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	<title>mutualismo.org &#187; Historia</title>
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	<description>Libre mercado anticapitalista</description>
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		<title>El individualismo metodológico</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Jul 2010 16:34:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[“Se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida.” – Karl Marx. Vuelvo a la carga en Societas Maris, esta vez con un post sobre individualismo metodológico, fenómenos espontáneos y fenómenos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/07/babilonia-calle1.png"><img class="alignnone size-medium wp-image-2233" title="babilonia calle" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/07/babilonia-calle1-252x300.png" alt="" width="252" height="300" /></a></p>
<p><em>“Se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida.” – </em>Karl Marx.</p>
<p><em> </em></p>
<p>Vuelvo a la carga en <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2010/07/el-individualismo-metodologico.html"><em>Societas Maris</em></a>, esta vez con un post sobre individualismo metodológico, fenómenos espontáneos y fenómenos planificados (con apéndice sobre el origen del dinero, al que probablemente se vayan añadiendo otros):</p>
<blockquote><p>El individualismo metodológco ha sido objeto de numerosas malinterpretaciones, posiblemente debido a que sus críticos atribuyen significados diferentes al término “individualismo”. En ocasiones se le considera como el estudio restringido de los comportamientos individuales, anecdóticos, en detrimento de las estructuras sociales; y en otras se le confunde con el estudio biográfico de los grandes personajes, en contraste con la masa anónima de hombres y mujeres que componen la Historia.</p>
<p>Pero la pretensión del individualismo metodológico es mucho más amplia: trata de descomponer los fenómenos sociales en sus elementos más simples, con el objetivo de trazar, a partir de ellos, las relaciones causales que dan lugar a fenómenos de mayor alcance (Menger, 1883). Considera que solo a partir del estudio de los individuos y de sus acciones concretas se puede reconstruir el origen y la evolución de las instituciones humanas.</p></blockquote>
<p>Podéis leer más <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2010/07/el-individualismo-metodologico.html"><em>aquí</em></a>.</p>
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		<title>Las empresas no han crecido tanto</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jun 2010 20:06:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores anarcocapitalistas]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Izquierda libertaria]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría de la organización]]></category>

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		<description><![CDATA[David Friedman discute en The Machinery of Freedom (p. 20) si el tamaño de la empresa ha crecido a lo largo de último siglo tanto como pensamos (y por qué pensamos así): Stigler examina la cuestión de si la concentración ha tendido históricamente a incrementarse. Su conclusión es que el grado de concentración en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/06/david-friedman.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2219" title="david friedman" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/06/david-friedman-200x300.jpg" alt="" width="149" height="224" /></a></p>
<p>David Friedman discute en <a href="http://daviddfriedman.com/The_Machinery_of_Freedom_.pdf"><span style="text-decoration: underline;"><em>The Machinery of Freedom</em></span></a> (p. 20) si el tamaño de la empresa ha crecido a lo largo de último siglo tanto como pensamos (y por qué pensamos así):</p>
<blockquote><p>Stigler examina la cuestión de si la concentración ha tendido históricamente a incrementarse. Su conclusión es que el grado de concentración en la economía ha sido relativamente estable. Siempre parece incrementarse, porque las industrias muy concentradas son mucho más visibles que su contraparte competitiva. Todos sabemos que, entre 1920 y la actualidad, General Motors ha adquirido una posición de fuerza e n la industria del automóvil. Pocos de nosotros caemos en la cuenta de que durante el mismo periodo U.S. Steel perdió su dominio en la industria del acero. Por la misma razón, tendemos a exagerar el grado de concentración que existe en cualquier periodo dado. Las áreas de la economía que consideramos &#8220;importantes&#8221; tienden a ser aquellas en las que podemos identificar una única gran empresa. Raramente consideramos otras &#8216;industrias&#8217; como restaurantes y bares, servicios domésticos, fabricación de ropa y textiles, que son altamente competitivas y emplean a más gente que las industrias del hierro, el metal y el automóvil juntas.</p></blockquote>
<p>Su argumento, además, tiene importantes consecuencias a la hora de combatir la idea que identifica &#8220;modernidad económica&#8221; con el gran tamaño de las organizaciones empresariales. Buenos ejemplos de lo que comenta Friedman serían la industria cooperativa a pequeña escala de <a href="http://www.mutualismo.org/2008/09/reportaje-de-emilia-romagna/"><span style="text-decoration: underline;"><em>Emilia Romagna</em></span></a>, el sector textil de <a href="http://www.mutualismo.org/2010/02/la-industria-textil-de-prato/"><span style="text-decoration: underline;"><em>Prato</em></span></a> o la red de pymes <a href="http://www.mutualismo.org/2009/04/marrv-produccion-en-red-en-accion/comment-page-1/"><span style="text-decoration: underline;"><em>MARRV</em></span></a>.</p>
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		<title>Estabilidad institucional en una sociedad sin Estado</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jun 2010 17:17:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Servicios mutualizados]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre libre mercado]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre mutualismo]]></category>

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		<description><![CDATA[El economista e historiador Douglass C. North aporta un argumento algo más elaborado de lo usual a favor de la existencia del Estado en Institutions, Institutional Change and Economic Performance (1991). Si bien es cierto que las sociedades sin Estado son posibles -admite North-, la economía de estas sociedades tiende a ser rudimentaria: los intercambios son [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/06/douglass-north.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-2213" title="douglass north" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/06/douglass-north.jpg" alt="" width="152" height="212" /></a></p>
<p>El economista e historiador <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Douglass_North"><span style="text-decoration: underline;"><em>Douglass C. North</em></span></a> aporta un argumento algo más elaborado de lo usual a favor de la existencia del Estado en <em>Institutions, Institutional Change and Economic Performance </em>(1991).</p>
<p>Si bien es cierto que las sociedades sin Estado son posibles -admite North-, la economía de estas sociedades tiende a ser rudimentaria: los intercambios son sencillos; se realizan en un ámbito espacial y temporal reducido; implican siempre a los mismos actores, que generalmente se conocen, y las características de los bienes intercambiados tienden a ser fácilmente medibles. Nótese que esto implica que las sociedades aestatales generan mecanismos para burlar la necesidad de un Estado central: p. ej. para evitar el oportunismo y el fraude, los actores tratan de repetir los intercambios con las mismas personas, o llevar al mercado únicamente bienes con características fáciles de medir (donde los problemas de información asimétrica entre comprador y vendedor son menores). Las sociedades tribales serían un buen ejemplo.</p>
<p>Sin embargo, estos mecanismos son insuficientes para articular una economía compleja y desarrollada, donde los intercambios son impersonales, diferidos temporal y espacialmente e implican mercancías de difícil medición. Pensemos en la producción de cualquier mercancía cuyos atributos relevantes sean conocidos solo parcialmente por el comprador (p. ej. calidad de las piezas), en la que intervengan distintas empresas, cooperando desde distintos países o regiones en diferentes momentos del tiempo. En este contexto, aunque en general las empresas tratarán de mantener una reputación a largo plazo, algunas tendrán incentivos en comportarse de forma oportunista para obtener beneficios a corto plazo. Dado que es imposible especificar en un contrato todos los términos de un intercambio complejo (por ello se habla de &#8220;contratos incompletos&#8221;), los pleitos entre las partes serán frecuentes.</p>
<p>En definitiva, la mayor incertidumbre (que equivale a más costes de transacción) derivada de una economía compleja hace necesaria la existencia de un tercero al que todos los actores puedan apelar en última instancia. Si una sociedad libertaria es incapaz de generar esto, su economía se estancará: los individuos tratarán de atenuar la incertidumbre reduciendo espacial y temporalmente sus transacciones, intercambiando mercancías de características bien conocidas (es decir, cotidianas) con individuos familiares una y otra vez.</p>
<p>Hasta cierto punto (y solo hasta cierto punto), la argumentación de North también explica por qué la Islandia, Irlanda y Britania medievales son ejemplos exitosos de sociedades de derecho privado: desde luego, el nivel de intercambios era sencillo y, en consecuencia, la necesidad de un Estado central era escasa. Pero no explica cómo el derecho tribal pudo mantenerse en la Arabia preislámica, aun cuando las costas del Mar Rojo intermediaban en algunas de las rutas comerciales más transitadas del mundo (entre Bizancio y el Lejano Oriente); o, especialmente, cómo las asociaciones privadas de mercaderes europeos pudieron generar, feria tras feria, la Ley Mercantil.</p>
<p>Antes del renacimiento urbano del siglo XI, en Europa existían importantes dificultades al comercio derivadas de la ausencia de un Estado central común (Benson, 1990):</p>
<blockquote><p>Los mercaderes hablaban idiomas distintos y procedían de tradiciones culturales diferentes. Y aún más, las distancias geográficas impedían la comunicación directa, por no hablar de la ausencia de lazos interpersonales que hubieran facilitado la confianza. Se necesitaba una multitud de intermediarios para realizar un intercambio, entre ellos los agentes del comprador, los del vendedor y los transportistas. Todo esto &#8216;provocaba recelos hacia los usos extranjeros, y la disparidad de costumbres daba lugar a disputas comerciales&#8217;.</p></blockquote>
<p>Sin embargo, las organizaciones comerciales privadas solventaron este problema. A medida que los mercaderes empezaron a comerciar a través de las barreras políticas, culturales y geográficas, exportaron también sus prácticas comerciales a los mercados extranjeros. Las antiguas costumbres de ámbito local que resultaron ser comunes a muchos lugares acabaron formando parte del Derecho mercantil internacional. Donde surgían problemas, las prácticas que resultaran ser más eficientes para facilitar los intercambios comerciales desplazaron a las que no lo eran tanto. Y, a medida que las leyes del comercio se iban haciendo más precisas, se ponían por escrito (<em>Ibídem</em>).</p>
<p>Es más, los mercaderes llegaron a formar sus propios tribunales para administrar justicia, a donde presentaban sus quejas de fraude, oportunismo, abusos, etc. Su eficacia radicaba en el común acuerdo de los mercaderes para aceptar el veredicto antes de comparecer; en caso contrario, el mercader refractario era excluido de los circuitos comerciales y de la organización a la que perteneciese. El ostracismo era una medida de presión social eficaz.</p>
<p>En el siglo XXI, una sociedad sin Estado podría generar estabilidad económica de una forma similar. Los actores tendrían incentivos en señalizar su propia honestidad y en comprobar la honestidad de su contraparte para maximizar sus posibilidades de intercambio pero, dados los altos costes de información de &#8220;medir&#8221; la honestidad de individuo a individuo, es probable que los tratos comerciales estuvieran avalados por las compañías aseguradoras (o mutuas) de los actores implicados.<br />
Así, nadie entraría en tratos con individuos que no estuviesen respaldados por compañías de honestidad probada, y estas tendrían incentivos en obligar a sus asociados a respetar los contratos y saldar sus deudas (al tiempo que cobrarían tarifas distintas en función de la reputación del cliente).</p>
<p>La probabilidad de casos de oportunismo, fraude, etc. se reduciría notablemente, y la teórica incertidumbre generada por la ausencia de Estado daría lugar a una auténtica anarquía ordenada.</p>
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		<title>La transferencia de población del campo a la ciudad</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2010/04/la-transferencia-de-poblacion-del-campo-a-la-ciudad/</link>
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		<pubDate>Fri, 30 Apr 2010 09:17:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Haciendo abstracción de la historia, si desde el Neolítico las sociedades se hubieran regido por parámetros libertarios, la transferencia de población del campo a la ciudad (y la misma aparición de las ciudades) habría seguido los siguientes pasos: 1.    En primer lugar, la sociedad estaría compuesta de campesinos dedicados única y exclusivamente a la producción [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/04/campo-paraguayo.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2170" title="campo paraguayo" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2010/04/campo-paraguayo-300x224.jpg" alt="" width="225" height="168" /></a></p>
<p>Haciendo abstracción de la historia, si desde el Neolítico las sociedades se hubieran regido por parámetros libertarios, la transferencia de población del campo a la ciudad (y la misma aparición de las ciudades) habría seguido los siguientes pasos:</p>
<p>1.    En primer lugar, la sociedad estaría compuesta de campesinos dedicados única y exclusivamente a la producción directa de bienes de subsistencia.<br />
2.    Conforme aumentase el excedente de producción (intensificación económica, mejora climática, etc.), los campesinos podrían saciar necesidades menos apremiantes, dedicando una parte cada vez mayor de su <em>output</em> a la adquisición de bienes manufacturados (vestido, calzado, etc.).<br />
3.    A causa de esta nueva demanda, parte de la industria campesina, dedicada al autoconsumo familiar, encontraría más rentable la venta para el mercado, restando tiempo de trabajo a las tareas del campo. Así surgirían la división social del trabajo y el artesanado especializado.<br />
4.    Si la demanda está lo suficientemente extendida territorialmente, los artesanos especializados tenderán a ocupar lugares centrales para minimizar los costes de desplazamiento de la mayoría de sus consumidores, dando lugar a las ciudades (que pueden superponerse a lugares de intercambio campesino tradicionales, etc.).</p>
<p>Parcialmente, el nacimiento de las ciudades durante la Edad del Cobre y el renacimiento urbano del siglo XI siguieron pautas similares, si excluimos loa intervención de las élites, la centralización administrativa, la aparición del Estado y los privilegios ciudadanos.</p>
<p>El primer modelo supone que la ciudad nace para saciar las necesidades del campo (donde hasta la actualidad sigue viviendo la mayor parte de la población mundial), pero, una vez organizada, los ciudadanos tienen incentivos en emplear su fuerza concentrada para subordinar al campo: pueden dar lugar a los primeros Estados que centralicen el excedente agrario; pueden excluir a los foráneos de las actividades urbanas, inflando artificialmente su rentabilidad; pueden gravar las actividades agrarias para subvencionar las actividades urbanas (administrativas e industriales); o pueden infringir los derechos de propiedad campesinos para forzar la emigración y aumentar los beneficios de los empleadores de trabajo urbanos (<em>enclosures</em>, etc.).</p>
<p>Incluso hoy, muchos países en desarrollo sufren la agresión de los cultivos transgénicos, que contaminan los campos circundantes e impiden la producción tradicional, arruinando a los pequeños propietarios e incentivando su emigración -con el beneplácito o la connivencia del Estado.</p>
<p>En todos estos casos, la transferencia de riqueza y población (la una sigue a la otra) tiene como base la agresión institucionalizada, que modifica los precios relativos de los diferentes empleos y, por lo tanto, el modo de ocupar el territorio.</p>
<p>En gran parte, la intervención estatal en el campo ha determinado las relaciones entre capital y trabajo hasta la actualidad, y parece imposible imaginar cómo se habrían desarrollado las ciudades y la industria en un contexto puramente libertario.</p>
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		<title>Minienciclopedia (II): historia del término mutualismo</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2009/12/minienciclopedia-ii-historia-del-termino-mutualismo/</link>
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		<pubDate>Fri, 11 Dec 2009 19:39:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores mutualistas]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre mutualismo]]></category>
		<category><![CDATA[Socialismo de mercado]]></category>

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		<description><![CDATA[Continúo con la “minienciclopedia”. En principio creo que es bastante apropiada la definición que di al principio –con todos los conceptos que contiene implícitamente y que desarrollaré en otras secciones-; aquí me gustaría hacer un repaso histórico sobre las diferentes concepciones y definiciones de mutualismo, desde sus orígenes –anteriores a Proudhon- hasta Kevin Carson. No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-2049" title="mutualismo violeta" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/12/mutualismo-violeta.jpg" alt="mutualismo violeta" width="160" height="163" /></p>
