Algunos apuntes sobre la propiedad

May 12 • Mutualismo • 1298 Views • No Comments on Algunos apuntes sobre la propiedad

Los seres humanos producimos cosas para satisfacer nuestras necesidades, desde las más básicas a los meros caprichos. La gente produce y luego lo producido se utiliza, es precisamente ese uso para lo que fue producido y lo que pretendemos con la producción. ¿Pero, quien utiliza lo producido? ¿Se reparte de una manera justa, equitativa? Trataré de explicar quien es el que debe decidir sobre lo producido, y quien lo debe utilizar como considere apropiado intentando ser fiel a mis ideales de justicia y libertad. Estos ideales irán, en el presente artículo, únicamente dirigidos al debate de la propiedad, los otros ámbitos en los que deben ser aplicados quedan excluidos aquí.

Sobre la justicia:

Para producir algo hace falta aplicarle, a otra cosa (por lo general los medios de producción, sobre los que hablaré más adelante), un trabajo. Pero, supongamos por un momento, que para producir un bien tangible, lo único necesario sea el trabajo de una persona. Así pues, esa persona trabaja y produce dicho bien. Lo más justo, en este caso, es que aquel o aquella que trabajó reciba el fruto de su trabajo.

Quiero hacer un inciso para lanzar una pregunta. ¿Es esto condición única y necesaria para que estemos hablando de socialismo? El mutualista Benjamín Tucker explicaba al respecto:

“la más básica reclamación del socialismo: que el trabajador debe convertirse en dueño de su propio trabajo.” [1]

A pesar de que nos quede la duda de si Tucker consideraba que había alguna reclamación más que fuera necesaria para hablar de socialismo, asumir que esta es la única condición traería consecuencias realmente desagradables para la mayoría de socialistas que trataran de ser coherentes con la libertad.

Sobre la libertad:

Para estar acorde con la libertad individual (sin la que, en realidad, no existe ninguna libertad que valga), debemos admitir el derecho de que nadie más que el que trabajó decida sobre el fruto de su trabajo. Así, no será legítimo que nadie decida sobre lo que el trabajador creó. Hemos convertido pues, a aquel que trabajó, en propietario del fruto de su trabajo, y a este fruto en propiedad privada, pues priva a otros y otras que no sean el propietario de decidir sobre dicho bien. Por esta razón considero el socialismo compatible con la propiedad privada, aunque a muchos les pueda resultar incluso insultante.

Pero aún hay más. Para seguir siendo coherentes con la libertad, debemos aceptar que el propietario decida libremente hacer lo que quiera con su propiedad. En esta libertad se incluye la posibilidad de que el propietario decida intercambiar con otros, partiendo de un acuerdo voluntario, su propiedad. Es ésta la única manera de convertirse en propietario de cosas que uno no ha producido. Sigue siendo justa porque ambos decidieron en libertad sobre el fruto de su trabajo. Una vez intercambiado el bien, yo paso a ser el propietario de lo recibido y puedo decidir en libertad sobre ello. La consecución de intercambios nos puede llevar a conseguir bienes que conseguimos por medio de un intercambio con alguien que no los produjo, pero conserva su legitimidad puesto que era el dueño de aquello que nos dio.

Pues bien, este libre intercambio de propiedades entre individuos es aquello a lo que llamamos libre mercado. Y es por ello que lo considero perfectamente compatible con el socialismo, especialmente si éste quiere estar de acuerdo con la libertad.


Sobre los medios de producción artificiales:

Si bien creo que la diferencia entre bienes de capital (o medios de producción) y bienes de uso no está tan clara como se suele creer, asumiré aquí que se trata de un tipo de bienes claramente diferenciados de los otros.

Como su propio nombre indica estos bienes son artificiales, es decir, han sido creados a partir del trabajo de alguien. Luego, para que se haga justicia, tienen que ser propiedad del que los creó. Los distinguidos usos que se le puedan dar en comparación con los bienes de uso, son irrelevantes en este punto, aunque tienen una importancia vital en otros aspectos, sobre lo que hablaré un poco más adelante.

