impuesto para compensar el monopolio de la tierrra. Existiendo cercanía entre Henry George y sus paisanos mutualistas, se pueda hablar de <strong>geomutualismo</strong> [3] a la unión de las teorías de los mutualistas con la idea del impuesto único sobre la tierra de los georgistas como vía para reducir el estatismo.</p>
<p><a title="By unknown  User Ixitixel on de.wikipedia [Public domain], via Wikimedia Commons" href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Silvio_Gesell_(1895).jpg"><img class="alignleft" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/ee/Silvio_Gesell_%281895%29.jpg" alt="Silvio Gesell (1895)" width="128" height="162" /></a> El mutualismo decayó a principios del siglo XX hasta casi desaparecer, sin embargo a partir de 1916, la forma de entender la economía desarrollada por el alemán Silvio Gesell, conocida habitualmente como la libre economía, volvió a dar impulso a las viejas ideas mutualistas. Se puede decir que la libre economía constituye una evolución del mutualismo clásico. Gesell, al igual que los autores clásicos critica el interés y la propiedad lockeana planteando una alternativa, la libre tierra, de similares concepciones a la de Proudhon y Henry George, introducido éste en Alemania por Michael Flürschein y Adolf Damaschke. Pero además Gesell, de quien Keynes llegó a decir <em>&#8220;Creo que los pensamientos de Gesell serán en el futuro más importantes que los de Marx&#8221;</em>, veía también un problema en el sistema monetario ya que para él la acumulación de dinero podía distorsionar las leyes del mercado y para paliarlo introdujo el concepto del dinero oxidable, como señaló Werner Onken [4]:</p>
<blockquote><p>[...] propuso una modificación institucional del dinero de forma que retener dinero costara y quedasen neutralizadas las prerrogativas de la liquidez y el acaparamiento. Tan pronto se grave al dinero atesorado con un impuesto —comparable al que deben pagar los vagones inmóviles— perderá predominio sobre el mercado y pasará a efectuar solamente las funciones con que debe servir como medio de trueque. Mientras su circulación no sea entorpecida por maniobras especulativas será posible regular de tal manera su flujo frente a la cantidad de bienes que el poder adquisitivo se conserve mucho tiempo tan estable como los pesos y medidas.</p></blockquote>
<p>No se debe entender tampoco como que esa evolución del mutualismo clásico que condujo al <strong>mutualismo geseliano</strong> de la libre economía, calase entre todos los mutualistas. Efectivamente, a día de hoy no todos los que se consideran mutualistas son partidarios de la oxidación habiendo bastante escepticismo sobre esas ideas además, en aquellos mutualistas que se han visto influidos por las ideas monetarias de la escuela austríaca, aunque también se ha visto algún intento de reconciliación entre unas tesis y otras. Alberto Jaura decía a este respecto: [5]</p>
<blockquote><p>El parlamentario conservador del Reino Unido Steve Baker explica en un artículo muy claramente cómo sería la situación, refiriéndose a un proyecto de ley que impondría el coeficiente de caja 100% (la negrita es mía):</p>
<blockquote><p>Nuestro proyecto de ley Reglamentario de Depósitos y Préstamos permitiría, a los británicos, elegir cómo se utiliza su dinero. Tendrían la opción ya sea de depositar su dinero en custodia, o de guardarlo por un período que el banco lo podría invertir a renglón seguido. Si la custodia es su elección, usted podrá tener su dinero de regreso al solicitarlo. Sus derechos de propiedad estarían intactos – seguiría siendo el dueño de su depósito. <strong>Usted probablemente no ganaría intereses, de hecho podría tener que pagar por el privilegio de acceder directamente a él a través de sucursales y cajeros automáticos.</strong> Sin embargo, si usted quisiera un rendimiento, podría optar por en cambio depositar su dinero por un período de tiempo. El banco podría invertirlo de nuevos, con lo cual usted tendría, potencialmente, un nuevo ingreso.</p></blockquote>
<p>Esta reflexión saca a la luz un vínculo desconocido entre la Escuela Austríaca y la economía Geselliana. Los Austríacos son partidarios del patrón oro. Los gesellianos son partidarios del dinero oxidable, un tipo de dinero fiduciario cuyo valor disminuye según un sistema convenido, de modo que el ahorro esta penalizado y el dinero siempre está en circulación. Según las observaciones que he hecho, semejante dinero fiduciario no sería necesario, sino que el patrón oro junto con la privatización del dinero haría que el dinero fuese oxidable sin más que añadir. Ambas propuestas son compatibles.</p></blockquote>
<p>De acuerdo con Víctor Logos, con el libro <em>Estudios sobre la economía política mutualista</em> de Kevin Carson publicado en el año 2004 se inció la corriente del <strong>mutualismo austríaco</strong>. [6]</p>
<blockquote><p>El mutualismo austriaco se puede considerar como un intento de incorporar las nuevas herramientas de análisis que aportaron los economistas de Viena, sin alterar el corpus del mutualismo clásico. Se puede decir que este fenómeno comenzó con la publicación por Kevin Carson de Studies in Mutualist Political Economy, en el que el autor incorporaba ya algunos elementos austriacos en la teoría del valor-trabajo, aunque sin duda el &#8220;mutualismo austriaco&#8221; puede ir mucho más allá en la asimilación de conceptos económicos (no juicios de valor) austriacos, sin apenas modificarse.</p></blockquote>
<p>Al igual de lo que pasaba con la corriente clásica, el mutualismo austríaco se propone criticar el capitalismo usando los postulados de los propios economistas partidarios del capitalismo. Para Carson, la ideología del libre mercado con fines apologéticos para justificar la desigualdad económica producto precisamente de la ausencia de libertad de mercado es lo que él llama &#8220;liberalismo vulgar&#8221; en honor a la &#8220;economía política vulgar&#8221; descrita por Marx.</p>
<p>Carson es el último teórico del mutualismo y posiblemente el más completo. Sus actualizaciones subjetivistas a la teoría mutualista clásica sirven [7] para dar respuesta a algunas objeciones [8] puestas al socialismo libertario y además ha desarrollado la idea de los cuatro grandes monopolios de Tucker como sostén del capitalismo añadiendo los subsidios al transporte. Puede incluirse dentro de la corriente clásica al seguir la teoría laboral del valor y del mutualismo austríaco, al haber hecho de ella una actualización subjetivista. Además ha escrito sobre teoría de la organización desde una perspectiva libertaria. Todo ello lo hace merecedor de hablar de sus ideas como una subcorriente, el <strong>mutualismo carsoniano</strong>, de la que se ha hablado a veces como <strong>neomutualismo</strong> [9] por adaptar la vieja doctrina decimonónica a las peculiaridades económicas del siglo XXI.</p>
<blockquote><p>En el siglo XIX, dada la política restrictiva de los bancos, era comprensible que los mutualistas cobijasen grandes esperanzas acerca de la liberación del sector. De forma similar, el papel de la expropiación de tierras a la hora de crear una masa de proletarios miserables, o la migración constante, en América, de los trabajadores peor remunerados con el fin de colonizar nuevas tierras (Marx, 1867), había creado la impresión de que la abolición del monopolio de la tierra convertiría a la mayoría de la población, automáticamente, en propietaria de su propio medio de vida. Sin embargo, el peso histórico de estos factores ha decrecido a lo largo del siglo XX; y, en plena globalización, el papel de la subvención de insumos, las barreras de entrada o el sistema de patentes a escala internacional ha aumentado considerablemente a la hora de explicar el capitalismo corporativo. Solo en este sentido puede hablarse de un mutualismo nuevo, de un &#8220;neomutualismo&#8221;, acondicionado a las nuevas circunstancias.</p></blockquote>
<p>Hay que destacar la existencia de mutualistas que, yendo más allá que Carson, han desechado la teoría laboral del valor por la teoría del valor marginal aún siendo críticos del capitalismo y que se encuentran muy próximos a los rothbardianos de izquierdas y los agoristas.</p>
<p>Por último existen en la actualidad diversos autores con ideas y descripciones que al menos en algunos puntos pueden aproximarse a las tesis mutualistas. Entre estas descripciones, que podrían ser parte de un <strong>mutualismo heterodoxo</strong>, cabrían la tesis de la disipación de rentas del &#8220;capitalismo que viene&#8221; de Juan Urrutia [10] o la democracia económica presente en las filés de las que habla David de Ugarte, [11] ambos economistas españoles de la escuela indiana.</p>
<p>———-</p>
<p>[1] Benjamin Tucker: Socialismo de Estado y anarquismo en qué coinciden y en qué difieren <a href="http://es.wikisource.org/wiki/Socialismo_de_Estado_y_anarquismo">http://es.wikisource.org/wiki/Socialismo_de_Estado_y_anarquismo</a><br />
[2] Wikipedia: Entrada sobre el periódico <em>Liberty</em> <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Liberty_%281881%E2%80%931908%29">http://es.wikipedia.org/wiki/Liberty_%281881%E2%80%931908%29</a><br />
[3] Jock Coats: Geo-mutualism: the explanation <a href="http://jockcoats.me/geo_mutualism_explanation">http://jockcoats.me/geo_mutualism_explanation</a><br />
[4] Werner Onken: Economía de mercado sin capitalismo <a href="http://userpage.fu-berlin.de/~roehrigw/spanisch/spa4.htm">http://userpage.fu-berlin.de/~roehrigw/spanisch/spa4.htm</a><br />
[5] Alberto Jaura: Robert Zoellick, el patrón oro y el dinero oxidable <a href="http://www.mutualismo.org/2010/12/robert-zoellick-el-patron-oro-y-el-dinero-oxidable/">http://www.mutualismo.org/2010/12/robert-zoellick-el-patron-oro-y-el-dinero-oxidable/</a><br />
[6] Víctor Logos: El mutualismo austríaco <a href="http://www.mutualismo.org/2008/08/el-mutualismo-austriaco/">http://www.mutualismo.org/2008/08/el-mutualismo-austriaco/</a><br />
[7] Alberto García: Sobre la crícia de Per Bylund al anarquismo socialista <a href="http://www.mutualismo.org/2010/11/sobre-la-critica-de-per-bylund-al-anarquismo-socialista/">http://www.mutualismo.org/2010/11/sobre-la-critica-de-per-bylund-al-anarquismo-socialista/</a><br />
[8] Per Bylund: El problema del anarquismo socialista <a href="http://mises.org/Community/blogs/euribe/archive/2010/08/01/el-problema-del-anarquismo-socialista.aspx">http://mises.org/Community/blogs/euribe/archive/2010/08/01/el-problema-del-anarquismo-socialista.aspx</a><br />
[9] Víctor Logos: Historia del análisis mutualista: de Thomas Hodgskin a Kevin Carson <a href="http://www.mutualismo.org/2010/09/historia-del-analisis-mutualista-de-thomas-hodgskin-a-kevin-carson-2/">http://www.mutualismo.org/2010/09/historia-del-analisis-mutualista-de-thomas-hodgskin-a-kevin-carson-2/</a><br />
[10] Juan Urrutia: El capitalismo que viene <a href="http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalismo/primigenia.html">http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalismo/primigenia.html</a><br />
[11] David de Ugarte: Filés; democracia económica en el siglo de las redes <a href="http://deugarte.com/gomi/files.pdf">http://deugarte.com/gomi/files.pdf</a></p>
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		<title>El gran movimiento de nuestro siglo</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Feb 2011 17:07:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[(Lo escribí pensando originalmente en Societas Maris, pero creo que también es un asunto interesante para tratar desde un prisma mutualista). Desde el descubrimiento de América, el Atlántico ha pasado de ser un apéndice del Mediterráneo a convertirse en la arteria líquida del gran comercio internacional: Lisboa, Sevilla y Amberes; más tarde Amsterdam y Londres, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/aa/Singapur_nocturno.JPG" alt="" width="215" height="142" /></p>
<p>(Lo escribí pensando originalmente en <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2011/02/el-gran-movimiento-de-nuestro-siglo.html"><span style="text-decoration: underline;"><em>Societas Maris</em></span></a>, pero creo que también es un asunto interesante para tratar desde un prisma mutualista).</p>