<p>Continúo con la “minienciclopedia”. En principio creo que es bastante apropiada la definición que di al principio –con todos los conceptos que contiene implícitamente y que desarrollaré en otras secciones-; aquí me gustaría hacer un repaso histórico sobre las diferentes concepciones y definiciones de mutualismo, desde sus orígenes –anteriores a Proudhon- hasta Kevin Carson. No se trata de una historia del mutualismo, por lo que no aparecerán militantes célebres como Tolain o Dyler Lum, sino únicamente aquellos autores que han contribuido a definir y explicar el término. La tarea de recopilar información sobre la historia del movimiento mutualista, especialmente las asociaciones obreras de Europa y Estados Unidos, su papel en la primera Internacional, etc. quedará para otro capítulo de la minienciclopedia. Disculpad la abundancia de citas, pero lo veo necesario a la hora de abordar temas tan espinosos.</p>
<p>Como punto de partida, por tanto, tomamos esta definición (cuando todos los conceptos estén definidos por separado, quizá podría añadir anotaciones al pie para dirigir al lector a cada uno de ellos –p. ej. reciprocidad, principio de costo, etc.):</p>
<blockquote><p>El mutualismo es un sistema económico y social basado en la libertad de contrato, la propiedad privada y los mercados libres, que toma el capitalismo actual como producto del privilegio y el monopolio promovidos por el Estado y aspira a una sociedad regida por cooperativas de trabajadores y pequeños negocios, en un contexto político donde el Estado ha sido reemplazado -incluso en funciones tales como la ley, la seguridad o la justicia- por mutualidades, compañías de seguros y tribunales de arbitraje.<strong></strong></p></blockquote>
<p><strong>Historia del término mutualismo</strong></p>
<p>Según Clarence Lee Swartz [1], el primero en emplear el término mutualismo fue John Gray (1832), un socialista ricardiano que, en la línea de Thomas Hodgskin y otros autores, utilizó la infraestructura teórica de los economistas clásicos para condenar el privilegio y el monopolio en que se sustentaba el capitalismo, proponiendo la liberación del mercado como medio para restaurar la reciprocidad en el cambio.</p>
<p>Poco después, en Lyon, Francia, apareció un grupo de obreros que se hacían llamar los mutualistas, y que desde 1843 ejercerían una influencia decisiva sobre Proudhon [2]. A partir de este momento comenzaría la historia oficial del mutualismo. Ya en 1846, Proudhon dedicaba unos párrafos finales de su Filosofía de la miseria al mutualismo:</p>
<blockquote><p>Para llegar a la organización definitiva que parece ser el destino de nuestra especie sobre el globo, sólo falta hacer la ecuación general de todas nuestras contradicciones.<br />
Pero, ¿cuál será la fórmula de esta ecuación?<br />
Después de todo lo dicho, ya podemos entreverla: debe ser una ley de cambio, una <strong>teoría de MUTUALIDAD</strong>, un sistema de garantías que resuelva las formas antiguas de nuestras sociedades civiles y comerciales, y que satisfaga a todas las condiciones de eficiencia, de progreso y de justicia que ha señalado la crítica: una sociedad no sólo convencional, sino real; que cambie la división parcelaria en instrumento de ciencia; que suprima la servidumbre de las máquinas y prevenga las crisis de su aparición; <strong>que haga de la competencia un beneficio, y del monopolio una garantía de seguridad para todos; que, por la fuerza de su principio, en vez de pedir crédito al capital y protección al Estado, someta al trabajo el capital y el Estado</strong>; que, por la sinceridad del cambio, cree una verdadera solidaridad entre los pueblos; que, sin prohibir la iniciativa individual ni el ahorro doméstico, devuelva constantemente a la sociedad las riquezas que la apropiación retira; que por este movimiento de entrada y salida de los capitales, asegure la igualdad política e industrial de los ciudadanos, y por un vasto sistema de educación pública, elevando siempre su nivel, favorezca la igualdad de las funciones y la equivalencia de las aptitudes […]. [3]</p></blockquote>
<p>Conviene hacer aquí algunas aclaraciones. Cuando Proudhon hablaba de “hacer beneficiosa la competencia” no tenía en mente un Estado regulador como el de nuestros días, sino la abolición de los privilegios que retenían la riqueza en beneficio de unos pocos, de modo que “sin prohibir la iniciativa individual ni el ahorro doméstico, devuelva constantemente a la sociedad las riquezas que la apropiación retira”. Proudhon reclamaba la liberación del mercado, cuyas fuerzas derramarían la riqueza en beneficio de toda la sociedad. [4]</p>
<p>Igualmente, hacer del “monopolio una garantía de seguridad para todos” no implicaba para él restaurar el Estado del bienestar, sino entregar a sus clientes (la sociedad) los servicios que –en su opinión- serían monopolios naturales. Proudhon propone mutualizar los servicios que el mercado no pueda ofrecer adecuadamente (algo que, aunque discutible para los mutualistas de hoy, sigue siendo perfectamente válido). En este sentido tiene que entenderse también su demanda de un “vasto sistema de educación pública”; esto es, en control del público, mutualizada. [5]<br />
Por último, “someter el capital y el Estado al trabajo” equivaldría, en el lenguaje de Proudhon, a reemplazar las relaciones de jerarquía en lo político y en lo económico por relaciones de contrato (es decir, voluntarias) y reciprocidad (es decir, sin privilegios y entre iguales). [6] La banca mutualista permitiría a los trabajadores independizarse del capital; las mutualidades de defensa y protección lo permitirían del Estado.</p>
<p>En 1865 ofrece una definición más breve de mutualismo (<em>La capacidad política de la clase obrera</em>, p. 54):</p>
<blockquote><p>La palabra mutual, mutualidad, mutuo, que tiene por sinónimo recíproco y reciprocidad, viene del latín mutuum, que significa préstamo (de cosa fungible), y en un sentido más lato, cambio. Es sabido que en el préstamo de cosa fungible, el objeto prestado es consumido por el mutuatario, que no devuelve sino su equivalente, ya en la misma especie, ya bajo cualquier otra forma. Supónganse que el mutuante pase a ser a su vez mutuatario, y se tendrá un préstamo mutuo, y por consecuencia, un cambio: tal es el lazo lógico que ha hecho que se dé el mismo nombre a dos operaciones distintas. […]. Lo que nos interesa s saber cómo sobre<strong> esa idea de mutualidad, de reciprocidad y de cambio, es decir, de justicia, sustituida a las de autoridad, comunidad o caridad, se ha venido en política y en economía a constituir un sistema de relaciones que tiende nada menos que a cambiar de arriba abajo el orden social</strong>.</p></blockquote>
<p>Pocos años después, las ideas mutualistas viajarían al otro lado del Atlántico, de la mano de William Greene, conocido como el “Proudhon americano” por su adhesión apasionada a las ideas mutualistas. En Estados Unidos el mutualismo se despojará del lenguaje contradictorio y polémico de Proudhon, y, bajo la influencia del liberalismo revolucionario de décadas anteriores, enfatizará la soberanía del individuo, el derecho de propiedad y la libertad de contrato frente al capitalismo y el socialismo estatal, contra el que dirigirán muchos de sus vehementes ataques. En 1850, escribe Greene:</p>
<blockquote><p>El mutualismo opera, por su propia naturaleza, para hacer el gobierno político, fundado en la fuerza arbitraria, superfluo; esto es, opera para la descentralización del poder político, y para la transformación del Estado, reemplazando el gobierno ab extra por el autogobierno. [7]</p></blockquote>
<p>25 años después, Greene enfrentará la idea del mutualismo con la del comunismo, considerado este último perjudicial para la libertad y para el progreso:</p>
<blockquote><p>El primer gran paso en el progreso humano resulta de la división del trabajo. Una característica de la división del trabajo, y del reparto económico de las tareas, es que cada individuo tiende a hacer precisamente lo que los demás no hacen. <strong>Tan pronto como el trabajo se divide, el comunismo necesariamente cesa, y el MUTUALISMO, la negación del comunismo, y la correlación recíproca de cada uno por los demás, y de los demás para cada uno, para un objetivo común, comienza</strong>. La marcha del progreso social va desde el comunismo hacia el mutualismo. El comunismo sacrifica al individuo para asegurar la unidad del todo. <strong>El mutualismo contiene un individualismo ilimitado como la condición previa esencial y necesaria para su propia existencia</strong>, y coordina a los individuos sin sacrificio alguno de su individualidad, en un todo colectivo, mediante la confederación espontánea o la solidaridad. El comunismo es el ideal del pasado; el mutualismo, el del futuro. [8]</p></blockquote>
<p>Este modo de definir el mutualismo, en contraposición a sus adversarios, se tornará muy común desde este momento. El capitalismo era un sistema intrínsecamente injusto, que mediante privilegios y monopolios protegidos por el Estado [9] permitía a los terratenientes, banqueros y empresarios obtener beneficios inmerecidos (la renta, el interés y el beneficio); pero el socialismo estatal y el comunismo (incluido aquí el comunismo libertario de Kropotkin), al centralizar el poder y los medios de vida en el Estado o la comunidad, despojaban al individuo de toda posibilidad de soberanía. Quien controla la propiedad de los medios de vida, dirá Benjamin Tucker, “controla también, inevitablemente, la propiedad de la vida misma”. [10] En esta tesitura, el mutualismo se presentaba como la doctrina que podía alcanzar los objetivos del socialismo sin renunciar a su carácter libertario, individualista y de mercado. Clarence Lee Swartz lo explicaba así en 1926, con motivo de su genial What Is Mutualism?:</p>
<blockquote><p>Existen varios “ismos” que consideran que la sociedad en su conjunto puede beneficiarse en mayor grado mediante la sumisión del individuo (más o menos completa) a un Estado central, a un gobierno, a una comuna, o  a cualquier otro término con que guste ser llamado este poder (que pretende ser racional y benévolo). El individuo es en gran parte ignorado.</p>
<p><strong>La teoría del Mutualismo, en cambio, mantiene que los intereses de la sociedad en general se sirven más cumplidamente de igual modo que se promueven los intereses del individuo</strong>; mediante la libertad de restricciones, en tanto que las actividades del individuo no sean invasivas; mediante la eliminación de todos los factores que limitan artificialmente las oportunidades del hombre; mediante la organización voluntaria de la sociedad en asociaciones, en la medida que tenga necesidad de emprender actividades más allá del poder de un solo individuo; en pocas palabras, mediante la creación voluntaria y el <strong>mutuo intercambio de mercancías bajo condiciones que excluyen los privilegios especiales y los monopolios protegidos por el Estado</strong>. [11]</p></blockquote>
<p>Y en la cabecera de ese mismo libro, Swartz escribe la que quizá sea la definición más clara y concisa del término mutualismo:</p>
<blockquote><p>El mutualismo es un sistema social basado en la igualdad de la libertad, la reciprocidad, y la soberanía del individuo sobre sí mismo, sus asuntos y sus productos; realizado a través de la iniciativa individual, el libre contrato, la cooperación, la competición, y la asociación voluntaria para la defensa contra los invasores y para la protección de la vida, la libertad y la propiedad no invasiva.</p></blockquote>
<p>Más adelante amplía esta idea:</p>
<blockquote><p>El Mutualismo es aplicable a cualquier relación humana. A lo largo de todas las etapas de la existencia, desde el nacimiento hasta la muerte, <strong>la mutualidad – la asociación voluntaria para la acción recíproca</strong>- puede sentirse en cualquier momento, y está disponible en cualquier momento, esperando resolver cualquier problema de relaciones sociales, para decidir cualquier asunto que aparezca en el comercio y en la industria.<br />
Para vivir el Mutualismo solo es necesario observar <strong>dos condiciones</strong>:<br />
1. Que <strong>el individuo pacífico no puede ser coaccionado</strong>, y<br />
2. Que <strong>el producto del trabajo del individuo no puede serle sustraído sin su consentimiento</strong>.<br />
De esas generalizaciones negativas así postuladas, afirmando por lo tanto la soberanía del individuo, se sigue naturalmente un corolario positivo y constructivo –<strong>la reciprocidad; que implica la iniciativa individual, el libre contrato y la asociación voluntaria</strong>. Para que no haya duda sobre el significado del término “soberanía del individuo”, debemos explicar que aquí se usa para referir el completo control del individuo no invasivo sobre sí mismo, sus asuntos, y el producto de su trabajo.</p></blockquote>
<blockquote><p>En resumen, el mutualismo es un sistema social basado en las relaciones recíprocas y no invasivas entre individuos libres.<br />
Los principios mutualistas son:<br />
A NIVEL INDIVIDUAL: Igual libertad para cada persona —sin agresión a los demás.<br />
A NIVEL ECONÓMICO: Reciprocidad sin restricciones, lo que implica libertad de cambio y contrato – sin monopolio o privilegio.<br />
A NIVEL SOCIAL: Completa libertad de asociación –sin ninguna organización coercitiva.” – [12]</p></blockquote>
<p>El libro de Swartz marcaría el fin de una etapa. Tras el auge del bolchevismo y las guerras mundiales, el mutualismo quedaría sepultado durante 80 años, cuando cobraría nueva forma gracias a los <em>Studies in Mutualist Political Economy</em> de Kevin Carson [13]. Si Swartz y Tucker se habían dedicado a definir el mutualismo en términos abstractos como “reciprocidad”, “libre contrato” o “ausencia de privilegios”, Kevin Carson dibujará una imagen muy concreta y palpable de la sociedad mutualista:</p>
<blockquote><p>Su visión última es una sociedad en la que la economía esté organizada entorno al mercado libre entre productores, y la producción esté llevada por artesanos y campesinos autónomos, pequeñas cooperativas de productores, empresas grandes controladas por los trabajadores y cooperativas de consumidores. Al grado en el que aun exista el trabajo asalariado (que es probable, si no lo suprimimos por la fuerza), la supresión de los privilegios estatistas resultará en que el salario natural del trabajador, como decía Benjamin Tucker, será su producto completo. [14]</p></blockquote>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<p>[1]: <em>What Is Mutualism?</em> Cap. III, History of the Term Mutualism, Clarence Lee Swartz.</p>
<p>[2]: Introducción a la <em>Filosofía de la miseria </em>de Proudhon, Diego Abad de Santillán, p. 13.</p>
<p>[3]: <em>Filosofía de la miseria</em>, Tomo II, p. 357, Proudhon.</p>
<p>[4]: Benjamin Tucker, en <em>Socialismo de Estado y anarquismo</em>, lo explicaba así: “Pero, aunque opuestos (Proudhon y Warren) a la socialización de la propiedad del capital, eran partidarios, sin embargo, de socializar sus efectos al hacer su uso beneficioso para todos en lugar de un medio para empobrecer a muchos y enriquecer a unos pocos. Y cuando se hizo la luz en su mente, vieron que esto podía lograrse sometiendo el capital a la ley natural de la competencia…”</p>
<p>[5]: Esta interpretación queda más clara en <em>La capacidad política de la clase obrera</em> (p. 55), donde habla de la “enseñanza mutua” junto a los seguros y el crédito mutuo.</p>
<p>[6]: Estas ideas de contrato en lo político y reciprocidad en lo económico, como opuestas al Estado y al capitalismo, aparecen extensamente (en ocasiones con distinto nombre) en <em>Idea general de la revolución en el siglo XIX</em> y<em> El principio federativo</em>. En otras secciones trataremos este asunto.</p>
<p>[7]:<em> Mutual Banking</em>, The Provincial Land-Bank, p. 37, William Greene http://libertarian-labyrinth.org/greene/mutualbanking1870.pdf</p>
<p>[8]: <em>Socialistic, Communistic, Mutualistic, and Financial Fragments</em>, Cap. 3: Communism vs. Mutualism, William Greene http://libertarian-labyrinth.org/archive/Socialistic,_Communistic,_Mutualistic,_and_Financial_Fragments/3</p>
<p>[9]: Véase <em>Socialismo de Estado y anarquismo</em> o <em>Declaración de propósitos de Liberty</em>, de Benjamin Tucker,<br />
http://www.banderanegra.canadianwebs.com/pretucker.html. Véanse también, más adelante, las referencias a Clarence Lee Swartz.</p>
<p>[10]: <em>On Picket Duty</em>, contenido en<em> Instead of a Book: By a Man Too Busy To Write One</em>, parte IV, Benjamin Tucker. http://fair-use.org/benjamin-tucker/instead-of-a-book/on-picket-duty-4</p>
<p>[11]: <em>What Is Mutualism?</em> cap. III, The Case Of Freedom, Clarence Lee Swartz http://www.panarchy.org/swartz/mutualism.3.html</p>
<p>[12]: <em>What Is Mutualism?</em> Cap. III, The Case Of Freedom, Mutualism Universally Applicable, Clarence Lee Swartz http://www.panarchy.org/swartz/mutualism.3.html</p>
<p>[13]: Disponible online aquí: http://mutualist.org/id47.html</p>
<p>[14]: Introducción a www.mutualist.org, Kevin Carson.</p>
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		<title>La privatización del Imperio romano</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Oct 2009 18:21:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Contrainstituciones]]></category>
		<category><![CDATA[Derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
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		<description><![CDATA[Vuelvo a postear en Societas maris, esta vez sobre la disolución del Imperio romano y las instituciones que lo reemplazaron: Durante los últimos siglos de la Antigüedad, la escasez relativa de esclavos y la baja productividad del trabajo eran incapaces de proporcionar los recursos suficientes para sufragar las necesidades administrativas y militares del Imperio. Ante [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1954" title="romanos y germanos" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/10/romanos-y-germanos.jpg" alt="romanos y germanos" width="359" height="164" /></p>
<p>Vuelvo a postear en <a href="http://societasmaris.blogspot.com/"><span style="text-decoration: underline;"><em>Societas maris</em></span></a>, esta vez sobre la disolución del Imperio romano y las instituciones que lo reemplazaron:</p>
<blockquote><p>Durante los últimos siglos de la Antigüedad, la escasez relativa de esclavos y la baja productividad del trabajo eran incapaces de proporcionar los recursos suficientes para sufragar las necesidades administrativas y militares del Imperio. Ante eso, los emperadores aumentaron la presión fiscal –en una época en que se desconocía la “ley de Laffer”-, al tiempo que promulgaban leyes para obligar a los magistrados a sufragar sus propios cargos, y a permanecer en ellos de por vida. Unido a las perennes devaluaciones de la moneda y al control de precios, la política imperial forzó la huida masiva de la gente a los campos y el declive del comercio. El sistema económico romano había quebrado.</p>
