Monthly Archives: December 2010

La propiedad intelectual es insostenible sin la coerción

PD-iconAlbert Esplugas Boter, que siempre ha sido uno de los liberales que más me han gustado, ha publicado recientemente un artículo que me recuerda en algún momento a un viejo texto mío del año 2006 porque en ambos escritos se habla del importante hecho demasiadas veces ignorado en los debates sobre propiedad intelectual de que el que hace copias de obras artísticas o programas de software que se encuentra por ahí por Internet al no haber firmado contrato alguno con nadie no debería ser considerado culpable de robo de propiedad alguno en un régimen que respetase verdaderamente la libertad de los individuos y no fuera coercitivo. Como ahora se está hablando mucho del tema de la propiedad intelectual por la ley Sinde, recupero mi viejo artículo y aprovecho para recordaros que los textos que escribo suelo entregarlos siempre al dominio público así que podéis usarlos, difundirlos y modificarlos sin restricciones.

La propiedad intelectual es insostenible sin la coerción

Alberto García Fernández, 2006 © Dominio público. En caso de no ser “legalmente” posible se permite la utilización para cualquier propósito sin restricciones.

La propiedad intelectual (o mejor dicho los derechos de explotación, pues el término de propiedad intelectual varía de un país a otro) yo creo que es imposible.

Más allá de los derechos morales como el de reconocimiento de autoría, la propiedad intelectual se basa en la coerción y la imposición. Para demostrar la autoría solo hace falta demostrar que alguien hizo algo antes, pero para mantener el sistema de los derechos de explotación se necesita que un ente abstracto como el Estado regule e imponga unos criterios genéricos y objetivos a los individuos.

Para explicar esto, me gustaría poner un ejemplo de una sociedad sin Estado. Voy a poner una sociedad sin Estado de tipo anarcocapitalista, que aunque no es algo que a mí me guste, considero que es bueno poner un ejemplo con un tipo de sociedad así, pues si en un modelo capitalista y que por tanto valora de una forma cuasireligiosa la propiedad, el sistema de la propiedad intelectual es difícil que se pudiese sostener, queda claro que en modelos no capitalistas como el mutualismo, el anarcocolectivismo o el comunismo libertario que son los que a mí me gustan, esto tampoco podría pasar.

Supongamos que estamos en una sociedad anarcocapitalista con agencias privadas de seguridad o policías privadas de ese estilo que tanto gustan a los partidarios de esa doctrina. Como no hay Estado, no está reconocida la propieda intelectual en genérico, sino que tienen que ser en todo caso reconocida por los individuos en cuestión en cada contrato. Voy a explicar esto. Pongamos por ejemplo a Microsoft y un disco de Windows.

Microsoft le vendería una licencia de uso a alguien de Windows. En el contrato se especificaría que el comprador no podría hacer copias de Windows y venderlas o dejarle el disco a alguien para que haga copias y las venda. Si pasa eso, el comprador acepta, ahí estaría reconociendo la propiedad intelectual de Microsoft y no habría problemas. Y si no quiere reconocer la propiedad intelectual de Microsoft, no firmaría el contrato y se buscaría otra empresa que le ofreciese contratos que le gustasen más. Yo creo que siempre habría otras empresas alternativas que no impondrían esas condicionese en los contratos, sino que dejarían por ejemplo hacer copias y revenderlas. Yo creo que estas otras empresas con contratos más flexibles se llevarían el mercado a la larga, pero da igual, pongamos que alguien acepta el contrato de Microsoft y adquiere una liencia de uso de Windows. No puede hacer copias para venderlas luego en un rastrillo (algo así como el top manta).

El comprador puede que cumpla la licencia y nunca le deje el disco de Windows a nadie, ni lo ponga en una red de intercambio de archivos, pero igual resulta que la incumple y se lo deja a alguien o lo pone en una red de intercambio de archivos. Pongamos que el comprador me lo deja por ejemplo a mí.