<p>Desde el descubrimiento de América, el Atlántico ha pasado de ser un apéndice del Mediterráneo a convertirse en la arteria líquida del gran comercio  internacional: Lisboa, Sevilla y Amberes; más tarde Amsterdam y Londres,  fueron eclipsando, paulatinamente, el protagonismo de viejas ciudades  mercantiles como Génova, Venecia o Barcelona. Algo lógico, si pensamos  que, a largo plazo, Norteamérica y Europa se convertirán en las  civilizaciones más ricas y productivas del planeta. Ya en el siglo XIX,  la &#8216;invasión&#8217; de productos agrícolas e industriales procedentes de  Estados Unidos aterroriza a los terratenientes y empresarios europeos,  que sin embargo continúan haciendo buenos negocios en los puertos de  Boston y Nueva York. El Atlántico se encuentra en su Edad de oro. Pero  del mismo modo que éste vino para reemplazar al Mediterráneo, ahora el  Pacífico está socabando la prosperidad relativa del Atlántico; es el  gran movimiento de nuestro siglo, iniciado tímidamente por los españoles en el siglo XVI, con el galeón de Manila.</p>
<p>Conforme la producción  industrial y el nivel de vida de países como  India, China o Corea del  sur aumenta, los intercambios de estos  países entre sí y con las costas  orientales de Estados Unidos están  alejando las grandes corrientes  comerciales de la vieja (y anquilosada)  Europa. Al calor de este  desplazamiento, los puntos intermedios del  tráfico marítimo se ven  salpicados de pequeños estados (incluso ciudades-estado) como  Singapur y  Hong Kong que, relativamente autónomas respecto a los grandes  Estados  territoriales del interior, no dejan de recordarnos a las repúblicas  italianas de la Edad Media. Sólo tenemos que reemplazar la vela latina  por el motor a gasoil; los toneles y las bolsas de piel por los grandes  container. Como sus homólogas medievales, son centros financieros y   comerciales de escala mundial que basan su prosperidad, además de en la  geografía, en una política  de impuestos bajos.</p>
<p>Al tiempo que  Europa decae en términos relativos, aplastada por el peso de las  regulaciones, el fisco y la inflación, otras áreas se ven bendecidas por  el nuevo rumbo de la economía-mundo. Australia, que antes creíamos en  el fin del mundo, se encuentra bien situada para aprovechar la  oportunidad; a largo plazo, las costas orientales de Centro y Sudamérica  (y en menor medida, el área del Caribe, situada a las bocas del canal  de Panamá) están llamadas a un destino similar, mientras que Mozambique,  Tanzania, Kenia, Somalia o Etiopía pueden esperar que su situación se  alivie a un plazo mayor, conforme la riqueza de Asia estimula su  agricultura y su industria.</p>
<p>Los principales enigmas que rodean a este gran movimiento secular son, sin duda, dos:</p>
<p>1)  Qué sucederá con el modelo europeo de Estado del bienestar. Puesto que  la economía-mundo bascula hacia el Pacífico, la nueva distribución de la  riqueza parece beneficiar a  Estados relativamente menos intervencionistas, o donde la intervención  estatal se enfoca hacia otros sectores. Esto, además, podría vincularse  con el gran debate que existe en Estados Unidos en torno a la relación  del Estado y el individuo, sin duda como reacción frente al programa  electoral de Obama (reforma sanitaria, etc.), pero que forma parte de un  conflicto más amplio entre los valores europeos y los &#8220;genuinamente  americanos&#8221;.</p>
<p>2) Qué sucederá con los países islámicos. En estos  momentos, muchos de ellos se ven sacudidos por auténticas revueltas que  amenazan con derrocar a sus gobiernos, y es imposible predecir en qué  dirección se decantarán los acontecimientos: quizá seamos testigos de  una nueva ola de islamismo que amenace el frágil equilibrio de Oriente  Próximo; quizá, a largo plazo, se introduzcan reformas democráticas que  garanticen cierta estabilidad institucional y permitan aprovechar su  situación geográfica en la nueva economía-mundo.</p>
<p>Ante movimientos tan amplios sería temerario realizar cualquier predicción, pero para transformar el mundo hay que conocerlo.</p>
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		<title>El comercio marítimo en época precapitalista</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Dec 2010 23:11:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Organización]]></category>

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		<description><![CDATA[Más en Societas Maris (puede tomarse como una reflexión previa a El capitalismo como orden espontáneo): En el post anterior decíamos que una de las características del capitalismo es la generalización del trabajo asalariado. Alguno puede pensar que se trata de una quimera; quizá fuese más reducido, acosado por el señorío feudal y la reglamentación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" src="http://1.bp.blogspot.com/_j_YhuEM8utU/TQvee820AII/AAAAAAAAAFM/BelUgoVDeeE/s1600/images.jpg" alt="" width="126" height="172" /></p>
<p>Más en <a href="http://societasmaris.blogspot.com"><span style="text-decoration: underline;"><em>Societas Maris</em></span></a> (puede tomarse como una reflexión previa a <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2010/12/el-capitalismo-como-orden-espontaneo.html"><span style="text-decoration: underline;"><em>El capitalismo como orden espontáneo</em></span></a>):</p>
<blockquote><p>En el post anterior decíamos que una de las características del  capitalismo es la generalización del trabajo asalariado. Alguno puede  pensar que se trata de una quimera; quizá fuese más reducido, acosado  por el señorío feudal y la reglamentación de los gremios, pero indiscutible en las relaciones económicas  más complejas. Lo cierto es que no: en invierno, los campesinos  elaboraban en casa gran parte de los tejidos que vestían a la población  urbana; durante la Edad Media, los convoyes de comerciantes que  recorrían Europa compartían pérdidas y ganancias, etc. El trabajo  asalariado existía, desde luego, pero cumplía funciones auxiliares.</p>
<p>El  caso del comercio marítimo es especialmente interesante: tal y como  recogen las Tablas de Amalfi [1], no existía una diferencia tajante  entre armadores, marineros y mercaderes; todos eran socios de la  empresa, traficaban por cuenta propia o común y poseían voz y voto en la  administración del navío. Recientemente descubro en Comercio y navegación entre España y las Indias,  de Clarence H. Haring, que aquel sistema todavía era habitual en los  galeones de la Carrera de Indias durante el siglo XVI. De hecho, no deja  de recordar a los usos de la piratería en época de Henry Morgan y  Barbanegra, uno y dos siglos después.</p></blockquote>
<p>Podéis leerlo entero <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2010/12/el-comercio-maritimo-en-epoca.html"><span style="text-decoration: underline;"><em>aquí</em></span></a>.</p>
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		<title>El capitalismo como orden espontáneo: una breve reflexión</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2010/12/el-capitalismo-como-orden-espontaneo-una-breve-reflexion/</link>
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		<pubDate>Sun, 05 Dec 2010 20:56:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[Nuevo post en Societas Maris sobre el capitalismo: Marx (y tras él, Wallenstein) creía que su origen había que buscarlo en el siglo XVI; Braudel lo retrotraía al siglo XIII, época del imperio veneciano. En cualquier caso, creo que el capitalismo debería estudiarse a la luz del historiador antes que del economista: es el resultado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" title="Barco holandés de la Compañía de las Indias Orientales (VOC)" src="http://1.bp.blogspot.com/_j_YhuEM8utU/TPvpq4E8UoI/AAAAAAAAAFE/JiOrJ5efxi4/s200/Jship.jpg" alt="" width="200" height="200" /></p>
<p>Nuevo post en <a href="http://societasmaris.blogspot.com"><span style="text-decoration: underline;"><em>Societas Maris</em></span></a> sobre el capitalismo:</p>
<blockquote><p>Marx (y tras él, Wallenstein) creía que su origen había que buscarlo en  el siglo XVI; Braudel lo retrotraía al siglo XIII, época del imperio  veneciano. En cualquier caso, creo que el capitalismo debería estudiarse a la luz del historiador antes que del economista:  es el resultado de la interacción de diferentes grupos que, tratando de  perpetuar o extender sus prerrogativas, dieron lugar a un orden social  no previsto por ellos mismos. Sería interesante investigar cómo los  monarcas medievales y modernos concedían privilegios a sus ciudades,  gremios o comerciantes a cambio de subsidios; cómo Inglaterra elevó los  aranceles a la exportación de lanas para financiar la Guerra de los Cien  años; cómo se expropió a los monasterios y comunales para engrosar el  fisco; o cómo los prestamistas e intermediarios obtenían privilegios a  cambio de sus servicios (los genoveses de España, los venecianos de  Bizancio y el Imperio turco, los lyoneses de Francia, etc.).</p>
<p>Este proceso (&#8220;de tiempo largo&#8221;, como diría Braudel) supera el ámbito  económico: implica intercambios políticos entre diversos grupos, donde  unos obtienen obediencia a cambio de promoción social, beneficios a  largo plazo a cambio de subsidios a corto plazo, etc. El resultado final  es la aparición de nuevas relaciones de producción, nuevos Estados (los  Estados-nación) y nuevas formas de pensamiento; es decir, el  capitalismo en toda su extensión.</p></blockquote>
<p>Podéis leerlo entero <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2010/12/el-capitalismo-como-orden-espontaneo.html"><span style="text-decoration: underline;"><em>aquí</em></span></a>.</p>
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		<title>Defensa nacional y free riders</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2010/11/defensa-nacional-free-riders-e-historia/</link>
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		<pubDate>Thu, 25 Nov 2010 20:49:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
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		<description><![CDATA[En La guerra y el futuro de la ley policéntrica y Defensa nacional y bienes públicos ya hablamos sobre los problemas de defensa exterior a que se enfrenta una comunidad regida por contratos voluntarios. Robert P. Thomas y Douglass C. North (de quien también hemos hablado aquí) resumen bien el argumento en El nacimiento del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" src="http://2.bp.blogspot.com/_ONq3xPmWcaA/SaaTcH3dRqI/AAAAAAAAA9A/OWSXqXtkD78/s320/trirreme_griega111.jpg" alt="" width="222" height="142" /></p>
<p>En <a href="http://www.mutualismo.org/2009/09/la-guerra-y-el-futuro-de-la-ley-policentrica/"><span style="text-decoration: underline;"><em>La guerra y el futuro de la ley policéntrica</em></span></a> y <a href="http://www.mutualismo.org/2009/09/defensa-nacional-y-bienes-publicos/"><span style="text-decoration: underline;"><em>Defensa nacional y bienes públicos</em></span></a> ya hablamos sobre los problemas de defensa exterior a que se enfrenta una comunidad regida por contratos voluntarios. Robert P. Thomas y Douglass C. North (de quien también hemos hablado <a href="http://www.mutualismo.org/2010/06/estabilidad-institucional-en-una-sociedad-sin-estado/"><span style="text-decoration: underline;"><em>aquí</em></span></a>) resumen bien el argumento en <em>El nacimiento del mundo occidental </em>(p.14):</p>
<blockquote><p>Podemos considerar el gobierno sencillamente como una organización que ofrece justicia y protección a cambio de ingresos. Esto es, nosotros pagamos al gobierno para que establezca y haga cumplir los derechos de propiedad. Aunque, ciertamente, ciertos grupos voluntarios pueden proteger los derechos de propiedad en una escala reducida, resulta casi inimaginable que se pueda obligar a que sean respetados de forma general sin la autoridad del gobierno. Veamos las razones. Desde que el nomadismo dejó paso a los asentamientos agrícolas, el hombre encontró dos maneras de adquirir bienes y servicios: podía producirlos o robárselos a los demás. En el último caso la coacción era un mecanismo para la redistribución de la riqueza y la renta. ante la amenaza de los bandoleros, la respuesta de los productores de bienes y servicios consistió en invertir en defensa militar. Pero la construcción de fortalezas y el aislamiento de soldados hizo surgir inmediatamente el problema del <em><strong>free rider</strong></em>. Como realmente resultaba difícil establecer fortalezas y tropas para proteger a algunos vecinos sin proteger a todos, si las contribuciones se establecían sobre una base voluntaria todos encontraban más ventajoso dejar que pagase el vecino. Así pues, la defensa, como caso clásico de bien público, implica el problema de excluir de los beneficios a terceros. <strong>La solución más eficaz fue -y continúa siéndolo- la creación de una autoridad gubernamental y la contribución obligatoria por parte de todos los beneficiarios</strong>.</p></blockquote>
