Monthly Archives: June 2009

El avión autogestionado

el futuro del trabajo

Buscando por Internet El futuro del trabajo de Thomas Malone, me he topado con un pequeño artículo sobre una de las conferencias que dio el autor en Barcelona para promocionar su libro. Junto con otros managers como Gary Hamel o sociólogos como Manuel Castells, Thomas Malone apunta a las repercusiones de las nuevas tecnologías y la “sociedad de la información” sobre la organización del trabajo.

Al parecer uno de los ejemplos que citó de su “gestión flexible” es un experimento virtual en el que los tripulantes de un avión virtual lograron conducirlo de forma descentralizada sin necesidad de un comandante en jefe. Supongo que el caso estará convenientemente descrito en el libro, pero por ahora es todo lo que tengo (prometo publicar más tan pronto como lo consiga):

¿Es posible sobrevivir a un vuelo en un avión pilotado por un amplio grupo de personas en lugar del habitual comandante? El experimento ya ha sido realizado con el público de una conferencia. Un grupo de la audiencia podía controlar con una paleta que un avión virtual subiese o bajase, enfocando hacia la pantalla la parte verde o roja, respectivamente. Con el mismo procedimiento, el resto de personas controlaban que el avión se moviese hacia derecha o izquierda. ¿El resultado? El avión no sólo no topó contra ningún obstáculo virtual, sino que consiguió recoger los puntos extra repartidos por el itinerario. Este ejemplo demuestra que ofrecer a los empleados libertad, motivación y flexibilidad, así como fomentar su creatividad, puede redundar en mayores beneficios para las empresas.

Mientras tanto, podéis deleitaros con este enlace (pinchad aquí).

El vínculo militar-industrial (II): el caso alemán

cartel hitleriano

Se me había pasado este post de Raskolhnikov en el foro sobre el caso de Siemens durante la época de Hitler.

En el artículo anterior mencioné el caso de Alemania refiriéndome principalmente al periodo posterior de la unificación –las últimas décadas del siglo XIX-, cuando Otto von Bismarck trató de crear un Estado poderoso a través de la protección arancelaria y las ayudas a las industrias estratégicas (ya sabéis, aquellas que podrían reconvertirse fácilmente en industrias de armamento: pesadas, siderúrgicas, etc.) y las subvenciones a los ferrocarriles en dirección al extranjero para crear una “potencia industrial exportadora”. Posteriormente gobiernos de distinto signo –incluido socialdemócratas- crearon y ampliaron las escuelas técnicas necesarias para manejar esos dinosaurios empresariales.

Si todas esas medidas hicieron despegar a la economía corporativa, el nazismo de Hitler y su capitalismo monopólico totalmente cartelizado la asentaron definitivamente.

En el artículo que enlazaba Raskolhnikov se pasa revista a la relación de la empresa eléctrica –ahora también electrónica- Siemens con el fascismo. Pego algunas citas:

Acomodándose a la situación, la empresa comenzó su reconversión, y en 1937 el 85% del potencial productivo se utilizaba directa o indirectamente para producir componentes militares.

Siemens fue un gran proveedor de los nazis, y como consecuencia de la guerra, mientras Europa entera se empobrecía, el volumen de negocio de la empresa se quintuplicó.

Sobre el uso de esclavos:

En 1940 Siemens comenzó a utilizar trabajadores forzados. […]
Los primeros esclavos fueron judíos. En 1941 trabajaban 3.500 judíos en las fábricas de Berlín, y más en otras ciudades, pero comenzaron las deportaciones y en 1943 se llevaron a los últimos a los campos de la muerte.

El caso me recuerda terriblemente a la economía romana, donde una oferta ingente de esclavos como consecuencia de la guerra permitió ampliar las manufacturas de una forma artificial.

Muchas otras compañías como Wolkswagen fueron también engendradas por el capitalismo fascista de aquella época.

El vínculo militar-industrial

fabrica de tanques

“Después de todo, el mayor baluarte del capitalismo es el militarismo. Desde el mismo momento en que éste último sea minado, el capitalismo se tambaleará” – Emma Goldman.

Una de las versiones más ingenuas del patriotismo contempla el gasto militar como una cuestión de “seguridad nacional”, en lugar de cuestionarlo como una transferencia de riqueza desde las clases productivas –la gran mayoría de contribuyentes- a la clase parasitaria de burócratas y corporaciones.