Como propiedad que son, su uso será determinado por su propietario. Así, volviendo a lo que dejé pendiente cuando hablé de la justicia, el propietario decidirá sobre el uso que se le da. Si decide trabajar en esos medios de producción y produce un bien, la situación será análoga a la del bien que se producía solo por medio del trabajo, por lo que lo extraído de los medios de producción es, igualmente, propiedad del que los trabajó.

El problema, en este punto, es lo que sucede cuando una persona trabaja un medio de producción que no es de su propiedad. Por supuesto, lo producido será para el que trabaja, pero como la decisión acerca de quien y en que condiciones trabaja el medio de producción es del propietario, no se podrá ir y trabajar sin su permiso, por que se estaría vulnerando el derecho a decidir sobre su propiedad. A partir de ahí, lo que voluntariamente acuerden entre ellos es totalmente legítimo y poco podemos decir o hacer los demás.

Queda patente, eso sí, que lo ideal para que haya justicia es que aquel que vaya a trabajar se lleve el fruto completo de su trabajo. Para ello, lo más apropiado es que dicho trabajador sea el dueño del medio de producción. Así, podrá decidir en que condiciones trabaja en él y podrá extraer todo el fruto de su trabajo, evitando que un dueño ocioso se lleve parte de lo producido. Por que creo que la economía de libre mercado conduce a esta situación es un tema que queda para posteriores análisis. En cualquier caso se me podrá acusar de utópico por pretender esto último, pero no de ser incoherente con los planteamientos a favor de la libertad.

Hay que señalar que de este análisis ha quedado excluida la tierra (entendida como los medios de producción naturales), ya que cuenta con cualidades especiales como el no haber sido creada por nadie.

Sobre la colectivización de la propiedad:

Un error muy común es confundir la propiedad privada de los medios de producción por parte de los trabajadores con la propiedad privada de los medios de producción por parte de un ente que acapara toda la producción y luego la reparte. La diferencia es bastante clara: el trabajador no se lleva el fruto de su trabajo si no lo que dicho ente (sea un Estado, una asamblea…) considere oportuno.

Cuando se trata de una asamblea que reparte en base a las necesidades, queda claro que la norma será que los trabajadores no reciban el fruto de su trabajo, por que, produciendo yo manzanas, recibiré un surtido de productos muy variados, que pueden o no corresponder a las manzanas que yo he producido (sin considerar que la equivalencia entre manzanas y otros productos es subjetiva, sobre la cual debería ser el propio trabajador quien decidiera, intercambiando su producto por lo que estime conveniente –y no la asamblea dándole lo que estima que el trabajador necesita). Así, la justicia que describí arriba, que considero necesaria para el socialismo, no se da. El resultado es que acabo produciendo para la asamblea y esta me acaba pagando lo equivalente a un salario, llevándose alguien que ha trabajado menos lo equivalente a una plusvalía a mi cuenta. El fin de este proceso (ya sea el lucro de unos pocos burócratas o el cubrir las necesidades de todo un colectivo) es indiferente a la hora de calificarlo como una injusticia.

Igualmente, tampoco tengo el derecho de decidir lo que quiero hacer con el fruto de mi trabajo, ni producir lo que yo quiera a menos que sea después de las horas en las que estaré obligado a trabajar para la colectividad. Por lo tanto, tampoco podemos hablar de libertad, por mucho que mis necesidades queden cubiertas con lo repartido. Por esta razón, creo que la colectivización de la propiedad solo es legítima si todos los participantes se someten voluntariamente, y que obligar a alguien a compartir su propiedad (sean bienes de uso o de capital) es un acto de autoridad.

Referencias:

[1] “Socialismo de Estado y Anarquismo, en que coinciden y en que difieren” Benjamín R. Tucker 1886

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