<p>La explicación es esencialmente correcta, pero los autores hacen una extrapolación injustificada: si bien reconocen que el Estado nace en un contexto tecnológico y organizativo muy específico (el período que va del Neolítico a la Edad de los metales), en el que las organizaciones voluntarias son incapaces de excluir a los <em>free riders</em>, a continuación pasan a considerar que el Estado es igualmente necesario en la actualidad, a pesar de que las condiciones tecnológicas y organizativas son notablemente distintas.</p>
<p>Estoy de acuerdo con los autores en que, dado un contexto militar donde la única forma de defenderse consiste en construir murallas y pagar el reclutamiento de soldados, el Estado quizá sea necesario para excluir a los free riders que se nieguen a contribuir en la defensa. Esto todavía admite dudas, al menos en el Neolítico, cuando poblados como Çatal Huyuk -actual Turquía- solventaron hasta cierto punto el problema de los free riders apiñando las casas entre sí, suprimiendo las calles y formando una especie de muralla natural de cara al exterior, de forma que todos los vecinos estuvieran obligados, por razones obvias, a contribuir en la defensa exterior. Sin embargo, como los arqueólogos consideran que esa &#8220;muralla de viviendas&#8221; no debía disuadir más que pequeñas incursiones o ataques de animales salvajes, podemos coincidir con North en lo esencial.</p>
<p>Pero aun así, es evidente que en la actualidad no necesitamos murallas para delimitar el área de los Estados; que la tecnología permite coordinar a bajo coste grandes cantidades de trabajo mediante Internet o telefonía móvil; y que la eficiencia de las organizaciones voluntarias ha aumentado enormemente gracias a la aparición de compañías de seguros, etc.</p>
<p>Una compañía libertaria de defensa podría excluir a los <em>free riders</em> de diversas formas: negándoles la restitución de sus bienes destruidos o expoliados, restringiendo su acceso a refugios antiaéreos propiedad de la compañía, etc. Pero ni siquiera sería necesario excluirlos si los beneficios privados superasen los costes privados, aun cuando los beneficios sociales fueran proporcionalmente mayores (es decir, a pesar de que persistieran free riders que se benefician del servicio sin soportar su coste). Probablemente las empresas e individuos más ricos, al percibir la guerra como más perjudicial en términos absolutos, patrocinen a las compañías de defensa a cambio de publicidad y prestigio ante su comunidad. Roderick Long cuestionaba que alguien tuviera más incentivos que Coca-Cola en patrocinar la defensa de Estados Unidos frente ataques externos, pero la cuestión bien podría plantearse en término de redes cooperativas o empresas ubicadas en zonas geográficamente comprometidas (más susceptibles de sufrir daños y, por tanto, más proclives a invertir en su prevención).</p>
<p>Si la Atenas clásica pagaba sus trirremes fiscalizando a los acaudalados terratenientes, es posible que una sociedad libertaria pague sus tanques y aviones incentivando a los más ricos a que, de forma voluntaria, inviertan en la defensa de sus propiedades. Si la publicidad ya sufraga competiciones deportivas o excavaciones arqueológicas, ¿por qué no iba a permitir la defensa frente a agresiones externas?</p>
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		<title>Huerta de Soto habla del Imperio Romano</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2010/11/huerta-de-soto-habla-del-imperio-romano/</link>
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		<pubDate>Mon, 15 Nov 2010 16:08:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Jaura</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Imperio Romano]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Huerta de Soto]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="500" height="306"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/e/6PcaciZean4"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/e/6PcaciZean4" type="application/x-shockwave-flash" width="500" height="306" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>En este vídeo, el profesor Huerta de Soto, prestigioso economista español de la Escuela Austríaca y anarcocapitalista, nos cuenta didácticamente las causas de la caída del Imperio Romano. Nos señala, en orden cronológico, el excesivo gasto del estado en ‘pan y circo’ para mantener a los más pobres de la sociedad romana, la devaluación de la moneda para mantener ese gasto – con la consiguiente inflación – y el control de los precios. Todo esto acabaría por hacer insostenible la próspera economía de mercado romana, hasta que se llegó a prohibir a los campesinos trasladarse de su propia tierra, lo que sería el comienzo del feudalismo.</p>
<p>La culpa de todo la tuvo, entonces, el <em>socialismo</em> y el <em>estado de bienestar</em>. De entrada he de decir que me parece inadecuado el uso de estos anacronismos, por sus connotaciones. [1] De hecho, también la palabra estado es un anacronismo, pues Roma no constituía un estado en el sentido moderno del término.</p>
<p>Es gracioso como Huerta de Soto identifica la prosperidad de Roma con el libre mercado, ya que la economía romana dependía en buena medida del estado.</p>
<p>Gran parte del trabajo era realizado por esclavos, que eran en su mayoría prisioneros de guerra. Las guerras serviles y las rebeliones de esclavos me hacen pensar que, sin la protección del estado, mantener la esclavitud hubiera sido muy difícil. Buena parte de la riqueza de Roma se basaba en la conquista de territorios, a la que seguía el saqueo, el aprisionamiento de esclavos, el reparto de tierras entre la élite militar o política y los tributos sobre la población. El agotamiento de tierras nuevas que conquistar también contribuyó a la caída del Imperio.</p>
<p>Llegó a haber un gran volumen de comercio interregional. El comercio a corta distancia se realizaba a través de las calzadas construidas por el estado. A mayor distancia se realizaba en barcos que cruzaban el Mediterráneo, entre puertos construidos por el estado y protegidos de la piratería por la marina del estado, cuando no era controlado directamente por el estado a través de los colegios de armadores navales. No es casualidad que todo el comercio se centralizara precisamente en Roma, la capital política.</p>
<p>Que el colapso del Imperio Romano viniera acompañado de una vuelta a la economía rural y de autosuficiencia también indica la dependencia de la economía romana del estado.</p>
<p>Sin duda el colapso del Imperio tuvo que ver con el excesivo gasto del estado, incluyendo el gasto destinado a beneficiar a las clases populares, con la inflación y con el control de precios. Pero, a no ser que el profesor Huerta de Soto pueda argumentarme que todo lo que he descrito no es intervención estatal sino libre comercio, comete el error de ignorar completamente esas formas de intervención que benefician a la clase dominante, y percatarse sólo de las que benefician a las clases populares.</p>
<p>Además, los ‘mil años de oscurantismo’ que hubo entre la caída del Imperio Romano y el comienzo de la Modernidad fueron más característicos de una sociedad libertaria de lo que lo fue nunca el Imperio Romano. No es casualidad que casi todos los ejemplos históricos de ley policéntrica se sitúen en la Edad Media. Los años de ‘oscurantismo’ no terminaron con una vuelta al libre mercado, sino más bien al contrario, con la reafirmación de la autoridad del estado centralizado, la subordinación de las ciudades libres y la expropiación del campesinado.</p>
<p>La misma ceguera que le impide al profesor Huerta de Soto ver un tipo de intervencionismo pero no otro, también le impide ver las consecuencias del intervencionismo en el capitalismo actual. Porque en el capitalismo actual el estado no sólo se dedica a dar pan y fútbol (y seguridad social) al pueblo. El control sobre la banca, las barreras de entrada a la apertura de nuevos negocios, la infraestructura estatal de transporte y telecomunicaciones, los subsidios a las empresas, la investigación científica hecha con dinero público, y otras muchas formas de intervención que sin duda él ha analizado y criticado, no sirven sólo para mantener a los trabajadores por encima del nivel de subsistencia, sino que permiten y mantienen la subordinación de los trabajadores. Constituyen la estructura sobre la que ciertas empresas obtienen beneficios a costa del contribuyente y mantienen una jerarquía en su organización interna.</p>
<p>No se trata sólo de que ciertos empresarios se beneficien de ciertas formas de intervencionismo – algo que muchos liberales y anarcocapitalistas nunca han dudado en denunciar –, sino de que la propia distinción entre empresarios y trabajadores depende de ese intervencionismo.</p>
<p>Esta ceguera también le impide deducir las consecuencias radicales de sus propias ideas: que en el libre mercado la economía tiende a ser descentralizada, autogestionaria y autosuficiente.</p>
<p>El análisis de la economía tanto del Imperio Romano como del capitalismo actual me lleva a pensar que es poco probable que surja una economía centralizada, jerarquizada y especializada sin la intervención del estado. Es decir, justo lo contrario de lo que piden los liberales y anarcocapitalistas que defienden precisamente este tipo de economía, como el profesor Huerta de Soto.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
<p>[1] No voy a entrar en las connotaciones que tiene la palabra socialismo en particular, y que son ya bastante conocidas para muchos lectores de este blog. Ver, por ejemplo:<br />
<a href="http://www.mutualismo.org/2008/06/el-mito-del-socialismo-como-estatismo/">http://www.mutualismo.org/2008/06/el-mito-del-socialismo-como-estatismo/</a></p>
<p>Fuentes:</p>
<p><a href="http://societasmaris.blogspot.com/2009/10/la-privatizacion-del-imperio-romano.html">http://societasmaris.blogspot.com/2009/10/la-privatizacion-del-imperio-romano.html</a><span id="more-2533"></span></p>
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		<title>Cooperativismo en el Port de la Selva en 1936</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2010/11/cooperativismo-en-el-port-de-la-selva-en-1936/</link>
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		<pubDate>Sun, 14 Nov 2010 05:28:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto García</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[economía social]]></category>
		<category><![CDATA[Port de la Selva]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy tenemos &#8220;suplemento&#8221; dominical de cultura. Viendo el documento Historia del cooperativismo en la Indianopedia, me llamó la atención lo que se decía de un pueblo catalán llamado Port de la Selva poniendo como referencia un texto de Gerald Brenan: Lo que es interesante es cuan naturalmente se adoptan estas cooperativas a la escena española, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" title="Port de la Selva, mayo de 1936 por John Langdon-Davies" src="http://farm3.static.flickr.com/2259/1589888740_976a47c9ac_m.jpg" alt="" width="240" height="163" /></p>
<p>Hoy tenemos &#8220;suplemento&#8221; dominical de cultura. Viendo el documento <a href="http://lasindias.net/indianopedia/Historia_del_cooperativismo">Historia del cooperativismo</a> en la <a href="http://lasindias.net/indianopedia/P%C3%A1gina_Principal">Indianopedia</a>, me llamó la atención lo que se decía de un pueblo catalán llamado Port de la Selva poniendo como referencia un texto de Gerald Brenan:</p>