<p>En ese contexto, el centralizado Estado romano se resquebrajó, consumido por las guerras civiles y las revueltas, y en su lugar surgieron multitud de mecanismos e instituciones descentralizadas encargados de cumplir con sus mismas funciones en materias tales como la seguridad, la ley o el comercio. Aunque los defectos de este nuevo sistema darían lugar al feudalismo, la semilla del contrato y la propiedad privada permanecerían para siempre en el bagaje cultural de occidente, y muchos de sus logros no serían borrados hasta la aparición del absolutismo o de los Estados modernos.</p></blockquote>
<p>Para leer más <a href="http://societasmaris.blogspot.com/2009/10/la-privatizacion-del-imperio-romano.html"><span style="text-decoration: underline;"><em>pinchad aquí</em></span></a>.</p>
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		<title>Empiezo un nuevo blog</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2009/09/empiezo-un-nuevo-blog/</link>
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		<pubDate>Sat, 12 Sep 2009 21:04:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta vez, sobre historia: Societas maris. No tiene en principio ninguna pretensión política, pero obviamente beberá de, p. ej., la teoría de la organización de Kevin Carson a la hora de hablar de historia económica. Las entradas más relacionadas con el mutualismo o el anarquismo las colgaré aquí, donde por supuesto continuaré escribiendo -aunque trataré [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1887" title="biblioteca paris" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/09/biblioteca-paris.jpg" alt="biblioteca paris" width="165" height="165" /></p>
<p>Esta vez, sobre historia: <a href="http://societasmaris.blogspot.com/"><span style="text-decoration: underline;"><em>Societas maris</em></span></a>. No tiene en principio ninguna pretensión política, pero obviamente beberá de, p. ej., la teoría de la organización de Kevin Carson a la hora de hablar de historia económica. Las entradas más relacionadas con el mutualismo o el anarquismo las colgaré aquí, donde por supuesto continuaré escribiendo -aunque trataré de reducir el ritmo.</p>
<blockquote><p>Este blog pretende ser huida y contrapunto de las teorías que dominan los estudios universitarios; principalmente del positivismo histórico –esa caótica recopilación de datos y fechas que desvían al alumno de lo verdaderamente importante; el análisis de causas y consecuencias-. No me interesan tanto las hazañas de los reyes como la acción de las personas cotidianas y su influencia sobre la estructura social. Al mismo tiempo, no me interesa tanto la historia biográfica de personajes aislados como la historia y la evolución de las organizaciones –a pesar de suscribir abiertamente el individualismo metodológico.</p>
<p>[...]</p>
<p>Uno de los motivos de abrir este blog ha sido aplicar a la historia los conocimientos que he ido adquiriendo a través de mis otras aficiones; el lector podrá percibir la influencia de los economistas austriacos, especialmente Carl Menger, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, a quienes debo herramientas básicas como el individualismo metodológico, la praxeología y el estudio de los órdenes espontáneos, respectivamente. También estoy en deuda con teóricos de la organización como Ronald Coase y Kevin Carson; antropólogos como Marvin Harris, Allen W. Johnson y Timothy Earle o, incluso, con teóricos de la historia como Karl Marx, Friedrich Engels y Edward H. Carr –de quienes tomo muy selectivamente.</p></blockquote>
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		<title>Iron Fist (II): el puño de hierro detrás de la mano invisible</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2009/08/iron-fist-ii-el-puno-de-hierro-detras-de-la-mano-invisible/</link>
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		<pubDate>Tue, 11 Aug 2009 14:09:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Anti-estatismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Con un pequeño retraso, ahí va la segunda entrega del Iron Fist; su capítulo más largo. La subvención de la historia Por consiguiente, la mayor subvención al moderno capitalismo corporativo es la subvención de la historia, a través de la cual el capital se acumuló primeramente en unas pocas manos, y los trabajadores fueron privados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Con un pequeño retraso, ahí va la segunda entrega del Iron Fist; su capítulo más largo.</em></p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-1749" title="iron first" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/08/iron-first1.jpg" alt="iron first" width="191" height="241" /></p>
<p><strong><br />
La subvención de la historia</strong></p>
<p>Por consiguiente, la mayor subvención al moderno capitalismo corporativo es la subvención de la historia, a través de la cual el capital se acumuló primeramente en unas pocas manos, y los trabajadores fueron privados del acceso a los medios de producción y forzados a venderse a sí mismos en los términos del comprador. El actual sistema de propiedad de capital concentrada y organización corporativa a gran escala es el directo beneficiario de la estructura original del poder y de la propiedad, que se perpetuó a sí misma a lo largo de los siglos.</p>
<p>Para que surgiera el capitalismo tal y como lo conocemos, fue esencial primero de todo separar el trabajo de la propiedad. Los marxistas y otros economistas radicales comúnmente se refieren al proceso como la “acumulación primitiva”.<br />
“Lo que el sistema capitalista demandaba era…una condición degradada y casi servil de las masas del pueblo, la transformación de las mismas en mercenarias, y de su medio de trabajo en capital”. Eso significó la expropiación de la tierra, “a la cual el campesinado tenía los mismos derechos feudales que el propio señor”. <strong>[Marx, “Capítulo 27: La expropiación”, El Capital vol. I]</strong></p>
<p>Para captar la enormidad del proceso, tenemos que entender que los derechos nobiliarios sobre la tierra bajo la economía feudal eran completamente una ficción legal feudal derivada de la conquista. Los campesinos que cultivaban la tierra en la Inglaterra de 1650 eran descendientes de aquellos que la habían ocupado desde tiempo inmemorial. Desde cualquier patrón de moralidad, era su propiedad en todos los sentidos de la palabra. Las armas de Guillermo el Conquistador, sin otro derecho que la fuerza, forzó a aquellos campesinos propietarios a pagar renta de su propia tierra.</p>
<p>J. L y Barbara Hammond consideraban la aldea del siglo XVI y el sistema de campos abiertos como una pervivencia de la sociedad de campesinos libres de tiempos de los anglosajones, con la superposición del feudalismo. La alta burguesía vio los derechos pervivientes de los campesinos como un estorbo para el progreso y la eficiencia de la agricultura; una revolución en su propio poder era una forma de quebrar la resistencia campesina. De ahí que la comunidad agrícola fuera “tomada a piezas…y reconstruida del modo en que un dictador reconstruye un gobierno libre”. <strong>[The Village Labourer 27-28, 35-36]</strong></p>
<p>Cuando los Tudor dieron a la nobleza las tierras monásticas expropiadas, esta “expulsó en masa a los subarrendatarios hereditarios e hizo de su propiedad una”. <strong>[Marx, “The Expropiation”]</strong>. Esta tierra robada, alrededor de la mitad de la tierra arable de Inglaterra, fue la primera expropiación a gran escala del campesinado.</p>
<p>Otro gran robo de la tierra del campesinado fue la ley de “reforma” de la tierra por el Parlamento de la Restauración del siglo XVII. La aristocracia abolió las tenencias feudales y convirtió su propio patrimonio de tierras, hasta entonces “solo un título feudal”, en “derechos de propiedad privada modernos”. En el proceso, abolieron los derechos de tenencia de los copyholders. Los copyholders eran arrendatarios de jure bajo la ley feudal, pero una vez pagaban una insigificante renta fijada por la costumbre, las tierras eran suyas para venderlas o legarlas. En sustancia la tenencia de los copyholders fue el equivalente feudal de la tenencia libre, pero desde que derivó de la costumbre era ejecutable solo en los tribunales feudales. Bajo la “reforma”, los campesinos en copyhold se convirtieron en arrendatarios a voluntad, que podían ser desalojados o cargados con cualquier renta que su señor tuviese a bien <strong>[Marx, “The Expropriation…”]</strong></p>
<p>Otra forma de expropiación, que comenzó en la baja Edad Media y creció dramáticamente en el siglo XVIII, era el cercamiento de los comunales –en los que, nuevamente, los campesinos comunalmente tenían un derecho de propiedad tan absoluto como cualquiera de los defendidos por los abogados actuales de los “derechos de propiedad”. Sin contar con los cercamientos anteriores a 1700, los Hammonds estimaron los cercamientos totales en los siglos XVIII y XIX en un sexto o un quinto de la tierra arable de Inglaterra <strong>[Village Labourer 42.]</strong>. E. J. Hobsbawm y George Rude estimaban los cercamientos únicamente entre 1750 y 1850 como transformaciones de “algo así como una cuarta parte de la superficie cultivada en campo abierto, tierras comunales, prado o basura al ámbito privado…” <strong>[Captain Swing 27]</strong>.</p>
<p>La clase dominante veía el derecho de los campesinos a los comunales como una fuente de independencia económica del capitalista y el terrateniente, y por ende una amenaza a ser destruida. Los cercamientos eliminaron “un peligroso centro de indisciplina” y compelieron a los trabajadores a vender su trabajo bajo las condiciones de sus patronos. Arthur Young, un caballero de Lincolnshire, describía los comunales como “unos criaderos de ‘bárbaros’, cuidando encima de una raza malvada de gente.”<br />
“Todo el mundo excepto los idiotas sabe”, escribía, “que las clases bajas tienen que ser mantenidas pobres, o nunca serán industriosas”. La Revista Comercial y Agrícola advertía en 1800 de que dejando que el trabajador “poseyera más tierra de la que su familia puede cultivar por las tardes” significaba que “el terrateniente no podía depender más de él para trabajo constante”. <strong>[Thompson, The Making of the English Working Class, 219-220, 358]</strong>. Sir Richard Price comentaba sobre la transformación de los propietarios autosuficientes en “un cuerpo de hombres que ganasen su subsistencia trabajando para otros”. Habría “quizás, más trabajo, porque habría más necesidad de él”. <strong>[Marx, ‘The Expropriation…”]</strong>.</p>
<p>Marx citaba las “actas de cercamiento” parlamentarias como una evidencia de que los comunales, lejos de ser la “propiedad privada de los grandes terratenientes que habían ocupado el lugar de los señores feudales”, actualmente requerían “un golpe de estado parlamentario…para su transformación en propiedad privada”.<strong> [“The Expropriation…”]</strong>. El proceso de acumulación primitiva, en toda su brutalidad, fue resumido por el mismo autor:</p>
<blockquote><p>estos nuevos hombres libres [los antiguos siervos] se convirtieron en vendedores de sí mismos solo después de habérseles privado de todos sus propios medios de producción, y de todas las garantías de existencia permitidas por todas las antiguas disposiciones feudales. Y la historia de esto, de su expropiación, está escrita en los anales de la humanidad en letras de sangre y fuego. <strong>[“Chapter 26: The Secret of Primitive Accumulation”, Capital Vol. 1]</strong>.</p></blockquote>
<p>Incluso entonces, la clase obrera no estaba lo suficientemente debilitada. El Estado tuvo que regular el movimiento de los trabajadores, hacer cumplir los intercambios de trabajo en beneficio de los capitalistas, y mantener el orden. El sistema de regulación de parroquias del movimiento de la gente, bajo las leyes de pobres y vagabundeo, recuerdan al sistema de pasaportes internos de Sudáfrica, o la era de reconstrucción de los Códigos de Negros. “Tuvo el mismo efecto en el trabajador agrícola inglés”, escribía Marx, “que el edicto del tártaro Boris Godunov en el campesinado ruso”. [“The Expropriation…”] Adam Smith aventuraba que “era escaso el hombre pobre de cuarenta años en Inglaterra…que en algún momento de su vida no se hubiera sentido cruelmente oprimido por esa mala ley artificial de asentamientos”. <strong>[Wealth of Nations 61]</strong>.</p>
<p>El Estado mantenía la disciplina de trabajo evitando que los trabajadores votasen con los pies. Era difícil persuadir a las autoridades de parroquia para que garantizasen a un hombre un certificado autorizándole para moverse a otra parroquia para buscar trabajo. Los trabajadores eran forzados a quedarse quietos y negociar por el empleo en el mercado del comprador [Smith 60-61].</p>
<p>A primera vista esto podría parecer un inconveniente para las parroquias con escasez de trabajo [Smith 60]. Las fábricas se construían en fuentes de energía hidráulica, generalmente extraídas de centrs de población. Se necesitaba importar miles de obreros desde muy lejos. Pero el Estado lo solucionó convirtiéndose en un intermediario de las parroquias con escasez de trabajadores con el barato excedente de trabajo de algún otro sitio, privando a los trabajadores de la facultad de negociar en mejores términos. Surgió un considerable comercio de niños trabajadores que no estaban en posición de negociar en ningún caso [The Hammods, The Town Labourer 1: 146].</p>
<p>El auxilio “rara vez se otorgaba sin que la parroquia reclamase el derecho exclusivo de disponer, a su placer, de todos los hijos de la persona que recibe el auxilio”, en palabras del Comité on Parish Apprentices, 1815 [the Hammonds, <strong>Town Labourer</strong> 1:44, 147]. Incluso cuando los inspectores de la Ley de Pobres apoyaron la emigración hacia las parroquias con escasez de trabajadores, desalentaban a los hombres adultos y “se daba preferencia a viudas con familias numerosas de niños o artesanos…con familias numerosas”. Además, la disponibilidad de mano de obra barata desde los inspectores de la ley de pobres fue usado deliberadamente para reducir los salarios; los terratenientes liberarían a sus propios braceros y en cambio solicitarían ayuda a los supervisores [Thompson 223-224].</p>
<p>A pesar de que las Combination Laws teóricamente se aplicaban a los patrones tanto como a los obreros, en la práctica estas no forzaban a los últimos <strong>[Smith 61; the Hammonds, Town Labourer 1: 74]</strong>. “A Journeyman Cotton Spinner” –un panfleto citado por E. P. Thomspon [pp. 199-202]- describía “una abominable coalición existente entre los patronos”, en la que los trabajadores que habían abandonado a sus patronos a causa de desacuerdos sobre los salarios eran de hecho tachados en sus listas negras. Las Combination Laws requerían sospechas para responder interrogatorios bajo juramento, dando potestad a los magistrados para dar juicio de sumario, y permitía la confiscación de sumario de los ahorros acumulados para ayudar a las familias de los huelguistas <strong>[Town Labourer 123-127]</strong>. Y las leyes que fijaban el salario máximo equivalían a un sistema forzado por el Estado de coalición de los patronos. Como apuntaba Adam Smith, “cada vez que el legislador intenta regular los conflictos entre patronos y obreros, consulta siempre a los patronos”. [p. 61].</p>
<p>El modo de vida de la clase obrera bajo el sistema de fábrica, con sus nuevas formas de control social, supuso una ruptura radical con el pasado. Implicó una pérdida drástica de control sobre su propio trabajo. El calendario de trabajo del siglo XVII estaba todavía fuertemente influido por la costumbre medieval. A pesar de que había largos días entre la siembra y la recolección de la cosecha, la combinación de los periodos intermitentes de poco trabajo y la proliferación de días santificados reducían el tiempo de trabajo medio por debajo del nuestro. Y el ritmo de trabajo estaba generalmente determinado por el sol o los ritmos biológicos de los trabajadores, que se levantaban tras un decente sueño nocturno, y se acostaba para descansar cuando lo necesitaba. El aldeano que tenía acceso a la tierra comunal, incluso cuando quería un ingreso extra a través del salario, podía aceptar trabajos ocasionalmente y luego volver a trabajar para sí mismo. Este era un grado inaceptable de independencia desde un punto de vista capitalista.</p>
<blockquote><p>“En el mundo moderno mucha gente tiene que adaptarse a algún tipo de disciplina, y observar los horarios del resto de personas,…o trabajar bajo las órdenes de otros, pero hemos de recordar que la población que fue arrojada al brutal ritmo de la fábrica se ganaba la vida en relativa libertad, y que la disciplina de las primeras fábricas fue particularmente salvaje…Ningún economista de la época, estimando los beneficios y los costes del empleo industrial, tuvo alguna vez en cuenta la tensión y la violencia que sufría un hombre en su interior cuando pasaba de una vida en la que podía fumar o comer, o cavar o dormir como gustara, a una en la que alguien se apoderaba de él, y durante catorce horas no tenía derecho ni a silbar. Fue como entrar en la vida sin aire ni risas de la prisión” [the Hammonds, <strong>Town Labourer </strong>1:33-34].</p></blockquote>
<p>El sistema de fábrica podría no haberse impuesto a los trabajadores sin primero haber eliminado sus alternativas, y denegado por la fuerza el acceso a cualquier fuente de independencia económica. Ningún hombre entero, con sentido de la libertad y la dignidad, se habría sometido a la disciplina de fábrica. Stephen Marglin comparaba la fábrica textil del siglo XIX, que empleaba niños precarios comprados en el mercado de esclavos de las “workhouses”, con los hornos y alfarerías romanos que eran manejados por esclavos. En Roma, la producción industrial era excepcional en manufacturas dominadas por hombres libres. El sistema industrial, a lo largo de la historia, ha sido posible solo con una fuerza de trabajo privada de cualquier alternativa viable.</p>
<blockquote><p>“Los hechos a la vista…sugieren con fuerza que si el trabajo se organizó por fábricas en tiempos de los romanos, esto vino determinado no por consideraciones tecnológicas, sino por el poder relativo de las dos clases productivas. Los hombres libres y los ciudadanos tenían suficiente poder para mantener una organización gremial. Los eslavos no tenían poder –y acabaron en las fábricas.” <strong>[“What Do Bosses Do?”]</strong>.</p></blockquote>
<p>El problema con el viejo sistema que estaba siendo excluido, en el que los trabajadores de las aldeas producían tejidos en una base contractual, era que solo eliminaba el control del trabajador sobre el producto. El sistema de fábrica, eliminando el control del trabajador sobre el proceso de producción, tenía la ventaja de la disciplina y la supervisión, con los trabajadores organizados bajo un supervisor.</p>
