Monthly Archives: December 2008

Estamos de enhorabuena

Kevin Carson ya ha subido en Amazon su Organization Theory: A Libertarian Perspective, listo para regalar en reyes!

Concuerdo con este comentario de Joel Schlosberg:

Estoy seguro de que este libro tendrá un gran impacto y será un clásico libertario y anarquista en los años venideros.

Según Carson, este libro es fruto de cuatro años de trabajo, tras la publicación del Studies in Mutualist Political Economy. Desgraciadamente, en la red solo está disponible –al menos por ahora- la versión inacabada, que aun así contiene la suficiente información como para tenernos entretenidos hasta que suba la oficial.

Por lo que pude leer, el libro es una auténtica maravilla, donde termina de atar los cabos sueltos que quedaron de su libro anterior: si en los Studies se ocupa sobre todo de la intervención estatal en la economía, en la Organization Theory toda su argumentación gira alrededor de la empresa cooperativa, con numerosas referencias a las experiencias argentinas, españolas e italianas (Zanon, Mondragón, etc.) aunque, por supuesto, sin dejar de apuntar la influencia del Estado en la forma de organización empresarial actual -con novedades muy interesantes. También incluye apuntes sobre el Estado del Bienestar, la provisión de la sanidad y la educación, la agricultura y la tecnología descentralizadas, etc.

Después de este libro el mutualismo tiene un fundamento teórico completo.

La única pega que le encuentro es que Carson, como en los Studies, ofrece una visión casi exclusivamente americana –y en contadas ocasiones británica-, sin referencias a Europa, América Latina, Japón, el resto de Asia o África.

Mutualismo y trabajadores (actualizado)

“Respecto a las verdades que las ideas socialistas envuelven, más tarde diré algo; pero es evidente que cuanto tienda a reglamentar y restringir es malo en sí, no debiendo recurrirse a ello si se halla cualquier otro medio de realizar el mismo fin.” – Henry George

William nos plantea una cuestión a los mutualistas en el hilo sobre los trabajadores bilbaínos: cuál debe ser la postura anarquista de mercado en relación a los obreros.

En primer lugar, cabe aclarar que el mutualismo es en cierto modo obrerismo de mercado: pretende conseguir una sociedad manejada por los obreros en el marco del libre mercado. Como tal, su primera reivindicación debe ser que el trabajador reciba el producto íntegro de su trabajo, que actualmente es acaparado por los capitalistas y terratenientes (para aclaraciones técnicas sobre esto, véase El mutualismo austriaco).

Hasta aquí concordamos con los marxistas y los anarco-colectivistas, pero existen dos particularidades: a largo plazo, los mutualistas no creen que la organización sindical pueda elevar y mantener los salarios, por lo que el énfasis de las reivindicaciones debe dirigirse a liberar el mercado que, abriendo la competencia entre los empleadores, igualará las condiciones de intercambio (salario-trabajo/obrero-empresario), como bien explicó Aritz.
Por otro lado, el fin casi siempre justifica los medios de los marxistas y anarco-colectivistas (sobre todo en el caso de los primeros, aunque también en los segundos); en cambio, la lucha mutualista debe enmarcarse en la ética de respeto a la propiedad nacida del trabajo y a la integridad individual. Esto quiere decir que no está permitido nada que tampoco lo estuviera en la futura sociedad, como por ejemplo las agresiones físicas contra el patrón o los esquiroles, el sabotaje, etc., a menos que respondan –proporcionalmente- a una agresión previa. Como apuntó Kevin Carson en The Ethics of Labor Struggle, la victoria de unos trabajadores en huelga debe sostenerse sobre el respaldo moral del resto de la comunidad antes que de la coacción. El costo de encontrar nuevos trabajadores para reemplazar a los huelguistas y conseguir que alcancen su misma productividad supone una pérdida para el patrón que en muchos casos puede ser suficiente para disuadirlo.