Yo como no firmé el contrato con Microsoft, podría hacer lo que quisiera, como si es hacer copias y venderlas en un rastrillo. Yo no rompí ningún contrato.

Alguien me podrá decir que estaría negociando con mercancía robada, pero no es cierto. Para eso se necesita que haya un Estado y un sistema legal que regulen ese asunto en genérico. En el modelo sin Estado del que estoy hablando, como dije, esa consideración de la propiedad intelectual no es genérica, sino entre casos particulares, como expresé antes. Para mí no es problema mío los asuntos de Microsoft y el que me pasó el disco de Windows, para mí son asuntos privados de ellos dos.

Microsoft podría mandar una policía privada hacia mí, pero eso sería como una agresión, puesto que todo ese asunto de la violación de la licencia es ajeno a mí, no es mi problema. Es un problema de Microsoft y el tipo que me pasó a mí la copia de Windows que sería el que violó el contrato. Es un problema suyo pero no mío. El Estado es el que hace en la situación actual, que si alguien viola un contrato de copyright y me pasa un disco con algún programa, película o canción, el problema también sea mío al prohibir que por ejemplo yo pueda dedicarme a vender copias de ese disco, pero en una sociedad sin Estado el problema no podría ser mío, sino solo de los que firmaron un contrato. Microsoft podría mandar su policía privada hacia el tipo que me dejó el disco, el tipo que le había comprado firmando un contrato de uso personal en exclusiva, en todo caso, porque sería un problema como dije del tipo ese, el que compró a Microsoft un disco de Windows y Microsoft. Yo ahí vamos a poner que no me meto, es como dije un asunto privado de Microsoft y el que me pasó la copia de Windows.

Pero pasa una cosa. Realmente encontrar a ese tipo creo que le sería difícil a la policía privada de Microsoft. A mí pillándome revendiendo copias del disco original de Windows que me pasó el que violó el contrato puede que sí, pero yo no estaría haciendo nada malo porque yo no firmé nada con Microsoft y no hay ningún Estado que regule para Microsoft la propiedad en genérico, sino que esta ha de ser aceptada para el que firme un contrato con él. Yo no lo firmé y por circustancias me vi (porque alguien incumplió un contrato con Microsoft) con un disco con copyright suyo, del que hice copias y ahora las vendo. Pero yo no fui el que rompí el contrato con Microsoft. Si la policía privada de Microsoft me hace algo, estaría iniciando la fuerza contra mí y sería una atentado contra mí, mi libertad y mi soberanía. La policía en todo caso solo podría ir a la persona que incumplió el contrato.

Por eso creo que los derechos de explotación en monopolio de la propiedad intelectual sin un Estado que lo defienda es algo muy complejo de sostener. Es virtualmente imposible. Como se ve yo no niego que alguien pueda admitir la propiedad intelectual de una empresa, pero si esa persona incumple el contrato y divulga, todos los que después se basen en ello, no estarán cometiendo ningún delito porque no habrán firmado contrato alguno, ni existirá un Estado que regule sobre derechos de propiedad en genérico.

De todo este ejemplo se deriva que un sistema como el de la propiedad intelectual, más allá de los derechos morales necesita coerción e imposición sobre los individuos y es por lo tanto un atentado contra la libertad individual y la soberanía de las personas.

Robert Zoellick, el patrón oro y el dinero oxidable

Recientemente Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, manifestó su interés por la vuelta al patrón oro, en una propuesta bastante ambigua que mencionó de pasada:

El sistema debería considerar emplear el oro como referencia internacional de las expectativas del mercado en inflación, deflación y en los valores futuros de las monedas

Lo que parece sugerir no es que las monedas nacionales vuelvan a ajustarse al valor del oro, sino que los cambios de divisas internacionales se basen en el precio del oro, posiblemente para evitar la guerra de divisas. Por tanto, sus ideas no parecen estar en la línea de las de los economistas de la Escuela Austríaca, que son partidarios del patrón oro en sentido estricto.