<blockquote><p>“El origen y el éxito de la fábrica radica no en la superioridad tecnológica, sino en la sustitución del control por parte del trabajador por el del capitalista en el proceso de producción y la cantidad de lo producido, en el cambio de las elecciones del trabajador, desde cuánto trabajar y producir en base a sus preferencias de ocio y bienes, a otro en el que o trabajaba o no lo hacía, lo que por supuesto es mucho más que una elección.”</p></blockquote>
<p>Marglin cogió el clásico ejemplo de Adam Smith de la división del trabajo en la fabricación de alfileres, y le dio la vuelta. La mayor eficiencia resultaba, no de la división del trabajo como tal, sino de la división y secuenciación del proceso en tareas separadas para reducir los tiempos. Esto podría haberlo realizado un solo trabajador de la aldea separando las distintas tareas y realizándolas por secuencias (refinando el alambre para un paso completo de producción, enderezándolo luego y cortándolo después).</p>
<blockquote><p>“sin especialización, el capitalista no tenía ningún papel esencial que jugar en el proceso de producción. Si cada productor podía integrar por sí mismo las tareas componentes de una fábrica de alfileres en un producto comercializable, descubriría pronto que no tendría que tratar con el mercado de alfileres a través de un intermediario. Podría vender directamente y apropiarse del beneficio que el capitalista derivaba de la mediación entre el productor y el mercado.”</p></blockquote>
<p>Este principio está en el centro de la historia de la tecnología industrial de los últimos doscientos años. Incluso dada la necesidad en las fábricas de alguna forma de fabricación a gran escala e intensiva en capital, se trata normalmente de una elección entre tecnologías de producción alternativas dentro de la fábrica. La industria ha elegido deliberadamente tecnologías que des-cualifican a los obreros y mueven la toma de decisiones hacia la jerarquía gerencial. En una fecha tan lejana como 1835, el Dr. Andrew Ure (el padrino ideológico del taylorismo y el fordismo), argumentaba que cuanto más cualificados fuese el trabajador “más terco y…menos adecuado a un sistema mecánico” se convertía. La solución pasaba por eliminar procesos que requiriesen “peculiar destreza y habilidad manual…del astuto trabajador” y reemplazarlos por un “mecanismo, en gran parte autorregulado, que incluso un niño pudiera controlar”. <strong>[Philosophy of Manufactures, in Thompson 360]</strong>. Y el principio fue seguido a lo largo del siglo XIX. William Lazonick, David Montgomery, David Noble, y Catherine Stone han producido un excelente cuerpo de trabajos sobre este tema. Incluso a pesar de que los experimentos corporativos en autogestión obrera incrementan la moral y la productividad, y reducen los tiempos muertos y el absentismo más allá de lo que esperaban los ejecutivos, estos experimentos son usualmente abandonados por miedo a perder el control.</p>
<p>Christopher Lasch, en su prólogo al <strong>America by Design</strong> de Noble, caracterizaba de este modo el proceso de des-cualificación:</p>
<blockquote><p>“Los capitalistas, habiendo expropiado la propiedad del trabajador, gradualmente expropiaron también su conocimiento técnico, dominando ellos la producción…</p>
<p>La expropiación del conocimiento técnico del trabajador tuvo como consecuencia lógica el crecimiento de la gerencia moderna, en la que vino a concentrarse el conocimiento técnico. En la medida en que el movimiento de la gestión científica separó la producción en sus procedimientos componentes, reduciendo al trabajador a un apéndice de la máquina, tuvo lugar una gran expansión del personal técnico y de supervisión para supervisar el proceso productivo como un todo”. [pp. XI-XII].</p></blockquote>
<p>La expropiación del campesinado y la imposición del sistema de trabajo de fábrica no se llevó a cabo sin resistencia; los trabajadores conocían exactamente lo que se les estaba haciendo y lo que habían perdido. Durante los 1790, cuando se expandió la retórica de los jacobinos y de Tom Paine entre la clase obrera radicalizada, los gobernantes de la “cuba de la libertad” vivieron con terror que el país sería barrido por una revolución. El sistema de controles estatales de policía sobre la población parecía un régimen de ocupación alien. Los Hammonds se refirieron a la correspondencia entre los magistrados del norte del país y el Ministerio de la Gobernación, en el que la ley era tratada francamente “como un instrumento no de justicia sino de represión”, y las clases obreras “aparecían…visiblemente como una población hilota”. [<strong>Town Labourer</strong> 72].</p>
<blockquote><p>“…a la luz de los papeles del Ministerio de la Gobernación,…ninguno de los derechos personales reservados para los hombres ingleses tenía aplicación para las clases obreras. Los magistrados y sus clérigos no reconocían límite para sus poderes sobre la libertad y los movimientos del hombre trabajador. Las Vagrancy Laws parecían suplantar el capítulo entero de las libertades de los hombres de Inglaterra.  Fueron usadas para encarcelar a cualquier hombre o mujer de la clase obrera que pareciese inconveniente o agitador a los magistrados. Ofrecieron la forma más fácil y rápida de proceder contra quienes intentaban recolectar dinero para las familias de trabajadores en paro, o para eliminar la literatura que los magistrados considerasen indeseable” [Ibid. 80].</p></blockquote>
<p>Los “bobos” de Peel –la aplicación de la ley profesional- reemplazaron el sistema de partidas del sheriff porque las últimas eran inadecuadas para controlar a la creciente población de trabajadores descontentos. En la época de los ludditas y otros disturbios, los oficiales de la corona advertían que “para aplicar la Watch Act y la Ward Act utilizarían las armas contra los más descontentos”. Al final de las guerras con Francia, Pitt terminó con la práctica de acuartelar al ejército en tabernas, mezclándolo con la población común. En cambio, los distritos industriales se cubrieron con barracas, “como un puro asunto de policía”. Las áreas industriales “empezaron a parecer un país bajo ocupación militar”. [Ibid. 91-92]</p>
<p>El Estado policial de Pitt se complementó con vigilantes casi privados, en la tradición consagrada desde entonces por los camisas negras y las brigadas de la muerte. Por ejemplo, la “Association for the Protection of Property against Republicans and Levellers” –una asociación antijacobina de nobles e industriales- lideró búsquedas casa por casa y organizó quemas de efigies al estilo de Guy Fawkes contra Paine; la multitud de la “iglesia y el rey” aterrorizaba a los radicales sospechosos [Chapter Five, <strong>“Planning the Liberty Tree”</strong>, in Thompson].</p>
<p>Thompson describía este sistema de control como un “apartheid político y social”, y argumentaba que “la revolución que no sucedió en Inglaterra fue tan completamente devastadora” como la que sí sucedió en Francia [pp. 197-198].</p>
<p>Finalmente, el Estado contribuyó al crecimiento de las fábricas a través del mercantilismo. Los exponentes contemporáneos del “libre mercado” generalmente tratan el mercantilismo como un intento “equivocado” de promover algún tipo de interés nacional unificado, surgido de una sincera ignorancia de los principios económicos. De hecho, los arquitectos del mercantilismo sabían exactamente lo que estaban haciendo. El mercantilismo fue extremadamente eficiente en su verdadero objetivo: hacer ricos a los poderosos intereses industriales a expensas del resto. Adam Smith atacó el mercantilismo consistentemente, no como un producto del error económico, sino como un intento muy inteligente de poderosos intereses para enriquecerse a través del poder coercitivo del Estado.</p>
<p>La industria británica fue creada por la intervención estatal excluyendo los bienes extranjeros, dando a la flota británica un monopolio sobre el comercio extranjero, y erradicando la competencia extranjera por la fuerza. Como ejemplo de lo último, las autoridades británicas en la India destruyeron la industria textil de Bengala, fabricante de los tejidos de mayor calidad del mundo. A pesar de que no habían adoptado los métodos de producción a vapor, existía la posibilidad real de que hubieran hecho eso, si la India se hubiese mantenido política y económicamente independiente. El una vez próspero territorio de Bengala está hoy en día ocupado por Bangladesh y el área de Calcuta [Chomsky, <strong>World Orders Old and New</strong>]</p>
<p>Los sistemas industriales americano, alemán y japonés fueron creados por las mismas políticas mercantilistas, con aranceles masivos sobre los bienes industriales. El “libre mercado” era adoptado por las potencias industriales establecidas, que usaban el “laissez-faire” como un arma ideológica para prevenir a las potencias rivales seguir el mismo camino hacia la industrialización. El capitalismo nunca se estableció a través del libre mercado, o incluso por la primaria acción de la burguesía. Se ha establecido siempre a través de una revolución desde arriba, impuesta por una clase dominante pre-capitalista. En Inglaterra, fue la aristocracia terrateniente; en Francia, Napoleón y su burocracia; en Alemania, los junkers; en Japón, los Meiji. En América, la aproximación más cercana a la evolución burguesa “natural”, la industrialización fue promovida por la aristocracia mercantilista de los magnates del transporte y por los terratenientes [Harrington, <strong>Twilight of Capitalism</strong>].</p>
<p>Medievalistas románticos como Chesterton y Bellon describieron el proceso, en la alta Edad Media, por el que la servidumbre fue gradualmente debilitándose, y los campesinos se hubieron transformado en propietarios libres de facto que pagaban una pequeña renta nominal. El sistema de clase feudal se desintegró y fue reemplazado por un sistema mucho más libertario y menos explotador.<br />
Emmanuel Wallerstein argumentaba que el resultado probable habría sido “un sistema de productores relativamente iguales y de pequeña escala, nivelados además con la aristocracia y con estructuras políticas descentralizadas”. Alrededor de 1650 se revirtió la tendencia, y hubo “un nivel de continuidad razonablemente alto entre las familias que habían estado en los altos estratos” en 1450 y 1650. El capitalismo, lejos de ser “el derrocamiento de una aristocracia atrasada por una burguesía progresista”, “fue engendrado por una aristocracia terrateniente que se transformó en burguesa porque el viejo sistema se estaba desintegrando”. <strong>[Historical Capitalism</strong> 41-42, 105-106]. Arno Mayer en parte se hizo eco de esto [<strong>The Persistente of the Old Regime</strong>], quien argumentaba a favor de la continuidad entre la aristocracia terrateniente y la clase dominante capitalista.</p>
<p>El proceso por el que la civilización de la alta Edad Media de campesinos propietarios, gremios de artesanos y ciudades libres fue derrocada, fue vivazmente descrito por Kropotkin [<strong>Mutual Aid</strong> 225]. Antes de la invención de la pólvora, las ciudades libres rechazaban a los ejércitos reales con mayor frecuencia que lo contrario, y ganaron su independencia de los dominios feudales. Y estas ciudades frecuentemente hacían causa común con los campesinos en su lucha por el control de la tierra. El Estado absolutista y la revolución capitalista que este impuso fueron posibles solo cuando la artillería pudo reducir las ciudades fortificadas con un alto grado de eficiencia, y el rey pudo hacer la guerra con su propia gente. Y como repercusión de esta conquista, la Europa de William Morris quedó debastada, despoblada y miserable.</p>
<p>Peter Tosh tenía una canción llamada “Cuatrocientos años”. A pesar de que la clase obrera blanca no ha sufrido nada como la brutalidad de la esclavitud negra, nunca han sido “cuatrocientos años” de opresión para todos nosotros bajo el sistema del capitalismo estatal establecido en el siglo XVII. Siempre desde el nacimiento de los Estados hace seis mil años, la coerción política ha permitido a una clase dominante u otra vivir a costa del trabajo del pueblo. Pero desde el siglo XVII el sistema de poder tomó conciencia, se unificó y tomó una escala global. El actual sistema de capitalismo transnacional estatal, sin rival desde el colapso del sistema burocrático de clases soviético, es una consecuencia directa de la usurpación del poder hace “cuatrocientos años”. Orwell se quedó corto. El pasado es una “bota golpeando un rostro humano”. Que el futuro sea más de lo mismo depende de lo que hagamos ahora.</p>
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		<title>Iron Fist (I): el puño de hierro detrás de la mano invisible</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 16:55:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En este ensayo Kevin Carson pone los cimientos de lo que sería su primer libro, Studies in Mutualist Political Economy, pero con dos particularidades que lo hacen especialmente atractivo: en primer lugar, es mucho más reducido (poco más de treinta páginas), por lo que es accesible a un público más amplio; y en segundo lugar, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1694" title="iron first" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/08/iron-first.jpg" alt="iron first" width="191" height="240" /></p>
<p>En <a href="http://mutualist.org/id4.html">este ensayo</a> Kevin Carson pone los cimientos de lo que sería su primer libro, <em>Studies in Mutualist Political Economy</em>, pero con dos particularidades que lo hacen especialmente atractivo: en primer lugar, es mucho más reducido (poco más de treinta páginas), por lo que es accesible a un público más amplio; y en segundo lugar, esa condensación le da un cariz vibrante del que carece su obra posterior. Es un texto muy persuasivo para los iniciados en el mutualismo y para los partidarios del libre mercado en general.</p>
<p>Por ahora he traducido solo la Introducción, donde Carson ya empieza dando caña. Muchos capítulos son similares a los de Studies, con lo que no debería resultarme difícil traducirlos en poco tiempo, aunque no aseguro nada. (Por cierto, se admiten propuestas para traducir el título al castellano).</p>
<h3><strong><br />
</strong></h3>
<h3><strong> El puño de hierro detrás de la mano invisible: el capitalismo corporativo como un sistema de privilegio garantizado por el Estado</strong></h3>
<p><strong><br />
</strong></p>
<h4><strong> 1. Introducción. </strong></h4>
<p><strong><br />
</strong></p>
<p>Normalmente, se reconoce que el feudalismo ha sido fundado por el robo y la usurpación; una clase dominante se estableció a sí misma por la fuerza, y entonces obligó a los campesinos a trabajar en beneficio de sus señores. Pero ningún sistema de explotación, incluido el capitalismo, ha sido creado por la acción de un libre mercado. El capitalismo se fundó en un acto de robo tan masivo como el feudalismo. Se ha sostenido en el presente por una intervención estatal continua para proteger su sistema de privilegio, sin el cual su supervivencia sería inimaginable.</p>
<p>La actual estructura de propiedad del capital y la organización de la producción en nuestra supuesta economía de “mercado”, refleja la intervención estatal coercitiva anterior y ajena al mercado. Desde el principio de la revolución industrial, lo que se tilda nostálgicamente de “laissez faire” fue de hecho un sistema de intervención estatal continua para subsidiar la acumulación, garantizar el privilegio y mantener la disciplina de trabajo.</p>
<p>Gran parte de tal intervención es tácitamente asumida por los libertarios de derechas establecidos como parte del sistema de “mercado”. Aunque unos pocos intelectualmente honestos como Rothbard y Hess estaban dispuestos a examinar el papel de la coerción en la creación del capitalismo, la escuela de Chicago y los randianos toman como dadas las relaciones de propiedad existentes y el poder de clase. Su “libre mercado” ideal es simplemente el actual sistema menos las regulaciones progresistas y el Estado del Bienestar –el capitalismo del barón ladrón del siglo XIX.</p>
<p>Pero los mercados genuinos tienen un valor para la izquierda libertaria, y no deberíamos conceder el término a nuestros enemigos. De hecho, el capitalismo –un sistema de poder en el que la propiedad y el control están divorciados del trabajo- podría no sobrevivir en un libre mercado. Como anarquista mutualista, creo que la expropiación del valor excedente –el capitalismo- no puede darse sin la coerción estatal para mantener el privilegio del usurero, el terrateniente y el capitalista. Fue por esta razón que el anarquista de libre mercado Benjamin Tucker –del que los libertarios de derechas toman prestado selectivamente- se consideraba a sí mismo socialista libertario.</p>
<p>Está más allá de mi habilidad y de mi propósito describir aquí un mundo donde podría haberse desarrollado un verdadero sistema de mercado sin dicha intervención estatal. Está más allá de nuestra imaginación un mundo en el que los campesinos hubiesen tenido la tierra y la propiedad estuviese ampliamente distribuida, el capital fuese disponible libremente para los trabajadores a través de bancos mutuos, y la tecnología productiva fuese disponible libremente en cualquier país sin patentes, y todo el mundo fuese libre de desarrollarse localmente sin rapiñas coloniales. Pero habría sido un mundo de producción descentralizada y a pequeña escala para uso local, poseída y controlada por aquellos que hacen el trabajo –tan diferente de nuestro mundo como el día y la noche, o la libertad y la esclavitud.</p>
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		<title>El liberalismo heterodoxo de John Adams</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Aug 2009 12:38:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Karl Hess dijo una vez que al leer a los clásicos anarquistas sintió que defendían lo que él había confiado en el partido republicano. En mi caso sucedió al revés: comencé leyendo a Bakunin, Emma Goldman y Kropotkin, pero tuve una impresión similar a él cuando me topé con liberales radicales (que en la izquierda [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1682" title="john adams" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/08/john-adams.jpg" alt="john adams" width="159" height="220" /></p>
<p>Karl Hess dijo una vez que al leer a los clásicos anarquistas sintió que defendían lo que él había confiado en el partido republicano. En mi caso sucedió al revés: comencé leyendo a Bakunin, Emma Goldman y Kropotkin, pero tuve una impresión similar a él cuando me topé con liberales radicales (que en la izquierda tradicional son caracterizados falazmente como “capitalistas salvajes”) como Thomas Paine, Herbert Spencer o incluso Friedrich von Hayek, cuyas ideas radicales tenían un sorprendente paralelo con los anteriores.</p>