<blockquote><p>Lo que es interesante es cuan naturalmente se adoptan estas cooperativas a la escena española, ya que Port de la Selva es una de las viejas comunidades pescadoras de Cataluña, que han existido desde tiempos inmemoriales. De Cadaqués, unos kilómetros más lejos, se sabe por documentos contemporáneos que había sido organizado de modo similar allá por el siglo XVI. Otros documentos guardados en la iglesia del lugar hablan de Port de la Selva con su industria pesquera comunal. Otra comunidad pesquera exactamente igual, en Tazones, cerca de Villaviciosa en Asturias, es descrita por el profesor Antonio Camacho en la Revista Nacional de Economía.</p>
<p>Henos pues, ante una cooperativa productiva moderna encajada en una organización comunal antigua y funcionando perfectamente. Lo que ha sido hecho en Port de la Selva, rodeado de influencia anarquista, ha sido hecho también en Ansó, de ambiente carlista, mientras que la organización de cooperativas de Llánabes data del siglo XVII y precede así al menos en sesenta años al movimiento cooperativista europeo.</p></blockquote>
<p>He estado buscando por la Web y he encontrado un PDF del libro al que pertenece el texto, <a href="http://www.cgtbarcelona.org/teatres/carpeta/brenan.pdf">El laberinto español</a> y en un poco que he mirado he podido comprobar que se dicen cosas bastante sugerentes sobre ese pueblo de Port de la Selva, que os muestro a continuación:</p>
<blockquote><p>Otras son comunidades pescadoras y aquí no puedo hacer nada mejor que copiar la descripción que John Langdon Davies hace de una de éstas en un pueblo llamado Port de la Selva. Sus observaciones fueron hechas en 1936 poco antes de estallar la guerra civil, y gentilmente me ha permitido leer un pequeño folleto que trajo consigo a su vuelta a Inglaterra y que contenía las reglas de la comunidad:</p>
<p>El pueblo estaba dirigido por una cooperativa de pescadores: poseían las barcas, las redes, la fábrica de las mismas, el almacén de víveres, el frigorífico, los vehículos de transporte, los olivares y la refinería del aceite, el café, el teatro y la sala de reuniones. Habían desarrollado el pósito, o fondo municipal poseído por todos los pueblos de España, como un seguro contra muerte, accidente o pérdida de embarcaciones. Acuñaban su propia moneda. Imponían multas en casos de pendencia, insultos, murmuraciones contra las gentes y por toda acción opuesta a la moral y al decoro. Según el artículo 6 de su ley, la diversión de los componentes de la comunidad consistiría en danzas y la expansión, en el teatro, el cine, en veladas científicas y literarias y en lecturas sobre agricultura y piscicultura.</p>
<p>Port de la Selva era una república libertaria en pequeño y realizaba el ideal de todos esos pueblos de Cataluña, Andalucía y la misma Castilla, que, en épocas diferentes durante el pasado siglo, habían proclamado su independencia y procedido a la división de tierras y a la emisión de su propia moneda. Langdon Davies creyó, de buena fe, que ello había sido creación de los anarquistas y, sin embargo, no fue así. La constitución de Port de la Selva de aquel tiempo había sido creada en 1929, poco antes del advenimiento de la República, por el movimiento cooperativista fundado en 1860 por el furrierista Femando Garrido. Este movimiento que no es nada revolucionario, ha mantenido a distancia al anarquismo y al socialismo político y ha triunfado estableciendo en varias partes de España cooperativas productivas semejantes a la de Port de la Selva.</p></blockquote>
<p>Gerald Brenan, El laberinto español. Apéndice 1. Comunas campesinas y cooperativas.</p>
<p><a href="http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=37">Información sobre el autor y el libro</a> y <a href="http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=70">Análisis crítico del Boletín de Orientación Bibliográfica</a> del Ministerio de Información y Turismo del Estado Español en 1963.</p>
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		<title>Historia del análisis mutualista: de Thomas Hodgskin a Kevin Carson</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2010/09/historia-del-analisis-mutualista-de-thomas-hodgskin-a-kevin-carson-2/</link>
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		<pubDate>Mon, 13 Sep 2010 11:32:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[* Este artículo trata sobre la evolución de las ideas mutualistas a lo largo del tiempo (como reza el título, &#8220;de Thomas Hodgskin a Kevin Carson&#8221;), con la intención de recopilar de forma sucinta más de siglo y medio de literatura, debates y controversia. No se trata, por tanto, ni de realizar un análisis exhaustivo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/09/proudhon.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-2313" title="proudhon" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/09/proudhon.jpg" alt="" width="188" height="217" /></a></p>
<p>*<em> Este artículo trata sobre la evolución de las ideas mutualistas a lo largo del tiempo (como reza el título, &#8220;de Thomas Hodgskin a Kevin Carson&#8221;), con la intención de recopilar de forma sucinta más de siglo y medio de literatura, debates y controversia. No se trata, por tanto, ni de realizar un análisis exhaustivo ni de aburrir con una abrumadora cantidad de citas. También busca contextualizar las ideas mutualistas en su marco histórico, relativizando la importancia de algunas herramientas &#8220;clásicas&#8221; como la teoría del valor-trabajo (En  mi opinión, muy exagerada por detractores y partidarios). Si todo va bien y el tiempo me acompaña, me gustaría que formase parte de un artículo más grande sobre teoría mutualista, aunque a día de hoy ese proyecto queda muy lejos. Alguna sugerencia?</em></p>
<p><em><br />
</em></p>
<p>El repentino cambio en las formas de vida que trajo la Revolución industrial atormentó a los intelectuales a lo largo de todo el siglo XIX. Si bien es cierto que los últimos siglos del <em>Ancien Régime </em>habían presenciado la aparición de manufacturas relativamente grandes, comerciantes enriquecidos, y bolsas de trabajo asalariado alrededor de los grandes nodos de intercambio [1], hasta entonces la sociedad se había compuesto principalmente de pequeños propietarios rurales, artesanos, tenderos y empresarios individuales.</p>
<p>La mayor parte de la producción era de manufactura local, con frecuencia a través de mercaderes que compraban las materias primas, subcontrataban las tareas de fabricación en las familias campesinas, y luego vendían el producto final en el mercado (Benassar, 2005 [1980]). El trabajo asalariado era marginal, y en los países pioneros se consideraba impropio de hombres libres.</p>
<p><strong>Adam Smith</strong> (2007 [1776]) había sostenido que, en ausencia de monopolios comerciales, las compañías por acciones serían incapaces de sostenerse; y que, por una razón similar, las grandes propiedades feudales debían dar paso a la más eficiente propiedad campesina. Según su doctrina, el precio natural de una mercancía estaba en relación directa con el trabajo que había costado producirla, de forma que los empleos más pesados o que requerían una preparación a más largo plazo tendían a recibir un salario mayor. Cuando el precio de mercado se desviaba de este precio natural, la oferta (de trabajo o de productos) aumentaba o disminuía para volver a restablecer el equilibrio. David Ricardo (1973 [1817]) y otros economistas clásicos volverían sobre esta cuestión una y otra vez.</p>
<p>Cuando la obra de estos economistas llegó a manos de los obreros, muchos de ellos desecharon sus enseñanzas por considerarlas vanas y contrarias a la experiencia. Pero no todos. Hubo algunos que respondieron con entusiasmo; reprocharon a los economistas su estrechez de miras, y proclamaron que los escritos de Smith y Ricardo eran verdaderos única y exclusivamente a condición de que se despojase al mercado de barreras, privilegios y monopolios.  La ley de la renta de David Ricardo había demostrado que la función de los terratenientes era meramente parasitaria; y, en lo que a Smith se refiere, su teoría del valor apuntaba a los trabajadores como únicos receptores legítimos del producto de su trabajo. Por este motivo fueron llamados socialistas ricardianos [2], porque conjugaban la infraestructura teórica de los economistas clásicos con los ideales socialistas. En justicia, estos obreros podían llamarse individualistas, pues afirmaban las ideas de laissez faire, recelaban del comunismo y creían en el derecho a la propiedad privada. De cuantos tomaron la pluma en favor de estas ideas, <strong>Thomas Hodgskin</strong> (1825) sería, probablemente, el más brillante.</p>
<p>Aunque el germen del mutualismo ya estaba contenido en la obra de los socialistas ricardianos, no sería hasta unas décadas más adelante, de la mano de <strong>Pierre-Joseph Proudhon</strong> (1846; 1851; 1863; 1865), cuando tomaría el nombre y la forma casi definitiva. Este hombre, trabajador y autodidacta como Hodgskin, adoptó el término mutualismo (o reciprocidad) para referirse a dos conceptos complementarios. Por una parte, el mutualismo implicaba un sistema de intercambios donde la ley del valor de Smith fuera realmente efectiva; es decir, donde se intercambiaran mercancías de igual trabajo contenido [3]. Por otra parte, significaba que las relaciones de gobierno debían reemplazarse por relaciones contractuales y económicas, pues Proudhon no concebía intercambios mutuamente beneficiosos si no eran voluntarios.</p>
<p>Más adelante desarrollaremos en profundidad estos conceptos, pero cabe señalar una cosa. A partir de este momento, el socialismo ricardiano se convertía en mutualismo, y el mutualismo, a pesar de flirtear con la democracia federal, era irrenunciablemente anarquista. La reciprocidad en el cambio y en el gobierno (o en el no-gobierno) eran correlativas. Curiosamente, estas ideas, nacidas en Europa de la mano de Proudhon, serían propagadas de forma simultánea pero independiente por otro autor americano conocido como <strong>Josiah Warren</strong> (1841).</p>
<p>A pesar del genio de Proudhon, el mutualismo clásico no llegaría a su forma más depurada hasta el último tercio del siglo XIX, cuando fue rescatado por un círculo de intelectuales norteamericano radicado en Boston. Su actividad giraba alrededor de la revista Liberty, cuyo editor, <strong>Benjamin Tucker</strong>, con la ayuda de otros hombres brillantes como <strong>William Greene</strong>, <strong>Clarence Lee Swartz</strong>, <strong>Josuah Ingalls</strong>, <strong>Francis Tandy</strong> o <strong>Lysander Spooner</strong>, lograría captar la audiencia de sus lectores durante varias décadas (Rocker, 1949; Nettlau, 1934). El valor de la obra de estos autores, que diferían entre sí en los detalles pero no en el fondo, radica en haber sistematizado la obra de Proudhon, descomponiendo en palabras sencillas el lenguaje complicado del francés, extrayendo sus ideas esenciales y añadiendo a este la influencia de Max Stirner, Herbert Spencer y los liberales radicales de la Revolución Americana (Rocker, 1949). De hecho, Tucker llegaría a decir que los anarquistas eran &#8220;demócratas jeffersonianos hasta sus últimas consecuencias y sin miedo de estas, para quienes el mejor gobierno es el que menos gobierna, y el que menos gobierna el que no lo hace en absoluto&#8221; (1888, State Socialism).</p>
<p>Al sintetizar el pensamiento de sus predecesores, Warren y Proudhon, Tucker llegó a la conclusión de que existían cuatro grandes monopolios que obstruían la competencia y negaban al trabajo su justa recompensa (1881, <em>Who is the Somebody?</em>). Estos monopolios eran, en orden inverso a su importancia:</p>
<p>- Los <strong>aranceles</strong>, que encarecían las mercancías extranjeras, disminuían los salarios reales e incentivaban la formación de cárteles industriales.</p>
<p>- Las <strong>patentes y copyrights</strong>, que impedían la competencia en torno a las nuevas invenciones e, igualmente, aumentaban el precio de las mercancías y disminuían los salarios reales.</p>
