Monthly Archives: January 2009

Los servicios mutualizados: teoría y práctica (actualizado)

hospital

Para aquellos que aspiran a desmantelar el Estado, la “privatización” de la propiedad estatal es uno de los principales asuntos a resolver en su agenda.
Desde una perspectiva libertaria y más específicamente mutualista, la propiedad estatal debe ser devuelta a los contribuyentes y, en aquellos casos en que esto sea imposible por razones técnicas, la propiedad estatal debería ser apropiada por sus primeros ocupantes –los trabajadores de dicha industria o servicio estatal, como sugirió Rothbard en How and How Not to Desocialize.

Los mutualistas suelen ser críticos tanto con la visión estatista de la izquierda, para quienes los servicios ‘sociales’ son un monopolio estatal incuestionable, como con los apologistas de la corporación, para quienes se trata simplemente de transferir los bienes estatales a empresas capitalistas. Como dice Kevin Carson:

Al contrario que los socialistas de Estado, incluyendo a los socialdemócratas, nosotros [los mutualistas] nos oponemos a la provisión directa de los servicios sociales por el Estado. Pero a diferencia de los anarcocapitalistas y los libertarios de derechas, nosotros no equiparamos la “privatización” con el traspaso de las funciones estatales a corporaciones capitalistas. Y al contrario que los liberales vulgares y los neoliberales, nos oponemos a la externalización de funciones financiada por el contribuyente a las corporaciones “privadas” políticamente influyentes, o a la clase de privatización que deja el servicio público recién privatizado dependiente de los ingresos del contribuyente y funcionando en una red de protecciones estatales contra la competencia genuina del libre mercado. [1]

La propuesta mutualista consiste en entregar los servicios en forma de mutualidades a las comunidades-contribuyentes:

La alternativa genuina de libre mercado consiste en mutualizar los servicios gubernamentales: esto es, en descentralizarlos en unidades locales tan pequeñas como sea posible, transformándolos en cooperativas de consumidores gobernadas por sus propios clientes, y en última instancia, eliminando toda financiación vía impuestos, dejando que sea provista únicamente por clientes voluntarios. Por ejemplo, los colegios públicos deberían ser disueltos, y los colegios barriales o comunitarios transformados en cooperativas de consumidores directamente controladas por alguna combinación de profesores y padres de alumnos.  Los hospitales públicos deberían ser transformados en instituciones genuinamente públicas: cooperativas participativas gobernadas por representantes de los pacientes, de los médicos y  del personal de enfermería, y otro personal hospitalario. Los servicios públicos de gas y electricidad deberían ser entregados a los contribuyentes. [2]

Ahora bien, este método plantea algunos problemas. Los críticos de la mutualidad han apuntado que las deliberaciones democráticas conllevan altos costos de transacción (tiempo, esfuerzo, etc.) que una empresa convencional puede eludir con facilidad; que el reducido peso del individuo desalentaría su participación y que, al asignarse los recursos en base al principio de “un hombre, un voto”, sería imposible medir la intensidad de las distintas preferencias.

En este punto son útiles las anotaciones de M. Buchanan y Tullock expuestos por Horacio Langlois en varios artículos. [3]
Estos autores demuestran las deficiencias de la democracia directa en su forma actual de la siguiente manera: dada una comunidad de individuos, la mayoría de los mismos podría decidir acabar con un colectivo minoritario A perteneciente a dicha comunidad, aun cuando la intensidad del voto de este colectivo, que ve peligrar su vida, fuese probablemente mayor que el de buena parte del grupo mayoritario, para quienes el colectivo minoritario A es relativamente indiferente. Aplicado a un hospital mutualizado, esto podría significar que una mayoría podría destinar los recursos disponibles del hospital en aumentar el número de camas, por ejemplo, aun cuando la minoría demandase con más intensidad la modernización de los quirófanos. Como apunta Langlois:

A un hombre que se opone apasionadamente a una medida dada y a un hombre que es ligeramente favorable, pero no se preocupa demasiado de ella, se les da el mismo peso en el proceso de la toma de decisiones finales. Parece obvio que ambos individuos podrían mejorar su situación, en términos de sus propias preferencias expresadas, si se permitiera al hombre rotundamente opuesto, “comerciar” de algún modo o intercambiar algo con el partidario relativamente indiferente de la medida opuesta.