Desde una perspectiva mutualista, cualquier huelga que persiga el producto íntegro del trabajo, o simplemente una condición más digna, es justa y debe ser apoyada. Pero la demanda de los medios de producción debe ser preferible a, por ejemplo, el mantenimiento de los puestos de trabajo.

Las preferencias mutualistas deberían ser las siguientes: el trabajador por encima del patrón, el pequeño propietario por encima del pequeño patrón, y el pequeño patrón por encima del gran patrón y las corporaciones.
Los colectivistas suelen abstenerse de esta última lucha (pequeño-medio patrón vs corporaciones) por considerar que no concierne a los obreros, al ser entre “facciones burguesas”. En cambio, los mutualistas creen que minar el poder de las grandes corporaciones, aun cuando no alcance directamente el objetivo de la autogestión, lo aproxima: acabar con las corporaciones significa que se requerirá menos capital para triunfar en los negocios, por lo que las cooperativas tendrán más posibilidades de éxito.

La policía comunitaria de Guerrero

“Esta organización social [la anarquía] surgirá, no de las ruinas del Estado, sino de la transformación del Estado en una asociación voluntaria para la defensa.” – Benjamin Tucker

Existe un buen ejemplo de seguridad mutualista (o simplemente anarquista) en la actualidad: la policía comunitaria de Guerrero, en México.

La aparición de este cuerpo voluntario tuvo su origen en la incapacidad de los cuerpos estatales de garantizar la seguridad en la región, como ellos mismos comentan:

Con la crisis del aparato judicial se creó un vacío en los tres poderes y en la Montaña se desencadenó una gran ola delictiva por la delincuencia organizada de tal forma que carreteras, caminos, veredas e  incluso las mismas  comunidades fueron objeto de innumerables robos, asaltos, violaciones sexuales y asesinatos. Todas las autoridades fueron completamente rebasadas por la delincuencia, principalmente por complicidades con los delincuentes, omisiones,  negligencias o -en el mejor de los casos- incapacidad y decisión firme para combatirla.

Rápidamente, se estrecharon los lazos de todas las asociaciones locales para combatir al agresor común, articuladas alrededor de “autoridades comunitarias” (más cercanas a los delegados voluntarios de las organizaciones anarquistas que a verdaderas autoridades estatales):

Los afectados de este problema de inseguridad y violación de sus derechos fundamentales, apoyados por las organizaciones sociales y la Iglesia local, empezaron a convocar a reuniones para discutir el asunto. En estas asambleas, a las cuales participaban pobladores de toda la región, autoridades comunitarias, profesores, se denunciaban los delitos padecidos.

En un primer momento, estas asambleas decidieron crear un cuerpo de voluntarios para patrullar las zonas, perseguir a los delincuentes y ponerlos a disposición de la autoridad. Pero lo más interesante es que, cuando vieron que la justicia estatal liberaba a los detenidos y era incapaz de solucionar la situación, se dotaron a sí mismos de cuerpos de justicia, y así llevan diez años, desde 1998.

Los detenidos son juzgados por las asambleas comunitarias locales y los cuerpos de ancianos, pero no crean que todo queda ahí: para evitar la arbitrariedad, se ha creado una Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias para juzgar los casos más críticos, a la cual pueden recurrir los reos desconformes con la sentencia.

Las personas que son juzgadas por la Coordinadora Regional reparan su falta con trabajo social a favor de las comunidades integradas al sistema.

En fin, lejos del idilio anti-policial y anti-cualquier sistema de justicia que pretenda proteger los derechos del individuo, los habitantes de Guerrero han encontrado una forma sencilla y práctica de solucionar por sí mismos sus problemas.

Orden espontáneo vs globalización

Fabricio decía en el post anterior sobre la globalización que esta es un proceso espontáneo que lleva gestándose siglos. No puedo estar más de acuerdo con la segunda proposición, ni más en desacuerdo con la primera.

Ciertamente, la globalización puede remontarse al descubrimiento de América por Colón y a la circunnavegación de África por Vasco de Gama; e incluso pueden buscarse sus orígenes en el siglo XIII, cuando las ciudades italianas comerciaban con el mediterráneo oriental y las ciudades del mar negro, desde donde compraban las mercancías procedentes del Lejano Oriente.