<p>- El <strong>monopolio de la tierr</strong>a, que restringía el acceso a las parcelas abandonadas, aumentaba su precio de mercado y elevaba las rentas, impidiendo que fueran cultivadas o reutilizadas por campesinos y empresarios dispuestos.</p>
<p>- El <strong>monopolio bancario</strong>, que erigía barreras de entrada en el sector, restringía la competencia e inflaba artificialmente los tipos de interés. Como consecuencia de este monopolio, que Tucker consideraba el más importante, la cantidad de empresas en el mercado se reducía drásticamente, y los trabajadores se veían privados tanto de su justo salario como de una fuente de independencia frente a sus patronos.</p>
<p>En ausencia de sus cuatro cabezas, pensaban los mutualistas norteamericanos, la hidra del capitalismo sería estéril; la tierra, libre de monopolio, estaría abierta a los cultivadores individuales y a las familias; en ausencia de aranceles, la importación de mercancías más económicas aliviaría la situación de los pobres; gracias a la abolición de las patentes, la tecnología se extendería de forma rápida y barata; y la afluencia de capitales reduciría el interés hasta el mínimo necesario para mantener en funcionamiento un banco. En esta tesitura, la independencia del trabajo respecto al capital sería absoluta; muchos podrían emprender negocios por su cuenta (especialmente en cooperativas), e incluso quienes permaneciesen trabajando para un patrono podrían cambiar fácilmente de empleo y recibir su producto completo (1891, Solutions of the Labor Problem). Por este motivo, los anarquistas de Boston se hicieron llamar socialistas, al igual que Proudhon y los ricardianos. Como diría Tucker en <em>Socialism and the Lexicographers</em>:</p>
<blockquote><p>&#8220;El socialismo es la creencia de que el siguiente paso importante del progreso consiste en un cambio en el entorno del hombre que incluye la abolición de todo privilegio por el cual los poseedores de la riqueza adquieren un poder anti-social de exigir tributos&#8221; (Tucker, 1892, <em>Socialism and the Lexicographers</em>).</p></blockquote>
<p>La agitación que producían sus escritos periódicos en la revista <em>Liberty</em> granjeó muchas simpatías, y lo que comenzó siendo un movimiento intelectual pasó pronto al campo del trabajo. Hombres como <strong>Dyler Lum</strong>, fascinados por la retórica de Tucker y su círculo, se dedicaron a elaborar panfletos sobre el monopolio y a difundirlos entre los obreros, planteando, desde el mutualismo, soluciones a sus problemas cotidianos. De este momento data su ensayo <em>The Economics of Anarchy: A Study of the Industrial Type</em> (1890).</p>
<p>El mutualismo llegó a tal grado de sofisticación que existían escritores especializados en un solo monopolio, polemizando entre sí sobre la importancia de los mismos a la hora de sostener el capitalismo. William Greene, autor del libro Mutual Banking (1850), dedicó toda su obra al monopolio bancario, que Tucker consideraba el más importante (1888, Free Money and Cost Principle); mientras que los escritos de Ingalls se centraron casi exclusivamente en el monopolio de la tierra (Martin, 1953).</p>
<p>Finalmente, merecen lugar a parte dos obras generales que trataron de integrar todas estas posturas: se trata de <em>Voluntary Socialism</em> (1896), de Francis Tandy; y <em>What Is Mutualism</em> (1927), de Clarence Lee Swartz. En estos libros no solo se exponían las consecuencias nefastas de los monopolios sobre la economía, sino que se ilustraba con numerosos ejemplos cómo el Estado podía ser disuelto en una multitud de relaciones contractuales entre hombres libres. Las compañías ferroviarias privadas, las aseguradoras, las mutuas o las empresas de vigilancia desfilaban por sus libros con total naturalidad, dotando de solidez a lo que podía haber sido un vacuo ejercicio de abstracción.</p>
<p>Pero <em>What Is Mutualism</em> sería el último grito en favor del mutualismo, elaborado cuando la revista de Tucker ya había tocado a su fin y el movimiento norteamericano se encontraba en franca decadencia. Durante las ocho décadas siguientes del siglo XX, el mutualismo sería sepultado por la guerra, los totalitarismos, el anarcocomunismo o el liberalismo vulgar, e irónicamente parece haber seguido un destino paralelo a la economía de laissez-faire ortodoxa.</p>
<p>Habría que esperar a la bomba intelectual de <strong>Kevin Carson</strong>, publicada en 2004 bajo el título de <em>Studies in Mutualist Political Economy</em>, para que el mutualismo despertara de su letargo y reivindicase su legítimo lugar en el panorama de las ideologías políticas. No se trataba únicamente de desempolvar las viejas enseñanzas de Proudhon, Greene o Tucker, sino de renovar profundamente el mutualismo de acuerdo con los avances científicos desarrollados a lo largo de todo el siglo XX, e incluso finales del XIX. El paradigma de la teoría del valor-trabajo estaba obsoleta, y su puesto había sido ocupado por la teoría de la utilidad marginal, desarrollada por Carl Menger, Léon Walras y Stanley Jevons. A su vez, las afirmaciones sobre el capital, el interés o el trabajo asalariado debían reformularse para rebatir las consecuencias ideológicas (no tanto la teoría en sí) de la obra de Böhm-Bawerk (1884, Capital e interés) y Mises (2007 [1949]). Por último, la moderna teoría de la organización, iniciada con Ronald Coase (1937) y continuada por Oliver Williamson (1975), debía matizarse para enfatizar el papel del Estado en la distorsión del tamaño y la estructura de la empresa.</p>
<p>Esta meritoria tarea fue llevada a cabo casi completamente por Kevin Carson, en solitario, a lo largo de sus dos primeras obras: <em>Studies in Mutualist Political Economy </em>(2004) y <em>Organization Theory: A Libertarian Perspective</em> (2008).</p>
<p>El papel de los monopolios bancario y terrateniente menguó [4], y su importancia fue ocupada por el monopolio de las patentes, que adquiría relevancia en plena era de la información; y, especialmente, por el estudio sistemático de la intervención estatal en forma de barreras de entrada o subvenciones a los insumos de producción. Definitivamente, el mutualismo se había adaptado satisfactoriamente a los nuevos tiempos y a las nuevas corrientes científicas.</p>
<p>En el siglo XIX, dada la política restrictiva de los bancos, era comprensible que los mutualistas cobijasen grandes esperanzas acerca de la liberación del sector. De forma similar, el papel de la expropiación de tierras a la hora de crear una masa de proletarios miserables, o la migración constante, en América, de los trabajadores peor remunerados con el fin de colonizar nuevas tierras (Marx, 1867), había creado la impresión de que la abolición del monopolio de la tierra convertiría a la mayoría de la población, automáticamente, en propietaria de su propio medio de vida. Sin embargo, el peso histórico de estos factores ha decrecido a lo largo del siglo XX; y, en plena globalización, el papel de la subvención de insumos, las barreras de entrada o el sistema de patentes a escala internacional ha aumentado considerablemente a la hora de explicar el capitalismo corporativo. Solo en este sentido puede hablarse de un mutualismo nuevo, de un &#8220;neomutualismo&#8221;, acondicionado a las nuevas circunstancias.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>[1] Sobre esto, véase Antonio Di Vittorio et al., Historia económica de Europa: siglos XV-XX (2002).</p>
<p>[2]: Naturalmente, el término socialista tenía un significado distinto del que hoy le damos; denotaba todo un sistema en el que los trabajadores tuvieran una participación mayor del producto de su trabajo y/o de la gestión de sus condiciones de producción. Esto podía hacerse a nivel individual, de forma compatible con la propiedad privada, sin necesidad de &#8220;socializar&#8221; o &#8220;colectivizar&#8221; los bienes de capital.</p>
<p>[3]: Si bien Hodgskin, Proudhon o Tucker tomaron este principio de Smith y Ricardo, ello no implica que no pueda reformularse desde posiciones austriacas o neoclásicas. El propio Böhm-Bawerk reconocía la influencia del trabajo en la determinación del precio; pues, dado que la desutilidad subjetiva de una tarea determina la oferta de trabajadores, esta oferta en última instancia determinará la productividad marginal de los mismos y su retribución. Para aplicaciones modernas del Principio de Costo, véase Kevin Carson.</p>
<p>[4]: Esto no significa que las ideas de Proudhon o Tucker al respecto se hayan descartado; únicamente significa que la importancia de estos monopolios ha menguado en relación a otras formas de intervención estatal.</p>
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		<title>El individualismo metodológico</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2010/07/el-individualismo-metodologico/</link>
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		<pubDate>Sun, 04 Jul 2010 16:34:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[“Se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida.” – Karl Marx. Vuelvo a la carga en Societas Maris, esta vez con un post sobre individualismo metodológico, fenómenos espontáneos y fenómenos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/07/babilonia-calle1.png"><img class="alignnone size-medium wp-image-2233" title="babilonia calle" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/07/babilonia-calle1-252x300.png" alt="" width="252" height="300" /></a></p>
<p><em>“Se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida.” – </em>Karl Marx.</p>
<p><em> </em></p>
<p>Vuelvo a la carga en <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2010/07/el-individualismo-metodologico.html"><em>Societas Maris</em></a>, esta vez con un post sobre individualismo metodológico, fenómenos espontáneos y fenómenos planificados (con apéndice sobre el origen del dinero, al que probablemente se vayan añadiendo otros):</p>
<blockquote><p>El individualismo metodológco ha sido objeto de numerosas malinterpretaciones, posiblemente debido a que sus críticos atribuyen significados diferentes al término “individualismo”. En ocasiones se le considera como el estudio restringido de los comportamientos individuales, anecdóticos, en detrimento de las estructuras sociales; y en otras se le confunde con el estudio biográfico de los grandes personajes, en contraste con la masa anónima de hombres y mujeres que componen la Historia.</p>
<p>Pero la pretensión del individualismo metodológico es mucho más amplia: trata de descomponer los fenómenos sociales en sus elementos más simples, con el objetivo de trazar, a partir de ellos, las relaciones causales que dan lugar a fenómenos de mayor alcance (Menger, 1883). Considera que solo a partir del estudio de los individuos y de sus acciones concretas se puede reconstruir el origen y la evolución de las instituciones humanas.</p></blockquote>
<p>Podéis leer más <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2010/07/el-individualismo-metodologico.html"><em>aquí</em></a>.</p>
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		<title>Las empresas no han crecido tanto</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2010/06/las-empresas-no-han-crecido-tanto/</link>
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		<pubDate>Thu, 24 Jun 2010 20:06:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[David Friedman discute en The Machinery of Freedom (p. 20) si el tamaño de la empresa ha crecido a lo largo de último siglo tanto como pensamos (y por qué pensamos así): Stigler examina la cuestión de si la concentración ha tendido históricamente a incrementarse. Su conclusión es que el grado de concentración en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/06/david-friedman.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2219" title="david friedman" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/06/david-friedman-200x300.jpg" alt="" width="149" height="224" /></a></p>
<p>David Friedman discute en <a href="http://daviddfriedman.com/The_Machinery_of_Freedom_.pdf"><span style="text-decoration: underline;"><em>The Machinery of Freedom</em></span></a> (p. 20) si el tamaño de la empresa ha crecido a lo largo de último siglo tanto como pensamos (y por qué pensamos así):</p>