<p>Algo parecido me ha sucedido tras toparme con esta cita de John Adams. Realmente, si se rastrean los escritos de Jefferson, Paine y algunos otros, uno tiene la impresión de que en la Revolución americana se dieron cita los individuos más radicales no solo en el aspecto político –liberalismo- sino en el económico, a través de una suerte de distributismo que preludia el socialismo libertario posterior. En este contexto cobra sentido la frase de Benjamin Tucker de que los anarquistas no son más que “liberales jeffersonianos hasta sus últimas consecuencias y sin miedo de estas”.</p>
<p>Como dice Chomsky en <em>La lucha de clases</em>, “los fundadores del liberalismo clásico, personas como Adam Smith y Wilhelm von Humbold, que es una de sus grandes figuras, y que inspiró a John Stuart Mill, fueron lo que llamaríamos socialistas libertarios”.</p>
<p>Desde luego, no tengo ningún problema si los colectivistas cuando nos tachan de “liberales” se refieren a este tipo de liberalismo. Porque es un liberalismo anticapitalista.</p>
<p>Respecto a John Adams –interpretado en una serie reciente por Paul Giamatti, por cierto-, observó la distribución de la propiedad de la tierra como un factor clave en el mantenimiento de la balanza del poder político. Estaba muy influido por un filósofo del siglo XVII, James Harrigton, que argumentaba que la amplia distribución de la propiedad dispersaba el poder. Adams creía que cuando “el poder económico se concentra en unas pocas manos, el poder político fluye a aquellos que lo poseen y se aleja de los ciudadanos, resultando en última instancia en una oligarquía o en la tiranía”.</p>
<p>El párrafo, extraído de <a href="http://www.cooperativeindividualism.org/adams-john_on-property.html"><em>Cooperative Individualism</em></a>, que a su vez lo extrajo de una carta de Adams a James Sullivan de 1776, es un claro precedente de las ideas mutualistas posteriores, empleando términos como “equal liberty” que más tarde empleará Benjamin Tucker con asiduidad.</p>
<blockquote><p>La balanza del poder en la sociedad acompaña la balanza de la propiedad de la tierra. La única forma posible, por lo tanto, de preservar la balanza de poder del lado de la igual libertad y la virtud pública es hacer fácil la adquisición de tierra para todo miembro de la sociedad; dividir la tierra en pequeñas cantidades para que la multitud pueda poseer haciendas. Si la multitud es dotada de bienes inmuebles en equilibrio, se ocupará de la libertad, la virtud y del interés de la muchedumbre en todos los actos de gobierno.</p></blockquote>
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		<title>Félix Rodrigo Mora sobre el Estado</title>
		<link>http://www.mutualismo.org/2009/07/felix-rodrigo-mora-sobre-el-estado/</link>
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		<pubDate>Sat, 18 Jul 2009 18:06:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Gracias a Raskolhnikov he podido leer algunos  números del acertado estudio sobre el Estado de Félix Rodrigo Mora. Podéis verlos en el periódico CNT aquí (son los números de Marzo, Abril, Junio y Julio, alrededor de la página 20-5 en todos ellos). Su crítica mordaz a la socialdemocracia, el movimiento antiglobalización y el Estado no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1631" title="naturaleza ruralidad y civilizacion" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/07/naturaleza-ruralidad-y-civilizacion.jpg" alt="naturaleza ruralidad y civilizacion" width="170" height="251" /></p>
<p>Gracias a Raskolhnikov he podido leer algunos  números del acertado estudio sobre el Estado de Félix Rodrigo Mora. Podéis verlos en el periódico CNT <a href="http://www.cnt-ait.tv/v/periodicocnt/">aquí</a> (son los números de Marzo, Abril, Junio y Julio, alrededor de la página 20-5 en todos ellos).</p>
<p>Su crítica mordaz a la socialdemocracia, el movimiento antiglobalización y el Estado no me decepciona en absoluto. A pesar de ser colectivista, mantiene posturas muy cercanas al mutualismo en relación al nacimiento del capitalismo y las grandes empresas, y su libro <em>Naturaleza, ruralidad y civilización</em> es una obra que, a pesar de postular el colectivismo, contiene una buena dosis de anarquismo heterodoxo y ejercicio intelectual estimulante (como su tesis sobre el carlismo, sobre la que me gustaría escribir algún día).</p>
<p>En general me parece un autor anarquista íntegro, en la línea de Gastón Leval y en menor medida Kropotkin, aunque en ocasiones guste de hacer especulaciones de ingeniería social.</p>
<p>Pego algunos fragmentos de los citados artículos, aunque recomiendo  que los leais enteros. Sobre el nacimiento del capitalismo:</p>
<blockquote><p>Antes de que existiera el capitalismo ya existía el Estado. Éste se refunda en los siglos XIII-XIV, tras su casi liquidación en la Alta Edad Media, y para el XV es una realidad bien perceptible. Por el contrario, el capitalismo no se manifiesta hasta el siglo XVI, y no alcanza una mínima entidad hasta finales del XVIII. El estudio ateórico de la génesis del capitalismo lleva a la conclusión de que en lo principal es el Estado quien lo va constituyendo con un sinnúmero de intervenciones militares, represivas, jurídicas, educativas, fiscales, de política económica, tecnológicas y otras. Por tanto, el capitalismo, lejos de ser auto-creado es, en lo fundamental, una realización del ente estatal.</p></blockquote>
<p>Y continúa:</p>
<blockquote><p>La historia de la Europa moderna, 1492- 1789, ha estado marcada por las luchas competitivas entre los diversos Estados en pos de la hegemonía, lo que ocasionó guerras casi constantes. El modo de existencia de los Estados en cualquier tiempo y lugar es la lucha entre ellos, pero la historia europea tiene una particularidad, que aquéllos, para robustecerse económicamente y dotarse de más medios de combate, promovieron el desarrollo acelerado<br />
de la tecnología por un lado, y de las relaciones capitalistas, fabriles, monetarias y mercantiles por otro.</p></blockquote>
<p>Sobre el movimiento antiglobalización:</p>
<blockquote><p>Al adoptar un punto de vista economicista no logra ver la íntima relación que existe entre economía y política, entre capitalismo y Estados. Si el capitalismo, además de ser concebido como una realidad económica se le entiende como un hecho político no es posible presentar a la expansión del Estado, de los Estados, como el remedio a sus nocividades. El poder no es sólo económico, existe un poder político autónomo y un poder militar aún más autónomo.</p></blockquote>
<p>Y por último, sobre la izquierda institucional que clama la expansión del Estado en esta época de crisis:</p>
<blockquote><p>La izquierda, la institucional y buena parte de la radical, se aferra a la doctrina “antiglobalizadora” por razones obvias: vive del ente estatal, y cuando más poderoso sea éste mayor será su poder e ingresos. […]<br />
Cuantas más empresas “públicas” haya más cargos muy bien remunerados tendrán a su disposición. Lo mismo la intelectualidad, que sobre todo vive de la subvención y de lo funcionarial. Ahora, con la era Obama, estos grupos e individuos, parasitarios y explotadores, conocerán una Edad de Oro.</p></blockquote>
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		<title>El vínculo militar-industrial (II): el caso alemán</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Jun 2009 17:20:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se me había pasado este post de Raskolhnikov en el foro sobre el caso de Siemens durante la época de Hitler. En el artículo anterior mencioné el caso de Alemania refiriéndome principalmente al periodo posterior de la unificación –las últimas décadas del siglo XIX-, cuando Otto von Bismarck trató de crear un Estado poderoso a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1549" title="cartel hitleriano" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/06/cartel-hitleriano.jpg" alt="cartel hitleriano" width="134" height="188" /></p>
<p>Se me había pasado <a href="http://www.mutualismo.org/foro/viewtopic.php?f=12&amp;t=129&amp;p=809#p809">este post </a>de Raskolhnikov en el foro sobre el caso de Siemens durante la época de Hitler.</p>
<p>En el <a href="http://www.mutualismo.org/2009/06/el-vinculo-militar-industrial/">artículo anterior</a> mencioné el caso de Alemania refiriéndome principalmente al periodo posterior de la unificación –las últimas décadas del siglo XIX-, cuando Otto von Bismarck trató de crear un Estado poderoso a través de la protección arancelaria y las ayudas a las industrias estratégicas (ya sabéis, aquellas que podrían reconvertirse fácilmente en industrias de armamento: pesadas, siderúrgicas, etc.) y las subvenciones a los ferrocarriles en dirección al extranjero para crear una “potencia industrial exportadora”. Posteriormente gobiernos de distinto signo –incluido socialdemócratas- crearon y ampliaron las escuelas técnicas necesarias para manejar esos dinosaurios empresariales.</p>
<p>Si todas esas medidas hicieron despegar a la economía corporativa, el nazismo de Hitler y su capitalismo monopólico totalmente cartelizado la asentaron definitivamente.</p>
<p>En <a href="http://www.nodo50.org/ekintza/article.php3?id_article=164">el artículo</a> que enlazaba Raskolhnikov se pasa revista a la relación de la empresa eléctrica –ahora también electrónica- Siemens con el fascismo. Pego algunas citas:</p>
<blockquote><p>Acomodándose a la situación, la empresa comenzó su reconversión, y en 1937 el 85% del potencial productivo se utilizaba directa o indirectamente para producir componentes militares.</p>
<p>Siemens fue un gran proveedor de los nazis, y como consecuencia de la guerra, mientras Europa entera se empobrecía, <strong>el volumen de negocio de la empresa se quintuplicó</strong>.</p></blockquote>
<p>Sobre el uso de esclavos:</p>
<blockquote><p>En 1940 Siemens comenzó a utilizar trabajadores forzados. […]<br />
Los primeros esclavos fueron judíos. En 1941 trabajaban 3.500 judíos en las fábricas de Berlín, y más en otras ciudades, pero comenzaron las deportaciones y en 1943 se llevaron a los últimos a los campos de la muerte.</p></blockquote>
<p>El caso me recuerda terriblemente a la economía romana, donde una oferta ingente de esclavos como consecuencia de la guerra permitió ampliar las manufacturas de una forma artificial.</p>
<p>Muchas otras compañías como Wolkswagen fueron también engendradas por el capitalismo fascista de aquella época.</p>
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		<title>El vínculo militar-industrial</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Jun 2009 18:24:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Después de todo, el mayor baluarte del capitalismo es el militarismo. Desde el mismo momento en que éste último sea minado, el capitalismo se tambaleará” – Emma Goldman. Una de las versiones más ingenuas del patriotismo contempla el gasto militar como una cuestión de “seguridad nacional”, en lugar de cuestionarlo como una transferencia de riqueza [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1544" title="fabrica de tanques" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/06/fabrica-de-tanques.gif" alt="fabrica de tanques" width="276" height="186" /></p>
<p><em>“Después de todo, el mayor baluarte del capitalismo es el militarismo. Desde el mismo momento en que éste último sea minado, el capitalismo se tambaleará”</em> – Emma Goldman.</p>
<p>Una de las versiones más ingenuas del patriotismo contempla el gasto militar como una cuestión de “seguridad nacional”, en lugar de cuestionarlo como una transferencia de riqueza desde las clases productivas –la gran mayoría de contribuyentes- a la clase parasitaria de burócratas y corporaciones.</p>
<p>Luciano Segreto, en su ensayo sobre la industrialización italiana, expone el concepto de “spin-off” aplicado a la relación militar-industrial de Clive Trebilcock, que supone</p>
<blockquote><p>una forma de transferencia de tecnología a través de la industria de armamentos, pública y privada, en la cual la investigación científica, ricamente financiada por el Estado, genera innovaciones válidas no solo para fines militares, sino también para elevar el nivel de las prestaciones del sector manufacturero civil de la economía.</p></blockquote>
<p>En otras palabras: al coincidir las necesidades estructurales del Estado militar y la gran industria, el aparato logístico del primero tiende a sentar las bases del segundo, debido a que ambos comparten características similares como organizaciones centralizadas: la utilización intensiva de maquinaria, de técnicos y de medios de distribución o comunicación.<br />
Como consecuencia, también comparten las mismas necesidades de medios económicos en I+D (investigación y desarrollo) para ampliar y modernizar la maquinaria; de escuelas y universidades públicas para multiplicar y abaratar el trabajo técnico; y de infraestructuras de transporte para desplazar a las tropas o distribuir las mercancías.</p>
<p>Sobre la ampliación de la maquinaria, las subvenciones de I+D y las contratas con el aparato militar, menciona Kevin Carson:</p>
<blockquote><p>Un primer paso para comprender el monumental efecto de la guerra en la economía es considerar que el valor total de plantas y equipo en los Estados Unidos se incrementó en alrededor de dos tercios (de 40 a 66 billones de dólares) entre 1939 y 1945, gran parte de lo cual fue regalado por el contribuyente para sufragar inversiones forzadas del país a las grandes corporaciones. El beneficio fue virtualmente garantizado en la producción de guerra a través de los contratos de “cost-plus”. Además, como dos terceras partes del gasto federal en I+D fue canalizado hacia los 68 laboratorios privados más grandes (el 40% de ellos entre los diez más grandes), acaparando las patentes resultantes las compañías que cumplieron la investigación bajo contratos gubernamentales.</p></blockquote>
<blockquote><p>A través del complejo militar-industrial, el Estado ha socializado una gran parte –probablemente la mayoría- de los costes de investigación y desarrollo de las empresas “privadas”. Y el papel del Estado como comprador del excedente de producción económica es eclipsado por su papel al subsidiar los costes de investigación, como apuntaba Charles Nathanson. La investigación y el desarrollo fueron en buena medida militarizados por el “complejo militar de I+D” en la Guerra Fría. La I+D militar frecuentemente resulta en tecnologías básicas y de uso fundamental con amplias aplicaciones civiles. Las tecnologías originalmente desarrolladas por el Pentágono se han convertido frecuentemente en la base para categorías enteras de bienes de consumo. El efecto general ha sido eliminar el área de mayor riesgo del capitalismo: el desarrollo y la experimentación con nuevos procesos de producción o nuevos productos.</p>
<p>[…] La I+D militar frecuentemente se usa para desarrollar tecnologías de producción (como los sistemas de control automático en la industria de máquinas herramienta) que se convierten en la base de los métodos de producción a lo largo del sector civil.</p></blockquote>
<p>En el ámbito de la educación, podemos pensar en las escuelas técnicas estatales de finales del siglo XIX y principios del XX de Estados Unidos, Rusia o Alemania descritas por Kropotkin en <em>Campos, fábricas y talleres</em>, y desarrolladas en paralelo a la gran industria. No es de extrañar que los altos mandos de ambas esferas hayan circulado de una a otra sin demasiados problemas.</p>
<p>En cuanto a las infraestructuras de transporte, el caso más conocido es el sistema de autopistas alemán durante el III Reich que terminó sirviendo a la gran industria a pesar de ser ideado con fines militares, aunque también existen muchos otros ejemplos como la marina de guerra británica, que subvencionaba su flota comercial con el pretexto de proteger el imperio –inflando el tamaño de las fábricas como consecuencia-.</p>
<p>En mayor o menor medida, todos los países industrializados han protegido de algún modo sus industrias estratégicas como la siderurgia o la maquinaria pesada para reconvertirlas eventualmente en industrias de guerra disponibles para fabricar armamento. En Italia fueron comunes los altos aranceles y las ayudas estatales, tal y como apunta Luciano Segreto en <em>La industria de armamento y el desarrollo económico italiano (1861-1939)</em>, y esa fue una estrategia corriente seguida por otros países como Japón, Alemania o la España de Miguel Primo de Rivera y Franco.</p>
<p>Como indica acertadamente Félix Rodrigo Mora en <em>Naturaleza, ruralidad y civilización</em>:</p>
<blockquote><p>En contra de la absurda teoría de que el desarrollo de las fuerzas productivas tiene, aun bajo el capitalismo, un componente positivo, están los tozudos hechos, que indican que la industria pesada se desarrolló en el siglo XIX con el propósito principal de abastecer a las flotas de guerra y a los ejércitos de tierra en sus aventuras coloniales, hasta el punto de que unas y otros consumían un elevado porcentaje de sus producciones aun en tiempos de paz, como lo prueba D. R. Headrick en “Los instrumentos del imperio. Tecnología e imperialismo europeo en el siglo XIX”.</p></blockquote>
<p>Es imposible saber cómo sería hoy nuestra economía si el militarismo no hubiera alentado la gran industria (piénsese en las cifras de Carson sobre la industria americana en la II WW), pero sin duda sería de menor escala y menos intensiva en mano de obra técnica y capital. Probablemente el capitalismo se tambalearía, como dice Emma Goldman.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p><strong>Libros consultados:</strong></p>
<p><em>La industria de armamento y el desarrollo económico italiano (1861-1939)</em>, Luciano Segreto<br />
<em><br />
Campos, fábricas y talleres</em>, Piotr Kropotkin</p>
<p><em>Naturaleza, ruralidad y civilización</em>, Félix Rodrigo Mora</p>
<p><em>Studies in Mutualist Political Economy</em>, Kevin Carson</p>
<p><em>Organization Theory</em>, Kevin Carson</p>
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		<title>El derecho natural de la propiedad absoluta</title>