Pero, ¿es un proceso espontáneo? La colonización de América fue planificada por el papado en connivencia con España y Portugal; la colonización de Asia fue orquestada por compañías comerciales inglesas y holandesas privilegiadas por el Estado; y África, cuya colonización a finales del siglo XIX se considera el precedente directo de la globalización –a la que algunos llaman, quizá acertadamente, neocolonialismo-, se repartió entre las potencias europeas en la conferencia de Berlín. Lo único que merece el apelativo de “orden espontáneo” en todo este proceso fueron las rapiñas desordenadas que perpetraron españoles, portugueses, ingleses, holandeses, etc. contra los indígenas o entre sí, pero dudo que Fabricio se refiriese a eso.

Ya en el siglo XX, la globalización se extendió por todo el mundo tras la II Guerra Mundial y la descolonización, dirigida por las grandes potencias desde los despachos del Banco Mundial o la OMC. Así, estas organizaciones prestaron fondos a los países del Tercer Mundo para modernizar sus infraestructuras de transportes o electricidad, indispensables para que las grandes corporaciones puedan aprovechar la baratísima mano de obra de estos países, a cambio de privilegios para las corporaciones occidentales bajo la apariencia librecambista de los “tratado de libre comercio”. E igual que el Banco Central, los Estado establecieron y continúan estableciendo aisladamente estos acuerdos (véase Estados Unidos con México, España con Marruecos, Francia con Argelia y un largo etcétera), otorgando los mismos fondos para los mismos fines que el Banco Central a cambio de los mismos privilegios e interviniendo militarmente en los mercados si esto fuera necesario, tal como ocurrió en Irak, Chile o Guatemala.

Aun y todo, Fabricio podría seguir sosteniendo que la globalización es un orden espontáneo porque existe un sistema de precios. Pero esto tampoco es correcto, ya que alrededor de un tercio del comercio mundial se realiza intraempresa, con un sistema de precios arbitrario establecido por los departamentos de contabilidad de las grandes corporaciones, las cuales sufren terribles problemas que solo pueden ser reparados por el Estado, mediante subvenciones masivas y gravámenes a la actividad exterior de aquellas empresas que no interiorizan sus procesos de producción.

En el proceso de globalización existe un sistema de precios porque, de lo contrario, colapsaría como la URSS: es una simple cuestión de supervivencia. Si les fuera posible mantener, al margen de los precios de mercado, un sistema plenamente centralizado, lo harían, como ya lo hicieron los konzerne alemanes a finales del siglo XIX o la NIRA (Nacional Industrial Recovery Act) durante el New Deal americano.

Trabajadores vigilan en las calles de Bilbao

Extraído de aquí:

Delegados del sector comercial de los sindicatos ELA, LAB, CC.OO. y UGT han recorrido esta mañana las calles del centro para evitar que la patronal del comercio obligue a los empleados a trabajar en domingos y festivos. Así y todo, en el barrio de San Ignazio han abierto numerosos comercios de Lehendakari Agirre.
Según explicaron los representantes sindicales, esta movilización se realiza después de que los dueños de FOR obligaran recientemente a sus trabajadores a abrir en festivo.
“Denunciamos los intentos por parte de algunas empresas y asociaciones de comerciantes de reventar el domingo como día festivo, impulsando, con el apoyo de algunos representantes políticos y municipales, la apertura del comercio y rompiendo el pacto social que se viene respetando hasta hoy”, añadieron.
La representante de Comercio del sindicato ELA, Marije Fernández, aseguró que ninguna de las dos tiendas FOR habían abierto durante esta jornada de domingo. También explicó que los delegados sindicales tenían previsto recorrer varias zonas de la capital vizacaína para “verificar que ninguna de las tiendas está abierta”.
“Lo tenemos clarísimo, aquí no se abre ningún domingo, ni ningún festivo, por mucho que haya ocho aperturas concertadas. Tanto el consumidor, porque el 85 por ciento opina que aquí no es necesario que se abra, como las asociaciones de comerciantes, están de acuerdo con los sindicatos”, añadió.
Además, advirtió de que si alguna de las tiendas “hace intento de abrir”, los sindicatos estarán “enfrente” porque “la gente del comercio tiene las jornadas bastante extensas, trabajan de lunes a sábado y el único día que tienen para estar con su familia es el domingo”. “Es algo que nos diferencia del resto del Estado y quieren, tanto ellos como nosotros, seguir en la misma línea”, concluyó.