<blockquote><p>Stigler examina la cuestión de si la concentración ha tendido históricamente a incrementarse. Su conclusión es que el grado de concentración en la economía ha sido relativamente estable. Siempre parece incrementarse, porque las industrias muy concentradas son mucho más visibles que su contraparte competitiva. Todos sabemos que, entre 1920 y la actualidad, General Motors ha adquirido una posición de fuerza e n la industria del automóvil. Pocos de nosotros caemos en la cuenta de que durante el mismo periodo U.S. Steel perdió su dominio en la industria del acero. Por la misma razón, tendemos a exagerar el grado de concentración que existe en cualquier periodo dado. Las áreas de la economía que consideramos &#8220;importantes&#8221; tienden a ser aquellas en las que podemos identificar una única gran empresa. Raramente consideramos otras &#8216;industrias&#8217; como restaurantes y bares, servicios domésticos, fabricación de ropa y textiles, que son altamente competitivas y emplean a más gente que las industrias del hierro, el metal y el automóvil juntas.</p></blockquote>
<p>Su argumento, además, tiene importantes consecuencias a la hora de combatir la idea que identifica &#8220;modernidad económica&#8221; con el gran tamaño de las organizaciones empresariales. Buenos ejemplos de lo que comenta Friedman serían la industria cooperativa a pequeña escala de <a href="http://www.mutualismo.org/2008/09/reportaje-de-emilia-romagna/"><span style="text-decoration: underline;"><em>Emilia Romagna</em></span></a>, el sector textil de <a href="http://www.mutualismo.org/2010/02/la-industria-textil-de-prato/"><span style="text-decoration: underline;"><em>Prato</em></span></a> o la red de pymes <a href="http://www.mutualismo.org/2009/04/marrv-produccion-en-red-en-accion/comment-page-1/"><span style="text-decoration: underline;"><em>MARRV</em></span></a>.</p>
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		<title>Estabilidad institucional en una sociedad sin Estado</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2010/06/estabilidad-institucional-en-una-sociedad-sin-estado/</link>
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		<pubDate>Mon, 21 Jun 2010 17:17:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Justicia]]></category>

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		<description><![CDATA[El economista e historiador Douglass C. North aporta un argumento algo más elaborado de lo usual a favor de la existencia del Estado en Institutions, Institutional Change and Economic Performance (1991). Si bien es cierto que las sociedades sin Estado son posibles -admite North-, la economía de estas sociedades tiende a ser rudimentaria: los intercambios son [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/06/douglass-north.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-2213" title="douglass north" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/06/douglass-north.jpg" alt="" width="152" height="212" /></a></p>
<p>El economista e historiador <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Douglass_North"><span style="text-decoration: underline;"><em>Douglass C. North</em></span></a> aporta un argumento algo más elaborado de lo usual a favor de la existencia del Estado en <em>Institutions, Institutional Change and Economic Performance </em>(1991).</p>
<p>Si bien es cierto que las sociedades sin Estado son posibles -admite North-, la economía de estas sociedades tiende a ser rudimentaria: los intercambios son sencillos; se realizan en un ámbito espacial y temporal reducido; implican siempre a los mismos actores, que generalmente se conocen, y las características de los bienes intercambiados tienden a ser fácilmente medibles. Nótese que esto implica que las sociedades aestatales generan mecanismos para burlar la necesidad de un Estado central: p. ej. para evitar el oportunismo y el fraude, los actores tratan de repetir los intercambios con las mismas personas, o llevar al mercado únicamente bienes con características fáciles de medir (donde los problemas de información asimétrica entre comprador y vendedor son menores). Las sociedades tribales serían un buen ejemplo.</p>
<p>Sin embargo, estos mecanismos son insuficientes para articular una economía compleja y desarrollada, donde los intercambios son impersonales, diferidos temporal y espacialmente e implican mercancías de difícil medición. Pensemos en la producción de cualquier mercancía cuyos atributos relevantes sean conocidos solo parcialmente por el comprador (p. ej. calidad de las piezas), en la que intervengan distintas empresas, cooperando desde distintos países o regiones en diferentes momentos del tiempo. En este contexto, aunque en general las empresas tratarán de mantener una reputación a largo plazo, algunas tendrán incentivos en comportarse de forma oportunista para obtener beneficios a corto plazo. Dado que es imposible especificar en un contrato todos los términos de un intercambio complejo (por ello se habla de &#8220;contratos incompletos&#8221;), los pleitos entre las partes serán frecuentes.</p>
<p>En definitiva, la mayor incertidumbre (que equivale a más costes de transacción) derivada de una economía compleja hace necesaria la existencia de un tercero al que todos los actores puedan apelar en última instancia. Si una sociedad libertaria es incapaz de generar esto, su economía se estancará: los individuos tratarán de atenuar la incertidumbre reduciendo espacial y temporalmente sus transacciones, intercambiando mercancías de características bien conocidas (es decir, cotidianas) con individuos familiares una y otra vez.</p>
<p>Hasta cierto punto (y solo hasta cierto punto), la argumentación de North también explica por qué la Islandia, Irlanda y Britania medievales son ejemplos exitosos de sociedades de derecho privado: desde luego, el nivel de intercambios era sencillo y, en consecuencia, la necesidad de un Estado central era escasa. Pero no explica cómo el derecho tribal pudo mantenerse en la Arabia preislámica, aun cuando las costas del Mar Rojo intermediaban en algunas de las rutas comerciales más transitadas del mundo (entre Bizancio y el Lejano Oriente); o, especialmente, cómo las asociaciones privadas de mercaderes europeos pudieron generar, feria tras feria, la Ley Mercantil.</p>
<p>Antes del renacimiento urbano del siglo XI, en Europa existían importantes dificultades al comercio derivadas de la ausencia de un Estado central común (Benson, 1990):</p>
<blockquote><p>Los mercaderes hablaban idiomas distintos y procedían de tradiciones culturales diferentes. Y aún más, las distancias geográficas impedían la comunicación directa, por no hablar de la ausencia de lazos interpersonales que hubieran facilitado la confianza. Se necesitaba una multitud de intermediarios para realizar un intercambio, entre ellos los agentes del comprador, los del vendedor y los transportistas. Todo esto &#8216;provocaba recelos hacia los usos extranjeros, y la disparidad de costumbres daba lugar a disputas comerciales&#8217;.</p></blockquote>
<p>Sin embargo, las organizaciones comerciales privadas solventaron este problema. A medida que los mercaderes empezaron a comerciar a través de las barreras políticas, culturales y geográficas, exportaron también sus prácticas comerciales a los mercados extranjeros. Las antiguas costumbres de ámbito local que resultaron ser comunes a muchos lugares acabaron formando parte del Derecho mercantil internacional. Donde surgían problemas, las prácticas que resultaran ser más eficientes para facilitar los intercambios comerciales desplazaron a las que no lo eran tanto. Y, a medida que las leyes del comercio se iban haciendo más precisas, se ponían por escrito (<em>Ibídem</em>).</p>
<p>Es más, los mercaderes llegaron a formar sus propios tribunales para administrar justicia, a donde presentaban sus quejas de fraude, oportunismo, abusos, etc. Su eficacia radicaba en el común acuerdo de los mercaderes para aceptar el veredicto antes de comparecer; en caso contrario, el mercader refractario era excluido de los circuitos comerciales y de la organización a la que perteneciese. El ostracismo era una medida de presión social eficaz.</p>
<p>En el siglo XXI, una sociedad sin Estado podría generar estabilidad económica de una forma similar. Los actores tendrían incentivos en señalizar su propia honestidad y en comprobar la honestidad de su contraparte para maximizar sus posibilidades de intercambio pero, dados los altos costes de información de &#8220;medir&#8221; la honestidad de individuo a individuo, es probable que los tratos comerciales estuvieran avalados por las compañías aseguradoras (o mutuas) de los actores implicados.<br />
Así, nadie entraría en tratos con individuos que no estuviesen respaldados por compañías de honestidad probada, y estas tendrían incentivos en obligar a sus asociados a respetar los contratos y saldar sus deudas (al tiempo que cobrarían tarifas distintas en función de la reputación del cliente).</p>
<p>La probabilidad de casos de oportunismo, fraude, etc. se reduciría notablemente, y la teórica incertidumbre generada por la ausencia de Estado daría lugar a una auténtica anarquía ordenada.</p>
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		<title>La transferencia de población del campo a la ciudad</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2010/04/la-transferencia-de-poblacion-del-campo-a-la-ciudad/</link>
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		<pubDate>Fri, 30 Apr 2010 09:17:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Haciendo abstracción de la historia, si desde el Neolítico las sociedades se hubieran regido por parámetros libertarios, la transferencia de población del campo a la ciudad (y la misma aparición de las ciudades) habría seguido los siguientes pasos: 1.    En primer lugar, la sociedad estaría compuesta de campesinos dedicados única y exclusivamente a la producción [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/04/campo-paraguayo.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2170" title="campo paraguayo" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/04/campo-paraguayo-300x224.jpg" alt="" width="225" height="168" /></a></p>
<p>Haciendo abstracción de la historia, si desde el Neolítico las sociedades se hubieran regido por parámetros libertarios, la transferencia de población del campo a la ciudad (y la misma aparición de las ciudades) habría seguido los siguientes pasos:</p>
<p>1.    En primer lugar, la sociedad estaría compuesta de campesinos dedicados única y exclusivamente a la producción directa de bienes de subsistencia.<br />
2.    Conforme aumentase el excedente de producción (intensificación económica, mejora climática, etc.), los campesinos podrían saciar necesidades menos apremiantes, dedicando una parte cada vez mayor de su <em>output</em> a la adquisición de bienes manufacturados (vestido, calzado, etc.).<br />
3.    A causa de esta nueva demanda, parte de la industria campesina, dedicada al autoconsumo familiar, encontraría más rentable la venta para el mercado, restando tiempo de trabajo a las tareas del campo. Así surgirían la división social del trabajo y el artesanado especializado.<br />
4.    Si la demanda está lo suficientemente extendida territorialmente, los artesanos especializados tenderán a ocupar lugares centrales para minimizar los costes de desplazamiento de la mayoría de sus consumidores, dando lugar a las ciudades (que pueden superponerse a lugares de intercambio campesino tradicionales, etc.).</p>
<p>Parcialmente, el nacimiento de las ciudades durante la Edad del Cobre y el renacimiento urbano del siglo XI siguieron pautas similares, si excluimos loa intervención de las élites, la centralización administrativa, la aparición del Estado y los privilegios ciudadanos.</p>
<p>El primer modelo supone que la ciudad nace para saciar las necesidades del campo (donde hasta la actualidad sigue viviendo la mayor parte de la población mundial), pero, una vez organizada, los ciudadanos tienen incentivos en emplear su fuerza concentrada para subordinar al campo: pueden dar lugar a los primeros Estados que centralicen el excedente agrario; pueden excluir a los foráneos de las actividades urbanas, inflando artificialmente su rentabilidad; pueden gravar las actividades agrarias para subvencionar las actividades urbanas (administrativas e industriales); o pueden infringir los derechos de propiedad campesinos para forzar la emigración y aumentar los beneficios de los empleadores de trabajo urbanos (<em>enclosures</em>, etc.).</p>