No obstante, no han faltado las duras críticas de quienes están en contra del patrón oro. Entre ellas las de Paul Krugman, nobel de economía orientado hacia el neokeynesianismo, y las de Brad DeLong. Ambos señalan que una vuelta al patrón oro impondría una presión deflacionaria sobre la economía que la haría caer en una espiral de decrecimiento y destrucción.

El argumento es como sigue. La crisis hace que haya mucha incertidumbre y poca confianza en los mercados, y por ello el dinero circula muy poco. Los agentes de la economía (trabajadores, familias, empresas) prefieren ahorrar el dinero, es decir, acumularlo de manera que puedan disponer de él en cualquier momento, en lugar de gastarlo o invertirlo con el riesgo que ello conllevaría. Cómo a los keynesianos les gusta expresarlo, prefieren esconder el dinero debajo del colchón. Esto tiene un efecto sobre la producción. Como hay poco gasto, la demanda en todos los sectores disminuye, y con ello bajan los precios de todos los bienes, es decir, hay deflación. Pero la deflación modifica las preferencias temporales de los individuos, quienes, como los bienes son cada vez más baratos, tratarán de gastar lo menos posible con vistas a ahorrar para comprar en el futuro, cuando los bienes sean aún más baratos. Como no hay inversión, las empresas no pueden crecer, ni modificar su actividad, ni invertir en nuevos sectores más rentables. Las empresas son incapaces de obtener beneficios o de recuperar sus inversiones, así que la inversión se hace cada vez más arriesgada, y además tienen que reducir su tamaño y despedir a trabajadores. Los parados son aún más reacios a gastar o a invertir. Así se acentúa el problema inicial, los agentes de la economía ahorran, pero no gastan ni invierten, y entramos en un círculo vicioso.

Si la cantidad de dinero que hay en la economía está determinada por la cantidad de oro, permanece casi constante, y por lo anterior, en una situación de crisis la cantidad de dinero que hay en circulación (es decir, que se gasta o se invierte) es cada vez menor, mientras no haya algo que lo contrarreste. La economía entraría en una espiral deflacionaria, decrecerá y se destruirá continuamente. A esto hay que añadir que, como dice Krugman, los precios del oro están subiendo, es decir, el oro está ganando valor, lo que es equivalente a que haya deflación.

A este argumento se le pueden poner muchas objeciones. Pero esto es aproximadamente lo que ocurriría en cualquier país si su estado dejase de emitir dinero fiduciario y fijara el valor de su dinero al valor de las reservas de oro estatales, junto con la obligación de los bancos privados de tener un coeficiente de caja alto. No es lo que ocurriría si el dinero estuviese completamente privatizado.

Si el dinero fuese un bien material, como el oro, tendría un coste de almacenamiento. Quien quisiese almacenar una pequeña cantidad de oro para su uso futuro, podrá hacerlo sin coste apreciable. Pero para cantidades mayores que cierto tamaño, la molestia de guardarlo y de transportarlo y el riesgo de que sea robado harían que lo más razonable fuese pagar una cuota a un banco para que lo almacene en sus instalaciones, con unas medidas de seguridad apropiadas.

En contraste, en el capitalismo actual el dinero es un bien abstracto cuyo valor proviene de la aceptación social que tiene, por tanto no tiene ningún coste de almacenamiento. En la práctica, para los bancos, almacenar dinero supone guardar un número en un ordenador. Actualmente, la mayor parte del dinero líquido no está en forma de papel moneda, así que ni siquiera hay que tener en cuenta el coste de almacenamiento de los billetes y las monedas.

Si se establece el valor del dinero según el valor de las reservas de oro estatales, tenemos un sistema que utiliza dinero en especie pero que socializa los costes de almacenamiento. Es el contribuyente quien paga el coste de mantener las reservas de oro de, digamos, el Fort Knox, pero no el particular que está ahorrando el dinero. Por tanto, quienes quieran ahorrar sin gastar ni invertir lo harán gratuitamente, y en una situación de crisis ocurrirá la situación arriba explicada.