Me preocupa que la única defensa visible del trabajador en la mayoría de medios se haga desde un punto de vista autoritario. Al parecer, la economía es el único ámbito en el que la gente concienciada por la situación de los trabajadores no se fía de la libertad. Por lo tanto, en defensa del desfavorecido se recurre a actos totalitarios como este.

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Sobre los alquileres

En el hilo sobre Ithaca salió el tema de los alquileres. William decía que siempre que exista el arriendo estaremos hablando de capitalismo y no de mutualismo, pero no encuentro motivos para suponer tal cosa. Una sociedad mutualista es aquella en la que oportunidad de lucrarse con el trabajo ajeno se han reducido al mínimo, pero ni los mutualistas clásicos ni los contemporáneos propugnan un tipo de organización en que, por decreto, los beneficios se supriman y todo se ofrezca al costo. Simplemente consideramos que el libre mercado es el medio más efectivo para acercarse a este ideal.

Proudhon, por ejemplo, expone en La capacidad política de la clase obrera dos métodos efectivos para reducir los alquileres: por un lado, la banca libre, que al reducir el interés multiplicaría la oferta de cuartos y viviendas y haría descender su precio. Por el otro, propone formar compañías de albañiles que compren terrenos y construyan y conserven nuevas viviendas, en competencia con los viejos propietarios. De esas dos formas Proudhon creía que se alcanzaría el Precio de Costo, lo mismo que Gesell. [1]

Años después, Benjamin Tucker corregiría ligeramente su postura, mantenida hasta hoy por los mutualistas:

“Sus seguidores de hoy estamos dispuestos a modificar este enunciado y admitir que la muy pequeña fracción de renta de la tierra que no descansa en el monopolio sino en la superioridad del suelo u otros factores similares (clima, ubicación geográfica, etc.) continuará existiendo por un tiempo y, quizás, por siempre, aunque tenderá siempre a un mínimo en situación de libertad. Pero la desigualdad de los suelos que da lugar a la renta económica de la tierra, así como la desigualdad en los talentos humanos que da lugar a la renta del rendimiento en el trabajo, no es una causa de preocupación seria ni siquiera para el más apasionado enemigo de la usura, pues su naturaleza no es la de una semilla de la cual otras y más graves desigualdades pueden surgir sino, más bien, la de una rama decadente que acabará por marchitarse y caer.” [2]

A esto agregaría dos cosas más.

En primer lugar, la protección de los inquilinos ante los propietarios (por ejemplo, impidiendo o retrasando su expulsión aun cuando incumplan el contrato), aparentemente ideada para proteger a los primeros, tiende a restringir la oferta de viviendas en alquiler y a aumentar su precio, ya que los propietarios se sienten jurídicamente inseguros y prefieren mantener vacías sus casas antes que alquilarlas.

En segundo lugar, el monopolio de la tierra eleva el precio del suelo, al permitir la especulación sobre bienes no nacidos del trabajo –como son las parcelas- y al restringir su oferta.

Lo importante, desde una perspectiva mutualista, es eliminar el aparato estatal de privilegios que fuerza el intercambio desigual, también en los alquileres, aumentando artificialmente la usura. Una vez hecho esto, no deberíamos preocuparnos demasiado por esas “ramas decadentes que acabarán por marchitarse y caer”, como dice Tucker.

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[1]: Véase La capacidad política de la clase obrera pp. 88 y 89 y El orden económico natural II p. 97 respectivamente.

[2]: Véase Socialismo de Estado y anarquismo.