<p>Incluso hoy, muchos países en desarrollo sufren la agresión de los cultivos transgénicos, que contaminan los campos circundantes e impiden la producción tradicional, arruinando a los pequeños propietarios e incentivando su emigración -con el beneplácito o la connivencia del Estado.</p>
<p>En todos estos casos, la transferencia de riqueza y población (la una sigue a la otra) tiene como base la agresión institucionalizada, que modifica los precios relativos de los diferentes empleos y, por lo tanto, el modo de ocupar el territorio.</p>
<p>En gran parte, la intervención estatal en el campo ha determinado las relaciones entre capital y trabajo hasta la actualidad, y parece imposible imaginar cómo se habrían desarrollado las ciudades y la industria en un contexto puramente libertario.</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Minienciclopedia (II): historia del término mutualismo</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2009/12/minienciclopedia-ii-historia-del-termino-mutualismo/</link>
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		<pubDate>Fri, 11 Dec 2009 19:39:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[Continúo con la “minienciclopedia”. En principio creo que es bastante apropiada la definición que di al principio –con todos los conceptos que contiene implícitamente y que desarrollaré en otras secciones-; aquí me gustaría hacer un repaso histórico sobre las diferentes concepciones y definiciones de mutualismo, desde sus orígenes –anteriores a Proudhon- hasta Kevin Carson. No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-2049" title="mutualismo violeta" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/12/mutualismo-violeta.jpg" alt="mutualismo violeta" width="160" height="163" /></p>
<p>Continúo con la “minienciclopedia”. En principio creo que es bastante apropiada la definición que di al principio –con todos los conceptos que contiene implícitamente y que desarrollaré en otras secciones-; aquí me gustaría hacer un repaso histórico sobre las diferentes concepciones y definiciones de mutualismo, desde sus orígenes –anteriores a Proudhon- hasta Kevin Carson. No se trata de una historia del mutualismo, por lo que no aparecerán militantes célebres como Tolain o Dyler Lum, sino únicamente aquellos autores que han contribuido a definir y explicar el término. La tarea de recopilar información sobre la historia del movimiento mutualista, especialmente las asociaciones obreras de Europa y Estados Unidos, su papel en la primera Internacional, etc. quedará para otro capítulo de la minienciclopedia. Disculpad la abundancia de citas, pero lo veo necesario a la hora de abordar temas tan espinosos.</p>
<p>Como punto de partida, por tanto, tomamos esta definición (cuando todos los conceptos estén definidos por separado, quizá podría añadir anotaciones al pie para dirigir al lector a cada uno de ellos –p. ej. reciprocidad, principio de costo, etc.):</p>
<blockquote><p>El mutualismo es un sistema económico y social basado en la libertad de contrato, la propiedad privada y los mercados libres, que toma el capitalismo actual como producto del privilegio y el monopolio promovidos por el Estado y aspira a una sociedad regida por cooperativas de trabajadores y pequeños negocios, en un contexto político donde el Estado ha sido reemplazado -incluso en funciones tales como la ley, la seguridad o la justicia- por mutualidades, compañías de seguros y tribunales de arbitraje.<strong></strong></p></blockquote>
<p><strong>Historia del término mutualismo</strong></p>
<p>Según Clarence Lee Swartz [1], el primero en emplear el término mutualismo fue John Gray (1832), un socialista ricardiano que, en la línea de Thomas Hodgskin y otros autores, utilizó la infraestructura teórica de los economistas clásicos para condenar el privilegio y el monopolio en que se sustentaba el capitalismo, proponiendo la liberación del mercado como medio para restaurar la reciprocidad en el cambio.</p>
<p>Poco después, en Lyon, Francia, apareció un grupo de obreros que se hacían llamar los mutualistas, y que desde 1843 ejercerían una influencia decisiva sobre Proudhon [2]. A partir de este momento comenzaría la historia oficial del mutualismo. Ya en 1846, Proudhon dedicaba unos párrafos finales de su Filosofía de la miseria al mutualismo:</p>
<blockquote><p>Para llegar a la organización definitiva que parece ser el destino de nuestra especie sobre el globo, sólo falta hacer la ecuación general de todas nuestras contradicciones.<br />
Pero, ¿cuál será la fórmula de esta ecuación?<br />
Después de todo lo dicho, ya podemos entreverla: debe ser una ley de cambio, una <strong>teoría de MUTUALIDAD</strong>, un sistema de garantías que resuelva las formas antiguas de nuestras sociedades civiles y comerciales, y que satisfaga a todas las condiciones de eficiencia, de progreso y de justicia que ha señalado la crítica: una sociedad no sólo convencional, sino real; que cambie la división parcelaria en instrumento de ciencia; que suprima la servidumbre de las máquinas y prevenga las crisis de su aparición; <strong>que haga de la competencia un beneficio, y del monopolio una garantía de seguridad para todos; que, por la fuerza de su principio, en vez de pedir crédito al capital y protección al Estado, someta al trabajo el capital y el Estado</strong>; que, por la sinceridad del cambio, cree una verdadera solidaridad entre los pueblos; que, sin prohibir la iniciativa individual ni el ahorro doméstico, devuelva constantemente a la sociedad las riquezas que la apropiación retira; que por este movimiento de entrada y salida de los capitales, asegure la igualdad política e industrial de los ciudadanos, y por un vasto sistema de educación pública, elevando siempre su nivel, favorezca la igualdad de las funciones y la equivalencia de las aptitudes […]. [3]</p></blockquote>
<p>Conviene hacer aquí algunas aclaraciones. Cuando Proudhon hablaba de “hacer beneficiosa la competencia” no tenía en mente un Estado regulador como el de nuestros días, sino la abolición de los privilegios que retenían la riqueza en beneficio de unos pocos, de modo que “sin prohibir la iniciativa individual ni el ahorro doméstico, devuelva constantemente a la sociedad las riquezas que la apropiación retira”. Proudhon reclamaba la liberación del mercado, cuyas fuerzas derramarían la riqueza en beneficio de toda la sociedad. [4]</p>
<p>Igualmente, hacer del “monopolio una garantía de seguridad para todos” no implicaba para él restaurar el Estado del bienestar, sino entregar a sus clientes (la sociedad) los servicios que –en su opinión- serían monopolios naturales. Proudhon propone mutualizar los servicios que el mercado no pueda ofrecer adecuadamente (algo que, aunque discutible para los mutualistas de hoy, sigue siendo perfectamente válido). En este sentido tiene que entenderse también su demanda de un “vasto sistema de educación pública”; esto es, en control del público, mutualizada. [5]<br />
Por último, “someter el capital y el Estado al trabajo” equivaldría, en el lenguaje de Proudhon, a reemplazar las relaciones de jerarquía en lo político y en lo económico por relaciones de contrato (es decir, voluntarias) y reciprocidad (es decir, sin privilegios y entre iguales). [6] La banca mutualista permitiría a los trabajadores independizarse del capital; las mutualidades de defensa y protección lo permitirían del Estado.</p>
<p>En 1865 ofrece una definición más breve de mutualismo (<em>La capacidad política de la clase obrera</em>, p. 54):</p>
<blockquote><p>La palabra mutual, mutualidad, mutuo, que tiene por sinónimo recíproco y reciprocidad, viene del latín mutuum, que significa préstamo (de cosa fungible), y en un sentido más lato, cambio. Es sabido que en el préstamo de cosa fungible, el objeto prestado es consumido por el mutuatario, que no devuelve sino su equivalente, ya en la misma especie, ya bajo cualquier otra forma. Supónganse que el mutuante pase a ser a su vez mutuatario, y se tendrá un préstamo mutuo, y por consecuencia, un cambio: tal es el lazo lógico que ha hecho que se dé el mismo nombre a dos operaciones distintas. […]. Lo que nos interesa s saber cómo sobre<strong> esa idea de mutualidad, de reciprocidad y de cambio, es decir, de justicia, sustituida a las de autoridad, comunidad o caridad, se ha venido en política y en economía a constituir un sistema de relaciones que tiende nada menos que a cambiar de arriba abajo el orden social</strong>.</p></blockquote>
<p>Pocos años después, las ideas mutualistas viajarían al otro lado del Atlántico, de la mano de William Greene, conocido como el “Proudhon americano” por su adhesión apasionada a las ideas mutualistas. En Estados Unidos el mutualismo se despojará del lenguaje contradictorio y polémico de Proudhon, y, bajo la influencia del liberalismo revolucionario de décadas anteriores, enfatizará la soberanía del individuo, el derecho de propiedad y la libertad de contrato frente al capitalismo y el socialismo estatal, contra el que dirigirán muchos de sus vehementes ataques. En 1850, escribe Greene:</p>
<blockquote><p>El mutualismo opera, por su propia naturaleza, para hacer el gobierno político, fundado en la fuerza arbitraria, superfluo; esto es, opera para la descentralización del poder político, y para la transformación del Estado, reemplazando el gobierno ab extra por el autogobierno. [7]</p></blockquote>
<p>25 años después, Greene enfrentará la idea del mutualismo con la del comunismo, considerado este último perjudicial para la libertad y para el progreso:</p>
<blockquote><p>El primer gran paso en el progreso humano resulta de la división del trabajo. Una característica de la división del trabajo, y del reparto económico de las tareas, es que cada individuo tiende a hacer precisamente lo que los demás no hacen. <strong>Tan pronto como el trabajo se divide, el comunismo necesariamente cesa, y el MUTUALISMO, la negación del comunismo, y la correlación recíproca de cada uno por los demás, y de los demás para cada uno, para un objetivo común, comienza</strong>. La marcha del progreso social va desde el comunismo hacia el mutualismo. El comunismo sacrifica al individuo para asegurar la unidad del todo. <strong>El mutualismo contiene un individualismo ilimitado como la condición previa esencial y necesaria para su propia existencia</strong>, y coordina a los individuos sin sacrificio alguno de su individualidad, en un todo colectivo, mediante la confederación espontánea o la solidaridad. El comunismo es el ideal del pasado; el mutualismo, el del futuro. [8]</p></blockquote>
<p>Este modo de definir el mutualismo, en contraposición a sus adversarios, se tornará muy común desde este momento. El capitalismo era un sistema intrínsecamente injusto, que mediante privilegios y monopolios protegidos por el Estado [9] permitía a los terratenientes, banqueros y empresarios obtener beneficios inmerecidos (la renta, el interés y el beneficio); pero el socialismo estatal y el comunismo (incluido aquí el comunismo libertario de Kropotkin), al centralizar el poder y los medios de vida en el Estado o la comunidad, despojaban al individuo de toda posibilidad de soberanía. Quien controla la propiedad de los medios de vida, dirá Benjamin Tucker, “controla también, inevitablemente, la propiedad de la vida misma”. [10] En esta tesitura, el mutualismo se presentaba como la doctrina que podía alcanzar los objetivos del socialismo sin renunciar a su carácter libertario, individualista y de mercado. Clarence Lee Swartz lo explicaba así en 1926, con motivo de su genial What Is Mutualism?:</p>
<blockquote><p>Existen varios “ismos” que consideran que la sociedad en su conjunto puede beneficiarse en mayor grado mediante la sumisión del individuo (más o menos completa) a un Estado central, a un gobierno, a una comuna, o  a cualquier otro término con que guste ser llamado este poder (que pretende ser racional y benévolo). El individuo es en gran parte ignorado.</p>