La solución que proponen estos autores es, por lo tanto, crear un mercado de votos en el que los grupos minoritarios puedan expresar la intensidad de sus demandas comprando el voto de los individuos más indiferentes de los grupos mayoritarios. Esto significa que en un hospital mutualizado sería posible saber de forma precisa y relativamente sencilla en qué proporciones han de destinarse los recursos, armonizando los intereses de los usuarios y reemplazando el cálculo económico tradicional –aunque dependiendo de él para sus transacciones externas.

El cálculo del consenso de James M. Buchanan y Gordon Tullock ha proporcionado un sustento teórico maravilloso a los servicios sociales mutualistas. Gracias a Horacio Langlois por sintetizarnos sus ideas.

Actualización:

En un principio no tenía previsto implementar las objeciones al “mercado de votos”, pero he cambiado de opinión a raíz del comentario de Marco.
La objeción básica a este sistema consiste en considerar que facilitará a los lobbies controlar los servicios mutualizados mediante sobornos. A esto pueden oponerse varios argumentos.
En primer lugar, evitar esto sería tan fácil como prohibir el intercambio exterior de votos, ya que su función consiste únicamente en agilizar los debates y reflejar las preferencias de los consumidores-propietarios. Puesto que los intercambios serían abiertos y transparentes no sería difícil atrapar a los infractores.
En segundo lugar, y creo que este es el argumento más importante, el soborno sería más improbable que en la actualidad. Los políticos sobornados no interiorizan el costo de sus acciones (por ejemplo, el contrato con una empresa de material sanitario de peor calidad, la tala de un bosque, etc.), mientras los votantes de una mutualidad sí, al ser al mismo tiempo propietarios y consumidores. De esa forma, los votantes se lo pensarían dos veces antes de empeorar gratuitamente un servicio que consumen y del que son propietarios.

———————————————————————
[1]: Kevin Carson, Organization Theory, editorial Booksurge, año 2008, p. 581
[2]: Ibid., p. 581
[3]: Véanse los excelentes artículos de Horacio Langlois, Teoría de los procesos democráticos; Democracia directa y reducción del Estado; Descentralización y desintegración del Estado y Los defectos de la democracia representativa.

The money fix

El dinero está interconectado con casi todos los aspectos de la vida moderna. La mayoría de nosotros da por sentado el sistema monetario; sin embargo,  ejerce una gran y profunda, aunque malinterpretada, influencia en  nuestras vidas. ‘The money fix’ es un largometraje-documental que explora la relación de nuestra sociedad con el todopoderoso dólar. Escrito por Alan Rosenblith

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=trl5_BCL0qs[/youtube] [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=-JhjmV0iLpk&feature=related[/youtube]

http://www.themoneyfix.org/index.php

http://www.imdb.com/title/tt1341749/plotsummary

El ICEA y las medidas contra la crisis

Recientemente el ICEA elaboró dos textos en los que se exponían las causas de la crisis y una serie de medidas para paliarla, buscando también que los trabajadores y trabajadoras no tuvieran que cargar con las peores consecuencias. Aquí hablaré de como esas medidas no son efectivas y perjudicarán tanto al empresario como al obrero; además de señalar lo poco libertario de los métodos propuestos. Quiero agradecerle a Victor los apuntes que ha aportado al respecto.

Aquí puede encontrarse el segundo texto, donde se hayan las propuestas paliativas. Aparecen enumeradas en los siguientes dos párrafos:

Nuestras propuestas, a modo de plan de choque, van encaminadas, pues, a solucionar seis aspectos que consideramos fundamentales: 1) Libertad sindical; 2) Paro; 3) Inflación; 4) Redistribución de la renta; 5) Recuperación económica; 6) Gasto público e Impuestos. En el primer caso incluimos medidas como la desaparición de los comités de empresa y su sustitución por secciones sindicales, el aumento del poder de los delegados sindicales para inspeccionar las empresas y el incremento de recursos para Inspección de Trabajo, entre otras. Respecto al paro, proponemos repartir el empleo, prohibir el prestamismo laboral (ETTs) y pasar el control de la oferta de fuerza de trabajo a los sindicatos, o la eliminación de todas las formas de contratación que no sean fijas, además de otras medidas similares.