Luciano Segreto, en su ensayo sobre la industrialización italiana, expone el concepto de “spin-off” aplicado a la relación militar-industrial de Clive Trebilcock, que supone

una forma de transferencia de tecnología a través de la industria de armamentos, pública y privada, en la cual la investigación científica, ricamente financiada por el Estado, genera innovaciones válidas no solo para fines militares, sino también para elevar el nivel de las prestaciones del sector manufacturero civil de la economía.

En otras palabras: al coincidir las necesidades estructurales del Estado militar y la gran industria, el aparato logístico del primero tiende a sentar las bases del segundo, debido a que ambos comparten características similares como organizaciones centralizadas: la utilización intensiva de maquinaria, de técnicos y de medios de distribución o comunicación.
Como consecuencia, también comparten las mismas necesidades de medios económicos en I+D (investigación y desarrollo) para ampliar y modernizar la maquinaria; de escuelas y universidades públicas para multiplicar y abaratar el trabajo técnico; y de infraestructuras de transporte para desplazar a las tropas o distribuir las mercancías.

Sobre la ampliación de la maquinaria, las subvenciones de I+D y las contratas con el aparato militar, menciona Kevin Carson:

Un primer paso para comprender el monumental efecto de la guerra en la economía es considerar que el valor total de plantas y equipo en los Estados Unidos se incrementó en alrededor de dos tercios (de 40 a 66 billones de dólares) entre 1939 y 1945, gran parte de lo cual fue regalado por el contribuyente para sufragar inversiones forzadas del país a las grandes corporaciones. El beneficio fue virtualmente garantizado en la producción de guerra a través de los contratos de “cost-plus”. Además, como dos terceras partes del gasto federal en I+D fue canalizado hacia los 68 laboratorios privados más grandes (el 40% de ellos entre los diez más grandes), acaparando las patentes resultantes las compañías que cumplieron la investigación bajo contratos gubernamentales.

A través del complejo militar-industrial, el Estado ha socializado una gran parte –probablemente la mayoría- de los costes de investigación y desarrollo de las empresas “privadas”. Y el papel del Estado como comprador del excedente de producción económica es eclipsado por su papel al subsidiar los costes de investigación, como apuntaba Charles Nathanson. La investigación y el desarrollo fueron en buena medida militarizados por el “complejo militar de I+D” en la Guerra Fría. La I+D militar frecuentemente resulta en tecnologías básicas y de uso fundamental con amplias aplicaciones civiles. Las tecnologías originalmente desarrolladas por el Pentágono se han convertido frecuentemente en la base para categorías enteras de bienes de consumo. El efecto general ha sido eliminar el área de mayor riesgo del capitalismo: el desarrollo y la experimentación con nuevos procesos de producción o nuevos productos.

[…] La I+D militar frecuentemente se usa para desarrollar tecnologías de producción (como los sistemas de control automático en la industria de máquinas herramienta) que se convierten en la base de los métodos de producción a lo largo del sector civil.

En el ámbito de la educación, podemos pensar en las escuelas técnicas estatales de finales del siglo XIX y principios del XX de Estados Unidos, Rusia o Alemania descritas por Kropotkin en Campos, fábricas y talleres, y desarrolladas en paralelo a la gran industria. No es de extrañar que los altos mandos de ambas esferas hayan circulado de una a otra sin demasiados problemas.

En cuanto a las infraestructuras de transporte, el caso más conocido es el sistema de autopistas alemán durante el III Reich que terminó sirviendo a la gran industria a pesar de ser ideado con fines militares, aunque también existen muchos otros ejemplos como la marina de guerra británica, que subvencionaba su flota comercial con el pretexto de proteger el imperio –inflando el tamaño de las fábricas como consecuencia-.

En mayor o menor medida, todos los países industrializados han protegido de algún modo sus industrias estratégicas como la siderurgia o la maquinaria pesada para reconvertirlas eventualmente en industrias de guerra disponibles para fabricar armamento. En Italia fueron comunes los altos aranceles y las ayudas estatales, tal y como apunta Luciano Segreto en La industria de armamento y el desarrollo económico italiano (1861-1939), y esa fue una estrategia corriente seguida por otros países como Japón, Alemania o la España de Miguel Primo de Rivera y Franco.