Si estuviéramos en un sistema de dinero en especie completamente privatizado la situación sería muy distinta. Quienes quisiesen ahorrar dinero deberán pagar el coste de almacenamiento. Sólo es rentable ahorrar si la deflación es mayor que el coste de almacenamiento en valor absoluto. Los usuarios preferirán gastar o invertir su dinero, el dinero continuará circulando, la economía se recuperará y todo volverá a ir bien para todos, menos para los economistas keynesianos, que se quedarán en el paro.

El parlamentario conservador del Reino Unido Steve Baker explica en un artículo muy claramente cómo sería la situación, refiriéndose a un proyecto de ley que impondría el coeficiente de caja 100% (la negrita es mía):

Nuestro proyecto de ley Reglamentario de Depósitos y Préstamos permitiría, a los británicos, elegir cómo se utiliza su dinero. Tendrían la opción ya sea de depositar su dinero en custodia, o de guardarlo por un período que el banco lo podría invertir a renglón seguido. Si la custodia es su elección, usted podrá tener su dinero de regreso al solicitarlo. Sus derechos de propiedad estarían intactos – seguiría siendo el dueño de su depósito. Usted probablemente no ganaría intereses, de hecho podría tener que pagar por el privilegio de acceder directamente a él a través de sucursales y cajeros automáticos. Sin embargo, si usted quisiera un rendimiento, podría optar por en cambio depositar su dinero por un período de tiempo. El banco podría invertirlo de nuevos, con lo cual usted tendría, potencialmente, un nuevo ingreso.

Esta reflexión saca a la luz un vínculo desconocido entre la Escuela Austríaca y la economía Geselliana. Los Austríacos son partidarios del patrón oro. Los gesellianos son partidarios del dinero oxidable, un tipo de dinero fiduciario cuyo valor disminuye según un sistema convenido, de modo que el ahorro esta penalizado y el dinero siempre está en circulación. Según las observaciones que he hecho, semejante dinero fiduciario no sería necesario, sino que el patrón oro junto con la privatización del dinero haría que el dinero fuese oxidable sin más que añadir. Ambas propuestas son compatibles.

Como observación final, quiero indicar que, si se privatizase completamente el dinero, no tendríamos la garantía de que acabase estando respaldado por un bien material. Se debe al economista liberal de la Escuela Austríaca Friedrich A. Hayek el argumento según el cual en el libre mercado el dinero tiende a estar respaldado por el oro. No estoy completamente convencido por este argumento, y creo que en el libre mercado también tienen cabida en condiciones de igualdad divisas de toda clase, incluyendo dinero fiduciario como sistemas LETS o sistemas respaldados por el trabajo o por la tierra como los propuestos por los anarquistas individualistas norteamericanos del siglo XIX. Aun cuando no tenga razón y el patrón oro ocasione una espiral deflacionaria, la coexistencia de divisas siempre tendrá la ventaja de permitir a los usuarios dejar de usar una divisa cuando esté demasiado deteriorada por la deflación.

El comercio marítimo en época precapitalista

Más en Societas Maris (puede tomarse como una reflexión previa a El capitalismo como orden espontáneo):

En el post anterior decíamos que una de las características del capitalismo es la generalización del trabajo asalariado. Alguno puede pensar que se trata de una quimera; quizá fuese más reducido, acosado por el señorío feudal y la reglamentación de los gremios, pero indiscutible en las relaciones económicas más complejas. Lo cierto es que no: en invierno, los campesinos elaboraban en casa gran parte de los tejidos que vestían a la población urbana; durante la Edad Media, los convoyes de comerciantes que recorrían Europa compartían pérdidas y ganancias, etc. El trabajo asalariado existía, desde luego, pero cumplía funciones auxiliares.