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		<pubDate>Sat, 02 May 2009 14:55:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Si toda persona tiene derecho a poseer su propio cuerpo, y si todos los hombres tienen que usar y transformar los objetos materiales para poder sobrevivir, entonces todos tienen derecho a la propiedad de los productos que han conseguido mediante su energía y su esfuerzo, en cuanto que son una verdadera extensión de su personalidad” [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>“Si toda persona tiene derecho a poseer su propio cuerpo, y si todos los hombres tienen que usar y transformar los objetos materiales para poder sobrevivir, entonces todos tienen derecho a la propiedad de los productos que han conseguido mediante su energía y su esfuerzo, en cuanto que son una verdadera extensión de su personalidad”</em> – Murray N. Rothbard</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-1391" title="paleolitico" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/05/paleolitico.jpg" alt="paleolitico" width="216" height="205" /></p>
<p>Después de la refutación económica de <a href="http://onhl.blogspot.com/2009/04/la-teoria-mutualista-de-la-tierra.html">Langlois</a> sobre la propiedad capitalista de la tierra, me gustaría abordar la cuestión desde un enfoque ético, que tradicionalmente ha sido el punto fuerte de los lockeanos.</p>
<p>Muchos anarcocapitalistas (incluso de izquierdas) aseguran que la propiedad sobre la tierra –absoluta- es un derecho natural, y que cualquier interferencia en este principio constituye un atentado contra una ley profundamente arraigada en la naturaleza humana. Para George Reiman, por ejemplo, los mutualistas son “ladrones” que pretenden robar su justo producto a los colonos que desbrozan por primera vez sus tierras vírgenes.</p>
<p>Pero como el propio Rothbard sostiene en <em>La ética de la libertad</em>, los derechos naturales, en cuanto tales, deben ser universales y permanentes, es decir, aplicables en todo tiempo y lugar:</p>
<blockquote><p>Un punto vital: si estamos intentando sentar las bases de una ética para el hombre (en nuestro caso, de la subclase de ética relacionada con la violencia), para que la teoría tenga validez ha de ser verdadera para todos los hombres, en todos los tiempos y lugares. [Murray N. Rothbard,<em> La ética de la libertad</em>, Unión editorial, 1982, p. 79]</p></blockquote>
<p>Por desgracia, Rothbard olvidó que el ser humano en su fase nómada no puede sobrevivir a menos que se rija por parámetros mutualistas, es decir, propiedad absoluta para bienes muebles y propiedad por ocupación para bienes inmuebles. De lo contrario las tribus no podrían rotar en sus asentamientos con el objetivo de regenerar los recursos, ya que aquellas que primero ocupasen las parcelas tendrían el derecho a retenerlas incluso aunque estuviesen habitando en otro emplazamiento. Sin el conocimiento tecnológico necesario (la cría de ganado y la agricultura sedentaria), la propiedad lockeana hubiese hecho imposible la vida humana sobre la tierra.<br />
En otras palabras: <strong>el hombre del paleolítico se habría extinguido si hubiera seguido los preceptos de Murray Rothbard</strong>.</p>
<p>Este, erróneamente, consideró como natural una práctica válida solo para los últimos 10.000 años de existencia humana, obviando los 2 millones de años anteriores.</p>
<p>A este respecto es esclarecedor el hecho de que, cuando desaparece el Estado, florecen las prácticas de propiedad cercanas al mutualismo, tales como las <a href="http://presurista.wordpress.com/2009/03/10/presuras-colectivas/#comment-17">presuras medievales</a>, o la <a href="http://www.mutualismo.org/2008/07/la-fiebre-del-oro-en-california/">minería californiana</a> y<a href="http://www.mutualismo.org/2009/04/mineria-a-pequena-escala-en-burkina-faso/comment-page-1/#comment-24480"> burkinesa</a> en los siglos XIX y XX respectivamente. Quizá detrás de la propiedad lockeana, lejos de un derecho natural, no se halle más que un Estado dispuesto a socializar los costes de mantener por la fuerza una forma de tenencia ficticia y anti-natural.</p>
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		<title>Especial 1 de Mayo: los mutualistas y el movimiento obrero</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Apr 2009 19:22:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aunque la fiesta del 1 de Mayo suele identificarse con el movimiento de los socialistas autoritarios; y los mutualistas e individualistas suelen ser ridiculizados como “pequeñoburgueses” o “reformistas”, cabe recordar en estas fechas que estos últimos jugaron un digno papel en el movimiento obrero. Desde el Manifiesto de los sesenta en Francia, firmado por un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1386" title="haymarket" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/04/haymarket.jpg" alt="haymarket" width="253" height="188" /></p>
<p>Aunque la fiesta del 1 de Mayo suele identificarse con el movimiento de los socialistas autoritarios; y los mutualistas e individualistas suelen ser ridiculizados como “pequeñoburgueses” o “reformistas”, cabe recordar en estas fechas que estos últimos jugaron un digno papel en el movimiento obrero.<br />
Desde el Manifiesto de los sesenta en Francia, firmado por un grupo de admiradores de Proudhon que enfatizaban la reforma de la banca; hasta los implicados anarcoindividualistas norteamericanos, que repartían panfletos entre los trabajadores bajo la consigna de “libre contrato, libre moneda y libre tierra”, los mutualistas han estado presentes en los fragores de la lucha obrera desde su nacimiento.</p>
<p>Desgraciadamente, el excesivo énfasis en la pedagogía, la llegada masiva de inmigrantes –en EEUU- o el surgimiento del anarquismo colectivista –en Europa- terminó por desplazar al mutualismo. Pero la progresión en el tiempo no implica una progresión teórica, y en las primeras décadas del siglo XXI esa tendencia podría revertirse –y de hecho, ya lo está haciendo en Estados Unidos.</p>
<p>Sería sano que, ahora que incluso los “anarquistas” claman al Estado para salir de la crisis, los párrafos que siguen circulasen entre los trabajadores con aspiraciones libertarias.</p>
<p>Reproduzco algunos párrafos del genial artículo de Kevin Carson <a href="http://mutualist.blogspot.com/2005/04/may-day-thoughts-individualist.html"><em>May Day Thoughts: Individualist Anarchism and the Labor Movement</em></a>:</p>
<p>“Tenga en cuenta, también, que el 1 de Mayo y el movimiento de los trabajadores que hubo detrás no implica un monopolio de los comunistas y sindicialistas, o colectivistas de cualquier otro tipo. La International Working People’s Association, formada por anarquistas expulsados de la Primera Internacional, debido a que esta cayó progresivamente bajo el dominio de Marx, jugó el papel principal en la organización de la huelga general por la jornada de ocho horas. Aunque los anarcosindicialistas ciertamente predominaban en esta organización, los anarquistas individualistas de la época también dejaron en él una interesante impronta.</p>
<p>Los “anarquistas de Boston” (individualistas en el grupo de Tucker) eran, debe admitirse, más tibios con respecto a los sindicatos. Pero algunos miembros del círculo de Liberty estuvieron activos en la New England Labor Reform League, que promovió la banca mutualista de William Greene y la teoría de la tierra de J. K. Ingalls como una forma de eliminar la explotación por medio del libre mercado: “libre contrato, libre moneda, libres mercados, libre tránsito y libre tierra”. “los fines de la reforma del trabajo y del laissez faire radical”. Frank Brooks escribió, “vienen juntos bajo la tutela de Tucker para formar el campo individualista del anarquismo a mitad de 1880”. Algunos de los individualistas de la League se involucraron más tarde en la política del IWPA.</p>
<p>Ezra Heywood, por ejemplo, estuvo involucrada con el Worcester Labor Reform League (un precursor del NELRL) y  la National Labor Union de William Sylvis. A causa de que el capital controla las finanzas y los medios de producción, sin mencionar la prensa y el estrado, argumentaba Heywood, este podía cruzarse de brazos y esperar a que los obstinados trabajadores murieran de hambre, sin mencionar el reproche de la sociedad establecida…<br />
Y, lo que es mucho más importante, la aplicación gubernamental del privilegio estaba en la raíz del problema: “a través de la legislación ingeniosa…se permite a las clases privilegiadas robar a gran escala de acuerdo con la ley”.</p>
<p>La American Labor Reform League, una organización formada posteriormente, incluyó (como la NELRL) a varios miembros del círculo de Tucker: Heywood, William Greene, J. K Ingalls y Stephen Peral Andrews…</p>
<p>Como haría Tucker después, Heywood consideró a los patrones en esencia como culpables cuando las huelgas desembocaban en violencia, y enfatizaba el papel de la violencia estatal en ayuda de las compañías. Heywood, en un principio, fue reacio a los sindicatos de trabajadores, y prefirió dejar que el poder del capital cesara por la abolición de los privilegios como la tierra y la moneda. A pesar de ello, consideró a los Mollie Maguires como “beligerantes moralmente válidos” enfrascados en una “guerra defensiva”.</p>
<p>El mismo Tucker, a pesar de su ambivalencia en relación a los sindicatos, respondió de forma entusiasta al renacimiento en 1881 de la IWPA en Londres. Expresó algunas reservas sobre la idea de la coordinación del trabajo de propaganda con el trabajo de organización, ya que veía la educación como central para lograr una revolución permanente. Pero todavía, apoyó el Congreso socialista revolucionario de Chicago, que apuntaba a organizar una federación americana dentro de la Internacional. Él envió a J. H. Swain como delegado de Liberty al congreso, y fue informado de que la organización recibió el “socialismo americano de Josiah Warren” con una “recepción cordial”. El congreso eligió Liberty como su órgano en lengua inglesa.</p>
<p>La actitud de Tucker hacia la lucha obrera se reflejó en esta cita sobre Homestead:</p>
<p>“…Aunque cierto, no es suficiente con decir que “si un hombre posee trabajo para vender, él puede encontrar alguien con dinero para comprárselo”; es necesario añadir la verdad mucho más importante que, si un hombre posee trabajo para vender, él tiene el derecho de comerciar libremente los términos en que lo vende, -un mercado en el que nadie puede ser impedido por leyes restringidas de obtener honestamente el dinero para comprarlo. Si el hombre con trabajo para vender no tiene esta libre comercialización, entonces su libertad es violada y su propiedad le es virtualmente sustraída. Ahora, tal mercado ha sido constantemente negado, no solo para los trabajadores de Homestead, sino para los trabajadores de todo el mundo civilizado. Y los hombres que han negado esto son los Andrew Carnegies. Los capitalistas de quien este señor de la forja de Pittsburg es un representante típico han colocado y mantenido en los códigos de leyes todo tipo de prohibiciones e impuestos (de los cuales los aranceles están entre los menos nocivos) diseñados para limitar efectivamente el número de postores que pujan por el trabajo de aquellos que tienen trabajo que vender….</p>
<p>Tome Carnegie, Dana &amp; Co. Y primero destruya todas las leyes que violen la igualdad de la libertad. Si, después de esto, algún trabajador interfiere con los derechos de sus patrones, o usa la fuerza sobre “esquiroles” inofensivos, o ataca a los vigilantes de sus patrones, tanto si estos son detectives, ayudantes del sheriff o la milicia estatal, prometo que, como anarquista y a causa de mi creencia anarquista, estaré entre los primeros voluntarios para reprimir estos disturbios del orden y, si es necesario, expulsar a los causantes de la tierra. Pero mientras estas leyes coercitivas permanezcan, yo tengo que ver todo conflicto de fuerza que surge como consecuencia de una violación previa de la libertad a favor de la clase patronal, y, si se da cualquier barrido, ¡los trabajadores podrían sostener la escoba! Es más, aunque mis simpatías están con el oprimido, nunca dejaré de proclamar la convicción de que la aniquilación de cualquier parte no puede asegurar la justicia, y que el único barrido eficaz consistirá en que la limpieza del código de leyes de toda restricción a la libertad de mercado…”</p>
<p>Sin embargo, Dyler Lum fue el más significativo dentro del grupo de Boston, que intentó una fusión genuina de la economía anarquista individualista con la organización obrera radical. De acuerdo con Brooks,</p>
<p>“Lum desarrolló una teoría ‘mutualista’ de los sindicatos que le llevó a actuar dentro de los Knights of Labor y entonces a promover estrategias anti-políticas en la American Federation of Labor…”</p>
<p>…Perfilando las reformas económicas de los “anarquistas de Boston” y la estrategia revolucionaria de los “anarquistas de Chicago”, Lum ofreció un anarquismo más integral que muchos de sus camaradas. Comprendió que el anarquismo, como cualquier movimiento dirigido al cambio social radical, tenía que combinar una organización que pudiera liderar y coordinar la acción, una efectiva estrategia y una ideología que fuese convincente, inspiradora y relevante para la cultura americana….</p>
<p>Lum empezó a desarrollar una ideología que se centró en la demanda de los reformadores del trabajo: “¡el sistema salarial debe abolirse!” La reforma del trabajo de la posguerra debió mucho al fervor moral de los abolicionistas tanto como a su conexión con la teoría republicana. Para los republicanos radicales y los reformadores del trabajo, este legado se sintetizó en el concepto de “esclavitud del salario”…</p>
<p>Lum interpretó la “esclavitud del salario” ampliamente, abogando por reformas como la demanda de los partidarios de la banca de Greene por la legalización de la tenencia de papel moneda, una ley de préstamos respaldados en tierra, la legislación de las ocho horas…Él vio todas estas reformas como interrelacionadas. La reforma agraria, monetaria y laboral eran todas necesarias porque la “renta, el interés y el beneficio son las tres cabezas del monstruo contra los que la moderna civilización está haciendo la guerra.”</p>
<p>De los colectivistas, tomó el enfoque estratégico de organizar a los proletarios como una clase revolucionaria. De los individualistas, el enfoque ideológico de la economía anarquista que era teóricamente más sofisticada y se basaba en la reforma del trabajo y el laissez-faire. Al mismo tiempo, la mezcla de Lum tuvo una función externa, creando una ideología obrera radical que podía atraer suficientes adherentes para convertirse en una fuerza significativa para el cambio social revolucionario. Sus apelaciones a la historia americana y europea y a los pensadores, su responsabilidad para resolver el “problema del trabajo”, y su defensa de los esfuerzos contundentes y el cambio social fueron diseñados para hacer del anarquismo un magneto para los trabajadores radicales…</p>
<p>…Al combinar pensadores como Proudhon, Spencer y Paine, Dyer Lum produjo una economía antiestatista que sostuvo la reforma social para promover los intereses del proletariado. Siguiendo a los individualistas como Tucker, Lum argumentó que el “problema del trabajo” podía explicarse por la creación gubernamental de los “monopolios”, particularmente los monopolios de la tierra y la moneda. Tomando a Josuah K. Ingalls, un activo anarquista de la New England Labor Reform League, Lum argumentó que el monopolio de la tierra fue creado cuando el Estado garantizó títulos legales sobre la tierra. El camino para destruir esto era abolir tales títulos e instituir el principio del libre acceso a la tierra. Esto haría imposible a los terratenientes extraer rentas del producto del trabajo. El monopolio del dinero era el resultado del establecimiento de una moneda estatal como la única forma de dinero. Siguiendo al discípulo americano de Proudhon, William B. Greene, Lum argumentó que este monopolio acabaría cuando los bancos mutualistas empezaran a emitir su propio dinero. Esto proveería suficiente moneda estable para satisfacer las necesidades de una economía en crecimiento y socavaría la habilidad de los prestamistas y los banqueros de cargar intereses.</p>
<p>Pero la reforma de la tierra y el dinero no eran suficientes para Lum; simplemente establecían la base para la última solución del problema del trabajo, la cooperativa de productores.</p>
<p>…Militando en los AFL, publicó un panfleto, ‘La economía de la anarquía’, para ser leído en “grupos de estudios de trabajadores”; que se centraba en el tema de los “bancos mutualistas, el libe acceso a la tierra, y la cooperativa de productores.”</p>
<p>[Otro anarquista individualista implicado en el movimiento obrero fue Labadie].</p>
<p>…Labadie promovió las ideas mutualistas e individualistas en el IWW del mismo modo que Lum en los Knights of Labor and AFL.</p>
<p>“Me parece que aquellos que desean una reforma deberían tener en mente estas cosas, a saber, que el movimiento es internacional, y que cualquier intento de confinar este dentro de fronteras nacionales simplemente lo retarda; que la inmigración o la prevención de la inmigración no es un medio de reforma, y no redunda en beneficio del movimiento en general; que solo la ocupación y el uso solo pueden ser reconocidos como títulos válidos de tierra; que el monopolio de las máquinas solo puede destruirse por la abolición del sistema de derechos de patente; que la emisión de moneda, como medio de intercambio, tiene que dejarse a los individuos y asociaciones, aboliendo el monopolio de los gobiernos de hacer herramientas de intercambio –que, de hecho, los gobiernos no tienen más derecho a monopolizar las herramientas del comercio del que tienen para monopolizar las herramientas de la producción; que los verdaderos intereses de las clases obrera y emprendedora [debe entenderse, de los pequeños emprendedores] están en la abolición de las leyes en lugar de la creación de otras nuevas, y que los poderes y funciones de los gobiernos tienen que reducirse tanto como para dejar al individuo un alto grado de libertad y responsabilidad sobre sus propios actos.”</p>
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		<title>Aranceles e imperialismo (I)</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Apr 2009 14:54:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[1. Repaso crítico de las principales perspectivas sobre los aranceles. Los aranceles han sido una herramienta tradicional muy eficaz para fomentar la concentración de las industrias. Incluso los marxistas, cuya teoría sostiene que la competencia engendra naturalmente el monopolio, no tardaron en reconocer que estos tenían un efecto “acelerador” en el “proceso de acumulación capitalista”. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1. Repaso crítico de las principales perspectivas sobre los aranceles.</strong></p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-1344" title="tariff" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/04/tariff.gif" alt="tariff" width="154" height="211" /></p>