Como indica acertadamente Félix Rodrigo Mora en Naturaleza, ruralidad y civilización:

En contra de la absurda teoría de que el desarrollo de las fuerzas productivas tiene, aun bajo el capitalismo, un componente positivo, están los tozudos hechos, que indican que la industria pesada se desarrolló en el siglo XIX con el propósito principal de abastecer a las flotas de guerra y a los ejércitos de tierra en sus aventuras coloniales, hasta el punto de que unas y otros consumían un elevado porcentaje de sus producciones aun en tiempos de paz, como lo prueba D. R. Headrick en “Los instrumentos del imperio. Tecnología e imperialismo europeo en el siglo XIX”.

Es imposible saber cómo sería hoy nuestra economía si el militarismo no hubiera alentado la gran industria (piénsese en las cifras de Carson sobre la industria americana en la II WW), pero sin duda sería de menor escala y menos intensiva en mano de obra técnica y capital. Probablemente el capitalismo se tambalearía, como dice Emma Goldman.

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Libros consultados:

La industria de armamento y el desarrollo económico italiano (1861-1939), Luciano Segreto

Campos, fábricas y talleres
, Piotr Kropotkin

Naturaleza, ruralidad y civilización, Félix Rodrigo Mora

Studies in Mutualist Political Economy, Kevin Carson

Organization Theory, Kevin Carson

Lecciones de management en Cómo conocí a vuestra madre

how i met your mother

Las fallas de la gestión corporativa están tan extendidas que hasta series populares como How I Met Your Mother hacen parodia de ellas.

En el capítulo de La cadena de gritos, uno de los persojanes –Marshall-, que ha sido contratado recientemente por una gran corporación para trabajar como abogado, le cuenta a sus amigos que está afligido por el mal trato que recibe de su jefe. Uno de los amigos, Barney, le muestra su teoría sobre las relaciones corporativas: existe una pirámide de gritos desde la cúspide de la organización que va descendiendo hasta los estratos más bajos. Si Marshall no logra descargar sus gritos en alguien, estará siempre frustrado.

Hasta aquí Cómo conocí a vuestra madre (podéis ver el capítulo directamente aquí, las risas están aseguradas).

La primera aplicación a la teoría de la organización que nos viene a la cabeza es evidente: la jerarquía crea una cadena de frustración que se transmite de arriba a abajo a lo largo de la empresa y desmotiva a los empleados. Los jefes de cada peldaño exigen tareas al jefe inmediatamente subordinado, y este exterioriza sus compromisos en sus extenuados empleados.

Pero existe otra todavía más interesante: las relaciones de poder dentro de la empresa distorsionan la información. Los jefes necesitan vitalmente información del proceso de producción para “mantener el rumbo de la nave”, pero los subordinados la transmiten adulterada para evitar sus reprimendas o ganar sus halagos. Como dice Oliver Williamson en Markets and Hierarchies:

Las distorsiones de comunicación pueden tomar formas tanto defensivas como enérgicas. Defensivamente, los subordinados pueden decir a su supervisor lo que él quiere oír; enérgicamente, informarán de aquellas cosas que quieren que él conozca…  La distorsión para complacer al receptor es especialmente probable cuando el receptor tiene acceso a extensos premios y sanciones en sus relaciones con el transmisor, como en la comunicación ascendente de una jerarquía administrativa…  El efecto acumulativo de las modificaciones en la información a lo largo de los sucesivos niveles de la jerarquía resultan fácilmente en bastas distorsiones de imagen…  y contribuyen a limitar el tamaño de la empresa.

(Lo que explica por qué gurús del management como Peter Drucker establecieron como máximo de jerarquía 7 estratos dentro de la organización, en la época en que Ford y otras tenían más de 15 estratos).

Kevin Carson compara este fenómeno con el juego infantil del “teléfono”, donde los niños se sientan en un corro y transmiten un mensaje de persona a persona hasta que este se hace irreconocible. Todo lo cual resulta en que quienes toman decisiones en las organizaciones autoritarias parten de una base de información completamente irreal.

Como dice Robert Anton Wilson, la verdadera comunicación solo puede darse entre iguales, de modo que pueda fluir en las dos direcciones; gracias a lo cual las organizaciones fomenten la innovación y puedan autocorregirse a través del examen de las sugerencias de su gente.

Y evidentemente, la única organización que cumple este requisito es la cooperativa; el jefe de Marshall debería tomar nota.

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Libros consultados:

Organization Theory: A Libertarian Perspective,  Kevin Carson.

The Practise of Management, Peter Drucker (traducido al castellano como La gerencia de empresas, en su edición de 1972).