Para combatir la inflación, sugerimos el control de los precios y la auditoría por parte de los sindicatos para que los productos cumplan condiciones de calidad y de respeto a los derechos laborales. Proponemos asimismo incidir en la distribución de la renta mediante subidas de salarios y pensiones mínimas, compresión de las diferencias salariales por convenio y eliminación de los intereses de las hipotecas. Para la recuperación económica sugerimos aumentar el gasto en servicios públicos financiándolo con mayores impuestos a los beneficios y a los ricos, el control de la inversión para que ésta sea más equilibrada entre sectores o la creación de un impuesto sobre los movimientos de capitales, además de otras medidas. Finalmente, respecto al gasto público creemos que, entre otras cosas, se deben reducir los gastos militares y policiales, acabar con la evasión fiscal e ilegalizar las opacas sociedades de inversión de capital.

Medidas no efectivas

La propuesta de libertad sindical es en realidad una propuesta de conrol de los sindicatos de la economía. Como todo control de la economía, venga del grupo que venga, está destinado a fracasar. El reparto de empleo, por ejemplo, implica que el criterio arbitrario de los repartidores esté por encima de las necesidades reales de la economía. Aunque estos estén provistos de la mejor intención posible, carecen de la información necesaria (ver problema del cálculo económico racional) para saber cuales son las necesidades reales. Estarán creando empleos no rentables pero que son de obligada contratación, lo que supone un freno a futuras creaciones de empleo real (por el riesgo que conlleva tener que emplear forzadamente, aunque implique pérdidas) y por tanto ahondando en el problema del paro.

Continue reading

Políticas corporativas en tiempos de crisis (II)

cadena-de-montaje

En el post anterior vimos cómo las corporaciones necesitaban garantizarse mercados de cierto tamaño para repartir sus altos costos fijos entre la mayor cantidad de producción posible, y de qué forma el Estado los proporcionaba: conquistándolos con las armas o cartelizando la economía.

En el caso de los automóviles, el paradigma de producción con altos costes fijos, la contracción de los mercados provocada por la crisis podría convertirse en una auténtica tragedia sin la intervención del Estado. En ausencia de una gran cantidad de consumidores dispuestos a comprarlos, las compañías podrían enfrentarse con grandes cantidades de bienes de equipo subutilizados generando pérdidas.
Por eso, los gobiernos ya están tomando medidas: el gobierno de Estados Unidos está concediendo ayudas públicas a los fabricantes de automóviles; BMW ha anunciado en Alemania su intención de solicitar “garantías estatales” financieras para asegurar sus deudas y conseguir liquidez; mientras el primer ministro francés, François Fillón, ha anunciado que se destinarán 6000 millones de euros para “apoyar” a la industria del motor.

Para que luego digan que los empresarios son la minoría más perseguida de América.

Fuente de la información:  La gaceta de los negocios, miércoles 21 de Enero.

Thomas Jefferson, el mutualista

thomas-jefferson

Y si no lo era, estaba muy cerca; atención a la negrita.

Carta a Isaac McPherson, Thomas Jefferson, Agosto 13, 1813. Traducido por Alberto García (2006)

Algunos han argumentado (en Inglaterra especialmente), que los inventores tiene un derecho natural y exclusivo sobre sus invenciones, y no sólamente para sus propias vidas, sino heredable por sus herederos. Pero mientas que es una cuestión muy discutible si el origen de cualquier tipo de propiedad es acaso derivado de la naturaleza, sería extraño admitir un derecho natural e incluso heredable a los inventores. Aquellos que han considerado seriamente el tema están de acuerdo en que ningún individuo tiene, como derecho natural, una propiedad suya de un acre de tierra, por ejemplo. Por ley universal, de hecho, lo que sea, fijo o móvil, pertenece a todos los hombres igualmente y en común, es por el momento propiedad de quien lo ocupa, pero cuando renuncia a su ocupación, la propiedad se va con ello. La propiedad estable es el regalo de la ley social y es alcanzada tardíamente en el progreso de la sociedad. Sería curioso y extraño entonces que, si una idea, la fugitiva fermentación de un cerebro individual, pudiera, por derecho natural, ser reclamada como propiedad exclusiva y estable. Si la naturaleza ha hecho una cosa menos susceptible de ser poseída de forma exclusiva que todas las demás, es la acción de la capacidad de pensar llamada idea, que un individuo podría poseer para sí tanto tiempo como se la guarde para sí mismo, pero en el momento en que es divulgada, se fuerza a sí misma a ser posesión de todo el mundo, y el receptor no puede desposeerse por sí mismo de ésta.