<p>Los aranceles han sido una herramienta tradicional muy eficaz para fomentar la concentración de las industrias. Incluso los marxistas, cuya teoría sostiene que la competencia engendra naturalmente el monopolio, no tardaron en reconocer que estos tenían un efecto “acelerador” en el “proceso de acumulación capitalista”. Marx dice así en <em>El capital</em>:</p>
<blockquote><p>En parte, estos métodos [la deuda pública, el moderno sistema tributario y el sistema proteccionista], como ocurre con el sistema colonial, se basan en la más avasalladora de las fuerzas. Pero todos ellos se valen del poder del Estado, de la fuerza concentrada y organizada de la sociedad, para acelerar a pasos agigantados el proceso de transformación del régimen feudal de producción en el régimen capitalista y acortar los intervalos.</p></blockquote>
<p>Y sentencia unas páginas adelante:</p>
<blockquote><p>El sistema proteccionista fue un medio artificial para fabricar fabricantes, expropiar a obreros independientes, capitalizar los medios de producción y de vida de la nación y abreviar el tránsito del antiguo al moderno régimen de producción. [1]</p></blockquote>
<p>Tiempo después, Lenin se vio obligado a constatar que, en los países librecambistas como Inglaterra, el proceso de concentración tendía a ser menor y más lento que en los países proteccionistas:</p>
<blockquote><p>Es extraordinariamente importante hacer notar que, en el país del librecambio, en Inglaterra, la concentración conduce también al monopolio, aunque un poco más tarde y acaso en otra forma. [2]</p></blockquote>
<p>Sin embargo, Lenin pasó por alto el sistema de preferencias del imperio británico, que privilegiaba a sus compañías en las colonias del imperio, proporcionándoles amplios mercados para sus productos y acceso privilegiado a las materias primas y la mano de obra barata. Tomando en cuenta esto, parece claro que por la simple supresión de los aranceles –sin tomar en cuenta otras importantes fuentes de privilegio- la centralización hubiera sido menor incluso en el país más “librecambista” del siglo XIX, que andaba retrasado en este proceso respecto a países más proteccionistas como Alemania o Estados Unidos.</p>
<p>A finales del siglo XIX, cuando los economistas liberales todavía empleaban sus anticuados modelos de competencia libre, Benjamin Tucker achacó el crecimiento de los trusts al efecto combinado de aranceles, patentes y derechos de autor, que permitían a las empresas protegidas obtener beneficios excesivos. [3]</p>
<p>Ludwig von Mises, varias décadas después, pondría sobre la mesa la cuestión de la formación de los cárteles en relación a la intervención estatal:</p>
<blockquote><p>Quien deseaba crear un monopolio sin poseer ante todo las bases naturales para ello no podía tener éxito –a menos de que se le ayudase con privilegios legales especiales, como protección aduanera, patentes de invención, etc.- sino recurriendo a artificios de toda clase para no asegurarse, finalmente, más que un monopolio efímero.<br />
[…]<br />
La mayor parte de los cárteles y los trust no habrían podido constituirse si los gobiernos no hubiesen intervenido con medidas de protección para crear estas condiciones. Los monopolios de las industrias de transformación y del comercio deben su nacimiento, no a una tendencia inherente a la economía capitalista, sino a la política intervencionista practicada por los gobiernos y dirigida contra el capitaliasmo. [4]</p></blockquote>
<p>Joseph Schumpeter, como veremos en profundidad más adelante, rechazó la idea de que el libre mercado engendrase los grandes trusts, enfatizando el papel de los aranceles:</p>
<blockquote><p>En particular, el crecimiento de los trusts y cárteles –un fenómeno muy diferente a la producción a gran escala, con la que a menudo se confunde- no puede nunca explicarse por el automatismo del sistema competitivo. Esto se sigue del hecho evidente de que los trusts y los cárteles pueden alcanzar su objetivo fundamental –la política de monopolio- sólo a través de aranceles protectores, sin los cuales perdería su significación esencial. Pero los aranceles protectores no surgen automáticamente del sistema competitivo: son fruto de la acción política […]. [5]</p></blockquote>
<p>Los economistas austriacos Friedrich von Hayek y Joseph Stromberg se pronunciaron en términos parecidos en <em>Camino de servidumbre</em> y <em>The Role of State Monopoly Capitalism in American Empire</em>, respectivamente, como veremos más adelante. Ambos insistieron en la influencia de los factores políticos sobre el crecimiento de los monopolios y, como los autores anteriores, apuntaron principalmente a los aranceles.</p>
<p>Pero no podríamos terminar nuestro repaso de las teorías acerca de la influencia de los aranceles en la organización empresarial sin citar a Alfred Chandler, probablemente el mayor apologista del triunfo de las grandes corporaciones en el siglo XX. Chandler quedó fascinado por la perfección y eficiencia de las grandes empresas de su tiempo y, por lo tanto, tendió a minimizar los factores políticos que habían contribuido en su formación. A propósito de los aranceles, dijo:</p>
<blockquote><p>Los aranceles eran tan altos para los productos de las industrias que seguían siendo competitivas como para los de las que se habían concentrado. Y por supuesto, los aranceles de los Estados Unidos no tenían una incidencia directa en el crecimiento de estas empresas en el extranjero. [6]</p></blockquote>
<p>El hecho de que, a pesar de los aranceles y otras medidas, todavía permaneciesen industrias competitivas no prueba la inocuidad de los mismos; podría suceder –como de hecho así sostenemos- que en tales sectores competitivos las deseconomías de escala de la concentración pesaran más que las economías y, por lo tanto, los privilegios y monopolios gubernamentales fuesen insuficientes (por ejemplo, en la agricultura).</p>
<p>En segundo lugar, los aranceles de los Estados Unidos –y de cualquier país que practicase esa política- sí tenían una incidencia directa en el crecimiento de sus empresas en el extranjero: como veremos más adelante, permitían cargar precios artificialmente altos en el interior para vender el excedente a precios artificialmente bajos en el extranjero.</p>
<p>Los aranceles pueden restringir hasta cierto punto el crecimiento de las empresas multinacionales, pero como el propio Chandler apunta, esto no hace sino incentivar la construcción de fábricas o delegaciones en el interior de las fronteras arancelarias extranjeras, sin dañar apreciablemente los grandes negocios. [7]</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>[1]: Véase Marx, <em>El capital: crítica de la economía política</em>, Tomo I pp. 638 y 643, Ed. Fondo de cultura económica, 1867</p>
<p>[2] Véase Lenin, <em>El imperialismo, fase superior del capitalismo</em>, 1916, capítulo I:</p>
<p>http://www.monografias.com/trabajos15/el-imperialismo/el-imperialismo.shtml#CONCENTR</p>
<p>[3]: Véase Benjamin Tucker, <em>The Attitude of Anarchism Toward Industrial Combinations</em>, 1899:</p>
<p>http://praxeology.net/BT-AIC.htm</p>
<p>[4] Véase Mises, <em>El socialismo</em>, pp. 388-389, Unión editorial, 1922.</p>
<p>[5]: Véase Schumpeter, <em>Imperialismo y clases sociales</em>, p. 94, Editorial Tecnos, 1951.</p>
<p>[6]: Véase Chandler,<em> La mano visible</em>, p. 527, Editorial Belloch, 1977.</p>
<p>[7]: Ibídem.</p>
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		<title>La propiedad mutualista de la tierra</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Apr 2009 15:38:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Recientemente Langlois ha publicado un excelente artículo sobre la propiedad mutualista de la tierra desde una perspectiva ricardiana. Argumenta, con mucha lógica, que los rendimientos decrecientes tienden a forzar la expansión de los cultivos hacia tierras cada vez menos fértiles,  de modo que la propiedad capitalista o feudal encarecen tal expansión y desvían un porcentaje [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1338" title="0366" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/04/0366.jpg" alt="0366" width="170" height="238" /></p>
<p>Recientemente Langlois ha publicado un <a href="http://onhl.blogspot.com/2009/04/la-teoria-mutualista-de-la-tierra.html">excelente artículo</a> sobre la propiedad mutualista de la tierra desde una perspectiva ricardiana. Argumenta, con mucha lógica, que los rendimientos decrecientes tienden a forzar la expansión de los cultivos hacia tierras cada vez menos fértiles,  de modo que la propiedad capitalista o feudal encarecen tal expansión y desvían un porcentaje cada vez mayor de la riqueza hacia los terratenientes y los especuladores (argumenté de forma similar, aunque mucho más tosca, <a href="http://www.mutualismo.org/2008/06/la-propiedad-de-la-tierra-ii-viabilidad-economica/">aquí</a>). En definitiva, como él dice, <em>“hay fuertes razones económicas que nos sugieren que la teoría mutualista tiene fundamentos suficientemente sólidos”</em>.</p>
<p>Recomiendo leerlo.</p>
<p>Por otra parte, <a href="http://presurista.wordpress.com/">Presurista</a> está construyendo desde una perspectiva histórica y filosófica el concepto de <a href="http://presurista.wordpress.com/2009/02/17/propiedad-y-presura/">“presura”</a>, muy similar al de propiedad por ocupación y uso sobre la tierra que promueven los mutualistas. Tras la expansión musulmana por la península ibérica, los primitivos reinos cristianos del norte hubieron de repoblar las tierras fronterizas, de modo que surgió una forma de propiedad basada en la ocupación y el uso, libre de rentas señoriales: la presura. Presurista también ha desarrollado este concepto en relación con<a href="http://presurista.wordpress.com/2009/04/10/el-concepto-de-propiedad-de-locke/"> Locke</a> (que no era tan “lockeano” como algunos de nuestros amigos anarcocapitalistas creen) y la <a href="http://presurista.wordpress.com/2009/02/19/benefactorias-o-sociedades-para-la-defensa-de-la-propiedad/">defensa privada de la propiedad</a>, exponiendo cómo la aristocracia guerrera competía para proteger a los campesinos presuristas a cambio de un pago, lo que, aunque en un principio fue voluntario, a largo plazo degeneraría en la forma de propiedad feudal.</p>
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		<title>La agricultura cubana</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 15:03:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuba está lejos del ideal de sociedad libertaria, pero su agricultura, al parecer, no está tan lejos del ideal mutualista de granjeros y pequeños propietarios independientes. Aquí os dejo con la traducción de este artículo de Kevin Carson, donde narra su evolución desde un modelo de producción soviético hasta, más recientemente, otro dominado por pequeños [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1300" title="agricultura-cubana" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/04/agricultura-cubana.jpg" alt="agricultura-cubana" width="201" height="133" /></p>
<p>Cuba está lejos del ideal de sociedad libertaria, pero su agricultura, al parecer, no está tan lejos del ideal mutualista de granjeros y pequeños propietarios independientes. Aquí os dejo con la traducción de <a href="http://mutualist.blogspot.com/2005/08/cuban-agriculture.html">este artículo de Kevin Carson</a>, donde narra su evolución desde un modelo de producción soviético hasta, más recientemente, otro dominado por pequeños cultivos, huertos urbanos, etc.</p>
<p><strong>La agricultura cubana</strong></p>
<p>A través de A. E. Lewis, del grupo de distribucionismo de yahoo. Un interesante artículo sobre <a href="http://www.harpers.org/archive/2005/04/0080501">la agricultura cubana</a> en Harpers por Hill McKibben. Hasta finales de 1980, la agricultura cubana fue un intento de economía soviética, basada en una fuerte mecanización y en el uso de productos químicos; el modelo estatal-socialista soviético de agricultura, al menos idealmente, era como si Cargill o ADM [1] hubieran convertido las granjas de todo el país en una gigantesca plantación de agronegocios, y entonces el Estado hubiera expropiado la corporación poniéndola bajo un ministerio estatal. Pero con el colapso del bloque soviético en 1989 y de la propia URSS en 1991, y la interrupción de su “asistencia fraternal”, la economía cubana se vio privada de los aportes necesarios para su modelo soviético de agricultura.  Hubo un corte drástico de energía eléctrica y de transporte, de combustible y de las partes de recambio para aquellas inmensas combinaciones, así como una falta del petróleo necesario para los productos químicos. Abandonados con una economía dedicada principalmente a las cosechas de cereales y azúcar, y privados de los mercados del bloque soviético para este azúcar con precios subvencionados, Cuba sufrió algo así como una reducción de un tercio en el consumo medio de calorías por persona. Mucha gente perdió mucho peso. Pero más de una década después, McKibben informa de una diferencia:</p>
<blockquote><p>Ahora, mirando la tabla, vi que Fernando Funes había ganado veinte libras [de peso] desde entonces. De hecho, tenía una pequeña barriga, como muchos hombres cubanos de cierta edad.<br />
Lo que sucedió fue tan simple como inesperado. Cuba ha aprendido a dejar de exportar azúcar y en su lugar ha empezado a cultivar de nuevo su propia comida, cultivándola en pequeñas granjas privadas y miles de huertos urbanos de pequeño tamaño para el mercado –y, faltando productos químicos y fertilizantes, gran parte de la comida se convirtió de facto en orgánica. De alguna forma, la combinación funcionó. Los cubanos tienen toda la comida que hacían antes del colapso de la Unión Soviética. Todavía están cortos de carne, y la oferta de leche es un auténtico problema, pero su consumo de calorías ha vuelto a la normalidad.</p></blockquote>
<p>Haciéndolo de ese modo han creado lo que podría ser el modelo de agricultura de semi-subsistencia en funcionamiento más grande del mundo, uno que no depende tan estrecha y fuertemente del petróleo, los productos químicos o el transporte de grandes cantidades de comida de importación y exportación como el resto del mundo.</p>
<p>Debería añadir que solo estoy interesado en esto a un nivel técnico. Me preocupa si esto se mantiene por sí mismo, independientemente del sistema sociopolítico de Cuba. El hecho de que algo como esto pueda funcionar en una prisión socialista estatal como Cuba podría, a fortiori, ser prometedor para los movimientos económicos alternativos en sociedades comparativamente libres.</p>
<p>Es ciertamente un ejemplo del modo en que puede descentralizarse rápidamente el sistema de agricultura intensiva en capital y productos químicos para convertirlo en un modelo de producción en buena medida orgánico e intensivo en trabajo, en el contexto de una repentina pérdida de insumos (¿puede decir alguien “falta de petróleo”?).</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
<p>[1]: Cargill y ADM son grandes empresas americanas dedicadas a la agricultura (N. del T.).</p>
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		<title>El Manifiesto de Josiah Warren</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Apr 2009 14:15:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con permiso de Tsekub, cuelgo su preciosa traducción del clásico manifiesto de Josiah Warren, donde sentaría las bases del mutualismo, paralelamente a Proudhon, y daría el puntapié a los anarcoindividualistas posteriores como Benjamin Tucker, enfatizando la soberanía individual y el comercio equitativo como pilares de la sociedad. La nota introductoria es de Joseph Ishill. Nota [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1295" title="josiah-warren" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/04/josiah-warren.jpg" alt="josiah-warren" width="163" height="196" /></p>
<p>Con permiso de <a href="http://isladelatortuga.fullblog.com.ar/">Tsekub</a>, cuelgo su preciosa traducción del clásico manifiesto de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Josiah_Warren">Josiah Warren</a>, donde sentaría las bases del mutualismo, paralelamente a Proudhon, y daría el puntapié a los anarcoindividualistas posteriores como Benjamin Tucker, enfatizando la soberanía individual y el comercio equitativo como pilares de la sociedad. La nota introductoria es de Joseph Ishill.</p>
<p><strong>Nota introductoria</strong></p>
<p>Josiah Warren fue, sin duda alguna, el primero de los anarquistas americanos. Como tal, consagró su vida al mejoramiento de la humanidad. A pesar de sus tendencias individualistas, tan características de nuestros viejos pioneros americanos, poseía un corazón y un espíritu abiertos a TODOS, y se pronunciaba por una sociedad donde la paz y la tranquilidad fuesen los factores dominantes.</p>
<p>También es verdad que, por tradición y por naturaleza, Warren era un rebelde nato, un rebelde contra todas las injusticias y penalidades humanas. Sus escritos señalan claramente el camino hacia la liberación y la aniquilación de todas las formas arcaicas de esclavitud y, antes que nadie, mantiene claramente su fe en la SOBERANÍA DEL INDIVIDUO. Hoy el mundo entero vive bajo un eclipse total de confusión y desilusión, eclipse debido sobre todo a un perverso &#8220;ismo&#8221; que ha oscurecido casi completamente el horizonte del universo y amenaza con destruir cruelmente los principios democráticos basados en la verdad y la justicia. Esta amenaza, esperamos, pasará también al olvido.</p>
<p>Al traer a la luz, nuevamente, este interesante documento, pensamos nosotros que podría llenar un vacío para los estudiantes interesados en los asuntos libertarios. Y estoy seguro de que un estudioso como el Dr. Paul Eltzbacher, auto de un interesantísimo trabajo titulado &#8220;Anarquismo&#8221;, hubiese hecho buen uso de cualquier material escrito por Josiah Warren. Pero, lamentablemente, ninguna obra de este autor podía encontrarse en Europa. En los Estados Unidos, tan sólo algunos pequeños fragmentos pudieran, quizás, hallarse en algún archivo histórico. A propósito de este abandono por parte de nuestros bibliotecarios, me gustaría citar un fragmento de la introducción del Dr. Eltzbacher a su obra: &#8220;Existe en la actualidad una gran confusión en las ideas que se tienen sobre el anarquismo, y no sólo entre las masa sino también entre los estudiosos y estadistas&#8221; y, poco más adelante, en la misma introducción, agrega: &#8220;Los escritos anarquistas están muy escasamente representados en nuestras bibliotecas públicas. Algunos de ellos son tan raros que resulta muy difícil para un individuo adquirir siquiera el más destacado de ellos.&#8221;</p>