El caso del comercio marítimo es especialmente interesante: tal y como recogen las Tablas de Amalfi [1], no existía una diferencia tajante entre armadores, marineros y mercaderes; todos eran socios de la empresa, traficaban por cuenta propia o común y poseían voz y voto en la administración del navío. Recientemente descubro en Comercio y navegación entre España y las Indias, de Clarence H. Haring, que aquel sistema todavía era habitual en los galeones de la Carrera de Indias durante el siglo XVI. De hecho, no deja de recordar a los usos de la piratería en época de Henry Morgan y Barbanegra, uno y dos siglos después.

Podéis leerlo entero aquí.

Los copyrights fomentan la concentración empresarial

Como bien dice Christian Zimmermann en Against Monopoly, los copyrights proporcionan un monopolio temporal que permite a su titular obtener rentas mediante la limitación del acceso al trabajo sujeto a derechos de copia. Hace un par de meses apareció un estudio titulado Copyrights and endogenous market structure: a glimpse from the journal-publishing market, que, en la misma línea, demuestra el papel de los copyrights en la tendencia al monopolio del mercado de publicación de periódicos. Os traduzco el abstract:

Este artículo explora la industria de publicación de períodicos para arrojar luz en torno a las consecuencias de los copyrights en los mercados. En la medida que la razón de los copyrights es, entre otras, la promesa de cierto poder de mercado pare el titular de un item exitosamente registrado, también proporciona incentivos para preservar y extender ese poder de mercado. Un rasgo común de las industrias vinculadas a los copyrights es su alta concentración, así como la creación de grandes catálogos de copyrights en manos de los títulares tradicionales. Este resultado puede observarse como la suma de derechos, y es una de las estrategias fundamentales para conseguir o mantener el podder de mercado, consistente con hallazgos en otros casos. La publicación de periódicos no es diferente a este respecto de otras industrias basadas en los derechos de copia, y en las últimas décadas ha experimentado una trayectoria similar, dando lugar a una industria muy concentrada en la que un puñado de grandes empresas controlan de forma creciente una parte sustancial del mercado. También proporciona un ejemplo claro del efecto de la dinámica del copyright en la estructura del mercado, sugiriendo que la ley y su aplicación deberían tomar una actitud diferente.

En cierto modo, este trabajo viene a corroborar una sospecha muy antigua; aquí mismo hemos hablado alguna vez del papel de los copyrights a la hora de concentrar sectores vinculados con Internet (que en otro caso estarían dominados por microemprendedores), o del papel de las patentes a la hora de incentivar la concentración vertical.  Sin embargo, creo que todavía queda un campo interesantísimo por explorar: el papel de los copyrights en la aparición de grandes empresas en el sector servicios, véase Starbucks, Mcdonalds y compañía. Sería un buen tema para hacer una tesis left-libertarian.

Operación Leakspin

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=RlRh0C-Ox1o[/youtube]

Anonymous no es realmente un grupo cohesionado y organizado, simplemente es gente que de forma anónima quiere hacer algo para evitar la censura. Anonymous puede ser cualquiera de nosotros. Pues bien, algunas personas piensan que rebuscar en los documentos del Cablegate de Wikileaks información que pueda ser interesante o comprometedora y que los grandes medios no hayan querido sacar a la luz, será más productivo para la causa que los ataques por denegación de servicio a las webs de los enemigos de Wikileaks. En este vídeo se solicita ayuda, así que ya sabéis, si sabéis un poco de inglés y tenéis tiempo y queréis hacer historia contribuyendo a esta causa por la libertad de expresión y la transparencia, podéis animaros a buscar a ver si encontráis algo que merezca la pena.

También para el día de hoy, 11 de diciembre de 2010, se están organizando manifestaciones en varias ciudades para pedir la libertad de Julian Assange. Más información en http://freewikileaks.eu/.

Declaración de Independencia del Ciberespacio

John Perry Barlow croppedEn estos tiempos del acoso a Wikileaks, en los que ya se habla hasta de “milicias populares” de Internet que combaten en la Primera Ciberguerra Mundial, mientras también se comenta la necesidadad de un refugio como Freenet para así garantizar la libertad de expresión, no viene mal recordar o dar a conocer a quien no lo haya leído aún, el precioso texto escrito en 1996 por John Perry Barlow, uno de los fundadores de la Electronic Frontier Foundation, conocido como la Declaración de Independencia del Ciberespacio.