El trabajo en la corporación

ejecutivo

La teoría nos dice que dentro de una empresa el tiempo de los trabajadores es asignado a las tareas más rentables en cada momento.
Especialmente a partir del surgimiento de la “gestión científica” de Winslow Taylor y del fordismo, fue calando en el público la creencia de que el staff corporativo podía diseñar los planes de trabajo casi a la perfección. Algunos liberales vulgares, convencidos de esta idea, se dedicaron a predicarla con entusiasmo; Ludwig von Mises ofrece en Burocracia un cuadro significativo:

Los refinados métodos de la teneduría de libros, de contabilidad y de estadística económica proporcionan al empresario una imagen fiel de todas sus operaciones. Este puede apreciar el éxito o fracaso de cada una de sus transacciones. Con la ayuda de esos informes, puede controlar las actividades de todos los departamentos que le conciernen, sin preocuparse de su extensión.

Sin embarco, como corrobora la experiencia diaria de millones de trabajadores, esta suposición peca de una completa ingenuidad.

El exceso de tamaño y jerarquía de las grandes corporaciones inhabilita a sus gestores de saber qué están haciendo realmente sus empleados en cada momento: los gestores son incapaces de percibir toda la información relevante del entorno de la empresa, y cada peldaño de la jerarquía es un obstáculo para el conocimiento del proceso de producción.

Como la organización es incapaz de recompensar la productividad real, crea una medida alternativa en términos de procesamiento de trabajo: el consumo de tiempo, esfuerzo y materiales sustituye a la producción en sí misma como fin empresarial y como medida del éxito.
El proceso racional debería consistir en medir la producción final; a continuación averiguar cuánto se tarda en obtenerla y, finalmente, asignar el tiempo de trabajo a cada empleado. Pero, por supuesto, como la burocracia corporativa es incapaz de cumplir el segundo paso (“averiguar cuánto se tarda en obtener la producción”), debe recurrir al gasto de tiempo como medida para controlar a sus empleados.

En consecuencia, las corporaciones presionan a sus empleados para que se mantengan en el trabajo más tiempo del necesario, y estos se muestran más preocupados en aparentar que trabajan que en cumplir realmente los objetivos de la empresa. Detrás de todo encontramos a unos empleados desmotivados y sin un interés racional en aumentar su productividad.

Aunque cualquier trabajador podría corroborar este hecho, Kropotkin relataba en La conquista del pan una práctica similar en las manufacturas inglesas:

[S]abréis que la regla general de los talleres es que el obrero no haga nunca todo lo que es capaz de hacer. ¡Desgraciado del que al entrar en una fábrica inglesa no siguiese este consejo que le dan sus compañeros! Porque los trabajadores saben que si en un momento de generosidad ceden a las instancias de un patrono y consienten en hacer intensivo el trabajo para concluir encargos apremiantes, ese trabajo nervioso se erigirá en lo sucesivo como regla en la escala de los salarios. Por eso, en nueve fábricas de cada diez, prefieren no producir nunca tanto como podrían. En ciertas industrias se limita la producción, con el fin de mantener altos los precios, y a veces corre la orden de Cocanny, que significa: ¡A mala paga, mal trabajo!

Trabajar es una pérdida de tiempo; lo realmente importante es producir. Como argumentaban Tom Peters y Robert Waterman en En busca de la excelencia, las organizaciones deben sustituir su orientación interior (jerarquías excesivas y procedimientos burocráticos) por una organización más flexible orientada a satisfacer las necesidades de los consumidores.
Algo va mal cuando la obediencia a las reglas se convierte en un fin en sí mismo.

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Libros consultados:

Burocracia: gestión empresarial frente a gestión burocrática, Ludwig von Mises

Organization Theory: A Libertarian Perspective, Kevin Carson

La conquista del pan, Piotr Kropotkin

En busca de la excelencia: lecciones de las empresas mejor gestionadas de los Estados Unidos, Thomas J. Peters y Robert H. Waterman Jr.

Guerra contra el Copyright: sonrisas y lágrimas

Empecemos por las malas noticias.
Primero, la industria de la moda quiere resucitar el rancio proyecto de una ley que sale periódicamente a la palestra: el Acta de Prohibición de Piratería de Diseños.

En un aparte, deseo agradecer a Eric Husman y Kathleen Fasanella, marido y mujer que escriben en GrimReader y Fashion Incubator respectivamente).

Esperemos que este proyecto no salga adelante. La industria de la moda funciona hoy en día en un modelo de “código abierto”: los diseñadores americanos van a los desfiles de París y copian los diseños más populares. En otras palabras, funciona de la misma forma en la cual su madre intercambiaba recetas con la vecina.