<p>Esto fue escrito hace cerca de medio siglo, y hoy es todavía considerado por los ardientes seguidores de esta filosofía como el más auténtico y confiable estudio sobre el tema. Existe una edición americana de este trabajo, publicada por Benjamín R. Tucker en 1908, pero hace tiempo se halla fuera de circulación. Acerca de las publicaciones de Josiah Warren me gustaría citar aquí a otro gran estudioso y bibliófilo, el Dr. Max Nettlau. Lo que sigue es un extracto de una carta inédita dirigida por él a Ewing C. Baskette, con fecha del 26 de mayo de 1936, en el que menciona una de las primeras publicaciones de Warren, &#8220;El revolucionario pacífico&#8221; (1833).</p>
<p>&#8220;Me gustaría saber si alguien ha visto un ejemplar alguna vez. Si hay una copia en cualquier parte, ésta tiene un valor enorme y debe pasar inmediatamente a alguna de las bibliotecas más importantes de Nueva York o Washington.&#8221; Desgraciadamente, ninguna de las bibliotecas mencionadas lo posee. Yo, por mi parte, haré mi mayor esfuerzo para reimprimir otros artículos de este autor, tanto como el tiempo y las fuerzas me lo permitan.</p>
<p><em>Joseph Ishill, septiembre de 1952.</em></p>
<p><strong>Manifiesto</p>
<p>Josiah Warren</strong></p>
<p>Parece ser que en el extranjero existe la impresión de que yo estoy comprometido en la formación de sociedades. Esto, realmente, es un gran error que me veo obligado a corregir. Todos aquellos que han escuchado o leído algo de mí sobre estos temas, saben que uno de los puntos principales en los que siempre he insistido es que la formación de sociedades o cualquier otra clase de combinaciones artificiales ES el primero, más grande y fatal error cometido por los reformadores y legisladores; que cualquiera de estas combinaciones requiere la abdicación de la soberanía natural del INDIVIDUO sobre su persona, tiempo, propiedades y responsabilidades, a favor del gobierno de la combinación; que esto tiende a postrar al individuo y reducirlo a mera pieza de una máquina, involucrando a otros en la responsabilidad de sus actos y responsabilizándolo a él, a su vez, por los actos y sentimientos de sus asociados; que, de esta manera, él vive y actúa sin control sobre sus propios asuntos, sin poseer ninguna certeza sobre el resultado de sus acciones y casi sin un cerebro que se atreva a usar por su propia cuenta y que, en consecuencia, nunca llega a conocer los grandes propósitos para los que la sociedad ha sido expresamente formada.</p>
<p>Por lo menos algunas de las personas que hayan asistido a nuestras reuniones públicas saben que el COMERCIO JUSTO se halla fundado en un principio exactamente opuesto al de la combinación, principio que podemos llamar de individualidad. Este principio deja a cada uno en posesión de su soberanía natural sobre su persona, tiempo, propiedad y responsabilidades y no requiere que nadie rinda ninguna &#8220;porción&#8221; de su libertad natural uniéndose a sociedad alguna ni tampoco le exige hacerse responsable por los actos o sentimientos de cualquier otro. Tampoco existe, en este principio, ninguna cláusula por la que la corporación pueda ejercer cualquier clase de gobierno sobre la persona, el tiempo, las propiedades o las responsabilidades de un solo individuo.</p>
<p>Las combinaciones, así como todas las instituciones construidas en base a ellas, son invenciones del Hombre y, por consiguiente, comparten la limitada visión humana y todas sus imperfecciones. El COMERCIO JUSTO, por el contrario, es un simple desarrollo de principios que, aunque nuevos para el público, son tan viejos como la creación y durarán tanto como ésta. Esta idea, la de que yo también estoy formando sociedades, es muy natural, ya que todos los intentos de reforma radical conocidos hasta ahora se basaron en combinaciones. Por lo tanto, el público no es consciente de la existencia de otro principio y concluye que la nuestra es otra propuesta del mismo tipo y debe fracasar como las demás. Yo respeto su juicio y creo, con ellos, que cualquier esfuerzo por mejorar la condición social por la formación de sociedades o cualquier combinación artificial (a pesar de su ingenioso diseño, las buenas intenciones que animen a sus promotores o lo honestamente dirigido que se halle el emprendimiento) terminará por derrotar sus propios fines y defraudará a todos los que se hallen comprometidos en ella. El fracaso del experimento comunitario de Nueva Armonía durante el período que fue de 1825 a 1827 me llevó a la convicción de que el principio de combinación no funciona bien más allá de los grandes objetivos de la sociedad. Por el contrario, después de una íntima y rigurosa investigación, llegué a la conclusión de que el principio opuesto, el de individualidad y el proceso de DESCONEXIÓN contenían la llave maestra y todo el poder de regeneración y redención necesarios para la solución del gran problema social. De hecho, este principio promete tanto que resulta difícil de creer, la esperanza parece desmesurada. Tan es así que su descubridor (si lo podemos llamar de esta manera) no se atrevió a comunicárselo a sus conocidos más íntimos por temor a ser considerado demente. Por consiguiente, el camino que le quedaba era el de demostrar todo esto en la PRÁCTICA antes de comunicarlo al público.</p>
<p>Un rumbo totalmente nuevo de investigaciones y experimentos había comenzado. El primero de ellos fue la &#8220;Tienda de Tiempo&#8221;, abierta en Cincinatti en mayo de 1827. Este experimento, que duró tres años, tenía por objeto la aplicación de estos principios en todo el comercio de vida y el intervalo entre ese tiempo y el presente ha sido empleado (hasta donde las circunstancias privadas lo han permitido) en el desarrollo de estos mismos principios o en la preparación para ellos.</p>
<p>Estos mismos principios han sido aplicados en el cuidado y la educación de los niños, y ellos nos mostrarán el radical error y la gran causa de frustraciones en este tema tan importante. Estos principios han sido aplicados en la compra y venta de tierra y de casi todos los otros tipos de propiedad, así como en el intercambio de toda clase de servicios, lo que incluye la labor de los comerciantes, abogados, médicos, caseros de pensión, etc. A través de todo el proceso la soberanía del individuo fue estrictamente preservada e invariablemente respetada. Ninguna legislación, de la clase que fuere, invadió la esfera individual y fue este respeto absoluto por la individualidad lo que atrajo a cientos de personas a la Tienda de Tiempo, muchas de las cuales no entendían demasiado de sus principios u objetivos. Ellas comprendían, sin embargo, que era de su interés participar del experimento, demostrando así que los negocios de la comunidad pueden ser así resueltos por un natural e irresistible proceso, sin combinación, sin organización, sin leyes, sin gobierno, sin la renuncia de cualquier porción de la libertad natural del individuo. Demostrando también que la reforma no necesita esperar a que el mundo haya aprendido pero que la práctica constituye un proceso de reeducación que no puede ser estimado hasta que se participa de él y que, precisamente, es el sabio el que se queda atrás en su adquisición.</p>
<p>Del mismo modo, ha sido tan completa la individualidad de acción a lo largo de todos los experimentos que los centenares de personas que han tomado parte en ellos no pueden ser, en modo alguno, identificados como miembros de una secta, una facción o una sociedad. El público, en general, no los reconoce, excepto a aquellos que voluntariamente se identifiquen a sí mismos con estos principios.</p>
<p>La opinión pública es el verdadero gobierno del mundo. La imprenta es quien crea este poder gubernamental. En consecuencia, entre los preparativos para una introducción general a estos temas está la simplificación de la labor impresora y el diseño de una imprenta capaz de ser introducida en el hogar y manejada por cualquier persona que desee hacerlo, del sexo que fuere. Estos y otros aspectos de la verdadera reforma deben ser informados en forma independiente de la prensa común, cuyos conductores están, generalmente, demasiado absorbidos o interesados en otros asuntos, demasiado influidos por la opinión pública o son demasiado superficiales para pensar en hacer justicia a este asunto cuando recién se halla en sus inicios. Los experimentos y preparativos han concluido y los resultados están registrados o en el testimonio vital de quienes en ellos participaron. Se convierten ahora en el fundamento práctico de las realizaciones en este terreno. Aquellos que deseen una mayor información pueden obtenerla de los particulares en reuniones públicas o leyendo la GACETA DEL COMERCIO JUSTO, que será publicada con este propósito. Lo que sigue son algunos de los más prominentes rasgos del COMERCIO JUSTO.</p>
<p>Va a establecer un principio justo y permanente de comercio. Un principio que pondrá fin a todas las actuales fluctuaciones de precios y, por consiguiente, a la inseguridad y la ruina que estas fluctuaciones acarrean, y ayudará a levantarse a aquellos que están ahora arruinados. Tiende a poner fin a todos los tipos de especulación. Tiene un sonoro y racional medio de cambio, una real y definida representación de la riqueza. Está basada exclusivamente en el trabajo como el único capital legítimo. Este medio de cambio posee una tendencia natural a disminuir gradualmente el valor y el uso del dinero, hasta finalmente liquidarlo y, por consiguiente, para barrer toda la masa aplastante de fraude, iniquidad, crueldad, corrupción e imposición que se construyen sobre él. Al ser el medio de cambio emitido sólo por aquellos que trabajan, estos tendrían en sus manos el poder y la riqueza, mientras que aquellos que no trabajan, aunque ahora sean ricos, se tornarían pobres y sin poder.</p>
<p>Abre el camino para que trabajen todos aquellos que lo deseen, al dejar actuar la tendencia natural que mantiene la oferta en proporción racional a la demanda. Soluciona el enorme y difícil problema de la máquina contra el trabajo. En este principio, en la misma proporción en que la máquina arroja obreros del trabajo, trabaja por y para ellos. Además, deja siempre abierta la posibilidad de un nuevo empleo y, al abolir las ganancias misteriosas, deja atrás los tipos de aprendizaje rutinarios y trae las nuevas formas de conocimiento al alcance de todos los que lo deseen.</p>
<p>La necesidad de cada uno de pagar en su propia labor por lo que consume permite el único y legítimo control sobre el lujo excesivo, que ha arruinado individuos, estados e imperios y que está a punto de traernos la ruina casi universal a todos. El comercio justo no amuebla ninguna oficina para el ambicioso, ni ofrece oportunidades a quienes deseen elevarse por encima de las personas o las propiedades de otros. Por consiguiente, no ofrece ninguna tentación para tal clase de gente y estos no se hallarán entre los primeros en adoptar el COMERCIO JUSTO. Éste apela, primero que nada, a la mayoría oprimida, a los humildes, a los de abajo, y será adoptado primero por ellos y por aquellos que no tienen ningún deseo de vivir a expensas de los demás, así como por todos aquellos, ricos o pobres, cuyas superiores cualidades morales o intelectuales les permitan apreciar algunas de las inefables bendiciones que serían el resultado de tal estado de la existencia humana.</p>
<p>Estos son algunos de los rasgos más prominentes del COMERCIO JUSTO. El lector notará que estos, precisamente, son los rasgos que una gran y redentora revolución debe poseer. Pero ellos son tan extraordinarios, tan fuera del curso común y corriente de las cosas que nuestra propuesta, con seguridad, será denunciada por algunos como visionaria e impracticable. Estoy preparado para todo esto y estoy preparado también para demostrar que las aplicaciones más importantes de estos principios YA SE HAN HECHO y han demostrado su legitimidad más allá de todas las contradicciones exitosas. Y para demostrar todo esto, declaro que es absolutamente factible para casi cualquier persona empezar a disfrutar aquí dentro de algunas de sus ventajas en seguida, para liberarse gradualmente de la iniquidad aplastante y el sufrimiento de (lo que se llama) la sociedad civilizada. Y todo esto sin unirse a sociedad alguna ni ceder parte de su natural e inalienable soberanía sobre su persona, tiempo o propiedades y sin hacerse, en modo alguno, responsable por los actos o sentimientos de otras personas con las que haya realizado transacciones basándose en estos principios.</p>
<p><em>Josiah Warren, Nueva Armonía, Nov. 27, 1841.</em></p>
<p>Un sentimiento muy común de nuestra época es que hay algún mal profundo y radical en alguna parte ahora y que los legisladores se han mostrado incapaces para descubrirlo o remediarlo. Con toda la deferencia debida a otros juicios, yo me he dedicado a señalar lo que parece constituir este mal y sus remedios naturales, legítimos y eficaces y lo seguiré haciendo dondequiera que este asunto reciba la atención y el respeto que su indecible importancia le confiere. He esperado que alguna persona capaz de un razonamiento correcto se dedique a investigar el tema y ver si puede encontrar un motivo para oponerse al COMERCIO JUSTO Quiero señalar, por ello, la absoluta imbecilidad y la debilidad sorprendente de cualquier objeción que pueda hacerse contra él. Cualquier objeción, para ser tenida en cuenta, debe confinarse a este asunto, y sus tendencias naturales: la DESCONEXIÓN con todos los demás y con todo lo que no sean consideraciones meramente personales. Yo rechazo todo las controversias ruidosas, prolijas, confusas y personales. Este asunto se presta para el estudio sosegado y la pregunta honrada; y, después de ser expuesto (como yo pienso hacer) justamente ante el público, deberá ser estimado por cada individuo según su particular medida de comprensión, y no deberá realizar ninguna clase de violencia, restricción o coacción sobre el individuo.</p>
<p><em>Josiah Warren.</em></p>
<p>Este Manifiesto fue originalmente escrito y publicado por Josiah Warren en 1841 e impreso por el autor en su propia imprenta, inventado y diseñado por él mismo. La presente reimpresión está basada en una copia del fotóstato original proporcionada por Sr. Ewing C. Baskette, a quien agradecemos encarecidamente que haya descubierto tan extraño y valioso documento histórico. Las tipografías usadas en el documento original son Garamond y Claustro Oldstyle.</p>
<p><em>La Prensa de la Oropéndola Septiembre de 1952.</em></p>
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		<title>Keith Preston sobre el anarquismo de Bakunin y Kropotkin</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Mar 2009 15:26:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victor L.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Autores mutualistas]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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		<description><![CDATA[Keith Preston es, además de blogger (ver Attack the System), un mutualista peculiar, al menos aparentemente. De pasado anarco-colectivista, como muchos otros mutualistas, sigue considerándose un anarquista en la tradición de Bakunin, equipara las mutualidades con las colectividades y admira el viejo movimiento anarquista de carácter obrero (por ejemplo, la revolución española) pero, a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1174" title="kropotkin" src="http://www.mutualismo.org/wp-content/uploads/2009/03/kropotkin.jpg" alt="kropotkin" width="178" height="212" /></p>
<p>Keith Preston es, además de blogger (ver <a href="http://attackthesystem.com/">Attack the System</a>), un mutualista peculiar, al menos aparentemente. De pasado anarco-colectivista, como muchos otros mutualistas, sigue considerándose un anarquista en la tradición de Bakunin, equipara las mutualidades con las colectividades y admira el viejo movimiento anarquista de carácter obrero (por ejemplo, la revolución española) pero, a la vez, combina todo esto con una teoría económica más depurada, la austriaca.</p>
<p>He sacado este fragmento de un comentario suyo a un<a href="http://blog.mises.org/archives/004875.asp"> artículo de Roderick Long en el Mises Institute</a>, donde habla precisamente de esto.</p>
<p>Algunos puntos me parecen discutibles como, por ejemplo, que el anarquismo colectivista o comunista haya sido esencialmente agrario. Es cierto que Bakunin en ocasiones citaba el mir ruso como un embrión de anarquismo, pero regiones como Cataluña o el norte de Italia eran eminentemente industriales a principios del siglo XX, y se trata de núcleos importantes de actividad anarquista. A pesar de todo, sí considero que dichas ideas son propias de una época en que: a) pervivían costumbres y formas tradicionales de relacionarse –por ejemplo, los lazos entre vecinos- b) existía un grupo homogéneo de personas que trabajaban concentradas en un mismo lugar.<br />
También concuerdo en su repaso sobre los aportes de Bakunin y Kropotkin, aunque se le olvidó mencionar el Apoyo mutuo.</p>
<p><strong>Keith Preston sobre la tradición anarquista de Bakunin y Kropotkin</strong></p>
<p>Me considero un anarquista en la tradición bakuninista, aunque acepto que algunas de sus opiniones económicas son arcaicas. Yo podría matizar cualquier crítica que podría hacerse de Bakunin y Kropotkin al respecto añadiendo que sus opiniones económicas pueden ser entendidas únicamente dentro del contexto de su época. Ambos se originaron en la Rusia feudal donde una suerte de comunitarismo campesino o anarquismo agrario fue la norma virtual entre la población rural, a pesar de que los terratenientes y los zares se sobreponían a ellos en la cima. Esta es un interesante artículo de M. Rápale Jonson que describe esta situación:</p>
<p>http://rosenoire.org/articles/Peasant_Commune.php</p>
<p>De ese modo, dentro del contexto de su tiempo y su ambiente social, las ideas económicas de Bakunin y Kropotkin tienen mucho sentido. Ellos simplemente quisieron eliminar a la clase parasitaria de los explotadores feudales y dejar existir a las comunas de campesinos. Esta propuesta todavía podría tener éxito en aquellas partes del mundo donde un campesinado tradicional es fuerte todavía o donde existen todavía tradiciones comunales (por ejemplo, África).</p>
<p>Pienso que las contribuciones más importantes de Bakunin a la teoría anarquista están en la esfera de la teoría de clases, sus críticas al marxismo y su propuesta de una teoría revolucionaria. Las propuestas más importantes de Kropotkin son como sociólogo e historiador. Podría recomendar su libro “El Estado: su papel histórico”, una historia del desarrollo del Estado que camina paralelo del trabajo de su contemporáneo Max Weber así como del de sabios como Martin Van Creveld.</p>
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