Declaración de Independencia del Ciberespacio

Por John Perry Barlow

Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos. No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin mas autoridad que aquella con la que la libertad siempre habla.

Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que estáis buscando imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.

Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los que son gobernados. No habéis pedido ni recibido el nuestro. No os hemos invitado.

No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuera un proyecto público de construcción. No podéis. Es un acto natural que crece de nuestras acciones colectivas.

No os habéis unido a nuestra gran conversación colectiva, ni creasteis la riqueza de nuestros mercados. No conocéis nuestra cultura, nuestra ética, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad más orden que el que podría obtenerse por cualquiera de vuestras imposiciones.

Proclamáis que hay problemas entre nosotros que necesitáis resolver. Usáis esto como una excusa para invadir nuestros límites. Muchos de estos problemas no existen. Donde haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y resolveremos por nuestros propios medios. Estamos creando nuestro propio Contrato Social. Esta autoridad se creará según las condiciones de nuestro mundo, no del vuestro. Nuestro mundo es diferente. El Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos.

Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.
Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o al conformismo.

Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia.

Aquí no hay materia. Nuestras identidades no tienen cuerpo, así que, a diferencia de vosotros, no podemos obtener orden por coacción física.

Creemos que nuestra autoridad emanará de la moral, de un progresista interés propio, y del bien común. Nuestras identidades pueden distribuirse a través de muchas jurisdicciones. La única ley que todas nuestras culturas reconocerían es la Regla Dorada. Esperamos poder construir nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no podemos aceptar las soluciones que estáis tratando de imponer. En Estados Unidos hoy habéis creado una ley, el Acta de Reforma de las Telecomunicaciones, que repudia vuestra propia Constitución e insulta los sueños de Jefferson, Washington, Mill, Madison, DeToqueville y Brandeis. Estos sueños deben renacer ahora en nosotros.

Os atemorizan vuestros propios hijos, ya que ellos son nativos en un mundo donde vosotros siempre seréis inmigrantes. Como les teméis, encomendáis a vuestra burocracia las responsabilidades paternas a las que cobardemente no podéis enfrentaros. En nuestro mundo, todos los sentimientos y expresiones de humanidad, de las mas viles a las mas angelicales, son parte de un todo único, la conversación global de bits. No podemos separar el aire que asfixia de aquel sobre el que las alas baten.

En China, Alemania, Francia, Rusia, Singapur, Italia y los Estados Unidos estáis intentando rechazar el virus de la libertad erigiendo puestos de guardia en las fronteras del Ciberespacio. Puede que impidan el contagio durante un pequeño tiempo, pero no funcionarán en un mundo que pronto será cubierto por los medios que transmiten bits.

Vuestras cada vez más obsoletas industrias de la información se perpetuarían a sí mismas proponiendo leyes, en América y en cualquier parte, que reclamen su posesión de la palabra por todo el mundo. Estas leyes declararían que las ideas son otro producto industrial, menos noble que el hierro oxidado. En nuestro mundo, sea lo que sea lo que la mente humana pueda crear puede ser reproducido y distribuido infinitamente sin ningún coste. El trasvase global de pensamiento ya no necesita ser realizado por vuestras fábricas. Estas medidas cada vez más hostiles y colonialistas nos colocan en la misma situación en la que estuvieron aquellos amantes de la libertad y la autodeterminación que tuvieron que luchar contra la autoridad de un poder lejano e ignorante. Debemos declarar nuestros “yos” virtuales inmunes a vuestra soberanía, aunque continuemos consintiendo vuestro poder sobre nuestros cuerpos. Nos extenderemos a través del planeta para que nadie pueda encarcelar nuestros pensamientos.

Crearemos una civilización de la Mente en el Ciberespacio. Que sea más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes.

Davos, Suiza a 8 de febrero de 1996