<p><strong>La teoría del Mutualismo, en cambio, mantiene que los intereses de la sociedad en general se sirven más cumplidamente de igual modo que se promueven los intereses del individuo</strong>; mediante la libertad de restricciones, en tanto que las actividades del individuo no sean invasivas; mediante la eliminación de todos los factores que limitan artificialmente las oportunidades del hombre; mediante la organización voluntaria de la sociedad en asociaciones, en la medida que tenga necesidad de emprender actividades más allá del poder de un solo individuo; en pocas palabras, mediante la creación voluntaria y el <strong>mutuo intercambio de mercancías bajo condiciones que excluyen los privilegios especiales y los monopolios protegidos por el Estado</strong>. [11]</p></blockquote>
<p>Y en la cabecera de ese mismo libro, Swartz escribe la que quizá sea la definición más clara y concisa del término mutualismo:</p>
<blockquote><p>El mutualismo es un sistema social basado en la igualdad de la libertad, la reciprocidad, y la soberanía del individuo sobre sí mismo, sus asuntos y sus productos; realizado a través de la iniciativa individual, el libre contrato, la cooperación, la competición, y la asociación voluntaria para la defensa contra los invasores y para la protección de la vida, la libertad y la propiedad no invasiva.</p></blockquote>
<p>Más adelante amplía esta idea:</p>
<blockquote><p>El Mutualismo es aplicable a cualquier relación humana. A lo largo de todas las etapas de la existencia, desde el nacimiento hasta la muerte, <strong>la mutualidad – la asociación voluntaria para la acción recíproca</strong>- puede sentirse en cualquier momento, y está disponible en cualquier momento, esperando resolver cualquier problema de relaciones sociales, para decidir cualquier asunto que aparezca en el comercio y en la industria.<br />
Para vivir el Mutualismo solo es necesario observar <strong>dos condiciones</strong>:<br />
1. Que <strong>el individuo pacífico no puede ser coaccionado</strong>, y<br />
2. Que <strong>el producto del trabajo del individuo no puede serle sustraído sin su consentimiento</strong>.<br />
De esas generalizaciones negativas así postuladas, afirmando por lo tanto la soberanía del individuo, se sigue naturalmente un corolario positivo y constructivo –<strong>la reciprocidad; que implica la iniciativa individual, el libre contrato y la asociación voluntaria</strong>. Para que no haya duda sobre el significado del término “soberanía del individuo”, debemos explicar que aquí se usa para referir el completo control del individuo no invasivo sobre sí mismo, sus asuntos, y el producto de su trabajo.</p></blockquote>
<blockquote><p>En resumen, el mutualismo es un sistema social basado en las relaciones recíprocas y no invasivas entre individuos libres.<br />
Los principios mutualistas son:<br />
A NIVEL INDIVIDUAL: Igual libertad para cada persona —sin agresión a los demás.<br />
A NIVEL ECONÓMICO: Reciprocidad sin restricciones, lo que implica libertad de cambio y contrato – sin monopolio o privilegio.<br />
A NIVEL SOCIAL: Completa libertad de asociación –sin ninguna organización coercitiva.” – [12]</p></blockquote>
<p>El libro de Swartz marcaría el fin de una etapa. Tras el auge del bolchevismo y las guerras mundiales, el mutualismo quedaría sepultado durante 80 años, cuando cobraría nueva forma gracias a los <em>Studies in Mutualist Political Economy</em> de Kevin Carson [13]. Si Swartz y Tucker se habían dedicado a definir el mutualismo en términos abstractos como “reciprocidad”, “libre contrato” o “ausencia de privilegios”, Kevin Carson dibujará una imagen muy concreta y palpable de la sociedad mutualista:</p>
<blockquote><p>Su visión última es una sociedad en la que la economía esté organizada entorno al mercado libre entre productores, y la producción esté llevada por artesanos y campesinos autónomos, pequeñas cooperativas de productores, empresas grandes controladas por los trabajadores y cooperativas de consumidores. Al grado en el que aun exista el trabajo asalariado (que es probable, si no lo suprimimos por la fuerza), la supresión de los privilegios estatistas resultará en que el salario natural del trabajador, como decía Benjamin Tucker, será su producto completo. [14]</p></blockquote>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<p>[1]: <em>What Is Mutualism?</em> Cap. III, History of the Term Mutualism, Clarence Lee Swartz.</p>
<p>[2]: Introducción a la <em>Filosofía de la miseria </em>de Proudhon, Diego Abad de Santillán, p. 13.</p>
<p>[3]: <em>Filosofía de la miseria</em>, Tomo II, p. 357, Proudhon.</p>
<p>[4]: Benjamin Tucker, en <em>Socialismo de Estado y anarquismo</em>, lo explicaba así: “Pero, aunque opuestos (Proudhon y Warren) a la socialización de la propiedad del capital, eran partidarios, sin embargo, de socializar sus efectos al hacer su uso beneficioso para todos en lugar de un medio para empobrecer a muchos y enriquecer a unos pocos. Y cuando se hizo la luz en su mente, vieron que esto podía lograrse sometiendo el capital a la ley natural de la competencia…”</p>
<p>[5]: Esta interpretación queda más clara en <em>La capacidad política de la clase obrera</em> (p. 55), donde habla de la “enseñanza mutua” junto a los seguros y el crédito mutuo.</p>
<p>[6]: Estas ideas de contrato en lo político y reciprocidad en lo económico, como opuestas al Estado y al capitalismo, aparecen extensamente (en ocasiones con distinto nombre) en <em>Idea general de la revolución en el siglo XIX</em> y<em> El principio federativo</em>. En otras secciones trataremos este asunto.</p>
<p>[7]:<em> Mutual Banking</em>, The Provincial Land-Bank, p. 37, William Greene http://libertarian-labyrinth.org/greene/mutualbanking1870.pdf</p>
<p>[8]: <em>Socialistic, Communistic, Mutualistic, and Financial Fragments</em>, Cap. 3: Communism vs. Mutualism, William Greene http://libertarian-labyrinth.org/archive/Socialistic,_Communistic,_Mutualistic,_and_Financial_Fragments/3</p>
<p>[9]: Véase <em>Socialismo de Estado y anarquismo</em> o <em>Declaración de propósitos de Liberty</em>, de Benjamin Tucker,<br />
http://www.banderanegra.canadianwebs.com/pretucker.html. Véanse también, más adelante, las referencias a Clarence Lee Swartz.</p>
<p>[10]: <em>On Picket Duty</em>, contenido en<em> Instead of a Book: By a Man Too Busy To Write One</em>, parte IV, Benjamin Tucker. http://fair-use.org/benjamin-tucker/instead-of-a-book/on-picket-duty-4</p>
<p>[11]: <em>What Is Mutualism?</em> cap. III, The Case Of Freedom, Clarence Lee Swartz http://www.panarchy.org/swartz/mutualism.3.html</p>
<p>[12]: <em>What Is Mutualism?</em> Cap. III, The Case Of Freedom, Mutualism Universally Applicable, Clarence Lee Swartz http://www.panarchy.org/swartz/mutualism.3.html</p>
<p>[13]: Disponible online aquí: http://mutualist.org/id47.html</p>
<p>[14]: Introducción a www.mutualist.org, Kevin Carson.</p>
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		<title>La privatización del Imperio romano</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Oct 2009 18:21:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Vuelvo a postear en Societas maris, esta vez sobre la disolución del Imperio romano y las instituciones que lo reemplazaron: Durante los últimos siglos de la Antigüedad, la escasez relativa de esclavos y la baja productividad del trabajo eran incapaces de proporcionar los recursos suficientes para sufragar las necesidades administrativas y militares del Imperio. Ante [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1954" title="romanos y germanos" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/10/romanos-y-germanos.jpg" alt="romanos y germanos" width="359" height="164" /></p>
<p>Vuelvo a postear en <a href="http://societasmaris.blogspot.com/"><span style="text-decoration: underline;"><em>Societas maris</em></span></a>, esta vez sobre la disolución del Imperio romano y las instituciones que lo reemplazaron:</p>
<blockquote><p>Durante los últimos siglos de la Antigüedad, la escasez relativa de esclavos y la baja productividad del trabajo eran incapaces de proporcionar los recursos suficientes para sufragar las necesidades administrativas y militares del Imperio. Ante eso, los emperadores aumentaron la presión fiscal –en una época en que se desconocía la “ley de Laffer”-, al tiempo que promulgaban leyes para obligar a los magistrados a sufragar sus propios cargos, y a permanecer en ellos de por vida. Unido a las perennes devaluaciones de la moneda y al control de precios, la política imperial forzó la huida masiva de la gente a los campos y el declive del comercio. El sistema económico romano había quebrado.</p>
<p>En ese contexto, el centralizado Estado romano se resquebrajó, consumido por las guerras civiles y las revueltas, y en su lugar surgieron multitud de mecanismos e instituciones descentralizadas encargados de cumplir con sus mismas funciones en materias tales como la seguridad, la ley o el comercio. Aunque los defectos de este nuevo sistema darían lugar al feudalismo, la semilla del contrato y la propiedad privada permanecerían para siempre en el bagaje cultural de occidente, y muchos de sus logros no serían borrados hasta la aparición del absolutismo o de los Estados modernos.</p></blockquote>
<p>Para leer más <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2009/10/la-privatizacion-del-imperio-romano.html"><span style="text-decoration: underline;"><em>pinchad aquí</em></span></a>.</p>
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		<title>Empiezo un nuevo blog</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Sep 2009 21:04:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta vez, sobre historia: Societas maris. No tiene en principio ninguna pretensión política, pero obviamente beberá de, p. ej., la teoría de la organización de Kevin Carson a la hora de hablar de historia económica. Las entradas más relacionadas con el mutualismo o el anarquismo las colgaré aquí, donde por supuesto continuaré escribiendo -aunque trataré [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1887" title="biblioteca paris" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/09/biblioteca-paris.jpg" alt="biblioteca paris" width="165" height="165" /></p>
<p>Esta vez, sobre historia: <a href="http://societasmaris.blogspot.com/"><span style="text-decoration: underline;"><em>Societas maris</em></span></a>. No tiene en principio ninguna pretensión política, pero obviamente beberá de, p. ej., la teoría de la organización de Kevin Carson a la hora de hablar de historia económica. Las entradas más relacionadas con el mutualismo o el anarquismo las colgaré aquí, donde por supuesto continuaré escribiendo -aunque trataré de reducir el ritmo.</p>
<blockquote><p>Este blog pretende ser huida y contrapunto de las teorías que dominan los estudios universitarios; principalmente del positivismo histórico –esa caótica recopilación de datos y fechas que desvían al alumno de lo verdaderamente importante; el análisis de causas y consecuencias-. No me interesan tanto las hazañas de los reyes como la acción de las personas cotidianas y su influencia sobre la estructura social. Al mismo tiempo, no me interesa tanto la historia biográfica de personajes aislados como la historia y la evolución de las organizaciones –a pesar de suscribir abiertamente el individualismo metodológico.</p>
<p>[...]</p>
<p>Uno de los motivos de abrir este blog ha sido aplicar a la historia los conocimientos que he ido adquiriendo a través de mis otras aficiones; el lector podrá percibir la influencia de los economistas austriacos, especialmente Carl Menger, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, a quienes debo herramientas básicas como el individualismo metodológico, la praxeología y el estudio de los órdenes espontáneos, respectivamente. También estoy en deuda con teóricos de la organización como Ronald Coase y Kevin Carson; antropólogos como Marvin Harris, Allen W. Johnson y Timothy Earle o, incluso, con teóricos de la historia como Karl Marx, Friedrich Engels y Edward H. Carr –de quienes tomo muy selectivamente.</p></blockquote>
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