Esta ley transformaría la industria en un modelo con contenido sujeto a propiedad, con los diseños de moda protegidos por patentes. Su principal promotor, el Consejo de Diseñadores de Moda de América (CFDA por sus siglas en inglés), va a ocupar un lugar privilegiado junto a la RIAA y la MPAA [ver “Comunismo del Copyright] en el eje del mal. Por otro lado, la jefa de la CFDA, Diane von Furstenburg, es notoria por copiar un diseño de chaqueta de un pequeño sello independiente canadiense, Mercy. Si usted cree que esta ley protegerá a las tiendas como Mercy de la gente como von Furstenburg, tendrá que bajar de la nube rosa.

Esta ley destruirá a los diseñadores modestos en caso de ser aprobada. Dado que cada miembro de la cadena de distribución puede ser denunciado por infringir las patentes, se hará mucho más costoso encontrar diseñadores de patrones, cortadores y otros contratistas, además de tiendas que vendan sus diseños. Kathleen Fasanella describe el efecto de esta ley en el pequeño diseñador de esta forma:

“… cualquier contratista, diseñador de patrones, comercial o dueño de tiendas, para evitar problemas legales por vender productos pirateados, requerirán que usted, como diseñador, pruebe la propiedad de su diseño antes de querer hacer nada en relación con él. Como mínimo, tendrá que contratar un abogado y costear una búsqueda en un registro de diseños que contenga todos los diseños sujetos a patente. Si creía que buscar un logo o nombre corporativo era difícil, créame, hay diez mil diseños por cada logo. Sin embargo, sería obligatorio, porque si no nadie trabajaría con usted. Por otro lado, la tienda también tendría que contratar sus propios abogados para comprobar su historial y redactar los contratos. Evidentemente, todo eso disparará el precio del canon que le cobrarán para que pueda exponer en la tienda.”

Dado que la ley ofrece un potencial gigantesco para que los grandes diseñadores aniquilen al pequeño, uno podría (ejem) pensar que ese es el objetivo del Acta. Está diseñada a medida para realizar “acoso de patentes”. Husman describe al acosador de patentes como

“alguien que patenta todas las posibles variaciones de un diseño de forma que puedan controlar un gran trozo del mercado y disuadir a quienes entren en el mercado mediante litigios, acorralándolos para llegar a acuerdos legales provechosos para el acosador.”

¿Sabían que Coca-Cola demandó a una pequeña empresa por copiar el nombre corporativo cuando la otra empresa tenía el nombre desde antes? En este juego de leguleyos no gana el que tiene la razón, sino el que tiene mejores (y más caros) abogados.

En segundo lugar, Jesse Walker, en la revista Reason, informa de que la RIAA está apoyando el Acta sobre los Derechos de Interpretación.

Esto no es el pequeño tributo que las emisoras de radio han estado pagando a los compositores. En su lugar, el dinero irá a los intérpretes y a los dueños del copyright. En esencia, es una expansión del canon que ya pagan las emisoras de radio por cable, satélite e Internet. El argumento básico de la industria para apoyar la ley es que “solventará una falla legal que ha permitido a las emisoras convencionales eludir el pago de derechos”.

Curiosamente, cuando se estableció la imposición del canon a las emisoras no tradicionales en la década de los 90, se argumentó diciendo que eran las radios convencionales las que estaban siendo maltratadas por una falla legal.

Hasta aquí las malas noticias. Ahora llegan las buenas desde Europa, para alegrarles el día:

Por un lado, la corte suprema francesa ha anulado la ley francesa sobre Internet de los tres avisos, que cortaría el acceso a Internet (si bien no el pago de las cuotas) tras dos notificaciones del gobierno.

Por su parte, el Partido Pirata de Suecia ha sacado el 7% de los votos emitidos para el Parlamento Europeo, obteniendo un representante, posiblemente dos. En una clara muestra de la ley de consecuencias inesperadas, el Partido Pirata se ha visto fuertemente beneficiado del escándalo surgido por el acoso judicial al servidor The Pirate Bay.
No creo en las elecciones, y puedo asegurarles que no les voy a pedir que voten, pero un partido cuyo único interés es tumbar la legislación sobre propiedad intelectual es el mal menor. Mientras sólo se dedique a ese esfuerzo no recibirá queja alguna por mi parte.

Queda claro que la producción y el parasitismo están radicalmente enfrentados: sólo puede quedar uno.