Comportamiento peculiar es, también, que no hay nadie que posea menos de la idea, porque todos y cada uno poseen la totalidad de ella. Aquel que recibe una idea de mí, recibe enseñanza sin disminuir la mía; tal como el que me ilumina con su candela, recibe luz sin oscurecerme a mí. Estas ideas deberían ser esparcidas libremente de uno a otro sobre el globo, por la moral y mutua enseñanza del hombre y mejora de su condición parecen haberse diseñado por la naturaleza de forma benévola y peculiar, cuando las hizo, como el fuego, expandible por todo el espacio, sin disminuir su densidad en ningún punto, y como el aire que respiramos, en el que nos movemos, y contiene nuestra existencia física, incapaz de confinamiento o apropiación exclusiva. Las invenciones entonces no pueden, por naturaleza, ser sujetas a la propiedad. La sociedad puede dar un derecho exclusivo a los beneficios que surjan de éstas, como un estímulo al hombre para perseguir ideas que pudieran presentar utilidad, pero esto podría hacerse, o no, de acuerdo con el deseo y conveniencia de la sociedad, sin demanda o reclamación de nadie. Por consiguiente, es un hecho, hasta donde estoy informado, que Inglaterra fue, hasta que les copiamos, el único país en la tierra que alguna vez, mediante una ley general, dio un derecho legal al uso exclusivo de una idea. En algunas otras naciones es hecho a veces, en un caso importante, y por un acto especial y personal, pero, generalmente hablando, otras naciones han pensado que estos monopolios producen más afrentas que ventajas a la sociedad; y se puede observar que las acciones que rechazan monopolios de invención, son tan prósperas como Inglaterra en aparatos nuevos y útiles.
Considerando el derecho exclusivo a una invención como dado no de un derecho natural, sino para el beneficio de la sociedad, sé bien que la dificultad de trazar una línea entre las cosas que al público valen la pena como afrentas de una patente exclusiva, y aquellas que no. Como un miembro de la Oficina de Patentes durante varios años, vi con cuan lento progreso un sistema de reglas generales podría madurar.

El ahorro y la compra, ¿legitiman la propiedad de la tierra?

justicia

En este hilo William pretende justificar la propiedad capitalista de la tierra en los siguientes términos:

Yo trabajo; a continuación ahorro; y finalmente compro tierra con mis ahorros. Listo: la propiedad de la tierra es fruto del trabajo, amén.

Sigamos el razonamiento hasta las últimas consecuencias para observar su absurdo:

Yo trabajo; a continuación ahorro; y finalmente compro esclavos con mis ahorros. Listo: la propiedad de mis esclavos es fruto del trabajo, amén.

Como es evidente, no basta con que el último comprador haya adquirido “honestamente” su propiedad, sino que es necesario que el vendedor estuviera en posesión legítima para tener el derecho de venderla. De lo contrario, como argumentó Lysander Spooner en Revolución: el único remedio [1], el título legítimo continuará perteneciendo a los desposeídos de su propiedad aun después de una, dos, tres y cien ventas con ahorro y trabajo de por medio.

Además, este razonamiento implica una contradicción, porque si bien reconoce la ilegitimidad de los títulos robados, basta venderlos para “blanquearlos”, aun cuando la víctima continúe sin ser restituida de sus bienes. En otras palabras: el traficante de esclavos no es el propietario legítimo de los esclavos, pues los ha capturado por la fuerza, pero en el momento en que los vende a un ahorrador, ¡magia! El crimen y la víctima desaparecen y la propiedad se convierte en legítima.

Ningún partidario de la libertad puede sostener semejante aberración, que justificaría incluso la esclavitud.

————————————————————————-

[1]: El título completo es Revolución: el único remedio para las clases oprimidas de Irlanda, Inglaterra y otras partes del imperio británico.